ERO
Sonidos
.
A la distancia escucho la risa grave de un chico que cada vez parece más cerca de nosotros. No está sólo, puedo saberlo por la voz clara de la joven que lo acompaña. No me atrevo a abrir los ojos por temor a ser descubierta, por miedo a que alguien pueda ver tu mano bajo mi blusa. Noto la presión que ejerces, es fuerte casi al punto del dolor. Me acaricias, alzas mi pecho y vuelves a la caricia con más intensidad que antes. Disfrutas de ello, lo sé por el sonido entrecortado de tu respiración y por el modo en que tu sexo erecto me presiona desde atrás, igual que si quisiera abrirse paso a través de la ropa que aún vestimos. El aire frío que envuelve la terraza contrasta con el calor de mis mejillas y exhalo un jadeo que se pierde hacia las calles semi vacías de la ciudad.
InuYasha —musito a la vez que llevo una mano hacia atrás y encuentro la dura muestra de tu excitación.
No dices nada, simplemente liberas tu respiración agitada hacia mi oído y noto el modo en que la piel del cuello se me eriza. Casi de inmediato siento tu boca y tu lengua acariciando esa misma piel para darme algo de calma. Oprimo tu sexo con la mano llena de ti y tú sofocas un jadeo sobre la curva de mi hombro. Quiero ser fuerte, disfrutar un poco más de todas estas caricias previas. Deseo regocijarme con el modo en que calientas mi sangre hasta que me rindo a tu provocación. Sin embargo, el cuerpo me pide sentir tu piel desnuda, casi puedo recrear su calor y esa idea prende fuego en mi vientre.
InuYasha —repito tu nombre como una excusa para la súplica.
Entonces es cuando decides que quieres sentirme arder.
La mano que acaricia mi pecho busca ahora una escapatoria para éste desde la prisión de encaje rosa que lo sostiene. Siento tus dedos tocar y sostener el pezón, para luego tirar de él y hacerlo girar de ese modo que sabes que me desboca. Suspiro sin remordimientos y froto lentamente mi mano sobre tu sexo; lo hago, recorriendo toda su extensión. Ahora es cuando el sonido de tu voz se convierte en un siseo que termina con mi nombre en un suspiro.
Kagome.
Sonrío en medio del excitante sonido de tu voz corrupta y anhelo el siguiente paso.
Siento la presión de tu cadera hacia mí y la tensión de aquel movimiento consigue que me vuelva mucho más consciente de la humedad que me va mojando la ropa. Y es la claridad de esa idea la que me lleva a recrear el modo en que sueles entrar en mí. La cabeza me da vueltas por el ardor y ya no consigo filtrar mi deseo.
—Por favor, hazlo ya —pido.
Tu lengua bordea con saliva el exterior de mi oído.
—¿Aquí? —una sonrisa juguetea en tu pregunta.
—Sí —suspiro, en tanto noto tu mano buscando la cremallera del pantalón.
—¿No temes a los sonidos que puedas emitir? —la excitación te entrecorta la voz y siento la forma dura y caliente de tu sexo acariciando la piel de mi trasero. La mano que antes estaba en mi pecho ha bajado hasta el sitio en que ahora se encuentra nuestra atención para remover la braga.
—¿Crees que nos multen? —alcanzo a preguntar.
—Espero que no —suspiras y a continuación impregnas la punta de tu sexo en la humedad del mío. Noto la caricia inquietante y caliente, cuyo sonido se aúna con el que haces al entrar con un único fluido impulso, quitándome así el aliento.
.
N/A
Un poco de pasión para un otoño frío.
Espero que les haya gustado.
Besos y seguimos.
Anyara
