IZON SHŌ
Kimi ni
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"Adicción, a ti"
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Anexo XXI
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InuYasha tuvo total consciencia del momento en que su cuerpo comenzaba a despertar, incluso antes de abrir los ojos. Sus pensamientos se organizaron en esa primera respiración lúcida para pasar al recuerdo de Kagome. Abrió los ojos y la luz de una mañana que comenzaba lo ayudó a observar el espacio vacío a su lado, y a recorrer el resto de la habitación. Dio con la figura de ella que permanecía sentada en el sofá que había en la pequeña sala, a poca distancia de la cama. Pudo ver que tenía el portátil abierto, así que asumió de inmediato que estaba trabajando, le había mencionado que su venida a Nakano estaba condicionada a ello.
Buscó su móvil en la mesilla para mirar la hora. Hoy debía estar en la izakaya para la comida de medio día, con lo que aún tenía unas horas libres. Se giró en la cama para volver a mirar a Kagome y se encontró con que ella ya lo hacía desde el lugar en que estaba sentada. Se quedaron un momento en silencio, cautivos en la sonrisa del otro y en los recuerdos y sensaciones compartidas durante las horas pasadas. InuYasha se animó a dar dos toquecillos con la palma de la mano sobre la sábana en el lado vacío de la cama, creando con ese gesto una invitación. Kagome aceptó, y cerró el portátil para acercarse hasta él. La lencería que llevaba la noche anterior estaba desperdigada por el suelo, en tanto ella se acercaba vestida con un camisón rosa de algodón que se le abultaba hermosamente en el pecho, justo sobre las orejas del dibujo de un conejo blanco. InuYasha conocía ese camisón, del mismo modo que conocía la intención que ella mostraba en este momento sólo por la forma de recostarse frente a él. Contuvo el aliento cuando notó el toque de los dedos sobre el pecho y agradeció la dócil cercanía que ahora compartían, tan diferente a la expresada cuando se conocieron. InuYasha se permitió pensar en el largo camino que les había acompañado para llegar hasta aquí.
Llevó una de las manos a la cintura de ella y la dejó vagar arriba y abajo con íntima confianza. Kagome suspiró, bajó la mirada, e hizo lo mismo con él, detallando con la yema de los dedos la piel desnuda. La caricia y la sensibilidad que experimentaba en medio de la cercanía esencial que les daba el sexo compartido, lo llevó a intensificar el toque. Sus miradas se encontraron nuevamente y ambos coincidieron en la sintonía de sus pensamientos.
—¿Cuánto tiempo tienes? —Kagome hizo aquella pregunta con la voz contenida. Él sonrió y se llenó una mano con uno de los pechos de ella, aplastando al conejillo blanco bajo esa caricia.
—Suficiente.
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Continuará.
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N/A
Un poco más de mis chicos de IZON a los que amo y disfruto escribir.
Muchas gracias por acompañarme en la aventura de crear.
Anyara
