IZON SHŌ

Kimi ni

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"Adicción, a ti"

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Anexo XXII

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Kagome no había llegado a concebir el sutil erotismo que escondía un toque como el que ahora le daba a InuYasha. Su lengua húmeda de saliva, y el café que se había comenzado a tomar hace un momento, se deslizaba si problema por la forma del abdomen de su compañero. Podía notar la tensión del músculo bajo la piel y el calor que ésta irradiaba. Escuchar el modo en que él respiraba, constante y levemente alterado, conseguía que su sangre se avivara de forma suave y persistente. Detalló la musculatura en un camino descendente, de forma lenta, consiguiendo que él jadeara una sonrisa cuando le tocó la costilla bajo el pecho. Kagome deseó morder y luego calmar con besos aquella pequeña agresión, y así lo hizo. InuYasha se sacudió bajo sus toques, mostrando de ese modo su ansia creciente. Ella noto una caricia en su pelo, la que prontamente se convirtió en una sujeción que le indicaba la ruta que él anhelaba que hiciese. Kagome se tomó su tiempo, descendió con tortuosa lentitud y se detuvo en el ombligo sólo para definir su contorno con la punta de la lengua, y desde ahí observar los ojos dorados que se mostraban aletargados por la pasión.

Entonces ella le sonrió con cierta excesiva malicia, y pudo ver el modo en que la expresión de InuYasha cambiaba y se hacía más intensa.

Descendió hacia el inicio del vientre, deslizando los dedos por los músculos que la guiaban hacia la ingle. Notó que su propia respiración se agitaba ante el bulto evidente que aún escondían las sábanas. Otra vez lo observó, mientras se sentaba en los muslos que mantenía atrapados entre las piernas, y tomó el bordillo del camisón que vestía para mostrarse desnuda para él. La inacción duró un instante en el que ambos se deleitaron en las emociones que expresaba el otro. Kagome rozó con los dedos el borde de la sábana que aún lo cubría, la deslizó y lo dejó expuesto.

InuYasha se incorporó parcialmente y extendió una mano para acunar un pecho. La caricia resultó dulce, a pesar de la intensidad con que la miraba. Kagome lo empuñó sin piedad y notó que él contenía el aliento luego de una respiración sonora y profunda.

—Parece que quieres ver el mundo arder —InuYasha susurró aquellas palabras con la voz cargada de un amenazante ofrecimiento.

—¿Lo harás arder?

Kagome murmuró la pregunta, y sin esperar respuesta se inclinó para tocar el sexo de InuYasha con la punta de la lengua. Entonces tuvo total consciencia del modo en que él se prendaba de observar la humedad que comenzaba a envolverlo, del mismo modo que hizo cuando ella acarició el inicio del pene con los labios.

—Arderá, te lo aseguro.

Para Kagome no existían palabras capaces de impugnar aquella promesa.

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Continuará

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N/A

Adoro escribir de esta pareja. Los InuKag de IZON son preciosos para mí, encierran una emotividad que puede convertirse en comprensión sutil o en fuego puro.

Gracias por leer y comentar.

Anyara