Capítulo 81: Un niño que lo perdió todo, cuarta parte.
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Draco se pregunta porque de todos los lugares donde Orion pudo enviarle accidentalmente por el viaje astral, tenía que llevarlo a Percy, aun sin la maldición parece ser que el destino quiere burlarse de su rostro una vez más; habría preferido mil veces a Harry. No porque sea un pésimo amigo, sino porque ver a Percy en este estado, hace que el vacío de su pecho regrese, había estado sobrellevándolo en el tártaro, pero ver así a Percy simplemente hizo que todo parecía trabajar para nada.
Dio un paso tembloroso.
Levanto la mano.
Este paso a su lado ignorándolo.
Bueno tiene sentido, es solo una representación astral de quien era, no tiene por qué verlo, pero duele de alguna forma.
Gira a verlo, notando sorprendido que no está solo, Jason y Nico están con él. Claramente Percy es quien tiene un aspecto más homicida, pero nota también las ojeras del rostro de Jason y su expresión nerviosa, Nico por otro lado.
Es como una patada en el cuello.
A diferencia de Percy que luce homicida o Jason que luce nervioso, Nico por fin parece un muerto viviente. Completamente pálido, delgado como cuando dejo el frasco donde estuvo atrapado, mirada vacía, actitud bastante desinteresada.
Pensaba que, si tocaba su hombro, se desmoronaría.
Algo dentro de Draco ardió de dolor, este era el motivo por el cual intento no pensar mucho en ellos, no quería saber que pasaba con ellos, porque apenas si podía con él mismo. Rápidamente se acercó a Nico pero pareció atravesarlo cuando comenzaron a caminar, haciendo que su pecho doliera casi sin aire.
No respiraba.
Era solo una imagen astral.
Aun así, sentía que sus pulmones quemaban.
Jason dejó atrás una viga de refuerzo, mira a su izquierda luciendo sorprendido cuando mira directamente a la cara donde había un busto de mármol de Diocleciano con una expresión ceñuda de desaprobación en su rostro de piedra caliza.
Jason recobró el aliento luciendo cansado.
—No te quedes atrás—la voz de Nico hizo que su sangre se helara por la frialdad de esta, no esta acostumbrado a esta frialdad, incluso cuando paso lo de Bianca su frialdad no se comparaba a esta.
Traga saliva.
Quiere hacer algo, pero no puede.
Entonces…
—¡Hola! —
Antes de que Draco pudiera percatarse de que la voz procedía de otra parte, Jason cortó la cabeza del emperador. El busto se cayó y se hizo añicos contra el suelo.
—Eso no ha estado muy bien —dijo la voz detrás de ellos.
Jason se volvió al mismo tiempo que Percy y Nico, Draco lo hizo confundido. El hombre alado del puesto de helados estaba apoyado en una columna cercana, lanzando despreocupadamente un pequeño aro de bronce al aire. A sus pies reposaba una cesta de mimbre llena de fruta.
—¿Qué te ha hecho Diocleciano? —
Las esquirlas de mármol se amontonaron y formaron un tornado en miniatura, regresaron girando en espiral al pedestal y se juntaron hasta formar un busto completo, con la nota metida debajo.
—Oh... —Jason bajó la espada—. Ha sido un accidente. Me ha asustado—
El hombre alado soltó una risita.
—Jason Grace, al viento del oeste lo han llamado muchas cosas: cálido, suave, vivificante y terriblemente atractivo. Pero nunca me habían dicho que provocara sustos. Dejo ese comportamiento grosero a mis borrascosos hermanos del norte—
Nico retrocedió muy lentamente.
—¿El viento del oeste? ¿Quiere decir que usted es...? —
—Favonio —comprendió Jason—. ¡El dios del viento del oeste! —
Favonio sonrió e hizo una reverencia, visiblemente contento de ser reconocido.
Fue curioso, durante un momento su rostro volteo a ver en su dirección, Draco supuso que si eras una deidad de algún tipo podría verte.
En esta forma.
Así paso con el olimpo y su juicio.
—Podéis llamarme por mi nombre romano, desde luego, o Céfiro, si sois griegos. No es algo que me preocupe—
Nico parecía bastante aburrido, por otro lado, Percy no hablaba, su mirada lo hizo sentir más intimidado.
—¿Por qué no están sus facetas griega y romana en conflicto, como les pasa a los otros dioses? —
—Oh, de vez en cuando tengo dolores de cabeza —Favonio se encogió de hombros—. Algunas noches me acuesto con mi pijama con las siglas SPQR y me despierto por la mañana con un chiton griego, pero por lo general la guerra no me molesta. Soy un dios menor. Nunca he sido el centro de atención. Las batallas entre semidioses no me afectan tanto—
—Bueno... —Jason no sabía si envainar su espada—, ¿y qué hace aquí? —
—¡Varias cosas! —contestó Favonio—. Pasar el rato con mi cesta de fruta. Siempre llevo una cesta de fruta. ¿Os apetece una pera? —
—No, gracias—
—Veamos... Antes he estado comiendo helado. Ahora estoy lanzando este tejo—
Favonio dio vueltas al aro de bronce en su dedo índice.
Jason no tenía ni idea de lo que era un tejo, pero trató de seguir concentrado.
—Me refiero a por qué se nos ha aparecido. ¿Por qué nos ha traído a este sótano? —
—¡Ah! —Favonio asintió con la cabeza—. El sarcófago de Diocleciano. Esta fue su última morada. Los cristianos lo sacaron del mausoleo. Luego unos bárbaros destruyeron el ataúd. Solo quería enseñaros —extendió las manos con tristeza— que lo que buscáis no está aquí. Mi amo se lo ha llevado—
—¿Su amo? —a Jason parecía ser quien mantenía la conversación en todo momento y luego se puso pálido— Por favor, dígame que su amo no es Eolo—
—¿Ese cabeza hueca? —Favonio resopló—. Pues claro que no—
—Se refiere a Eros —la voz de Nico adquirió un matiz de crispación—Cupido, en latín—
Favonio sonrió.
Cupido.
Draco recordó a Afrodita y no le agrado mucho la idea.
Todo esto iba a salir mal si algo como el amor estaba involucrado, le lanzo una disculpa mental a Harry, pero en general los dioses que tienen esa temática son un dolor de cabeza.
—Muy bien, Nico di Angelo. Ha pasado mucho tiempo. Tampoco olvidemos a Percy Jackson, una historia interesante la tuya—
Nico frunció el entrecejo.
Percy estaba listo para el ataque, Draco intento ponerse frente a él para alejarlo, pero lo atravesó cayendo al suelo en esta forma, no lo atravesó por suerte.
—No lo conozco—la voz de Percy lo congelo.
Esta furioso.
Nunca lo había visto así, arrodillado en el suelo giro a ver a su amigo escalofriándose un poco intimidado por su mirada.
—No me has visto —le corrigió el dios, antes de ver a Nico—. Pero te he estado observando Nico. Cuando viniste aquí de niño, y varias veces más desde entonces. Sabía que acabarías volviendo para contemplar el rostro de mi amo, pero ahora no es tan importante al ver lo mucho que has avanzado—ve de reojo a Percy y a Draco en el suelo—aunque mi amo parece haber obtenido un interés por alguien más en el camino—
Nico se puso todavía más pálido de lo habitual. Paseó la vista rápidamente por la cavernosa estancia como si estuviera empezando a sentirse atrapado.
Percy lucia levemente confuso.
Draco salto molesto frente a Favonio.
—Déjalos tranquilos—demando furioso, pero la deidad solamente levanto una ceja, viendo claramente a su ojo.
Lo veía.
Aunque su voz no pareció ser escuchada por nadie más.
Favonio tampoco parecía interesado en demostrarlo.
—Nico —dijo Jason—, ¿qué está diciendo? —
—No lo sé. Nada—
—¿Percy? —
—No entiendo nada tampoco—
Jason parecía frustrado, pero Draco estaba en una mirada con Favonio que se rio ante las palabras de Percy.
—¡¿Nada?! —gritó Favonio—. La persona que más te importaba... se cae al Tártaro, ¿y sigues empeñado en ocultar la verdad? —
Oh vaya.
Draco se congelo viendo hacía su espalda, Nico parpadea un poco confuso, Jason luce incomodo, Percy parece incluso más homicida ahora.
Genial.
Tal vez si Orion se apresurara y lo llevara de regreso, lo agradecería mucho. Sabe que habían prometido no tener nada oculto, pero tal vez, y solo tal vez, sería mejor que no estuviera en este momento presente, porque tiene un presentimiento poco agradable al respecto.
«La persona que más te importaba».
No suena bien.
¿Pasado?
Vaya y pensaba que eran amigos nuevamente.
—Solo hemos venido a por el cetro de Diocleciano —dijo Nico, intentando retomar la charla—. ¿Dónde está? —
¿Cetro?
Draco ladea la cabeza confundido.
¿Para que ocupan ese cetro?
—Ah... —Favonio asintió con la cabeza tristemente—. ¿Creías que solo tendrías que enfrentarte al fantasma de Diocleciano? Me temo que no. Sus pruebas serán mucho más difíciles. Mucho antes de que esto fuera el palacio de Diocleciano, era la puerta de la residencia de mi amo. He vivido aquí durante eones, trayendo ante Cupido a los que buscaban el amor—
A Draco no le gustó la mención de las pruebas difíciles, ya que no sabe si en cualquier momento seria enviado de regreso al tártaro. No se fiaba de ese extraño dios con el aro, las alas y la cesta de fruta.
—Como a Psique, la esposa de Cupido. Usted la llevó a su palacio—musita Jason nervioso.
A Favonio le brillaron los ojos.
—Muy bien, Jason Grace. Llevé a Psique con los vientos desde este mismo sitio hasta los aposentos de mi amo. De hecho, ese es el motivo por el que Diocleciano construyó su palacio aquí. Este sitio siempre ha estado agraciado por el suave viento del oeste —extendió los brazos—. Es un rincón para la tranquilidad y el amor en un mundo turbulento. Cuando el palacio de Diocleciano fue saqueado... —
—Usted cogió el cetro —aventuró Jason.
—Para ponerlo a buen recaudo —convino Favonio—. Es uno de los numerosos tesoros de Cupido, un recordatorio de tiempos mejores. Si lo quieres... —Favonio se volvió hacia Percy—. Deberás enfrentarte al dios del amor—
El chico no pareció feliz al respecto.
—Percy, puede hacerlo —dijo Jason con confianza o al menos fingiéndola.
No parecía que lo escuchara, parecía como si Percy quisiera tener el cetro y largarse de aquí ahora.
Draco pateo el suelo gruñendo para que lo llevaran de regreso.
—Espera eso esta interesante—musita Orion a su cabeza y Draco sujeta su cabeza.
Maldito idiota, debería aprovechar para llevarlo de regreso y no ser una perra chismosa como era, miro preocupado a sus amigos.
No hay vinculo.
Vacío.
Duele.
Pero aunque duele, más duele ver el estado en que se encuentran tan derrotados y no sabe que tantas desventuras han tenido hasta ahora.
—Bien—ladra Percy aburrido.
Favonio sonrió.
Draco hizo una mueca.
Enfrentar a una deidad, nunca es buena idea, la última vez Draco termino confesando su amor por Potter cuando aún salía con Anthony.
—¡Magnífico! ¿Os apetece picar algo antes de marchar? —cogió una manzana verde de su cesta y la miró frunciendo el entrecejo—. Córcholis. Siempre me olvido de que mi símbolo es una cesta de fruta sin madurar. ¿Por qué no se reconoce el mérito del viento de la primavera? El verano se queda con toda la diversión—
Fue ofensivo.
Draco ama las manzanas verdes.
—No se preocupe —dijo Nico rápidamente viendo enojado la manzana verde—. Solo llévenos hasta Cupido—
Favonio empezó a dar vueltas a su aro en el dedo, y el cuerpo de Jason como el de Nico se disolvió en el aire seguidos del de Percy.
Hijo de puta.
Bueno, tal vez ahora pueda irse al tártaro.
—Claro que no, hace años no veo nada divertido—es la voz de Orion.
¿Draco está sorprendido?
En realidad, no.
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Draco ha confirmado lo que temía, Orion es realmente un hijo de perra como los olimpos, que no tiene nada más que tiempo libre y deseo de molestar. Le pregunto mentalmente porque no puede hacer que otros lo vean, pero Orion admite que al enviarlo tan lejos le es imposible, solamente deidades podrían hacerlo, Draco cree que es un hijo de perra que ama el drama; si no fuera porque el drama es a su costa podría haberlo aplaudido.
Favonio dejó a sus amigos en medio de las ruinas, al lado de una columna rota del tamaño de una secuoya.
Sus cuerpos recuperaron sus formas, menos el de Draco por supuesto, Favonio no dejaba de verlo curioso, pero no agrego nada a favor o en su contra.
Típico.
—Sí, los cuerpos mortales son terriblemente pesados —dijo Favonio. El dios del viento se posó en un muro cercano con su cesta de fruta y desplegó sus alas rojizas al sol—. Sinceramente, no sé cómo los soportáis un día sí y otro también—
Draco escudriñó el entorno.
La ciudad debía de haber sido enorme. Distinguió los armazones de templos y baños, un anfiteatro medio enterrado y unos pedestales vacíos que debían de haber sostenido estatuas. Hileras de columnas se alejaban hacia ninguna parte. Las antiguas murallas de la ciudad zigzagueaban entre la ladera como un hilo de piedra a través de una tela verde.
Algunas zonas tenían aspecto de haber sido excavadas, pero la mayor parte de la ciudad parecía abandonada, como si la hubieran dejado a merced de los elementos durante los últimos dos mil años.
—Bienvenidos a Salona —dijo Favonio—. ¡Capital de Dalmacia! ¡Lugar de nacimiento de Diocleciano! Pero antes de eso, mucho antes de eso, fue el hogar de Cupido—
Nada puede salir bien.
Si Theo estuviera aquí podría asegurarlo.
Si no salió nada bien con Afrodita, menos con su hijo.
Pensar en Theo lo puso un poco triste.
Ha pasado mucho desde que lo vio.
El nombre de Cupido hizo eco, como si unas voces lo susurraran a través de las ruinas. Había algo en ese lugar todavía más inquietante que el sótano del palacio de Split. Draco nunca había pensado mucho en Cupido. Desde luego no había pensado que Cupido diera tanto miedo. Incluso para los semidioses, su nombre evocaba la imagen de un ridículo bebé alado con un arco y una flecha de juguete que volaba de un lado a otro en pañales el día de San Valentín.
—Oh, Él no es así —dijo Favonio.
Draco pensó en Afrodita con las facciones de Harry, no, de los olimpos hay que tenerle miedo aquellos que puede jugar con su forma para provocarte.
—¿Puede leerme el pensamiento? —dice Jason sacándolo de sus pensamientos.
—No me hace falta —Favonio lanzó su aro al aire—. Todo el mundo tiene una impresión equivocada de Cupido... hasta que lo conocen—
Nico se apoyó en una columna; las piernas le temblaban de forma visible.
Percy por otro lado parecía buscar agua con su mirada, lo cual no lo hizo sentir muy cómodo de alguna manera.
A los pies de Nico, la hierba se volvió marrón y se marchitó. La parcela muerta se extendió hacia fuera, como si las suelas de sus zapatillas estuvieran rezumando veneno.
Draco suspiro.
—Ah... —Favonio asintió con la cabeza compasivamente—. Entiendo que estés nervioso, Nico di Angelo. ¿Sabes cómo acabé yo sirviendo a Cupido? —
—Yo no sirvo a nadie —murmuró Nico—. Y menos a Cupido—
Favonio continuó como si no le hubiera oído.
—Me enamoré de un mortal llamado Jacinto. Era extraordinario—
—¿Jacinto? —Jason susurro—. Ah... —
—Sí, Jason Grace —Favonio arqueó una ceja—. Me enamoré de un chico. ¿Te escandaliza? —
Draco se sintió un momento ofendido.
Tenía novio muchas gracias.
Milagrosamente aun es su novio.
Espera vivir lo suficiente para disfrutar de su novio.
Mira de reojo a Jason que no parece afectado en lo más mínimo, recuerdos de Anthony hacen que sonría con orgullo de que su medio hermano realmente no se vea afectado por eso.
—Supongo que no... Cupido le disparó una flecha, y se enamoró—
Favonio resopló.
—Haces que parezca muy sencillo. Desgraciadamente, el amor nunca es sencillo. Verás, al dios Apolo también le gustaba Jacinto. Decía que eran solo amigos. No sé. El caso es que un día me los encontré juntos jugando al tejo... —
Otra vez esa extraña palabra.
—¿El tejo? —
—Un juego al que se juega con esos aros —explicó Nico con voz frágil—Como el lanzamiento de herradura—
—Más o menos —dijo Favonio—. En cualquier caso, me puse celoso. En lugar de enfrentarme a ellos y averiguar la verdad, cambié la dirección del viento y lancé un pesado aro de metal contra la cabeza de Jacinto y... En fin —el dios del viento suspiró como si no acabara de confesar sus pecados—. Cuando Jacinto murió, Apolo lo convirtió en la flor que lleva su nombre. Estoy seguro de que Apolo se habría vengado de mí de una forma horrible, pero Cupido me ofreció su protección. Yo había hecho algo terrible, enloquecido por el amor, así que él me perdonó con la condición de que trabajara eternamente para él—
«CUPIDO»
El nombre resonó otra vez a través de las ruinas.
¿Apolo?
Draco resoplo ante su otro medio hermano, no es que fuera obvio para ellos, pero si tuviera que elegir un medio hermano que le cayera bien, Jason va ganando por ahora.
—Esa debe de ser mi señal —Favonio se levantó—. Piensa muy bien tu manera de obrar, Percy Jackson. No puedes mentirle a Cupido. Si dejas que la ira te domine, tu destino será todavía más triste que el mío—
Draco voltea a ver a Percy confundido, que al igual que él, parece no entender de que habla. Nico y Jason se ven confusos, pero no dicen nada.
No entendía de qué estaba hablando Favonio, pero no tuvo tiempo para pensar en ello. El dios del viento desapareció en un torbellino rojo y dorado. De repente el aire veraniego se tornó opresivo. El suelo tembló, y Jason y Nico desenvainaron sus espadas para imitar ahora a Percy.
Bien.
La voz pasó rozando la oreja de Draco como una bala. Cuando se volvió, no había nadie.
Venís a reclamar el cetro.
—Cupido —gritó Jason—, ¿dónde está? —
La voz se rió. Desde luego no sonaba como la de un adorable querubín. Tenía un sonido grave y rotundo, pero también amenazante, como el temblor que precede a un grave terremoto.
Donde menos me esperas, contestó Cupido. Como lo está siempre el amor.
Algo chocó contra Jason y lo lanzó a través de la calle. Se cayó por una escalera y se quedó tumbado en el suelo de un sótano romano excavado.
Creía que eras más espabilado, Jason Grace. La voz de Cupido se arremolinó alrededor del chico. Después de todo, has encontrado el amor verdadero. ¿O todavía tienes dudas?
Nico bajó la escalera a toda prisa seguido de Percy. Draco tuvo problemas al seguirlo porque no estaba acostumbrado a la caminata astral, cuando comenzó a escuchar a Bianca y Luke en su cabeza, intento buscar los vínculos.
Nada.
Orion parecía conectar todo como si fuera una pantalla (pensó en Nyx con amargura y las similitudes), pero el hijo de perra parecía simplemente presentar todo como un show.
Que se joda Nyx.
Primero va a matar a Orion Black.
—¿Estás bien? —fue Nico quien ofreció su mano a Jason.
Jason tomó su mano y se levantó.
—Sí. Solo ha sido un golpe a traición—
Ah, ¿esperabas que jugara limpio? Cupido se rió. Soy el dios del amor. Nunca soy justo.
—Igual que tu madre—siseo Draco, nadie aparte de Cupido debió escucharlo, genial.
Una flecha apareció, Draco casi se cae, pero Jason la interceptó con la espada y la desvió a un lado antes que golpeara a Nico. La flecha estalló contra la pared más cercana y los salpicó de escombros de piedra caliza.
Subieron la escalera corriendo. Jason tiró de Nico hacia un lado cuando otra ráfaga de viento desplomó una columna que lo habría aplastado.
Percy salto esquivando todo con voluntad y mirada que prometía sangre.
—¿Ese tío es el dios del amor o de la muerte? —gruñó Jason.
Pregúntale a tus amigos, dijo Cupido. Frank, Hazel y Percy han conocido a mi homólogo, Tánatos. No somos muy distintos. Solo que la Muerte a veces es más dulce.
—¡Solo queremos el cetro! —gritó Percy furioso—. Tratamos de detener a Gaia. ¿Está usted de parte de los dioses o no? —
Una segunda flecha alcanzó el suelo entre los pies de Percy y emitió un brillo candente. Percy se desplomó hacia atrás cuando la flecha estalló en un géiser de llamas.
El amor está de parte de todos, dijo Cupido. Y de nadie. No preguntes lo que el amor puede hacer por ti.
—Genial —dijo Jason—. Ahora se pone a soltar frasecitas de tarjeta de felicitación—
Draco odia que sea parte del espectáculo, levanta sus manos, es solamente un espectro y no sabe usar magia en este estado; tampoco sabe si se puede en este estado.
Un movimiento detrás de su hermano: Jason se giró y hendió el aire con su espada. La hoja se clavó en algo sólido. Oyó un gruñido y volvió a blandirla, pero el dios invisible había desaparecido. Sobre los adoquines brillaba un reguero de icor dorado: la sangre de los dioses.
Muy bien, Jason, dijo Cupido. Por lo menos percibes mi presencia. Rozar de refilón el amor verdadero es más de lo que consiguen la mayoría de los héroes.
Draco levanto los puños emocionado, mientras Bianca se quejaba del estado de Nico al lado de la voz de Luke que reprendía a Percy por no ser más rápido. Orion solamente decía algo sobre chocolates que Draco no quiso pensar o se volvería loco.
Tal vez lo era.
Había extrañado tener voces en su mente.
Lo cual ya era bastante loco.
La locura del tártaro se contagio de él al fin, era inevitable caer en esa locura.
—Entonces ¿me dará ahora el cetro? —preguntó Jason.
Cupido se río.
Lamentablemente, no podrías empuñarlo. Solo un hijo del inframundo puede invocar a las legiones de muertos. Y solo un oficial de Roma puede dirigirlas.
—Pero... —
Jason titubeó.
Draco puede entender, que su hermano era un oficial. Era un pretor. Bueno lo fue, ahora había ofrecido su puesto, los olimpos son bastante delicados con esos aspectos. Pero del lado bueno, tenían a Nico y técnicamente a Percy le dieron el puesto de pretor.
Eso debía valer.
¿Verdad?
—Déjenos eso a nosotros —dijo—. Nico puede invocar... —
La tercera flecha pasó silbando junto al hombro de Jason. Esa vez no la pudo detener. Nico gimió cuando el proyectil se clavó en el brazo con el que sostenía la espada.
—¡Nico! —
El hijo de Hades tropezó. La flecha se deshizo sin dejar sangre ni herida visibles, pero Nico tenía el rostro crispado de ira y dolor.
Draco igualmente, no ocupo sentir la ira de Bianca (no es que pudiera ahora), Draco simplemente quería matar a alguien.
Cupido.
Que lo disculpe Afrodita, que su querido niño iba a morir.
—¡Basta de juegos! —gritó Nico—. ¡Dé la cara! —
Mirar el auténtico rostro del Amor es algo costoso, dijo Cupido.
—Hijo de puta, saldré del tártaro solo para patear tu culo—ladra Draco con enojo, a lo cual siente a Cupido bufar.
Nadie lo escucha.
Solo la deidad.
Otra columna se desplomó. Jason se apartó con dificultad.
Mi esposa Psique aprendió esa lección, dijo Cupido. La trajeron hace eones, cuando mi palacio estaba situado aquí. Solo nos veíamos a oscuras. Se le advirtió que no podría mirarme, y sin embargo no pudo resistir el misterio. Temía que yo fuera un monstruo. Una noche encendió una vela y contempló mi rostro mientras dormía.
—¿Tan feo era? —
Draco creía que había localizado de dónde venía la voz de Cupido —el borde del anfiteatro, a unos veinte metros de distancia—, pero quería asegurarse.
El dios se rio.
Me temo que era demasiado bello. Un mortal no puede mirar el auténtico aspecto de un dios sin sufrir las consecuencias. Mi madre, Afrodita, maldijo a Psique por su desconfianza. Mi pobre amante fue torturada y obligada a exiliarse, y recibió unos horribles encargos para demostrar su valía. Incluso la mandaron al inframundo en una misión para demostrar su entrega. Se ganó el derecho a volver a mi lado, pero sufrió mucho.
Jason levantó la espada al cielo, y un trueno sacudió el valle. Un rayo abrió un cráter donde la voz había estado hablando.
Silencio.
Jason estaba en silencio cuando una fuerza invisible lo derribó al suelo. Su espada se deslizó a través del camino.
Buen intento, dijo Cupido, cuya voz sonaba lejana. Pero el Amor no se puede atrapar tan fácilmente.
A su lado, un muro se desplomó. A Percy apenas le dio tiempo a apartarse rodando por el suelo.
—¡Basta! —gritó Percy—. Soy yo al que quiere. ¡Déjelos tranquilos! —no parecía feliz al respecto, pero funciono.
No entendía por qué Percy se consideraba a sí mismo el principal objetivo, pero Cupido parecía estar de acuerdo.
Pobre Percy Jackson. La voz del dios estaba teñida de decepción. No sabes lo que quieres, y mucho menos lo que yo quiero. Mi amada Psique lo arriesgó todo por Amor. Era la única manera de expiar su falta de fe. Y tú... ¿qué has arriesgado en mi nombre?
—He luchado contra cosas peores que tú —gruñó Percy—. Usted no me da miedo—siseo el aire a su alrededor parecía prometer muerte.
Draco trago saliva, volteo a ver a todos lados pero no encontró a la deidad, rápidamente salto hacía Percy intentando controlarlo solo para atravesarlo.
Maldita sea.
Te doy mucho, mucho miedo. Enfréntate a mí. Sé sincero. La voz parecía divertida, no sabe si de ellos o de Draco.
Jason se levantó.
El suelo se movió alrededor de Nico. La hierba se marchitó y las piedras se agrietaron como si algo se estuviera moviendo debajo de la tierra, tratando de abrirse paso.
—Denos el cetro de Diocleciano —dijo Nico—. No tenemos tiempo para jueguecitos—
¿Jueguecitos? Cupido atacó dando una bofetada del revés a Nico que lo lanzó contra un pedestal de granito. ¡El amor no es ningún juego! ¡No es una estupidez con florecitas! Es esfuerzo: una búsqueda que nunca termina. Lo exige todo de uno: sobre todo la verdad. Solo entonces produce gratificación.
—¡SUELTALO! —grita Draco y se sorprende de escuchar la voz de Percy al mismo tiempo diciendo lo mismo.
Volteo a verle.
Percy parecía furioso de que tocaran a Nico, lo cual, bueno, era algo nuevo. Hasta ahora no se había mostrado muy interesado en este, pero que estuviera protegiéndole le hizo respirar.
Nico estaba a salvo.
Jason recuperó su espada.
—Percy—gritó Jason—, ¿qué quiere de ti ese tío? —
Percy pareció constipado, Draco se congelo, Percy sabía algo que parecía atormentarlo lo que hizo a Draco suspirar y pensar que su amigo ocultaba algo.
Mala idea.
Los olimpos disfrutaban de eso.
Díselo, Percy Jackson, dijo Cupido. Dile que eres un cobarde, que tienes miedo de ti mismo y de tus sentimientos. Dile cuál es el auténtico motivo por el que te has avergonzado todo este tiempo, porque no fuiste suficientemente valiente para declararte a tu amigo cuando eran niños.
Espera.
Un momento.
Draco se congela y realmente quiere largarse de aquí.
No debería escuchar esto.
—Creo que tal vez estamos metiéndonos en temas que no nos conciernen—musita Bianca nerviosa como si hiciera eco de sus pensamientos.
—Maldita sea Ethan gano una apuesta—
—Mejor que la novela que me conto la Arpia para dejarla con vida, Spoiler, no la deje con vida—
Draco realmente no quiere estar aquí.
Percy soltó un grito gutural. Todo a su alrededor pareció aumentar en humedad y una pequeña tormenta comenzaba a rodearlo, oh maldita sea, Cupido debe ser valiente para no tener miedo al rostro enojado de Percy que ahora mismo le recordaba mucho a Poseidón.
No de buena manera.
¿Vas a esconderte entre tus poderes, como haces siempre?, dijo Cupido a modo de provocación.
Realmente sin miedo a la muerte.
Draco voltea a ver preocupado a su amigo.
Oleadas de furia salieron despedidas del hijo de Poseidón, incluso algunas particular de agua parecían moverse violentamente a su alrededor. Jason y Nico parecían verse confundidos, claramente un poco sorprendidos, pero al mismo tiempo no.
¡Qué interesante!, dijo Cupido. ¿Tienes la fuerza necesaria?
—Voy a matarte —dijo Percy.
Draco le creyó totalmente.
Sigues escondiéndote, dijo Cupido desde su lugar seguro.
—Percy —logró decir Nico con voz tensa—, tranquilo. Lo entiendo—
Percy lo miró, el rostro surcado de dolor y sufrimiento, no parecía emocionado y simplemente parecía cansado de todo.
Draco pudo entender eso.
Pero odio no poder ayudarle.
—No, no lo entiendes —dijo—. Es imposible que lo entiendas—
Vuelves a huir, lo regañó Cupido. De tus amigos, de ti mismo.
—¡Solo ocupamos el cetro! —gritó Percy—. ¡Tenemos que rescatarlo! —
El agua al fin parecía que tenía sujeto a Cupido, pero el dios invisible se reía de forma tan cruel que a Draco le entraron ganas de invocar un rayo. Lamentablemente, no puede usar sus poderes.
Un espectador.
—Déjalo en paz, Cupido —dijo Jason con voz ronca—. Esto no es... —
Le falló la voz.
No dijo nada más.
Draco rodo su ojo ante su hermano antes de ver a Percy, se puso frente a él intentando sujetarlo de nuevo solo para fallar. Sin el vínculo tampoco podía hacer nada, no podía hacer que lo sintiera o que viera que estaba aquí presenciando todo.
—Detente—le grito a Cupido que sería el único que pudiera verle.
Pero le ignoro.
Igual que su madre.
Idiota.
Cupido era un monstruo. El Amor era el monstruo más salvaje de todos.
La voz de Percy sonaba como el cristal roto.
—Yo... era solo un niño, él era todo para mi—susurro Percy y Draco lo vio frente a su ojo.
Estaba cansado.
Roto.
Dolía.
Percy siempre había sido sinónimo de fuerza a su lado, el muro en que podía apoyarse si fuera necesario, pero ahora se veía tan débil como si cualquier aire pudiera hacerlo caer.
—Percy, no está mal, es normal sentir eso por tu amigo, él me lo enseño—la voz de Nico era un poco temblorosa.
Toda la resistencia y la negación parecieron abandonar a Percy en el acto.
—Realmente lo quería—
Cupido se hizo visible: un joven esbelto y musculoso con alas blancas como la nieve, cabello moreno liso, y un sencillo hábito blanco y unos vaqueros. El arco y el carcaj que colgaban de su hombro no eran de juguete: eran armas de guerra. Sus ojos eran rojos como la sangre, como si hubiera exprimido todos los corazones de San Valentín del mundo y los hubiera destilado en una mezcla venenosa. Tenía un rostro atractivo, pero también duro, difícil de mirar, como un foco. Miró a Percy con satisfacción, como si hubiera identificado el punto exacto al que disparar su siguiente flecha para conseguir una muerte limpia.
—Me enamoré de Draco cuando lo conocí ese primer verano—espetó Percy—. Esa es la verdad. Ese es el gran secreto—
Lanzó una mirada de odio a Cupido.
—Cuando lo conocí era mi mejor amigo, el vínculo, éramos inseparables y llegué a pensar que algún día simplemente estaríamos juntos para siempre. Pensé que este me quería también, pero luego volvió a Hogwarts y…era claro que no era tan especial para él, que no era el único, simplemente supe que no iba a amarme y fue como…maldita sea…¿Satisfecho?—
Por primera vez, la mirada de Cupido pareció compasiva.
Draco por otro lado se quedó ahí, con la boca abierta, queriendo simplemente gritar al mismo tiempo que quería zarandearlo. Había tantas preguntas en su mente, pero ninguna se hizo presente, solamente quería patear a Percy.
¿Cuándo vergas paso esto?
Hijo de perra, también había estado enamorado de él, pero luego…luego volvió a Hogwarts, la presencia de Harry siempre había sido adictiva para él, incluso cuando se alejaba de este, siempre estaba al pendiente de lo que pasaba a su alrededor.
Incluso si hubiera dicho sus sentimientos, incluso si los hubiera correspondido.
¿Draco habría superado a Harry?
¿Percy no se habría sentido atraído por Annabeth nunca?
Miro sus manos confundido.
Realmente estaba enamorado de Harry y había visto el amor de Percy en Annabeth, pero todo esto, era un secreto de Percy que nunca le dijo, que parecía haberlo estado atormentando. Se pregunto adolorido porque nunca dijo nada, lo hubiera entendido, habría sido una sorpresa pero…pudo haberlo ayudado a seguir adelante.
—Oh, yo no diría que el amor satisface siempre —la voz de cupido sonaba más débil, mucho más humana—. A veces te llena de tristeza. Pero por lo menos ya te has enfrentado a él. Esa es la única forma de conquistarme—
El hombre alado volteo a verlo, Draco simplemente miro a Percy que parecía derrotado.
—Ahora amo a Annabeth…pero…siempre pensé en decirle a Draco, me arrepiento de no haberlo dicho al menos una vez; es mi mejor amigo—lo último es un susurro que apenas puede escuchar por estar ahí frente a él.
Maldita sea.
Gira a ver a cupido furioso, al igual que su madre, forzando sentimientos en alguien sin consideración.
Cupido se deshizo en el viento.
En la zona del suelo donde él había estado vieron entonces un bastón de marfil de noventa centímetros de largo rematado con una esfera oscura de mármol pulido del tamaño de una pelota de béisbol, que se engarzaba sobre las espaldas de tres águilas romanas de oro. El cetro de Diocleciano.
Nico se arrodilló y lo recogió. Observó a Jason, ambos vieron a Percy que parecía derrotado.
—Percy—susurro Draco cansado, antes de sentir un jalón de su alma.
Estaba regresando al tártaro mientras miraba a Jason abrazar a su amigo, que parecía cansado y con ganas de llorar.
Joder.
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Cupido es un maldito hijo de perra en su lista de deidades que odiaba.
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Bianca fue la primera en recibirlo, sujetándolo contra ella mientras susurraba palabras de aliento, no era su culpa, pero claramente cuando volviera a la superficie tiene mucho que hablar con Percy; parecía que tenía una carga pesada sobre sus hombros. Por lo cual luego del viaje astral no estaba preparado para caer inconsciente, tal vez una parte de él sí, pero otra gran parte no. No esta de muchos ánimos cuando llega al extraño paraje mental donde siempre se encuentra con Harry, mucho menos para ver al chico jadeando en el suelo. Una parte de él quiere ser egoísta para preocuparse solamente por Harry, pero sabe que no puede y rápidamente se termina agachando para ver el rostro de Harry que parece cansado, sostiene su mano con fuerza y aunque no hay sangre, tiene una idea de que podría pasar.
—Te lastimaron—susurra preocupado a lo cual Harry simplemente solo ahoga una risa por bajo.
Aunque sale cansada.
Es difícil recordar a veces que no es el único que sufre, no solo Percy y compañía, también Harry está pasando lo suyo.
Voldemort.
El recuerdo sigue haciéndolo escalofriar, incluso con técnicamente Bianca a su alrededor, el recuerdo del hombre es suficiente para hacerlo sentir enfermo.
—Tiene monstruos a su alrededor, no solo Mortifagos, no nos dimos cuenta y…—Harry deja de hablar bajando la mirada.
Su pierna esta cubierta por su pantalón, pero se pregunta si fuera de este lugar podría verse como algo destruido.
¿La pierna estaría ahí?
Su mano viaja un momento a su ojo perdido, antes de negar con la cabeza.
—¿Monstruos? —
—Como los que vi cuando estuve en el campamento contigo, no son monstruos mágicos…son de tu lado—musita dejando caer la cabeza contra su pecho, Draco sabe que debe consolarlo, pero los eventos con cupido aun lo tienen algo aturdido.
Maldita sea.
Los saca un momento de su cabeza a la fuerza, porque ahora no tiene a Percy y no puede hablar con él, técnicamente, pero esta con Harry y puede hablar con él. Tiene que tomar lo que tiene en sus manos, para poder trabajar, no puede quebrarse la cabeza ahora mismo que no puede hacer algo con Percy, cuando este con él va a solucionarlo, pero ahora Harry.
Tiene que arreglar esto.
Tiene que hacerlo.
—Respira—la voz de Harry calmada hace que levante el rostro nervioso.
Maldice por bajo.
Hace tiempo no tenía un ataque de pánico, pero puede que su respiración comenzara a alterarse un poco por demasiadas cosas en su cabeza.
Toma aire antes de ver fijamente a Harry.
—¿Cómo los han estado manejando? —pregunta con firmeza, a lo cual Harry baja la mirada.
—Amos, Carter y Sadie principalmente, han pedido ayuda a Egipto y tenemos una buena cantidad de aliados, pero son muchos los enemigos por todos lados—
—¿Severus? ¿El viejo senil? —
—El profesor Snape se está recuperando, Amos logro cortar el vínculo como mortifago (lo cual no te perdono por ocultar), Dumbledore se está recuperando de la lucha contra Voldemort, sigue estando inestable, pero nos ayuda contra las criaturas…logramos encontrar un Horrocrux…era falso—
Bueno, maldita sea.
Su mano aprieta el suelo viendo a su novio impotente, nada parecía verse bien ahora mismo, aquí se suponía que podrían ignorar lo que pasaba en el exterior, pero todo parece ser simplemente demasiado para ellos ahora mismo.
—Tengo que ayudarte—dice sin saber que más hacer, pero no puede ir.
Primero que todo, ya saben, tártaro.
Segundo que todo, el fin del mundo con Gea.
Tercero, otro continente.
Harry bufa antes de abrazarlo, Draco se deja desesperado por contacto y preocupado por las heridas de su novio fuera de aquí.
—Tienes que venir por mí, sí, pero primero tienes que salir de ese agujero negro, no es tu deber salvar el mundo Draco…solo somos…—ni siquiera puede decir la palabra "niños", hace mucho tiempo que Draco y Harry no lo son.
Aprieta la parte trasera de la camisa de Harry con cansancio.
Tanto que solucionar ahora.
Y se siente demasiado lejos de solucionar cualquier cosa.
—Vi a Percy en un viaje astral, confeso a un ente que parece ser estuvo enamorado de mi—fue un poco indignante que cuando Harry comentara que Ginny lo beso, Draco se lleno de celos, pero ahora mismo el chico no parecía afectado de su confesión.
Lo ve mal.
Harry sonríe con ternura picando su mejilla.
—Solamente tú no te darías cuenta Malfoy, no me extraña, llevo obsesionado contigo desde primer año y prácticamente tuve que gritarte a tu cara que me gustabas para que me creyeras—las mejillas de Draco se sonrojan con indignación.
Aunque un poco alegre que el tema de las guerras quede de largo para dar paso a la vergüenza, algunas cosas son menos dolorosas de pensar que otras.
—Esperaba celos, eres aburrido—
—¿Más?, he estado celoso de Percy desde tercer año y ni que hablar de Anthony—
—Ahora no estas celoso—
—Claro que no, tuvimos sexo, somos novios, nos besamos y sé que te amo, ¿por qué debería tener celos? —
Draco abre la boca indignado, antes de congelarse y ver a Harry sorprendido, este parece confundido antes de notar al igual que Draco que dijo la palabra que inicia con "a", que si no esta mal entendido hasta ahora ninguno lo había dicho.
Silencio.
Mira a su novio, este se cubre el rostro totalmente rojo y Draco no puede evitar reírse, parece ser que últimamente solo puede reírse con Harry.
—¿Avergonzado? —
—Cierra la boca, fue un accidente—
—No lo sé, me has dicho que soy tu mate, así que es obvio que te enamorarías de alguien tan encantador y fantástico como yo—
—¿Cómo tú cabeza soporta tanto ego? —
Draco se ríe y todo deja de lucir miserable, porque están aquí y el mundo parece destruirse a su alrededor, pero Harry Potter, el Harry Potter del cual esta enamorado desde que es un niño, acaba de admitir que lo ama y es algo que Draco no piensa dejar caer. Acaricia suavemente los labios de Harry con sus dedos, antes de besarlos y este suspira contra sus labios. Es un beso suave, demasiado inocente tomando en cuenta cuales cosas han llegado a realizar, pero esta bien, ahora es todo lo que ocupan.
Hay una leve sonrisa entre ambos cuando se alejan.
Los ojos brillantes de Harry, sus besos, la forma de sus mejillas y todo él, todo Harry Potter.
Tiene que salir de aquí para verlo.
—No sé qué va quedar de mi cuando salga de aquí, espero que lo sigas amando—susurra por bajo y este solamente entrelaza sus dedos con los suyos.
Con rostro seguro.
Confiado de que lo hará y Draco sonríe ante eso.
Tiene que salir de aquí.
Y lo hará.
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—Buenos días princesa—obviamente al despertar lo primero que tenía que ver era a Luke.
—Deja de llamarme así—
—No—
—¡Bianca controla al idiota! —
—Eso es traición—
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Dejando de lado el momento mental, Orion parece caminar en busca de otra persona (aunque duda que la palabra persona sea alguna especie de persona en este caso), comenta que tienen que ir pronto contra Nyx (lo cual no hace que Draco se sienta tan tenso que se muerda la uñas y sabe que Lavender se va a quejar de su cutícula, o tal vez Pansy) antes que pueda recuperarse totalmente, por lo cual ocupaban ayuda. Aseguro que hay una parte de la ayuda ya asegurada, pero fue tan criptica que no entendió. Por suerte Bianca y Luke parecían igual de confundidos cuando este lo explico. Bien no le gusta la idea de ser el único sin entender, aunque si puede agregar algo, la idea de que Orion camine con el pequeño Bob mordiendo su hombro con odio, lo disfruta.
Camino al lado de Bianca alejando su rostro de Orion.
Es demasiado raro.
Nunca pensó que luego del campamento, podría pensar que algo seria más raro que eso, y realmente ha visto cosas muy extrañas en ese lugar.
Bob avanzaba a paso ligero, incluso para un titán, aunque era casi un paso de correr, pero Bob amablemente los esperaba con una sonrisa afable.
Para Draco los pulmones le resollaban. Le habían empezado a salir ampollas en la piel otra vez, mira con odio a Luke y Bianca que tienen la piel perfecta. Probablemente necesitaba otro trago de agua de fuego, pero habían dejado atrás el río Flegetonte. Tenía el cuerpo tan dolorido y magullado que había olvidado lo que era no sufrir dolor.
Por dicha se reía cuando pasaba tiempo con Luke y Bianca de sus estupideces, cada que se ríe, supone que es el deseo de ellos.
—¿Falta mucho? —preguntó casi sin voz.
—Casi demasiado —contestó Bob—. Pero a lo mejor no—
«Muy útil», pensó Draco con sarcasmo, pero le faltaba el aliento para decirlo.
El paisaje volvió a cambiar. Seguían yendo cuesta abajo, cosa que debería haber facilitado la travesía, pero el terreno se inclinaba en un ángulo extraño: demasiado pronunciado para correr, demasiado peligroso para bajar la guardia por un solo momento. La superficie a veces era de grava suelta y otras estaba compuesta por parcelas de cieno. De vez en cuando Draco rodeaba unas púas lo bastante puntiagudas para atravesarle el pie y unos grupos de... No eran rocas exactamente. Más bien verrugas del tamaño de sandías. Draco prefería no hacer conjeturas al respeto, pero suponía que Bob la estaba llevando por el intestino grueso de Tártaro.
Este lugar era horrible.
Ocupaba una remodelación, urgente.
El aire se volvió más denso y adquirió un hedor a aguas residuales. Puede que la oscuridad no fuera tan intensa, pero solo podía ver a Bob gracias al brillo de su pelo blanco y la punta de su lanza. Se fijó en que no había replegado la punta de lanza de su escoba.
Interesante.
Voltea a ver a Orion.
—¿No me puedes dar un arma con tu magia rara? —pregunta emocionado ante la idea pero Orion solamente lo ve confuso.
—¿Por qué? —
—Para defenderme—
—Usa magia—
Draco quiere ahorcarlo porque ese había sido el maldito problema hasta ahora, Luke se ríe sujetándolo cuando quería claramente ahorcarlo con odio. No es que pudiera hacer algo ya que duda que pueda ganarle a Orion pero tal vez sea una forma linda de morir.
Este idiota ocupa morir.
—Ya ya ya—dice Bianca palmeando su cabeza—solo no le prestes atención, vamos a conseguirte una linda lanza nueva—habla la chica con mirada brillante.
Draco mira a su amiga, claramente ella podría ayudarle mejor.
Sus ojos brillan con emoción.
Tiene una idea lo puede ver, queda más tranquilo y asiente.
Tenía que concentrarse en el presente, poniendo un pie delante del otro, prosiguiendo la caminata intestinal de una verruga a otra. Las rodillas le ardían y le flaqueaban como unas perchas de alambre dobladas a punto de partirse.
Toma aire cansado, Bianca señala al gigante ya que este parece ver a la distancia.
Bob se paró súbitamente.
—Mira—
Más adelante, en la penumbra, el terreno se nivelaba hasta un pantano negro.
Una niebla de color amarillo azufre flotaba en el aire. A pesar de que no había luz del sol, había plantas de verdad: matas de juncos, finos árboles sin hojas, incluso unas cuantas flores de aspecto enfermizo que florecían en la suciedad. Senderos cubiertos de musgo serpenteaban entre burbujeantes pozos de alquitrán. Justo delante de Draco, hundidas en la ciénaga, había pisadas del tamaño de tapas de cubo de basura, con dedos largos y puntiagudos.
Por desgracia, Draco tenía la certeza de que sabía qué las había dejado.
—¿Un drakon? —
—Sí —Bob le sonrió—. ¡Es una buena noticia! —
—Ah... ¿por qué? —
—Porque estamos cerca. —
Bob se adentró resueltamente en el pantano.
Draco lo vio, antes de dar media vuelta listo para irse, hasta aquí iba su cordura, Luke lo cargo sobre su hombro para seguir caminando.
No soportaba abrirse camino en un pantano que era claramente el territorio de un drakon.
No estaba Clarisse, nadie podía obligarle.
Aparentemente Bianco y Luke sí.
Luke se apresuró tras él, saltando de parcela de musgo en parcela de musgo. Por lo menos el terreno obligó a Bob a ir más despacio. Cuando Luke lo alcanzó, pudo ir andando justo detrás de él.
Finalmente, la niebla amarilla se apartó y dejó a la vista un claro embarrado parecido a una isla en el fango. El terreno estaba salpicado de árboles enanos y montones de verrugas. En el centro se levantaba una gran choza abovedada construida con huesos y cuero verdoso. En la parte superior había un agujero del que salía humo. La entrada estaba cubierta con cortinas de piel de reptil escamosa y, flanqueando la entrada, dos antorchas hechas con descomunales fémures ardían emitiendo un fulgor de vivo color amarillo.
Sin embargo, lo que a Draco le llamó la atención fue el cráneo de drakon.
A cincuenta metros dentro del claro, aproximadamente a mitad de camino de la choza, un enorme roble sobresalía del suelo en un ángulo de cuarenta y cinco grados. Las fauces de un cráneo de drakon rodeaban el tronco, como si el roble fuera la lengua del monstruo muerto.
—Sí —murmuró Bob—. Es una noticia muy buena—
No hay nada buen aquí.
Antes de que pudiera protestar, Bob el Pequeño arqueó la espalda y siseó.
Detrás de ellos, un enorme rugido resonó a través del pantano: un sonido que Draco había oído por última vez en la batalla de Manhattan.
Se volvió y vio al drakon embistiendo contra ellos.
Draco se cubrió el rostro.
No otra vez.
Continuara…
*Se oculta por el capítulo que acaba de hacer*
