-Esta es una adaptación de la serie "House of the Dragon" y del libro "Fuego & Sangre" de George R.R. Martin, más específicamente el arco conocido como "La Danza de Dragones". Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, mas los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidades, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Royalty" de Neoni, Egzod & Maestro Chives para Sakura, "Unholy" de Sam Smith para Sasuke, "Another Love" de Tom Odell para Baru, "Guilty As Sin" de Taylor Swift para Sasuke & Sakura, y "Died In Your Arms" de Hidden Citizens para el contexto del capitulo.
1-Diálogos en cursiva para "Alto Valyrio".
2-Breves textos en cursiva para pensamientos.
3-Texto con dialogo en cursiva par flashbacks
Fortaleza Roja, Desembarco del Rey
Aliviada de saber que su madre estaba experimentando el luto como la esposa y reina viuda que merecía ser, Sakura acudió en busca de su abuelo, encontrando su mirada con la de Hinata e Ino que la siguieron en respetuoso silencio y aun vistiendo de colores vivos para guardar las apariencias, nadie la cuestionó a ella por vestir de negro al verla en los pasillos, ella siempre seguía su propio código y nadie podía seguirle el ritmo a su mente, lo que Sakura agradeció, pues así podía vestir el luto sin rendirle cuentas a nadie, llamando a la puerta de los aposentos y despacho conjunto de su abuelo, que dijo adelante sin saber que se trataba de ella. Ocupado con sus propios deberes como lord Mano y teniendo casi poder absoluto ahora, en ausencia de un rey que rigiera los Siete Reinos, hasta que su joven nieto asumiera el trono, Kizashi entregó un decreto firmado al comandante de la guardia de palacio y que lo reverenció antes de retirarse, congelándose en su lugar así como Kizashi y que se levantó de su asiento al ver a su nieta ingresar en la estancia; el comandante de la guardia salió de su estupor primero, retirándose con respeto para cumplir su orden de encarcelar a los sirvientes de la familia real bajo sospecha de traición, teniendo que asegurarse que no hubiera fugas de información. Al ver a su joven e inocente nieta, vestida de luto de pies a cabeza, acercarse para sentarse frente a su escritorio, Kizashi comprendió que ella entendía aquello que Baru ignoraba, ante él estaba la imagen de una reina digna y frente a quien el Lord Mano se sentó, observándola del otro lado de su escritorio y meditando las palabras que iba a decirle, apreciando su dignidad e inteligencia.
—¿Cuándo será el funeral?— preguntó Sakura, rompiendo con el silencio y queriendo información clara.
—Todo se planeará cuidadosamente, a partir de mañana— contestó Kizashi honestamente.
—¿Mañana?— repitió la joven reina con extrañeza. —Pero, el cuerpo de mi padre…— se estaba pudriendo sobre su cama, sin un destino seguro.
—Ni siquiera podemos esparcir la noticia aún, porque no podemos dejar que la pretendiente intenté hacerse con el trono en medio del desconcierto y reacción general— explicó el lord Mano, sabiendo que nieta podía comprenderlo.
—Entiendo— asintió la Uchiha, no estando de acuerdo, mas comprendiendo la razón para actuar así.
No le agradaba la idea de que su querido padre, que ya había sufrido mucho debido a la enfermedad que lo había torturado durante años, continuase sufriendo con su cuerpo abandonado en su lecho, preparado para ser quemado en una pira funeraria de acuerdo a la traición de los jinetes de dragón, gracias a las Hermanas Silenciosas, pudriéndose lentamente, con el pañuelo que ella le había hecho doblado sobre su cuerpo y la corona de oro de los Siete Reinos que él tanto había usado durante su reinado, ella lo había visto antes de abandonar sus aposentos. Recordando la explicación de su madre, sobre que no había un bando correcto ni incorrecto, sino que todos ellos buscaban sobrevivir como familia y linaje, Sakura hizo una comparativa del momento presente para con el pasado de su dinastía; tras la muerte de Baru I "El Conquistador", había sido sucedido en el trono por su hijo Sanosuke I—hijo de Ume—, y cuando este había muerto debido a su débil salud, su hermano Daisuke se había hecho con el trono y convertido en rey sin considerar a los hijos de su hermano, aludiendo que eran demasiado jóvenes, simplemente había hecho lo que creía mejor; ahora ella y su familia hacían lo mismo, sin crueldad…hasta ahora. Observando a su joven nieta, más seria y responsable de lo que nadie creía, y Kizashi lo sabía, el lord Mano se levantó de su asiento y rodeó la mesa, sin apartar la mirada de su nieta, que debido a su excentricidad no leía los mismos libros populares que las jóvenes damas de alta alcurnia, sino que estaba versada en historia y política, tenía una mente muy aguda, pero de la que jamás presumía, Sasuke y ella eran las joyas de su generación, con la diferencia que Sakura se sentaría en el trono.
—Debido a que su Majestad el rey ha muerto, has de prepararte para apoyar incondicionalmente a tu esposo y hermano— inició Kizashi con palabras cuidadosas. —Ya no eres la princesa Sakura Uchiha, ahora eres la reina y tu vida será muy diferente. No podrás pasear ni estar sin compañía, ni socializar libremente— recordó, viendo asentir a su nieta en silencio. —Nunca hemos tenido que decirte nada, Sakura, siempre has sido consciente de tu deber, pero ahora tu vida cambiara, siempre había sido fácil ser la princesa y cumplir con tus deberes, pero ahora estos se multiplicaran— la sola idea hizo que la joven reina se tensase en su lugar.
—Lo sé, abuelo— sosegó Sakura con una sonrisa fingida. —Decepcionar a todos sería mi mayor infelicidad, y no quiero hacer nada para fallar para a los que creen en mí— no se perdonaría el fallar en su deber.
—Me alegra que pienses así, querida nieta— su abuelo se irguió más firme, sonriéndole. —No debes olvidar nunca que la corona no es solo un adorno que lucir, es un privilegio y una carga que llega con formidables expectativas y responsabilidades— él había decidido hace años que, si Baru era coronado, ella también debía serlo.
—Las acepto— contestó la reina con voz firme, —no es ese mi deseo, pero las acepto— aclaró, sabiendo bien lo que se esperaba de ella.
—Estoy orgulloso de ti, y sé que serás una gran reina— celebró el Haruno, admirando su comprensión y agudo intelecto.
Kizashi no se lamentaba de pensar que él gobernaría mucho mejor los Siete Reinos que su nieto Baru, esa era su intención para haber enviado a sir Sakon en su búsqueda y traerlo a la Fortaleza Roja para hacerlo firmar un documento en que le diera facultades de Regente, porque Baru jamás había mostrado interés por el trono, y sería un milagro si se convertía en un rey eficiente; si Baru tuviera la mitad del intelecto de Sakura, sería el rey que los Siete Reinos necesitaban, pero ya que no podían depender de un milagro, Kizashi tomaría el poder o esa era su intención, si es que su joven y ambiciosa hija no se interponía en sus planes. Aunque agradeciendo las palabras de su abuelo, Sakura esbozó una sonrisa antes de levantarse de su asiento y despedirse de su abuelo, dudaba que palabras bonitas le dieran lo que ella quería, si, detestaba ser el centro de atención, pero tenía el anhelo secreto de que le permitieran—como a su madre desde su juventud—unirse a las reuniones del Consejo, anhelaba poder ayudar en la toma de decisiones, no solo quedarse bordando y cuidando de sus hijos en sus aposentos, ¿Para qué había estudiado tanto desde su infancia temprana? Dirigiendo una última mirada a su abuelo, Sakura se sujetó la falda del vestido y abandonó su despacho, siendo seguida en su camino de regreso a sus aposentos por Hinata e Ino. Por deseo de su fallecido padre, Izumi debería ser la reina, pero tal cosa no sucedería, y mentalmente Sakura oró porque Sasuke regresará con Baru, lo necesitaban en el trono y gobernando, necesitaban evitar la guerra a toda costa, mas todo cuanto Sakura vio al ingresar a sus aposentos y acercarse a la chimenea, fue a los dragones danzando…
Flea Bottom, Desembarco del Rey
Naturalmente, Sasuke tuvo la breve duda sobre si seguir a esa mujer que se presentó como Karin, era una completa desconocida, ¿Y se trataba de una trampa? Manifestó esta duda a Kakashi al intercambiar una mirada con este y que pareció tener la misma duda, pero ninguno tuvo tiempo de continuar dudando cuando comenzaron a escuchar ruido de actividad al llegar al final de la calle por la que transitaban, Karin deteniéndose en el umbral y hablando con quien vigilaba la entrada, instando a ambos hombres e ingresar con ella, y que lo hicieron tras observarse entre sí. El interior del lugar era un hervidero de actividad, más que cualquier burdel o centro de apuestas, todo eran gritos de júbilo y emoción en un lugar que Sasuke y Kakashi no habían visto nunca, era como una arena de lucha compuesta de galerías en lo alto, y tanto el Hatake como el Uchiha se acercaron al balcón de una de estas para ver hacía abajo; el centro de atención, gritos y apuestas era un grupo de cuatro niños que no debían superar los diez años, todos de aspecto salvaje y comparable al de un animal, que se atacaban, arañaban y golpeaban entre sí, alentados por los gritos de la multitud. Sasuke observó todo lo que sucedía con indiferencia, mientras que Kakashi a su lado perdió hasta el color del semblante; al Uchiha lo irritó ver a niños tan jóvenes peleando para el entretenimiento de terceros, pero sin que Karin les dijera nada comprendió porque Baru estaba en un lugar así o porque ella los había llevado ahí, el lugar coincidía con los sórdidos intereses de su hermano mayor, por lo que nuevamente Sasuke sintió asco de que su hermano fuera a convertirse en rey, y temió por el futuro de Sakura.
—¿Qué es este lugar?— preguntó Sasuke, rompiendo con el incómodo silencio.
—Un prostíbulo, y lugar de apuestas— resumió Karin, igualmente incómoda.
—¿Qué edad tienen?— inquirió Kakashi, tragando saliva nerviosamente.
—Unos diez años— comentó la Kanako al observar brevemente el enfrentamiento. —Hacen que les crezcan las uñas y les afilan los dientes, así son más formidables— eso es lo que había oído. —El príncipe Baru pasa muchas noches en este lugar— todos en Flea Bottom lo sabían. —Vengan conmigo— instruyó, sujetándose la falda.
Claramente Karin conocía ese lugar, por lo que se deslizó hábilmente por el espacio que dejaban los presentes, cruzando las galerías con ellos siguiéndola uno o dos pasos por detrás, ingresando finalmente en una puerta que daba hacia una serie de oscuros pasillos, el ambiente que los recibió no era como la lujosa y hedonista atmósfera de los burdeles de la Calle de la Seda, sino que eran solo gemidos, oscuridad, precariedad y pasión profana, Sasuke sintió asco de estar ahí nada más entrar y Kakashi no sintió algo muy diferente, ambos viendo a Karin acercarse a una mujer escasamente vestida y pidiéndole información, antes de señalar una puerta, tras lo que Sasuke avanzó al frente del grupo y abrió la puerta sin ceremonias, en busca de su hermano. Sasuke vio a su hermano tan pronto como ingresó en la habitación, distinguió su cabello castaño despeinado, aunque estuviera de espaldas a él, follando a una mujer por detrás, tan ajeno a su presencia como la prostituta; Sasuke alargó una de sus manos hacia Karin, tendiéndole la pequeña bolsa de monedas de oro que llevaba consigo y despidiéndola de esa forma. Baru tenía por esposa a una mujer digna, hermosa y perfecta, Sakura, y más que nunca Sasuke reafirmó que su hermano no la merecía, viendo con sus propios ojos con qué clase de mujeres la engañaba. Sin pensar en sir Kakashi, ni volteando a verlo, Sasuke se acercó a la cama en que se hallaba su hermano y lo sujetó de la nuca, alejándolo de la prostituta y arrojándolo sobre el colchón, en tanto la mujer cubría su desnudez lo mejor posible con la sábana, observándolo con temor, pero el príncipe tuerto ni siquiera le dirigió una mirada, toda su atención estaba en su hermano.
—Eres una deshonra para nuestra casa y nuestra familia— acusó Sasuke, furioso como nunca en su vida.
—Mi inocente y puritano hermano— sonrió Baru con burla, observando a su hermano menor. —Debería haberte traído aquí, aquí están las mejores putas de los Siete Reinos. Así aprenderías verdaderamente lo que es coger a una mujer— el ceño de su hermano se marcó más ante cada palabra que salía de su boca.
—Tienes a nuestra hermana esperándote en la Fortaleza Roja, a tus hijos...¡Y te las pasas cogiendo con golfas!— condenó el príncipe tuerto, acercándose a la cama y tomando a su hermano del cuello.
—¿Quieres cogerte a nuestra hermana?— cuestionó el joven rey, sorprendiendo a su hermano con sus palabras. —No eres su tipo— Sakura ni siquiera parecía capaz de sentir deseo, y su hermano no era muy diferente.
—Si vuelves a hablar de ella de esa forma, te cerrare la boca a golpes— amenazó Sasuke, sosteniéndole fieramente la mirada a su hermano.
—Ah, no, no, no, hermanito— negó Baru con arrogancia, —recuerda que no puedes tocarme— sostuvo las manos de su hermano y las apartó de su cuello.
—Sir Sakon no está aquí para protegerte— aclaró el príncipe tuerto, diciéndose que no tendría la oportunidad de romperle la cara.
—Eso puede esperar, Alteza— sosegó Kakashi, interviniendo entre ambos hermanos, —no hay tiempo que perder— agregó, observando al príncipe tuerto.
—Vístete, rápido— apremió Sasuke, por fin soltando a su hermano mayor.
Tras decir esto, Sasuke abandonó la habitación, dejando a sir Kakashi solo con Baru, y el príncipe tuerto se apresuró en abandonar aquel centro de apuestas hasta llegar a la calle, inhalando aire profundamente y necesitando salir de ahí cuanto antes o sentía que se volvería loco; podría haber superado su propio complejo de inferioridad, como cualquier segundo hijo o príncipe de la casa Uchiha, como su propio tío Itachi que tanto había ambicionado y aún anhelaba el trono, el problema era que Baru recibía todo lo que él siempre había deseado y ni siquiera lo agradecía, dejándole a él las sobras. Sasuke seguía sin entender como su hermano podía pagar por tener sexo en un burdel cualquiera—ni siquiera se dignaba a ir a la Calle de la Seda—, emborrachándose, en lugar de intentar pasar tiempo con su esposa, ambos incluso dormían en habitaciones separadas, lo que él agradecía…si no hubiera sido por Sakura, Sasuke sabía que podría haberse contentado con lo poco que tenía en la vida, pero ella todo cuanto deseaba, la única mujer a la que amaba y amaría, ella era ineludible, y no podía dejar que Baru la deshonrara a cada paso, ella que era hermosa, perfecta en cuerpo, alma y corazón. Cuando Sasuke sintió que iba a perder la paciencia otra vez, Baru finalmente emergió del umbral junto a sir Kakashi, completamente vestido, pero cuando sintió que ambos hombres estaban confiados en tenerlo en su poder, el joven rey salió corriendo a toda velocidad, Kakashi naturalmente estaba desprevenido, pero Sasuke no, quien lo persiguió hasta el final de la calle con presteza, usando su agilidad y saltándole encima para arrojarlo al suelo, su hermano mayor buscando zafarse y él retenerlo a como diera lugar, agradeciendo que hubieran pocas personas circulando.
—No irás a ninguna parte— protestó Sasuke, inmovilizando a su hermano.
—¿Nuestro padre está muerto?— cuestionó Baru, no habiendo otra explicación para que estuvieran buscándolo.
—Y ahora debes ser el rey— asintió el príncipe tuerto, ante lo que su hermano lo mordió en la mano para zafarse. —¡Me mordiste!, ¿Estás loco?— se quejó, levantándose y luchando con su hermano que se empeñaba en soltarse.
—Sí, muy loco— asintió el joven rey con una risa que sonó como la de un lunático.
Puede que Baru estuviera borracho, pero ello no le restaba inteligencia, lucidez o sentido común, bebía desde su adolescencia y tenía más practica o resistencia que cualquiera, el alcohol solo servía para volverlo más inquieto y le permitió luchar contra el agarre de su hermano menor y del que volvió a huir, no siendo un tonto en absoluto y sabiendo lo que estaba pasando. El ahora joven rey, se sintió mal por la muerte de su padre, no diría que lamentaba especialmente su muerte porque no era así, Tajima no lo había amado como hijo y él no lo había amado como padre, siempre sintiéndose minimizado pese a ser su primogénito, todo por causa de Izumi, por ello es que tampoco quería ser rey, nadie esperaba nada de él, no era correcto que se sentara en el trono y más porque su padre había dicho hasta su último aliento que Izumi era la heredera y no él, jamás había tenido una palabra para él, solo para Izumi. Baru maldijo su suerte mientras corría, sintiendo a alguien poner su pierna en el camino y hacerlo caer, era Sasuke que como siempre se anticipaba a todo lo que hiciera, había tomado un atajo y lo había tomado por sorpresa, envolviéndolo con sus brazos para obligarlo a levantarse a la par que para impedirle huir y dar tiempo a sir Kakashi a llegar con ellos, lo que solo motivo a Baru a retorcerse aún más bajo su agarre de ser posible. Baru llevaba toda su vida ignorando el deber, otros lo habían preparado para ser rey, pero él había desdeñado cada lección porque su padre no lo amaba, ni siquiera como hijo al igual que a Sakura, Sasuke y Kagen, él solo había amado a Izumi, solo ella había merecido su atención, Izumi a quien su adorada madre Hanan odiaba y temía, despreciando su arrogancia.
—¡Suéltame!, ¡Déjame ir!— gritó Baru, mas no consiguiendo zafarse del agarre de su hermano. —¡No tengo deseos de reinar!, ¡No quiero cumplir con el deber!, ¡No estoy preparado!— señaló en espera de convencerlo de soltarlo.
—Eso no te lo voy a discutir— secundó Sasuke, completamente de acuerdo.
—Hermano— el rey se resistió contra el agarre de su hermano, zafándose lo suficiente para voltear a enfrentarlo. —Sasuke, déjame ir y encontraré un barco en el que huir para nunca ser encontrado— rogó, acunando su rostro entre sus manos y viéndolo a los ojos como prueba que era honesto.
No sabía cómo ser un buen esposo, por eso le era más fácil ignorar a Sakura antes que visitar su cama o tratar de buscar aspecto en común, era mejor ser indiferente que darle falsas esperanzas; no sabía cómo ser padre, amaba a Daisuke y Sarada, y disfrutaba de jugar con ellos, pero no sabía cómo disciplinarlos ni enseñarles nada, porque su padre jamás había estado ahí para él; no sabía cómo ser rey, porque había despreciado sus enseñanzas desde siempre, porque no era como Sasuke y jamás estaría capacitado para asumir el trono, y lo mejor para todos sería que se marchara muy lejos y nunca volviera. No creyendo lo que oía, Sasuke observó a Baru con incredulidad, ¿Realmente él dejaría todo?, ¿Dejaría a sus hijos, a su esposa, su madre y toda su vida en Desembarco del Rey?, ¿Y dónde iría?, ¿No era ningún juego? Sasuke observó el rostro de su hermano, con aquella expresión desesperadamente, él sabía que Baru no mentía, Sasuke detestaba a su hermano, pero lo conocía lo suficiente para saber cuándo era honesto y lo era en ese momento, le estaba suplicando que lo dejara ir, le estaba diciendo que nunca volvería, lo decía en serio, sin embargo, Sasuke no supo qué contestar, su sentido del deber lo paralizó, esa era una oportunidad única, Sakura estaba a su alcance, ya no tendrían que ocultarse, todo sería como ambos tanto deseaban…Desgraciadamente, cualquier posible respuesta de Sasuke a Baru, o contraoferta de este último al príncipe tuerto, fue interrumpida por la llegada de sir Kakashi, que corrió hasta situarse junto a ambos hermanos, recuperando el aliento y ajeno a la conversación de ambos hermanos y que se veían intensamente a los ojos.
—La reina viuda espera, Majestad— informó Kakashi observando a su ahora rey.
—No quiero ir— protestó Baru de inmediato. —No deseo ser rey— espetó, en caso de que no estuviera claro.
—Lo lamento, Majestad, pero es mi deber llevarlo— insistió el Hatake, sorprendiendo al joven rey por su insistencia. —No haga esto por usted, es evidente que sentarse en el trono no es su deseo, pero es su deber.
—¿Cómo puedo cumplir con un deber que nunca pedí?— cuestionó el joven rey, no sintiéndose apto para el cargo que le exigían asumir.
—Majestad, ¿Qué haría si algo le pasara a su esposa, a sus hijos y a su madre?— planteó el dorniense, ante lo que el joven rey no supo qué contestar. —Una guerra con la princesa Izumi es imposible de evitar en tanto ella no se incline, y si usted no responde, todos los que ama morirán— el joven rey lo observó en silencio, indicándole que continuase. —Nunca ha habido una reina, y para asegurar su reclamo la princesa tendrá que poner a toda su familia bajo la espalda, no tendrá otra opción— Izumi no era tan noble como para perdonarles la vida y su ambición era inmensa. —Usted lo sabe, debe verlo— añadió con énfasis, esforzándose por convencer a su rey.
—¿Está seguro, sir Kakashi?— inquirió el Uchiha, preocupado por las vidas de su madre, esposa e hijos.
—Lo estoy, Majestad— asintió Kakashi, conociendo a la princesa Izumi. —Debe asumir el trono, usted es nuestra única esperanza de estabilidad— apremió, confiando en el criterio de la ahora reina viuda. —Por favor, Majestad— rogó, viendo a los ojos a su rey.
El Trono de Hierro era lo que cualquiera con sentido común codiciaba, naturalmente la víbora que era la princesa Izumi y su ambicioso esposo el príncipe Itachi, pero el bando Verde—al que Kakashi orgullosamente pertenecía—necesitaba asegurar la estabilidad de los Siete Reinos, tan convulsos, y la mejor forma era que el heredero nato, el primogénito varón del rey Tajima se sentará en el trono y ese era el príncipe Baru, puede que no fuera el más capaz, pero necesitaban crear una estable transición del poder o el pueblo pagaría el precio, el orden debía mantenerse. Baru entreabrió los labios, pensó en discutir y decir que su padre nunca lo había declarado su heredero pese a haber tenido más de veinte años, categóricamente había mantenido el reclamo de Izumi al trono, no lo había querido a él...pero, el ahora joven rey no pudo protestar cuando Kakashi extrajo algo de su jubón que lo dejó helado; era la daga de su padre, de acero valyrio con un rubí en la empuñadura y se le tendió, reverenciándolo, esa daga había pasado de rey a rey, y Baru no pudo evitar recibirla, observándola con fascinación, aferrándose a las palabras de Kakashi. La daga de su padre y las palabras de sir Kakashi convencieron a Baru, que finalmente siguió al dorniense de regresó a la Fortaleza Roja, y tras ellos lo hizo Sasuke, maldiciendo su propia debilidad y haber pedido la oportunidad ante él, no podía anteponer sus emociones al deber, a Sakura, a sus hijos…ninguno era libre, eran presas del deber, vivían según un destino ya escrito como Sakura siempre decía, pero Sasuke se negó a aceptarlo, un día podría cambiar el destino, era una promesa, lo cambiaria o moriría en el intento.
Lucharía por Sakura, y estaría a su lado.
Fortaleza Roja, Desembarco del Rey
Demasiado inquieta luego de un día que parecía no terminar, Sakura fue informada por su madre de los cambios que se sucederían en los días previos a la coronación; ella se trasladaría a otros aposentos, mucho más grandes y dignos de la reina de los Siete Reinos, podría decorarlos como quisiera y tendría más personal a su servicio, pero lo que alegró a Sakura—cuando acudió a verlos—fue que estaban junto a los aposentos de Sasuke, estarían más cerca que nunca y aunque debieran guardar las apariencias, ya no sería tan difícil estando tan cerca. La ahora entusiasta a la par que preocupada reina se paseó nerviosamente fuera de los aposentos de su esposo el ahora rey Baru, aun no teniendo noticias de si había sido encontrado, preocupada por su esposa a la par que por Sasuke, acompañada en su vigilia por sir Arsen que jamás la abandonaba, no sabiendo si sentirse feliz de que sir Sakon no hubiera encontrado a su hermano, Sakura confiaba en su abuelo y su criterio, pero también sabía de su ambición y cuanta menos presión u obstáculos tuviera Baru para sentarse en el trono, ella estaría más tranquila. El nervioso paseo de la joven reina fuera de los aposentos de su esposo cesó cuando escuchó el eco de pasos del otro lado del pasillo y una sonrisa adornó sus labios, viendo a Baru emerger de entre los oscuros pasillos iluminados por las antorchas por Sasuke, claramente sir Kakashi había acudido a informar a su madre la reina viuda, pero Sakura se sintió aliviada de que sus dos hermanos estuvieran a salvo, de hecho, ella sondeó a Baru con la mirada cuanto más se acercaba para asegurarse de que no estuviera golpeado ni nada, y parecía igualmente ileso que Sasuke a su lado.
—Gracias a los dioses de Valyria, por fin llegan— celebró Sakura mientras ambos hermanos se detenían frente a ella. —¿Vino por su propia voluntad?— consultó al príncipe tuerto y que negó en silencio.
—No habría venido por mi voluntad ni para salvar mi vida, hermana— contestó Baru, claramente aletargado por el alcohol.
—Ve a tus aposentos, báñate y luego ve a la cama— ordenó Sasuke, haciéndole una señal a sir Arsen que abrió la puerta de los aposentos, —hay mucho que hacer a partir de mañana— obvió, sintiendo jaqueca de solo pensarlo.
—¿Y si quiero pasar la noche con mi esposa?— cuestionó el rey, acercándose a su esposa y situando sus manos sobre sus frágiles hombros
—Ni hablar, apestas a bebida barata— negó la reina con una ligera risa, apartando el rostro al sentir su aliento.
—Y vi muchas mujeres baratas— afirmó él con asombrosa naturalidad, —pero ninguna tan hermosa como tú, mi esposa y reina— la desnudó con la mirada, deseando verla bajo ese pesado vestido de luto.
—Entra a tu habitación ahora— espetó el príncipe tuerto con furia, sujetando a su hermano de la capa. —Sir Arsen, ocúpese del rey, yo escoltare a mi hermana— ordenó, empujando a su hermano al interior de la habitación para alejarlo de su hermana.
—Sí, Alteza— asintió el ahora guardia de la reina, reverenciando a ambos hermanos antes de ingresar en la estancia y cerrar la puerta tras de sí.
Tal vez no debería actuar así, no con su hermano que ahora encima de todo era su rey, pero Baru estaba borracho y normalmente olvidaba las cosas que sucedían cuando estaba en ese estado, ni siquiera recordaría sus palabras a la mañana siguiente y el príncipe tuerto se colgó de ello para justificar su actuar, aún recordaba a su hermano cogiendo con una golfa cualquiera en Flea Bottom, lo había visto con sus propios ojos, y no podía tolerar que ese mismo hombre ahora pensara tocar a su hermana, su hermosa e inocente hermana que bajo la mirada con las mejillas sonrosadas de vergüenza y con las manos cruzadas sobre su vientre, el epítome de lo que una reina debería ser…ella merecía tanto, y sin embargo recibía tan poco. Sakura fue regresada a la realidad cuando Sasuke le tendió su brazo, había prometido escoltarla a sus aposentos, era su última noche juntos antes de que el deber y los pormenores del luto comenzasen a separarlos a partir de mañana, y ella no dudo en sujetarse de su brazo, atrayendo este hacia su pecho al caminar, un mensaje osado y lo sabía, sintió a Sasuke tensarse a su lado ante el contacto de sus pechos contra su brazo, pero no dio otra señal de que ello alterase su siempre indiferente exterior; ella estaba acostumbrada a que Baru hablara de otras mujeres frente a ella, y si tuviera que apostar sabía que él había estado en un burdel al otro lado de Flea Bottom todo el día, su esposo no era un monstruo, pero tampoco era un buen hombre. Al llegar a sus aposentos, Sasuke se separó de ella para abrir la puerta, cerrando está a su espalda en tanto ella se dirigía a su habitación privada, seguida por Hinata que se apresuró a quitarle las joyas mientras Ino le desabrochaba el vestido.
—Gracias por traerlo de regreso— apreció Sakura en voz alta, despidiendo a Ino que la reverenció y asintió de inmediato.
—Si por mi fuera, lo habría dejado partir a Yi Ti o Essos, pero lo necesitamos— admitió Sasuke, paseándose en la sala y viendo a lady Uzumaki retirarse.
—Créeme, estoy tan descontenta como tú, pero ahora podré dormir tranquila— secundó la reina con un tono alegre.
—¿Y yo?— cuestionó el príncipe tuerto, observando como lady Yamanaka también se retiraba. —¿No quieres que duerma tranquilo?— inquirió por fin cruzando el umbral de su habitación privada y desde donde la observó con la mirada de un depredador
—Dejo eso en tus manos— desdeñó ella con aparente desinterés, fingido obviamente.
Todo en lo que Sasuke podía pensar era el todo el día que había pasado lejos—ya era de noche—, en lo que había visto, en cómo había sido testigo de cuanto la desdeñaba Baru, prefiriendo a mujeres cualesquiera que no le llegaba ni a los tobillos a su ahora perfecta reina, enfundada en aquel sencillo vestido negro de luto—la chaqueta de encaje reposaba sobre la silla del tocador—cuyo diseño resaltaba su cintura, caderas y su escote, ella no necesitaba vestir las mejores sedas ni las telas más extravagantes para ser la joya más deslumbrante de los siete reinos, como la amatista que ella le había obsequiado y reposaba en su ojo izquierdo. Presuroso, Sasuke haló de las puertas para cerrar la habitación privada del resto de estancia, y se acercó a su hermana que retrocedió como una presa ante un depredador hasta que su espalda chocó contra uno de los postes de la cama, en la posición perfecta para él que se inclinó a reclamar sus labios, pero no lo hizo; Sakura esperó un beso, pero no recibió eso, en lugar de eso vio el iris ónix de su hermano observarla contemplativamente, como si fuera la mayor maravilla de Poniente, de pies a cabeza, haciéndola sentir desnuda, no se parecía a la mirada de nadie en la corte, no la veía como algo extraño, le recordó a su siempre latente oda para ella: "Mi diosa valyria", y ella siempre se sentía como una diosa en sus brazos. Era una locura, pero Sasuke habría sido mejor para ella, Sakura había visto el destino de su hermano y sabía que no era ser rey, jamás lo sería, pero si lo fuera ella sería la reina más bendecida de los Siete Reinos, él no la habría insultado, ofendido ni herido como Baru sí, quizás no le habría sido incondicionalmente fiel como si era como hermano, pero ella prefirió no pensar en eso, temblando entre sus brazos.
—Una parte de mi está aliviada de que trajeras de regreso a nuestro hermano, pero la otra continua inquieta, por lo que vendrá— admitió Sakura, rompiendo con el silencio.
—Debes ser valiente, hermana— sosegó Sasuke, acunando el rostro de su hermana entre sus manos, —ahora eres la reina, y serás coronada en cuestión de días— él estaría a su lado a cada paso, sin importar lo que pasara.
—Pero no deseo ser reina, y sé que Baru tampoco quiere ser rey— protestó ella viéndolo a los ojos, pues su opinión no había cambiado.
—Es tu deber, naciste para ser reina— recordó él, sabiendo que ella jamás pensaría en fallar a otros con su actuar. —Sakura, eres tan fuerte como la misma Mikoto Uchiha, y tan gentil como Ume— comparó cuando vio a su hermana a punto de apartar la mirada. —Sé que puedes hacer esto— ella podía hacer lo que fuera, era una Soñadora.
—Solo tú tienes fe de que tal cosa sea posible— apreció la reina con una sonrisa, conmovida ante sus palabras.
—Porque te conozco, y porque te amo— afirmó el príncipe tuerto rozando su nariz contra la suya, completamente enamorado de ella.
—Quizás no tanto como yo te amo a ti— contrarió Sakura con burla y competitividad.
Por fin, Sasuke reclamó los labios de su hermana con hambre, acunando su rostro en sus manos y recorriendo el interior de su boca con su lengua, deslizando sus manos por su cuello y hombros hacía el cierre posterior del vestido y que terminó de desanudar, bajando este por el perfecto cuerpo de su reina; Sakura se dejó hacer dócilmente, llevándose las manos a la espalda para desanudar su camisón y que dejó caer al suelo, arqueándose contra su hermano aún vestido, luchando con desanudar las hebillas de su jubón mientras Sasuke la ayudaba, gimiendo su nombre. Sintiendo el poste de la cama a su espalda, la reina envolvió sus brazos alrededor del cuello de su hermano y sus piernas a sus caderas mientras él la guiaba hacia la cama, quitándose la camisa por encima de la cabeza, y Sakura solo se soltó de él cuando sintió que Sasuke la recostó sobre la cama, y lo recorrió con la mirada mientras lo veía desabrocharse los pantalones, casi conteniendo el aliento cuando él se recostó encima suyo, no le importaba si estaban yendo demasiado rápido, todo lo que ella sabía es que lo deseaba y gimió tan pronto como lo sintió embestir en su interior, llenándola por completo. Todo se sentía más intenso que antes, porque todo había cambiado, todo era diferente, Sakura se encontró meciendo sus caderas al encuentro de las de su hermano para sentirlo más cerca suyo, gimiendo entregada mientras sentía sus manos amasar sus pechos, ella alargando desesperadamente sus brazos para sujetarse de sus hombros y espalda, arañando sus músculos, deseando hacerle saber de todas las formas posible que le pertenecía, que siempre sería suya...Dioses, lo amaba tanto.
Sasuke deslizó sus manos por la anatomía de su hermana, acariciando sus muslos que se envolvían alrededor de sus caderas, fascinado por la forma en que estas eran capaces de seguir el ritmo de sus embestidas, ambos hechos el uno para el otro; Sakura era la luz de su vida, la había amado desde que tenía uso de razón y memoria, y la amaría por el resto de su vida, ella era la mayor razón por la que vivía resentido con Baru, ella que era una buena madre, la esposa perfecta, la mujer más deseable, y ahora la reina con el corazón más puro…Igual que la corona, el trono y todo en su vida, ella le había sido entregada gratuitamente a Baru, y a él no le importaba. Sintiendo la disputa en el interior de Sasuke, aunque él no dijera nada, Sakura se arqueó contra su tacto, enterrando sus uñas en sus espalda y hombros, rompiendo el beso que los unía para recuperar el aliento y gimiendo de necesidad, sintiendo la tensión acumularse gradualmente entre sus piernas; Sakura situó sus manos sobre los hombros de Sasuke y lo vio a los ojos, veía su anhelo y hambre por ella, pero también veía su frustración, ¿De qué forma podía hacerle entender que no pertenecía a Baru? Si, era su esposa, pero ninguno lo había pedido, él no visitaba su cama desde hace años, mientras que Sasuke lo hacía casi sin falta cada noche, ella era su esposa según el rito valyrio, su ābrazȳrys—la palabra valyria para esposa—, porque ella se había entregado a él. Con cuidado, Sakura deslizó sus manos por los hombros de Sasuke hacía su pecho, recargando su peso en este e indicándole que se recostase, lo que este no dudó en hacer.
A horcajadas sobre el regazo de su hermano, Sakura bajó lentamente sobre su miembro, echando la cabeza hacía atrás y gimiendo fuerte, teniendo que cubrirse los labios por temor a que su voz despertará a sus hijos durmiendo en la habitación contigua, pero no pudo disimular cuánto disfrutaba de aquello, meciendo sus caderas contras las de Sasuke, su amado hermano cuyo vigor había despertado hacía seis años, su hermano que la estaba haciendo suya, su hermano que era su valzyyrys—la palabra valyria para esposo—, el hombre al que había elegido amar y que le pertenecía tanto como ella le pertenecía solo a él. Las manos de Sasuke se asieron fuertemente a las caderas de su hermana, guiando sus movimientos al encuentro de sus penetraciones, disfrutando como nada más en el mundo el verla deshacerse entre sus brazos, sintiendo las uñas de ella enterrarse contra su pecho y hombros mientras se inclinaba encima suyo para besarlo, presionando sus perfectos pechos contra su torso mientras lo montaba, él envolviendo sus brazos a su alrededor y besando sus labios en respuesta, ambos con sus respiraciones muy entrecortadas mientras sus lenguas se envolvían una la otra. Excitó profundamente a Sasuke la forma en que su hermana y reina podía controlarlo, le encanto, porque ella era permanentemente sublimada por terceros, todos habían subyugado el dragón en su interior y a él le encantaba ver que se desatara, disfrutaba que ella tomara el control sobre él, que fueran iguales, disfrutaba de sentirse completamente suyo, puede que nadie lo supiera, pero ambos se pertenecían el uno al otro, ambos se habían unido porque se amaban.
Sasuke se sentó y envolvió sus brazos alrededor de su hermana para hacerla quedar debajo suyo con un solo movimiento, tomándola por sorpresa, escuchándola jadear su nombre y que solo lo instó a retener sus caderas contra las suyas, tratando de llegar más profunda e intensamente en su interior, deslizando sus labios por su mentón y lamiendo su cuello hasta el valle entre sus pechos, anhelando memorizar el sabor de su piel contra su lengua. Gimiendo ante las embestidas cada vez más intensas y urgentes por parte de su hermano, que apenas y la dejaban pensar ante la desesperación y anhelo que le transmitían, Sakura largó sus manos hacia el rostro de Sasuke, quitándole con premura el parche que cubría su ojo izquierdo, queriendo ver todo de él así como su hermano veía todo de ella, arqueándose debajo suyo, deleitándose con su intensidad, envolviendo sus caderas con sus piernas, acercándolo más así si, clavándole las uñas en la espalda, sintiendo la tensión entre ambos aumentar a niveles abismales, ambos sintiendo el orgasmo a punto de llegar. Advirtiendo la desesperación de Sakura por gritar, Sasuke la sujetó de la nuca y haló hacia sí un beso, sabiendo que ella no se perdonaría despertar a Daisuke y Sarada, envolviendo su lengua contra la suya mientras la sentía gemir en medio del beso, disfrutando de sentirla alcanzar el clímax primero, él derramándose en su interior un instante después, ambos inundados por las mismas olas de placer en las que se abrazaron con fuerza, perdidos el uno en el otro. Era una locura, pero lo soportarían, permanecerían juntos…
Una Semana Después
Una semana…su padre había sido quemado en la pira funeraria por Sunfire la tarde del día anterior en una ceremonia privada y silenciosa, y hoy Baru y ella serían coronado en el Septo sobre el Foso de Dragones, haciéndole sentir a Sakura cuan rutinaria era la muerte, parte natural de las cosas. La pronto coronada reina de los Siete Reinos portaba un elegante vestido de la más fina seda esmeralda, de escote cuadrado y hecho para resaltar su figura como un guante, de mangas ceñidas hasta los codos donde se abrían como lienzos y decorado por ligeras hombreras, con falda abierta en A bajo el vientre para exponer la falda inferior repleta de bordados dorados para replicar dragones como el centro del corpiño, un homenaje a Sunfire el dragón de su esposo, con el collar de Vaghar que Sasuke le había obsequiado alrededor de su cuello, su largo cabello rosado estaba peinado con elegancia para caer sobre sus hombros y tras su espalda, con una trenza cintillo sobre su coronilla, decorado por una corona de oro, esmeraldas y perlas para replicar mariposas, a juego con unos largos pendientes de oro y esmeralda con una lágrima de perla. De pie ante el espejo, Sakura tomó el pincel del tintero sobre su tocador, escuchando a Ino reír por lo bajo mientras la seguía hacia una de las paredes índigo de sus nuevos aposentos y donde comenzó a dibujar la visión que tenía en su mente, sintiendo a la Yamanaka envolver sus brazos a su alrededor para proteger la tela hasta que ella terminó de dibujar, recibiendo el pincel de sus manos y regresándolo al tintero, teniendo la libertad de hacer lo que quisiera en sus nuevos aposentos.
—Majestad, el Príncipe Sasuke— anunció sir Arsen desde la sala de recepción.
—Gracias, sir Arsen— apreció Sakura en voz alta, alisándose la falda del vestido.
Nada más ingresar, Sasuke esbozó una sonrisa ladina, Sakura había modificado los aposentos que le habían destinado tras mudarse a ellos; las paredes eran color índigo y las cortinas malva—todo en honor a Dreamfire y él—, en el centro de la sala de recepción había una larga mesa para cuatro, había desayunado ahí el día anterior junto a Daisuke y Sarada, también había rosas azules en cada jarrón y la mesa que él le había obsequiado hace años en su decimocuarto onomástico ocupaba un lugar central junto a las que le había obsequiado en años anteriores, con las tapas alzadas para exponer su colección de mariposas, de escorpiones y arañas, de libélulas...el príncipe tuerto sonrió al ver que los cambios habían sido para bien. Sakura sonrió al cruzar el umbral de su habitación privada, su siempre adusto y rutinario hermano portaba un elegante pero minimalista jubón de seda verde oscuro—casi negro a ojos poco atentos—, de cuello alto y cerrado con detalles negros en los lados del cuello como hombreras, asemejando las escamas de Vaghar, mangas ceñidas a las muñecas, ceñido a su cuerpo por un fajín decorado por un broche plateado que replicaba a su dragón, faldón abierto en A bajo el vientre, pantalones negros y botas de cuero de igual color, y su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre, formal y con las manos cruzadas tras la espalda. Las paredes no poseían tapices como los aposentos de su madre, sino que verdaderas obras maestras ovales de piedra caliza, escamas de dragón, conchas marinas, albergando en su centro esmeraldas, zafiros, amatistas y diamantes, su colección de gemas preciosas, y las paredes estaban repletas de dibujos en pintura blanca—sus visiones—, hechos por Sakura, que ingresó en la sala a su encuentro.
—Es un hermoso vestido— celebró Sasuke nada más verla, maravillado con su perfecta apariencia como siempre.
—Las pobres costureras debieron perder valiosas horas de sueño para terminarlo a tiempo— consideró Sakura, alisando nerviosamente su falda. —Al menos pareceré una reina una vez en mi vida, no puedo fallar— no le gustaba vestir tan ostentosamente, pero todo fuera por ese día únicamente.
—Jamás lo harás, siempre has sabido estar a la altura— sosegó el príncipe tuerto, acercando sus pasos hasta detenerse frente a ella. —Serás una gran reina— anticipó, conociendo su corazón y amándola por ello.
—Gracias— apreció la reina, sintiéndose capaz de todo gracias a él.
Ella no quería el trono y Sasuke lo sabía, veía el miedo escondido en sus ojos, ella se esforzaba por ser fuerte y superar todo el estrés que los días previos le había causado—Sasuke sintió las cutículas lastimadas de sus manos, y que ella había mordido por la ansiedad, él la había tomado de la mano cuando la veía haciéndolo—, él podía advertirlo porque había memorizado cada parte de su cuerpo y había aprendido a leer la complejidad de su mente, por ello lo maravillaban sus nuevos aposentos, junto a los suyos, por lo que podía visitarla cuando quisiera sin que nadie pensara mal ahora, que reflejaban tan bien su naturaleza. No queriendo dilatar más la situación, el príncipe tuerto tendió el brazo a su hermana y quien se sujetó de él con disimulada ansiedad y nerviosismo por la coronación, él guiándola lentamente fuera de la habitación, con sus doncellas, Tenten ya estando en el carruaje con los niños y su madre la reina viuda Hanan, pues ellos debían estar en el Septo primero; Sasuke tendría la suerte de—a imagen de la boda de Sakura seis años antes—viajar en el mismo carruaje que su hermana hasta el Septo, mientras que Baru viajaría en el mismo carruaje que su abuelo el lord Mano. Agradeciendo cada momento con Sakura, mientras abandonaban la habitación, Sasuke dirigió otra mirada a las paredes repletas de dibujos sobre las visiones de su hermana, siempre tratando de anticiparse a lo que sucedería, como ella, lamentando abandonar los nuevos aposentos de Sakura y que se sentían tan acogedores como su dulce presencia, mas ya regresaría ahí esa misma noche, cuando la coronación y el banquete posterior hubieran concluido.
Hasta ahora todo estaba resultando perfecto.
Septo, Sobre el Foso de Dragones/Desembarco del Rey
—¡Pueblo de Desembarco del Rey!, ¡Hoy es el más triste de los días!, ¡Nuestro amado rey Tajima "El Pacifico" ha muerto!— anunció el lord Mano a la sorprendida multitud. —¡Pero también es uno de los días más gloriosos, pues cuando su espíritu se alejaba, él manifestó su deseo de que su primogénito varón; Baru!, ¡Fuera su sucesor!, ¡Por ello estamos aquí hoy!— completó, sabiendo la inquietud que el pueblo sentía.
Cuando Sakura y Sasuke había llegado al Septo para la ceremonia religiosa, mediante la cual el Septón Ebisu coronaría a Baru, y a ella como reina, ya había una gran multitud siendo guiada hacia la enorme estructura por los Capas Doradas, y todos—casi todos los habitantes de Desembarco del Rey, por su número—estaban ansiosos a la par que nerviosos mientras escuchaban las palabras del lord Mano, tras las que resonaron las trompetas y un conjunto de Capas Doradas y Guardias de la Fortaleza Roja abrieron un camino entre la multitud para permitir el paso al nuevo rey, en quien se centraron todas las miradas. Al margen de lo que podía esperarse, el joven soberano de veintidós años no vestía de negro por el luto, ni tampoco de verde que era el color de la casa Haruno; portaba un elegante jubón negro de fina seda, de cuello alto y mangas ceñidas a las muñecas, con hombreras y lienzos a modo de mangas superiores desde los hombros, largo faldón abierto en A hasta el suelo, ceñido alrededor de su cintura, pantalones negros y botas de cuero; Sakura reconoció el jubón y esbozó una tímida sonrisa, Baru le había pedido que lo bordara hace muchos años, su madre claramente lo había mandado a hacer para una coronación, y los bordados dorados que la ahora reina había plasmados brillaban contra la luz en un bello espectáculo, eran bordados de Sunfire el dragón del ahora rey, en los lados del pecho, en los lados de los botones—como hebillas falsas—que iban desde el cuello a la altura del vientre, las hombreras, las mangas, el dobladillo del jubón y la espalda. Baru marchó con la frente en alto hacia el altar donde aguardaban el Septón Ebisu que lo coronaría, sir Kakashi, su madre la reina viuda, su hermano Sasuke, sus hijos Daisuke y Sarada, y su esposa Sakura.
—¡Tienen la gran buena fortuna y privilegio de estar aquí para presenciar esto!, ¡Un nuevo día para nuestra ciudad, para nuestro reino!, ¡Hoy tenemos un nuevo rey que nos guiará!— pronunció Kizashi, enfocando su mirada en su joven nieto.
Viendo como las últimas espadas de los guardias y Capas Doradas se bajaban a su paso para cerrar el arco ceremonial, el joven rey subió los escalones, enfocando su mirada en su madre la reina viuda—hermosa y majestuosa como siempre—, que tantas veces había intentado hacerle entender que sus sobrinos bastardos no eran sus amigos, que querrían quitarle el trono, y se dijo mentalmente que esta era una segunda oportunidad, una oportunidad de hacer las cosas de manera diferente. El rey se detuvo frente a su madre, que lo observó con expresión seria a la par que dulce, acercándose para acunar su rostro entre sus manos y besarlo en la frente ya que tenían casi la misma altura; la reina portaba un elegante vestido verde esmeralda de mangas ceñidas a los codos donde se abrían como lienzos y falda de velo, encima una chaqueta superior de encaje negro y dorado—por el luto y el atuendo de su hijo—, de cuello alto y en V, con falda abierta en A bajo el vientre y ceñida por un cinturón dorado, encima una corta capa de piel negra hasta la cintura, con su largo cabello rosado cayendo sobre su hombro derecho y resaltando una corona alta de oro y diamantes, a juego con un par de pendientes. Su madre lo guío hacia el Septón Ebisu y Baru se arrodilló, pero alargó su brazo izquierdo al aire, una señal ante la que Sakura no dudo en acercarse, sujetarse de su brazo y arrodillarse a su lado, entrelazando su mano con la suya; Baru no había tenido que ser persuadido por su abuelo, él había exigido que Sakura fuera coronada a su lado, y aunque la joven reina tembló al ser el foco de atención, supo bajar la cabeza y escuchar al Septón nombrarlos rey y reina de los Siete Reinos:
—Que el Guerrero le dé valentía, que el Herrero le dé fortaleza a su espada y su escudo, que el Padre lo defienda en su necesidad, que la Anciana levante su brillante lámpara e ilumine su camino a la sabiduría— enumeró el Septón, marcando la frente del nuevo rey con aceite consagrado, elevando una plegaría por su futuro reinado.
Baru observó a su abuelo Kizashi Haruno por el rabillo del ojo, con el pecho hinchado de orgullo y sonriendo en silencio, como si siempre hubiera sabido que ese momento llegaría y al ahora joven rey no le extraño que siempre hubiera complotado para que así fuera, pero no le importo, no era un tonto como la gente pensaba, igual que Sakura a su lado y a quien sintió temblar—ante lo que estrechó su mano contra la suya—, ambos eran más de lo que parecían y todos pronto lo verían. Tan pronto como el Septón concluyó su bendición para con el rey, el Comandante de la Guardia Real Kakashi Hatake recibió de manos del Septón un objeto que Baru había visto muchas veces en los aposentos de su padre el rey; era la corona de Baru I "El Conquistador", había formalmente dos coronas para el soberano de los Siete Reinos; la primera era la de Baru I, hecha de acero valyrio y cuajada de rubíes, con la que su hermana Mikoto lo había nombrado rey antes de tomar control de los Siete Reinos; la otra era de oro, diamantes y piedras preciosas, regalo del Septón a Baru I tras su Conquista y que representaba los Siete Reinos. Si a Baru le hubieran dado a elegir, había preferido precisamente esa, la de su ancestro Baru I, conteniendo el aliento cuando sir Kakashi la colocó sobre su cabeza…casi parecía hecha a su medida, no sintió el peso de la gobernanza, solo el prestigio que esa corona daba, y el joven rey tuvo que contener el impulso de alzar la mano y tocarla mientras el Septón se acercaba a su hermana para ahora bendecirla y nombrarla reina de los Siete Reinos. Sakura tembló cuando sintió el tacto del hombre de fe marcar su frente con aceite consagrado, mientras ella veía al suelo, nerviosa.
—Que la Doncella le brinde castidad, que la Madre le dé amor para con sus vasallos, que la Anciana le brinde sabiduría y que el Guerrero le dé fortaleza en los días venideros— oró el Septón Ebisu en voz alta, acariciando por última vez la frente de la joven reina con aceite consagrado.
—Mi reina— pronunció la reina viuda Hanan, observando a su hija antes de volverse hacia la doncella que sostenía la corona.
Lady Yamanaka se acercó a la reina viuda Hanan cargando un almohadón y sobre éste la corona real; Ino no pudo evitar notar la tensión de su reina y abrió los ojos con fingida sorpresa, como escandalizada y asombrada por cargar algo tan valioso, lo que no pasó desapercibido para Sakura, que bajo la mirada y se mordió los labios para no reír, aliviada ante el sentido del humor de su amiga. Respetando el luto, que finalizaba ese día con la coronación, la Yamanaka portaba un elegante vestido de seda negra y bordados gris oscuro, parecía emular una cota de malla, de profundo escote en V hasta la altura del vientre, sin mangas sino que tirantes, con una serie de escamas doradas en forma de dragón sobre los hombros y alrededor de la cintura para resaltar sus curvas, con su largo cabello rubio recogido en una larga trenza que caía tras su espalda, y una diadema de escamas de oro y perlas decorando su cabeza. De pie junto a la reina Hanan, Kakashi frunció el ceño ante el actuar de la doncella de la nueva reina, que se ruborizó bajo su mirada, pero se hizo la desentendida. Con suma gentileza, la reina viuda Hanan colocó la corona sobre la cabeza de su hija, la corona que había sido suya hasta el día anterior, la corona de Soberana de los Siete Reinos, diseñada para la esposa del rey Naka I, la reina Demiya; era una estructura que unía el oro y acero valyrio en una estructura entre de diadema y triangular, decorada por diamantes en todo el contorno superior y la base, con dos largas hileras de perlas colgando a cada lado del rostro hasta la altura de los hombros, mas asombrosamente y pese a su diseño, Sakura no sintió peso al llevarla, si era ostentosa, pero no sintió que lo fuera, una contradicción muy extraña y con la que se levantó al igual que Baru a su lado.
—¡Que los Siete sean testigos!, ¡Baru Uchiha es el verdadero heredero al Trono de Hierro!, ¡Y Sakura Uchiha es su esposa y reina legítima!— pronunció Kakashi con voz clara y fuerte para que todos lo oyeran.
—¡Salve su Majestad, Baru, segundo con el nombre!, ¡Rey de los Ándalos, los Rhoynar y los Primeros Hombres!, ¡Señor de los Siete Reinos y Protector de la Tierra!— secundó el Septón Ebisu de forma pomposa, pues esos eran los títulos del joven rey.
Al margen de todo, a la sombra como había aprendido desde sus años de la infancia, Sasuke observó a su hermano con una mezcla de envidia y resentimiento, envidia porque sabía que él merecía más la corona que su tonto hermano mayor, y resentimiento porque Baru tenía a Sakura a su lado, su inocente y perfecta hermana que era indigna para él que tanto se revolcaba con prostitutas cualesquiera en los burdeles en lugar de serle leal a ella que solo merecía afecto y aprecio. El Septón tendió la mano al rey para ayudarlo a levantarse, un gesto que representaba la unión de la Fe de los Siete y Trono, y el joven rey a su vez ayudó a su esposa a levantarse, dirigiendo entonces su mirada a los miembros de su familia; El Septón Ebisu inclinó la cabeza bajo la mirada del rey, a su lado sir Kakashi también lo hizo, luego su madre la reina viuda, sus hijos Daisuke y Sarada...Sasuke apretó los labios con disgusto y únicamente inclinó superficialmente la cabeza, negándose a reverenciar a quien sentía no merecía la corona, Sakura a su lado se hundió en una tensa reverencia, y por último volvió la mirada a su abuelo el lord Mano quien aún sonreía con orgullo, y que también inclinó la cabeza, ¿Realmente tenía tanto poder y autoridad sobre su familia? Parecía imposible para Baru, quien lentamente se volvió hacia la multitud, aun sosteniendo la mano de Sakura y que tembló de los nervios mientras la soltaba. Mientras el joven rey aferraba su mano derecha a la empuñadura de la espada Fuegoscuro, de acero Valyrio y que pasaba de rey a rey, pendiendo de su fajín, las campanas del Septo comenzaron a sonar, anunciando así que había un nuevo rey en Poniente, un nuevo soberano de los Siete Reinos, a quienes los presentes dieron la bienvenida con un aplauso, luego dos, tres y finalmente una multitud.
El interior del Septo se llenó de vítores, gritos de emoción y aplausos, el rugido de la multitud aprobando a sus jóvenes reyes, Baru parpadeó incrédulo y volvió la mirada hacia Sakura, quien observó a los presentes con igual extrañeza, sintiendo que la algarabía parecía sacudir los cimientos de la inmensa estructura; Sakura nunca habría esperado que la plebe, a quienes no conocía, la quisieran como reina, nadie nunca la había llamado "El Deleite del Reino" ni con ningún epíteto halagador como a Izumi sí. Sakura no podía saber que su conducta tierna, reservada, dócil y su físico maternal, así como carente de excentricidad la hacía inmensamente popular, era misteriosa, hermosa, etérea y nada controvertida; Baru era corpulento, fuerte, atractivo y se codeaba con la gente común en sus desventuras por Desembarco del Rey, ambos jóvenes soberanos eran el contraste que la gente tanto adoraba, los amaban y sentían que los conocían. Sonriendo eufórico ante el amor que la plebe le dirigía, Baru desenvainó su espada Fuegoscuro y la alzó al cielo, lo que solo detonó los gritos de júbilo de los presentes, repitiendo el gesto varias veces en señal de vigor y abriendo los brazos con una sonrisa plena, asimilando la profundidad de los vítores de la gente, emborrachándose con ese amor y aprobación, sintiéndose amado por primera vez, sintiendo que todas esas personas creían en él. La reina viuda Hanan sonrió con orgullo ante el triunfo de su hijo, igual que su padre el Lord Mano que vio consolidadas todas sus ambiciones, y finalmente la pareja real abandonó el altar de la mano y se retiraron al Foso de Dragones para llevar a cabo el último acto tras su coronación, su vuelo por la ciudad…
Foso de Dragones, Bajo el Septo
La multitud intentó seguir a sus reyes lo más posible en su descenso al Foso de Dragones, abriéndoles espontáneamente el paso y sin necesidad de que los guardias intervinieran para protegerlos; al bajar al Foso de Dragones, la pareja real encontró a sus dos dragones esperando por ellos, Dreamfire en el caso de la reina y Sunfire en el caso del rey, ambos fijos en su lugar por las órdenes de los Cuidadores de Dragones, que vestían sus armaduras plateadas con revestimiento de acero Valyrio. Sunfire se acercó a su jinete con su característica gracia sobrenatural, ronroneando de alegría, bajando su enorme cabeza cubierta de escamas doradas como los detalles del jubón de su jinete, y chocando su hocico juguetonamente contra el pecho del ahora rey Baru, que sonrió de genuina alegría, alargando sus manos para acariciar el hocico de la poderosa bestia, con una dulzura que pocos creerían posible, pero solo aquellos que conocían al rey de verdad sabían cuánto amaba a su dragón, su mejor amigo y el más querido, dejándose olfatear por el dragón dorado, que pareció reprocharle de esa forma todo el tiempo transcurrido desde que lo había visitado esa semana. Sakura acarició amorosamente las escamas de Dreamfire, sonriendo cuando la escuchó llamarla "Reina Dragón", y la joven reina se sintió honrada por semejante título mientras rodeaba a su dragona que se quedó quieta, corroborando que la silla estuviera abrochada y subiendo al lomo de su querida amiga que posicionó sus alas para que estas le sirvieran de improvisada escalera, volviendo la mirada hacia Baru al hallarse sobre el lomo de Dreamfire, viéndolo acomodarse sobre Sunfire, acariciando el lomo del cariñoso dragón.
Tan pronto como sus jinetes estuvieron sobre sus respectivos lomos, ambos dragones se movieron por el Foso de Dragones para salir, Sunfire batió sus alas y fue el primero en salir, elevándose en el cielo y Dreamfire lo siguió muy de cerca, dejando que el suelo se desvaneciera debajo y a la multitud que continuaba gritando por ellos, abandonando el Septo para observar con asombro el vuelo de los dos hermosos dragones. Dreamfire y Sunfire eran madre e hijo, que hubiera una atracción romántica entre ambos no era posible, pero los habitantes de Desembarco del Rey no sabían eso y vieron a los dos dragones volar muy cerca uno del otro como una danza de amor, mezclando sus colores; el dorado de Sunfire contra la malva de Dreamfire, ambos dragones comenzando a dar vueltas alrededor de la ciudad, uno al lado del otro. El momento era absolutamente perfecto, todo se sentía como siempre debería ser, Sunfire y Dreamfire se hallaban dando su segunda vuelta alrededor de la ciudad, solo faltaba una más antes de dirigirse hacia la Fortaleza Roja para que el joven rey se sentará en el Trono de Hierro…Repentinamente se escuchó un estallido que hizo que ambos jinetes se observaran con confusión, volviendo la mirada sobre sus hombros para ver qué pasaba, mas no vieron nada; luego se escuchó un segundo estallido, más fuerte que cualquier campanada del Septo y que sacudió la estructura. Preocupada, temiendo por sus hijos que no sabía si habían abandonado el Septo al igual que Sasuke, Sakura haló de las riendas e hizo que Dreamfire se separara de Sunfire, necesitando saber qué pasaba, pero ello coincidió con el aleteo de las alas de un dragón y que emergió del Foso de Dragones bajo su incrédula mirada y la de Baru.
El dragón que emergió del Foso de Dragones, desde la entrada al Septo, era rojo como la sangre y enorme, casi tanto como Dreamfire; era su hija, Meleys, la dragona de la princesa Naori y que hasta ahora se había hallado bajo arresto en sus aposentos, pues aún no había regresado a Driftmark, pero aparentemente alguien la había ayudado a escapar, mas todo en lo que Sakura pudo pensar fue en sus hijos, temió que algo les hubiera pasado, pero antes de que el temor se adueñara de ella, otro batir de alas y un fuerte rugido la hizo volver la mirada en la dirección contraria. De los bosques reales emergió la imponente figura de Vaghar, no había otro dragón que pudiera comparársele, Sakura lo vio acercarse y Dreamfire ronroneó en respuesta, su corazón se llenó de alivio cuando vio a Sasuke sobre el lomo del viejo dragón, y abrazados a él estaban Daisuke y Sarada, si ellos estaban a salvo entonces todos los miembros de su familia también, su madre, su abuelo, sus doncellas y sir Kakashi; Hay una bestia debajo de las tablas, Sakura apretó los dientes y maldijo haber intentado ignorar esa visión y que ahora se materializaba entre sus ojos, cobrando la vida de inocentes aún dentro de Septo. Furioso contra la traidora que era la princesa Naori, que había decidido apoyar al bando Negro y no escuchar negociación o propuesta que tuvieran para ella, Baru hizo amague de seguir a la llamada "Reina Roja" como se conocía a la dragona de la princesa, pero esta se alejó volando antes de que él pudiera alcanzarla, para poner a salvo a su jinete, y el joven rey gruñó furioso a lomos de Sunfire, como no dudo en hacer igual; no era una certeza, pero Baru ya veía empañada su coronación con esa acción y no pudo evitar pensar en las vidas cobradas en la huida de la "Reina Que Nunca Fue".
El fuerte batir de las alas de Vaghar regresó a Sakura a la realidad, volviendo el rostro hacia el viejo dragón y a Sasuke sobre su lomo, que la observó preocupado, recorriéndola con la mirada como si quisiera comprobar que ella estaba bien, ante lo que la reina asintió, sometiendo al mismo análisis a sus pequeños hijos que parecían a gusto sobre el viejo dragón, en especial Sarada. Sakura bajó la mirada hacia la ciudad, hacia los alrededores del Septo y Foso de Dragones, no entendiendo la necesidad y crueldad de la princesa Naori para huir lastimando a terceros que eran inocentes, la reina solo pudo pensar en cuantos ya habrían muerto aplastados por la estructura del Septo, por las mismas personas que habían intentado escapar…¿Por qué tanta crueldad? El paso del tiempo fue una eternidad mientras Sakura se enfocaba en Baru, que le indicó que continuarán, dando la tercera y última vuelta alrededor de la ciudad antes de dirigirse a los muros de la Fortaleza Roja, donde sus dragones descendieron—también Vaghar—y luego ellos; al llegar, fueron recibidos nuevamente por su abuelo el lord Mano, que los guío al salón de audiencias donde todos los nobles se hallaban presentes para prestarles juramento de obediencia. Aun nerviosa e inquieta, Sakura entrelazó una de sus manos a su espalda con la de Sasuke de pie a su lado, al igual que Daisuke y Sarada, ambos—así como su madre la reina viuda, su abuelo y sir Kakashi—viendo como Baru subía al imponente Trono de Hierro y se sentaba sobre este con asombrosa facilidad, no parecía que este le punzara o cortará, la maldición desde tiempos de Baru I y según la cual el trono rechazaba a quien fuera indigno de él, una prueba más de la legitimidad de su ascensión al trono más poderoso de todos.
Poniente tenía un nuevo rey, era un hecho.
Fortaleza Roja, Desembarco del Rey
El juramento fue sencillo, ninguno de los nobles presentes en la corte al momento de la ascensión de Baru se opuso a su reclamo, había partidarios de su hermana Izumi, pero en el año 101 el rey Naka había decretado que las mujeres no podían asumir el trono ni los bastardos, por ende el reclamo de Baru era legítimo, por lo que todo quedó zanjado con prontitud, tal solo faltaba el juramento de lealtad de los demás lores de los respectivos reinos anexos, sometidos al poder de la corona, pero ello llevaría semanas o meses. Esa noche tuvo lugar un suntuoso banquete por la coronación del rey, pero Sakura tuvo una expresión de permanente angustia y con lágrimas en los ojos, sintiéndose deprimida como muchos por la tragedia en el Septo ante la huida de la princesa Naori; Baru por otro lado pareció un niño todo el tiempo, riendo, bromeando y bebiendo, con la corona del Conquistador en su cabeza, incluso para Sasuke—sentado junto a su hermana—resultaba increíble que su hermano le hubiera prometido huir al otro lado del Mar Estrecho para beber y prostituirse hasta morir como parecía haber deseado. La reina agradeció el momento en que pudo pedirle permiso a su madre para retirarse—ya que Baru estaba ocupado bebiendo y bromeando con sus amigos—, indicándole primero a Hinata y Tenten que se retiraran para hacer dormir a Daisuke y Sarada que se habían quedado despiertos más tarde de lo usual, y luego ella marchándose en compañía de Ino a sus aposentos, escoltada además por sir Arsen que era su guardia consagrado; alrededor de una hora después, luego de que sus hijos se durmieran, Sakura ingresó en los aposentos de su hermano a través del pasadizo secreto.
—Baru se emborrachó tanto que no se dio cuenta de que me fui— comentó la reina, finalmente aliviada de no tener que fingirse perfecta.
—Supongo que nunca lo hace— de pie junto a la chimenea, el príncipe tuerto envolvió sus brazos alrededor de su hermana tan pronto ella estuvo a su alcance, mas ella primero alzó sus manos hacia su rostro para desabrochar el parche que cubría su faltante ojo izquierdo. —¿Por qué siempre deseas verlo?— inquirió, genuinamente curioso.
—Porque no deberías ocultar tu rostro, eres hermoso— contestó Sakura como si fuera evidente, trazando el contorno de su cicatriz desde la ceja hasta el pómulo.
—Muchos discreparían— protestó Sasuke despreocupadamente, —y la verdad no me importa mi aspecto— no era Baru, no le importaba lo que pensaran los demás.
—Que bien, así puedo tenerte solo para mí— celebró ella envolviendo sus brazos alrededor de su cuello con deleite.
Sasuke sonrió ladinamente ante el elogió de su hermana, su hermosa reina cuyo rostro acunó entre sus manos, viendo como ya no llevaba la corona real en la cabeza sino que sus largos rizos rosados caían sueltos sobre sus hombros, tampoco llevaba joyas, pero si el mismo vestido con el cual la había visto todo el día y que la hacía desearla aún más, porque ella era real, porque por fin estaba por encima de cualquier otra persona y ello incluía a su arrogante hermana mayor. Habiéndola deseado todo el día, Sasuke inclinó su rostro sobre el de su hermana y tomó posesión de sus labios, sintiendo los de Sakura moverse en respuesta contra los suyos, abriéndole camino a su lengua, susurrando su nombre mientras entrelazaba sus manos contra las suyas, arqueándose inmediatamente; ella no necesitaba ser como las golfas que Baru frecuentaba en los burdeles, no tenía que rebajarse al nivel de nadie, Sasuke sabía que su hermana lo deseaba tanto como él la deseaba a ella, sentía su piel erizarse bajo su tacto, y él se encontraba suspirando permanentemente, anhelando tan solo un momento entre sus brazos. Temblando de deseo, entreabriendo los ojos para observar el atractivo semblante de su hermano, Sakura fue la primera en hacer un movimiento, descendiendo sus manos por el pecho de él y desabrochando el fajín que cerraba el jubón, que se encargó de desabrochar con igual presteza, suspirando cuando sintió las ágiles manos de su hermano desabrochándole el vestido y que envió al suelo al mismo tiempo que ella dejaba caer su jubón. Quitándole la camisa a su hermano por encima de la cabeza, Sakura se entretuvo trazando las líneas de sus músculos hasta llegar a sus pantalones.
—¿En qué piensas?— inquirió Sasuke, sintiendo su atención dividida como señal de que estaba pensando.
—Me pregunto si Izumi debería ser reina— admitió Sakura, ante lo que sintió detenerse las manos de su hermano. —Nuestro padre la declaró su heredera, para bien o para mal, aunque no haya precedente— no cesaba de temer la respuesta de su hermana ante su coronación, justa o no.
—A veces eres demasiado noble y dulce, Sakura— negó el príncipe tuerto, viendo a su hermana fruncir el ceño. —No es la amabilidad lo que distingue a un rey— otras cualidades definían un reinado.
—Pero eso no ha de permitir que nos rija el odio— difirió la reina, tan versada en historia y política como él.
—Nunca hemos experimentado amabilidad de nuestra hermana, ¿Por qué deberíamos tenerle alguna consideración?— cuestionó él como defensa para su visión.
—Sabes que no tengo una respuesta para eso— obvió ella con una distraída sonrisa.
El príncipe tuerto no tardó en desanudar el camisón de su hermana y reina, deslizándolo por su perfecta anatomía y dejándolo caer el suelo, ante lo que Sakura encontró su mirada con la suya, tomándolo de la mano y guiándolo hacia la cama, su cama, sobre la que ella se recostó voluntariamente, viéndolo a los ojos en todo momento con una invitación a la que Sasuke no pudo negarse, quitándose las botas y desabrochándose los pantalones antes de recostarse lentamente encima de ella. Un suspiro de inevitable satisfacción salió de los labios de Sakura al sentir los labios de Sasuke sobre los suyos, no había hambre ni lujuria ciega, solo ternura mientras sentía sus labios deslizarse por su cuello y mentón, susurrándole cuanto la amaba y haciéndola estremecer, arqueándose contra él cuando sintió sus manos deslizarse por su anatomía y deseando lo que solo él podía darle, envolviendo sus piernas alrededor de sus caderas; sus caderas se arquearon tan pronto como sintió los dedos de Sasuke penetrar en su interior, corroborando que ella ya estaba lista para recibirlo, jadeando su nombre y meciendo sus caderas al encuentro de sus dedos. No dejaba de ser maravilloso para Sasuke la forma innata en que su hermana respondía a él, y más cuando ella deslizó una de sus manos contra la suya, retirándola de su interior y haciéndola subir hacia sus labios, donde ella limpio sus dedos con cálidos besos y lamidas mientras su otra mano se envolvía alrededor de su miembro, acariciándolo mientras lo guiaba hacia su sexo en una silente suplica, Sasuke no podía dejar de mirarla mientras se relamía los labios, toda ella era la imagen más erótica y perfecta sobre el mundo conocido.
—Nuestro hermano es un completo idiota con sus gustos espantosos en mujeres— suspiró Sasuke, no creyendo que hubiera mujer más deseable que ella.
—Por un lado, tiene su lado bueno, de otro modo estaría embarazada todo el tiempo— Sakura intentó ver el lado bueno, mas deseando volver a tener otro hijo también.
—Ojalá yo pudiera hacerlo posible— se lamentó el príncipe tuerto, deseando de igual modo otro hijo. —Te mantendría satisfecha y saciada— esa era su labor más importante junto con hacerla feliz.
—Lo sé, y no lo quisiera de otra forma— asintió la reina, rozando su nariz contra la de su hermano.
Toda ella era la imagen más tentadora sobre los Siete Reinos, demasiado para que cualquiera pudiera resistirse, y Sasuke no tardó en guiar su miembro hacia su estrecho interior, sintiéndola recibirlo tan perfectamente como siempre, arqueándose contra él, meciendo sus caderas a su encuentro, echando la cabeza hacia atrás y gimiendo su nombre; él tenía aquella mirada tan vulnerable en su rostro, demostrando cuanto significaba el acto amatorio para él, era más que solo sexo, era hacerle el amor y pertenecerle por completo. Sasuke penetró completamente en el interior de su hermana con una última embestida, ambos tan íntimamente unidos que resultó abrumador, quedándose quietos por un instante a partes iguales, disfrutando del momento, temblando en brazos del otro, Sakura deslizando sus manos por la espalda y músculos de su hermano, tratando de sentirlo lo más profundamente suyo que era posible, sintiéndolo gemir su nombre roncamente mientras se retiraba y volvía a embestir con profundidad. Al inicio siempre era algo extraño, debido a lo grande que era su hermano, pero tan pronto como sintió que Sasuke se retiraba, este comenzó a embestir al mismo ritmo implacable de siempre, reteniendo sus caderas contra las suyas, haciéndola gemir su nombre una y otra vez, suplicando por más mientras guiaba sus caderas al encuentro de las suyas, ella no tenía el control estando debajo de su hermano, pero no importaba, ella se sentía poderosa por despertar semejante deseo y vulnerabilidad en un hombre a quien todos temían, porque no había nadie que pudiera pasar por encima de Sasuke, y él siempre se sometía a ella.
Sakura se arqueó contra el cuerpo de su hermano mientras sentía sus manos acariciar su cuerpo, delineando sus curvas, amasando sus pechos, retirándose casi por completo de su interior para embestir con rudeza, con embestidas erráticas y rápidas, respirando agitada y frenéticamente contra sus labios, expresándole su deseo mientras ella torpemente acunaba su rostro entre sus manos y lo halaba hacía sí en un besos desesperado, recorriendo el interior de su boca con su lengua, sintiendo el clímax cada vez más y más cerca, a punto de estallar y ella lo anhelaba desesperadamente. Ambos sentían sus caderas temblar contra las del otro, él la llenaba tan profundamente, encajaban tan perfectamente juntos...La sensación era maravillosa, absolutamente perfecta, parecía no poder sentirse mejor, pero Sakura sabía cómo; sintiendo a su adorado hermano dócil contra ella, Sakura invirtió las posiciones al rodar sobre su espalda, montando a horcajadas sobre el regazo de Sasuke sin necesidad de retirar su miembro de su interior, tan solo lo hizo al hallarse sobre su regazo para dejarse caer sobre él, viendo los nudillos de Sasuke casi blancos mientras halaba de las sabanas, gimiendo su nombre mientras la dejaba tener el control, ella montándolo ansiosamente, persiguiendo el orgasmo que él le ofrecía, recostándose contra su torso para hacerle sentir sus pechos y que él tanto adoraba, escuchándolo gruñir su nombre. Sasuke meció sus caderas el encuentro de las embestidas que su hermana guiaba, gruñendo al derramarse en su interior, sintiendo a Sakura gritar su nombre y alcanzar el clímax al mismo tiempo, buscando sus labios en un beso al que él correspondió de inmediato.
No importaba cuanto tiempo pasara, el orgasmo siempre se sentía dulce y maravilloso para Sakura, quien suspiro de placer mientras sentía a su hermano derramarse en su interior, quieto debajo suyo y suspirando su nombre mientras luchaba por recuperar el aliento; era un acto de traición que compartiera la cama con su hermano en la misma noche de su coronación, cuando debería estar con su esposo, pero Sakura no pudo evitar desear en secreto que la semilla de Sasuke echara raíces en su vientre. Si tan solo Baru la llamara al menos una sola—temblaba ante la idea, pero se encontró deseándolo también para lograr su propósito—, Sasuke y ella podrían compartir la cama sin que ella que tuviera necesidad de beber el té de luna una vez por semana como ya hacía, así ella podría llevar otro hijo suyo en su vientre, le demostraría cuanto lo amaba con nuevo niño o niña que él adoraría tanto como a Daisuke y Sarada, lo dejaría llenarla de hijos hasta que los dioses de Valyria reclamaran sus vidas…Ardiendo de deseo ante la sola idea de que aquel plan se concretara, Sakura meció sus caderas contra las de su hermano hasta sentir que su miembro volvía a endurecer en su interior. Sasuke acababa de recuperar el aliento, pero la invitación de su hermana era demasiado para que cualquier hombre pudiera negarse, por lo que el príncipe tuerto la hizo quedar debajo suyo bruscamente, girándole las piernas hacia el colchón para tomarla desde un ángulo nuevo, en que ella lo sintió más profundamente, gimiendo su nombre otra vez, halando de las sabanas y persiguiendo un nuevo clímax. Ese era el único poder que Sakura deseaba, reinar sobre la vida, la mente y la cama de su hermano…
Era tarde por la noche, seguramente la hora del lobo, pero de igual forma Ino recorrió los pasillos, maldiciendo que la reina no se hallará en sus aposentos cuando ella acudió en su busca, pero no dudo en buscar en el único otro lugar donde sabía debía hallarse, en los aposentos del príncipe Sasuke. La Yamanaka no se había encontrado durmiendo, todo su aspecto general delataba que había permanecido en el banquete hasta que este había llegado a su fin; su vestido era de gasa y lino verde agua muy claro, de favorecedor escote corazón ceñido a sus curvas, con finos tirantes y mangas de hombros caídos, acampanadas y traslúcidas, como la falda de velo que se arremolinaba a su andar, teniendo rosas doradas—el emblema de su familia—bordadas en los tirantes, en contorno de las mangas, el escote y en una línea al costado de su falda desde el vientre al dobladillo, con un fajín marrón oscuro envolviendo su cintura, y su largo cabello rubio caía sobre sus hombros, peinado por rosas doradas. Intercambiando una mirada con sir Sai, quien no dudó en dejarla pasar, la Yamanaka ingresó lentamente en la habitación del príncipe tuerto, cruzando la sala de recepción hacía la habitación privada cuyas puertas estaban abiertas, había un reguero de ropa desde la chimenea hacia la cama, prendas del príncipe Sasuke y otras de la reina Sakura hasta que los ojos de Ino se enfocaron en la cama, donde dos figuras yacían abrazadas, la Yamanaka tuvo que rodear la cama al distinguir la espalda del príncipe Sasuke, maldiciendo su suerte mientras veía a la reina abrazada del príncipe, ambos profundamente dormidos aparentemente, mas ella necesitaba despertar a su reina.
—Majestad— nombró Ino en voz baja, ante lo que su reina de sueño habitualmente ligero abrió los ojos. —El rey quiere verla— informó en apenas un susurró.
—¿Ahora?— ello asombró a Sakura, que vio asentir a su doncella.
Era una suerte que Ino fuera tan eficiente en su trabajo, trayendo consigo un camisón limpio, bata y joyas, el problema fue para Sakura zafarse lentamente del abrazo de Sasuke, agradeciendo que este tuviera el sueño pesado al hallarse en sus propios aposentos, por lo que ella abandonó su lado y fue recibida por Ino que la ayudó a colocarse el camisón por encima de la cabeza, entregándole la bata y que ella se colocó por el camino mientras abandonaba la habitación de su hermano, no siendo su deseo, pero si su deber. Sir Sai apartó la mirada como si no hubiera visto nada, siempre tan leal y lo que hizo que Sakura le dirigiera una sonrisa—al igual que hizo Ino, observándolo por encima del hombro—, en tanto Ino le peinaba el cabello con las manos, agradeciendo que hubiera un tramo relativamente largo hasta los aposentos de su esposo en esa misma planta, la rubia acomodándole un cintillo sobre la cabeza para despejar su rostro y terminando de ordenar su cabello mientras la reina se colocaba unos pequeños pendientes; el camisón era simple, color beige pálido de escote alto y redondo, decorado con encaje y anudado en el frente, holgado sobre su cuerpo y anudado en las mangas, con una bata verde musgo de cuello alto y que ella mantuvo abierta, deteniéndose por fin en la puerta de los aposentos de su esposo. Sir Sakon, el guardia consagrado de su esposo, la reverenció al abrirle las puertas, y Sakura no pudo evitar apretarse las manos nerviosamente al entrar, Baru y ella llevaban seis años casados, pero apenas habían compartido la cama, él no ocultaba su pasión por los burdeles, ¿Por qué la llamaba ahora? La reina no supo qué pensar al cruzar la sala hacia la habitación privada, encontrando a su esposo de pie en el umbral.
—Hermana— saludó Baru con voz relajada. —Espero no haber molestado tu sueño— pareció preocupado de haberlo hecho.
—Descuida, no podía dormir— mintió Sakura con una ligera sonrisa, no deseando que se preocupara.
—Te llame porque quisiera pedirte un favor, si te es posible— inició el rey, viendo asentir a su esposa. —Como sabrás, ahora que soy rey el sastre real se encargará de confeccionar nuevos atuendos para mí, pero me gustaría que estás llevarán bordados y sé que él no será tan eficiente— planteó como solicitud. —Quería consultarte si podrías bordar mis jubones personalmente— había visto sus bordados y conocía su talento.
—Claro— asintió la reina, honrada por las palabras de su esposo. —¿Qué te gustaría?— consultó, queriendo tener claro con que trabajar.
—Bordados de dragones, de Sunfire, para que me represente; en el pecho o a lo largo de la tela, como tu prefieras— explicó él, sonriendo al recordar los bordados de su jubón de coronación. —Nadie borda mejor que tú— era una afirmación.
—Me pondré a trabajar tan pronto como el sastre tenga lista tu ropa— prometió ella, no teniendo ningún otro trabajo en mente por ahora.
—Gracias— apreció Baru con una sonrisa, sabiendo que siempre podía confiar en ella.
Los ojos de Sakura no pudieron evitar analizar a su esposo, era evidente que Baru era un ave nocturna, que la vida de juerga y fiestas le apasionaba, pues mientras que ella habría podido seguir durmiendo hasta la mañana, él se veía fresco como una lechuza, sosteniendo una copa de vino en su mano derecha, como si no hubiera bebido toda la noche durante el banquete. Portaba una camisa blanca de cuello alto y en V, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas, encima una bata de igual color sin mangas y que permanecía abierta, pantalones beige y pantuflas, con su cabello castaño ligeramente despeinado, tenía una sonrisa de confianza que se le hizo extraña a la par que contagiosa a Sakura, desde que lo había visto ser coronado era como si su esposo se hubiera convertido en un nuevo hombre, no mejor, pero se le veía más resuelto y feliz, le recordaba al hermano de sus años de infancia temprana, que pese a sus bromas pesadas siempre era divertido, parecía que la carga del desprecio de otros ya no pesaba sobre sus hombros y ello la alegró. Observando el perfecto semblante de su inocente hermana, Baru dio un paso más cerca y alargó su mano para acariciar su rostro y sus sedosos rizos rosados que escapaban de su peinado, sintiéndola estremecer bajo su tacto, habían pasado años desde la última vez que la había tenido y Baru no pudo evitar desear recordar que se sentía coger con su esposa; sus hijos no habían nacido del amor, aunque Sakura si los amaba, él principalmente a Daisuke como su sucesor, porque así lo había tratado su propio padre, el amor no podía existir en un matrimonio como el suyo, pero él podía sentir deseo por su esposa.
—Nuestra madre desea que compartamos la cama— informó Baru, habiendo escuchado a su madre sugerirle aquello durante el banquete.
—¿Ahora?— preguntó Sakura con nerviosismo, no sabiendo que pensar pese a la esperanza de quedarse embarazada de Sasuke.
—Izumi está embarazada, y lo último que necesitamos es ser opacados si nace otro niño— justificó él, pues pronto enviaría una delegación a parlamentar a Dragonstone. —¿Te molesta?— consultó, acercándosele para quitarle la bata y que dejó caer al suelo.
—No, solo es inesperado— sosegó ella, no queriendo causar sospecha. —Ha pasado mucho tiempo— no era una mentira, no había esperado que la deseara otra vez.
Conocía a Baru lo suficiente, estaba acostumbrada a lo que él quería de las mujeres, por lo que Sakura se acercó a la cama e inclinó contra esta, era la posición estándar en que sabía a su hermano le gustaba coger con las prostitutas y ella no era diferente pese a ser su esposa, mas, sintió el tacto de sus hermano en su cadera, indicándole que se irguiera...al parecer quería verla a los ojos, y pese a que la hiciera estremecer de nervios la idea de pensar en Sasuke mientras Baru la cogía, Sakura se volvió hacia él y dejó que la tomara de la mano, recostándola sobre la cama. Esta vez Baru fue suave, se sentó sobre el colchón a su lado y se quitó la bata, así como la camisa que arrojó al suelo, recostándose lentamente encima de ella tras quitarse las pantuflas, y mientras la veía a los ojos se inclinó para besarla; Sakura se quedó quieta, no supo cómo contestar, nunca se habían besado después de dar el sí ante el Septón Ebisu el día de su boda; Baru no era un mal besador, presionó sus labios contra los suyos y pidió entrada a su boca con su lengua, reclamando lo que era suyo cuando ella apenas entreabrió los labios. En medio del beso, Sakura sintió a Baru desabrocharle el escote del camisón y deslizar la tela por su cuerpo, amasando sus pechos, deslizando sus labios de los suyos por su mentón, cuello y el valle entre sus pechos, lamiendo su piel...Sakura recordó la sensación de los labios de Sasuke, sus manos amasando sus pechos...Se sentía tan diferente, ella sentía tanto asco, no podía ver a Baru como otra cosa que su hermano, en nada había cambiado que ahora él fuera el rey y ella su reina, y lo reafirmó cuando Baru se desabrochó los pantalones, le levantó la falda y embistió contra su interior.
Baru retuvo las caderas de su esposa contra las suyas, gruñendo mientras la follaba, no siendo suave ni delicado sino agresivo y brusco, tomando lo que deseaba, porque había olvidado lo bien que se sentía coger a esta mujer que era completamente suya, ella no era como las prostitutas de los burdeles, él no tenía que pagarle por afecto, puede que fuera su hermana y no la amara, pero ella estaba ahí debajo suyo y recibiendo sin quejarse cada una de sus embestidas, ella era lo único verdaderamente suyo en el mundo, suya ante los Siete. Ver a su esposo encontrar placer en su cuerpo sin quiera mirarla, sin compartir palabra alguna, hizo que no por primera vez Sakura se preguntará si las mujeres en los burdeles sentían lo mismo cuando Baru cogía con ellas, porque no le hacía el amor jamás, solo estaba cogiendo con ella como con cualquier otra mujer antes que ella, y con cualquiera otra que cogiera después…consoló a Sakura que al menos uno de los dos, estuviera obteniendo placer del deber encomendado por su madre. Ese era el baile que los unía, como la vez que habían danzado esa noche al abrir el banquete, un juego, una rutina como su vida diaria y en que uno elogiaba al otro, mas solo uno obtenía placer de ello, ella lo comprobó cuando Baru comenzó a gruñir encima de ella y ella únicamente estrechó una de sus manos contra la suya en señal de afecto, afecto de hermana, Baru era su esposo y aunque le desagradara la idea, él era libre de tomar lo que quisiera tan a menudo como quisiera, ella era su trofeo y botín, su sumisa esposa dedicada a engendrar y parir sus hijos, eso es lo que su madre le había enseñado…ojala eso hiciera más fácil soportar la insatisfacción posterior.
Las embestidas de su esposo se volvieron erráticas y, con una última penetración, se derramó en su interior mientras se hundía profundamente en ella, desplomándose encima suyo, exhausto, respirando con dificultad contra su cuello, y Sakura únicamente alzó sus manos para acariciarle la espalda, fingiendo haber sentido placer para no ofender su frágil ego, ese era el día de su hermano y él merecía disfrutarlo, uno de los dos merecía hacerlo. Baru no dijo una sola palabra a su esposa, no acostumbraba a decir nada a las golfas de los burdeles, tan solo inclinó su rostro sobre el suyo para besarla en la mejilla y en agradecimiento porque ella era siempre tan dulce con él, no sentía deseo suficiente por su esposa como para volver a frecuentar su cama, pero su lívido estaba lo suficientemente saciado para no requerir su compañía otra vez por mucho tiempo, quizás en un mes o dos, pero no más, y Sakura no era muy expresiva en la cama de cualquier forma. Su esposo se retiró de su interior y se recostó a su lado como si ella fuera otra golfa cualquiera con la que cogía en un burdel, sintiendo asco ante la sensación de su semilla…siempre era igual, Baru y ella estaban atrapados juntos, tratando de sobrevivir en una situación que no habían elegido, unidos por una camaradería retorcida. Fue fácil para Sakura mantener la mirada fija en la nada, no sabiendo que esperar después de esa noche, ¿Baru volvería a llamarla? Su esposo era conocido por su mirada errante sobre las damas, todo por su propia diversión y satisfacción, por lo que ella no pudo evitar pensar que esa noche era en vano, si de milagro se embarazaba de Sasuke, esa noche habría valido la pena, de otro modo a la mañana siguiente se odiaría a sí misma y sentiría asco mientras se bañaba, como hacía seis años atrás.
Ojalá todo valiera la pena.
PD: Saludos queridos y queridas, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Las siguientes actualizaciones serán "Caballeros del Zodiaco", luego "Kóraka: El Desafío de Eros" y por último "Dragon Ball: Guerreros Saiyajin" :3 Esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su constante apoyo, consejo y asesoría en cada nuevo proyecto), a Karen Yareli (dedicándole esta historia por ser la primera persona en aprobar la historia), a Isabel Vazquez (agradeciendo su apoyo y hermosas palabras, dedicándole esta historia como agradecimiento), así como a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos, bendiciones y hasta la próxima.
Personajes; Bando Verde:
-Sakura Uchiha como Helaena Targaryen (20 años) -Sasuke Uchiha como Aemon Targaryen (19 años)
-Baru Uchiha como Aegon II Targaryen (22 años) -Kagen Uchiha como Daeron Targaryen (16 años)
-Daisuke Uchiha como Jaehaerys Targaryen (5 años) -Sarada Uchiha como Jaehaera Targaryen (5 años)
-Hanan Haruno como Alicent Hightower (43 años) -Kizashi Haruno como Otto Hightower
-Ino Yamanaka como Fernande Tyrell (20 años) -Hinata Uzumaki como Alyssa Lannister (personaje original)
-Tenten Namiashi como Daena Westerling (personaje original) -Karin Kanako como Nymeria (personaje original)
Personajes; Bando Negro:
-Izumi Uchiha como Rhaenyra Targaryen (34 años) -Itachi Uchiha como Daemon Targaryen (50 años) -Naori Uchiha como Rhaenys Targaryen (60 años)
Guardias Reales:
-Kakashi Hatake como Ser Criston Cole (44 años) -Arsen Konohagakure como Willis Fell (guardia de la princesa Sakura)
-Sakon Otogakure como Arryk Cargyll (guardia del príncipe Baru) -Sai Shimura como Richard Thorne (guardia del príncipe Sasuke)
Adaptación, Respeto & Devoción: En el libro "Fuego & Sangre", el personaje de Arryk Cargyll declaraba haber encontrado al príncipe Aegon en un burdel de mala muerte y centro de apuestas, cogiendo con una "niña", algo que la serie no representó sino que Aegon había sido secuestrado; en esta versión, Baru si esta en el centro de apuestas, y Sasuke lo encuentra fornicando con una golfa cualquiera, lo que lo hace enfurecer. Respetando lo que cuenta el libro, pasan días de preparativos antes de que tenga lugar la coronación, y el día anterior a la ceremonia los restos del rey Tajima son quemados de acuerdo a la tradición Valyria; la serie "House of the Dragon" hizo un trabajo maravilloso diseñando los aposentos de Helaena, tuve que investigar y buscar capturas, pero trate de representarlos lo mejor posible, pues representan su nueva posición como reina y como se siente, por eso en lugar de tapices, llena la paredes con dibujos de sus visiones para no olvidarlas. En el libro, Aegon y Helaena son coronados juntos, lo que la serie se salto, por lo que yo representó la coronación de ambos, con sus atuendo respectivos (negro y dorado en el caso de Baru, quien por cierto respeta el talento de su esposa en el bordado y recurre a ella), por lo que el diseño de la corona de Sakura es obra mía. Tras la coronación, el rey y su esposa debían volar tres veces alrededor de la ciudad en sus dragones y dirigirse a la Fortaleza Roja, donde Baru se sentaría en el trono, ocasión que se ve empañada por la princesa Naori (esposa de la Serpiente Marina) escapa de la Fortaleza Roja y huye con Meleys del Foso de Dragones, hiriendo y matando a muchos por atravesar el Septo, lo que nos deja claras la forma de actuar del Bando Negro. El capitulo cierra con el banquete de coronación, y Sasuke y Sakura permaneciendo juntos en medio de todo.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: un fic inspirado en un What If de la Dinastía Romanov, que aún no tiene título, "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
