Arco 6: 2 guerras por el precio de 1
Capítulo 78: Un niño que lo perdió todo, primera parte.
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Recuerdos.
Muchos recuerdos.
Hestia esta ahí, con las manos levantadas con muchas bolas de luz, pero antes que Draco pueda pensar bien que pasa en medio del vacío infinito, que se siente, el vacío en su pecho, las luces lo atacan por todos lados.
Recuerdos.
Por todos lados.
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Annabeth estaba ahí, sentada, viéndolo con los brazos cruzados mientras Draco intentaba no prestarle mucha atención mientras ella señalaba a su cabaña. La cual lejos de ser tan impecable como siempre, lucia bastante sucia por el liquido morado que había en ella en este momento.
Nadie puede identificar que es exactamente.
—Mira fue idea de los hermanos Stoll…y Percy—añade lanzando a su mejor amigo al agua sin dudarlo, es solo su primer verano aquí, pero sabe bien luego de la misión que tuvieron, que sacrificaría a su amigo sin dudarlo.
Annabeth lo ve molesta, cuando su ceño se frunce hace que se escalofrié.
—Percy sufrirá, ahora te toca a ti—dice con tono que lo hace intentar huir, solo para ser acorralado y arrastrarlo a limpiar con los demás hermanos de la cabaña de Atenea.
No está mal.
Aunque es la primera vez en su vida que limpia algo, Annabeth no deja de hablar emocionada sobre una próxima serie de construcción que va ver cuando regrese a casa. Sus ojos se iluminan al hablar y Draco en realidad disfruta de descubrir como funcionan las cosas muggles.
Algo que no pensó que haría al final de este primer y loco verano.
—Cuéntame más—es una demanda, pero por la forma en que Annabeth se sonríe, ella no parece afectada por el tema.
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El escenario cambia, ahora puede ver a Lavender, esta en medio de la habitación en Slytherin, en una de las muchas veces que se coló porque simplemente puede hacerlo y disfruta del abuso del poder sin dudarlo. Draco no se sorprende de encontrarla revisando su armario en búsqueda de una sudadera cómoda. Luego la chica se arrojaría en la cama a su lado, maldiciendo el ser mujer y que tiene la menstruación.
Draco saca uno de los chocolates que solía comprarle su madre, que tiene en una suscripción que llegan cada semana.
Lavender come el chocolate mientras lo abraza.
Draco lanza un hechizo calentador contra su sudadera, que hace a Lavender suspirar agradecida.
—Léeme el libro—dice señalando el libro.
Duda que le guste.
Draco voltea a ver el libro, el primer libro de nacidos de la bruma, que duda que sea una temática que le guste a Lavender. Igualmente comienza a leer en voz alta el capitulo 9, aunque tiene que detenerse muchas veces para explicar a Lavender sobre los personajes y formas de como funciona ese mundo de magia. Lavender parece pensar que la magia es rara.
Draco admite que lee ese libro con Annabeth.
Percy usualmente es quien escucha todas las quejas de los personajes.
—Me gusta el sonido de tu voz—es todo lo que dice la chica dormitando contra él, Draco sonríe siguiendo la lectura en voz alta.
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La imagen cambia otra vez, un campo vacío a las afueras de la mansión Malfoy, un recuerdo lejano de una visita rápida de Bianca en vacaciones, está riéndose cuando intenta que Nico y Draco disparen alguna flecha al blanco sin éxito.
Bianca se regodea de que es una gran arquera.
Draco se lanza sobre Nico cuando intenta atacar a Bianca.
Hay risas.
Postres.
Una cena con sus padres, donde todos alaban a Bianca y la chica se ve radiante.
Da un poco de miedo ver como Nico ya es de la altura de Bianca, una eterna joven que ira con las cazadoras, pero ella está feliz.
—Cuando se casen y tengan hijos, iré a las cenas familiares y contare historias vergonzosas como hoy—dice la niña confiada.
Ahora es Draco que quiere ahorcarla y Nico se ríe.
Al menos hasta que menciona a Will.
Ahora es Lucius quien tiene que detenerles.
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Todo gira otra vez y ahora Draco estaba frustrado sujetándose de la cabeza, mientras Nico se ríe frente a él y las cartas de mitomagia rodeadas por toda la cama. Sigue sin entender como Afrodita se hizo tan fuerte de un momento a otro por la aparición de Ares en la batalla, además que Nico siempre utiliza bien a Hades, aunque técnicamente es más fuerte que sus hermanos, acaba de destruirlo en batalla.
¿Por qué sigue jugando este juego?
—Ya no quiero jugar—
—Vamos Draco, por favor—
Es por eso.
La miserable mirada de perro bajo la lluvia de Nico, que el muy manipulador sabe que funciona, que hace a Draco gruñir antes de regresar a otra partida que será aplastado sin piedad.
Odia perder.
Pero cuando Nico se ríe tan libremente de su desgracia, piensa que perder no es tan malo.
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Hay algo gracioso de Will, a pesar que te dice que no tiene palabras para ti, tiene la capacidad de quejarse alrededor de media hora mientras ayuda a vendar tu brazo con la ayuda de Lee que supervisa todo. Draco dice que fue culpa de Percy, pero la mirada de Will hace que Draco se encoja mientras el niño sigue trabajando en sus vendas. Es un trabajo bastante bueno que Lee reconoce, además de anunciar que su forma de quejarse con el paciente es digna de un doctor.
Will se ilumina al respecto.
Draco teme por sus futuros pacientes.
—Lo has hecho bien—admite Draco con una sonrisa, mientras el niño solamente sigue más radiante.
Parece un sol en esa sonrisa.
Siente un apego al niño, siempre siendo amable con él, siempre siguiéndole como un pollito y se pregunta si eso se siente tener un hermano menor.
Nico y Will se sienten así.
Se pregunta que se sentirá tener hermanos.
—Es día de juegos de mesa de la cabaña Apolo—
—No formo parte de la cabaña—
—Solo si no ganas—
Curiosamente, aunque la cabaña Apolo tiene sus dudas con él, parecen débiles por Will así que lo dejan participar, es cuando gana todos los juegos de mesa, que es vetado de la cabaña todo el resto del verano.
Idiotas.
No era un gran jugador, era un Slytherin y sabia cuando hacer trampa sin ser descubierto.
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Anthony no deja de verlo al otro lado de la biblioteca, Draco levanta la mirada para verlo, este le saca el dedo del medio y sonríe. Puede que todo terminara entre ellos, que Anthony decidiera que no deberían ser pareja, pero hay algo de libertad en no ser nada, en ser solo amigos. Anthony ahora sabe su secreto, ahora entiende más de lo que oculta y aun en Hogwarts está ahí.
Presente.
Espera que nadie este viendo, encanta una hoja de pergamino y la arroja a Anthony que le cae en la cabeza.
Ocupa mejorar sus reflejos.
Trabajaran en eso.
Anthony se ve indignado de que Draco a pesar de todo le regale a Sparky el Huron, después de todo ya no ocupa esa coartada y sabe que este cuidara mejor del hurón que tenía.
Camino a clases se queja de que es un maldito padre y pésimo consuegro, lo que hace reír a Draco el resto del camino.
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Theo era un hijo de perra.
Pero era su hijo de perra amigo.
Draco se sintió destrozado de verlo ahí, en medio del baño, intentando convencer a todos que estaba bien. Nadie de sus compañeros de Slytherins dijo nada, pero Blaise le había dado una mirada de "solucionarlo" al salir. Los espejos estaban rotos en todas direcciones, mientras Theo tenía un pequeño (gran) ataque de pánico mientras miraba al lavado con respiración agitada.
Se acercó sin decir nada, reparó los espejos con un hechizo simple y no dejo que Theo se viera al rostro de nuevo.
Estaban en el suelo, Draco limpiando las pequeñas heridas de la piel del chico y limpiando bien su rostro.
—Soy horrible, mi padre dice que soy un asco, soy horrible, estoy maldito con este rostro—
No era usual que Theo se rompiera, Draco odiaba al padre de este por hacerle esto.
Por romperlo.
Por hacerlo sentir de esa manera cuando no lo merecía.
Toca la mejilla con la cicatriz de Theo y este se encoge en su lugar sintiéndose miserable.
—No lo eres—susurra, como muchas veces ha dicho antes, pero siempre parece que lo habla con una pared y que no puede adentrarse dentro de los pensamientos de Theo.
Este llora sujetando sus rodillas.
Draco no sabe qué decir, incluso aunque las palabras suelen ser fáciles para él, no sabe qué hacer o decir.
Se queda a su lado, solamente existiendo con él.
Theo le agradece unas horas más tardes.
Draco siente que no hizo nada.
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Draco recuerda ver a Luke entrenar, rápido, ágil, siendo todo lo que quería ser.
Cuando Luke volteaba a verlo y sonríe esos primeros días de verano.
Draco pensó que podría haber hecho un amigo.
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Draco recuerda la espalda de Frank, es cálida, puede dormirse en esta sin dudarlo, lo ha hecho en el pasado. Pero algo que más recuerda de Frank es en el argo, porque tenía un humor de perros todo el tiempo, pero Frank siempre pasaba a dejarle comida, aunque no quería comer. Draco no entendía mucho de las emociones del chico, eran nuevas, no lo conocía, no entiende si solamente fue un accidente que ocurrió que lo unió a Frank.
No tienen nada en común.
Nada los debería unir.
—Te traje un poco de manzana verde, noté que era tu favorita—dice Frank con una sonrisa amable, sin pedir nada a cambio.
Frank es un error.
Pero uno que necesitaba.
Alguien que lo cuide y no se sienta tan mal de ser cuidado para variar.
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Jason sonríe con la piedra naranja en sus manos.
Draco lo ve.
Piensa si esto está bien un segundo, antes de sonreír con este por estar feliz por un regalo tan simple.
Una piedra naranja que calienta al tacto.
Su hermano menor.
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—¿Me amarías si me transformara en un pez dorado? —la pregunta de Percy llego de golpe y Draco se encontró en medio de otro recuerdo borroso.
Recuerda la felicidad y las risas de ese día, en medio de la cabaña de Poseidón, luego de haber jugado un torneo de just dance (de forma ilegal) en la cabaña de Hefesto, pero producido por la cabaña de Hermes. Pensó que Percy se emparejaría con Annabeth, pero su amiga no quiso jugar y en realidad Percy vino por Draco como su primera opción.
Fue un poco agradable.
Ser el primero para variar.
—No te reconocería si fueras un pez dorado—anuncia Draco dormitando sobre la cama queriendo lanzar a Percy fuera con una patada.
—Si, si tenemos el vínculo—
—No hago vínculos con peses dorados estúpidos—
Percy gira a verlo con un rostro de completa traición, que hace que Draco suelte una carcajada antes que este procesa a quejarse los siguientes 15 minutos sobre lo traidor que era en este matrimonio falso. Hasta que Percy cae dormido sobre su propio vientre, con baba saliendo de su boca. Draco lo admira dormir un poco, viendo la forma en que Percy sujetaba parte de su camisa como si no quisiera dejarlo ir.
Su mejor amigo era un toxico.
Había aprendido esa frase de Silena y le daba mucha risa.
Durmió tranquilamente esperando el día de mañana.
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El recuerdo de Harry curiosamente es en primer año de Hogwarts, Draco lo había estado observando de forma obsesiva esa primera semana, mientras Blaise y Pansy se quejaban de que era un idiota solo porque este no había querido ser su amigo. Admira al chico de cabellera negra alborotada como si no supiera como usar un maldito cepillo, anteojos que le quedan demasiado grandes, estúpida cicatriz ridícula que alguna vez pensó que seria de su mejor amigo cuando fueran al colegio juntos.
Pero no.
Termino en Gryffindor.
¿Por qué Harry Potter termino en Gryffindor?
Hace pucheros mientras se cruza de brazos viendo indignado al chico ser amigo de un estúpido traidor de sangre.
Hablar con este.
Ser feliz con este.
El corazón de Draco duele cuando ve al chico reír con su estúpido grupos de amigos, porque se suponía que debía estar riéndose con él.
—Sutileza no es tu nombre—dice Theo Nott, Draco le da una mala mirada, pero este lo ignora.
—Es un idiota lo odio—musita comiendo su manzana verde sin querer admitir nada de celos por gente de dudosa categoría.
Hay un segundo.
Uno cuando al ver a Potter, este voltea a verlo, como no lo reconoce no hay esa mirada de fastidio al inicio, es una mirada que mantiene aun la sonrisa de la broma que habían estado compartiendo con los otros miembros de la casa del león. Pero cuando ve a Draco, primero parece sorprendido, antes de fruncir el ceño y eso duele.
Duele mucho.
Draco le mira mal, antes de voltear a ver su plato.
Idiota.
Harry Potter era un idiota.
Y aun así.
Draco odia no ser amigo de ese idiota.
Maldición.
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Draco se levanta luego de lo que parece un largo sueño que parecen memorias de forma entrelazada, sintiéndose miserable, con la garganta seca, dolor de cuerpo y sintiendo un maldito vacío en su interior. Toma asiendo confundido, siente que no puede respirar, pero en realidad el aire entra a los pulmones, pero se siente mal. No por la contaminación del lugar, simplemente respira, pero algo falta.
Toca su pecho.
Sus vínculos se han ido.
Draco no se había sentido más miserable en toda su existencia.
¿Quién es Draco?
No lo sabe.
No tiene idea.
Pero sea lo que sea ahora, no le gusta.
Mira a regañadientes a su alrededor. Nubes rojas flotaban en el aire como sangre vaporizada. El paisaje -al menos, lo que él podía ver- constaba de llanuras negras y rocosas, salpicadas de montañas puntiagudas y simas en llamas. A la izquierda de Draco, el suelo descendía en una serie de acantilados, como colosales escalones que se internaban en el abismo.
El hedor a azufre dificultaba la concentración.
La playa cercana donde estaba no era de arena. Estaban sentados en un campo de esquirlas irregulares de cristal negro, algunas de las cuales se le habían clavado en las palmas de las manos.
De modo que el aire era ácido.
El suelo eran cristales rotos.
Allí todo estaba concebido para hacer daño y para matar.
Arriba no había rastro del túnel por el que habían caído. Ni siquiera podía ver el techo de la cueva; solo unas nubes color sangre flotando en el brumoso aire gris. Era como mirar a través de una mezcla diluida de sopa de tomate y cemento.
La playa de cristales negros se extendía hacia el interior a lo largo de unos cincuenta metros y luego descendía con forma de acantilado. Desde donde se encontraban, Draco no podía ver lo que había abajo, pero una luz roja parpadeaba en el borde como si el fondo estuviera iluminado por grandes hogueras.
Draco tiene que levantarse.
Tiene que hacerlo.
Había prometido cerrar las puertas del tártaro.
¿Pero cómo?
Solo.
Estaba solo.
Sin vínculos.
Era diferente a cuando él quiso cerrarlos, porque había sido voluntad propia, ahora todo era impuesto, solo había vacío en su pecho que solamente crecía con cada respiración y ni siquiera intento ahuyentar su ataque de pánico.
Estaba cansado.
De todo.
Era mucho.
Demasiado.
Ya no quería nada más con este mundo, estaba derrotado, habían quitado cada parte de él, su familia, Harry, su lanza y sus vínculos. Ahora aquí en medio del peor lugar del planeta, estaba completamente solo y tenía que hacer una misión que incluso las deidades no podían hacer.
Nadie podía culparlo si quería lanzarse al suelo y llorar.
¿Quién iba a verlo?
Sujeta ambas manos contra su rostro listo para caer en la desesperación.
Nada.
Absolutamente nada.
Vale la pena aquí.
Iba a fallar.
Iba a fallar a sus vínculos y no importaba, después de todo ya no eran suyos, estaba solo, era un perdedor, ni siquiera podía usar magia.
—Siempre eres un bebé llorón—a pesar que los pensamientos eran similares a los que Draco tenía, no eran suyos, en cambio se congela incrédulo porque la voz que escucha la reconoce de inmediato—igual que el primer verano, solo porque es un lugar difícil, ¿vas a congelarte? —añade con diversión.
Draco aparta las manos de su rostro, levanta la cabeza en cámara lenta, su ojo no podría salirse más de su cuenca al ver al joven ahí presente.
Es alto.
Aunque Draco calcula que podría estar alcanzando su altura ya, su cuerpo sigue siendo formado, sus ropas son un pantalón de mezclilla, botas, una camisa naranja. Su cabello sigue siendo rubio y la cicatriz sigue estando sobre su rostro.
Luce bien.
Su rostro no esta tan traumatizado o poseído por Cronos como la ultima vez que lo vio.
—Luke—susurra sorprendido.
Incrédulo.
¿Se ha vuelto loco?
¿Una alucinación?
—Y Bianca—dice una chica saltando detrás de la espalda de Luke.
Lo cual es un impacto incluso peor que Luke en sí mismo. Porque Bianca sigue luciendo igual que el día que la perdió. Joven como cuando se unió a las cazadoras, trenza sobre su hombro, chaqueta aviadora, un arco en su espalda y una sonrisa traviesa.
Su cuello tiene una cicatriz.
Donde murió.
La serpiente aun le aterra.
—Bianca—dice con un sollozo sin comprender.
No hay vinculo, no hay nada que la una a ella, no puede sentirla.
Pero está ahí.
Frente a él.
Luke bufa, Bianca suelta una risa cantarina.
—Dije que me preferiría, obviamente—se jacta Bianca a Luke, que solo se cruza de brazos antes de verlo con traición, pero Draco solo ve a Bianca—Ciao mio caro amico (hola mi querido amigo)—dice Bianca mientras se arrodilla a su lado abrazándolo.
Nadie.
Absolutamente nadie.
Puede culpar a Draco por quebrarse mientras abraza a su amiga, llorando como un niño.
No importa si es una ilusión o una alucinación.
Aquí en medio de la nada.
Abrazado por Bianca.
Draco puede llorar sin sentirse solo, algo que había dudado que podría pasar momentos antes.
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No sabe cuanto llora, tal vez minutos o tal vez horas, pero esto parece ser real, esta en medio del tártaro, mientras Bianca y Luke están ahí; Luke resentido con él al preferir claramente a Bianca. Ambos están muertos, que es lo primero que Draco pregunta, ambos parecen nerviosos al admitir que no eligieron la rencarnación, si no que más bien decidieron venir por cuenta propia al tártaro.
Draco los llamo idiotas.
Bianca aseguro que fue por él.
Idiotas.
Debieron rencarnar.
—Hestia hablo con Luke, mientras que padre hablo conmigo, dijeron que ocuparías ayuda y decidimos ayudar cuando nos dieron la oportunidad—dice Bianca acariciando su rostro.
Draco no entiende.
No entiende como pueden ser tan idiotas.
Su pecho duele, no siente calidez, pero siente algo que le hace sentir demasiado agradecido como horrorizado.
—¿Por qué? —Dice sin comprender nunca—Es el Tártaro —añade—. El hogar de los monstruos. Aquí abajo tal vez no se les pueda matar. —tampoco sabe cuánto tiempo llevan aquí.
Un día tal vez.
Una semana quizás.
Meses otra opción.
Duele.
Quiere llorar.
Se siente perdido.
Luke suspira.
—Ocupabas ayuda—su voz es gruesa, atrayente, la de un líder que estaba destinado a ser pero nunca pudo concretarse.
—Pero ya no estamos unidos por un vínculo—añade con dolor sujetando su pecho.
Vacío.
Abandonado.
El aire en sus pulmones parece quemar.
El recuerdo del cuerpo de Luke muerto aunque ahora esta aquí, es uno que no puede olvidar, porque no ha olvidado el de ningún ser querido que perdió.
Entonces la mano de Bianca, suave contra la suya, hace que levante el rostro para verla. Es tarde cuando nota que es solo un ojo que la ve, porque ha perdido el otro y eso lo hace sentir incluso más perdido dentro de un cuerpo que no parece ser el suyo.
¿Cómo se vive sin vinculo?
—Los vínculos fueron hermosos Draco, lo ame, pero incluso sin él, sigues siendo mi amigo y voy a luchar por ti—admite Bianca con rostro decidido.
Luke suspira cuando Draco vuelve a llorar.
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Toma más tiempo del que le gusta admitir a Draco el poder ponerse de pie, todo este lugar parece diseñado para hacerlo sentir miserable, pero Luke y Bianca están muertos. Intenta entender como están aquí, pero mientras Bianca lo toma de la mano explica que él les ayudo, pero no le dicen quien es él, solo que tienen que ir a encontrarlo para que les ayude.
No sabe cómo sentirse al respecto.
Mira de reojo a Luke que camina con calma en medio del caos y le tiene un poco de envidia.
Siempre se ha visto bastante genial en estos casos.
«El Tártaro»
«Fuego»
Este lugar era horrible, Draco miró tierra adentro, hacia el acantilado, iluminado por las llamas desde abajo.
—Ocupamos encontrar el rio de Fuego, nosotros no lo ocupamos porque estamos muertos, pero él nos dijo que te lleváramos ahí, así es como él ha sobrevivido—explica Bianca con calma.
Draco no se siente muy feliz al respecto.
Duraron relativamente poco al llegar, ninguno monstruo les ataco, Luke comento aburrido que este era el territorio de ellos donde habían estado practicando con estos cuerpos.
Cuando llegaron al saliente, Draco no sabía si había firmado su sentencia de muerte.
El acantilado descendía más de veinticinco metros. En el fondo se extendía una versión pesadillesca del Gran Cañón del Colorado: un río de fuego que se abría camino a través de una grieta de obsidiana irregular, mientras la reluciente corriente roja proyectaba horribles sombras en las caras de los acantilados.
Incluso desde lo alto del cañón, el calor era intenso.
Draco no se había quitado de los huesos el frío del río Cocito, pero en ese momento notaba la cara irritada y quemada. Respirar le exigía cada vez más esfuerzo, como si tuviera el pecho lleno de poliexpán. Los cortes de las manos le sangraban más.
Su cuerpo duele.
Todo duele.
El vacío realmente nunca se va.
Su interior se siente ajeno a él, como si estuviera en un cuerpo que no es suyo y no sabe que hacer al respecto para mantenerse unido.
—¿Qué tal si lo lanzamos? —dice Luke cuando ve la distancia, Draco no sabe si prefiere ese comentario o como Bianca parece dudar al respecto.
Draco no deja de tocarse el pecho inquieto a cada rato.
No siente nada.
Solo vacío.
Su pecho palpita, pero no hay nada ahí, no están sus vínculos y Draco odia todo el sentido que da eso. Una parte de él quiere solamente morir para escapar del dolor, otra solamente quiere llorar y si no esta en un caos total en este momento es por la presencia de Bianca y Luke.
Habían empezado a salirle ampollas en los brazos debido a la exposición al aire del Tártaro. El entorno era tan saludable como la zona de una explosión nuclear.
Y no dolía.
No tanto como su pecho vacío.
—Cuida mi espalda—dice Luke a Bianca.
Draco quiere tomarse un momento sin entender en que momento Luke y Bianca se hicieron amigos, porque cuando estaban con vida ninguno pensó nunca en el otro, pero ahora aquí estaban trabajando juntos como amigos. Entonces este lo puso sobre su hombro cual costal de papas, antes de que comenzara a deslizarse con cuidado por la saliente.
Mierda.
Se sintió mareado de golpe.
—Entonces... ¿cómo se llama ese río de fuego? —pregunta Draco sabiendo solo parte de la historia.
Luke suelta una leve risa, tan llena de viva, que es difícil pensar en este como el chico que había sido controlado por Cronos.
Aquí.
Parecía casi vivo.
Draco intento sentir el vínculo, pero no había nada ahí.
—Flegetonte —respondió él.
Siguieron descendiendo, avanzando paso a paso.
No es que Draco hiciera mucho.
Los brazos de Luke le temblaban. Pero, para gran asombro suyo, llegaron al fondo del acantilado.
Cuando alcanzaron el suelo, Luke volteo a verle y hizo una mueca de asco, Draco le habían salido forúnculos en la cara, de modo que parecía un enfermo de viruela.
—Tú no tienes nada—musita Draco incrédulo a lo cual Luke se encogió.
—Él me hizo este cuerpo temporal con mi alma y magia, el tartaro no me afecta como a ti—
Eso suena injusto.
Pero bueno.
Su vida nunca ha sido justa.
Draco veía borroso. Notaba la garganta como si le hubieran salido ampollas, y tenía el estómago encogido como un puño.
«Tenemos que darnos prisa», pensó Draco un momento antes de desmotivarse.
No quería seguir luchando, sus piernas cedieron, pero Luke lo sujeto con fuerza para que no cayera.
Su pecho vacío lo hizo querer llorar.
—Solo hasta el río —le dijo Luke con inusual suavidad— Podemos conseguirlo. —
Avanzaron tambaleándose (bueno Draco haciéndolo) por encima de resbaladizos salientes de cristal, rodearon enormes cantos rodados y evitaron estalagmitas que los habrían empalado si se hubieran resbalado lo más mínimo. Su ropa andrajosa echaba humo a causa del calor del río, pero siguieron adelante hasta que cayo de rodillas en la ribera del Flegetonte.
—Tienes que beber —dijo Luke.
Draco no dijo nada por un rato.
—¿Por qué? —pregunta viendo a Luke de reojo.
No sabe que pregunta específicamente.
¿Por qué debe seguir viviendo?
¿Por qué debe seguir luchando?
¿Por qué debe seguir buscando algo?
Ya está harto.
Ya no quiere nada.
Solo quiere descansar.
—Hay personas que te esperan afuera Draco—
—Ya no quiero luchar Luke…quiero descansar—
El rostro del chico parecía consternado, antes de sujetar sus hombros con suavidad, parecía meditar un poco en todo, parecía buscar algo y justo cuando Draco quería darse por vencido, este menciono un nombre que lo lleno de culpa.
—Harry—Draco levanta el rostro viendo pálido a Luke, que sonríe de reojo—Bianca me ha dicho que salías con él, lo lograste no, siempre hablabas de él, y ¿ahora vas a rendirte? —
Es un golpe un poco bajo.
Cualquier otro nombre si bien habría dolido, no tiene el golpe emocional de Harry al respecto.
Sus otros vínculos (¿ex vínculos?) claramente no deben estar pasándolo bien, pero se tienen entre ellos, Harry por otro lado esta en otra parte del mundo, con sus propias luchas y Draco no lo ha visto en meses. El pensamiento del chico que había sido su motivación como odio desde los 11 años, hace que su vientre se contraiga con dolor.
Le había prometido volver.
¿Quién le diría que murió en el tártaro?
Piensa en Percy diciéndole y algo dentro de él le hace sentir enfermo.
Viviría.
Por supuesto.
Es el gran Harry Potter.
Que Draco Malfoy muriera, no haría más que ponerlo triste, tal vez dejándolo libre para que alguien como la perra de la comadreja chica intentara volver a besarlo, para luego formar una familia de pequeñas comadrejas por ahí.
El pensamiento lo enfermo, volvió a ver a Luke sin saber si este tenía idea que eso pensaría o solo fue suerte.
Ve el lago con duda.
—¿Beber fuego? —
—El Flegetonte corre desde el reino de Hades hasta el Tártaro —Luke explica—. El río se usa para castigar a los malvados. Pero en algunas leyendas...también lo llaman el río de Curación. —
—¿Algunas leyendas? —
Luke se encogió de hombros, Draco lo vio indignado.
Iba a matarlo el hijo de puta.
Sabía que quería vengarse de todo lo que paso tarde o temprano.
—El Flegetonte mantiene a los malvados intactos para que puedan soportar las torturas de los Campos de Castigo. Creo... que sería el equivalente del néctar de ambrosía en el inframundo. —
—¿Crees? —
—Él nos dijo eso—
—¿Quién es "él"? —
—Bebé el rio Malfoy, no eras tan cobarde desde que llegaste al campamento—
Draco hizo una mueca cuando el río lo salpicó de cenizas que se arremolinaron alrededor de su cara.
—Pero es fuego. ¿Cómo podemos...? —
—Usa tus manos—
Se vieron por un largo tiempo, Draco lo vio como el psicópata que era, Luke maldice por bajo pero al final del día estaba muriendo.
Quería morir.
No quería morir.
La lucha moral en su mente le dijo que tal vez si tomaba del rio moriría o tal vez no, pero esa no seria su elección y al final Draco metió las manos en el río.
¿Una tontería? Sí.
Si esperaba más, caería desfallecido y morirían. Era preferible cometer una insensatez y confiar en que diera resultado que estaba fuera de su control.
Pensó en Harry.
Idiota.
Esperaba que nunca supiera esta historia, de que estaba haciendo la mayor tontería de su vida para ver si podía verlo una vez más en su estúpido y miope rostro.
Al primer contacto, el fuego no resultaba doloroso. Estaba frío, lo que probablemente significaba que estaba tan caliente que había sobrecargado los nervios de Draco según aprendió con Will. Antes de que pudiera cambiar de opinión, recogió el ardiente líquido ahuecando las palmas de las manos y se lo acercó a la boca.
Esperaba que supiera a gasolina, pero era muchísimo peor. En un restaurante de San Francisco había cometido el error de probar una guindilla picante de un plato de comida india, reto de Annabeth y Percy. Apenas la había mordisqueado cuando creyó que su sistema respiratorio iba a explotar. Beber del Flegetonte fue como tragarse un batido de guindilla picante. Sus senos nasales se llenaron de fuego líquido. La boca le sabía cómo si se la estuvieran friendo en abundante aceite. Su ojo derramaro lágrimas hirvientes y todos los poros de su rostro reventaron.
Se desplomó, asfixiándose entre arcadas, mientras su cuerpo entero se sacudía violentamente.
—¡Draco! —
Luke la agarró por los brazos e impidió por los pelos que cayera al río.
Las convulsiones pasaron. Respiró ruidosamente y logró incorporarse. Se encontraba muy débil y sentía náuseas, pero le resultó más fácil respirar la siguiente vez que lo intentó. Las ampollas de sus brazos estaban empezando a desaparecer.
No va morir, al menos por los próximos minutos.
No promete nada a futuro.
—Ha funcionado —dijo con voz ronca viendo a Luke incrédulo.
—Draco, respira—
—Duele menos, pero duele—
Los dos alzaron la vista a las nubes color sangre que se mezclaban entre la bruma gris. Era imposible que tuvieran las fuerzas para volver a trepar por el acantilado, aunque quisieran. Entonces solo tenían dos opciones: recorrer las orillas del Flegetonte río arriba o río abajo.
Luke le grito a Bianca.
Por un segundo, un instante, Draco odio como Bianca se deslizo como una perfecta princesa del infierno por la ladera y llego hacía ellos con un salto fácil.
—Presumida—susurra Luke sus pensamientos, antes de que Bianca le ayudara a levantarse.
Bien no quería vivir.
Pero ya que estaba aquí, había algo claro que tenía en mente.
—Las Puertas de la Muerte —musita Draco con dolor, pero ahora que ha tragado esa mierda de fuego que no lo mato.
Buuu, las cosas ya no te matan como antes.
Debe saber que aun tiene muchas oportunidades de muerte, pero no puede hacerlo, incluso si no fuera solo por Harry le había prometido a Nico cerrarlas.
Sujeta su pecho.
Su mirada cae.
No siente a Nico.
—No puede ser tan difícil—dice Bianca intentando animarlos.
—¿Qué hay de Nyx? —
Bianca patea en la espinilla a Luke mientras este gruñe que es una maldita loca, Draco voltea a ver a la distancia, ni siquiera sabe cómo harán por aquí, pero los chicos aseguran que tienen que ir a ver a alguien primero.
Espera, que todos ahí arriba.
Esten bien.
No tenían forma de localizar las puertas. No sabían cuánto tiempo los llevaría, ni si el tiempo transcurría a la misma velocidad en el Tártaro. ¿Cómo podrían sincronizar un encuentro con sus amigos? Además, Nico había dicho que una legión compuesta por los monstruos más fuertes de Gaia vigilaba las puertas en el lado del Tártaro.
Nyx también.
Joder.
—Sí, río abajo —logró decir—. Si el río viene de los niveles superiores del inframundo, debería irse adentrando en el Tártaro... —
—Entonces lleva a un territorio más peligroso —concluyó Luke con una sonrisa traviesa—Probablemente allí es donde estén las puertas. Estamos de suerte. —
Draco suspiro.
Sujeto su pecho y rasco sobre su camisa inquieto.
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Solo habían recorrido varios cientos de metros cuando Draco oyó voces. Anduvo con paso lento, medio atontada, tratando de idear un plan pero su pecho sigue doliendo y es estúpido porque sus heridas físicas están sanando. No es que pueda regenerar partes del cuerpo, toca su lado derecho de su rostro donde hay una cicatriz sobre su ojo y no siente nada debajo de este. Su ojo izquierdo había sido destrozado por Nyx durante su caída, aun le costaba ver en otras direcciones y no estaba seguro de poder ir a la batalla porque…
No tiene nada.
Draco se congela.
Su lanza había sido destruida.
No tiene magia.
No ve de una parte de su rostro.
No tiene forma de luchar.
Se congela.
—No otra vez como el primer verano—gimotea para desconcierto de Bianca y Luke, que a diferencia de Percy y Annabeth no parecen odiarlo como ese primer verano
Puede que el agua llameante del Flegetonte la hubiera curado y le hubiera dado fuerzas, pero no había aliviado en lo más mínimo su hambre ni su sed. La finalidad del río no era hacerte sentir bien, dedujo Draco. Simplemente te permitía continuar para que pudieras seguir experimentando un dolor atroz.
Su vida era una maldita comedia.
No se siente bien.
Porque, aunque su cuerpo sana.
Su interior quema por todo lo que le ha sido arrebatado.
Se le empezaba a caer la cabeza del agotamiento cuando las oyó -unas voces de mujer enzarzadas en una discusión- y se puso alerta en el acto.
—¡Agáchate, Draco! —susurró Bianca.
Tiró de él y lo ocultó detrás del canto rodado más cercano, y se pegó tanto a la orilla del río que sus zapatos casi tocaron el fuego. Al otro lado, en el estrecho sendero entre el río y los acantilados, las voces gruñían y aumentaban de volumen conforme se aproximaban desde más arriba.
Draco trató de controlar su respiración. Las voces sonaban vagamente humanas, pero eso no quería decir nada. Daba por sentado que en el Tártaro cualquier cosa era su enemigo. Ignoraba cómo era posible que los monstruos no los hubieran visto. Además, los monstruos podían oler a los semidioses, sobre todo a los que eran poderosos como Draco, hijo de Zeus. Dudaba que esconderse detrás de una roca sirviera de algo cuando los monstruos detectaran su olor.
Aun así, los monstruos se acercaron sin que sus voces cambiaran de tono. Sus pasos irregulares -« ras, cloc, ras, cloc» - no se aceleraron.
—¿Cuánto falta? —preguntó uno de ellos con voz áspera, como si hubiera estado haciendo gárgaras en el Flegetonte.
—¡Oh, dioses! —dijo otra voz.
Esa voz sonaba mucho más joven y más humana, como la de una adolescente mortal que se exaspera con sus amigas en el centro comercial.
—¡Sois unas pesadas! Os lo he dicho, está a tres días desde aquí. —
¿3 días?
Draco admiro en silencio sin entender de que hablaban.
Hubo un coro de gruñidos y murmullos. Las criaturas -una media docena, calculó Draco- se habían detenido justo al otro lado de la roca, pero seguían sin dar muestras de haber detectado el olor de los semidioses.
Tal vez Luke y Bianca no olían.
Estaban muertos, su cuerpo era creado por magia.
Draco se preguntó si los semidioses no olían igual en el Tártaro o si el resto de olores del lugar eran tan fuertes que enmascaraban el aura de un semidiós.
—Me pregunto si de verdad conoces el camino, jovencita —dijo una tercera voz, áspera y vieja como la primera.
—Cierra el pico, Serephone —dijo la chica del centro comercial—. ¿Cuándo fue la última vez que escapaste al mundo de los mortales? Yo estuve hace un par de años. ¡Conozco el camino! Además, yo sé lo que nos espera allí arriba. ¡Tú no tienes ni idea! —
—¡La Madre Tierra no te ha nombrado la jefa! —gritó una cuarta voz.
Más susurros, sonidos de riña y gemidos salvajes, como si unos gigantescos gatos salvajes se estuvieran peleando. Al final, la que se llamaba Serephone gritó:
—¡Basta! —
La riña se apaciguó.
—Te seguiremos de momento —dijo Serephone—. Pero si no nos guías bien, si descubrimos que nos has mentido sobre la llamada de Gaia... —
—¡Yo no miento! —le espetó la chica del centro comercial—. Creedme, tengo motivos para participar en esta batalla. Tengo enemigos que devorar, y vosotras os daréis un banquete con la sangre de los héroes. Solo os pido que me dejéis uno en concreto: el que se llama Percy Jackson. —
Silencio.
Luke, Bianca y Draco se vieron poco impresionados.
Percy siempre era Percy.
Por un momento Draco bajo la vista preocupado, no había visto la reacción de Percy cuando su vinculo se corto y ahora estaba preocupado sin saber que podría haberle pasado.
¿Habría sufrido?
Si.
Lo hizo.
No quiere pensar cuanto, porque ahora mismo Draco apenas si sabe que hacer con todas las piezas confundidas y separadas dentro de él, no sabe quien es y solo sabe que le prometió a Harry volver con él además de cerrar las puertas del tártaro.
Temía que solo pudiera elegir uno.
Temía cual tuviera que elegir.
—Creedme —dijo la chica del centro comercial—. Gaia nos ha llamado, y nos lo vamos a pasar en grande. Antes de que termine la guerra, mortales y semidioses temblarán al oír mi nombre: ¡Kelli! —
¿Quién es Kelli?
Draco tuvo la idea que había escuchado su nombre, pero no era importante seguramente, algún enemigo que enfrento Percy en el pasado.
« Empousai —dijo Bianca, esbozando la palabra con los labios—. Vampiras» .
Luke asintió con la cabeza seriamente.
Draco se sintió ofendido por no formar parte de cualquier plan, pero ahora no podría luchar, así que tampoco es que pudiera hacer mucho.
Las criaturas se marcharon arrastrando los pies y sus voces se volvieron más débiles. Annabeth se acercó sigilosamente al borde de la roca y se aventuró a echar un vistazo. Efectivamente, cinco mujeres avanzaban tambaleándose con unas piernas desiguales: la izquierda, de bronce y mecánica, y la derecha, peluda y con la pezuña hendida. Su cabello estaba hecho de fuego y su piel era blanca como un hueso. La mayoría de ellas llevaban vestidos andrajosos de la antigua Grecia, menos la que iba delante, Kelli, que llevaba una blusa quemada y raída y una minifalda plisada... su conjunto de animadora.
Además de sus terribles garras y colmillos, tenían la poderosa facultad de manipular la Niebla. Podían cambiar de forma y usar su capacidad de persuasión para engañar a los mortales y conseguir que bajaran la guardia. Los hombres eran especialmente susceptibles. La táctica favorita de las empousai consistía en enamorar a un hombre y luego beberse su sangre y devorar su carne. No era lo que se dice una primera cita encantadora.
No es que a Draco le importe mucho la chica.
Ya saben.
Prefiere a los chicos después de todo.
—Se dirigen a las Puertas de la Muerte —murmuró Luke curioso.
Bien eso le interesaba, no tenía ni idea de cómo cerraría eso, pero tiene una idea de que debe seguirlas.
—También está en camino de él—añade Bianca y Draco esta por gritar de quien rayos habla cuando se detienen.
Entone siguen caminando.
Maldición.
Estúpida tártaro.
.
.
Era imposible calcular el tiempo. Avanzaban penosamente siguiendo el río mientras se abría camino a través del inhóspito paisaje. Por fortuna, las empousai no se caracterizaban precisamente por caminar rápido. Andaban arrastrando sus desiguales piernas de bronce y de burro, susurrando y peleándose entre ellas, aparentemente sin prisa por llegar a las Puertas de la Muerte.
En una ocasión, las diablas apretaron el paso alborozadas y se apiñaron alrededor de algo que parecía un cuerpo varado en la orilla del río. Draco no sabía qué era: ¿un monstruo abatido? ¿Algún tipo de animal? Las empousai lo atacaron con satisfacción.
Cuando las vampiras reanudaron la marcha el trio llegaron al lugar, no quedaba nada más que unos cuantos huesos hechos esquirlas y unas manchas relucientes secándose al calor del río. A Draco no le cabía duda de que las empousai devorarían a unos semidioses con el mismo entusiasmo.
—Vamos —apartó Luke con delicadeza a Draco del lugar—. No nos conviene perderlas, es mejor verlas que no verles. —
Mientras caminaban, empezaba a recordar la guerra contra Cronos como los buenos tiempos, y eso era triste.
Después de varios kilómetros más, las empousai desaparecieron por encima de una cumbre. Cuando las alcanzaron, se encontraron en el borde de otro enorme acantilado. El río Flegetonte caía por un lado en unas gradas irregulares de cataratas de fuego. Las diablas descendían con cuidado por el acantilado, saltando de saliente en saliente como cabras montesas.
El paisaje de allí abajo era una desolada llanura cenicienta llena de árboles negros, como pelo de insecto. El terreno estaba cubierto de ampollas. De vez en cuando, una burbuja se hinchaba y explotaba, y arrojaba un monstruo, como una larva saliendo de un huevo.
A Draco se le quitó el hambre de repente.
Todos los monstruos recién formados se arrastraban y renqueaban en la misma dirección: hacia un banco de niebla negra que engullía el horizonte como un frente de tormenta. El Flegetonte corría en la misma dirección, hasta aproximadamente la mitad de la llanura, donde se juntaba con otro río de agua negra. ¿El Cocito, tal vez? Los dos torrentes se unían y formaban una catarata humeante e hirviente, y seguían corriendo como uno solo hacia la niebla negra.
Cuanto más miraba Draco la tormenta oscura, menos quería ir allí. Podía ocultar algo: un mar, un foso sin fondo, un ejército de monstruos. Pero si las Puertas de la Muerte estaban en esa dirección, era su única posibilidad de volver al mundo exterior.
Miró desde lo alto del acantilado.
—Ojalá pudiéramos volar —murmuró Draco, pero esta vez solo gimió cuando Luke lo volvió a poner sobre su hombro —no soy un inútil—
—Tengo mis dudas—
Le vio indignando, antes de sentirse un poco mareado de repente, sujeto su cabeza y antes que descendieran, Bianca se acerco a él. Su cuerpo si bien sano, no pudo hacer mucho para sujetar el estado mental que se encontraba.
No entendía.
No estaba mal.
Físicamente.
Mentalmente eran otros 5 galeones.
—Draco tienes que mantenerte despierto—dice Bianca con firmeza, pero antes de saberlo, Draco cae con sueño contra los brazos de la chica.
.
.
Abre el ojo confundido, todo parece extraño a su alrededor donde parecía como si el cielo infinito lleno de estrellas estuvieran al alcance de su mano pero no pudiera tocarlas, hay agua a su alrededor pero no se hunde. Parpadea confundido de donde se encuentra, pero cuando intenta incorporarse. Va a quejarse al dios de los sueños porque nunca puede tener uno normal (y le consta porque la mayoría de semidioses pasan por eso) cuando una voz lo detiene.
—¿Draco? —dice una voz que curiosamente había estado pensando hasta hace poco.
Voltea a ver sorprendido aun en medio del agua, solo para ver sorprendido el cabello despeinado y alborotado, esos ojos verdes y la cicatriz en la frente.
—¿Harry? —habla casi sin aire sin entender que está pasando.
Sin saber que es este lugar.
Un sueño quizás.
—¿Qué mierda paso a tu ojo izquierdo? —ladra su novio que espera siga siendo su novio y Draco se encoge.
Tal vez una pesadilla.
—Cariño puedo explicarlo—
Por la expresión de Harry si tiene mucho que explicar, ya llevara tiempo saber de este lugar, ahora tiene que averiguar como no morir a manos del hombre lobo.
Continuara…
Bienvenidos al arco 6 de la historia, como vemos tendremos un ángulo diferente y se que algunos ya habían adivinado un poco sobre Luke y Bianca, pero bienvenidos a bordo. Hay mucho que explorar en el tártaro, la idea era dejarlo más adelante, pero creo que es un buen momento para terminar el capítulo.
Espero disfruten de las locuras que se va a generar en este arco, porque hay muchas.
Pero sí.
Gracias a todos los que han llegado hasta aquí.
Este arco probablemente tenga entre 15 y 20 capítulos, donde se abarque la casa de hades, la sangre del olimpo y la lucha contra Voldemort. Así que espero disfruten y formen sus teorías sobre que pasara a continuación.
Gracias a todos sus comentarios, por el momento esta historia ha llegado muy lejos y todos gracias a ustedes.
:*
Por el momento sigo de vacaciones, estoy en cambios con mi trabajo, pero espero volver en Diciembre con todo, pero por ahora seran capitulos probablemente cada dos semanas por ahora.
