IZON SHŌ
Kimi ni
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"Adicción, a ti"
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Anexo VIII
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InuYasha se cubrió la boca con el dorso de la mano para acallar un bostezo. Era viernes por la mañana. Había viajado en el primer tren desde Nakano, para no cargar a Jinenji con el trabajo del jueves por la noche. Estaba siendo una buena temporada para la izakaya y aunque la cocina quedaba en buenas manos cuando él no estaba, le parecía un abuso tomarse estos días extra cada dos semanas. Así que había decidido volver el domingo, también en el primer tren, para poder estar a medio día en el trabajo.
Kagome le había dicho que debía trabajar, al menos durante la mañana, y que él entrase en el apartamento con la llave que tenía para que pudiese descansar. InuYasha comprendía las circunstancias; ni ella, ni él estaban libres de sus obligaciones. Sin embargo, la situación se estaba volviendo algo agotadora.
Quería pedirle a Kagome que se viniese con él a Nakano. No se lo había planteado antes porque le parecía importante estar con ella en ese momento, frente a frente, y leer su reacción de ese modo que había aprendido a hacer. Esperaba que Kagome pudiese seguir con su trabajo a distancia, como cuando lo hacía desde el apartamento. No estaba seguro de que fuese viable, no obstante, quería creer en esa posibilidad. Aquello era una de las cuántas cuestiones que había que abordar y para ello era imprescindible el poder mirarse a los ojos sin una pantalla de por medio.
Cuando entró en el apartamento, se encontró con la cama extendida y abierta de un lado en una invitación a que descansara. InuYasha sonrió y dejó en el suelo la mochila en que llevaba unas cuántas mudas de ropa. Luego se echó sobre la cama, boca abajo, ocupando gran parte del espacio. El apartamento olía a Kagome y eso lo relajó de tal forma que no supo en qué momento se quedó dormido.
Despertó en el instante en que el balance sobre el colchón de la cama cambio. Percibió el peso del cuerpo de Kagome que se le sentaba sobre los muslos e hizo un primer intento por abrir los ojos y los volvió a cerrar. Sonrió para que ella supiera que se alegraba de tenerla cerca.
Kagome se echó hacia adelante, hacia su pecho, y descanso el mentón sobre las manos que había unido en ese punto. Desde ahí podía mirarlo mientras esperaba para que InuYasha mostrase el dorado de sus ojos.
—¿Has descansado? —preguntó ella, con la alegría jugueteando en el tono de su voz.
InuYasha se desperezó con Kagome por encima de su cuerpo, consiguiendo de ella una sonrisa que alcanzó a liberar una suave risilla que se le antojó clara y dulce.
—Mucho y muy a gusto —aceptó él, mientras ensortijaba en sus dedos un mechón oscuro.
—Me alegro —la expresión sincera de Kagome se complementó con el beso que ella puso sobre la mano que se demoraba en su pelo.
Ambos se mantuvieron un instante en silencio, disfrutando de la cercanía, del calor, de volver a estar.
—Tengo que contarte algo —expresó Kagome e InuYasha vio entusiasmo en el brillo de sus ojos.
—Yo también quiero contarte algo —se animó.
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Continuará.
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N/A
Había toda una idea que debía concretarse en este capítulo, sin embargo, su energía era tan dócil y dulce que se quedó aquí. Espero que estén disfrutando, al igual que yo, del avance amable de esta pareja.
Gracias por leer y comentar.
Anyara
