Capítulo 85: Viaje en sombras de hermanos, Más Reyna, Bob y pequeño Bob.
.
Se lleva dos horas y espera que Reyna y Nico no lo dejen atrás, contarle un claro resumen a Percy sobre su viaje al tártaro, que no lo hace feliz, mientras caminan a cubierta decide que ocuparan una pijamada para contar todo cuando esto termine. No parece feliz ante la idea de volver a estar separados, pero promete que luego de esto tendrá todo el tiempo del mundo para él; ambos saben que no es verdad, que Draco tiene que volver pronto a Londres donde las cosas no son mejor.
Solo espera que luego de Gaia, una noche o dos no haga la diferencia.
Percy no habla mucho sobre Harry, pero parece que esta listo para matarlo, especialmente cuando le dice que el chico folla bien.
¿Fue innecesario?
Tal vez, pero parecía necesario para Draco, extraña a su novio en esa área realmente.
Cuando salen al exterior del Argo todos parecen estar por ahí esperándolo, Draco suspira porque hay mucho que arreglar y la verdad es que no hay tiempo que esperar. La mano de Percy sobre su hombro hace que voltee y que este le dé una pequeña sonrisa.
Es.
Reconfortante.
Tener a tu mejor amigo de regreso.
Es reconfortante.
No hay vinculo, no siente sus emociones embriagadas por las de Percy, pero esa mano en su brazo, esa mirada de ánimo, hace casi lo mismo.
Esta aquí.
Hay tanto que solucionar, pero no hay tiempo, así que se aclara la garganta y de alguna forma curiosa, rápidamente están todos ahí menos el entrenador reunidos. Tiene mucho que hacer con ellos, puede saber que hay mucho que ocupa solucionar, pero nuevamente.
Fin del mundo.
Ya saben.
Siempre acortando momentos importantes.
—Se que tengo mucho que contar, sé que tengo mucho que solucionar y debo una disculpa—dice Draco a regañadientes—no soy una buena persona con sentimientos y soy un dolor de trasero, ahora sin los vínculos me costara más comunicarme, pero no tenemos tiempo para esto…Gaia esta por despertar y tenemos que evitarlo, cuando todo termine…podre hablar mejor con ustedes—habla viendo tanto a Annabeth como Frank en una muda disculpa, el rostro de Annabeth sigue frio.
Esta resentida.
Traga saliva cuando esta aparta la mirada y sabe que ocupa hablar mucho con ella, su mirada se desvía un momento a Jason, quien solamente sonríe un poco nervioso.
—¿Thalia lo sabe? —curioso que haga esa pregunta.
Sobre su media hermana.
Sobre si ella lo sabe.
Debe sentirse traicionado.
Draco se tensa, piensa en su media hermana y niega con la cabeza, al menos él no le ha dicho nada. Jason asiente un poco cansado, pero parece verlo con duda, lo cual es una mierda porque apenas hace unos días estaban solucionando sus problemas y ahora.
Joder.
Ve a Nico que esta un poco más alejado con Reyna como si lo estuvieran esperando, al lado de la enorme estatua esta Bob en su estatura normal con el pequeño Bob esperándolos.
Con Nico podrá arreglarlo en medio del viaje.
Ve a Frank, que solamente asiente, parece no resentido con que el vinculo se cortara, no pasaron tanto tiempo juntos supone. Draco sabe que es egoísta, pero camina hacía Annabeth, donde la toma de la mano suavemente, su corazón se oprime al verla tan insegura, porque Annabeth no era así.
Le da un pequeño apretón de manos a la chica, quien rápidamente entrelaza sus dedos viéndolo nerviosa.
—Eres fuerte rubia teñida, vamos a superar esto, aun…aun seguimos siendo amigos—es todo lo que puede decir Draco.
No sabe cómo solucionarlo la verdad.
Así que tiene que decir algo.
Esperando que pueda ser suficiente o al menos, pueda hacer algo por ahora.
Annabeth lo ve un largo rato antes de suspirar y negar con la cabeza, susurrar algo como "hombres" antes de envolverlo en un fuerte abrazo. Draco se derrite un poco antes de regresarle el abrazo a su amiga, recordando una época donde esta le había parecido la mocosa más molesta de todos al nivel de Granger y ahora, piensa que volvería a lanzarse al tártaro para que ella no lo hiciera.
Fue una tortura para ellos aquí.
Pero haría cualquier cosa, para que no fueran donde Draco estuvo.
Es hora de irse.
.
.
Draco piensa que el viaje va ser rápido, claro que tendrían que hacer muchas pausas antes de llegar al campamento, pero no puede ser muy complicado.
Caer en picada a un volcán, claramente era como tenía que suceder.
Su primera vista del sur de Italia era desde un kilómetro en el aire. Al oeste, a lo largo de la llanura del Golfo de Nápoles, luces de ciudades durmiente brillaban en la penumbra del amanecer. A trescientos metros debajo de Draco, una ancha caldera bostezó en la cima de la montaña, vapor blanco salió del centro.
La desorientación de Draco tomó un momento en desaparecer. El viaje sombra le dejó mareado y con náuseas, realmente no era su mejor idea viajar luego de salir del tártaro, pero no tenían muchas opciones.
Entonces se dio cuenta de que estaban suspendidos en medio del aire. La gravedad se apoderó de él y comenzó a caer.
—¡Nico! —gritó Reyna
—¡Pequeño Bob! —chillo Bob que sujetaba al gato que no dejaba de maullar asustado.
—¡Waaaaa! —Nico se sacudió, casi soltándose del agarre de Reyna. Ella lo sostuvo con fuerza y sujetó a Draco por el brazo cuando empezó a alejarse.
Si se separaban ahora, estaban muertos.
Encantadora forma de iniciar un viaje, esto no iba a ser tan fácil como pensó, aunque si le preguntaban había pensado que el mayor problema serian los monstruos, no morir en un volcán; pequeño error de cálculos que se aseguró no volvería a pasar.
Cayeron en picada hacia el volcán con su más larga pieza de equipaje, con doce metros de alto, la Atenea Partenos los seguía, atada con un arnés a la espalda de Nico como un paracaídas muy ineficaz.
—¡Ese es el Vesubio debajo de nosotros! —gritó Reyna por encima del viento—. ¡Nico, tele-transpórtanos fuera de aquí! —
Los ojos de Nico eran salvajes y desenfocados. Su cabellera oscura azotaba su rostro como un cuervo al que acabaran de disparar.
—¡No… no puedo! ¡No tengo fuerza! —
El pequeño Bob maulló de impotencia.
—Nico, viaje sombra —le ordenó Reyna—.Te prestaré mi fuerza—
Él la miró sin comprender.
Tal vez debieron hablar más sobre habilidades mágicas antes de iniciar el viaje.
—¿Cómo…? —
—¡Solo hazlo! —
Ella apretó el agarre de su mano. En el símbolo de la antorcha y espada de Bellona en su antebrazo se puso de una forma que lucía doloroso de un tono brillante, como si estuviera siendo marcada en su piel por primera vez.
Eso dejaba más preguntas que respuestas.
Nico jadeó. El color retornó a su rostro. Justo antes de golpear el rastro de vapor del volcán, se deslizaron en las sombras.
El aire se tornó frío. El sonido del viento fue remplazado por una cacofonía de voces susurrando en mil idiomas. Las entrañas de Draco se sentían como una licuadora, apenas pudo ponerse de pie vomito en una esquina y odiaba que esto fuera normal entre sus viajes donde terminaba siempre en ubicaciones distintas a las que se encontraba originalmente.
El cielo del este se había empezado a aclarar.
Por un momento Draco pensó que estaba de vuelta en Nueva Roma. Columnas dóricas se alineaban en un atrio del tamaño de un campo de béisbol. En frente de Draco, un fauno de bronce estaba de pie en medio de una fuente hundida decorada con baldosas de mosaico. Mirtos y rosas florecían en un jardín cercano. Las palmeras y los pinos se extendían hacia el cielo. Caminos de adoquines llevaban desde el patio a varias direcciones, carreteras rectas de buena construcción romana, bordeando casas bajas de piedra con porches con columnas.
Draco volteó. Detrás de ellos, la Atenea Partenos permanecía intacta y derecha, dominando el patio como un adorno de jardín ridículamente grande. El pequeño fauno de bronce en la fuente tenía ambos brazos levantados, de cara a Atenea, por lo que parecía que estaba acobardado por la nueva llegada.
En el horizonte, se asomaba el Monte Vesubio, una oscura forma jorobada, ahora a varios kilómetros de distancia. Gruesas columnas de vapor estaban enroscadas en la cresta.
—Estamos en Pompeya —notó Reyna.
—Oh, eso no es bueno —dijo Nico, e inmediatamente se desplomó en los brazos de Draco que apenas pudo atraparlo
Bob que había tomado una estatura un poco más decente de dos metros o tal vez tres (Draco no quería saber que hacía que otros vieran en la niebla), lo apoyó contra los pies de Atenea y aflojó el arnés que ataba a Nico a la estatua.
Draco miro de reojo como las rodillas de Reyna se doblaron. Se sentó pesadamente, apenas logrando mantenerse consiente.
Parecía cansada.
—Compartí parte de su dolor, no puedo imaginar que está sintiendo ahora—dice a la pregunta en su rostro, que hace que Draco haga una mueca en el rostro viendo a su amigo.
Su rostro dormido y su ligera forma de respirar le hicieron suspirar, mientras apartaba mechones de su cabello, antes de ponerse de pie. No sentía la presencia de ningún enemigo, pero tampoco quería pensar que tendrían tanta suerte de estar a salvo.
Volteo a ver a Nico.
Se sintió más nervioso.
Alrededor de las botas de Nico, las piedras se agrietaron. Oscuras vetas irradiaban hacia el exterior como disparos de una escopeta de tinta, como si el cuerpo de Nico estuviera tratando de expulsar todas las sombras a través de las que había viajado.
Lo había visto en un estado peor: un prado entero marchito, algunos esqueletos se levantaron de la tierra. Draco no estaba ansiosa de que eso sucediera de nuevo.
Busco entre sus suministros alterado.
—Bebe algo —le ofreció una cantimplora de cuerno de unicornio.
Cuerno en polvo mezclado con agua santificada del Pequeño Tíber. Will hace tiempo había encontrado que funcionaba en Nico mejor que el néctar, ayudando a aliviar el cansancio y la oscuridad de su sistema con menos riesgo de una combustión espontánea.
Nico tomó un trago. Aún lucía terrible. Su piel tenía un tono azulado. Sus mejillas estaban hundidas. Colgando a su lado, el cetro de Diocleciano brillaba con un furioso púrpura, como un moretón radioactivo.
Él estudió a Reyna.
Draco miro entre ambos, antes de dar un paso atrás con Bob, quienes no querían estar en el medio.
—¿Cómo hiciste ese… ese aumento de energía? —
Reyna volteó su antebrazo. El símbolo de Belladona, SPQR, con cuatro líneas por cuatro años de servicio.
—No me gusta hablar sobre eso —dijo—, pero es un poder de mi madre. Puedo aportar fuerza a otros—
Bob parecía curioso.
Draco noto la forma de hablar de su madre, le recordaba un poco como hablaba de Zeus, red flag sin duda.
—Puede crear ayuda en el cuerpo y darme más músculos o ayudar al pequeño Bob—
—No ocupas lucir como tu hermano, era un idiota—susurra Draco recordando al titan con quien lucharon en medio del tártaro.
Bob suspiro.
Reyna frunció el ceño.
—No funciona así. Solo puedo hacerlo en situaciones de vida o muerte, y es más útil en grupos grandes. Cuando comando tropas, puedo compartir cualquier atributo que tengo: fuerza, coraje, resistencia, y multiplicarlo por el tamaño de mis fuerzas—
Nico arqueó una ceja.
—Útil para un pretor romano—
Reyna no contestó.
Draco pensó que era útil entonces, tal vez debieron hacer este grupo más grande.
—Tropezaste justo ahora —notó—. ¿Cuándo usas tu poder… obtienes algún tipo de, em, retroalimentación de mí? —
—No es una lectura mental —dijo ella—. Ni siquiera un vínculo de empatía. Solo… una ola temporal de cansancio. Emociones primas. Tu dolor me envuelve. Tomo un poco de tu carga—
La expresión de Nico se tornó cautelosa.
Draco vio al chico, como rodó el anillo de cráneo plateado en su dedo. Compartir un hábito con el hijo de Hades la ponía incomoda.
—Deberías descansar —le dijo Reyna con una forma que parecía suave y comprensiva—. Después de un viaje tan largo, aun con un poco de ayuda… tienes suerte de estar vivo. Necesitaremos que estés listo de nuevo a medianoche—
Nico apretó la mandíbula y asintió.
—Estamos atascados aquí ahora —escaneó las ruinas—. Pero Pompeya es el último lugar que escogería para aterrizar. Este lugar está lleno de lémures—
—¿Lémures? —Draco no pudo decir confundido intentando recordar el animal muggle—. ¿Te refieres a esos bichos peludos y lindos…?—
—No —Nico sonaba cansado—. Lémures. Fantasmas hostiles. Todas las ciudades romanas los tienen, pero en Pompeya…—
—La ciudad entera fue arrasada —recordó Reyna—. En 79 d.C., el Vesubio entró en erupción y cubrió la ciudad de cenizas—
Nico asintió.
Draco pensó que ambos se llevarían bien con Anthony, este solía pensar en muchas cosas similares y datos históricos que Draco solía olvidar.
—Una tragedia como esa crea muchos espíritus enfadados—
Bob y Draco compartieron una mirada, el pequeño Bob maulló entre las piernas de Draco no a gusto con la idea.
—Está humeando. ¿Eso es una mala señal? —
—N… No estoy seguro —Nico cogió un hoyo en la rodilla de su pantalón negro—. Los dioses de la montaña, los ourae, pueden sentir a los hijos de Hades. Es posible que por eso nos saliéramos de curso. El espíritu del Vesubio trató intencionalmente de matarnos. Pero dudo que la montaña pueda lastimarnos estando tan lejos. Elaborar una erupción completa tomaría demasiado. La amenaza inmediata es todo lo que nos rodea. —
Draco noto que Reyna no parecía feliz.
Todo lo contrario.
Casi lucia pálida.
—¿Podrás mantenerlos a raya? —preguntó esta.
Nico mostró sus palmas.
—He mandado este mensaje: Aléjense. Pero una vez que esté dormido ese mensaje no nos servirá de mucho—
Draco solamente tomo asiento al lado de Nico, saco su lanza lista para la posible lucha que tendrían, mientras Bob se sentaba tomando al pequeño Bob contra él.
—Ven aquí—dice palmeando su regazo.
Hay silencio.
Los ojos de Nico parecen tener demasiadas emociones, mientras asiente y cual niño pequeño, se acuesta con la cabeza sobre su regazo, le pasa la mano por el cabello y este casi suspira de placer antes de cerrar los ojos y quedarse dormido de inmediato con la mano sujetando fuertemente la camisa de Draco.
La ultima vez que lo vio.
Había caído al tártaro.
Cuando apenas habían vuelto a estar juntos.
No quiere ni pensar en todo lo que pudo haber vivido estos días.
El ritmo del viaje seria exasperadamente lento debido a la cantidad de personas, aun así, habían avanzado mucho en este viaje. Solo podían viajar por sombra unos pocos cientos de kilómetros cada noche, descansando durante el día para dejar a Nico recuperarse, pero incluso eso requería más resistencia de Nico de que la había pensado posible.
—Deberías dormir también—habla Draco señalando a Reyna, que sale de su ensoñación dudosa.
Señalo a Bob, que luego de sentarse, había visto al cielo con una sonrisa calmada, claramente sin irse a dormir ahora que las estrellas estaban en el cielo.
El gigante parecía feliz de verlas toda la noche.
Draco sabe que estaban a salvo con él.
—Está bien —aceptó Reyna—Pondré a Aurum y Argentum de guardia también. —
Se encogió de hombros con indiferencia.
Reyna silbó fuertemente. Los galgos metálicos se materializaron de las ruinas, corriendo hacia ella desde diferentes direcciones.
—Aurum, Argentum, protéjannos mientras duermo. Obedezcan al gigante—parecía dudar al hablar, pero bueno, este viaje sin duda era una locura.
Los perros cercaron el patio, guardando su distancia de la Atenea Partenos, la cual irradiaba hostilidad hacia todo lo romano.
La chica se acostó y puso su capa púrpura sobre ella.
Les dio una última mirada. Entonces cerró los ojos y se deslizo en sus sueños.
Draco a pesar del cansancio no durmió.
Se quedo ahí pasando los dedos por el cabello de Nico, en algún momento sin saberlo, se termino deslizando al mundo de los sueños.
.
.
Probablemente no durmió más que unos pocos minutos, cuando al abrir los ojos debido a que siente que alguien juega con su camisa lo pone en modo alerta, su respiración se calma y su mirada deja de lucir con deseo de muerte cuando ve a Nico aun sobre su regazo, jugar con un hilo suelto de su camisa. El chico no parece tener intenciones de moverse, solamente se queda ahí tranquilamente haciendo círculos en el hilo, el instinto de lucha pronto se apaga dentro de Draco pensando que podría volver a dormir.
No lo hace.
Es el mejor momento para hablar con Nico, hay mucho que hablar con Nico.
Hasta ahora el tema de hablar con sus amigos no había salido muy bien, por lo que piensa que tener otra forma de acercarse podría ayudar.
Inicia con algo verdadero.
—Gracias—susurra Draco, por la forma en que Nico no se mueve, supone que este ya sabia que estaba en un estado despierto—por protegerlos—añade tardíamente.
Hay una leve mirada divertida que el chico le envía, lo cual es relajante, de todos sus vínculos rotos que ha visto hasta ahora (no quiere pensar en el campamento, cuando llegue ahí tendrá que responder tantas preguntas) Nico parece ser el que mejor ha tomado el que se rompiera.
Duele un poco.
Pero también es intrigante.
¿Por qué Nico es diferente?
Si piensa detenidamente de todos sus vínculos, Nico había sido el que forzó por su propia cuenta, lo cual es algo que pensó que significaría que le dolería más al perderlo, cuando le arrancaron sus vínculos lucho mucho más por el de Nico que el de otros.
Aun así.
Está bien, mucho mejor que Percy y Annabeth se atreve a decir.
—Te extrañe mucho—admite Nico, lo cual es una pequeña caricia a su alma.
Es como una herida que esta ahí, lastimando, pero al mismo tiempo comienza a sanar. Recuerda claramente cuando Nico les grito a Thalia y a él cuando murió Bianca, el resentimiento y dolor en su voz, pero Draco solo recuerda lo solo que se sintió al pensar que el chico nunca más lo iba a querer a su lado.
Estas palabras ayudan a aliviar ese dolor.
Pasa una mano por la mejilla de este.
—El vínculo…—no sabe cómo disculparse, no sabe como solucionarlo.
—No importa—
—¿No importa? —
Draco esta confundido, pero Nico solamente cierra los ojos acomodándose mejor contra él.
—Cuando creaste el vínculo dijiste que mis recuerdos que no tenía no eran importantes, o al menos, que lo que importaba era quien era en ese momento, también dijiste que tendría un lugar al cual volver y era contigo—la forma en que Nico habla y como recuerda ese momento, deja a Draco con la boca abierta—los vínculos eran geniales no lo admito, pero siempre supe que con o sin eso, eras mi familia y…lamento todo lo malo que te dije antes—hay vulnerabilidad en la voz de Nico.
Tan perdido cuando habla.
Ambos lo recuerdan.
Draco levanta la mirada para ver el cielo estrellado, de reojo puede ver a Bob que amablemente no esta aportando nada, aunque esta despierto con el pequeño Bob dormido entre sus piernas y con Reyna cerca totalmente dormida; aunque parece tener un mal sueño por algún motivo.
Tiene hambre.
Mira a Nico quien ha vuelto a abrir los ojos.
—Bianca está bien, la vi en el tártaro, me ayudo…ella piensa rencarnar—tiene que decirlo, porque de alguna forma, es algo que Nico merece saber.
Los ojos del chico se abren incrédulos, hay dolor en ellos cuando se abraza más a Draco ocultando su rostro en su vientre y con unas claras intenciones de que esta por soltar a llorar en cualquier momento. Su mano aprieta con fuerza su camisa lo que hace que Draco solamente pase su mano por la espalda del chico y su cabeza intentando darle tranquilidad.
No quería mencionar a Bianca.
Porque sabe que le dolería.
Pero mientras menos la mencione, sabe que iba a dolerle más.
—¿Ella era feliz? —la pregunta de Nico la deja pensando.
El recuerdo de la chica al lado de Luke, ambos sonriendo mientras viajaban y como no dudaban en entrar a la lucha, su forma de actuar siempre fue de la forma más vivaz que había visto en alguien en mucho tiempo, no arrepentida de sus elecciones y con el mentón en alto.
Como cuando caminaban a su lado preguntaba por Nico.
Por como estaba él, por como iba con Will, por todo lo que hacía; no es que pudiera decirle mucho por lo poco que habían hablado.
Cada información la hizo sonreír.
No le envió ningún mensaje, Bianca quería que Nico siguiera adelante, que en su próxima vida si fuera el caso, se conocieran de forma diferente; pero Bianca amaba a Nico. Al final del día ella podía ser una cazadora de Artemisa, que lucho con honor hasta el final, pero también alguien que se preocupó por su hermano.
—Creo que nunca dejo de brillar—susurra con nostalgia, porque la extraña.
Es lo que extraña del tártaro.
A Luke y Bianca.
—No vas a dejarme, prometes no dejarme como ella, no estoy listo para dejarte ir otra vez—es la petición de Nico sin que pueda ver su rostro.
Silencio.
No se cree capaz de hacer esas promesas, pero sabe bien algo.
—Sali del tártaro, sé que tú sabes que ese lugar es…diferente, pero si Sali de ahí, puedo decir que luchare siempre para volver con ustedes; tengamos o no vínculos mágicos—
Nico no dice nada a sus palabras, pero luego de eso parece poder volver a dormir, pero sin soltarlo, cuando hace cosas así, Draco piensa que es un niño aún. Pero después de todo desde que se conocieron, es una extraña relación de hermanos.
Está bien.
Draco piensa cuidar a Nico.
Y no piensa dejarlo.
Había prometido a muchas personas que no moriría pronto, si no cuando fuera viejo, ocupaba aun conocer nuevamente a Luke y Bianca, ocupaba volver con Harry.
Draco Malfoy no tiene interés de morir pronto.
Entonces decide dormir un poco más.
.
.
El sueño se desvaneció.
Hay que moverse.
Draco despierta confundido porque Bob es de tamaño compacto de nuevo y habla con Reina sobre un sueño que tuvo, que no es muy optimista acerca de Octavian para variar. Nico bosteza un poco.
—Tenemos problemas, turistas—
Las hordas habían llegado.
En grupos de veinte o treinta, los turistas pululaban a través de las ruinas, circulando por las villas, deambulando por los senderos adoquinados, embobados con los coloridos frescos y mosaicos. Draco se preocupó por cómo los turistas reaccionarían ante una estatua de Atenea de doce metros en medio del patio, pero la Niebla debió haber estado trabajando horas extras para confundir la visión de los mortales.
Cada vez que un grupo se acercaba, se detenían en el borde del patio y miraban fijamente en desaprobación a la estatua. Un guía turístico británico anuncio:
—Ah, andamios. Al parecer esta área está en reparación. Lástima. Sigamos avanzando—
Y se fueron.
Útil para varias al menos una vez.
Al menos la estatua no bramó "¡MUERAN, INCRÉDULOS!" ni redujo a los mortales a polvo.
Tomando en cuenta de quien era la estatua, no puede evitar pensar que podría ser algo así.
Reyna comenta algo que Annabeth le contó sobre la Atenea Partenos: su aura mágica atrae monstruos tanto como los mantiene a raya. Efectivamente, de vez en cuando, por el rabillo del ojo, Draco detectaba espíritus blancos y brillantes en ropas romanas revoloteando entre las ruinas, frunciendo el ceño a la estatua en consternación.
—Esos lémures están en todos lados —murmuró Draco a regañadientes—. Mantienen su distancia por ahora, pero llegado el anochecer, será mejor que estemos listos para movernos. Los fantasmas siempre son peores de noche—
Ellos vieron cómo una pareja de ancianos, que usaban camisas pastel y bermudas, se tambaleaban a través de un jardín cercano. Estaba feliz de que no se acercaran.
—Toma —Bob les ofreció un plato de sus waffles a la parrilla con pedazos frescos de kiwi y piña. Todo se veía sorprendentemente bien.
—¿De dónde estás sacando estos suministros? —Se maravilló Reyna.
—Bob lo empaco mientras Draco hablaba con Jackson—no parecía que Percy fuera un tema alegre para Bob, así que Draco tomo la comida dándole su parte a Nico, que gruño claramente sin querer comer.
Mala señal.
Tuvo que usar parte de su mirada de cachorro para que Nico pudiera comer algo, pero la forma en que hizo expresión incomoda al comer, indica que hay algo con lo que trabajar. Pero sabe que no puede hacer nada al respecto, para eso usara a Will, era el medico del campamento y sin duda quien mejor conocía a Nico.
Joder.
Will.
Piensa también en Lavender, Anthony y Theo con incomodidad en su pecho.
Reyna dejó a Aurum y a Argentum como guardias indicando que tenía que usar el baño, así que Draco se quedo con los perros metálicos pensando que podría morir, pero asegurándose de que Nico comiera todo lo posible.
Cuando volvió era tarde, pero Draco había dormido un poco más con Nico, ambos cansados de todo lo que con lleva viajar al tártaro. Reyna al regresar les contó un poco más sobre sus sueños: la tierra tragando al Campamento Júpiter, Octavian acercándose al Campamento Mestizo y el cazador, con ojos brillantes, quien le había disparado a Reyna en las entrañas.
—Este cazador… ¿un gigante, tal vez? —Nico miró fijamente su plato vacío.
—Preferiría no averiguarlo. Digo que sigamos—
—¿Tú estás sugiriendo que evitemos una pelea? —La boca de Nico se contorneó viendo a Draco divertido.
—Estoy cansado de luchar—
Su voz suena más cansada de la necesaria, pero no puede evitar pensar en que cazador podría ser.
Tiene el presentimiento que es algo que debería ser muy claro, pero no tiene nada en su mente.
Un cazador.
—Estoy de acuerdo con Draco—dice Reyna, mientras Bob que parecía feliz solamente estando bajo el sol parece no querer luchar más.
También había ido al tártaro.
Nico desdobló su chaqueta de aviador. Puso su dedo a través del agujero que la flecha había dejado en la manga.
—Podría pedir un consejo —Nico sonó reacio—. Thalia Grace... —
—La hermana de Jason —dijo Reyna viendo a Draco de reojo que se encoge de hombros, a estas alturas ya todos deben saberlo.
Pero la lucha contra Gaia era más importante para Zeus que Draco por ahora, cuando esto termine, sin embargo.
Nico asintió.
—Las Cazadoras de Artemisa son… bueno, cazadoras. Si alguien supiera sobre este cazador gigante, esa sería Thalia. Podría intentar enviarle un mensaje Iris—
—No suenas muy emocionado con la idea —Notó Reyna—. Ustedes dos… ¿están peleados? —
—Estamos bien—
Unos pasos más adelante, Aurum gruñó despacio, lo que significaba que Nico estaba mintiendo.
Reyna decidió no presionarlo.
Draco pensó en la ultima charla de ambos con Nico gritándole que se muriera, además de que por ahora Thalia no sabe que es su medio hermano, lo cual haría un caos en general; no está emocionado por esa charla.
—Yo también podría intentar contactarme con mi hermana, Hylla —dijo ella—. El Campamento Júpiter está ligeramente protegido. Si Gea ataca allí, tal vez las Amazonas puedan ayudar—
Pensó en Harry.
Tal vez debería llamarlo.
La luz del día ya casi se había ido. Alrededor del patio, los lares estaban formando una muchedumbre, cientos de romanos sosteniendo palos con pinchos espectrales o piedras.
—Podemos seguir hablar después del próximo salto —Reyna decidió—. Ahora mismo, necesitamos salir de aquí. —
—Sí —Nico se puso de pie—. Pienso que podemos llegar a España esta vez, si tenemos suerte. Sólo déjenme…—
La muchedumbre de lares se desvaneció, como un montón de velas de cumpleaños apagadas en un soplo.
La mano de Reyna fue hacia su daga.
—¿A dónde se fueron? —
Los ojos de Nico revolotearon por las ruinas. Su expresión no era tranquilizadora.
—Yo… yo no estoy seguro, pero creo que no es una buena señal. Sigan mirando. Me pondré el arnés. Debería tomarme sólo unos segundos—
Bob se puso de pie listo para la lucha con el pequeño Bob siseando.
—Segundos que no tenéis—
El estómago de Draco se acurrucó formando una bola pequeña.
Bob habló con la voz de una mujer.
Sacó su lanza.
Bob se volvió hacia Reyna, su cara sin expresión. Sus ojos eran de un negro sólido.
—Alegraos Reyna Ramírez—Arellano. Moriréis como romana. Os uniréis a los fantasmas de Pompeya—
El suelo retumbó. Alrededor del patio, espirales de ceniza se arremolinaron en el aire. Se solidificaron en crudas figuras humanas, conchas de barro como las del museo. Miraron fijamente a Reyna con sus ojos rasgados en sus caras de roca.
—La tierra os tragará —dijo Bob con la voz de Gea—. Como se los tragó a ellos—
Un ente primordial tomando posesión de uno de sus amigos.
El rostro de Draco se volvió lívido.
Iba a matar a esa perra por intentar poseer a su amigo.
.
.
—Hay muchos de ellos. —
Gracias Reyna, tu información es útil como siempre, Draco no lo dice en voz alta, pero lo piensa, la verdad es que incluso luego de enfrentarse un ente primordial, Reyna tenía un aura que daba un poco de miedo molestar si era sincero.
Draco contó por lo menos a veinte, acercándose por todas las direcciones.
Bob continuó hablando con una voz muy femenina: Los muertos siempre son más numerosos que los vivos. Estos espíritus esperaron siglos, incapaces de expresar su ira. Ahora les he dado cuerpos de tierra.
Draco pensó que esa voz no le iba a Bob, el pequeño Bob ahora estaba al lado de Nico viendo preocupado a su gigante amigo miniatura, pero no podían hacer mucho.
Un fantasma de tierra dio un paso adelante. Se movió lentamente, pero sus pisadas eran tan pesadas que agrietaron las baldosas antiguas.
—¿Nico? —llamó Reyna.
—No puedo controlarlos —dijo él desenredando frenéticamente su arnés—. Algo sobre los cascarones de piedra, creo. Necesito un par de segundos para concentrarme en el viaje sombra. De lo contrario, podría teletransportarnos a otro volcán—
Bueno.
No querían el volcán sin duda.
Tampoco puede controlarlos con imperius porque son fantasmas, lo cual es una putada.
—Usa el cetro —dijo ella—. Consígueme algunos zombis—
—Eso no ayudará —entonó Bob—. Apartaos, Pretor. Dejad que los fantasmas de Pompeya destruyan esta estatua griega. Un verdadero romano no se resistiría—
Los fantasmas de tierra se mezclaban adelante. A través de sus orificios bucales, hicieron silbidos huecos, como alguien soplando a través de una botella vacía de soda.
De su cinturón, Nico sacó el cetro de Diocleciano.
—Reyna, si convoco a más romanos muertos... ¿quién dice que no se sumarán a esta muchedumbre? —
—Yo lo digo. Soy una pretora. Consígueme algunos legionarios, y los controlaré—
—Pereceréis —dijo Bob—. Vosotros nunca tendréis... —
Reyna le pegó en la cabeza con el mango de su daga.
Bob cayo al piso.
Silencio.
Draco vio a la chica un poco incrédulo y herido por su amigo inconsciente.
—Perdón—ella murmuró—. Eso se estaba poniendo tedioso. Nico ¡Zombis! Después concéntrate en sacarnos de aquí—
Nico levantó su cetro y el suelo tembló.
Los fantasmas de tierra eligieron ese momento para atacar. Aurum saltó sobre el más cercano y literalmente mordió la cabeza de la criatura con sus colmillos de metal. El cascarón de piedra cayó hacia atrás y se despedazó. Argentum no tuvo tanta suerte. Saltó sobre otro fantasma, que balanceó su pesado brazo y le asestó un golpe al galgo en su rostro. Argentum salió volando. Se puso de pie. Su cabeza se torció cuarenta y cinco grados hacia la derecha. Uno de sus ojos rubí faltaba.
Oh vaya.
Draco miro preocupado a Reyna que lucia furiosa porque tocaran a uno de sus perros metálicos.
Sacó su daga del pecho del fantasma y luego su Gladius.
Mientras Reyna peleaba, Draco ayudo a mantenerlos lejos de Nico con el pequeño Bob que atacaba, pero se alejaba cuando se acercaban mucho no queriendo quedarse sin cara.
—¡Nico! —Reyna se agachó entre dos fantasmas de tierra, permitiéndoles aplastarse las cabezas entre ellos—. ¡Cuando quieras! —
La tierra se abrió en el centro del patio. Decenas de soldados esqueléticos se abrieron paso hacia la superficie. Sus escudos lucían como peniques gigantes corroídos. Sus espadas eran más óxido que metal.
—¡Legión! —ella gritó—. ¡Ad aciem! —
Los zombis respondieron, empujando a los fantasmas de tierra para formar una línea de batalla. Algunos cayeron, aplastados por puños de piedras. Otros lograron cerrar filas y levantar escudos.
Detrás de ella, Nico maldijo. Draco se arriesgó a mirar atrás. El cetro de Diocleciano estaba humeando en las manos de Nico.
Eso no puede ser bueno.
El humo no es bueno, miro a Nico preocupado que lucía agotado.
—Se me está resistiendo —gritó—. No creo que le guste convocar romanos para que luchen contra otros romanos—
—Solo asegura a Bob ¡Prepárate para el viajar por las sombras! Ganaré algo... —
Nico aulló. El cetro de Diocleciano explotó en pedazos lo cual alarmo a Draco por su amigo. Nico no se veía herido, pero miró fijamente a Reyna y Draco en sorpresa.
Se aclaro la garganta.
—Creo que eso no tenía que pasar—dijo Draco con una mirada tensa.
—No…no sé qué pasó. Tienes unos pocos minutos, como mucho, antes de que tus zombis desaparezcan—
—¡Legión! —gritó Reyna—. ¡Orbem formate! ¡Gladium signe! —
Ocupaba aprender esas palabras geniales para charlar sin duda.
Parecían muy útiles.
Los zombis rodearon la Atenea Partenos, sus espadas listas para pelear a corta distancia. Argentum y pequeño Bob arrastraron al inconsciente Bob hacia Nico, quien estaba atándose furiosamente el arnés. Aurum montó guardia, arremetiendo contra cualquier fantasma de tierra que irrumpiera la línea.
Reyna y Draco pelearon hombro con hombro con los legionarios muertos, enviándole su fuerza a las filas. Sabían que no iba a ser suficiente. Los fantasmas de tierra caían fácilmente, pero más seguían viniendo desde el suelo en los remolinos de cenizas. Cada vez que sus puños de piedra conectaban, otro zombi descendía.
Mientras tanto, la Atenea Partenos se elevaba sobre la batalla. Real, arrogante e indiferente.
Una pequeña ayuda sería buena, pensó Draco. Un rayo destructor ¿tal vez? o alguna buena golpiza anticuada.
La estatua no hizo nada salvo irradiar odio, que parecía directamente equitativa para Draco y los fantasmas atacantes.
¿Queréis llevarme hasta Long Island? parecía decir la estatua.
Buena suerte con eso, escoria mestiza.
El destino de Draco: morir defendiendo a una diosa pasiva-agresiva.
Claro que no.
Tomo aire antes de atacar con más fuerza, su cuerpo parecía agotado por el viaje al tártaro, pero se seguía moviendo, la maldición de Aquiles lo acompañaba así incluso con Reyna ayudándolo, tomo el mando de mayor importancia en la lucha.
Sus dos ojos le permitieron luchar.
No era su mejor estado, su cuerpo era débil, la falta de alimentos de los últimos días, pero no le impidió seguir moviéndose entre las hordas con fuerza.
Siguió peleando.
Nunca deteniéndose.
Porque es un lujo que Draco no tenía ya.
—¡Por Roma! —gritó Reyna con voz ronca. Atravesó a un fantasma de tierra con su gladius y apuñaló a otro en el pecho—. ¡Duodécima Legión Fulminata! —
Alrededor de ella, los zombis caían. Algunos fueron aplastados en la batalla. Otros se desintegraron por su cuenta mientras que el poder residual del cetro de Diocleciano finalmente falló.
Los fantasmas de tierra se acercaban, un mar de rostros desfigurados con ojos huecos.
—¡Reyna Draco, ahora! —gritó Nico—. ¡Nos vamos! —
Miró hacia atrás. Nico se había enganchado a la Atenea Partenos. Sostenía al inconsciente Bob en sus brazos como una damisela en peligro. Aurum y Argentum habían desaparecido, quizás demasiado dañados para continuar peleando. Pero el pequeño Bob seguía al lado de Nico protegiéndolo ferozmente.
Reyna se tropezó.
Draco estuvo ahí para evitar que un puño de piedra le diera un golpe en la caja torácica, la chica parece sorprendida. Su cabeza daba vueltas.
Intentaba respirar, lucia cansada.
—¡Reyna! —Nico gritó de nuevo.
La Atenea Partenos parpadeaba, a punto de desaparecer.
Un fantasma de tierra se balaceó en la cabeza de Reyna, pero parecía tan cansada, Draco otra vez la salvo. Pero parecía que la cabeza de la chica estaba en otro lado.
—¡REYNA! —grita también Draco preocupado por el estado de la romana.
—No —se murmuró a sí misma—. No mientras siga viva—
Nico estiró su mano mientras se deslizaba en las sombras. Draco tomo la muñeca de la chica arrastrándola mientras tomaba la mano de Nico.
Las sombras lo rodearon otra vez.
.
.
Draco cayo de cara con el pequeño Bob sobre su espalda, por suerte no fue Bob que había vuelto a su tamaño normal, totalmente dormido luego de ser utilizado por Gaia, lo cual era bueno; si Gaia controlaba a Bob en estado normal de gigante no iba a salir nada bien.
No veía ninguna amenaza inmediata cuando se incorporó. Estaban sobre un césped soleado en medio de una plaza pública. Lechos de caléndulas florecían a su alrededor. Reyna estaba durmiendo, acurrucada, con sus dos perros de metal a sus pies. Cerca de ellos, niños jugaban al "¡Te atrapé!" alrededor de una fuente de mármol blanca. En la terraza de un café cercano, media docena de personas bebían café a la sombra de unos quitasoles.
Nico también parecía dormir relajado sobre su regazo, así que con cuidado lo puso al lado de Reina antes de ponerse de pie con duda.
Algunas camionetas de entrega estaban estacionadas a los lados de la plaza, pero no había nada de tráfico. Los únicos peatones eran un par de familias, probablemente gente del pueblo, disfrutando de una cálida tarde. La plaza estaba pavimentada con adoquines, bordeada por casas de estuco y limoneros. En el centro, estaban los restos bien conservados de un templo romano.
Su base cuadrada era de quizá cuatro metros cuadrados y medía tres metros de altura, con una fachada intacta de columnas alzándose a otros siete metros de allí. Y en la punta de las columnas…
—Oh, Estigio—
La Atenea Partenos yacía de lado sobre las columnas, como una cantante sobre un piano en un club nocturno. De largo, entraba perfectamente, pero la mano que sostenía a Niké estaba un poco inclinada. Parecía que bajaría rodando en cualquier momento, pero no lo hizo lo que provoco que Draco se quedara tranquilo.
Bien.
Eso está bien.
Ahora como salían de aquí.
Reyna estaba inconsciente como Bob, así que luego de asegurar que la estatua estaba con vida sin moverse, le solicita al gato si puede cuidar a los chicos. No se va muy lejos, toma algunas monedas de oro del pantalón de Nico antes de acercarse a una fuente casi publica, el idioma a su alrededor le recuerda el español, pero no lo es totalmente.
Lo sabe, ha escuchado a Leo hablar español.
Tampoco es francés.
¿portugués?
Bien no tiene idea del idioma, no es el mejor usando la niebla, pero descubre que luego de su viaje en el tártaro la magia parece un poco más sencilla. No quiere pensar un poco alarmado sobre como la magia negra es incluso más natural, no la ha usado desde su salida al tártaro exactamente, pero es como si picara debajo de sus dedos, casi como respirar lo cual es molesto.
No quería ser bueno en magia negra.
Tampoco tiene mucha votación en esto supone, así es su vida.
Agradece que Iris acepte la moneda y espera pacientemente la llamada, quería llamar a Harry, realmente quería hablar con él.
Pero hay alguien con quien quiere hablar más.
Los ojos claros de su madre son los primero que ve, puede ver el momento exacto donde su rostro pasa de uno aliviado por su presencia a uno de shock por su apariencia. Traga saliva nervioso, ha pasado mucho tiempo desde la ultima vez que supo de sus padres, antes de la perdida de Percy hablaba con ellos seguidos, cuando su amigo se perdió les envió a sus padres un mensaje diciendo que estaría ocupado con eso.
Luego.
Todo fue rápido.
Todo fue eterno.
—Hola madre—dice Draco sintiéndose muy cansado de repente, ver a Harry era un respiro para poder seguir vivo, una motivación a algo que siempre quiso alcanzar.
Algo que es suyo que quiere tener otra vez en sus manos.
Su madre por otro lado.
Verla es sentir el peso del viaje al fin sobre sus hombros, una parte de Draco solamente quiere acostar su cabeza contra el regazo de esta y llorar un largo rato, abrazarla, porque solamente cuando este con su madre sentirá que el vieja al fin ha terminado. No recuerda bien su aroma, no recuerda que se siente estar con ella, no recuerda que se siente estar seguro en los brazos de su madre.
La extraña tanto.
No sonríe, se siente cansado de sonreír.
Su madre por otro lado esta sorprendida, pero se compone rápidamente.
—Oh cariño, has vivido mucho, ¿no es así? —pregunta con tal suavidad, que casi puede jurar que está a su lado.
Duele que no lo esté.
—Ha sido un viaje largo, pero ya encontramos a Percy, también estoy viajando con Nico, ocupamos traer una estatua gigante al campamento para evitar una de las guerras…con suerte—
—Tu cabello esta disparejo—
—No he tenido tiempo para emparejarlo—
Draco quiere decirle todo, su viaje en el tártaro, la búsqueda de Percy, sobre Harry, sobre Bob, sobre Orion y sobre sus amigos muertos. Tampoco quiere decirlo, porque teme que el decirlo haga que ella se preocupe más de lo que ya es con él.
Un mejor hijo no la preocuparía tanto.
Suspira.
—Sabes que puedes venir a casa cuando quieras—dice su madre haciendo que Draco levante la mirada, ella luce una mirada cariñosa y casi exasperada, la chispa de preocupación esta ahí, pero parece omitirla cuando la ve a los ojos—sé que no lo harás, sé que no dejaras una misión, pero siempre que ocupes volver a casa a descansar, puedes hacerlo…nadie más que tú te lo ha ganado—
Tal vez.
No hay nada más donde quisiera estar en este momento que los brazos de su madre, pero no puede hacerlo.
Porque el mundo puede acabarse en cualquier momento si no detienen a Gaia.
Así que, otra vez tiene que ir y salvar el mundo, si no fuera porque sus padres y sus seres queridos viven aquí, realmente Draco le valdría muy poco el destino del mundo, pero se hizo de amigos y personas que le importar ahora tiene que pagar las consecuencias.
Ve a su madre de forma pensativa.
No quiere hablar de su viaje, no ahora mismo, tal vez cuando todo termine.
—Recuerdas que hay un mago egipcio que está detrás de Severus—comenta Draco quien solía disfrutar de una buena sección de chismes, rápidamente parpadea sorprendida.
Bueno.
Amos puede que sea un pretendiente no…común, pero sin duda seria un gran pretendiente con mucho dinero y gran poder mágico que impidió que se fuera con un psicópata loco. Además, Carter y Sadie estaban ayudándolo mucho a proteger a sus seres queridos de Hogwarts, así que tiene que volver para poder ayudarles.
No es que lo necesiten, parecen estar haciendo un buen trabajo.
—¿Y Severus? —pregunta su madre curiosa.
Draco solamente suspira.
—Cuando lo vi seguía diciendo que no, pero siempre aceptaba sus regalos caros y lo salvo del idiota sin nariz—
—No es un idiota—
—Es Amos—
—Lo sé, Un mago de la casa de vida, es un gran prospecto —
Hay una sonrisa en sus labios al escuchar el interés claro de su madre y asiente, lo que hace que esta comience hablar sobre lo cerrado que ese grupo de magos y los beneficios que tendría Severus de aceptarlo. Cuando Lucius aparece ve un largo rato a su hijo, pero luego capta el ambiente y sigue el tema de charla de su esposa e hijo.
Draco solamente puede pensar en lo mucho que quiere volver a casa.
En que tal vez aun tenga un lugar al que volver, no solo con Harry y esa idea lo hace sentir cómodo.
.
.
—Ocupas un corte de pelo—es todo lo que dice Reyna cuando despierta, a diferencia de Nico que sigue en el quinto sueño sin parecer despertar pronto.
Con un suspiro Draco solamente se coloca de espaldas, aunque todo su ser grita por no dejar su espalda desprotegida a alguien que tiene una daga, su deseo de no verse como un maldito enfermo con el cabello cortado en todas direcciones es más grande.
Siente la daga.
Draco tiene la necesidad de ir contra Reyna y apuñalarla por intentar tocarle, pero tiene que contenerse.
—Hablabas con tu madre—
—No suelo hacerlo, fue agradable—
Silencio.
De reojo puede notar que la chica parece esforzarse por hablar, no es que tengan que ser amigos, Draco sabe que podrían, pero la verdad es que no tiene que ser amigo de todos lo que ve. Sabe que ocupa mejorar eso, que no tiene que solamente limitarse a sus vinculo (ex vínculos) para hacer amigos, que puede ser una persona funcional y hacer amigos.
Especialmente una chica que tiene gran influencia en roma.
Maldita sea.
Sus amigos Slytherin estarían orgullosos de sus pensamientos.
—Tienes padres que te quieren, eso no es común—
—Dentro de un mar de desgracias merecía algo bueno para variar—
Draco puede ver de reojo la sonrisa un poco triste de Reyna, debe no tener una buena relación paterna, pero en general la mayoría de sus amigos no la tienen. Se pregunta si la envía con sus padres podrían adoptarla para ayudar en su claramente vacío paternal, pero debería dejar de enviar a sus amigos con sus padres; no pueden culparlo por tener los mejores padres.
Tal vez Sally también la pueda ayudar.
Deja de pensar cuando Reyna le indica que ha terminado, cuando se asoma en el reflejo de la fuente, puede notar su cabello ahora corto sobre sus hombros; si levanta un poco el pelo puede verlo más corto casi rapado debajo de este por la nuca, parte del cabello que no se había salvado de la lucha con sus cicatrices. Se ve tan diferente a como era en su primer verano, sabe que es imposible, pero se pregunta que clase de cosa diría ese niño si lo viera.
Probablemente lloraría.
No.
Corrige.
Totalmente lloraría.
—Iré a buscar comida—dice Reyna con calma, a lo cual Draco suspira y asiente.
Ambos ven a Nico totalmente dormido, pero se ven de reojo y se encogen de hombros, mejor no presionarlo.
.
.
Nico duerme 36 horas, habían conseguido un juego de cartas y Draco estaba acusando de que Reyna claramente hizo trampa cuando Nico despierta; Bob sigue sin comprender el juego. Nico habla sobre que soñó con Clovis, el campamento mestizo y Draco siente la chispa de orgullo de ver que su campamento lleno de psicópatas este soportando; especialmente cuando señala que la protección de Anthony es la que mejor ha funcionado con su ejercito de marionetas de barro con ayuda de Lavender también. Reyna parece curiosa por que Lavender seria tan poderosa, Draco y Nico se encogen de hombros.
—Enojada le dio miedo a Cronos—dice Draco restándole importancia.
Reyna no pregunta, pero parece tomar nota de no molestar a su amiga.
Todos lo hacen.
Nico también parece preocupado porque vio a Will y no solamente Draco va recibir el regaño de su vida cuando vean a su querido amigo doctor.
Luego el fantasma en llamas que había estado molestando cada ciertas horas por Nico vuelve, haciendo que el chico vaya hablar con este.
Ya saben.
Cosas típicas de hijos de Hades.
—¿Ejercito de arcilla? —
—Shabtis, magia egipcia—
—¿Tienen magos egipcios? —
—En realidad es curioso, pero si—
Reyna parece replantearse la forma en que pensaba que el campamento romano aplastaría al suyo, pero Draco estaba seguro que si pudiera llegar con sus otros amigos, seria una batalla bastante reñida, solamente ocupaban matar a Octavian.
Si tan solo lo escucharan.
.
.
Las noticias de Nico no eran buenas, parece ser que su padre descubrió quien los estaba persiguiendo.
Orion.
Pero no ya saben, Orion quien ahora es el señor de la oscuridad y le debe un favor enorme, lo cual seria útil para cobrar.
No.
Orión. Como la constelación.
Un gigante nacido para oponerse a los gemelos, Apolo y Artemisa, pero mayormente a Artemisa. Pero, él rechazó su destino. Trató de poner sus propias reglas. Primero, trató de vivir entre los mortales como un cazador para el rey de Quíos. Él, tuvo algunos problemas con la hija del rey. El rey lo exilió.
Él era ciego.
Poco tiempo después de ser exiliado, Orión conoció a Hefesto, quien tuvo piedad de él y le confeccionó ojos mecánicos incluso mejores que los originales. Orión se hizo amigo de Artemisa. Él fue el primer hombre que se unió a su Caza. Pero… las cosas se pusieron mal entre ellos. Exactamente cómo, no lo sé. Orión fue asesinado. Ahora, es fiel a Gea, listo para cumplir sus órdenes. Su impulso es la amargura y la ira.
Lo que necesitaban.
—¿Lobos? —preguntó Reyna.
Estaban cenando en la acera cerca de un café.
Cuando mencionó a Orión y a los lobos que estaban supuestamente en camino, Reyna frunció el ceño. Bob por otro lado aun sigue apenado por ser controlado por Gaia, así que come su emparedado de atún dándole un poco al pequeño Bob.
—La mayoría de los lobos son amigables con los romanos —dijo ella—. Nunca he oído historias sobre Orión cazando con una manada—
Nico terminó su sándwich de jamón y Draco estaba absorbiendo las papas fritas con hambre.
—Podría haber sido una forma de hablar: "muy poco tiempo antes de que los lobos lleguen". Quizás Hades no se refería literalmente a lobos. En cualquier caso, deberíamos irnos tan pronto como este lo suficientemente oscuro para las sombras—
—El único problema: la Atenea Partenos todavía está treinta pies en el aire—señala Draco aburrido.
Nico probó un pastelito.
La mujer de la cafetería les había llamado farturas. Se veían como rosquillas en espiral y estaban buenísimos, justo la combinación correcta de crujiente, dulce y mantecoso.
—Así que... —la voz de Reyna le sacudió de sus pensamientos—. ¿El Campamento Mestizo esperará hasta el primero de Agosto, o van a atacar? —
—Tenemos que tener esperanza en que esperen —dijo Nico—. Nosotros no... Yo no puedo devolver la estatua más rápido—
Hades probablemente piense que morirán.
Era así de optimista.
Reyna dio un mordisco a su pastel. Su cota de malla brillaba en el sol de la tarde.
—Me pregunto sobre estos lobos... ¿Es posible que hayamos entendido mal el mensaje? La diosa Lupa ha estado muy silenciosa. Tal vez nos está enviando ayuda. Los lobos podrían ser de ella, para defendernos de Orión y su manada—
La esperanza en su voz era tan delgada como una gasa.
Draco piensa que no tienen suerte en la vida.
—Tal vez —dijo Nico—. ¿Pero Lupa no estaría muy ocupada con la guerra entre los campamentos? Pensé que estaría enviando lobos para ayudar a tu legión—
Reyna negó.
—Los lobos no son combatientes de primera línea. No creo que ella ayude a Octavian. Sus lobos podrían estar patrullando el Campamento Júpiter, defendiéndolo en ausencia de la legión, pero simplemente no sé... —Cruzó las piernas por los tobillos, y las puntas de hierro de sus botas de combate centellearon. Draco hizo una nota mental de no entrar en ningún concurso de patadas con legionarios romanos—Hay algo más —dijo ella—. No he tenido suerte contactando a mi hermana, Hylla. Me pone incómoda que tanto los lobos y las Amazonas se hayan quedado en silencio. Si algo ha ocurrido en la Costa Oeste... me temo que la única esperanza para ambos campamentos se encuentra en nosotros. Debemos devolver la estatua pronto. Eso significa que la mayor carga está sobre ti, hijo de Hades—
No presiones.
Draco vio a Nico lucir incomodo al respecto.
—Nico, ¿cómo podemos ayudarte? —Preguntó Reyna.
—No estoy seguro —admitió—. Ya me han dejado descansar tanto como es posible. Eso es importante. Tal vez puedas prestarme tu fuerza otra vez. Este próximo salto será el más largo. Voy a tener que reunir la energía suficiente para llevarnos a través del Atlántico—
—Vas a tener éxito —prometió Reyna—. Una vez que estemos de vuelta en Estados Unidos debemos encontrar menos monstruos. Incluso podría ser capaz de obtener ayuda de legionarios retirados a lo largo de la costa este. Están obligados a ayudar a cualquier semidiós romano que los necesite—
Draco gruñó.
—¿Y si lo matamos? —
—Draco—lo regañó Reyna—, eso no ayuda—
Aunque pudo notar que parecía pensarlo, lo cual le dio esperanza a Draco.
Los perros de Reyna se pusieron en pie y el pequeño Bob comenzó a sisear.
A lo lejos, aullidos perforaron el aire. Antes de que Nico Draco levantarse, aparecieron lobos desde todas las direcciones, enormes bestias negras saltando desde los tejados, rodeando su campamento.
El más grande de ellos caminó hacia adelante. El lobo alfa se puso en cuclillas y comenzó a cambiar. Sus patas delanteras se convirtieron en brazos. Su hocico se contrajo en una nariz puntiaguda. Su pelaje gris se transformó en un manto de pieles de animales tejidas. Se convirtió en un hombre alto, enjuto, de rostro demacrado y ojos rojos brillantes. Una corona de huesos de dedos rodeaba su pelo negro grasiento.
—Ah, pequeños semidioses... —El hombre sonrió, dejando al descubierto los colmillos puntiagudos—. ¡Tu deseo fue concedido! Permanecerás en Évora para siempre, porque, para tu desgracia, mis lobos figurativos son literalmente lobos—
Draco se metió rápidamente su pastelillo a la boca con un gruñido, al menos había querido disfrutarlo.
Bueno.
Hora de luchar.
Continuara…
Pensé que no lograría tenerlo a tiempo.
Lo hice.
El último capítulo de héroes del año.
*cae dormida al suelo*
