ERO
Ganas
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Tengo ganas de quitarte la ropa de a poco, de tocar la tela sobre tu pecho y tu abdomen e imaginarme su forma antes de meter la mano por entre los botones de tu camisa y sentir el tacto de tu piel. Tengo ganas de juguetear con la pretina de tu pantalón oscuro, recorrer el borde firmemente compuesto de aquella prenda, rozando con delicadeza el vello de tu vientre que se pierde hacia abajo.
Suspiro sólo de adivinar la forma en que te estás llenando con mis caricias.
Tengo ganas de bajar la cremallera, en tanto me recorres la boca con un beso codicioso que nos enciende la sangre y la piel.
Entonces suspiro tu nombre— InuYasha.
Y el piso de la habitación parece moverse o quizás sean mis piernas que ya no me sostienen; no obstante, lo haces tú. Siento tus manos asir con mayor fuerza mi cintura, para descender por la forma redondeada de mi trasero, hasta llenarte con él. Es en ese momento que mis dedos se encuentran con la carne endurecida que esconde tu pantalón.
Ahora tú suspiras mi nombre— Kagome.
Un escalofrío, penetrante como las ideas puras, me recorre por completo. Sé que nada impedirá que mi mente se libere y la erótica cadencia de tus caricias se lleve toda mi voluntad.
Ganas; tengo ganas de besarte con la misma maestría con la que me recorren tus besos la piel que desnudas. Tengo ganas de no gemir cada vez que tus labios dan paso a tu lengua y se me erizan las ideas y los pezones, porque en estos momentos en que la razón deja de existir, todo lo demás toma el mando.
Tus dedos irrumpen en mi interior, a pesar de la ropa que aún visto y el aire se me escapa en un gemido que te endurece aún más. En medio de los espasmos de mi piel y de las incoherencias que libera mi garganta, consigo pensar en que te quiero dentro; una y otra vez dentro, humedeciendo mi cuerpo.
Te miro a los ojos y me encuentro con dos soles enfebrecidos, como dos estrellas que se preparan para morir en medio del colapso de la vida. La piel se me eriza y siento la forma en que cada poro de ésta clama por ti.
Tengo ganas de tenerte —pienso.
Tengo ganas de sentirte —mi mente avanza.
Tengo ganas de ver esos soles cuando estalles —me recreo.
—Tengo ganas de ver tus ojos cuando acabes dentro de mí.
Emito las palabras y me miras y noto el temblor que te invade; e incluso la idea pura que cruza tu mente.
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N/A
Tal como va el relato, lo demás no cuesta mucho imaginarlo. Puedo detallar el momento, aunque creo que así es perfecto.
¿Se quedan con las ganas? xD
Un beso!
Anyara
