IZON SHŌ
Kimi ni
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"Adicción, a ti"
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Anexo XIX
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Kagome debía reconocer que la visión de InuYasha excitado y endurecido en medio del juego que ella había emprendido la estaba haciendo perder su voluntad. A medida que él se acariciaba y su mirada se intensificaba en ella, Kagome comenzaba a cuestionar si era el momento o no de acercarse. Por una parte deseaba verlo explotar de placer, ese era un momento que ahora mismo añoraba y quería ser una espectadora de ese instante. Sin embargo, su propio sexo latía, humedecía y contraía de deseo. Su mente recordó la sensación de sentirlo cuando entraba en ella, llenándola, y eso le causó un temblor que apenas alcanzó a controlar.
—Ven —lo escuchó suplicar y eso la hizo soltar el aire con un jadeo que intentaba canalizar su propia ansiedad.
Estuvo a punto de dar un paso hacia él, se detuvo antes de hacerlo. La mano que mantenía bajo su braga buscó un poco y humedeció varios dedos entre los pliegues. La mirada que InuYasha le dio podía derretir el acero. Kagome comprendió que él había agotado las palabras y las suplicas. Comenzó a acariciarse a sí mismo con ambas manos, permitiendo que ella se recreara en el modo en que su sexo se hacía más duro y marcado. Notó la respiración agitada y el toque de sus dedos ya no era suficiente. Su mente volvió a recrear la sensación de ese sexo erecto entrando en ella, esta vez con más intensidad, y notó el sudor frío brotar por su piel. Liberó un jadeo que pareció encontrarse con otro que InuYasha había extendido en su dirección como una última petición de clemencia. La mirada dorada se quedó fija en ella, mientras él movía ambas manos de arriba abajo, alzando la cadera en una recreación excitante de los movimientos que haría al estar en el canal por el que quería hundirse.
Observar a InuYasha, majestuoso en su belleza, le resultaba simplemente conmovedor.
Kagome retiró la mano del interior de la braga y llevó ambos pulgares hacia la fina tela que la sostenía en su cadera. Jugueteó con la prenda y la deslizó lo suficiente como para instalar la idea de quitársela. Quería que InuYasha se combustionara y ardiera para ella. Él había parado de suplicar cercanía con las palabras, no obstante, su respiración agitada y las caricias cada vez más vehementes que se estaba dando eran expresión suficiente.
InuYasha la observaba, no podía dejar de hacerlo. En su mente se generaban escenas sueltas del modo en que removería la escasa ropa que ella llevaba y entraría en la humedad caliente que lo esperaba. Por un momento se permitió traer a la memoria aquella primera vez con Kagome y lo ansioso que se sintió al estar con una mujer que por entonces le pareció tan magnífica como ahora. Notó la fuerza con que su excitación creció ante el recuerdo de aquellos tacones de color rosa que resultaban delicados y peligrosos a la vez; esos mismo tacones rosa que llevaba hoy. InuYasha siseó de puro placer.
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Continuará
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N/A
Besos
Anyara
