Capítulo 76: El llamado de un héroe egoísta.
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Draco recuerda ese día, poco antes de ir al laberinto, cuando había estado con Nico.
Draco esperó hasta que llegara Nico antes de dormir, aunque Lavender ya prácticamente roncaba, Draco no se atrevió a dormir en su cama. Nico apareció justo antes del toque de queda y por algún motivo, se sintió como esos padres que esperan a sus hijos de brazos cruzados en la puerta. Nico tenía este rostro pensativo que le hizo sentir inquieto, solamente levantó una ceja al verlo y Draco levantó las manos al aire porque su pequeño mocoso se estaba volviendo un adolescente bastante molesto. Para su sorpresa el niño no fue a su cama, en su lugar se colocó en la suya y se puso de espaldas ofreciéndole un cepillo de cabello que Draco tomó confundido.
Suspiró.
Comenzó a cepillar el cabello, Nico prácticamente ronroneo.
Solía hacerlo cuando estaban juntos, Nico decía que Bianca solía hacerlo, pero ahora Bianca era una cazadora y Nico estaba a su cuidado.
—¿Qué estás ocultando? —susurra porque los hermanos Stoll lo matarían si los levanta a estas horas.
Nico lo ve sobre su hombro, su cabello está cerca de sus hombros y le recuerda al cabello de Severus, versión menos grasoso y un poco punk adolescente.
—Nada.
—No te metas en problemas.
—Vendrías para rescatarme si lo hiciera.
Draco lo odia, porque es verdad, así que solamente se acuesta y en lugar de irse, Nico es como un puto gato durmiendo a su lado; Draco sabe que significa antes que suceda el día siguiente.
Sí.
Despierta en el suelo por una patada de Nico.
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Mientras corren, Draco no sabe porque tiene ese recuerdo, no tiene nada que ver, ya había cumplido su parte del trato cuando rescato a Nico y Will del campamento, pero el recuerdo está ahí.
Encontrar el lugar al que tenían que ir fue fácil. Percy les llevó derecho al misma, en un tramo abandonado de la ladera con vistas al Foro en ruinas.
Entrar fue fácil también. La espada de oro de Jason cortó el candado y la puerta metálica se abrió. Ningún mortal los vio. Ninguna alarma se encendió. Los escalones de piedra en espiral bajaban hacia la oscuridad.
―Yo voy primero, ―dijo Jason.
―¡No! ―gritó Piper.
Los dos chicos se volvieron hacia ella.
―Pipes, ¿qué sucede?, ―preguntó Jason―. Esa imagen en la hoja... ya la has visto antes, ¿verdad? ―
Ella asintió con la cabeza, con los ojos picándole.
― Yo no sabía cómo decírtelo. Vi la habitación de allí llena de agua. Vi a los tres ahogándonos. ―
Jason y Percy fruncieron el ceño.
Draco también ofendido que incluso en visiones no formara parte.
―No me puedo ahogar ―dijo Percy, aunque sonaba como si estuviera haciendo una pregunta.
―Tal vez el futuro ha cambiado, ―especuló Jason―. En la imagen que nos mostraste hace un momento, no había nada de agua. ―
―Y salgo fuera de las profecías, puedo cuidarlos― finaliza Draco aburrido.
Los tres chicos miran a Piper que parece tener dudas con lo que dicen ellos, aunque mira a Draco casi expectativa y con esperanza por su ultimo comentario.
―Mira, ―dijo Percy―. Voy a echarle un vistazo primero. Está bien. Vuelvo enseguida. ―
Antes de que Draco pudiera objetar, él desapareció por el hueco de la escalera.
Contó en silencio mientras esperaban que volviera. Alrededor del treinta y cinco, oyó sus pasos, y él apareció en lo alto, parecía más desconcertado que aliviado.
Su vínculo siempre estuvo tranquilo.
―Buenas noticias: no hay agua, ―dijo―. Malas noticias: no veo ninguna salida por allí. Y, uh, noticias raras: bien, deberían ver esto... ―
Bajaron con cuidado.
Percy se puso por delante con Riptide iluminando. Piper le seguía, y Jason caminaba detrás de ella, cuidando sus espaldas, por último iba Draco mirando hacía su hombro confundido de como terminaron aquí. La escalera era un sacacorchos estrecho de mampostería, no más de dos metros de diámetro. A pesar de que Percy había dejado "todo claro", Draco mantuvo sus ojos abiertos por las trampas. Con cada vuelta de la escalera, esperaba una emboscada.
A medida que se abrieron paso por el subterráneo, Draco vio grafiti viejo pintado en las piedras: números romanos, nombres y frases en italiano. Eso significaba que otras personas habían estado aquí más recientemente que el Imperio Romano, pero Draco no se tranquilizó. Si los monstruos estaban debajo, habían ignorado a los mortales, esperando unos semidioses jugosos agradables por venir.
Finalmente, llegaron a la parte inferior.
Percy se volvió.
―Cuidado con este último paso. ―
Se puso en el suelo de la habitación cilíndrica, que estaba cinco pies por debajo de la escalera. ¿Por qué iba alguien a diseñar un conjunto de escaleras así? Draco no tenía ni idea. Tal vez la habitación y el hueco de la escalera había sido construidos durante diferentes períodos de tiempo.
Avanzaron hacia abajo.
La habitación era interesante, las paredes curvas una vez habían sido pintadas con frescos, que se desvanecieron ahora a cáscaras de huevo blanco con manchas de color solamente. El techo abovedado estaba a unos cincuenta pies más arriba.
Alrededor de la parte de atrás de la sala, frente a la escalera, nueve espacios estaban tallados en la pared. Cada nicho estaba a unos cinco metros del suelo y lo suficientemente grande para una estatua de tamaño humano, pero cada uno estaba vacío.
El aire era frío y seco. Como Percy había dicho, no había otras salidas.
―Está bien. ―Percy levantó las cejas―. Esta es la parte extraña. Miren. ―
Avanzó al medio de la habitación.
Al instante, luz verde y azul ondulada a través de las paredes. Draco escuchó el sonido de una fuente, pero no había agua. No parecía haber ninguna fuente de luz a excepción de las hojas de Percy y Jason.
Su arma no brillaba, se ofendió al respecto.
―¿Huelen el océano?, ―preguntó Percy.
Draco no se había dado cuenta al principio.
Pero él tenía razón. El olor del agua salada y de la tormenta estaba cada vez más fuerte, como un huracán que se acerca en verano.
Se sujeto la nariz queriendo vomitar.
―¿Una ilusión?, ―se preguntó Piper.
―No lo sé, ―dijo Percy―. Siento que debe haber agua aquí, mucha agua. Pero no hay nada. Nunca he estado en un lugar como este. ―
Jason se trasladó a la fila de nichos. Tocó el estante inferior de la más cercana, que estaba justo a su nivel del ojo.
― Esta piedra... está integrada con conchas marinas. Este es un ninfeo. ―
― ¿Un qué? ―
―Tenemos uno en el Campamento Júpiter, ―dijo Jason―, en El Templo de la Colina. Se trata de un santuario dedicado a las ninfas. ―
Draco pasó la mano por la parte inferior de otro nicho. Jason tenía razón. El espacio estaba tachonado con caracoles, caracoles y conchas de peregrino. Las conchas marinas parecían bailar a la luz acuosa. Eran heladas al tacto.
Draco siempre había pensado en las ninfas como amigables espíritus tontos y coquetos, generalmente inofensivas. Se llevaban bien con los hijos de Afrodita.
Les encantaba compartir consejos de chismes y belleza. Este lugar, sin embargo, no se sentía el lago canoa en el Campamento Mestizo, o los arroyos en los bosques. Este lugar parecía antinatural, hostil y muy seco.
Jason dio un paso atrás y examinó la hilera de nichos.
— Santuarios como este estaban por todo el lugar en la antigua Roma. Los ricos los tenían fuera de sus casas para honrar a las ninfas, para asegurarse de que el agua local estuviera siempre fresca. Algunos santuarios fueron construidos alrededor de manantiales naturales, pero la mayoría fueron hechos por el hombre. ―
―Así que... ¿no hay ninfas reales vivas aquí?, ―se preguntó Piper esperanzada.
―No estoy seguro, ―dijo Jason―. Este lugar donde estamos parados habría sido una piscina con una fuente. Muchas veces, si el ninfeo pertenecía a un semidiós, él o ella podían invitar a las ninfas a vivir allí. Si los espíritus aceptaban, que se consideraba buena suerte―
―Para el propietario, ―Percy adivinó―. Pero también se uniría a las ninfas a la nueva fuente de agua, lo que sería muy bueno si la fuente se encontraba en un parque soleado agradable, con agua fresca bombeando a través de los acueductos…―
―Pero este lugar ha estado bajo tierra durante siglos, ―adivinó Piper―. Seco y enterrado. ¿Qué pasaría con las ninfas? ―
El sonido del agua cambió a un coro de silbidos, como serpientes fantasmales. La luz ondulante pasó de mar azul y verde a cal púrpura y enfermiza. Por encima de ellos, los nueve nichos brillaban. Ya no estaban vacías.
De pie en cada una había una mujer vieja marchita, tan seca y quebradiza que recordó Draco de momias, excepto que las momias no se mueven normalmente.
Sus ojos eran de color púrpura oscuro, como si el agua azul clara de su fuente de vida se había condensado y vuelto espesa en el interior de ellos. Sus vestidos de seda fina ahora estaban hechos jirones y se desvanecían. Sus cabellos habían estado vez apilados en rizos, dispuestos con joyas en el estilo de mujeres de la nobleza romana, pero ahora sus cerraduras eran desaliñadas y secas como paja.
Si los caníbales de agua existieron en realidad, Draco pensó, que así era como lucirían.
―¿Qué pasaría con las ninfas?, ―dijo la criatura en el nicho central.
Ella estaba en una situación aún peor que las demás. Tenía la espalda encorvada como el mango de una jarra. Sus manos esqueléticas tenían sólo una capa fina como el papel de piel. En su cabeza, una corona de laureles de oro maltratada brillaba en su pelo.
Fijó sus ojos púrpuras en Piper.
Nadie pareció importarle al respecto, los chicos casi agradecían la falta de atención, al menos Draco lo hizo.
―No me da buena espina―susurra Draco por bajo.
―Qué pregunta tan interesante, querida. Tal vez las ninfas todavía están aquí, sufriendo, esperando la venganza. ―
Bien.
Estaba loca.
Draco dudo si usar su arma esta vez, estaba débil ya que Leo no pudo hacerle nada aun, y tal vez debería guardarla para la lucha contra los gigantes.
Jason y Percy se pusieron a ambos lados de Piper, con las espadas listas.
―¿Quién eres tú? ―exigió Percy.
La ninfa Central volvió la cabeza.
― Ah... nombres. Una vez tuvimos nombres. Yo era Hagno, ¡la primera de las nueve! ―
―Las nueve, ―repitió Jason―. Las ninfas de este santuario. Siempre hubo nueve nichos. ―
―Por supuesto. ―Hagno enseñó los dientes en una sonrisa cruel―. Pero somos las originales nueve, Jason Grace, las que asistieron al nacimiento de tu padre. ―
Draco gime y Percy lo ve de reojo, pero ambos lo saben, nada bueno puede salir de algo relacionado con Zeus.
―¿Te refieres a Júpiter? ¿Ustedes estaban allí cuando nació? ―
―Zeus, fue llamado entonces, ―dijo Hagno―. Un cachorro chillón. Asistimos a Rea en su labor. Cuando el bebé llegó, lo ocultamos para que su padre, Cronos, no se lo coma. ¡Ah, tenía pulmones, ese bebé! Era todo lo que podíamos hacer para ahogar el ruido, así Cronos no lo podía encontrar. Cuando Zeus creció, nos prometió honores eternos. Pero eso fue en el viejo país, en Grecia. ―
Las otras ninfas gemían y arañaban sus nichos. Parecían estar atrapado en ellos, Draco se dio cuenta, como si sus pies estaban pegados a la piedra junto con las conchas decorativas.
―Cuando Roma llegó al poder, nos invitaron aquí, ―dijo Hagno―. Un hijo de Júpiter nos tentó con favores. Un nuevo hogar, prometió. ¡Más grande y mejor! Sin pago inicial, un excelente barrio. Roma va a durar para siempre. ―
―Para siempre― susurraron las otras.
De forma bastante tétrica.
¿Alguna vez un villano los llevaría a unas playas?
Siempre escucha de Cancún en las novelas, tal vez seria un buen lugar para enfrentar un villano, eso que odia el mar.
―Cedimos a la tentación, ―dijo Hagno―. Salimos de nuestros pozos y manantiales sencillos en el monte Liceo nos mudamos aquí. ¡Durante siglos, nuestras vidas fueron una maravilla! Partes, los sacrificios en honor, vestidos y joyas nuevas cada semana. Todos los semidioses de Roma coqueteaban con nosotros y nos honraba. ―
Las ninfas gimieron y suspiraron.
―Pero Roma no duró, ―gruñó Hagno―. Los acueductos fueron desviados. Nuestra villa de maestría fue abandonada y demolida. Nos olvidado, sepultadas bajo la tierra, pero no podíamos salir. Nuestras fuentes de vida se dirigían a este lugar. Nuestro viejo maestro nunca tuvo a bien liberarnos. Durante siglos, nos hemos marchitado aquí en la oscuridad, sed... mucha sed. ―
Las otras clavaron sus uñas en sus bocas.
―Lo siento por ti, ―dijo Piper, claramente tratando de usar su encanto vocal―. Debe haber sido terrible. Pero nosotros no somos sus enemigos. Si podemos ayudar…―
―¡Oh, una voz tan dulce!, ―exclamó Hagno―. Esas hermosas facciones. Una vez fui joven como tú. Mi voz era tan suave como un arroyo de montaña. Pero, ¿sabes lo que pasa en la mente de una ninfa, cuando ella se encuentra atrapada en la oscuridad, sin nada para alimentarse, solo el odio, nada de beber solo pensamientos de violencia? Sí, querida. Nos van a ayudar. ―
Percy levantó la mano.
― Uh... yo soy hijo de Poseidón. Tal vez pueda convocar a una nueva fuente de agua. ―
―¡Ja!, ―exclamó Hagno, y los otros ocho hicieron eco: ¡Ja! ¡Ja!, fue bastante tetrico―De hecho, hijo de Poseidón, ―dijo Hagno―. Conozco a tu padre también. Efialtes y Otis prometieron que ibas a venir. ―
Draco se golpeo la frente con la mano.
Joder.
Esto iba de mal en peor.
Piper le puso la mano en el brazo de Jason para apoyarse.
―Los gigantes, ―dijo ella―. ¿Están trabajando para ellos? ―
―Ellos son nuestros vecinos. ―Hagno sonrió―. Sus cámaras están más allá de este lugar, donde fue desviada el agua del acueducto para los juegos. Una vez que se han ocupado de eso... nos ayudaran... los gemelos han prometido que nunca vamos a sufrir de nuevo―Hagno se volvió hacia Jason. ― Tú, hijo de Júpiter por la traición horrible de tus predecesores que nos trajeron aquí, deberás pagar. Conozco los poderes del dios del cielo. ¡Yo lo crié desde bebé! Una vez, las ninfas controlaban la lluvia por encima de nuestros pozos y manantiales. Cuando haya terminado contigo, vamos a tener ese poder de nuevo. Y Percy Jackson, hijo del dios del mar... de ti, vamos a tomar agua, un suministro interminable de agua. ―
―¿Interminable? ―Percy miró de una ninfa a otra―. Eh... mira, yo no sé nada de interminable. Pero tal vez podría ahorrarles unos cuantos litros. ―
―Y tú, Piper McLean. ―Los ojos morados de Hagno brillaron―. Tan joven, tan hermosa, tan dotada con tu dulce voz. De ti, vamos a recuperar nuestra belleza. Hemos salvado nuestra fuerza de vida pasada para este día. Estamos con mucha sed. ¡De los tres, vamos a beber! ―
Luego voltearon a ver a Draco.
Pero a diferencia de otras veces, simplemente decidió que era mejor no ser notado.
Saludo con la mano.
―Hola, yo puedo esperar por ahí en una esquina―señala hacía otro lado con una sonrisa.
―Tendremos tus poderes―decide Hagno casi indiferente.
Maldición.
Tan cerca.
Los nueve nichos brillaban. Las ninfas desaparecieron, y el agua brotaba de sus alcobas, enfermiza agua oscura, como el petróleo.
Maldición.
El lugar se llenaba a una velocidad alarmante. Piper, Jason, Percy y Draco golpeaban las paredes, en busca de una salida, pero no encontraron nada. Subieron a los nichos para ganar algo de altura, pero con agua saliendo de cada nicho, era como tratar de equilibrarse en el borde de una cascada. A pesar de que Draco estaba en un nicho, el agua estaba pronto hasta las rodillas. Desde el suelo, probablemente había ocho pies de profundidad y crecía rápidamente.
―Yo podría intentar con un rayo, ―dijo Jason―. ¿Tal vez la explosión haga un agujero en el techo? ―
Draco no dijo nada.
Había pensado en usar magia, pero aunque la congelara, esta parecía avanzar sin piedad.
El agua daba miedo.
Siempre lo dijo.
Nadie le hizo caso.
Si era un poco hipócrita teniendo a su mejor amigo como Percy Jackson, pero detalles.
―Eso podría reducir toda la habitación y aplastarnos, ―dijo Piper.
―O electrocutarnos, ―agregó Percy a lo cual Draco asintió.
―No hay muchas opciones, ―dijo Jason.
―Déjame buscar en el fondo, ―dijo Percy―. Si este lugar se construyó como una fuente, tiene que haber una manera de drenarlo. Ustedes, comprueben en los nichos por salidas secretas. Tal vez las conchas marinas son botones, o algo así. —
Fue una idea desesperada.
No sabia si era peor o mejor, el agua lo hizo sentir más débil como el vinculo con Nico.
Mierda.
Estaba demasiado débil, no tenían mucho tiempo.
Percy saltó en el agua. Jason y Piper pasaron de nicho a nicho, pateando y golpeando, moviendo conchas marinas incrustadas en la piedra, pero no tuvieron suerte.
Entonces el vinculo hizo que Draco jadeara, antes de voltear a ver antes que saliera.
Más pronto de lo esperado, Percy salió a la superficie, jadeando y agitándose. Draco le tendió la mano, y él la atrajo casi antes de que ella pudiera ayudarlo a levantarse.
―No podía respirar, ―se atragantó él―. El agua... no es normal. Apenas lo logré. ―
La fuente de la vida de las ninfas, Draco pensaba. Fue envenenada y maldita, incluso un hijo del dios del mar no podía controlarlo.
A medida que el agua se elevó a su alrededor, Draco sintió que le afectaba demasiado. Los músculos de sus piernas temblaban como si hubiera estado corriendo durante millas. Sus manos se volvieron arrugadas y secas, a pesar de estar en el medio de una fuente.
Los chicos se movieron lentamente.
El rostro de Jason estaba pálido. Parecían estar teniendo problemas para sostener su espada. Percy estaba empapado y tiritando. Su pelo no parecía tan oscuro, como si el color se estuviera desvaneciendo.
―Están tomando nuestro poder, ―dijo Piper.
―Nos Drenan―
―Jason, ―Percy tosió―, haz el rayo―
Jason levantó la espada. La sala retumbó, pero no apareció un rayo. El techo no se rompió. En su lugar, una tormenta en miniatura se formó en la parte superior de la cámara. La lluvia caía, llenando la fuente aún más rápido, pero no era lluvia normal. Era tan oscura como el agua de la piscina. Cada gota picó la piel de Draco.
―No es lo que yo quería, ―dijo Jason.
Bien mala idea.
¿Qué más podrían hacer?
No pudo evitar pensar en Hércules diciéndole que debería usar los poderes de su padre, pero si no funcionaron con Jason, duda que lo hagan con él.
Mira a sus amigos que parecen desesperados y puede sentir curioso el miedo de Percy al agua, por primera vez desde que lo conoce.
Este lo ve.
Draco lo mira y su ceño se frunce.
No.
Maldita sea, no iba a dejar a Percy Jackson tener miedo.
Se arrojo debajo del agua, aunque sintió que alguien lo llamaba, maldijo debajo del agua sin poder respirar (aunque eso sería cualquier humano que no fuera hijo de Poseidón), nado con dificultad y muy poca experiencia a la parte más baja. Coloco ambas manos en la pared queriendo hacerla explotar con magia, mandando al carajo cualquier idea de seguridad.
Cuando un rostro comenzó aparecer en la pared.
Hagno.
Con rostro furioso, pero lejos de asustarse, algo dentro de Draco sonrió antes que la ninfa pudiera hacer algo, porque tomo sus mejillas.
Entonces.
Vacío.
Draco sintió un dolor en su cabeza, pero noto algo preocupado, que la magia se utilizaba incluso más fácil que la vez pasada, el imperius (un hechizo que si alguien supiera que hace lo mandaría a Azkaban) se sintió tan natural. Dejando de lado sus manos que parecían oscuras, no sabiendo si era por el agua oscura u otra cosa, la ninfa pareció querer luchar.
Pero no.
Esto era diferente al hechizo verbal de Piper, esto era muy diferente.
"Libéranos de aquí maldita bruja", quería matarla, pero era una deidad, no sería tan fácil.
¿Qué hay de la maldición asesina?
Se vio tentado.
Todo su interior parecía esperar que tomara venganza, una oscuridad dentro de él exigía ser liberada, pero no hizo nada. Solamente observo fijamente como la ninfa luchaba un poco contra él, pero Draco la mantuvo fuertemente sujeta debajo del agua.
Sonrió con maldad cuando los ojos de la ninfa quedaron en blanco.
Entonces.
El agua comenzó a descender.
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―¿Qué hiciste? ―dice Percy cuando salen de la habitación y la ninfa está en el suelo en estado de shock, sin moverse, congelada.
Draco siente que todo duele, sus manos han vuelto a su color natural, pero duelen mucho.
Para que la magia funcione, al no usar su varita, tiene que estar en contacto con quien lo toque.
Interesante.
―Magia―dice antes de que Piper y Jason contengan una mirada curiosa.
Las otras criaturas parecían tenerle miedo a Draco, Piper parecía molesta, ella había querido ayudarles, pero Draco simplemente las ignoro. La chica comento algo de darles agua pura, pero Draco la sujeto de la muñeca y le recordó a Nico.
Con una mirada a Jason que parecía sentir pena, quiso recordarle que era egoísta, pero no le importo.
Las escaleras a la superficie volvieron a aparecer. Directamente por debajo, una abertura circular cobró vida, como una tubería de alcantarillado, apenas lo suficientemente grande para gatear por ella.
Las criaturas tenían miedo.
Mucho miedo, cuando Draco paso.
―Pueden volver a la superficie, ―dijo una de las horribles criaturas cuando Draco se acercó, chillando asustada―. O, si ustedes insisten, pueden seguir la vía fluvial hacia los gigantes. Pero elijan rápidamente, debido a que ambas puertas se desvanecerán pronto después de que me haya ido. Ese tubo se conecta a la línea de acueducto antiguo, que alimenta tanto este ninfeo y el hipogeo que los gigantes de llaman casa. ―
―Ugh. ―Percy presionó en las sienes―. Por favor, no más palabras complicadas. ―
―Oh, hogar no es una palabra complicada. ―la criatura se estremeció cuando Draco la sujeto sin piedad de la cabeza, Piper intento quejarse, pero se mordió el labio.
―Vámonos―dijo Draco dejando ir a la alimaña sola.
Sus amigos no parecían felices con el desenlace de las cosas, pero Draco no pudo importarle menos.
No es un héroe.
No con los que no le importa.
Y no le interesa.
Nico esta cerca, lo puede sentir.
Draco se puso adelante cuando se arrastraron por el tubo de drenaje. Después de diez metros, este se abrió en un túnel más ancho. A su izquierda, en algún lugar a lo lejos, Draco oyó retumbar y crujir, como una enorme máquina necesitando lubricación. Él no tenía ningún deseo de saber lo hacía ese sonido, así que pensó que ese debía ser el camino a seguir.
Varios cientos de metros más adelante, llegaron a un recodo del túnel. Draco levantó la mano, señalando a Jason, Piper y Percy que esperaran, este último menos que feliz al respecto. Se asomó por la esquina.
El pasillo desembocaba en una amplia sala con veinte pies de altura y filas de columnas de soporte.
El crujido y estruendo provenía de enormes engranajes y sistemas de poleas que subían y bajaban las secciones de la planta sin ninguna razón aparente. El agua fluía a través de zanjas abiertas (oh, genial, más agua), la alimentación de las ruedas hidráulicas resultaban de algunas de las máquinas. Otras máquinas estaban conectadas a ruedas de hámster enormes con perros del infierno en el interior.
Colgado del techo había jaulas con animales vivos un león, varias cebras, un paquete completo de hienas e incluso una hidra de ocho cabezas. De aspecto de bronce antiguo y correas de cuero junto con montones de armas y armaduras, una especie de almacén de las Amazonas en Seattle, excepto que este lugar era obviamente mucho más antiguo y no tan bien organizado.
A Leo le encantaría, Draco pensó.
Toda la habitación era como una enorme, máquina de miedo, poco fiable.
―¿Qué es esto? ―susurró Piper.
Draco no estaba seguro de cómo responder. No vio a los gigantes, por lo que hizo un gesto a sus amigos para pasar al frente y echar un vistazo.
Cerca de veinte pies de la puerta, un recorte de tamaño natural de madera de un gladiador apareció desde el suelo. Hizo clic y zumbó a lo largo de una cinta transportadora, se enganchó en una cuerda, y ascendió a través de una ranura en el techo.
Jason murmuró:
― ¿Qué diablos? ―
Entraron.
Draco escaneó la habitación. Había miles de cosas que ver, la mayoría de ellas en movimiento, pero un buen aspecto de ser un semidiós con TDAH era que Draco se sentía cómodo con el caos. Un centenar de metros de distancia, vio un estrado con dos sillas vacías de gran tamaño. De pie entre ellos había una jarra de bronce lo suficientemente grande como para mantener a una persona.
Eso hizo que Draco se iluminara visiblemente.
―Miren. ―Draco señaló a sus amigos.
Piper frunció el ceño.
― Eso es demasiado fácil. ―
Es triste que, aunque se enojara el comentario, entendiera frustrado el motivo, porque tenía razón.
―Por supuesto, ―dijo Percy.
―Pero no tenemos otra opción, ―dijo Jason―. Tenemos que salvar a Nico. ―
Algo parpadeo en su pecho ante las palabras de Jason, bajo la mirada confundido sin entender que pasaba, pero no había tiempo para pensar.
―Sí. ―
Draco comenzó por la habitación, buscando su camino alrededor de las cintas transportadoras y las plataformas móviles.
Los perros del infierno en las ruedas de hámster no les prestaron atención.
Estaban demasiado ocupados corriendo y jadeando, con los ojos rojos brillando como faros. Los animales en las otras jaulas daban un aspecto aburrido, como si dijeran, te matarían, pero se necesitaría mucha energía para eso.
Draco intentó tener cuidado con las trampas, pero aquí todo parecía una trampa.
Recordó cuántas veces había estado a punto de morir en el laberinto unos años atrás. Él realmente deseaba que Hazel estuviera aquí para que pudiera ayudar con sus habilidades de metro (y por supuesto para que pudiera reunirse con su hermano).
Saltó sobre la zanja de agua y se metió debajo de una fila de lobos enjaulados.
Estaba a la mitad de la jarra de bronce cuando el techo se abrió sobre ellos. Una plataforma bajó. De pie en él, como actor, con una mano en alto y su cabeza alta, estaba Efialtes el gigante de cabello púrpura.
Era pequeño para los estándares de los gigantes, unos veinte pies de altura, pero él había tratado de compensarlo con su fuerte traje. Se había quitado la armadura de gladiador y ahora llevaba una camisa hawaiana que incluso Dionisio habría encontrado vulgar.
Tenía una impresión llamativa formada héroes muriendo, horribles torturas y leones que comían los esclavos en el Coliseo.
El cabello del gigante estaba trenzado con monedas de oro y plata. Tenía una lanza de tres metros a la espalda, que no caía bien con la camisa. Llevaba pantalones blancos brillantes y sandalias de cuero en sus... bueno, no, pies, cabezas de serpiente, pero curvos. Las serpientes sacudieron sus lenguas y se retorcían como si no les gustaba soportar el peso de un gigante.
Efialtes sonrió a los semidioses como si estuviera muy, muy contento de verlos.
―¡Por fin!, ―gritó él―. ¡Muy feliz! Honestamente, no pensé que lograrían llegar más allá de las ninfas, pero es mucho mejor que lo hicieran. Mucho más entretenido. ¡Llegan justo a tiempo para el evento principal! ―
Este había capturado a Nico.
El rosto de Draco se volvió lívido y saco su lanza lista para la lucha, incluso la presencia de Percy a su lado no lo alejo de su deseo.
Matar.
Siente que haber usado el imperius fue una mala idea, una parte dentro de su cabeza se lo susurra, pero ahora mismo solo quiere degollar algo.
Jason y Piper cerraron filas a cada lado de Percy.
Este gigante era más pequeño que una gran cantidad de monstruos a los que se habían enfrentado, pero algo le hizo erizar a Draco la piel. Los ojos de Efialtes bailaban con una luz de locura.
Similar a la suya.
Le hizo tener cuidado.
―Estamos aquí, ―dijo Percy, eso sonaba bastante obvio una vez que él había dicho—. Venimos por nuestro amigo. ―
―Por supuesto, ―dijo Efialtes―. Aunque me temo que estamos un poco más allá de su fecha de caducidad. Otis, ¿dónde estás? ―
A un tiro de piedra de distancia, el suelo se abrió, y el otro gigante ascendió sobre una plataforma.
―Otis, ¡por fin!, ―Exclamó su hermano con alegría―. ¡Tú no estás vestido igual que yo! Tú eres... ―la expresión de Efialtes se convirtió en horror―. ¿Qué llevas puesto? ―
Otis parecía la bailarina de ballet más grande del mundo. Llevaba un ceñido leotardo azul celeste que Draco realmente deseaba que dejara más a la imaginación. Las puntas de sus zapatillas de baile estaban cortadas para que sus serpientes pudieran sobresalir. Una tiara de diamantes (Draco decidió ser generoso y pensar en eso como la corona de un rey) de verde, cabello trenzado.
Parecía triste y miserablemente incómodo, pero se las arregló para parecer un bailarín, lo que no debe haber sido fácil con pies de serpiente y una lanza enorme en su espalda.
―Dioses y Titanes, ―gritó Efialtes―. ¡Comienza el espectáculo! ¿Qué estás pensando? ―
―Yo no quería llevar el traje gladiador, ―se quejó Otis—. Sigo pensando que un ballet sería perfecto, ya sabes, mientras que el Armagedón está pasando. —Él levantó las cejas con suerte a los semidioses―. Tengo algunos disfraces, extra―
―¡No!, ―espetó Efialtes. El gigante de cabello púrpura dio la cara a Draco. Él sonrió dolorosamente, se veía como si estuviera siendo electrocutado. ―Por favor, disculpen a mi hermano, ―dijo―. Su puesta escénica es horrible, y no tiene sentido del estilo.―
Vaya forma de matar el ambiente.
Draco miro el jarrón tenso y nervioso.
Su interior tenía una idea de quien estaba ahí.
―Está bien. ―Percy decidió no hacer comentarios sobre la camisa hawaiana―. Ahora, en cuanto a nuestro amigo... ―
―Oh, él ―se burló Efialtes―. Íbamos a dejarlo terminar muriendo en público, pero no tiene valor de entretenimiento. Ha pasado días acurrucado durmiendo. ¿Qué tipo de espectáculo es ese? Otis, vuelca el frasco. ―
El comentario hizo que Draco se erizara, la mano de Jason por algún motivo se sintió pesada sobre su brazo, algo tiraba de su pecho, pero Draco lo ignoraba solo pensando en Nico.
Otis caminaba hacia el estrado, deteniéndose de vez en cuando para hacer un plié. Él tiró la jarra, la tapa se desprendió, y Nico di Angelo se derramó. La visión de su rostro pálido mortal y demasiado flaco, hizo que a Draco se le parara el corazón.
Estaba vivo.
Débil, pero vivo, su vínculo lo decía.
Pero estaba mal.
El rostro de Draco se volvió casi homicida.
Recuerdos de ese niño que conoció tantos años atrás, sonriendo a su lado mostrando las cartas de mitomagia, mientras este Nico lucia tan…herido. Piper gimoteo a su lado intentando usar su encanto para controlarlo, pero una mirada de Draco la hizo retroceder.
―Ahora tenemos que darnos prisa, ―dijo el Gran F―. Tenemos que ir a través de sus direcciones escénicas. ¡El hipogeo está todo listo! ―
Draco estaba listo para cortar a este gigante por la mitad y salir de allí, pero Otis estaba de pie junto a Nico. Si la batalla comenzaba, Nico no estaba en condiciones de defenderse.
Voltea a ver a Percy que parece con dudas.
Todos están tensos.
Draco quiere muerte, esta listo para hacer todo arder, pero antes ocupa a Nico en sus brazos.
Si intentan tocarle un solo dedo.
Bueno.
Draco no le importa que clase de monstruo se convierta cuando los torture también hasta la muerte.
Jason levantó su gladius.
― No vamos a ser parte de ningún programa, ―dijo―. ¿Y qué es una hipoglucemia, eso que dijiste? ―
―Hipogeo, ―dijo Efialtes―. Tú eres un semidiós romano, ¿no? ¡Tú debes saber! Ah, pero supongo que si hacemos bien nuestro trabajo aquí en el subsuelo, realmente no sabrías que el hipogeo existe. ―
―Conozco la palabra, ―dijo Piper―. Es el área bajo un coliseo. Albergaba todas las jugadas a balón parado y maquinaria utilizados para crear efectos especiales. ―
Efialtes aplaudió con entusiasmo.
― ¡Exactamente! ¿Eres estudiante de teatro, mi niña? ―
―Uh... mi papá es un actor. ―
―¡Maravilloso! ―Efialtes se volvió hacia su hermano―. ¿Has oído eso, Otis? ―
―Actor, ―murmuró Otis―. Todo el mundo es un actor. Nadie puede bailar. ―
―¡Sé amable! ―Efialtes regañó―. En cualquier caso, mi niña, tienes toda la razón, pero este hipogeo es mucho más que eso para un coliseo. ¿Has oído que en los viejos tiempos algunos gigantes fueron encarcelados bajo la tierra, y de vez en cuando causaban terremotos tratando de liberarse? ¡Bueno, hemos hecho algo mejor! Otis y yo hemos estado encarcelados en Roma durante millones de años, pero nos hemos mantenido ocupados construyendo nuestro propio hipogeo. ¡Ahora estamos listos para crear el mayor espectáculo que Roma ha visto nunca, y el último! ―
A los pies de Otis, Nico se estremeció.
Draco le envió todos los sentimientos que pudo por el vínculo.
Estoy aquí.
Quería gritar.
Estoy aquí por ti, vine.
Como lo prometi.
―¡Aja!, ―Dijo Percy, con la esperanza de mantener la atención de los gigantes en él—. ¿Las acotaciones, has dicho? ―
―¡Sí!, ―Dijo Efialtes―. Ahora, sé que su generosidad establece que tú y la chica Annabeth se deben mantener con vida si es posible, pero, sinceramente, la chica ya está condenada, así que espero que no te importe si me desvío del plan. ―
La boca de Draco sabía a agua de ninfa mala, maldita sea, no tiene ni un momento de paz.
―. ¿Ya condenada? No te refieres a que ella está…―
―¿Muerte?, ―se preguntó el gigante―. No. Todavía no. ¡Pero no te preocupes! Tenemos otros de tus amigos encerrados, ya verás. ―
No pueden estar muertos.
Al menos no Frank.
Aunque no siente sus vínculos del todo, están ahí, no han desaparecido como los de Luke o Bianca.
Piper hizo un sonido estrangulado.
―¿Leo? ¿Hazel y Frank? ―
―Son ellos. ―Efialtes asintió―. Así que podemos utilizarlos para el sacrificio. Podemos dejar morir la niña Atenea, a favor de Su Excelencia. ¡Y podemos utilizarlos a ustedes tres para el show! Gea estará un poco decepcionada, pero en realidad, esta es una victoria. Sus muertes serán mucho más entretenidas. ―
Jason gruñó.
― ¿Quieres entretenimiento? Te voy a dar entretenimiento ―
Piper se adelantó. De alguna manera se las arregló para sacar una dulce sonrisa.
―Tengo una idea mejor, ―dijo a los gigantes―. ¿Por qué no nos dejas ir? Ese sería un giro increíble. El valor del entretenimiento maravilloso, y sería una manera de demostrar al mundo lo genial que eres. ―
Nico agitó. Otis bajó la mirada hacia él. Las serpientes de sus pies sacudieron sus lenguas en la cabeza de Nico.
Esta vez Jason tuvo que usar su fuerza para frenarlo.
Draco estaba destilando aura de muerte.
A su alrededor costaba respirar.
―Contrólate por favor―suplicaba Percy en su mente.
―Además, ―dijo Piper rápidamente viéndole de reojo―. Además, podemos hacer algunos movimientos de baile mientras escapamos. ¡Tal vez un número de ballet! ―
Otis se olvidó por completo de Nico. Él avanzó pesadamente y señaló a Efialtes.
― ¿Ves? ¡Eso es lo que estaba diciendo! ¡Sería increíble! ―
Por un segundo, Draco pensó que Piper iba a lograrlo. Otis miró a su hermano implorante. Efialtes tiró de su barbilla como si estuviera considerando la idea.
Al fin meneó la cabeza.
―No... no, me temo que no. Ya ves, mi niña, yo soy el anti-Dionisio. Tengo una reputación que mantener. ¿Dionisio cree que sabe de fiestas? ¡Está equivocado! Sus fiestas son mansas en comparación con lo que puedo hacer. Ese viejo truco que usamos, por ejemplo, cuando apilamos montañas para llegar Olimpo. ―
―Te dije que nunca iba a funcionar, ―murmuró Otis. ―Y la vez mi hermano se cubrió de carne y corrió a través de una carrera de obstáculos de dragones…―
―Dijiste que Hefesto―
—TV lo mostraría en horario estelar, ―dijo Otis―. Nadie siquiera me vio. ―
―Bueno, este espectáculo será aún mejor, ―Efialtes prometió―. ¡Los romanos siempre quisieron pan y circo, comida y entretenimiento! Al destruir su ciudad, voy a ofrecer los dos. ¡He aquí una muestra! ―
Algo cayó del techo y cayó a los pies de Draco: una hogaza de pan de molde en una envoltura de plástico blanco con puntos rojos y amarillos. Percy lo recogió.
― ¿Pan? ―
―Magnífico, ¿no es así? ―los ojos de Efialtes bailaban locamente de emoción―. Te puedes quedar con ese pan. Mi plan es distribuir millones al pueblo de Roma para luego destruirlos.
―El pan magnifico es bueno, ―admitió Otis―. Aunque los romanos tenían que bailar por él. ―
Draco miró a Nico, que estaba empezando a moverse.
―Tal vez, ―aventuró Percy― , deben traer a nuestros otros amigos aquí. Ya saben, muertes espectaculares... cuantos más mejor, ¿no? ―
―Hmm. ―Efialtes jugueteó con un botón de su camisa hawaiana―. No. Es realmente demasiado tarde para cambiar la coreografía. Pero no teman. ¡Los circos estarán maravillosos! Ah... no es del tipo de circo moderno, claro está. Para ello serían necesarios payasos, y yo odio a los payasos. ―
―Todo el mundo odia a los payasos, ―dijo Otis―. Incluso los otros payasos odian a los payasos. ―
―Exactamente, ―acordó su hermano―. ¡Pero tenemos un entretenimiento mucho mejor planeado! Los cuatro morirán en agonía, arriba, donde todos los dioses y los mortales puedan ver. ¡Pero eso es sólo el acto de inauguración! En los viejos tiempos, los juegos se prolongaban durante días o semanas. Nuestro espectáculo, la destrucción de Roma va a durar un mes completo hasta que Gea despierte. ―
Draco iba a lanzarse al ataque.
―Espera, ―dijo Jason―. ¿Un mes, y Gea despertará? ―
Efialtes desechó la pregunta.
― Sí, sí. Alrededor del primero de agosto, es la mejor fecha para destruir a toda la humanidad. ¡No importa! En su infinita sabiduría, la Madre Tierra se ha convenido en que Roma puede ser destruida primero, lenta y espectacularmente. ¡Es lógico! ―
―Así que... Son el calentamiento para el acto de Gea. ―dice Percy con el pan en sus manos.
El rostro de Efialtes se ensombreció.
― ¡Este no es el calentamiento, semidiós! Vamos a liberar a los animales salvajes y monstruos en las calles. Nuestro departamento de efectos especiales producirá los incendios y terremotos. ¡Hundimientos y volcanes aparecerán aleatoriamente de la nada! Los fantasmas emergerán. ―
―Los fantasmas no van a funcionar, ―dijo Otis―. Nuestros grupos de enfoque dicen que no están calificados. ―
―Escépticos, ―dijo Efialtes―. ¡Este hipogeo que cualquier cosa funcione! ―
Efialtes se acercó a una gran mesa cubierta con una sábana. Él tiró de la sábana, dejando al descubierto una serie de palancas y perillas casi tan complicada como el del panel de control de Leo en el Argo II.
―¿Este botón?, ―dijo Efialtes―. Este expulsará una docena de lobos rabiosos en el Foro. Y éste convocará gladiadores autómatas para batallar con los turistas en la Fuente de Trevi. ¡Esto hará que el Tíber inunde sus bancos para que podamos recrear una batalla naval justo en la Piazza Navona! Percy Jackson, debes apreciarlo, como hijo de Poseidón. ―
―Uh... Sigo pensando que la idea de dejarnos ir es mejor, ―dijo Percy.
―Tiene razón, ―intentó Piper de nuevo―. De lo contrario nos meteremos en toda esta confrontación. Pelearemos con usted. Ustedes con nosotros. Arruinaremos sus planes. Ustedes saben, hemos derrotado a un montón de gigantes últimamente. No me gustaría que las cosas se salgan de control. ―
Efialtes asintió pensativo con la cabeza.
―Tienes razón. ―
Piper parpadeó.
―¿La tengo? ―
―No podemos dejar que las cosas se salgan de control, ―acordó el gigante―. Todo tiene que estar perfectamente sincronizado. Pero no se preocupen. He coreografiado sus muertes. Les va a encantar. ―
Nico empezó a arrastrarse, gimiendo.
Parecía cansado.
Aun no levantaba la mirada.
Jason cambió su espada de mano.
― ¿Y si nos negamos a cooperar con su espectáculo? ―
―Bueno, no nos pueden matar. ―Efialtes se echó a reír, como si la idea fuera ridícula―. No tienen dioses con ustedes, y esa es la única manera en que podía aspirar al triunfo. Así que, en realidad, sería mucho más sensato morir dolorosamente. Lo sentimos, pero el show debe continuar. ―
Percy miró a sus amigos.
Especialmente a Draco.
―Es todo el tiempo que pude comprar, recuerda que estamos aquí también―dice con calma a Draco.
Entonces es todo.
Jason suelta su brazo, hay un destello naranja, siente algo que no es suyo.
Vinculo susurra una parte de su mente, pero recuerda que lo rechazo, así que no entiende como podría formarse de nuevo.
No importa.
Draco sale disparado sin esperar a nadie.
Las cosas fueron mal inmediatamente. Los gigantes desaparecieron en dos bocanadas de humo. Reaparecieron en medio de la habitación, cada uno en un lugar diferente.
No le importa.
Las ranuras en el suelo se abrieron bajo sus pies, y paredes de metal se dispararon a ambos lados, que Draco esquiva antes que alguien pueda hacer algo.
Salta y en un instante está ahí.
Nico levanta la mirada cansada, ojeras debajo de sus ojos, rostro pálido, mejillas hundidas y un olor que no es del todo agradable.
Nunca ha visto nada más hermoso.
Draco sonríe tanto que podría llorar.
―¿Draco? ―susurra Nico tan bajo que apenas lo escucha mientras lo abraza con fuerza.
Todo a su alrededor desaparece, solamente deja que su vinculo se llene de calidez, mientras acaricia la espalda de su pequeño hermano.
―Hey Gremlin, te dije que vendría―musita con cuidado contra Nico.
Esta aquí.
Esta aquí.
Esta en sus brazos, su vinculo esta vivo, esta con él, Draco se siente radiante de energía.
―¡Draco! ―chilla Piper preocupada corriendo hacía él.
Hay una bestia, no sabe si es un leopardo o un lobo, pero Piper queda congelada cuando con un rápido movimiento de lanza, aun con Nico contra él, decapita a la criatura sin dudarlo un instante. Nico solamente descansa contra él agotado.
―Shhh, está bien, estoy aquí, nada va a lastimarte más―le asegura con voz que promete una muerte lenta a cualquiera que le haga daño.
Aunque esos dos gigantes.
Sino fuera porque quiere tanto a Nico en sus brazos, ya habría matado a esos idiotas, aun ocupan su venganza.
Mientras tanto puede ver de reojo, Jason cargaba contra Otis, quien sacó su espada y dejó escapar un gran suspiro, como si él prefiriera bailar el Lago de los Cisnes en lugar de matar a otro semidiós.
Draco registró todo esto en una fracción de segundo, pero no había mucho que pudiera hacer al respecto.
La hidra rompió en sus manos a Percy. Se volvió y se dejó caer, aterrizando en un bosque de árboles de madera contrachapada pintada que surgieron de la nada. Los árboles cambiaban de posición cuando trataba de correr a través de ellos, por lo que redujo el bosque entero con Riptide.
―¡Maravilloso! ―Efialtes lloró. Se puso de pie en su panel de control a unos seis pies a la izquierda de Percy―. Vamos a considerar esto como un ensayo general. ¿Voy a dar rienda suelta a la hidra en la Plaza de España ahora? ―
Debe ir ayudar.
Ve a más monstruos acercarse, a regañadientes le da a Nico a Piper, ambos se ven de reojo confundidos, pero Draco decapita a los leopardos en un parpadeo.
Va ir por Percy.
―Quédate ahí, Nico y Piper no tienen armas―
La orden de Percy lo detiene de golpe.
Mira con furia a su amigo.
El gigante tiró de una palanca, y Percy miró detrás de él. La jaula de hace poco colgaba ahora estaba subiendo hacia una escotilla en el techo. En tres segundos se habría ido. Si Percy atacaba al gigante, la hidra asolaba la ciudad.
Maldiciendo, él lanzó a Riptide como un boomerang. La espada no fue diseñada para eso, pero la hoja de bronce Celestial cortó las cadenas de suspensión de la hidra. La jaula cayó de lado. La puerta se abrió, y el monstruo emergió fuera justo en frente de Percy.
―¡Oh, eres un aguafiestas, Jackson! ―Efialtes dijo―. Muy bien. Batalla aquí, si es necesario, pero tu muerte no será tan buena sin la energía del público. ―
Ocupan su ayuda.
Ocupa ir y pelear.
Ocupa vengarse.
Pero se congela, porque por un momento se ve así mismo, no ahora mismo, solamente ve un recuerdo de Percy y no sabía que podía hacerlo. Draco, sobre lo que parece un gigante, que recuerda sucedió en la misión con Frank y Hazel. Draco esta ahí, en el recuerdo, con rostro de locura, manos con tonalidades de piel negras y una mirada de locura.
Percy tiene miedo.
No de Draco.
Miedo de perderlo.
Draco se congela viendo la batalla.
Percy se adelantó para enfrentarse al monstruo, se dio cuenta de que acababa de tirar su arma. Un poco de mala planificación de su parte. Rodó hacia un lado mientras las ocho cabezas de la hidra escupían ácido, convirtiendo el suelo donde había estado de pie en un cráter humeante de piedra derretida.
La hidra atacó.
Apenas escapo.
Jason luchaba con Otis, espada contra espada. Otis había perdido su tiara de diamantes y lucía enojado al respecto.
Probablemente podría haber empalado a Jason varias veces, pero el gigante insistía en hacer una pirueta con cada ataque, lo que le ralentizaba.
Mientras tanto Efialtes se rió mientras presionaba botones en su panel de control, arrancando las cintas transportadoras a toda marcha y la abriendo las jaulas de los animales al azar.
La hidra cargó alrededor de la rueda del hámster.
Percy giró detrás de una columna, cogió una bolsa de basura llena de pan maravilloso, y la arrojó al monstruo. La hidra escupió ácido, lo cual fue un error. La bolsa y envoltorios se disolvieron en el aire. El pan maravilloso absorbió el ácido como la espuma del extintor y salpicó contra la hidra, cubriéndolo con una capa pegajosa, humeante de baba alta en calorías venenosa.
Tiene que ayudarle, pero el vínculo de Percy suplica que no se una.
―¿Draco? ―dice Piper confundida sujetando aun a Nico y Draco sigue atacando en su lugar a cualquier monstruo que se acerque.
Su lanza tiembla.
Parece débil.
No la ha podido reparar Leo.
¿En cualquier golpe podría romperse?
¿Un golpe de un gigante?
¿Un golpe de un olimpo?
A medida que el monstruo se tambaleaba, agitando sus cabezas y parpadeando por el maravilloso ácido en sus ojos, Percy miró a su alrededor con desesperación.
Escondido contra la pared del fondo estaba un artilugio extraño como caballete de artista, equipado con hileras de lanzadores de misiles. Draco vio una bazooka, un lanzagranadas, una gigantesca vela romana, y una docena de otras armas de aspecto malvado. Todas parecían estar cableadas juntas, apuntando en la misma dirección y conectadas a una palanca de bronce única a su lado. En la parte superior del caballete, escrito en claveles, estaban las palabras: ¡FELIZ DESTRUCCIÓN DE ROMA! .
¿Qué carajos era este lugar?
Percy avanzó hacia el dispositivo.
La hidra siseó y cargó detrás de él.
―¡Lo sé! ―Efialtes gritó alegremente―. ¡Podemos empezar con explosiones a lo largo de la Via Labicana! No podemos seguir esperando eternamente a nuestra audiencia. ―
La hidra se atravesó, bloqueando su visión del gigante.
Tiró de la palanca. No se movió.
Los ocho cabezas de la hidra se cernieron sobre él, listas para fundirlo en un charco de lodo. Tiró de la palanca de nuevo. Esta vez el caballete tembló, y las armas empezaron a silbar.
―Esquivar y cubrir, ―gritó Percy, esperando que sus amigos recibieran el mensaje.
Percy saltó a un lado cuando el caballete disparó.
El sonido era como una fiesta en medio de una fábrica de pólvora explosiva. La hidra se vaporizó al instante. Por desgracia, el retroceso volteó el caballete y envió más proyectiles disparados por toda la habitación. Un trozo de techo se derrumbó y aplastó una rueda hidráulica.
Más jaulas perdieron sus cadenas, desencadenando dos cebras y una manada de hienas. Una granada explotó sobre la cabeza de Efialtes, pero sólo tambaleó. El tablero de control ni siquiera lucía dañado.
Al otro lado de la habitación, sacos de arena llovieron alrededor de Piper y Nico.
Draco levanto la mano, nunca fue bueno con la magia defensiva, además odiaba admitir que de alguna forma desde hace días parecía que su magia salía más débil y dubitativa (siempre había confiado más en su cuerpo físico desde la maldición de Aquiles), pero la magia fruyo de sus manos para crear un escudo sobre ellos, pero aunque protegió a Nico y Piper una piedra golpeo su hombro.
Había preferido cubrir a los otros dos.
El ardor de su brazo lo hizo maldecir.
―¡Draco!, ―exclamó Jason.
Corrió hacia él, olvidando por completo a Otis, quien apuntó con su lanza en la espalda de Jason.
Draco quiso llamarlo idiota.
Entonces lo vio.
Naranja.
Un hilo invisible para los demás, pero Draco lo vio, sorprendido cuando el color naranja se forjo violentamente entre ambos. Tuvo miedo, porque mientras pudo sentir el pánico de Jason porque algo le pasara, también pudo sentir una voz en su espalda, un susurro.
―12 como los olimpos, en perfecto equilibrio, ahora el numero completo, podrás venir a mi―
No era su voz.
Nyx.
Se puso pálido.
Todo se congelo.
Mierda.
―¡Cuidado!, ―gritó Percy sacándolo de sus pensamientos.
Jason tenía reflejos rápidos. Mientras Otis atacó, Jason rodó. El punto pasó por encima de él y Jason movió su mano, convocando a una ráfaga de viento que cambio de dirección la lanza. Voló por la habitación y pinchó al lado de Efialtes mientras él se enderezaba.
―Otis ―Efialtes tropezó fuera de su tablero de control, agarrando la lanza mientras comenzaba a convertirse en polvo de monstruo―. ¡Por favor, deja de matarme! ―
―¡No fue mi culpa! ―
Otis apenas había terminado de hablar cuando artilugio lanzador de misiles de Percy escupió una última esfera de fuego de vela romana. La bola de fuego de color rosa de la muerte (por supuesto que tenía que ser de color rosa) golpeó el techo por encima de Otis y explotó en una lluvia hermosa de la luz. Chispas coloridas revoloteaban con gracia alrededor de la gigante. A continuación, una sección de tres metros de techo se derrumbó y lo aplastó.
Jason corrió al lado de ellos.
La adrenalina la sintió como suya.
Pero era de Jason.
Draco no grito cuando toco su brazo, pero ambos se veían confundidos, Jason pareció encogerse cuando vio el pecho de Draco sintiendo por un momento sus emociones.
Levanto el rostro sorprendido.
Draco estaba pálido.
Algo se acababa de formar y tuvo un mal presentimiento para él.
Lamentablemente, los gigantes no habían terminado. Efialtes ya estaba enderezándose, con la cabeza y los hombros subiendo desde el montículo de polvo. Él tiró sus brazos libres y fulminó con la mirada a Percy.
Al otro lado de la habitación, el montón de escombros se movió, y Otis emergió. Su cabeza estaba ligeramente hundida. Todos los petardos habían estallado en su cabeza, y sus trenzas humeaban. Su malla estaba por los suelos, lo cual era casi la única forma en que podría tener un aspecto menos atractivo.
―¡Percy! ―Jason gritó―. ¡Los controles! ―
Percy se descongeló.
Encontró a Riptide en su bolsillo una vez más, destapó su espada y se abalanzó sobre el cuadro. Él cortó con la hoja en la parte superior, encendiendo los controles en una lluvia de chispas de bronce.
―¡No! ―Efialtes se lamentó―. ¡Haz arruinado el espectáculo! ―
Percy se volvió muy lentamente. Efialtes blandió su lanza como un bate y lo golpeó en el pecho. Cayó de rodillas, el dolor convirtió su estómago en lava.
Jason corrió a su lado, pero Otis avanzó tras él. Percy logró levantarse y se encontró hombro a hombro con Jason. Por el estrado, Piper estaba usando su cuerno para lanzar ataques de comida.
Nico estaba apenas consciente.
Draco sentía sangre salir de su brazo viendo a los demás aun en shock.
Porque algo lo jalaba.
En su mente.
En su pecho.
Nyx estaba esperando.
¿Esperando qué?
Los gigantes estaban sanando, cada vez más fuerte a cada minuto. Percy no lo hacía.
Efialtes sonrió disculpándose.
― ¿Cansado, Percy Jackson? Como ya he dicho, no pueden matarnos. Así que supongo que estamos en un callejón sin salida. ¡Oh, espera... no, no estamos! ¡Debido a que puedo matarte! " ―
―Eso, ―se quejó Otis, recogiendo su lanza caída―, es la cosa primera cosa sensata que has dicho en todo el día, hermano. ―
Los gigantes apuntaron con sus armas, dispuestos a convertir Percy y Jason en semidioses a la parrilla.
―No nos rediremos, ―gruñó Jason―. Vamos a cortarlos en pedazos como hizo Júpiter con Saturno. ―
―Eso es correcto, —dijo Percy―. Ustedes dos están muertos. No me importa si tenemos un Dios de nuestro lado o no. ―
―Bueno, eso es una vergüenza, ―dijo una nueva voz.
A su derecha, otra plataforma bajaba del techo. Apoyándose casualmente en un bastón cubierto de piña estaba un hombre con una camisa púrpura del campamento, pantalones cortos de color caqui y sandalias con calcetines blancos.
Levantó su sombrero de ala ancha, y el fuego púrpura brilló en sus ojos.
— No me gustaría pensar que hice un viaje especial a cambio de nada. ―
Draco miro sorprendido como todos.
Nunca había pensado en el señor D como una influencia tranquilizadora, pero de repente todo se volvió silencioso. Las máquinas a un punto muerto. Los animales salvajes dejaron de gruñir.
Los dos leopardos se paseaban, todavía lamiéndose los labios por el asado de Piper y frotaron la cabeza cariñosamente contra las piernas del dios.
El Sr. D se rascó la oreja.
―Realmente, Efialtes, ―reprendió―. Matar a los semidioses es una cosa. ¿Pero el uso de leopardos para tu espectáculo? Eso es cruzar la línea. ―
El gigante hizo un sonido chirriante.
― Esto, esto es imposible. D-D….―
―Es Baco, en realidad, mi viejo amigo, ―dijo el dios―. Y por supuesto que es posible. Alguien me dijo que había una fiesta. ―
Baco era más malo y más ligero, con menos barriga que el señor D. Tenía el pelo más largo, más velocidad en sus pasos, y mucha más ira en sus ojos. Incluso se las arregló para hacer que un palo de piñas luciera intimidante.
Lanza Efialtes se estremeció.
― ¡Ustedes, ustedes dioses están perdidos! Se han ido, ¡en nombre de Gea! ―
―Hmm. ― Baco sonaba impresionado. Caminó a través de los apoyos en ruinas, plataformas, y efectos especiales. ―Pegajoso. ―Él agitó su mano en un gladiador de madera pintado y luego se volvió a una máquina que parecía un rodillo de gran tamaño adornado con cuchillos.
― Barato. Aburrido. Y esto... ―él inspeccionó el artilugio de lanzamiento de cohetes, que seguía humando―. Hortera, barato y aburrido. Honestamente, Efialtes. No tienes sentido del estilo. ―
―¿ESTILO? ―el rostro del gigante se sonrojó―. Tengo montañas de estilo. Defino el estilo. Yo, yo…―
―Mi hermano rezuma estilo, ―sugirió Otis. ―¡Gracias! ―Efialtes lloró.
Baco se adelantó, y los gigantes se tambalearon hacia atrás.
― ¿Se han quedado cortos?, se preguntó el dios. ―
―Oh, eso es bajo, ―gruñó Efialtes―. Tengo la altura suficiente para destruirte, ¡Baco! Ustedes dioses, siempre escondiéndose detrás de sus héroes mortales, confiando la suerte del Olimpo a estos. ―
Se burló de Percy.
Jason levantó su espada.
― Señor Baco, ¿vamos a matar a estos gigantes o qué? ―
―Bueno, yo espero que sí, ―dijo Baco―. Por favor, adelante. ―
Percy lo miró fijamente.
― ¿No has venido aquí para ayudar? ―
Baco se encogió de hombros.
— Oh, he apreciado su sacrificio en el mar. Un barco lleno de Coca-Cola Light. Muy bonito. Aunque yo hubiera preferido Pepsi dietética.
―Y seis millones de dólares en oro y joyas, ―murmuró Percy.
―Sí, ―dijo Baco― aunque con fiestas de cinco o más semidioses la propina está incluida, así que no era necesario.
―¿Qué? ―
―No importa, ―dijo Baco―. De todos modos, tienen mi atención. Estoy aquí. Ahora tengo que ver si son dignos de mi ayuda. Adelante. Luchen. Si estoy impresionado, me incluyo en el gran final. ―
―Clavamos a uno, ―dijo Percy―. Derrumbamos el techo sobre el otro. ¿Qué consideras impresionante? ―el enojo y la incredulidad eran obvios en su voz.
―Ah, una buena pregunta... ―Baco tocó su tirso. ―. ¡Tal vez ustedes necesitan inspiración! El escenario no se ha ajustado correctamente. ¿Llamas a esto un espectáculo, Efialtes? Te voy a enseñar cómo se hace. ―
El dios se disolvió en niebla púrpura.
Piper, Nico y Draco desaparecieron.
Cuando volvieron aparecer estaba confundido de donde se encontraban antes de ver a su alrededor.
Esto no era cualquier coliseo. Era El Coliseo. Las máquinas de los Gigantes y efectos especiales se habían ido a tiempo extra, había vigas a través de los tablones de apoyo en ruinas por lo que la arena tenía un suelo adecuado de nuevo. Las gradas se repararon hasta que estuvieron de un blanco resplandeciente. Un dosel gigante rojo y dorado extendido sobre sus cabezas para dar sombra en el sol de la tarde. La Casilla del emperador estaba cubierta con seda, flanqueada por banderas y águilas reales. El rugido de aplausos vino de miles de brillantes fantasmas púrpuras, los Lares de Roma traídos de vuelta para una presentación repetida.
Enormes pilares se levantaron del tamaño de garaje montañas de yeso, columnas de piedra, y (por alguna razón) animales de corral de tamaño natural animales de plástico. Un pequeño lago apareció a un lado. Las zanjas se entrecruzaban en el piso de la arena en caso de que alguien estuviera de humor para la guerra de trincheras.
Percy y Jason estaban juntos frente a los gigantes gemelos.
―¡Este es un espectáculo de verdad! ―retumbó la voz de Baco. Se sentó en el palco del emperador, vestido con túnicas moradas y laureles de oro.
A su izquierda sentados Nico y Piper, y Draco que su hombro estaba siendo atendido por una ninfa con uniforme de enfermera. A la derecha de Baco se agachó un sátiro, que le ofreció Doritos y uvas. El dios levantó una lata de Pepsi Dietética y el público se volvió respetuosamente silencioso.
Percy miró a los ojos.
― ¿No harás más sentarte ahí? ―
―¡El semidiós tiene razón! ―bramó Efialtes―. ¡Pelea tú, cobarde! Um, sin los semidioses. ―
Baco sonrió perezosamente.
― Juno dice que ha reunido a un equipo de semidioses dignos. Muéstrenme. Entreténganme, héroes del Olimpo. Denme una razón para hacer más. Siendo un dios tengo ese privilegio. ―
Abrió su lata de refresco, y animó a la multitud.
Draco estaba incrédulo.
Quiso quejarse, pero una mirada de Baco, le recuerda que, aunque fuera el mismo, no era el que voto a favor de él para salvar su vida.
Volteo a ver nervioso tanto a Percy como a Jason.
―Déjame ir a luchar con ellos―suplica Draco por bajo a Baco, quien solamente lo mira de reojo aburrido.
Nico al lado de Piper mira a Draco sujetando su muñeca, claramente no lo quiere lejos, pero Draco mira a Baco suplicante.
Este lo ve de reojo.
―Cuidado Draco Malfoy, solo hay una profecía en tu nombre, deberías tener cuidado y guardar cuando estar tan cerca que se cumpla. Te necesitamos para que logres esa profecía, no es algo que esté dispuesto a renunciar―habla Baco aburrido.
Draco se queda congelado.
¿Qué?
Siente frio antes de ver a la lucha.
Percy y Jason giraron. Se zambulleron junto a la zanja más cercana y la montaña se destrozó por encima de ellos, rociándolos con metrallas de yeso. No era mortal, pero picaba como loco.
La multitud se burlaba y gritaba por sangre. "¡Pelea! ¡Pelea! "
Entonces luego de alguna charla.
Cargaron fuera de la zanja.
Los gemelos habían levantado otra montaña de yeso y estaban esperando por una oportunidad clara.
Los gigantes la elevaron por encima de sus cabezas, preparándose para lanzarla,
Percy controló una tubería de agua a punto de estallar a sus pies, sacudiendo el suelo. Jasón envió una ráfaga de viento contra el pecho de Efialtes. El gigante de cabello púrpura cayó hacia atrás y Otis perdió su agarre en la montaña, que rápidamente se derrumbó encima de su hermano. Sólo los pies de serpiente de
Efialtes salían, moviendo sus cabezas alrededor, como si se preguntaran donde se había ido el resto de su cuerpo.
La multitud rugió con aprobación, pero Draco sospechaba que Efialtes sólo estaba aturdido.
Tenían solo unos segundos en el mejor de los casos.
―¡Hey, Otis!, ―gritó Percy―. ¡Picaduras de Cascanueces! ―
―¡Ahhhhh! ― Otis levantó su lanza y la arrojó, pero estaba demasiado enojado para apuntar directamente.
Jason la desvió sobre la cabeza de Percy y el lago.
Los semidioses retrocedieron hacia el agua, gritando insultos sobre ballet.
Otis cargó hacia ellos con las manos vacías, al parecer antes de darse cuenta de que a) tenía las manos vacías, y b) cargar hacia un gran cuerpo de agua para combatir a un hijo de Poseidón no era tal vez una buena idea.
Demasiado tarde, trató de detenerse.
Los semidioses rodaron a ambos lados, y Jason llamó al viento, usando el impulso mismo del gigante para empujarlo al agua. Mientras Otis luchaba por levantarse, Percy y Jason atacaron al unísono.
Ellos se lanzaron al gigante y clavaron sus espadas en la cabeza de Otis.
El pobre no tuvo ni siquiera una oportunidad de esquivar. Él estalló en polvo en la superficie del lago como un enorme paquete de bebida mezclada.
Percy revolvió el lago en un remolino. La esencia de Otis trató de reformarse, pero mientras su cabeza aparecía en el agua, Jason convocó un rayo y lo fundió en polvo otra vez.
Hasta aquí todo bien, pero no podían contener a Otis para siempre.
Como si fuera una señal, la montaña yeso explotó detrás de ellos. Efialtes se levantó, bramando de ira.
Percy y Jason esperaron mientras él avanzaba pesadamente hacia ellos, con la lanza en la mano. Al parecer, quedar aplastado bajo una montaña de yeso sólo lo había emocionado. Sus ojos bailaban con luz asesina. El sol de la tarde brillaba en su pelo trenzado con monedas. Hasta las serpientes en sus pies parecían enfadadas, enseñando los colmillos.
Jason convocó otro rayo, pero Efialtes lo atrapó en su lanza y desvió la explosión, fundiendo una vaca de plástico de tamaño natural. Golpeó una columna de piedra fuera de su camino como una pila de bloques de construcción.
Percy trató de mantener la agitación en el lago. No quería que Otis se uniera a esta lucha, pero como Efialtes se acercaba a los últimos metros, Percy tuvo que cambiar de enfoque.
Jason y él cargaron contra el gigante. Se lanzaron en torno a Efialtes, punzando y cortando en un difuminado de oro y de bronce, pero el gigante paró cada golpe.
―¡No voy a ceder!, ―rugió Efialtes―. ¡Es posible que hayan arruinado mi espectáculo, pero todavía Gea va a destruir su mundo! ―
Percy arremetió, cortando la lanza del gigante por la mitad. Efialtes no se inmutó siquiera. El gigante barrió bajo con el extremo romo y sacó de balance a Percy. Percy aterrizó con fuerza en su brazo de la espada, y Riptide resonó fuera de su control.
Jason trató de tomar ventaja. Intentó por un lado de la guardia del gigante y apuñaló contra el pecho, pero de alguna manera Efialtes repelió el ataque. Cortó con la punta de su lanza por el pecho de Jason, rasgando su camisa púrpura en un chaleco. Jason tambaleó, mirando la delgada línea de sangre en su esternón.
Efialtes le dio una patada hacia atrás.
En la caja del emperador, Piper gritó, pero su voz se ahogó en el estruendo de la multitud. Baco miraba con una sonrisa divertida, comiendo de una bolsa de Doritos.
Efialtes de pie junto a Percy y Jason, las dos mitades de su lanza rota suspendidas sobre sus cabezas. La gladius de Jason se había deslizado por el piso de la arena. Su plan había fracasado.
Percy miró a Baco, decidiendo qué maldición final iba a lanzar al dios del vino inútil, cuando vio una figura en el cielo sobre el Coliseo, un gran óvalo oscuro descendiendo rápidamente.
Desde el lago, Otis gritó, tratando de advertir a su hermano, pero su cara media disuelta solo podía decir: "!Uh-UMH-moooo!".
―¡No te preocupes, hermano!, ―dijo Efialtes, con los ojos fijos en los semidioses—. ¡Voy a hacerlos sufrir! ―
El Argo II apareció en el cielo, presentando su costado de babor, y el fuego verde ardía desde la ballesta.
―En realidad, ―dijo Percy―. Mira detrás de ti. ―
Él y Jason se alejaron mientras Efialtes se volvió y gritó con incredulidad.
Percy se dejó caer en una zanja mientras la explosión sacudió el Coliseo.
Draco se cubrió los ojos, el Argo II se acercaba para aterrizar. Jason asomó la cabeza por detrás de su refugio improvisado en un caballo de plástico. Efialtes yacía carbonizado y gimiendo en el piso de la arena, la arena a su alrededor estaba grabada en un halo de vidrio por el calor del fuego griego. Otis se hundía en el lago, tratando de re-formase, por sus brazos hacia abajo, parecía un charco de avena quemada.
Percy se tambaleó hacia Jason y le dio una palmada en el hombro. La multitud fantasmal les dio una ovación de pie mientras el Argo II amplió su tren de aterrizaje y se posó en el piso de la arena. Leo estaba a la cabeza, Hazel y Frank sonriendo a su lado. El entrenador Hedge bailó alrededor de la plataforma de tiro, agitando el puño en el aire y gritando:
― ¡De eso es de lo que hablaba! ―
Percy y Jason se volvieron a la caja del emperador.
― ¿Y bien? ―le gritó Percy a Baco―. ¿Eso fue lo suficientemente entretenido para ti, tu pequeño vino-inspiración… ―
Estaba furioso.
El vinculo decía lo indignado que estaba en este momento.
―No hay necesidad de eso. ―de repente, el dios estaba de pie junto a él en la arena. Se sacudió el polvo de Dorito fuera de su vestimenta morada―. He decidido que son mis socios dignos para este combate. ―
―¿Socios? ―gruñó Jason―. ¡Usted no hizo nada! ―
Baco se acercó al borde del lago. El agua se drenó al instante, dejando un montón de Otis con cabeza gacha. Baco se abrió paso hasta el fondo y miró a la multitud. Levantó su tirso.
La multitud se burlaba, gritaba y señalaba con el pulgar hacia abajo.
Baco eligió la opción más entretenida. Golpeó la cabeza de Otis con su piña personal, y la pila gigante de harina de Otis se desintegró completamente. La multitud se volvió loca. Baco salió del lago presumiendo a Efialtes, que seguía tumbado con las piernas abiertas, cocidas y el humeando.
Una vez más, Baco alzó tirso.
―¡HAZLO! ―rugió la multitud. ―¡NO LO HAGAS! ―Efialtes se lamentó.
Baco golpeó al gigante en la nariz, y Efialtes se desmoronó en cenizas.
Los fantasmas aplaudieron y lanzaron confeti espectral mientras Baco caminó alrededor de la cancha con los brazos en alto triunfalmente, exultante en la adoración. Sonrió a los semidioses.
― ¡Eso, amigos míos, es un espectáculo! Y por supuesto que hice algo. ¡Maté a dos gigantes! ―
Draco solo pudo imaginar el enojo de sus amigos, tomo a Nico sobre su espalda, su hombro ardía, pero uso la magia para bajar en escalos de viento, aunque esta parecía tambalearse y difícil de usar, pero pudo hacerlo, mientras Piper se sujetaba de su cintura.
Mientras los amigos de Draco desembarcaban del buque, la multitud de fantasmas brilló y desapareció.
El piso de la arena se mantuvo sólido, pero por lo demás el estadio parecía como si no se hubiera organizado una buena matanza de gigantes durante eones.
―Bueno, ―dijo Baco―. Eso fue divertido. Tienen mi permiso para continuar su viaje. ―es lo que Draco escucha cuando baja.
―¿Su permiso? ―gruñó Percy.
―Sí. ―Baco levantó una ceja Baco―. A pesar de tu viaje puede ser un poco más difícil de lo que esperas, niño. ―habla, pero no ve a Percy.
Ve a Draco.
Traga saliva.
―¿Qué quieres decir acerca de su viaje? ―dice Percy nervioso.
―Deberían tratar en el estacionamiento detrás del edificio de Emmanuel, ―dijo Baco―. El mejor lugar para abrirse paso. Ahora, adiós, mis amigos. Y, ah, buena suerte con esa pequeña cosa. ―
El dios se vaporizó en una nube que olía un poco a zumo de uva.
Jason corrió al encuentro de Draco, Piper y Nico.
El entrenador Hedge trotó hasta Percy, con Hazel, Frank, y Leo cerca detrás.
— ¿Eso era Dionisio? ―Hedge preguntó―. ¡Amo a ese chico! ―
―¡Están vivos!, ―dijo Percy a los demás―. El gigante dijo que fueron capturados. ¿Qué ha pasado? ―
Leo se encogió de hombros.
― Oh, sólo un plan brillante de Leo Valdez. Te sorprendería lo que se puede hacer con una esfera de Arquímedes, una chica que puede sentir cosas bajo tierra, y una comadreja. ―
―Yo era la comadreja, ―dijo Frank con tristeza. ―
―Básicamente, ―Leo explicó― He activado un tornillo hidráulico de Arquímedes con el dispositivo que va a ser impresionante una vez que lo instale en la nave, por cierto. Hazel sintió el camino más fácil para perforar la superficie. Hicimos un túnel lo suficientemente grande para una comadreja, y Frank subió con un transmisor simple que me yo armé. Después de eso, fue sólo una cuestión de piratería en los canales de satélite favoritos del entrenador Hedge diciéndole que trajera la nave para rescatarnos. Después de eso, encontrarlos fue fácil, gracias a ese espectáculo de luz divina en el Coliseo―
Draco entendido el diez por ciento de la historia de Leo, pero él decidió que era suficiente.
―¿Dónde está Annabeth? ― pregunta Percy nervioso.
Leo hizo una mueca.
―Sí, sobre eso... ella aún está en problemas, pensamos. Herida, con la pierna rota, por lo menos de acuerdo con esa visión que nos mostró Gea. Rescatarla es nuestra próxima parada―
Draco siente las energías de Percy nuevas, mientras Hazel camina hacía él para tocar el brazo de Nico que se encuentra inconsciente en la espalda de Draco.
Por otro lado, él se preocupa por Annabeth.
Sujeta su pecho reteniendo el claro ataque de pánico que quiere tener.
―Háblame de la visión, ―dijo―. Cuéntame todo. ―demanda Percy.
El suelo tembló. Los tablones de madera comenzaron a desaparecer, derramando arena en los pozos del hipogeo de abajo.
―Vamos a hablar de a bordo, ―sugirió Hazel―. Será mejor que despeguemos mientras podamos. ―
Navegaron por el Coliseo y viraron hacia el sur sobre los tejados de Roma.
Todo alrededor de la Plaza del Coliseo, el tráfico había llegado a un punto muerto. Una muchedumbre de los mortales se había reunido, probablemente pensando en las extrañas luces y sonidos que venían de las ruinas. En cuanto a lo que Draco podía ver, ninguno de los espectaculares planes de los Gigantes para la destrucción había llegado con éxito. La ciudad tenía el mismo aspecto que antes.
Nadie parecía darse cuenta del enorme trirreme griego elevándose por los cielos.
Los semidioses se reunieron alrededor de la cabeza. Jason vendando el hombre de Draco mientras que Hazel se sentó en la popa, alimentando Nico con ambrosía que apenas parecía consciente a su lado.
El hijo de Hades apenas podía levantar la cabeza. Su voz era tan tranquila, Hazel tuvo que acercarse cada vez que hablaba.
Frank y Leo contaron lo que había pasado en la habitación con las esferas de Arquímedes, y la visión que Gea les había mostrado en el espejo de bronce.
Pronto decidieron que su mejor pista para encontrar Annabeth era el consejo críptico que Baco les había dado: el edificio de Emmanuel, fuera lo que fuera.
Frank comenzó a escribir en la computadora del timón, mientras que Leo golpeó con furia a sus controles, murmurando.
— Edificio Emmanuel. Edificio Emmanuel. –
El entrenador Hedge trató de ayudar luchando con un mapa al revés de las calles de Roma.
Percy se arrodilló al lado de Jason y Draco.
― ¿Qué tal el hombro? ―
Draco miro a Jason, el vínculo revoloteando entre ambos, pero era claro que no podrían hablar de eso por ahora.
―Bien―dice con una suave sonrisa, este vinculo esta mal, es la cuenta regresiva de algo que no sabe.
El color naranja brilla en advertencia.
No sabe de qué.
Pero Jason parece tan feliz de estar vinculado a él, lo siente en lo profundo de su ser.
Jason dio un codazo a Percy.
― No hacemos un mal equipo, tú y yo. ―
―Mejor que las justas en un campo de maíz de Kansas, ―coincidió Percy.
―¡Allí está!, ―exclamó Leo, señalando a su monitor―. ¡Frank, eres increíble! Aunque yo lo creé supuesto. ―
Frank encogió de hombros
―Solo leí el nombre en la pantalla. Algunos turistas chinos lo marcaron en Google Maps. ―
Leo sonrió a los demás.
―Él lee chino. ―
―Sólo un poquito, ―dijo Frank. ―
―¿No es genial? ―
Bueno al menos cualquier cosa entre ambos parece solucionarse, al igual que Percy y Jason, lo cual son malas noticias, nunca pueden tener cosas buenas por mucho tiempo.
―Chicos, ―interrumpió Hazel― No me gusta interrumpir su sesión de admiración, pero deberían oír esto. ―
Ella ayudó a Nico a pararse. Siempre había sido pálido, pero ahora su piel se veía como la leche en polvo. Sus ojos oscuros hundidos le recordaron a Draco fotos que había visto de prisioneros de guerra liberados, lo que, a juzgar de Draco, Nico básicamente era.
Nadie más que Draco podía sentir el pánico de Nico.
Un ataque de ansiedad a punto de estallar, el estomago encogido, el dolor por la luz, la soledad preocupante y como sus ojos volvían a él cada pocos segundos.
Se alejo de Jason para tomar la mano de este, que se tranquilizo ante ese tacto suave.
―Gracias, ―dijo Nico con voz áspera. Sus ojos se movían nerviosamente alrededor del grupo―. Yo había perdido la esperanza. ―
―Supiste de los dos campamentos todo el tiempo, ―dijo Percy―. Podrías haberme dicho quién era desde el primer día que llegué al Campamento Júpiter, pero no lo hiciste.―
Nico se desplomó contra Draco.
Iba a disculparse con Percy, lo vio en su mirada.
No era necesario.
―Cierra la maldita boca Jackson antes que la cierre por ti, cualquier mierda que quieras decir, ahora mismo no lo harás―dictamina Draco dándole un latigazo mental a Percy que este gruñe.
Lo ve con resentimiento, pero se hace atrás cuando ve la furia en su mirada cuando sostiene mejor a Nico.
Nico aun así se disculpa.
― Percy, lo siento. Descubrí el Campamento Júpiter el año pasado. Mi papá me llevó allí, aunque no estaba seguro de por qué. Él me dijo que los dioses habían mantenido los campamentos separados durante siglos y que no podía contárselo a nadie. El tiempo no estaba bien. Sin embargo, dijo que sería importante para mí saber... ―él se dobló en un ataque de tos. Draco sostuvo sus hombros hasta que pudo seguir de nuevo. ―Creí que papa lo decía por Hazel, ―continuó Nico―. Yo iba a necesitar un lugar seguro para llevarla. Pero ahora... Creo que él quería que yo supiera acerca de ambos bandos así entendería lo importante de su búsqueda, y buscaría las puertas de la muerte. ―
El aire se volvió eléctrico, literalmente, mientras Jason comenzó a lanzar chispas.
―¿Encontraste las puertas?, ―preguntó Percy.
Nico asintió.
— Fui un tonto. Pensé que podía ir a cualquier parte en el inframundo, pero caminé justo hacia la trampa de Gea. Bien podría haber intentado correr de un agujero negro. ―
―Um... ―Frank se mordió el labio―. ¿De qué clase de agujero negro estás hablando? ―
Nico empezó a hablar, pero lo que sea que tenía que decir tiene que haber sido muy aterrador. Se volvió a Draco.
Draco se confundió ante el pánico, cuando Draco vio a Hazel.
— Nico me dijo que las puertas de la muerte tienen dos lados, uno en el mundo de los mortales, uno en el Inframundo. La parte mortal del portal está en Grecia. Está fuertemente custodiada por las fuerzas de Gea. Ahí es donde trajeron a Nico de vuelta al mundo superior. Luego lo trasladaron a Roma. ―
Piper debe de haber estado nervioso, porque su cuerno de la abundancia escupió una hamburguesa con queso.
― ¿En Grecia, donde exactamente esta la puerta? ―
Nico tomó un respiro.
― La casa de Hades. Es un templo subterráneo en el Epiro. Puedo marcarla en un mapa, pero, pero el lado mortal del portal no es el problema. En el inframundo, las puertas de la muerte están en... en... ―
―Él tártaro, ―supuso Percy congelando a todos los presentes―. La parte más profunda del inframundo. ―
Nico asintió.
― Me tiraron al pozo, Percy. Las cosas que vi allí abajo... ― Su voz se quebró.
Hazel apretó los labios.
Draco ignoro a todos abrazando a Nico reconfortándolo con el vinculo todo lo posible, parecía que iba a llorar en cualquier momento.
―. Ningún mortal ha estado alguna vez en el Tártaro, ―explicó ella―. Por lo menos, nadie ha ido y regresado con vida. Es la prisión de máxima seguridad de Hades, donde los Titanes viejos y los demás enemigos de los dioses están confinados. Es el lugar donde van todos los monstruos cuando mueren sobre la tierra. Es... bueno, nadie sabe exactamente como es. ―
Sus ojos se dirigieron a su hermano. El resto de sus pensamientos no necesitan ser hablados: Nadie, excepto Nico.
Hazel le entregó su espada negra.
Nico la tomo con su mano libre.
―Ahora entiendo por qué Hades no ha sido capaz de cerrar las puertas, ―dijo―. Incluso los dioses no entran en el Tártaro. Incluso el dios de la muerte, el mismo Tánatos, no se acercaría a ese lugar. ―
Leo miró por encima de la rueda.
― Así que déjenme adivinar. Vamos a tener que ir allí. ―
Nico sacudió la cabeza.
―Es imposible. Yo soy el hijo de Hades, y aun así sobreviví a duras penas. Las Fuerzas de Gea me abrumaron al instante. Son tan poderosos ahí abajo... ningún semidiós tendría ninguna posibilidad. Casi me vuelvo loco. ―
Los ojos de Nico parecían cristales rotos.
Se fue sin él.
Maldición.
Draco habría ido con él.
¿Lo habría hecho?
Dudo un momento, pero si, no hubiera dejado ir a Nico solo.
―Entonces vamos a zarpar hacia Epiro, ―dijo Percy―. Vamos a cerrar las puertas de este lado. ―
―Ojalá fuera así de fácil, ―dijo Nico―. Las puertas tendrían que ser controladas en ambos lados para ser cerradas. Es como un sello doble. Tal vez, sólo tal vez, los siete de ustedes trabajando juntos podrían derrotar a las fuerzas de Gea en el lado mortal, en la Casa de Hades. Pero a menos que tengan un equipo luchando al mismo tiempo por el lado del Tártaro, un equipo lo suficientemente poderoso como para derrotar a una legión de monstruos en su propio territorio.―
―Tiene que haber una manera, ―dijo Jason.
Nadie ofreció algunas ideas brillantes.
Entonces se dio cuenta de toda la nave estaba descendiendo hacia un gran edificio como un palacio. Annabeth.
―Vamos a dejar el problema del Tártaro para después, ―dijo―. ¿Es ese el edificio de Emmanuel? ―
Leo asintió.
― ¿Baco dijo algo acerca de un montón de aparcamientos en la parte trasera? Bueno, ahí está. ¿Y ahora qué? ―
―Tenemos que ir por ella, ―dijo Draco sin dudarlo.
Maldición.
Nunca podría tener a sus vínculos juntos.
―Bueno, sí, ―coincidió Leo―. Pero... ― Parecía como si quisiera decir: ¿Qué pasa si llegamos demasiado tarde? Sabiamente, cambió de táctica―. Hay un estacionamiento en nuestro camino. ―
Percy miró al entrenador Hedge.
―Baco dijo algo acerca de romper. Entrenador, ¿usted todavía tiene munición para las ballestas? ―
El sátiro sonrió como una cabra salvaje.
― Pensé que nunca lo preguntarías. ―
Nico volteo a ver confundido a Draco que se encogió de hombros antes de abrazarlo más contra él.
―Bienvenido a Bordo Nico―
Continuara…
Pensé que en este capítulo terminaría el arco, pero joder ya es demasiado largo, así que tendré que dividirlo y si o si hacerlo terminar en el siguiente.
Como ha costado.
Pero estamos cerca del final del arco 5.
Que emoción.
Tengo muchas ganas de iniciar a escribir el arco 6 como no tienen idea.
Nico por fin esta con los chicos.
