DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi. La obra es mía, escrita sólo con el fin de entretener – a ustedes y a mí. Sin fines de lucro.
— Insidia —
— VII —
—¿Y bien? —InuYasha levantó ambas cejas, observando con impaciencia a Kaede, que acababa de terminar de evaluar la herida de Miroku. —¿Cuándo podrá salir de nuevo?
La anciana le sostuvo la mirada al hanyō, comprendiendo su urgencia, pero también preocupada por el riesgo que era para el monje no recuperarse por completo antes de volver a luchar. Negó con un gesto, poniéndose de pie.
—Aún no, la herida acaba de cerrarse —informó, mirando de forma profunda al ojiazul —. Si no espera a que sane apropiadamente, podría tener alguna hemorragia interna o abrirse nuevamente. Sugiero que esperen unos días más.
El ambarino bufó, fastidiado por la situación. No era que quisiera exponer a Miroku de esa forma, pero quedarse en la aldea significaba retrasar su búsqueda y arriesgarse a que Naraku pudiera emboscarlos sin dificultad, más si Sango estaba de su lado y le ayudaba a preparar un ataque.
La anciana sacerdotisa salió de la cabaña, dejando al grupo solo nuevamente. InuYasha se sentó de golpe en un rincón, observando a los demás, que sabían cuáles eran las preocupaciones del ambarino. Miroku fue quien decidió romper el silencio, llamando la atención de sus compañeros.
—Podrían adelantarse ustedes —propuso, recibiendo miradas de desacuerdo casi al instante —. Saben que no es práctico que nos quedemos mucho tiempo aquí, y ya llevamos 15 días. Deberían empezar a moverse.
—No te vamos a dejar atrás —le respondió InuYasha con severidad —. Es demasiado peligroso, ¿no escuchaste a Kaede? No estás en condiciones de luchar.
—P-Pero…
—Miroku-sama, InuYasha tiene razón, usted sólo debería enfocarse en su recuperación —Kagome intervino, antes de que comenzara una discusión sin sentido —. Podemos esperar, sólo tendremos que estar más alerta.
—De acuerdo…
La azabache le dedicó una sonrisa agradecida antes de entregarle la medicina que había preparado para él junto con la anciana Kaede. Luego de que Miroku se terminara el brebaje, la cabaña quedó en silencio durante unos instantes, hasta que de pronto InuYasha se puso en alerta, alarmando de inmediato a los demás, aunque el único que alcanzó a reaccionar fue el hanyō, que tomó a sus amigos y los sacó rápidamente del interior, justo antes de que fuese destruida por un ataque proveniente del bosque. El ambarino maldijo por lo bajo, dejando a sus amigos en el suelo antes de darse vuelta para observar el origen del embate, ubicándolo un poco más allá del límite del bosque. La nube violácea y el aroma pesado con trazas de podredumbre eran inconfundibles para él. Frunció todo el gesto, sin apartar la vista.
—Kagome, váyanse —le ordenó, desenvainando a Tessaiga —. Pónganse a salvo, yo me haré cargo.
—Pero InuYasha…
—No me hagas repetirlo, busquen un refugio.
—De acuerdo.
La colegiala le hizo un gesto a Miroku para que la siguiera, a pesar de que él parecía reacio a dejar a su amigo solo, pero sabía que podría ser más un estorbo que otra cosa. Por su lado, el hanyō se preparó para atacar, lanzando el kaze no kizu para dispersar un poco el miasma que ocultaba a su oponente. La fría risa no se hizo esperar, aunque tampoco lo tomó por sorpresa.
—Naraku.
—InuYasha, ha pasado un tiempo, ¿no? —Sonrió con sorna, dejándose ver sin ningún tipo de reparo. —¿No es curioso que no te hayas percatado de mi presencia antes? Aunque supongo que no sería primera vez que no notas una amenaza frente a tus narices.
El aludido gruñó por lo bajo, sin encontrar palabras para responderle. Se lanzó para atacarlo directamente, pero Naraku no tardó en defenderse con sus extensiones, alejándolo sin dificultad.
—Oh, ¿toqué una fibra sensible? —Se burló, enfureciendo aún más al hanyō. —¿Demasiado pronto para hablar del tema?
—Cierra la maldita boca —le espetó, mirándolo con rencor antes de volver a lanzar otro ataque con su espada, que dio de lleno en la barrera protectora, sin alcanzar a su objetivo.
—Lo siento, pensé que ya estarías acostumbrado a la traición —volvió a burlarse, mirándolo con malicia —. Como ya lo has vivido antes.
—Que te calles —InuYasha volvió a atacar, intentando ignorar las palabras, pero sin lograrlo del todo, porque la decepción y el dolor aún calaban bastante fuerte en su interior.
Naraku no tuvo mayor dificultad en esquivar cada embiste del ambarino, devolviendo los golpes con sus apéndices sin problemas, causándole inconvenientes para poder darle alcance, mientras se carcajeaba fríamente, como si eso fuese un simple juego para él.
—Tendrás que esforzarte más para hacerme daño —comentó, al tiempo que lograba atraparlo con una de sus extremidades, apretando con fuerza el agarre —. Pero no me sorprende… Ni siquiera eres capaz de proteger a tus amigos.
La cólera que recorrió al hanyō fue desmedida, al punto de darle la fuerza suficiente para liberarse, desgarrando el apéndice que lo mantenía inmóvil y volviendo a atacar a su oponente, porque deseaba acabar pronto ese enfrentamiento.
—Sea lo que sea que te trajo hasta acá, no te saldrás con la tuya.
—¿De verdad? Porque ya lo estoy haciendo.
Soltó otra carcajada, fría y sarcástica, enfureciendo aún más a InuYasha e instándolo a volver a atacar, aunque no alcanzó a hacerlo cuando una de las extremidades de Naraku lo golpeó con fuerza en el pecho, dejándolo sin aire y, probablemente, fracturándole un par de costillas. Terminó arrodillado frente a los escombros de la cabaña, recuperando el aliento y sintiendo la sangre hervirle ante la desventaja que ahora fue evidente. Se apoyó en Tessaiga para ponerse de pie, ignorando la lesión en su tórax porque sabía que sanaría pronto.
—Bastardo, no acabarás conmigo tan fácilmente.
—No estás en posición de decir eso, pero en realidad esta vez mi objetivo no eres tú.
La sonrisa malévola se dibujó en los labios de Naraku al mismo tiempo que los ojos de InuYasha se abrían a más no poder, comprendiendo ahora que alejar a sus amigos había sido un error. Dio media vuelta y se apresuró en seguir la dirección que ellos habían tomado, pero Naraku se interpuso en su camino rápidamente, disfrutando la desesperación en su rostro.
—No deberías preocuparte, tus amigos están en buenas manos.
El hanyō maldijo por lo bajo al tiempo que esquivaba el repentino golpe, dándose cuenta ahora que su enemigo sólo estaba jugando con él y lo había hecho perder el tiempo para darle oportunidad a sus secuaces de ir por sus amigos, que obviamente estarían en desventaja con Miroku convaleciente. Empuñó con determinación a Tessaiga, tenía que finalizar ese combate lo antes posible.
Corrían por el bosque lo más rápido que podían, escuchando a lo lejos la batalla que estaba teniendo InuYasha en contra de Naraku y sintiéndose impotentes al no poder ayudarlo. De pronto, Miroku detuvo a Kagome tomándola del brazo y señalándole hacia adelante, en donde se escuchaba otra pelea, el sonido del metal chocando entre sí era inconfundible. La azabache prestó atención, logrando percibir lo que buscaba y pasando saliva.
—Siento un fragmento de Shikon —reveló, tensando la mandíbula porque sabía a quién pertenecía —. Es Kohaku.
Miroku y Shippō la observaron con pavor, eso significaba que habían caído en una trampa y tendrían que enfrentarse al taijiya, aunque por el sonido de la lucha, él parecía tener otro oponente en ese momento.
—¡Ya basta, Kohaku! ¡Esto no debía pasar!
La voz fue audible sobre el bullicio metálico, ellos la reconocieron de inmediato, lo que les apretó el pecho ante la duda, el miedo y la incertidumbre apareciendo rápidamente en su interior. Miroku dudó, porque sabía que acercarse era un riesgo, la posibilidad de que estuviesen caminando directo a una trampa era muy alta. Sin embargo, si Kohaku estaba siendo obligado a luchar contra Sango, existía la ínfima probabilidad de que ella intentara evitar que fuera tras ellos.
Sin embargo, Kagome ignoró cualquier razonamiento lógico, siendo todo lo contrario a cautelosa, acercándose al lugar en el que los hermanos estaban enfrentándose. Se le apretó el pecho y se le hizo un nudo en la garganta al recordar que mucho tiempo atrás, la castaña había sufrido por una situación similar, tras lo que había llorado largamente en su hombro.
Se detuvo a poco metros de los taijiya, observándolos con el corazón acongojado, y seguida de cerca por Miroku, quien temió que todo eso sólo fuera un truco más y el objetivo fuese que bajaran la guardia para poder atacarlos. De pronto, el menor notó su presencia y, en lugar de seguir su pelea, empujó con fuerza a Sango hacia atrás y, ágilmente, se lanzó contra ellos. El monje alcanzó a reaccionar, anteponiendo su shakujō entre ellos y la kusarigama de Kohaku, frenando el ataque.
—Matar a la sacerdotisa.
Las palabras del menor alertaron al grupo, Miroku se mantuvo en su lugar, impidiéndole a su oponente realizar otro movimiento, pues tenía atrapada la hoz en su báculo.
—Kagome-sama, váyase.
—P-Pero…
—¡Váyanse!
Kagome dio un par de pasos hacia atrás, sin decidirse a realmente alejarse, porque el ojiazul no estaba en condiciones de sostener una pelea, y temía que su herida no resistiera, aunque no sabía cómo podía ayudarlo pues en esos momentos no tenía a mano su arco o flechas. Shippō se había paralizado ante la visión, manteniéndose en el hombro de Kagome sin ser capaz de hacer nada más que observar estupefacto la escena. Miroku comenzó a sentir una intensa puntada en el pecho, estaba seguro de que si seguía esforzándose de esa forma, terminaría abriéndose la herida, pero no podía flaquear en esos momentos.
—¡Kohaku!
El ojiazul alcanzó a moverse hacia un lado en el momento en el que Sango volvía a arremeter contra su hermano, ocupando su lugar para mantener al menor a raya. Tenía el rostro contraído por una mezcla de esfuerzo y aflicción, pero los ojos reflejaban determinación.
—¡Por favor, reacciona!
Pese a la imploración palpable en la voz, el rostro del taijiya se mantuvo impasible, los ojos vacíos de emoción fijos en su oponente, demostrando que no escuchaba sus palabras.
—Muere, hermana.
Logró liberar su kusarigama, volviendo a atacar sin consideración. Sango apenas pudo esquivar el filo del arma, mostrando evidente dificultad para mantener la pelea pareja, pues Kohaku no le daba tiempo de contraatacar y difícilmente podía eludir los golpes.
—Debemos ayudarla… Si sigue así, Kohaku va a matarla.
Las palabras de la azabache causaron que Miroku tensara la mandíbula, indeciso. En su interior, deseada ayudar a la castaña, porque no podría soportar si ella moría. Sin embargo, la voz de la razón le decía que eso era una trampa, un engaño más orquestado sólo para hacerles creer que podían confiar en ella. Apretó los dientes, mirándose la mano derecha mientras pensaba que usar su Kazaana podría distraer lo suficiente al preadolescente como para darle la oportunidad a Sango de tener algo de ventaja. Levantó el brazo, dispuesto a ejecutar ese plan, cuando el taijiya fue rodeado por saimyōshō, ante lo cual él se detuvo, no estaba seguro de poder resistir otro envenenamiento.
—¡Kaze no kizu!
El ataque de InuYasha fue dirigido hacia el lugar de la batalla, Kohaku pudo esquivarlo sin dificultad, pero Sango fue empujada contra un árbol por la fuerza de la técnica. El hanyō corrió con prisa para darle alcance al menor, pero antes de lograrlo, una nube de miasma lo envolvió, haciéndolo desaparecer en su interior.
—Fue divertido jugar con ustedes, lástima que terminó —la fría voz de Naraku les llegó desde varios ángulos, acompañada por una carcajada burlesca —. Pero no se preocupen, pronto nos volveremos a ver.
El miasma junto a Kohaku y la presencia de Naraku se alejaron rápidamente por el cielo, dejando al grupo en medio del bosque. InuYasha no tardó en arremeter contra Sango, que se encontraba junto al árbol al que había sido lanzada, algo desorientada por el golpe recibido. La alzó por el cuello, mirándola con ira y acorralándola contra la superficie del tronco, soltando un gruñido por lo bajo.
—Te dije que no quería volver a verte —dijo, sin suavizar la mirada —. Dame una buena razón para no matarte ahora mismo.
—Y-Yo… por favor… puedo explicarlo —respondió ella, el pánico evidente en sus ojos —. P-Por… favor…
InuYasha volvió a gruñir, no quería confiarse nuevamente sólo para que los volvieran a engañar. Miró de reojo a sus amigos, ninguno parecía estar herido, aunque notó que Miroku se sostenía el pecho con una mueca de dolor, probablemente se había esforzado más de lo que debía.
—¿Y eso, también lo puedes explicar? ¿Acaso intentaste acabar con ellos otra vez?
—N-No… yo no…
—InuYasha, Sango no nos lastimó —le dijo Kagome, acercándose con cautela —. Ella… detuvo a Kohaku de atacarme. Miroku nos defendió, pero si no fuese porque Sango intervino, su herida se habría abierto.
—Keh, seguro es un truco más —espetó, sin soltar a la castaña.
—Podríamos escuchar qué tiene que decir —propuso Miroku, observando la escena con el rostro contrariado —. Luego, tomamos una decisión.
A regañadientes, InuYasha aceptó la idea y, finalmente, soltó a Sango, observándola con desconfianza. Sin embargo, antes de que comenzaran su recorrido de vuelta a la aldea, le cortó el paso, sin quitarle los ojos de encima.
—Deja todas tus armas y trucos —le ordenó, frunciendo el ceño. Ella parpadeó con confusión, como si no entendiera lo que quería decirle el hanyō —. No me hagas repetirlo, o me arrepentiré de escuchar a Miroku.
La taijiya asintió, comenzando a dejar a un lado las armas y herramientas que tenía ocultas en su traje, tras lo cual el ambarino le señaló el wakizashi y a Hiraikotsu, con lo que ella los dejó a un lado, pese a que no se sentía cómoda estando tan desprotegida, aunque entendía el motivo. Recogieron las pertenencias de Sango y comenzaron el recorrido hacia la aldea, ya que necesitaban revisar la herida de Miroku, y además, interrogar a la castaña, incluso si todo lo que saliera de su boca era una mentira.
Llegaron a la aldea, en donde Kaede ya los estaba esperando y les indicó una cabaña cercana al camino. Una vez dentro, no tardó en revisar la herida de Miroku, indicando que no había signos de alguna complicación y que el dolor se debía al esfuerzo hecho, porque probablemente un poco más y se hubiese comenzado a abrir el tejido que había cerrado hacía poco.
Luego de eso, se dispusieron a escuchar a Sango. InuYasha no le había quitado la vista en encima ni siquiera un segundo, escudriñando cada movimiento con suspicacia. Ella entendía el comportamiento del hanyō, pero eso no quitaba lo incómoda y expuesta que se sentía así, esa no era una sensación agradable, aunque fuese más que justificada.
—¿Y bien? —Inquirió el ambarino, aún con la vista fija en ella. —Dijiste que lo podías explicar.
—S-Sí, yo… lo lamento —comenzó, ordenando sus ideas —. Sé que lo que hice no tiene perdón y no…
—Deja de lamentarte —la interrumpió InuYasha, sin suavizar su gesto —. Sólo di lo que tienes que decir.
Sango inhaló profundo, entendía la actitud de él, pero no borraba el hecho de que era desgarrador ver la desconfianza y decepción en los ojos de todos sus antiguos compañeros. Le sostuvo la mirada al hanyō mientras comenzaba a hablar.
—De acuerdo. Como le dije hace unos días a hōshi-sama, después de que hui, Naraku me encontró. Sabía lo que había hecho y quería que trabajara para él. Sin embargo, no… no puedo hacerlo. Finalmente, me amenazó con matar a Kohaku si no le ayudaba, así que hicimos un trato: yo le daría información y le ayudaría a emboscarlos, a cambio de que liberara a mi hermano.
—¿Qué información le diste? —El hanyō la observó con atención, temiendo que hubiese revelado secretos importantes, como la pérdida de sus poderes durante la luna nueva.
—No mucho, en realidad… S-Sólo le dije a grandes rasgos lo que había hecho y…
—¿Le dijiste sobre mi transformación? —Cuestionó nuevamente, esta vez con dureza porque ese dato podía darle una gran ventaja a su enemigo. —¿Se lo dijiste?
—N-No… no le hablé sobre eso —respondió, dándose cuenta de que lo había pasado por alto todo el tiempo —. Le dije sobre los polvos aromáticos, pero no…
—¿Estás segura? ¿Cómo sé que puedo creerte? —Comenzó a levantar la voz, molesto al darse cuenta lo vulnerable que podía ser ahora.
—Te juro que no se lo dije —le aseguró, sosteniéndole la mirada —. Sé que no hay motivos para que confíes en mí, pero no estoy mintiendo.
—De acuerdo. ¿En qué más ayudaste a Naraku?
—B-Bueno… le preparé una mezcla de polvos aromáticos para que no detectaras su presencia —admitió, apretando los puños con fuerza —. Por eso quise advertirles que vendría tras ustedes…
InuYasha bufó, ahora entendía porqué no había sentido el hedor de Naraku antes de que los atacara. Miró a sus amigos, que parecían confundidos y chasqueó la lengua, pese a todo lo que estaba confesando la muchacha, él no podía confiar en sus palabras.
—Keh, seguro fue más que eso —resopló, cruzándose de brazos —. Aunque al parecer, no eres la única en la que no se puede confiar, ¿verdad?
Sango agachó la mirada, porque el hanyō tenía toda la razón, ella sabía que Naraku jamás cumpliría su parte del trato, y que constantemente la usaría para sus planes, amenazándola para que ella hiciera su voluntad.
—¿Qué pasó hoy con Kohaku?
La pregunta de Kagome la hizo levantar la mirada y dirigirla hacia ella, su voz se escuchaba preocupada, a pesar del gesto inseguro que le devolvía. Soltó un suspiro, eso no había salido como ella esperaba.
—Se suponía que Naraku lo liberaría… Pero pronto me di cuenta de que eso no iba a ocurrir, él aún lo manipulaba, y seguirá haciéndolo mientras su vida dependa del fragmento… —Sus ojos se llenaron de lágrimas, la impotencia al admitir esa realidad era demasiado profunda. —Ahora, le había ordenado acabar con Kagome, pero no podía permitir que eso pasara…
—Keh, claro… como si tú no lo hubieses intentado antes —le espetó, haciendo una mueca.
Ella desvió la mirada, era totalmente comprensible y esperable que InuYasha estuviese a la defensiva, y había pensado que no le afectaría, pero en realidad cada minuto que estaba ahí, con el grupo observándola inquisidoramente, sabiendo que la juzgaban en silencio, era un golpe bajo.
—Bien, entonces… ¿qué hacemos? —Les preguntó el ambarino a sus amigos, levantando una ceja. —¿Le creen? Porque yo no confío en ninguna palabra que salga de su boca.
Kagome y Miroku intercambiaron una mirada, esa era una difícil situación. Los hechos decían una cosa, pero no podían ignorar que perfectamente eso podía ser una trampa más. Sin embargo, no tenían muchas opciones tampoco.
—Bueno, nos advirtió y se enfrentó a Kohaku… —Dijo Kagome, intentando darle el beneficio de la duda. —Podría estar diciendo la verdad.
—No seas ingenua, ya nos ha mentido antes, es probable que lo esté haciendo ahora también —InuYasha seguía reacio, no quería volver a exponer a sus compañeros al peligro que significaba confiar en alguien que nunca había sido sincero.
—Es verdad —habló Miroku, intentando ser lo más racional posible —, no podemos estar seguros de lo que nos dice, es peligroso.
El otro varón asintió, porque aunque existía una ínfima posibilidad de que ella les dijera la verdad, no podían confiarse o aferrarse únicamente a esa esperanza. Lo pensó un momento, dejarla ir tampoco era una opción, porque corrían el riesgo de que fuera nuevamente con Naraku para concretar algún otro plan en su contra, especialmente porque él había vuelto a escapar con Kohaku como prisionero. Hizo una mueca, llamando la atención de los demás.
—Miroku tiene razón, pero no podemos dejarla ir por su cuenta —los demás le dirigieron miradas llenas de duda y confusión, para ellos no tenía sentido que Sango los acompañara —. Es mejor tenerla bien vigilada, o puede irse con ese bastardo de Naraku y seguir usando sus artimañas en contra de nosotros. Prefiero no perderla de vista hasta que encontremos otra solución.
Los demás asintieron a su conclusión, tras lo cual él volvió a mirar a la tajiya con resentimiento, porque iba a dejar claro el panorama desde ese mismo momento.
—De acuerdo, nos acompañarás de nuevo, pero no te quedarás sola ni un segundo, no portarás tus armas ni ninguna de tus herramientas. Harás lo que te digamos, no te acercarás a los alimentos, ni a nuestras cosas —le informó, el gesto amenazante endurecido con determinación. Se acercó para quedar a sólo centímetros de su rostro, causando que Sango pasara saliva por los nervios —. Y si veo algo sospechoso, lo más mínimo que sea, o descubro que nos mentiste… ya no tendrás que preocuparte por salvar a tu hermano.
Ella asintió con temor, la amenaza del hanyō era profunda y sería, no necesitaba que se lo dijeran para que lo supiera. Incluso sus amigos habían sentido algo de miedo ante la actitud del ambarino, porque muy pocas veces lo habían visto tan molesto y dispuesto a protegerlos a cualquier costo. Sin embargo, no podían negar que todas sus acciones eran justificadas, porque la decepción y el dolor que les había causado la traición de su antigua compañera era una experiencia que iba a marcarlos para siempre, aun si le permitían volver a viajar con ellos, porque ese gesto era simplemente por la imperiosa necesidad que tenía ahora InuYasha de tenerlo todo bajo control. Después de todo, ya había estado a punto de perderlo todo por culpa de Sango, y no permitiría que eso volviese a pasar.
Momento cultural.
Kusarigama: Arma con forma de hoz con cadena, es la que utiliza Kohaku, aunque también era muy común ver a los ninjas con ella.
¡Hola, bellezas! Aquí está el siguiente capítulo de este fic, y esta vez tenemos un poco más de acción, Naraku comenzó a mover sus fichas y hay que ver que InuYasha también sabe cómo jugar ese juego, aunque bueno... tiene la desventaja de que sus amigos aún sienten cariño por Sango, porque pasaron muchas cosas con ella. La interrogante de ahora es, ¿estará Sango diciendo la verdad? Eso habrá que averiguarlo. ¿Podrá encontrar la forma de redimirse? ¿Realmente siempre fue así? Preguntas que espero ir respondiendo en los siguientes caps.
Agradecimientos infinitos a quienes se pasan a leer, en especial a quienes dejas sus maravillosos reviews y me apoyan de distintas formas, son un sol y se merecen más chocolate: Eramaan Viimeinen, DAIKRA, Rosa . Taisho, Lis-sama, EmiSophy y a Caratomate (deja de intentar envenenar a las personas, que esto es tu culpa por darme ideas ewe).
Bueno, estaré atenta a sus comentarios y teorías, si así quieren, y espero leernos pronto, lo más probable que sea el lunes 13.
Un abrazo, chocolate (no envenenado) y un milkshake para ustedes (L)
Yumi~
