IZON SHŌ

Kimi ni

.

"Adicción, a ti"

.

Anexo XXVII

.

El techo de la habitación mostraba una línea de color anaranjado proveniente de la cortina entreabierta. El trazo cruzaba el blanco opacado por la oscuridad y se extendía hasta tocar la pared y caer ligeramente por ésta. Kagome la observaba durante los intervalos en que mantenía los ojos abiertos. Sin embargo, la recta figura no le importa en absoluto, simplemente estaba ahí mientras sus pensamientos se desvanecían bajo el espléndido trabajo de la boca y la lengua de InuYasha en su sexo. Pudo escuchar su propia respiración agitada y el modo en que ésta se entremezclaba con los sonidos que InuYasha hacía al lamer y succionar los pliegues húmedos entre sus piernas. Kagome se sostuvo de la manta sobre la cama y se arqueó a la vez, cuando sus sensaciones se intensificaron tanto que estaba segura que estallaría de placer. No obstante, InuYasha detuvo su modo de acariciarla un momento antes de darle esa liberación. La frustración por aquel clímax perdido se entrelazaba con la fascinante sensación de estar entregada a lo que él le quisiera hacer.

Miró a un lado y se encontró con un reloj que decoraba una pared de la sala. Faltaban pocos minutos para las dos de la madrugada. Kagome pensó en que debía dormir algo o al día siguiente no sería capaz de levantarse. También dejó que sus pensamientos, que ya regresaban con cierta coherencia, le recordaran que no había podido hablar con InuYasha sobre el miedo que sentía a que él se sintiese sólo y la reemplazara.

Aaah —su propio gemido rompió el silencio de la habitación y el hilo de sus ideas.

InuYasha había introducido dos de sus dedos dentro de ella y le acariciaba el clítoris con el pulgar. Kagome tuvo la desesperante necesidad de huir de aquella vorágine de sensaciones y presionó los talones sobre la cama una y otra vez. En medio de la nebulosa que comenzaba a apoderarse de su mente pudo escuchar la sonrisa satisfecha de InuYasha y la humedad de su sexo al ser bombeado por la mano de él. Ella, que mantenía los ojos cerrados y temblaba ante la expectativa de un cercano orgasmo, abrió los ojos al notar que InuYasha se deslizaba hacia arriba en la cama, sin dejar su labor, y lo miró a los ojos. Sus rasgos estaban ligeramente ocultos por la oscuridad de la noche, aun así pudo ver el fulgor del deseo en el dorado de sus ojos. A continuación observó en detalle el modo en que le acariciaba un pezón con la lengua, para luego tirar de él con los dientes, atrayendo de manera fulminante el estallido de sus sensaciones.

El cuerpo le tembló, le tembló tanto que por un instante se sintió ingrávida. InuYasha no dejó de acariciarla, incluso cuando el clímax comenzó a remitir. Kagome le tocó el pelo y observó, una vez más, la línea que la luz de la calle trazaba en el techo de la habitación. Suspiró, mañana debía regresar a Tokyo.

.

Continuará.

.

N/A

La cruda realidad y una nueva separación se hace parte de la vida de estos personajes. A ver por dónde me guían.

Gracias por leer y comentar!

Besos

Anyara