IZON SHŌ

Kimi ni

.

"Adicción, a ti"

.

Anexo XXV

.

InuYasha permanecía en la oscuridad, echado sobre el sofá que tenía en la pequeña sala de su apartamento. La madrugada había comenzado hacía un rato, sin embargo no conseguía conciliar el sueño, éste se le había espantado rato atrás en medio de un extraño momento con Kagome. No sabía cómo habían llegado a esto, o quizás sí.

El sexo con ella siempre le resultaba de antología, y en este tipo de afirmación InuYasha usaba el absolutismo sin problema. Kagome era una compañera apasionada, imaginativa y además la amaba. Disfrutaba de su compañía tanto cuando se dejaban llevar por la pasión, como cuando compartían una intimidad menos efusiva, aunque estos últimos momentos eran escasos en comparación. Quizás ahí estaba el problema, pocas veces hablaban profundamente uno del otro. El tiempo que solían compartir uno junto al otro era poco y lo convertían en momentos amenos y, quizás, demasiado triviales.

Esta noche, al volver de cenar en un sitio nuevo para Kagome en la ciudad, ella se había mostrado receptiva a los besos y las caricias que él comenzó cuando se sentaron en este mismo sofá. No obstante, había cierta sistemática forma de responder que a él le resultaba extraña y fría. Intentó pensar que era sólo una percepción. Sin embargo, cuando empezó a buscar la desnudez para ambos, Kagome lo detuvo.

Espera, necesito ir a la habitación un momento —se había disculpado.

Desde luego, él lo comprendió, más aún cuando su propia excitación era precaria en comparación a otros instantes compartidos. Lo que no esperó es que ella se tardase lo suficiente como para que el deseo se enfriara. Esa sensación le resultó triste.

Luego de aquello Kagome no volvió al sofá. Lo miró desde la puerta de la habitación, llevaba en una mano el camisón que tenía aquel conejito blanco en el pecho y el cepillo de dientes en la otra.

¿Vamos a la cama? Estoy cansada —fue su siguiente comentario.

InuYasha la observó con atención, notando el nudo que se le formaba en el estómago. Quiso preguntar qué pasaba, una vez más, no obstante podía adivinar la respuesta que recibiría.

Bien, yo iré en un momento —había dicho, e intentó sonreír sin llegar a conseguirlo.

Pensó en que al día siguiente todo estaría mejor y para entonces la desazón que experimentaba sería un recuerdo. Sin embargo, a pesar de las horas que habían pasado, aún no podía conciliar el sueño.

InuYasha suspiró, se puso en pie y tomó una botella de sake que tenía en un mueble de la cocina. Se sirvió un par de dedos en un vaso y bebió de un sorbo. Volvió a poner la misma cantidad de licor en el vaso y guardó la botella. Se acercó a la habitación y la escasa luz de una lamparilla en la sala le permitió ver a Kagome dormida y acurrucada debido a la baja temperatura de la noche. InuYasha se acercó a la cama, bebió el contenido del vaso y se llevó una manta al sofá.

.

Continuará.

.

N/A

Muchas gracias por leer y comentar.

Besos

Anyara