Capitulo 5
Volumen 1: La caída del Mugen Tenshin
Acto 3
La ciudad nocturna respiraba con una vida sutil, sus calles sumidas en la penumbra eran iluminadas por luces tenues de farolas que resaltaban cada rincón. La noche era acompañada por el fresco aroma del aire, impregnado de la serenidad que traía la oscuridad, entrelazándose con los suaves olores de la piedra urbana y el cálido asfalto.
Las pocas personas que aún circulaban por sus calles se deleitaban con el aire fresco y la pureza del firmamento. Las iluminadas calles, reflejaban sus rostros mientras que los murmullos de las últimas cenas escapaban con sutileza de las casas.
En lo más profundo de la ciudad, bajo el peso de toneladas de tierra y concreto, varios hombres llevaban grandes recipientes metálicos, corriendo por oquedades en una inmensa red de túneles excavados en las entrañas de la metrópolis.
El eco de sus pasos resonaba en las húmedas paredes mientras avanzaban con rapidez. Sus figuras, apenas visibles en la penumbra, eran iluminadas por antorchas, moviéndose con dificultad en un suelo fangoso que manchaba la suela de sus botas militares.
Noah encabezaba el grupo, seguido de cerca por un hombre robusto de cabello corto y musculatura prominente. Su rostro mostraba una cicatriz de antiguas batallas que recorría su mentón hasta su ojo. Vestía botas negras y un pantalón camuflado, sujeto por un cinturón lleno de granadas y cuchillos. Su musculatura sobresalía de una camisa verdosa, sobre sus hombros llevaba amarrada una ametralladora y en sus brazos cargaba un fusil de asalto.
La agitada voz de Noah se dirigió al hombre mientras avanzaban inmersos en la extensa red subterránea:
— Capitán, ¿cuánto falta para llegar? No podemos perder más tiempo, esa perra ha descubierto el escondite —. El aliento del sujeto resonaba con cada movimiento de sus piernas, llenando de aire sus pulmones y exhalando con fuerza, antes de tomar su siguiente suspiro, contestó:
— Falta poco, noble Noah. Deberíamos estar a menos de quinientos metros de la posición. He contactado con mis hombres para esconder al maestro Bael en un recinto provisional, como se me ha indicado —.
Noah asintió con la cabeza y continuó su marcha. Sus elegantes zapatos y su pantalón de finas sedas se estropeaban en el barro, pero su compostura era indiferente mientras avanzaba.
Dentro del túnel, el chapoteo de los pasos de los visitantes se esparcía en todas direcciones, creando un eco desigual que resonaba ante el galope de una docena de hombres. Las paredes ásperas apenas permitían el paso de sus equipajes en tanto las paredes goteaban por el agua que se filtraba de las cercanías. Los murciélagos emitían chillidos antes de volar frente a ellos, y los roedores escapaban en su dirección, perdiéndose en el fango y en grietas ocultas bañadas de humedad.
La intrincada red de túneles finalmente guio a Noah y su grupo hacia una apertura que se conectaba con los acueductos subterráneos de la ciudad. Emergieron en un majestuoso laberinto de pasadizos inundados, donde el agua fluía con vigor desde diversas direcciones, limpia y pura.
Las paredes del acueducto estaban adornadas con tuberías que descendían desde lo alto, dejando caer un goteo constante de agua que resonaba en la atmósfera. Allí, la luz tenue de lámparas colgantes destacaba las superficies húmedas, reflejando destellos en cada gota de agua.
Un grupo de militares los recibió apuntando sus cañones, pero... al reconocer a Noah y al capitán la tensión se disipó. Bajaron sus armas, revelando expresiones aliviadas, y realizaron gestos reverenciales hacia Noah. A su capitán, le dieron un saludo en bienvenida al nuevo entorno.
Otra brigada de hombres se unió al grupo formando un pasillo de paso, mostrando sus armas ante Noah. En un gesto unísono, dejaron caer la culata al suelo, demostrando su respeto.
La voz de uno de los hombres que los recibía rompió el silencio del saludo acercándose a ellos:
— Noble Noah, comandante Zayd. Nos alegra su visita; no esperábamos encontrarlos tan pronto aquí abajo —.
Zayd, ajustando sus botas y ropas, enderezó su cuerpo y con una mirada asertiva, respondió: — Nos descubrieron, esa zorra Kunoichi abrirá la boca. Tendremos que buscar un nuevo escondite —.
El hombre con bandas de oficial en el brazo, quitándose el casco y rascándose la cabeza, comentó: — Si es eso cierto capitán este lugar está en riesgo. Si esos malditos descubren el paso... no solo estaremos en peligro, también lo estará el noble Noah y el maestro Bael —.
Sosteniendo el hombro de su teniente, Zayd con una sonrisa tanto espeluznante como tranquilizadora respondió: — Lo sé, dejamos preparado todo cuando vengan. No podrán ingresar, y si lo hacen, lo harán muertos... teniente —.
Noah, acercándose a la conversación enseño una grabación del interior de la casa. Allí se observaba como una mujer joven de pelo negro, largas cabelleras y un flequillo que cubría la mitad de su rostro ingresaba por la ventana superior, explorando cada rincón de la casa para luego huir.
— Al escuchar ruidos extraños supuse que algo andaba mal. Así que ordene a todos esconder los suministros y el equipo bajo una compuerta. Esos estúpidos... teniente, es muy seguro que vuelvan a investigar, ¿puede encargarse de ellos? —. Dijo Noah sin despegar su frívola mirada de su subordinado.
Con un movimiento de cabeza, respondió manteniendo la vista al frente: — ¡Puede estar tranquilo, noble Noah! No permitiremos que nadie perturbe su estancia —.
Revisando entre sus pertenencias, Noah, saco un visor que mostraba un mosaico de varias imágenes en su interior, su voz seca emitió su mandato al teniente mientras ofrecía el dispositivo:
— Cada imagen que vez acá es del interior de la casa, quiero que estén atentos en todo momento. Necesito... teniente, que vueles la casa si llegan a descubrir este lugar. ¿Entendido? —.
Con un gesto reverencial, todos los presentes inclinaron su cabeza asintiendo, recibiendo el dispositivo puso firme su cuerpo mientras decía:
— Puede contar conmigo señor —. Al terminar su frase, los hombres tras de él hicieron un corto grito de guerra entonando la oración: — ¡Larga vida a Orochi! —.
El teniente haciendo un gesto indicó a uno de sus hombres guiarlos hasta donde Bael, sin embargo. Zayd, con una expresión firme, se negó al consejo, en su lugar, decidió quedarse para supervisar la seguridad de la entrada al lugar. Con una mirada seria y autoritaria, indicó a los hombres que lo acompañaban, que se preparasen para su nueva tarea.
— No necesitaré a muchos para cuidar esta entrada. Mis hombres acompañarán al maestro Noah hacia Bael. Asegúrense de llevarlo a salvo y de informarle sobre la situación actual —. Instruyó con voz firme, en tanto que su tono de mando resonó en los pasillos del acueducto.
Mientras tanto, el teniente, asintiendo con respeto, seleccionó a uno de sus guías para acompañar a Noah en su recorrido hacia Bael.
— Mi señor, este es nuestro mejor guía. Conoce los túneles y pasadizos como la palma de su mano. Ve con el joven Noah y garantiza que lleguen a salvo con Bael —.
Noah, agradecido, asintió en señal de aceptación mientras se preparaba para emprender la marcha hacia la estancia de Bael. Zayd, el teniente y sus hombres prepararon sus indumentarias y las armas apuntando sus cañones en dirección al túnel.
Zayd ordenó a sus subordinados que vistieran sus trajes de combate; los visores térmicos y nocturnos iluminaban sus cascos como tres ojos rojos palpitantes, mientras llevaban sistemas de respiración con filtros. Sus camuflados verdes, recubiertos de antiblindaje les daba una apariencia robusta, complementada por un cinturón cargado con granadas y cartuchos de munición. Además, los fusiles que portaban exhibían largas bayonetas en las puntas.
Dentro de su traje, Zayd inhaló profundamente antes de utilizar el intercomunicador para ordenar una inspección minuciosa de cada elemento. Asegurándose de que todo estuviera en perfecto estado. Un instante después, centró su atención en el dispositivo que mostraba las cámaras.
Noah avanzó con su escolta y su guía por los rincones del acueducto, descendiendo desde los pisos superiores hasta los inferiores. Los amplios pasillos y corredores se entrelazaban en un laberinto que descendía hacia las entrañas de la tierra.
Avanzó a través de una puerta que conducía a un majestuoso pasillo esculpido con figuras y deidades de eras pasadas. Estaba adornado de columnas en forma de peristilo se extendían a lo alto de una cavidad iluminada, perfectamente adoquinada con piedra caliza y mármol. A lo largo de decenas de metros, el pasillo se alzaba imponente, evocando la grandeza de antaño. La luz bañaba el espacio de sus profundidades, proyectando una multitud de figuras que celebraban una congregación con Bael en medio de todos al final del corredor.
Con su voz profunda y resonante, llenaba el ambiente con un eco majestuoso y dulce captando la atención de todos. Noah avanzó cauteloso, cada pisada resonaba en las baldosas de mármol en su avance. Pero... su camino fue detenido por dos mujeres fieles al culto que, con un gesto de manos, le indicaron que guardara silencio y observara.
Un soldado herido con múltiples heridas de espada yacía mutilado de uno de sus brazos, se postraba al borde de la muerte frente a Bael que, extendiendo sus manos, desencadeno una luz purpura y cobriza que giraba como un remolino sobre todos, dejando tras de sí una estela de plumas moradas.
Pronunciando unas palabras en un lenguaje ancestral, la luz se lanzó sobre el soldado, haciéndolo levitar y penetrando sus heridas como un fuego ardiente que lo consumía. La sorpresa invadió a todos al ver emerger de sus hombros el brazo mutilado regenerado. Además, sus heridas y cicatrices eran selladas mientras el joven soldado volvía a la vida descendiendo en un frágil remolino hasta tocar el suelo.
Al rededor, las personas gritaban de regocijos y alegría, la familia del soldado lloraba desconsolada abrazando a su hijo al verlo completamente curado y salvado de la muerte. Al retirarse besando las manos de su salvador, una joven mujer se acercó a sus pies, con la cara baja y con una mirada humilde... como si rogara con desesperación un nuevo milagro para ser salvada.
Su cuerpo estaba cubierto de manchas negras purulentas que al retirar la piel desvelaba un ecosistema de agujeros y cavidades, donde algunas larvas y criaturas emergían y se ocultaban en las heridas. Bajo las yagas, completamente infectadas, la carne variaba en tonalidades amarillas y purpuras, develando túneles bajo la piel donde los gusanos construían colonias y oquedades una junto a otra y una sobre otra, dejando entrever la cabeza de sus escurridizos cuerpos en las profundas oquedades.
Las personas del culto intentaban alejar a la joven de Bael, temiendo que la enfermedad se expandiera a su líder. Sin embargo, con un rostro compasivo y lleno de fraternidad poso las manos sobre el rostro de la chica evocando nuevamente coloridas luces que volvían a bañar el lugar con hermosos plumajes morados.
La luz se posó como una esencia circular sobre ella, y un momento después, giro rodeándola en un torbellino de fuego. Las yagas se levantaban y eran consumidas junto a la vida parasitaria, que, ante el fulgor de la luz salía de las oquedades siendo quemadas y desintegradas. La carne, de colores pálidos y enfermizos se consumía con el fuego para retomar un rojo palpitante y su piel, retoñaba extendiéndose y cubriendo las heridas.
En un parpadeo, la luz desapareció tras una estela negra que la consumió por completo, dejando un eco insonoro en el ambiente. La joven, ayudada por las cálidas manos de Bael, se levantó emitiendo un aura de vida y un brillo imperceptible en su alrededor, sus ojos de incredulidad observaban a los fieles que la rodeaban. Un momento después, se derrumbó a los pies de su salvador llorando desconsolada por el milagro y su curación.
El milagro ante los ojos de Noah llenaba su espíritu de aliento, y su corazón se llenaba de emoción ante los alegres llantos de los fieles que en un acto de celebración tomaron a bael por las piernas levantándolo entre todos mientras hermosas flores eran lanzadas sobre su ser.
Abriéndose paso en medio del tumulto de personas. Se acerco a su maestro y con la incredulidad de los milagros recién sucedidos hizo una seña con sus manos a Bael.
Sorprendido, le devolvió la seña a su discípulo y dando una indicación a los fieles abrieron el paso para su encuentro. Noah, tras un abrazo fraternal, siendo testigo de los poderes de la deidad dijo: — Ha sido una demostración esplendida maestro, nunca he visto nada igual —.
Bael con el regocijo de las adulaciones tras de sí y mirando a los ojos de su pupilo respondió: — Has vuelto, Noah. Esta ha sido solo una fracción del poder de nuestro señor, pronto serás testigo de la grandeza de sus sirvientes —.
Desviando la mirada y dejando escapar un suspiro, Noah, respondió con preocupación: — Mi señor, este sitio es peligroso... debemos dar entrada a los guardianes a este mundo, ahora. Esos malditos asesinos están acabando con todos nuestros miembros sin que podamos hacer nada —.
Con una mirada tranquila, dio una suave caricia sobre la cabeza de su discípulo mientras con sus manos dibujaba en el aire una visión de otro mundo: En el interior, se observaban las almas de cada miembro eliminado descender en un prado de flores violetas y purpuras, los árboles se rizaban emitiendo una belleza retorcida en un bosque profundo. A los pies de un trono, sus almas se transformaban con suavidad en seres humanoides, sus pieles se tornaban marrones y oscuras mientras que sus cabezas se deformaban convirtiendo sus bocas en afilados espirales. Los huesos de las manos se alargaban formando afiladas garras mientras que... a otros, se les curvaban los brazos formando grandes pinzas.
Las figuras tras la imagen se arrodillaban ante una entidad imperceptible que era custodiada por la silueta de un hombre cuya sombra permitía ver la claridad de unos prominentes ojos verdes que, dirigiendo su mirada al portal, lleno de odio y evocando una sonrisa maligna, hizo que con un pestañeo la visión desapareciera.
— Lo que acabas de ver, es el destino exclusivo de los miembros del culto. Ahora han tenido el privilegio de servir directamente a nuestro amo, por lo tanto. No debes preocuparte Noah —.
Impactado, guardo silencio un instante. Dio un suspiro, arreglo sus cabellos y un momento después dijo: — ¿Cuáles son tus planes, maestro?, he intentado combatir contra esos sujetos, pero ha sido en vano. Nunca pensé que los guardianes de la deidad tuviesen tanto poder —.
— Hijo mío, mañana contemplaras mi fuerza, por ahora sigue con tu misión y defiende este lugar. Debemos soportar al menos un día más antes de entrar en acción —. Contesto Bael mientras volvía la espalda en dirección a los fieles. Deteniéndose un momento, agrego: — Confía en tus instintos, Noah. El descendiente de los emperadores debe saber cómo cuidar a su gente. No te preocupes, pronto recibirás mi próxima orden —.
La presencia de Bael se fundió con la masa de fieles que lo seguían a otra recamara de las profundidades. Mientras, con un ápice de esperanza, Noah volvía la mirada al guía y a los hombres de escolta que observaban su rostro en espera de una orden.
Haciendo un gesto con la cabeza, indico que lo siguieran perdiéndose en los interminables laberintos de las profundidades.
