-Esta es una adaptación de la serie "House of the Dragon" y del libro "Sangre & Fuego" de George R.R. Martin, más específicamente el arco conocido como "La Danza de Dragones". Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, mas los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidades, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Kingdom of One" de Maren Morris para Sakura, "Falling In Love" de Cigarettes After Sex para Sasuke, "Goo Goo Dolls" de Iris para Baru, "One Of The Girls" de The Weeknd para Sasuke & Sakura, y "Family Line" de Conan Gray para el contexto del capitulo.

1-Diálogos en cursiva para "Alto Valyrio".

2-Breves textos en cursiva para pensamientos.

3-Texto con dialogo en cursiva par flashbacks


Los días comenzaron a pasar lentamente; durante el día, Sasuke y Sakura eran el epítome de los dos buenos hermanos que se esperaba fueran; la princesa pasaba su jornada diaria bordando, paseando por los jardines, así como estudiando con los sabios Maestres provenientes de la Citadel y que—por orden de la reina Hanan—se encargaban de prepararla en todo lo que fuera necesario para ser la reina que los Siete Reinos necesitarían que fuera, igual que ocurriría con Baru, con la diferencia de que el príncipe desertaba tanto de los estudios como de la esgrima. La jornada diaria de Sasuke era muy parecida; se levantaba muy temprano para sus lecciones de historia o etiqueta, estando al día en todas las materias que se esperaban de él y más, superando a su hermano mayor en cada aspecto; pasaba horas en el patio de entrenamiento enfrentándose a sir Kakashi Hatake, y sus tardes, hasta que el sol se ponía, estaban completamente ocupadas superando la altura de las nubes sobre el lomo de Vaghar, orando porque las horas pasaran rápido, regresando a la Fortaleza Roja cuando anochecía y respirando aliviado al escuchar de los guardias reales que su hermano Baru había dejado la Fortaleza Roja para acudir a la Calle de la Seda. En una rutina que llevaba ya una semana, Sasuke se encerró en su habitación tras anunciar a su guardia real que nadie lo molestase a menos que fuera urgente, cerrando la puerta tras de sí y dejando pasar unos instantes antes de internarse en el pasadizo secreto que conectaba con cada rincón de la Fortaleza Roja, pero a él solo le importaba un lugar, cruzando la distancia antorcha en mano hasta la habitación de su hermana, dejando la antorcha en el respaldo del pasillo y abriendo la puerta…

Sasuke y Sakura aún eran inexpertos en hacer el amor, pero hacían nuevos descubrimientos cada vez que estaban juntos, como en ese momento, haciendo un lado la ropa para estar plenamente juntos como llevaban añorando durante todo aquel día, ansiosos por explorar el cuerpo del otro y actuando en base a sus instintos, sus cuerpos ansiando al otro desesperadamente y experimentando todo tipo de nuevas sensaciones cada vez que eran uno solo; Sasuke siempre había sido muy serio y reservado, pero se derretía y bajaba completamente la guardia en brazos de Sakura, quien observaba fascinada sus reacciones debajo suyo, trazando sus músculos con su tacto, envolviendo sus piernas alrededor de sus caderas para atraerlo hacia sí y sentirlo más profundamente, enardecida ante lo vulnerable y embelesado que se mostraba solo con ella, y ante la sensación de poder que tenía sobre él y la hacía sonreír, porque la princesa nunca se había sentido tan feliz en toda su vida. Esa noche fue diferente a cualquiera de las anteriores, la pareja simplemente no pudo llegar a la cama y, en su lugar, atrajo los almohadones de los divanes y sofás junto a la chimenea, haciendo el amor junto al fuego, su desnudez iluminada por la luz del mismo mientras movían sus cuerpos al encuentro del otro, unidos de todas las maneras posibles, por su sangre y el fuego en sus venas. El acto sexual se sentía maravillosamente bien para Sakura, que echó la cabeza hacia atrás y se mordió el labio inferior para no gemir escandalosamente, sintiendo los labios de Sasuke deslizarse por su cuello y devorar su piel, sus manos amasando sus pechos, doblegándola bajo sus deseos...mas, el placer no lo era todo para ella; el amor era la razón de su felicidad.

Ambos sentían verdadero placer mientras hacían el amor, cuando era uno solo, porque de alguna forma era como si fueran parte el uno del otro, dos mitades de la misma alma uniéndose en una costumbre valyria de su linaje en ese momento, ya que, según habían aprendido de las leyendas de aquellos que los habían precedido, sus ancestros acostumbraban a hacer el amor junto al fuego, pero esto no era una opción para el príncipe tuerto y la princesa, mas amarse junto a la crepitante chimenea era lo más cercano y solo añadía más placer al acto que estaba experimentando. Su ropa yacía junto a ambos, Sasuke lo comprobó al romper el beso para recuperar el aliento, confundiendo a Sakura que no entendió el cambió en el foco de su atención y el repentino cese en sus embestidas, o no hasta que su hermano alargó la mano hacia sus ropas, tomando la funda de su espada y cuyo filo expuso al aire, ella no entendiendo en que pensaba...hasta que Sasuke se inclinó para besarla otra vez, sintiendo sus labios no solo besar los suyos, sino morderlos hasta que la pelirosa sintió el sabor cobrizo de la sangre. Los antiguos valyrios creían en el incesto—la unión entre hermanos o familiares cercanos—para mantener la sangre pura de dragón y solían casarse bajo una ceremonia muy precisa que ambos hermanos habían estudiado como cualquier príncipe o princesa Uchiha, y en ese momento Sasuke—sin palabras—le estaba rogando que lo hicieran, que se casara con ella en ese momento, y aunque fuera una completa locura, Sakura no dudo en corresponderle, moviendo sus labios contra los suyos en un beso, mordiendo su labio inferior para sentir el distintivo sabor de la sangre, sintiendo a su hermano sonreír ladinamente contra sus labios mientras la besaba apasionadamente.

Sangre de dos, unidos como uno— pronunció Sasuke en Alto Valyrio, rompiendo el beso y viendo a los ojos a su hermana. —Llama fantasmal y canción de sombras— cuidadosamente, tomó su espada para presionar la punta con cuidado en la palma de la mano de su hermana.

Dos corazones como brasas, forjados en catorce fuegos— correspondió Sakura con una sonrisa cuando el pequeño punto en la palma de su mano comenzó a sangrar. —Un futuro prometido en cristal, las estrellas son testigos— tomó la espada de manos de su hermano, y le hizo un corte idéntico en la palma de la mano.

El juramento es dicho a través del tiempo, de oscuridad y luz— el azabache dejó la espada de regreso junto a su ropa, entrelazando su mano herida contra la de su hermana para que su sangre se uniera.

Una sola carne, un solo corazón— la pelirosa se manchó los dedos con la sangre en los labios de su hermano y dibujó con esta una señal en su frente. —Yo soy tuya y tú eres mío, sin importar lo que venga— declaró mientras su hermano hacía la misma señal en su frente tras manchar sus dedos con la sangre en sus labios.

Una sola alma, ahora y para siempre— secundó Sasuke, no perdiendo el tiempo en volver a mecer sus caderas al encuentro de las de su hermana. —Yo soy tuyo y tú eres mía, sin importar lo que venga— finalizó en una mezcla de gemido y susurro.

Debería sentirse mal que ella pronunciara esas palabras sagradas con alguien que no era su esposo, era una completa locura y Sakura lo tenía presente, ella ya estaba casada con Baru...pero solo bajo la fe de los Siete, pronunció un egotista deseo en su interior, y los dragones no reconocen a nadie más que a ellos mismos; Baru I "El Conquistador", bajo el mismo rito valyrio, se había casado dos veces, con sus dos hermanas Mikoto y Ume Uchiha, ¿Era muy diferente lo que estaba haciendo ella en ese momento?, ¿No era Sasuke quien debería ser su esposo? La sola idea de que Sasuke, su hermano, el hombre que amaba con todo su corazón, fuera suyo incondicionalmente, que fuera su esposo, que estuviera tan íntimamente unido a ella aumentó el placer que sentía cuando Sasuke volvió a embestir en su interior, inclinándose para besarla con pasión incansable, envolviendo su lengua contra la suya y viceversa, ante lo que Sakura arañó los músculos de la espalda de su hermano mientras sentía al príncipe tuerto embestir más profundamente en su interior, reteniendo sus caderas contra las suyas. Para el mundo exterior eran Sasuke y Sakura, hermano y hermana, pero cuando estaban solos eran mucho más que eso, y ahora eran también esposo y esposa, como siempre deberían haber sido, porque habían nacido el uno para el otro, Sasuke siempre lo había sentido así y ahora más que nunca se permitió disfrutar del placer que ello implicaba, no sintiendo vergüenza en amar a su hermana, a la mujer que era la razón de su vida, sintiendo a Sakura arquearse bajo su cuerpo, desesperada por amarlo y tenerlo en su interior igual que él necesitaba hacerla suya, reclamando todo de ella, sin poder saciar su deseo ni hambre por ella y todo lo que representaba, lamiendo su sangre al envolver su lengua contra la suya.

Aquel apasionado beso, y la sensación de su hermano haciéndole el amor envió una descarga de deseo por el cuerpo de Sakura, que se arqueó y gimió debajo de Sasuke, una descarga de deseo que jamás podría sentir con Baru, que era su esposo en todos los sentidos y que, sin embargo, no la amaba ni amaría nunca, pensamiento que solo se reforzó cuando Sasuke rompió el beso por la necesidad de respirar, lamiendo su piel al bajar por su largo cuello hasta el valle entre sus pechos, el príncipe tuerto deleitándose con los gemidos que abandonaban los labios de su hermana mientras devoraba sus pechos, amasando estos bajo sus manos. Sakura era infinitamente hermosa a ojos de Sasuke, no una belleza cualquiera como las damas de sangre ilustre de la corte, no; ella era hermosa como un sueño, una diosa con la sangre del dragón en sus venas, su piel era suave como la seda y hasta los dioses de la antigua Valyria habrían temblado de deseo por ella…suspirando el nombre de su hermana, enterrando su rostro contra el valle de los perfectos pechos de ella, haciéndola suya y escuchando sus gemidos subir de tono a cada momento, Sasuke nunca perdonaría a su amada madre por haber entregado a Sakura a Baru, nunca perdonaría a Baru, porque para él era solo una obligación o molestia en el peor de los casos, no una esposa, pero para Sasuke ella estaba hecha de sueños, era la perfección misma. Sakura ascendió sus manos de los hombros al cabello de su hermano, revolviendo y acariciando este, gimiendo de nueva cuenta al escuchar a su hermano pronunciar su nombre ante cada nueva embestida, con una mezcla de desesperación, pasión y cariño, ambos rozando el éxtasis, aferrándose al nombre del otro como una plegaria, necesitando asegurarse de que el otro estaba ahí para estar completos.

Deslizando sus manos para acunar el rostro de su hermano, Sakura hizo que Sasuke alzara la mirada para encontrar su mirada con la de ella, sonriéndole tiernamente y ante lo que él presionó su frente contra la suya, manteniendo sus manos entrelazadas; Sakura podía sentir la tensión en los músculos de Sasuke, su piel caliente y sudorosa bajo su tacto, acariciando con su mano libre el sedoso cabello azabache de su hermano y que se le pegaba a la frente y los lados del rostro por el sudor. Sin dejar de mover sus cuerpos uno contra el otro, Sasuke y Sakura se tumbaron sobre las almohadas y cojines, recostados frente a frente, el príncipe tuerto embistiendo con profundidad en el interior de su hermana, besando incansablemente sus labios y trazando cada poro de su piel, como si grabara su nombre en su anatomía igual que como hacía Sakura con él, arqueándose para presionar sus pechos contra el torso de su hermano, arañándole los hombros y espalda, sus embestidas fueron creciendo en fuerza e intensidad. Sintiendo el clímax más profundamente, y deseando alcanzarlo a la par que su hermana, las manos de Sasuke se situaron con firmeza sobre las caderas de Sakura, penetrando más profunda e intensamente en su interior, como si quisiera desaparecer dentro de ella, envolviendo sus brazos a su alrededor—lo que Sakura no tardó en imitar—y enterrando su rostro contra el costado de su cuello antes de derramarse en su interior; el placer de Sakura fue idéntico, arañando los hombros de su hermano y gimiendo su nombre contra su oído, aun meciendo sus caderas contra las suyas y gozando de las placenteras olas del clímax, no creyendo que un acto tan íntimo como aquel pudiera sentirse mejor…pero lo hacía, Sasuke siempre le daba un placer como ningún otro, porque la amaba y ella a él.

Tan pronto como el clímax comenzó a pasar, Sasuke soltó lentamente el abrazo que lo unía a su hermana al darse cuenta de lo opresivo y desesperado que podía parecer, soltando un profundo suspiro y apoyándose en sus brazos para no aplastar a Sakura debajo suyo, recordando que a ella la ponía nerviosa e incómoda el contacto físico; pero, las cosas eran muy diferentes con Sasuke a ojos de Sakura, su abrazo, pasión y desesperación la hacía sentir en los cielos, por lo que le sonrió a su hermano tan pronto como el príncipe tuerto encontró su mirada con la de ella, ante lo que la princesa acunó su rostro en sus manos y lo haló hacia sí en un tierno peso, presionando sus pechos contra su torso, ambos aun íntimamente unidos…era como si no hubiera forma de que pudieran estar más cerca que eso. Sasuke se veía hermoso en ese momento para Sakura, más hermoso que nunca de ser posible, exhausto por el placer que ambos acababan de compartir, ligeramente sonrosado y feliz a la vez que expuesto, ya que su parche no cubría su ojo izquierdo cuando ambos estaban a solas y Sakura se sintió afortunada por ello, alzando sus manos para trazar la cicatriz en el ojo de su hermano, porque ella era la única que podía verlo así, porque él confiaba en ella más que en nadie. Inevitablemente y tan pronto como los efectos del orgasmo quedaron atrás, Sasuke suspiro el nombre de su hermana, meciendo lentamente sus caderas contra las suyas, y Sakura no dudo en arquearse contra él en respuesta, afianzándose a sus hombros y espalda con las uñas, instándolo a retirarse y volver a embestir, lo que los hizo gemir a ambos mientras comenzaba a moverse, solo que esta vez Sakura invirtió las posiciones y se montó a horcajadas sobre su regazo, sintiendo la salvaje necesidad de saberlo suyo…


A la mañana siguiente, ambos hermanos actuaron como si no hubiera acontecido nada de lo ocurrido entre ellos la noche anterior, como si no se hubieran amado durante horas hasta caer dormidos tras declararse el uno al otro como marido y mujer, esta vez sobre las sábanas, tan solo separándose cuando el alba despuntó e Ino pidió permiso para ingresar a la habitación; sin embargo, Ino no estaba ahí esa mañana solo para despertar a la princesa como siempre, sino que le informó que la reina había convocado a sus hijos a un desayuno en familia esa mañana, lo que confundió a la princesa Sakura, aunque no demostró mayor desconcierto por ello, dejando que su amiga y doncella la ayudase a vestirse. Al tanto del desayuno orquestado por su madre, a la par que siendo su deseo, al poco tiempo Sasuke regresó a los aposentos de su hermana, pero haciéndose anunciar formalmente y dispuesto a escoltarla hasta el comedor, una maravillosa oportunidad de continuar juntos, aun sintiendo el vínculo de que eran marido y mujer...Cuando Sasuke y Sakura ingresaron en el salón aledaño a los aposentos de su madre, encontraron a la reina Hanan en compañía de su primogénito el príncipe Baru, y ambos hermanos no dudaron en ocupar sus respectivos lugares a la mesa como si no sucediera nada. El desayuno era una pobre excusa, Baru lo sabía, su madre lo había recibido en su habitación luego de que sir Sakon Otogakure acudiera a la calle de la Seda por él, y lo había regañado muy severamente, condenando su actuar y diciéndole que estaba fallando como heredero por no embarazar a su esposa, de ahí el desayuno familiar esa mañana; él debía acercarse a Sakura y visitar su cama esa noche, lo que no le provocaba mayor ilusión.

—Te visitaré esta noche— anunció Baru en voz baja, alegrándose por no tener que decir más para hacerse entender por su hermana y esposa.

Sakura acababa de empezar a comer cuando su hermano y esposo pronunció esas palabras, acercando su rostro al suyo, y la sola idea de recibirlo en su cama otra vez la asustó, la paralizó y le dio deseos de vomitar…pero, era su deber, Sasuke y ella ya habían pasado una maravillosa semana juntos, mas aquello no podía durar para siempre, ella estaba legítimamente casada con Baru y debía recibirlo en su cama al menos una vez cada determinado tiempo, en caso de quedarse embarazada, para que él creyera ser el padre. Sentado junto a su hermana, y contando con los sentidos intensificados de Vaghar por su profundo vínculo con su dragón por todas las horas que pasaban volando juntos, Sasuke escuchó claramente a su hermano, frunciendo el ceño y apretando su agarre alrededor de los cubiertos, ardiendo de rabia por dentro y perdiendo el apetito de inmediato, deseando poder evitar que su hermana pasara por semejante tortura…mas, sabiendo que no podría hacerlo, sabía que Sakura no deseaba compartir la cama con Baru, no cuando él estaba ahí y la amaba, cuando estaba siempre dispuesto a complacerla, pero Sakura no podía negarse a su legítimo esposo, y él no podía protestar pese a desearlo.

Tan pronto como le fue posible, Sasuke se levantó de la mesa tras excusarse, rozando a propósito—de forma muy breve—su mano contra la de su hermana para hacerle saber que estaría disponible para ella tan pronto como lo requiriera a su lado, lo que alivió los temores de Sakura tan pronto como Sasuke se marchó; el día pasó lentamente después del desayuno, la mente de Sakura no podía pensar en otra cosa que en la forzosa visita que recibiría de Baru, ni siquiera pudo bordar o leer para distraerse, no tuvo deseos de pasear por el jardín, sino que aguardó en su habitación todo el día, hasta que llegó la noche, dejando que Ino la ayudase a prepararse y despidiéndola cuando el sol se ocultó. A los pocos minutos, Baru por fin se presentó, esta vez no estaba borracho, quizás había bebido una copa, pero no más, y Sakura no supo si ello era una mejora o no, tampoco cuando Baru la tomó de la mano y guio para recostarse sobre la cama en lugar de inclinarla sobre el colchón y levantarle la falda como la última vez, sí que le levantó la falda y le separo las piernas, pero esta vez se recostó encima de ella sobre el colchón tras desabrocharse los pantalones, y a Sakura la hizo estremecer el recordar a Sasuke, porque hasta ese momento ambos se veían a los ojos al hacer el amor, ¿Por qué ahora Baru reclamaba eso de ella también? Hasta ahora, ambos solo habían compartido la cama una vez y no se habían visto a los ojos; solo Sasuke y ella se habían visto a los ojos, por lo que compartir aquella profunda intimidad con Baru le resultó por demás incómodo, incómodo y equivocado, tanto como el momento en que lo sintió penetrar de golpe en su interior, con nada de la devoción, erótica preparación, apasionados besos y tacto seductor que Sasuke siempre le brindaba, y Baru no tardó en embestir una y otra vez.

Las embestidas de Sasuke en su interior al principio siempre eran lentas, medidas, profundas, como si buscara seducirla hasta con la más mínima de sus acciones, amasando sus pechos, desnudándola por completo, reclamando todo de ella; las embestidas de Baru eran rápidas, bruscas, exigentes, no pidiéndole su opinión sino que reclamando lo que deseaba de ella sin molestarse en desvestirla siquiera, solo abriéndole las piernas, y esa sensación no le provocó placer, solo incomodidad y Sakura solo pudo quedarse quieta y dejar que su esposo hiciera lo que quisiera, eso a ella no le provocaba nada. No es que odiara a Baru, no lo odiaba realmente, él era su hermano y siempre lo amaría, sin importar sus defectos, porque se preocupaba por él y su bienestar pese a lo cruel que él podía ser con Sasuke y con ella, además era su esposo y le debía respeto así como lealtad…pero no lo amaba, no como amaba a Sasuke por quien sentía deseo ante la sola idea de pensar en él haciéndola suya, pero no podía usar su amor por él para aceptar a Baru en su cama, además, ya estaba cumpliendo su deber de esposa dejando que Baru reclamara lo que quisiera de ella; era a Sasuke a quien amaba, era a él a quien pertenecía su corazón, su alma y su cuerpo. La primera vez que había estado con Sakura, Baru no había podido verla a los ojos, sabía que una primera vez no era agradable para una virgen y él nunca había estado con una, pero ahora ella ya no era virgen, por lo que Baru quiso verla a los ojos mientras la hacía suya, retirándose y volviendo a embestir, gruñendo por lo bajo, debiendo admitir que se sentía muy bien el follar con ella, no mejor que con cualquiera de las mujeres con que cogía en los burdeles, pero muy placentero.

Por curiosidad, no prestando siquiera atención al rostro de su hermana o sus expresiones, no escuchando si estaba gimiendo o no, Baru bajo su mirada al escote del camisón de su esposa, ascendiendo su tacto de las piernas abiertas de ella—que se dejó hacer dócilmente debajo suyo—a sus caderas, estrecha cintura y pechos que amasó a través de la tela, desanudando el lazó que cerraba el escote, que abrió, inclinándose para devorar aquella piel, queriendo disfrutar lo que no había podido en su primera vez. Los besos serán ceniza en tus labios y su tacto el peor veneno sobre tu piel; Sakura no se inmuto ante el tacto de su hermano o la sensación de sus labios, sino que recordó las palabras de Ino, no pudiendo sentir nada de lo que sentía cuando estaba con Sasuke, porque él la amaba ferozmente, con pasión e inquebrantable lealtad, de una manera que iba más allá de la mera atracción o el afecto, de ahí que Sasuke y Baru ocuparan lugares separados en su corazón, y no por primera vez Sakura pensó que las cosas serían más fáciles para los tres si se intercambiarán entre sí; si Sasuke fuera el mayor y futuro rey, así ella sería su esposa, y Baru solo sería su hermano y podría hacer lo que quisiera, ¿Por qué los dioses los hacían tan miserables con aquel destino? El tacto de Baru se tornó febril mientras acariciaba a su hermana, no sintiendo particular deseo por ella solo porque fuera su esposa, sino porque era una mujer y muy bella, debía reconocerlo, su hermana tenía un cuerpo muy bello, pero no enardecía sus pasiones que fuera tan callada y discreta debajo suyo, que no gimiera desesperada como las mujeres que él veía en los burdeles, pero era su hermana y a su manera eso creó una conexión que Baru no tenía con nadie.

En medio del acto, por alguna razón que Sakura no entendía, Baru alzó una de sus manos para acariciarle la mejilla; no paraba de moverse, lo sentía retirarse y volver a penetrarla, pero ella no sentía nada, su desesperación de alcanzar el clímax era evidente, y no parecía pensar si ella lo estaba disfrutando, ¿Por qué la estaba tocando de esa forma? Solo Sasuke lo hacía, Baru sabía que ella detestaba el contacto físico; sin embargo, por cumplir, pensando en el bien y placer de su hermano, que era su deber de esposa, Sakura encontró su mirada con la suya y esbozó una tierna sonrisa, ante lo que Baru alargó una de sus manos para entrelazarla con la suya, aumentando el contacto y por ende la incomodidad de Sakura, pero ella no lo demostró, menos lo incómodo que fue sentir como sus embestidas eran cada vez más rápidas e imprecisas, anunciando que iba a acabar, mas la mente de Sakura repetía una sola palabra, un nombre; Sasuke, Sasuke, Sasuke. Cuando Sasuke alcanzaba su clímax, Sakura sentía poder, se sentía como la diosa que él le hacía creer; cuando Baru se derramó en su interior y convulsionó encima suyo, Sakura solo sintió asco al sentir su semilla, ella quería a Sasuke…como en su primera vez, tan pronto como el placer desapareció, Baru se retiró de su interior, tumbándose a su lado sobre la cama, ignorando como Sakura casi sollozó a su lado, con lágrimas en sus ojos al hallarse libre del peso de su esposo y hermano, aliviada luego de que él la hubiera atormentado tanto, ¿Por qué los dioses y el destino debían ser tan crueles?, ¿Así se había sentido Baru "El Conquistador" por tener que coger con sus dos hermanas?, ¿Había despreciado a Mikoto y deseado a Ume tanto como ella era indiferente a Baru y anhelaba a Sasuke?

Se sintió como una prostituta, usada en un juego morboso y cruel.


Tras dejar varios minutos, Baru finalmente se retiró de la habitación sin siquiera pronunciar una palabra, lo que alivió a Sakura, pero pronto se halló en la misma posición que en su primera noche, sentada sobre el colchón y atrayendo sus piernas hacia sí, mas no quería quedarse así, anhelaba a Sasuke, su amor y afecto incondicional, pero, ¿Cómo se presentaría él sin saber si Baru había abandonado su habitación? Levantándose de la cama, Sakura tomó la bata que Ino había dejado sobre uno de los divanes, de terciopelo y seda oliva con dragones plateados estampados y perlas en el contorno del dobladillo, cubriendo su camisón—que cerró y acomodó lo mejor posible—con esta y dirigiéndose hacia la puerta que conectaba su habitación con el pasadizo secreto que su hermano usaba para visitarla, necesitando ir con él cuanto antes. El pasadizo estaba oscuro, apenas iluminado por una antorcha que colgaba del respaldo frente a la puerta, y que Sakura tomó con incertidumbre, cerrando la puerta a su espalda y aventurándose a la oscuridad, no sabiendo a dónde iba, pero dejando que su intuición y el recuerdo de la trayectoria que separaba sus aposentos de los de su hermano la guiara, deteniéndose tan solo cuando encontró otra puerta que coincidía con esa distancia, y que abrió tras dejar la antorcha en el respaldo de esa parte del pasillo. Intentando concentrarse en lo que estaba leyendo, sentado junto a la chimenea, a la luz de las velas, Sasuke escuchó ruido a su espalda, levantándose de golpe al ver a Sakura emerger por la misma puerta que él usaba para ir a sus aposentos, pero el príncipe tuerto no tuvo oportunidad de preguntar nada, pues Sakura corrió a su encuentro, atrayéndolo desesperadamente en un beso, presionando sus pechos contra su torso, deseándolo desesperadamente.

—Ese imbécil no sabe ni puede complacerte— concluyó Sasuke al romper el beso para recuperar el aliento, situando suavemente sus manos sobre sus hombros.

—Sasuke, por favor— rogó Sakura, arqueándose contra él y desesperada por sentir su tacto reemplazando el de Baru, pernicioso como un veneno sobre su piel.

—Dime, ¿No estás satisfecha?— interrogó el azabache, acunando el rostro de su hermana entre sus manos, necesitando saber si se sentía lo suficientemente bien para eso.

—No, solo tú puedes darme placer— contestó la pelirosa sin dudarlo, deseando olvidar lo ocurrido y deseando pertenecerle únicamente a él.

—Y te lo daré— prometió el príncipe tuerto sosteniéndole la mirada como prueba.

Sasuke no podía evitar sentir temor o preocupación, recordaba la mirada en los ojos de Sakura y como se había estremecido a la mañana siguiente de su primera vez con Baru, la primera vez que él les había quitado, y lo último que Sasuke desearía sería reclamar su placer egoístamente, eso lo pondría al nivel de su hermano y no era como él, lo único que verdaderamente le importaba era hacer feliz a Sakura, por lo que solo al tener el beneplácito de Sakura, Sasuke deslizó lentamente la bata de seda que cubría su camisón, encontrando su mirada con la suya en todo momento e inclinándose entonces para reclamar sus labios en un beso lento y profundo, retrocediendo lentamente hacia su cama. A imagen de su primera vez juntos, Sasuke la hizo detenerse junto a la cama y desanudó calmadamente el escote de su camisón, no con la brusquedad de Baru, y lentamente bajo la tela por su cuerpo para desnudarla cuando la tela se acumuló en el suelo, exponiéndola a sus ojos, y de inmediato sus labios se inclinaron para devorar sus pechos, ante lo que Sakura jadeó, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello, dejando que su hermano la tumbara debajo suyo mientras se recostaban sobre la cama, en el fondo el miedo de mujer en su interior le decía que alejara a Sasuke, el recuerdo de Baru estaba tan fresco…pero amaba a Sasuke y deseaba olvidar tan desesperadamente, que de inmediato dijo que sí a todo. Alzando la mirada para observar a su hermana, muy atento a sus reacciones, Sasuke abandonó los pechos de Sakura y descendió lentamente con una serie de besos por su vientre, trazando las curvas de su perfecta anatomía, separándole lentamente las piernas al saber que ella no lo rechazaría, recorriendo sus muslos, deslizando lentamente sus dedos al interior de su feminidad.

La sensación de los dedos de su hermano en su interior no le era ajena, no era la primera vez que lo sentía, y su deseo por olvidar era tan grande que de inmediato meció sus caderas el encuentro de estos hasta casi sentir sus nudillos, pero la repentina sensación de los labios y lengua de su hermano recorriendo su feminidad no hizo más que aumentar descomunalmente aquel placer, obligándola a desplomarse ante el inmenso placer que sentía, solo pudiendo recostarse sobre el colchón y gemir entregada, sintiendo a Sasuke acomodar sus piernas sobre sus hombros y devorarla con un hambre abrumadora. Una sonrisa ladina se adueñó de los labios de Sasuke, que no cesó en devorar el exquisito elixir de su hermana, buscando llevarla a la cúspide del placer cuanto antes; sabía que había tomado desprevenida a Sakura y eso lo complacía, siempre podía sorprenderla, aun cuando el cuerpo de su hermana siempre pareciera preparado para recibirlo, ella bajaba su defensas tanto como él mismo y ello elevó su orgullo como nunca, gruñendo mientras devoraba la feminidad de su hermana, reteniendo sus piernas sobre sus hombros, no estando satisfecho hasta escuchar sus gemidos aumentar descomunalmente, llenando la habitación al anunciar su clímax, y no importaba quien escuchara, porque él era libre, porque nadie sabía que le pertenecía a su hermana, su esposa. El clímax llegó de golpe, con un gemido sonoro entremezclado con un jadeo y Sakura se arqueó debajo suyo, halando el cabello de su hermano, que lentamente se irguió sosteniéndole la mirada, relamiéndose los labios, y procediendo a desabrocharse el jubón, queriendo estar en igualdad de condiciones con ella, que se sentó con torpeza sobre el colchón.

—Tú también necesitas placer— comprendió Sakura, sorprendiendo al príncipe tuerto con sus palabras. —No soy tonta, no soy la única que no se siente saciada— obvio, ya que él siempre pensaba en ella y jamás pedía nada para sí mismo.

—No es igual, la autosatisfacción no es lo mismo— negó Sasuke, quitándose el jubón y dejándolo caer al suelo, y con ello su camisa. —Solo siento placer si te tengo a ti— declaró sinceramente, acariciando el rostro de su hermana.

—Déjame darte placer entonces— pidió la princesa sosteniéndole la mirada, deseando devolverle todo lo que él le había dado, queriendo hacerlo feliz desesperadamente.

Ino estaba muy versada en las artes amatorias con sus amoríos secretos con un misterioso caballero—Sakura podría interrogarla, pero elegía no hacerlo, respetando los secretos de su amiga como ella respetaba los suyos—, pero ambas eran amigas y se compartían confidencias, entre ello consejos sobre cómo complacer a un hombre, siempre provenientes de Ino, y aunque Sakura nunca los había puesto en práctica, sintió que ese era el momento de retribuirle a Sasuke todo el afecto que él tanto le había dado desde su primera noche juntos. Ahora quien sintió nerviosismo fue Sasuke, que se sentó sobre el colchón junto a su hermana, quitándose las botas y el cinturón junto a su pantalón, y apenas hizo aquello, Sakura lo instó a recostarse sobre el colchón, subiendo ella a su regazó, inclinándose para besarlo castamente, siempre viéndolo a los ojos y descendiendo con sus labios por su cuello, torso, abdomen...y más abajo; Sasuke soltó un jadeo cuando sintió la mano de Sakura envolverse alrededor de su miembro, no pudiendo mentir, si se había masturbado pensando en ella, pero sentir su tacto era algo muy diferente y que elevó su deseo por ella de inmediato. Sakura ya había visto el miembro de Sasuke varias veces, pero no dejaba de sorprenderse como la primera vez que lo había visto, y hoy había visto el de Baru por la forma en que la había tomado, pudiendo concluir de inmediato en que el de Sasuke era más grande y grueso, sintiéndolo como acero valyrio entre sus manos y la hizo sentir más afortunada que antes de ser posible, moviendo lentamente su mano desde la base hasta la punta, atenta a las reacciones de Sasuke, viéndolo cerrar los ojos y concentrarse completamente en lo que ella le provocaba, gruñendo por lo bajo y haciéndola sentir orgullosa por ser la responsable de su placer.

Recordando cada lección de Ino, esperando no equivocarse, Sakura lentamente inclinó su rostro sobre el miembro de Sasuke, alzando su mirada para encontrarla con la suya, viendo la sorpresa en sus ojos, y entonces abrió los labios y lentamente lo deslizó dentro de su boca, volviendo a alzar sus ojos esmeralda para ver el rostro de su hermano al escucharlo gemir su nombre; la cálida sensación de la boca de su hermana alrededor de su miembro era muy peculiar, no se parecía a nada que hubiera esperado sentir, siquiera masturbarse había sido un mero desahogo al que apenas había recurrido dos o tres veces, pero lo que Sakura le estaba dando era más placentero que nada que hubiera sentido antes—excepto hacerla suya, nada superaba eso—, exquisito, era una experiencia única y maravillosa. Sakura se quedó quieta al envolver el miembro de su hermano con su boca, estudiando sus reacciones, teniendo solo la punta dentro de su boca antes de descender lentamente para tomar más, centímetro a centímetro, lo que hizo gruñir de nueva cuenta a Sasuke, que descendió su tacto para acariciar los sedosos rizos rosados de su hermana, y en respuesta Sakura lo dejo entrar por completo en su boca, sintiendo su peso en su lengua, tomándolo completamente en su boca hasta sentirlo en el fondo de su garganta, sintiendo que se le cortaba la respiración y solo entonces retirándose lentamente para recuperar el aliento, repitiendo el proceso de hundirse nueva y lentamente, volviendo a tomarlo en su boca, creando una deliciosa fricción entre el miembro del príncipe tuerto y su lengua envolviéndolo, era un placer demasiado grande para que Sasuke pudiera soportarlo, sintiendo que iba a ahogarse por la emoción y el éxtasis.

Con un movimiento rápido y brusco, que la sorprendió e hizo jadear, Sakura se halló recostada sobre el colchón debajo de Sasuke, quien se apoyó en sus brazos para no aplastarla con su peso, mas no le abrió las piernas ni reclamó lo que deseaba de ella como había hecho Baru, sino que se inclinó para besarla, reclamando su boca y envolviendo su lengua contra la suya, hasta que la princesa sintió un calor agobiante y el sudor perlándole la frente; tan pronto como Sakura rompió el beso para recuperar el aliento, sintió los dedos de su hermano en su interior otra vez, como si quisiera comprobar que ella estaba lista para él, y Sakura meció sus caderas a su encuentro de nueva cuenta, mas ello no fue suficiente, necesitaba más y Sasuke lo entendió al encontrar sus miradas, sonriendo ladinamente, siempre tan descarado, tan confiado en sí mismo, peligroso, y a ella la enardecía eso, porque era tan suave y dulce con ella, porque solo la amaba a ella. Retirando sus dedos del interior de Sakura tras comprobar que ella estaba lista para recibirlo, Sasuke se acomodó entre sus piernas y muy lentamente comenzó a penetrar sus interior, deleitándose al verla sujetar las sábanas entre sus manos, las sábanas de su cama, en su habitación, debajo suyo y echando la cabeza hacia atrás para gemir su nombre y más cuando él se retiró para volver a embestir, llenándola por completo, reteniendo sus caderas contra las suyas, sintiendo a Sakura arañarle los hombros y la espalda, abrazándolo, enterrando su rostro contra el costado de su cuello, gimiendo fuertemente, lo que solo lo hacía embestir con más fuerza en su interior, porque no importaba si alguien escuchaba, nadie haría algo para interrumpirlos, eran libres.

—Sasuke...— pronunció Sakura entre gemidos, rogándole por más a cada momento.

En respuesta, los labios de Sasuke se situaron exactamente en el costado del cuello de Sakura, jadeando su nombre mientras la hacía suya, mientras reclamaba todo lo que ella le ofrecía con tanta generosidad, hundiéndose profundamente en su interior una y otra vez, no teniendo que permanecer en silencio, lo que hizo que el príncipe tuerto la hiciera suya con rudeza, una rudeza que—contraria a la de Baru—la hizo gemir más fuertemente, arqueándose debajo suyo, y los oídos de Sasuke estuvieron muy atentos para grabar cada sonido que saliera de sus labios en su conciencia, seducido y embelesado con ella. Apoyando su peso en su brazo derecho, guiando las caderas de Sakura al encuentro de las suyas con la mano izquierda, Sasuke la observó atentamente mientras se acercaba al clímax…ella valía cualquier precio, si un día tuviera que cometer los peores desmanes para poner los Siete Reinos a sus pies, se ensuciaría las manos como fuera preciso para hacerla feliz, ella no era un premio, pero su sonrisa y alegría eran la mayor recompensa, y no había precio que él no estuviera dispuesto a pagar por ella. Recordó la semilla de Baru, el asco e incomodidad que había sentido por tenerla en su interior, la sola idea de tener un hijo suyo la aterraba, le provocaba asco, porque sabía que Baru desdeñaría cualquier hijo suyo tanto como a ella, pero Sasuke...Sakura gimió ante la sola idea de tener un hijo de su hermano, la emocionó la idea, un niño igual de guapo que él, un heredero al trono, un niño que se convirtiera en rey, que llevara su apellido—que era el suyo—aunque nadie lo supiera, que tuviera la sangre del dragón de ambos, que fuera el fruto de su amor, y lo anhelaba desesperadamente, tanto como su compañía.

—Di que eres mía— pidió Sasuke con un ligero tinte de exigencia mientras la hacía suya.

—Soy completamente tuya— contestó Sakura sin dudarlo, acunando el rostro de su hermano entre sus manos y no teniendo problema en decirlo.

—Te amo tanto, no puedo vivir sin ti— declaró el príncipe tuerto con voz ronca, pegando su frente a la suya.

—Quiero un hijo tuyo, por favor— rogó la princesa, exponiendo su deseo para sorpresa de su hermano, pero ello solo lo hizo sonreír ladinamente.

—Tendrás todos los que quieras— aseguró el azabache, inclinándose para reclamar sus labios, enardecido ante la sola idea.

—Un niño, igual de guapo que tú— pidió la pelirosa en medio del beso, envolviendo sus brazos alrededor de los hombros y el cuello de su hermano.

Era una locura, que ya estuvieran compartiendo la cama en ese momento era un acto de traición teniendo en cuenta que Baru un día sería rey—aunque no lo merecía—, pero Sakura ya era su esposa de acuerdo a la antigua tradición valyria, eran sangre de la misma sangre, uno mismo, se amaban, ¿Era tan escandaloso que quisieran tener un hijo juntos? En el fondo era una realidad que sucedería por compartir la cama, aunque ambos no lo hubieran pensado desde el primer momento, pero lo anhelaban e iban a hacerlo una realidad. La presión se estaba acumulando, ambos lo sentían, Sakura entre sus piernas y Sasuke en su miembro, estaban al borde del clímax y ambos lo sentían, dejándose llevar por este, invadidos por violentas olas de placer, Sakura jadeando el nombre del príncipe tuerto, casi sin aire ante la fuerza del orgasmo y arqueándose debajo suyo, sintiendo a Sasuke gruñir su nombre al costado de su cuello y derramándose en su interior, como una silenciosa promesa cumplida. A imagen de Baru anteriormente, Sasuke abandonó su interior, pero no se tumbó descuidadamente a su lado como su esposo, sino que el príncipe tuerto suspiro como si tratara de asimilar tan descomunal placer, pero al mismo tiempo también el ruego que Sakura le había hecho, observando irrefrenablemente su semilla manchando el valle entre sus piernas y que lo hizo atraer a Sakura hacia sí en un abrazo, sabía que el contacto físico le era incómodo, pero él lo necesitaba y le alegró saber que ella también, pues de inmediato envolvió sus brazos alrededor de su torso, apoyando su cabeza contra su pecho. Si se quedara embarazada esa noche, ¿Sasuke sería el padre o Baru? Sakura no pudo evitar preguntárselo.

—¿Por qué?— preguntó Sasuke, rompiendo con el silencio que pareció durar varios minutos. —¿Por qué no quieres tener sus hijos?— profundizó, no habiendo esperado que ella le pidiera algo así, y la sola idea lo emocionó profundamente.

—¿Por qué debería?— contrarió Sakura, alzando su mirada para encontrarla con la suya. —Él no se preocupa por mí, y no quiero que mis hijos tengan un padre que no se preocupa por su madre— puntualizó en caso de que no fuera obvio. —Es insoportable— ellos ya vivían eso con sus padres. —No quiero sus hijos, quiero tus hijos— dejó en claro, en caso de que él no estuviera lo suficientemente seguro de sus sentimientos.

—Tu hijo sería el heredero del Trono de Hierro, no sabría que soy su padre— diferenció el príncipe tuerto, diciéndose que cualquier hijo nunca podría saber que era su padre.

—Yo lo sabría; tú lo sabrías, y creo que en el fondo él lo sabría— refutó la pelirosa, confiando en que su amor sería más fuerte que cualquier adversidad en el camino. —¿No es suficiente?— inquirió pícaramente, ante lo que Sasuke se abstuvo de entornar los ojos. —Estas celoso de Baru, siempre lo he sabido— señaló, hablando sin tapujos.

—No es de él, es un idiota borracho, no quiero ser como él en absoluto— protestó el azabache de inmediato, no teniendo nada que admirar de su hermano mayor.

—Déjame profundizar— pidió ella, casi ahogando una carcajada. —Tienes celos de lo que él tiene, porque es el primogénito, porque heredará la corona— ella siempre lo había notado y él no pudo negarlo en ese momento. —Si uno posee algo, el otro se lo quitará— pronunció, guiada por las visiones que pasaban delante de sus ojos como siempre.

—No se trata solo de la corona, aunque en eso tienes razón— asintió él, ni capaz de llevarle la contraria pues ella hablaba con sabiduría. —Yo soy el que estudia historia y filosofía, el que entrena día y noche con la espada, el que monta al dragón más grande del mundo, que habla Alto Valyrio a la perfección, que realmente se preocupa por la familia y su historia, por su futuro— se decía diariamente que todo cuanto hacía valdría algo al final, pero no estaba seguro. —Baru no y, sin embargo, siempre estará por delante de mí por ser el mayor, algo que ninguno de los dos eligió, pero todos tenemos que vivir con ello. Y te tiene a ti— su hermano se lo había quitado todo, excepto su amor.

—Estoy aquí contigo ahora— recordó Sakura, regresándolo a la realidad. —No soy de Baru; me pertenezco a mí misma— ella no era un objeto, era una persona con voluntad, aunque nadie pareciera pensar en ello. —Pero puedo compartirme contigo— bromeó con una pícara sonrisa, siendo la única persona con quien pensaba compartirse.

—Por ti iría a la guerra con los Siete Reinos— Sasuke sonrió ladinamente, inclinándose para besar la frente de la pelirosa que lo abrazó más en respuesta.

No eran palabras pronunciadas con el objetivo de conquistarla, Sakura lo sabía, Sasuke siempre le hablaba con transparencia, honestidad, sin barreras, mientras que con el resto del mundo era—y ella lo notaba—un imbécil petulante, un engreído y seguro de sí mismo, cuando en el fondo necesitaba tanto del amor como ella, ambos solo se tenían el uno al otro, Sakura incomprendida y menospreciada por todos los que la rodeaban, y sin embargo siendo la joya más valiosa para su hermano favorito, solo un príncipe tuerto con grandes ambiciones para la mayoría de la gente que se conformaba con lo que veía de él, pero no para ella, para ella era infinitamente más. Estando juntos, ambos no se sentían como meras piezas de un juego mucho más grande que ellos, se sentían vivos, felices, aun cuando supieran que deberían separarse a la mañana siguiente. Esa noche no había particular pasión o deseos de más, como otras noches, por lo que Sasuke se recostó sobre la cama, manteniendo a Sakura a su lado, y quien trazó líneas invisibles sobre su pecho, ambos cayendo en un profundo sueño antes de darse cuenta, libres, aunque Sakura supiera que debería regresar a su habitación al alba, pero por ahora eso podía esperar, mas, una pregunta no dejo de revolotear en la mente de la princesa hasta caer en la inconsciencia; primero había compartido la cama con Baru y ahora con Sasuke, si se quedaba embarazada…¿Sabría de quién era el hijo que pudiera nacer?, ¿El niño, a su manera, tendría dos padres? Una parte de ella oró porque fuese posible, así se evitarían muchos problemas en caso de que, por alguna razón, alguien descubriera su relación con Sasuke, así no podrían saber si el hijo era de Sasuke o de Baru…


Los días continuaron pasando en una pacífica rutina a la que Sasuke y Sakura pudieron aferrarse, concentrándose en las actividades que podían llevar a cabo y que les daban seguridad, suspirando aliviados tras cada noche en que su hermano Baru marchaba a Flea Bottom, pues era la oportunidad que ambos tanto necesitaban y que les permitía estar juntos tan pronto como se ponía el sol y las estrellas adornaban el firmamento junto a la cambiante luna que pasó por sus diferentes fases, de llena a creciente, pero no solo las noches eran suyas, ya que pronto ambos hermanos comenzaron a encontrar excusas para pasar momentos juntos a lo largo del día, como ese precisamente. Dos enormes figuras cruzaron el cielo por encima de las nubes sobre la ruidosa ciudad conocida como Desembarco del Rey, la primera ágil y delicada con sus escamas malva brillando a la luz del sol, moviendo sus alas con elegancia y planeando sobre el aire, se trataba de Dreamfire y sobre su lomo se hallaba la princesa Sakura, que volvió la mirada por sobre el hombro con una sonrisa radiante como ninguna otra; portaba un cómodo vestido celeste de escote alto y redondo—nada revelador, usando debajo además una blusa blanca de escote redondo ligeramente más alto, de mangas holgadas que se ceñían a la altura de las muñecas—con ligeros bordados florales en el contorno del escote y el corpiño, con cortas mangas ceñidas hasta los codos y falda lisa, muy cómodo, y su largo cabello rosado caía sobre sus hombros y tras su espalda, escasamente recogido para despejar su rostro. Cuando Sasuke y ella eran más jóvenes, antes de que su hermano reclamara a Vaghar—antes de perder su ojo, cuando era más suave y amable—, ella solía montar sobre Dreamfire con él tras su espalda, pero ahora ambos tenían sus propios dragones.

Tras la ágil y hermosa dragona iba Vaghar, parecía estar persiguiéndola en un juego, tratando de atraparla, amenazando falsamente con capturar su cola entre sus fauces, pero la bella dragona siempre podía ir un paso por delante y escapar, podía no ser tan grande como Vaghar—era el dragón más grande después de él, al menos en Poniente—, pero sí que era mucho más rápida que el viejo dragón de relucientes escamas esmeralda apagado. Sobre el lomo de Vaghar se hallaba el príncipe Sasuke, quien sonrió ladinamente al encontrar su mirada con la de su hermana, vistiendo su infaltable y práctico atuendo de cuero como siempre, compuesto por un jubón de cuello alto y cerrado por tres hebillas de plata en forma de cabeza de dragón, con ligeras hombreras, mangas ceñidas hasta las muñecas y faldón hasta la altura de los muslos, cerrado hacia sí por un cinturón del que además pendía su espada Sueña Fuego, pantalones y botas de cuero, con el parche cubriendo su ojo izquierdo. A modo de broma, presumiendo que era lo que mejor se le daba cuando estaba con Vaghar, Sasuke soltó los agarraderos de la silla de montar, abriendo los brazos al aire como si fuera invencible, realmente debía pensar que era superior a cualquiera sobre el lomo de Vaghar y le gustaba jactarse de ello, no era inferior en nada a su hermano Baru cuyo hermoso dragón, Sunfire, no precisamente el dragón más temido ni poderoso; en respuesta, Sakura se inclinó para susurrar algo a Dreamfire, quizás alguna palabra cariñosa, porque de inmediato la dragona aceleró para escapar de Vaghar, sumergiéndose en picada, puede que su jinete se aferrara a la silla con mayor seguridad que el príncipe tuerto, pese a ser Dreamfire más pequeña, pero ambas tenían una conexión profunda como ninguna otra.

Vaghar era enorme, el dragón vivo más grande sobre la faz de la Tierra—sus hermanos Balerion y Meraxes habían sido más grandes, después de todo Vaghar había sido el menor de los tres, pero estos estaban muertos—, y naturalmente no había ninguna presa que estuviera más allá de su alcance a menos que el espacio en que debiera perseguirla superara su tamaño, lo que este incluso podía rebasar, además el viejo dragón era muy veloz, casi tanto como Dreamfire cuya figura estilizada la hacía más aerodinámica que muchos otros dragones cuyo tamaño les restaba velocidad, pero era considerablemente lento en comparación con ella. Su madre llevaba días tratando que Baru saliera a volar en Sunfire—lo que este hacía una vez por semana—, e invitara a Sakura a unírsele, lo que este jamás haría por supuesto, su madre podía creer que Baru debería compartir sus pasiones e intereses con su esposa…el problema era que Baru jamás vería realmente a Sakura como su esposa, por lo que en su lugar—tras otro desayuno familiar, lo que auguraba que Baru la visitaría esa noche—Sasuke había invitado a su hermana a pasear juntos en sus dragones, ante lo que ella había aceptado emocionada. Vaghar también se sumergió en picada ante la orden de su jinete, deseaba atrapar a esa cría traviesa que le ronroneaba cada vez que estaba cerca, pudiendo sentir las mismas emociones que su jinete y dejándose llevar fácilmente por la excitación que este sentía por la princesa; Dreamfire no dijo nada, pero sonrió a su manera ante la velocidad con que Vaghar la seguía, atenta a las órdenes de su jinete y estando el viejo dragón en la posición perfecta para la trampa que ambas les tenían a él y el príncipe tuerto:

¡Dracarys!— ordenó Sakura con una sonrisa, queriendo jugar un poco con su hermano.

Dreamfire era un dragón de batalla aunque no lo pareciera, antes de a la princesa Sakura, había pertenecido a la princesa Hana Uchiha, hija de Sanosuke I y nieta de Baru I "El Conquistador", había vivido en tiempos de Daisuke I "El Cruel" y no era ajena a derramamientos de sangre, pero usar su poderoso fuego en ese momento no tuvo intención bélica alguna, era solo un juego, sumergiéndose aún más en picada para dejar al viejo dragón y al príncipe tuerto envueltos en este, ronroneando ante la cristalina risa de su jinete, que olvidaba todo protocolo o timidez sobre su lomo. Un dragón no le temía al fuego, y Sasuke definitivamente no lo hizo, es más, el desafío solo pareció hacer hervir su sangre mientras se inclinaba sobre el lomo de Vaghar y este plegaba sus alas sobre él al atravesar la cálida llamarada, acelerando al hallarse libre, sumergiéndose en picada tras Dreamfire; Sakura siempre brillaba cuando volaba sobre Dreamfire, siempre tenía la sonrisa más hermosa del mundo, pero sobre el lomo de su dragona parecía la diosa que era realmente a sus ojos y todos podían verlo, y Sasuke pudo escuchar su melodiosa risa mientras ambos sobrevolaban muy cerca de los grandes edificios de Desembarco del Rey, él persiguiéndola y haciendo que Vaghar fuera más rápido. Tan pronto como sintió que Vaghar la seguía, Dreamfire disminuyó su velocidad mientras sobrevolaba Desembarco del Rey, pudiendo anticiparse a los deseos de su jinete, conociendo profundamente sus pensamientos, otros podrían pensar que quizás no era lo suficiente valiente a comparación con otros, pero a ojos de Dreamfire su jinete ya era la reina de dragones, la sangre pura de los Uchiha fluía en sus venas, por eso ella la había elegido, habían nacido la una para la otra, un vínculo que pocos dragones y jinetes tenían.

¡Te arrepentirás de eso!— advirtió Sasuke con una presumida sonrisa ladina.

¡Tendrás que atraparme!— desafió Sakura en un grito y riendo melodiosamente.

Sakura volvió la mirada por sobre su hombro hacia su hermano, en la imagen más perfecta que Sasuke pudiera contemplar; sus largos rizos rosados ondeaban tras ella, iluminados por la luz del sol al igual que su rostro y su sonrisa tenía más color y luminosidad que cualquier arcoíris, lo que lo motivó a ordenar a Vaghar que fuera más rápido tan pronto como la ágil Dreamfire pareció alejarse de su alcance, elevándose por sobre las edificaciones de Desembarco del Rey, él no queriendo quedarse rezagado y darle la victoria sin pelear lo suficiente. Mordiéndose el labio inferior, sintiéndose infinitamente valiente sobre el lomo de Dreamfire y surcando los cielos, Sakura se inclinó sobre la silla de montar y le pidió—no ordenó, porque nunca sentiría que su dragona fuera inferior a ella sino que se veían como iguales—a Dreamfire que volará más rápido, lo que la dragona malva no dudo en hacer, rugiendo fuertemente y alejándose del alcance de Vaghar antes de que este tuviera ocasión de morder tan siquiera una de sus escamas, queriendo que este se esforzase por atrapar a "su presa", igual que su jinete. A ambos hermanos les encantaba la persecución y no dudaron en pasar las próximas horas sobrevolando Desembarco del Rey y sus alrededores, intentando atraparse, un juego que no dejaba de divertirlos como si aún fueran dos niños, mas sabiendo bien que habían dejado esos días atrás hace mucho, mas no lo que sentían el uno por el otro; al final del día, sintiendo que ambos ya habían pasado mucho tiempo fuera, decidieron regresar a la Fortaleza Roja luego de que Sasuke alegara haber dejado ganar la carrera a Sakura, quien río divertida mientras ambos tomaban caminos separados, ella al Foso de Dragones que era el lugar de Dreamfire y él en los bosques fuera de la ciudad donde residía Vaghar.

Ojalá pudieran ser así de libres todo el tiempo.


Dos Meses Después

Su vida no era perfecta, estaba llena de dimes y diretes, había días buenos y otros no tan buenos, en especial aquellos en que Baru la visitaba por las noches, pero al final nunca se quedaba toda la noche a su lado y ella podía acudir a la habitación de Sasuke, ambos intentaban pasar cada momento posible juntos y encontraban cualquier excusa apropiada para encontrarse o volar en sus dragones, ser una princesa era algo a lo que Sakura estaba acostumbrada, había nacido siéndolo, aferrarse a la escasa felicidad que tenía le era fácil…pero, cuando su sangrado de aquel mes no llegó, comenzó a darse cuenta de que su vida iba a sufrir un cambio. No era la primera vez que no sangraba, el mes anterior su sangrado tampoco se había presentado, mas Sakura había creído que se trataba de un retraso de una semana o dos, pero esa mañana la misma Ino se sorprendió al llevar un registro detallado de sus sangrados mensuales, examinando su ropa de cama, camisones y ropa interior, mas prometiendo no avisar de ello a la reina hasta que ella lo quisiera, lo que Sakura agradeció; llevaba menos de medio año casada, apenas tres meses, y por fin estaba embarazada, tenía 14 años, la edad de cualquier mujer noble para concebir un hijo. La idea de estar embarazada—aunque no estuviera comprobado—la hizo sentir alivio, pues significaba que Baru dejaría de visitarla, sus noches serian de Sasuke únicamente a partir de ahora, las personas en la corte dejarían de susurrar, dejarían de pensar que era estéril además de extraña, con lo que podía vivir, y haría felices tanto a su madre como a su abuelo…pero, los riesgos de tener un hijo la paralizaron delante del espejo mientras Ino le cerraba el vestido en la espalda, interrumpida cuando llamaron a la puerta y esta acudió para abrir las puertas y ver quién era, volteando a ver a la princesa.

—El príncipe Sasuke, Alteza— anunció la Yamanaka, sabiendo que la princesa desearía privacidad y lo corroboró al recibir un asentimiento de su parte por sobre su hombro.

La Yamanaka reverenció al príncipe tuerto cuando este ingresó en la habitación y se retiró para esperar fuera, ya que Sir Arsen Konohagakure no se hallaba presente, desayunando a esa hora junto a sus compañeros de la Guardia Real, otorgando algo de intimidad a la pareja, lo que hizo sonreír a Ino para sí al cerrar la puerta a su espalda. En cualquier caso, si alguien ingresara en la habitación en ese momento, no podrían pensar nada malo, la princesa se hallaba lo suficientemente vestida cuando su hermano ingresó, este acercando sus pasos para terminar el trabajo que la Yamanaka había dejado, cerrando la parte trasera del vestido con presteza, ya habiendo perdido la cuenta de todas las oportunidades en que había desvestido a su hermana durante los meses que llevaba visitándola. Murmurando un quedo gracias, Sakura se colocó la chaqueta sobre el vestido, cerrando en el frente antes de volverse hacia su hermano; la princesa portaba un elegante vestido de seda verde esmeralda de escote redondo que tenía debajo un falso escote en V, mangas ceñidas hasta los codos donde se tornaban holgadas y traslúcidas hasta cubrirle las manos, y falda de velo, encima una chaqueta sin mangas de igual color, de escote en V escasamente cerrado a la altura del vientre, decorada por escamas de plata en todo el contorno interior, con sus largos rizos rosados cayendo sobre su hombro derecho y tras su espalda, peinado por un broche de oro, zafiros y esmeraldas en forma de mariposa. Sasuke esbozó una sonrisa ladina para su hermana, feliz de verla luego de sus escasas horas separados desde que había dejado su cama esa mañana, pero pronto fue sorprendido por un efusivo abrazo, en que Sakura se sujetó de sus hombros y espalda con lo que él sintió como desesperación y que lo preocupó de inmediato.

—¿Qué pasa?— preguntó Sasuke, sin recibir respuesta. —Sé que hay algo— obvió ya que el abrazo se mantenía. —Baru…— nombró con temor, imaginando lo peor.

—No, no es él— sosegó Sakura, armándose de valor. —Sasuke, no estoy segura, pero creo que estoy embarazada— confesó, pues él merecía saberlo antes que nadie.

Llevaba dos lunas sin sangrar—dos meses según la medida de tiempo de la época—, pero no era eso lo que la había hecho tener sospechas, al menos no el primer mes, había adjudicado la falta de su sangrado mensual a cualquier cosa, pero las náuseas y malestar que llevaba sintiendo esa semana solo tenían una explicación; esa mañana, la sola idea de desayunar le había revuelto el estómago, lo que había asustado a Ino, quien había pensado en llamar al Maestre Jugo, pero al revisar las cuentas de su sangrado mensual, la respuesta evidente, no había otra conclusión. Sakura no podía decirle a Sasuke que no sabía si el bebé era suyo o no, ¿Cómo hacerlo? Si, Baru la visitaba escasas veces, apenas cuatro desde que estaban casados y cuando su madre parecía obligarlo a ello, pero esas noches dejaba su semilla en ella, mas algo en su interior le decía que solo Sasuke podía ser el padre de su hijo; Baru tendrá diez y yo tendré tres, pero no serán suyos, ahora entendía aquellas palabras susurradas a su mente ya fuera despierta o dormida, significaba que no podría dar hijos a Baru, porque estos serían de Sasuke. La noticia no debería sorprenderlo, concebir un hijo era una consecuencia natural de tener sexo, y su hermana y él tenían sexo, y mucho, además se amaban, no había nada de malo, no sentía culpa o que hubieran hecho algo malo...pero, si se sorprendió, la vida, los dioses y el destino parecían haberle quitado demasiado y de una u otra forma Sasuke había creído que también le quitarían aquello, que no podría ser el padre de los hijos de Sakura, que lo seria Baru, pero estaba seguro que el bebé era suyo, ello lo hizo envolver protectoramente los brazos alrededor de su hermana, sonriendo para si al inclinarse y besarla en la frente.

—¿Estás segura?— preguntó Sasuke únicamente, aún sin romper el abrazo que los unía.

—No he sangrado por dos lunas, y además…— nombró Sakura como justificación, dejando sus palabras en el aire mientras reflexionaba para sí.

—¿Lo viste?— anticipó el príncipe tuerto, sabiendo lo certeras que eran sus visiones.

—Baru tendrá diez y yo tres, pero no serán suyos— repitió la princesa, sintiendo a su hermano tensarse al recordar que ella había pronunciado las mismas palabras un año antes. —Ahora lo entiendo— añadió, compartiendo su sentir e incredulidad.

No por primera vez, Sasuke se sintió atormentado por un pensamiento, uno que parecía lo perseguiría por el resto de su vida; él debería ser el siguiente en la línea de sucesión al trono, el debería ser el heredero y no Baru, él debería ser quien cumpliera con todas las aspiraciones y metas que su madre tanto anhelaba, el debería ser quien llevara sobre sus hombros el futuro de la familia, él debería ser quien estuviera casado con Sakura, debería poder presumir de su futura paternidad ante todos…pero no podía. Sasuke trabajaba todos los días para demostrar que era más que un segundo hijo, para demostrar que era digno, fingiendo que no le molestaba ser inferior a su hermano, porque no podía hacer nada para que eso cambiara, y era inútil dejar que eso lo consumiera, por lo que en su lugar rompió el abrazó y encontró su mirada con la de Sakura, acunando su rostro entre sus manos. Aun cuando alguien descubriera lo que había entre ambos, aunque ello los condenara, Sakura no se arrepentía de lo que había hecho y todavía hacía con Sasuke, nunca podría arrepentirse de amarlo—por supuesto que no correría a decírselo a su siempre pudorosa madre, la reina Hanan, ella no lo entendería—, mas la alegría por su hijo en camino no ocultaba su temor, era una cobarde y lo sabía, el parto era el campo de batalla de las mujeres, pero ni siquiera las mujeres de la Antigua Valyria habían podido evitar morir alumbrando un hijo; la reina Haruka—madre de su hermana Izumi y primera esposa de su padre el rey Tajima—había muerto mientras le abrían el vientre para sacar al bebé y salvarlo de morir, lo que por cierto no habían podido evitar, ¿Ella tendría un final igual o similar? Su madre la reina Hanan había dado a luz cuatro hijos casi sin problemas e Izumi ya llevaba tres, ¿Eso significaba que ella también sobreviviría?

—Te amo— declaró Sasuke regresándola a la realidad, espantando sus temores.

—Y yo te amo a ti— correspondió Sakura, aliviada de poder contar siempre con él.

El príncipe tuerto inclinó su rostro por sobre el de su hermana, pegando su frente a la suya y besándola lentamente; Sasuke sabía que Sakura tenía miedo, podía verlo en sus ojos aunque ella no dijera nada, puede que la mayoría de los hombres concibieran hijos y se desentendieran de ello, como su padre el rey Tajima, pero él sabía que el que Sakura estuviera embarazada era tanto una bendición como una maldición, era la prueba de que se amaban, pero también existía la posibilidad de que ello la matara al momento del parto, mas él necesitaba mantenerla en la realidad, anclarla al presente y al amor que se profesaban para no dejar que se entregará a sus temores, él necesitaba ser fuerte por los dos y no iba a abandonarla nunca. El beso fue lento y suave, no carecía de pasión, pero el amor que ambos sentían el uno por el otro era infinitamente más importante que la lujuria y el deseo que los había guiado a concebir el bebé en camino; el niño o niña en su vientre era un bastardo, Sakura lo sabía, estaba en la misma posición que Izumi, pero al mismo tiempo no lo estaba, Sasuke y ella lo sabían; los hijos de Izumi se parecían mucho a un hombre que claramente no había sido su ahora fallecido esposo lord Tenma Senju, y ello había estado claro desde el nacimiento de Junichi, Yuudai y Ryuu, ella había hecho alarde de su infidelidad y hecho que todos aceptaran ello como legítimo, sin sufrir ninguna consecuencia; mas ningún hombre, ni siquiera un rey, podía legitimar a sus bastardos. No, Baru y Sasuke eran hermanos, compartían los mismos rasgos Uchiha y tenían la sangre del dragón como ella, y a su manera ella estaba casada con ambos—aunque nadie lo supiera—, no importaba quien fuera el padre, el niño o niña que naciera sería un Uchiha, nunca sería un bastardo, y ella nunca sería como Izumi…


Sakura le había dicho a Sasuke, luego de que él tranquilizara sus preocupaciones y espantara sus temores, que pensaba informar a su madre de su embarazo o manifestarle sus sospechas para que un Maestre la examinara y lo comprobara, lo que Sasuke aceptó de inmediato, pero en lugar de dejar a Ino la labor de informar a la reina de ello, fue el propio Sasuke quien se despidió de su hermana y acudió a los aposentos de su madre, informándola de que Sakura se sentía mal. La mirada de preocupación en el rostro de su madre fue evidente, despidiéndose de él para dirigirse a los aposentos de Sakura, pidiéndole sin embargo que informara a Baru...Sasuke habría deseado apuñalarse antes que tener informar a su hermano, pero a ojos del resto del mundo Baru sería el afortunado padre, por lo que acudió a los aposentos de su hermano y casi lo obligó a seguirlo hacia los aposentos de Sakura. Baru estaba ebrio, siempre ebrio, lo que afortunadamente lo hacía fácil de engañar y se condujo con andar tambaleante cuando llegaron a los aposentos de Sakura, deteniéndose en el umbral donde se hallaba esperando su abuelo Kizashi Haruno, y Sasuke hizo igual, aguardando mientras el Maestre Jugo examinaba Sakura, pero Baru entornó los ojos, molesto por tener que esperar para saber que pasaba; tras lo que pareció un largo tiempo, el Maestre Jugo terminó de examinar a la princesa Sakura, quien se acomodó la falda del vestido con ayuda de Ino, sentándose sobre el colchón e intercalando su ansiosa mirada de su madre la reina Hanan al Maestre Jugo, quien al principio del examen le había hecho una serie de preguntas muy incómodas a las que ella había contestado breve y sencillamente.

—La princesa está embarazada— anunció el Maestre Jugo con una ligera sonrisa, procediendo a retirarse al terminar con su labor, escoltado por lady Ino.

Tan pronto como Sakura escuchó la respuesta, suspiró aliviada, ahogó una risa de alegría que intentó salir de sus labios cubriendo estos, llevándose las manos al vientre con prontitud, no porque sintiera que su vientre iba a hincharse en cualquier momento tras confirmar que estaba embarazada, sino porque, al saber que su embarazo era una realidad, tuvo una premonición casi táctil; igual que sentía el calor emanar de las escamas de Dreamfire cuando la acariciaba, Sakura sintió calor sobre su vientre, como si no llevara un bebé en su vientre sino un dragón con fuego en su interior; no, no un dragón, casi parecían llamas gemelas en lugar de una, ¿Qué significaba aquello? La reina Hanan cerró los ojos y esbozó una luminosa sonrisa, inclinándose hacia su hija para besarla en la frente, aliviada al saber que por fin había una prueba de que la terquedad de Izumi no tenía fundamento y que el futuro estaba asegurado, ella podía tener cuantos hijos quisiera, pero el trono no sería suyo, porque Baru un día sería rey, Sakura su reina y el bebé en camino sería el heredero legítimo, no esa golfa arrogante; la alegría de la reina la guio a acercarse a su sorprendido hijo, el príncipe Baru, que parpadeó con incredulidad antes de ser abordado por un cálido abrazo de parte de su madre, apenas y pudiendo creer que fuera a ser padre, recibiendo una mirada de orgullo por parte de su abuelo Kizashi, quien parecía muy complacido y dirigió una sonrisa a su nieta predilecta. Agradeciendo que no dirigieran mayor atención a Sakura en ese momento, Sasuke se acercó a su hermana para felicitarla, no pareciendo mayormente feliz, aliviado por haber sido el primero en conocer la noticia para actuar indiferente.

—Felicidades— celebró Sasuke en voz baja, inclinándose para besar la mejilla de su hermana, disimulando una sonrisa ladina al saber que su embarazo era una certeza.

—Gracias, hermano— apreció Sakura con una tímida sonrisa, disimulando su alegría. —Las llamas gemelas arden, las llamas gemelas nacen— comentó, repitiendo las palabras que escuchaba y que coincidían con lo que sentía en su vientre.

—¿Qué significa?— inquirió el príncipe tuerto, estudiando sus palabras y no encontrándoles sentido al instante.

—Aún no lo sé— la princesa se encogió de hombros, sintiendo en su interior que ello no se trataba de algo malo.

Confiando en la calma que le transmitía su hermana, Sasuke de cualquier forma grabó en su mente las palabras de Sakura para registrarlas en su bitácora, sabiendo que podrían cumplirse a su futuro y convendría mucho que ambos se adelantaran a lo que sea que pudiera suceder, mucho más concentrado en pensar en lo que vendría en los próximos meses, pues antes de que cualquiera se dieran cuenta los meses pasarían y Sakura se encontraría con el peligroso parto, algo que asustaba a muchas mujeres, porque nobles o plebeyas morían luchando por traer bebés al mundo. Sin embargo, su madre la reina Hanan, que sonreía en ese momento a su padre lord Kizashi, había pasado cuatro veces por el campo de batalla que era un parto y sobrevivido sin complicaciones a cada uno de sus embarazos, ¿Eso no quería decir que Sakura también podría? Sasuke oró porque si, se encomendó en silencio a los dioses de la Antigua Valyria, lo único en lo que creía más allá de su amor por Sakura, entrelazando brevemente una de sus manos con la de su hermana. Tras salir de su sorpresa por la feliz noticia, Baru se aproximó al escritorio de su hermana y esposa, sirviéndose una copa de vino, brindando por su hijo en camino con buenos deseos, como si estuviera feliz con la noticia, quizás aliviado por haber cumplido finalmente con su deber y haber embarazado a su esposa—cuyo lecho no tendría que seguir visitando—, una cuestión de orgullo masculino y que hizo entornar los ojos a Sasuke cuando nadie lo veía, mas siendo tranquilizado por Sakura, que sostuvo su mano contra la suya, porque ella sabía la verdad y eso era lo único importante. No debería ser Baru quien brindara y celebrara, porque no era el padre del bebé, esa responsabilidad solo correspondía a Sasuke, pero nadie podía saberlo.

Ambos mantendrían el secreto hasta el final.


Cuatro Meses Después/Foso de Dragones

Pocas veces se veían momentos así; los tres príncipes Baru, Sasuke y Kagen presentes en el Foso de Dragones junto a la princesa Sakura, con la hermosa Dreamfire siendo conducida de regreso al interior del Foso de Dragones luego de que su jinete se despidiera de ella con un beso al aire, acudiendo a visitarla ese día, lo que tenía de buen humor a la dragona. En contraste, el hermoso Sunfire, el dragón del príncipe Baru, ronroneaba feliz por ser el centro de atención, con sus escamas doradas reluciendo como oro puro en medio de la oscuridad del Foso de Dragones, con la piel de sus alas de un hermoso tono rosa, acercando su rostro al pecho de su jinete y golpeando este con su hocico a modo de juego, lo que hizo reír al príncipe Baru, se veía más feliz que nunca mientras acariciaba el hocico de su hermoso dragón, observado con admiración por su hermano menor el príncipe Kagen. El motivo por el que los cuatro príncipe estaban reunidos en el Foso de Dragones era que el príncipe Kagen partiría esa semana de Desembarco del Rey, era el menor de la familia y la reina Hanan estaba preocupada por su educación; Sasuke era muy dedicado a sus obligaciones y siempre encontraba tiempo para transmitir esa dedicación a su hermano menor para que no fuera irresponsable, en contraste Baru era ahora un hombre casado y pronto sería padre, por lo que lo mejor para Kagen sería partir a Oldtown, donde estaba el Septo Supremo y la Citadel, siendo tomado bajo la tutela de su tío abuelo lord Masao Haruno—señor de Oldtown—que se encargaría de que recibiera la mejor educación posible. Momentos como aquel eran de las pocas oportunidades que los cuatro hermanos tenían de estar juntos, porque todos extrañarían muchísimo a su adorable hermano menor revoloteando a su alrededor.

—¿Cuánto tiempo tarda un dragón en poder montarse?— preguntó Kagen de pie junto a Baru y acariciando la cabeza del cariñoso Sunfire. —Tessarion aún no ha crecido lo suficiente y no puedo esperar para montarlo— aun así, su joven dragón lo acompañaría a Oldtown y esperaba poder montarlo en los próximos años.

—Ya crecerá, entonces te unirás a nosotros— sosegó Baru, entendiendo la impaciencia que sentía pues él había tenido que esperar a que Sunfire creciera para montarlo.

—Cabalgarás antes de lo que crees— respaldó Sakura con voz dulce, ante lo que el pequeño príncipe asintió, sonrojado por su vergonzosa impaciencia.

—Crecen rápido, algún día Tessarion podría ser más grande que Vaghar— animó Sasuke, habiendo escuchado que en su día Vaghar había sido casi tan pequeño como Tessarion.

—¡No puedo esperar!— el pequeño príncipe casi saltó de emoción con solo pensarlo, haciendo que sus hermanos sonrieran al verlo. —¿Qué se siente?— inquirió sobre montar sobre un dragón, volviendo su atención hacia su hermano mayor.

—¿Te gustaría intentarlo?— invitó el príncipe mayor, no teniendo problema. —En Sunfire, claro— aclaró viendo el rostro de su hermanito pasar de la incredulidad a la emoción.

—Espera, Kagen— frenó el príncipe tuerto, haciendo que sus dos hermanos lo observaran. —¿No deberíamos preguntarle a madre primero? Al menos deberíamos alertar a la Guardia Real— si le ocurría algo a su hermanito, su madre los regañaría severamente.

—No es necesario— desestimó el príncipe mayor, tan despreocupado como siempre.

—¿Vendrán con nosotros?— consultó el pequeño príncipe, volteando a ver a su hermana y hermano mayor.

—Hoy no— negó Sakura antes de que su hermano a su lado contestara. —No me siento bien— agregó con una ligera sonrisa tranquilizadora a la par que incómoda.

—Yo me quedaré con ella— respaldó Sasuke, anteponiendo el bienestar de ella, ante lo que sus hermanos intercambiaron una mirada antes de aceptar.

Baru y Kagen no tardaron en subir al lomo de Sunfire de forma despreocupada, el menor aferrándose a la espalda del mayor en tanto éste ordenaba a su dragón que se elevara, lo que el hermoso Sunfire no dudo en hacer con un entusiasta rugido, exponiendo su naturaleza juguetona mientras se elevaba del suelo y abandonaba velozmente el Foso de Dragones, dejando atrás a Sasuke y Sakura, el príncipe tuerto concentrando toda su atención en su hermana tan pronto como estuvieron a solas, ofreciéndole su brazo para que abandonaran el Foso y regresaran a la Fortaleza Roja. La princesa portaba un elegante vestido de seda carmesí de recatado escote en V—con un recorte de seda rosa salmón que emulaba un escote más alto y que no daba lugar a la imaginación, adornando también el dobladillo de sus mangas y componiendo la falda inferior—, ceñido bajo el busto para su comodidad y dejando en evidencia su prominente vientre de seis meses de embarazo, con mangas acampanadas que se cerraban por broches de oro y rubí en los lados, revelando unas mangas inferiores y ceñidas a las muñecas, y falda superior abierta en A, con su largo cabello rosado recogido en un moño tras su nuca por una rejilla de hilos de oro y un broche en forma de mariposa, a juego con los largos pendiente de oro y rubí que le rozaban los hombros, y con la guirnalda alrededor de su cuello. El embarazo no estaba siendo fácil para Sakura, su vientre estaba creciendo demasiado rápido y más de lo esperado, pero siempre encontraba tiempo para visitar a Dreamfire, aunque no volaba sobre su lomo desde hace alrededor de un mes; sus náuseas matinales y las patadas que sentía en su vientre la agotaban mucho, sumado a la atención no deseada por parte de los nobles, la atención de su madre y la de sus propias doncellas.

—¿Qué pasa, Sakura?— preguntó el azabache, alargando distraídamente su mano libre para acariciar su vientre, esperando que ella no se sintiera demasiado mal.

—No es nada, solo siento el estómago revuelto— sosegó la pelirosa, entrelazando su mano contra la suya mientras abandonaban el Foso de Dragones.

—¿Quieres que pida alguna infusión?— consultó Sasuke, desviando la mirada hacia sir Arsen, que abrió la puerta del carruaje para permitirles subir.

—Estoy mejor si estás conmigo— sosegó Sakura con una sonrisa, subiendo primero y sintiéndolo a él apenas un paso tras ella.

—No necesitas pedirlo— contestó el príncipe tuerto, cerrando las puertas del carruaje a su espalda. —Daremos un paseo por los jardines al regresar, la brisa fresca te sentará bien— sugirió al sentarse a su lado, ya que eso faltaba en su jornada ese día.

—Eso suena perfecto— asintió la princesa sin desvanecer su sonrisa, queriendo tenerlo a su lado el mayor tiempo posible.

Sasuke siempre era tierno y atento con ella, pero desde que estaba embarazada sus atenciones habían aumentado; se quedaba en la cama con ella por las mañanas hasta que Ino ingresaba, y encontraba cualquier excusa durante el día para visitarla, no descuidaba su jornada de entrenamiento, pero si estaba atento a sus malestares, siempre encontraba tiempo para acompañarla en sus paseos por los jardines, lo que complacía a la reina Hanan quien no quería que su hija estuviera sola, felicitando siempre a Sasuke por ser un buen hermano, no teniendo idea de las razones del príncipe tuerto para hacer esto ni la alegría que daba con ello a Sakura. Los cambios continuaban sucediendo, no solo por el embarazo de Sakura, que continuaba desarrollándose paulatinamente; la princesa ahora tenía quince años, había celebrado su decimoquinto onomástico de forma discreta hacía apenas un mes, y paralelamente Sasuke cumpliría catorce años dentro de los próximos meses, cuando su hijo o hija en camino ya hubiera nacido, muy ansioso por lo mismo, ya habiendo discutido una serie de posibles nombres con Sakura, mas ambos sabiendo que al final Baru tendría mucho que decir como el "padre" del bebé, y quizás hasta su propio padre el rey Tajima o su madre la reina Hanan. Pero, ningún cambio separaba al príncipe tuerto de su hermana la princesa soñadora, entrelazando su mano contra la suya al hallarse al interior del carruaje tan pronto como la puerta se cerró y un instante después este comenzó a moverse, llevándolos de regreso a la Fortaleza Roja, permitiendo a la princesa inclinar su cabeza y apoyarla contra el hombro de su hermano, que acarició su mejilla, inclinándose para besarla en la frente…


El resto del día transcurrió con su apacible rutina; Sasuke y Sakura dieron un largo paseo por los jardines, que pareció espantar los malestares de la princesa, pero tuvieron que separarse para que el príncipe tuerto pudiera continuar con sus estudios, y por la tarde Sakura sabía que lo único que ocupaba la mente de su hermano era Vaghar, hasta distinguió al enorme dragón cruzar los cielos de Desembarco del Rey por sobre las nubes, lo vio al situarse de pie frente a los ventanales de su habitación. Envidiaba un poco a su hermano, igual que a Baru, ella trataba de visitar a Dreamfire todos los días para que su querida amiga no se sintiera sola, sintiéndose culpable por no poder volar en su lomo ya que su prominente vientre le causaba incomodidad y este no parecía dejar de crecer, tanto que los Maestres comenzaban a preocuparse, examinándola casi cada día por la mañana y las tardes, pero Sakura por su parte no se sentía mayormente preocupada, si la aterraba pensar en el parto y en lo doloroso que seria, pero algo la hacía estar en calma aunque desconociera el motivo de su vientre para crecer tanto, sumergida en la bañera en sus aposentos, habiendo despedido a Ino recientemente y sabiendo que no faltaba mucho para que Sasuke apareciera, ya que el sol acababa de ponerse hace unos minutos, señal de que él dejaría a Vaghar en los bosques fuera de la ciudad y volvería con ella. Si de Sasuke dependiera, él se pasaría cada momento libre con Sakura, pero no podía, en su lugar trataba de aprovechar al máximo cada momento juntos, cruzando el pasadizo que conectaba sus habitaciones y abriendo la puerta junto a su cama para ingresar en su habitación, esbozando una sonrisa al saberse a solas con su hermana.

—Baru no vendrá esta noche, partió a Flea Bottom hace un rato— comunicó Sasuke anunciándose al ingresar, cerrando la puerta tras de sí.

—Que alivió, aunque no me visita desde que estoy embarazada— suspiró Sakura abriendo los ojos, casi habiéndose quedado dormida ante la comodidad que le daba la bañera. —Dioses benditos…Pasteles de limón— jadeó al ver la pequeña bandeja que su hermano traía y dejó sobre su escritorio. —Eres muy dulce— eran sus favoritos.

—Sé que los adoras— confirmó el príncipe tuerto con una sonrisa ladina. —Todos se preocupan únicamente por el bebé desde que se anunció el embarazo; alguien tiene que dedicarte algo de tiempo a ti— aclaró, completamente dedicado a consentirla.

No era un secreto, él tenía que abandonar los aposentos de su hermana por la fuerza en las mañanas, ahora Sakura se levantaba más tarde, estaba exenta del mismo estricto protocolo de antes por su embarazo, que le requería más horas de descanso, pero Sasuke tenía una rutina que seguir y que no podía quebrar o corría el riesgo de que alguien sospechara si no se encontraba donde debía; los Maestres, encabezados por el Maestre Jugo, examinaban a Sakura antes de que se vistiera y desayunara, el Maestre Jugo siempre estaba cerca durante el día en caso de que ella se sintiera mal, su misma madre la reina Hanan la acompañaba durante sus horas de bordado, y por las noches, antes de desvestirse y meterse en la cama—o en este caso en la bañera—, los Maestres volvían a examinarla. Sasuke debería agradecer que no le quitaran sus noches con su hermana, acercándose a la humeante bañera con una sonrisa, embelesado con las maravillas que habían hecho el embarazo con ella, Sakura siempre se estaba quejando y trataba de llevar este lo mejor posible, pero a sus ojos se veía más hermosa que nunca, lo que lo guio a arrodillarse junto a la bañera, alargando una de sus manos para acariciar sus sedosos rizos rosados sueltos, y metió su mano libre al agua con intención de acariciar su vientre, mas sorprendiéndose ante la temperatura del agua; la leyendas valyrias decían que un verdadero jinete de dragón tenía la sangre pura de dragón en sus venas y, por ende, ni el agua caliente, el hierro incandescente o el fuego podían dañar a quienes fueran "puros", ese era el propósito del incesto dentro de la casa real, mantener la sangre de jinetes de dragones; Sakura nunca se había quemado al acercarse al fuego, él tampoco, pero nadie podía saber que lo habían intentado o condenarían su actuar.

—Está tibia— señaló Sasuke, asombrado porque no sintiera frío a causa de ello.

—Creo que esto ya es pedir demasiado, mis doncellas se asustan cuando exijo agua hirviendo— sonrió Sakura, recordando la expresión de sorpresa en el rostro de Ino ante su solicitud. —Creen que me quemaré…que inocentes— río, mordiéndose el labio inferior, recordando cuánta seguridad le daba acercar sus manos al fuego.

—Los tontos de mente pequeña no saben que los dragones prefieren el calor— asintió el azabache, comprendiendo bien su sentir. —Si por ti fuera, entrarías en el fuego— señaló, aunque él mismo no tendría problema en hacer igual. —¿Segura que estás bien?— inquirió, muy atento a la expresión cansada en su rostro.

—Perfectamente, solo cansada— asintió la pelirosa, entrelazando su mano contra la suya. —A veces siento calambres, pero el Maestre Jugo dice que es señal de que el bebé se aferra al útero; supuestamente en señal de que nacerá sano— las patadas y los calambres eran lo más incómodo, junto al peso que implicaba su creciente vientre, pero intentaba consolarse diciendo que todo valdría la pena al final. —Me siento pesada y horrible— admitió avergonzada, más bajo su atenta mirada.

—No puedes ser horrible, aunque lo intentes— protestó Sasuke con una sonrisa, acariciando su rostro angelical. —¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?— consultó, siempre queriendo hacer todo lo posible para aliviar cualquier posible malestar.

—Desearía que entraras conmigo— contestó Sakura con ligera exigencia, mordiéndose el labio inferior y pestañando inocentemente.

—Que exigente— juzgó falsamente el príncipe tuerto, viéndola sonreír como una niña. —Hazme espacio— pidió con idéntica exigencia, levantándose para proceder a desvestirse.

Si gran parte del tiempo, si es que no todo, Sakura se sentía afortunada por ser amada por un hombre—joven, pero hombre al fin y al cabo—tan tierno, guapo y atento como su hermano, en momentos como ese se sentía todavía más afortunada al observar a su hermano desvestirse por el rabillo del ojo, aun avergonzándose de las actividades que compartían y que los habían hecho concebir el hijo que ahora esperaban; concentrándose en el agua de la bañera, Sakura escuchó las hebillas del jubón de su hermano abriéndose, viendo la tela caer al suelo, luego su camisa, cinturón—junto a su espada Sueña Fuego—botas, pantalones y su parche, que siempre se quitaba a solas con ella. Sakura tuvo que esforzarse para no dar más que una mirada a los músculos de su hermano, aun asombrándose como continuaba cambiando, cada día dejando más y más de ser un niño, aunque para ella siempre sería su adorable hermano favorito; la princesa se sorprendió, sumergida en sus pensamientos, cuando sintió el nivel de agua que la rodeaba aumentar y Sasuke entró en la bañera, ante lo que ella plegó sus piernas hacia su pecho y se abrazó a sí misma, haciéndola sitio para situarse tras ella, envolviéndola con sus brazos. Sasuke cerró los ojos un momento, el agua continuaba tibia al menos, pero era casi fría para él, mas lo único que le quitó cualquier preocupación de encima fue la cálida sensación de su hermana en sus brazos y que se recargó contra él, alargando una de sus manos para acariciar su rostro y trazar el contorno de su cicatriz en su ojo izquierdo en tanto él deslizaba su tacto para acariciar su vientre a través del agua; se preguntaba a diario si Sakura tenía alguna nueva visión, algo que indicara que sería el bebé en camino, sabía que era necesario un niño y heredero, pero egoístamente él quería una niña.

—¿No has visto nada?, ¿Qué será?— preguntó Sasuke, no impaciente sino que curioso.

—No, a veces escuchó risas de niño en mis sueños, otras veo la sonrisa de una niña— contestó Sakura sinceramente, abrazándose a él y sintiéndose segura por olor a humo y reptil tan característico de Vaghar en él. —¿Por qué preguntas?, ¿Tienes alguna preferencia?— inquirió volviendo el rostro hacia él con una ceja arqueada.

—No exactamente— negó el príncipe tuerto muy vagamente, —pero si es niña debe llamarse Mikoto— aclaró con decisión, teniendo preferencia por aquel nombre, el de su ancestra, hermana mayor de Baru I el Conquistador y primera jinete de Vaghar.

—Sasuke, esta familia ya tiene a su Mikoto— río la princesa, discrepando con su elección. —Si es niño preferiría que se llamara Daisuke— era un nombre de rey, muy apropiado.

—¿Comprendes que nada hará que al bebé le crezca una verga si no tiene una ya?— difirió Sasuke burlonamente, sabiendo que todos esperaban un niño y heredero al trono, mas puede que el bebé que esperaban no fuera un niño sino que una niña.

—Será niño, lo siento en mi corazón— insistió la princesa, entrelazando sus manos contras las suyas sobre su vientre. —Pero también quisiera una niña— agregó, tanto por complacerlo como porque era su deseo.

—Pensaré en otro nombre, si nos dejan elegir— aceptó él, pero sin borrar el nombre Mikoto de su lista aún.

Si por ella fuera, daría a luz un niño, no solo porque era necesario que hubiera un heredero y sucesor de Baru—aunque el niño no fuera suyo—, sino porque quería un niño, igual de tierno y obediente que había sido Sasuke en su infancia, un niño idéntico a él y que fuera el centro de sus atenciones, llevaba con orgullo al bebé en su vientre pensando en que tendría a un niño, su hijo, no porque este fuera a ser rey un día; pero, Sasuke quería una niña, y a ella no le molestaría tener una princesa con tal de darle el regalo que él se merecía, aunque en definitiva no nombraría a la niña como "Mikoto", su ancestra había sido una gran mujer y guerrera, pero era un nombre bastante polémico para una princesa. No era una visión, pero Sakura había tenido un sueño; en este, veía dos huevos de dragón, uno negro como el fallecido Balerion, y otro verde como Vaghar, ambos huevos eclosionaban y de ellos emergían dos pequeños pero feroces dragones; curiosamente Dreamfire se inclinaba para lamerlos maternalmente y de fondo podía escuchar los ronroneos de Vaghar, muy cerca, ¿Qué podía significar? Sakura eligió no pensar en ello, abrazando a Sasuke y viceversa. Sabía que no era como su hermana Izumi, de hecho, en muchos sentidos era su polo opuesto; complaciente y reservada en lugar de seductora y segura de sí misma, lo suyo era dar afecto incondicional a todos y no esperar nada a cambio, mientras que su presuntuosa hermana mayor no daba nada y exigía todo para sí; si un día Baru era rey, Sakura seria reina por matrimonio, mientras que si Izumi un día era reina, lo sería por derecho de nacimiento, mas no envidiaba a su hermana en absoluto; ella era mucho más cuidadosa que Izumi, pues nadie sospechaba ni por asomo que el bebé en su vientre era de Sasuke en lugar de Baru.

Ese secreto seguiría siendo solo suyo, de ambos.


PD: Saludos queridos y queridas, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Las siguientes actualizaciones serán "El Origen del Clan Uchiha", luego "El Rey de Konoha" y por último "Dragon Ball: Guerreros Saiyajin" :3 Esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su constante apoyo, consejo y asesoría en cada nuevo proyecto), a Karen Yareli (dedicándole esta historia por ser la primera persona en aprobar la historia), a Isabel Vazquez (agradeciendo su apoyo y hermosas palabras, dedicándole esta historia como agradecimiento), así como a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos, bendiciones y hasta la próxima.

Personajes:

-Sakura Uchiha como Helaena Targaryen (15 años) -Sasuke Uchiha como Aemon Targaryen (14 años)

-Baru Uchiha como Aegon II Targaryen (17 años) -Kagen Uchiha como Daeron Targaryen (10 años)

-Hanan Haruno como Alicent Hightower (38 años) -Kakashi Hatake como Ser Criston Cole (39 años)

-Tajima Uchiha como Vicerys I Targaryen (52 años) -Kizashi Haruno como Otto Hightower

-Izumi Uchiha como Rhaynera Targaryen (29 años) -Itachi Uchiha como Daemon Targaryen (45 años)

-Junichi Senju como Jahaerys Velaryon (10 años) -Yuudai Senju como Lucerys Velaryon (7 años)

Trama, Cambios & Amor: La serie "House of the Dragon" dice que a Helaena no le gusta montar en dragón, un error, ya que en los libros Dreamfire es su mayor alegría, por lo que en este capitulo quise representar el gran amor de Sakura por volar y su profundo vinculo con su dragona, a imagen del vinculo de Sasuke con Vaghar. En la trama original del libro "Fuego & Sangre" de George R.R Martín no se habla mucho del matrimonio de Aegon y Helaena—Baru y Sakura en este caso—en sus primeros años, y a diferencia de como representan muchas historias o fics, la princesa parece haberse quedado embarazada rápido, pues el libro solo dice que ella se caso muy joven y que dio a luz alrededor de un año después, lo que coincide con lo que yo represento. No podía bastar con que Baru compartiera la cama con Sakura una sola vez para dejarla embarazada, por lo que la visita otras tres veces de acuerdo a mi versión, pero esa misma noche Sakura comparte la cama con Sasuke, dejando en el tintero la sospecha de que el bebé en camino puede ser de Baru o de Sasuke, aunque creo que queda claro quien es el padre indiscutible. En los libros y en la serie, se menciona que Daeron o Kagen—en esta versión—crece lejos de sus hermanos mayores en Oldtown, recibiendo una educación muy buena, por lo que tenia que representar que el personaje dejara la corte, y elegí que sucediera mientras Sakura esta embarazada, representando como pese a todo la familia de hermanos Uchiha-Haruno es muy cercana, al menos en su mayoría. Cierro el capitulo con Sasuke y Sakura hablando sobre el hijo que esperan, no sabiendo que sexo tendrá y pensando en posibles nombres si es niño o niña, nombres que quizás no puedan darle, pero permitiendo fantasear, aunque puede que Sakura ya tenga una idea de que nacerá en el próximo capitulo.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: un fic inspirado en un What If de la Dinastía Romanov, que aún no tiene título, "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3