Capitulo 5 - En el corazón del imperio
Volumen 1: La caída del Mugen Tenshin
Acto 1
Los vientos abrasadores se cernían sobre la metrópolis al mediodía, haciendo que la atmósfera palpitara con una calidez que acariciaba las calles y los edificios, desencadenando un temblor en el aire saturado de calor. Los rayos dorados del sol se filtraban entre los imponentes rascacielos, generando juegos de sombras y destellos que danzaban sobre las superficies urbanas.
En las bulliciosas calles, fragancias irresistibles de restaurantes flotaban en el aire, transportando esencias de comidas variadas: desde exquisitas sopas hasta especias aromáticas. El olor de las carnes asadas se fusionaba con el humo que se elevaba desde las parrillas, anunciando las delicias que las tiendas tenían para ofrecer.
En las inmediaciones de las escuelas, el bullicio de niños y jóvenes llenaba el ambiente. Risas y bromas se mezclaban con el ir y venir de mochilas, mientras los estudiantes emergían a la luz del día, liberados de las aulas y listos para sumergirse en la energía diurna de la ciudad. Las risas juveniles se elevaban como melodías espontáneas que impregnaban las calles de vitalidad y alegría.
Hayate observaba con cautela su entorno, escrutando los ojos de cada individuo que cruzaba cerca de él. Cada mirada y movimiento eran minuciosamente estudiados mientras disfrutaba de una copa de té helado en una cafetería al aire libre. Él y su hermana estaban resguardados de los rayos solares por una sombrilla que se alzaba desde el centro de la mesa. Los límites del establecimiento estaban delineados por una tenue cerca de madera negra apilada, enmarcando la entrada y salida con elegancia.
Ayane saboreaba un batido cremoso de helado acompañado de su platillo favorito: una réplica de takoyaki. Con destreza, tomaba cada bola, sintiendo la textura crujiente por fuera y el relleno tierno en su interior. Sus ojos brillaban con efímeros destellos que iluminaban su rostro mientras se preparaba para tomar el siguiente bocado con palillos.
Su expresión firme se suavizaba con dulzura en amplias sonrisas, mientras sus mejillas, ligeramente enrojecidas por la comida, eran acariciadas por la brisa ligera que jugueteaba con sus cabellos, sin darse cuenta se entregaba al placer y al deleite de la frescura de su platillo.
En las mesas cercanas, los hombres de Hayate permanecían camuflados entre la multitud observando el entorno. Con atuendos informales y disfrutando de bebidas ligeras, creaban una apariencia de serenidad mientras conversaban, vigilando discretamente cada movimiento en las proximidades.
Hayate, saboreaba el té con pausados sorbos en tanto su mirada se posaba en el rostro de Ayane. Pues... raras veces tenía el privilegio de contemplarla entregándose a las delicias sencillas de la vida. Por lo regular, permanecía inmersa en rigurosos entrenamientos y duras misiones.
Por un instante, a su mente llego la imagen y el recuerdo de Hitomi; sus cabellos castaños ondeaban con suavidad mientras sus ojos azules brillaban con determinación y ternura reflejando en sus pupilas el rostro de Hayate, mientras una sonrisa contagiosa iluminaba su femenil y tímido semblante.
Durante su último encuentro en secreto y a escondidas de todos, sus delicadas manos acariciaron su rostro. Se abrazaron sintiendo el agitado palpitar de sus corazones que, acompañado con suaves risas y dulces palabras llenaban con extraños sentimiento su estómago y su pecho, mientras que ella lo invitaba en aquel entonces a regresar al dojo en Alemania y llevar una vida tranquila.
Observando el rostro de su hermana imagino por un momento una vida de paz, alejada de los peligros, las ejecuciones y los planes de asalto para sus sombrías misiones. Entregándose a la calma y relajando su mirada le pregunto:
— ¿Alguna vez has pensado en cómo sería la vida si no estuviéramos constantemente envueltos en misiones y entrenamientos? —. Dijo con curiosidad en su voz mientras revolvía el té con un toque de plástico.
Ayane dejó momentáneamente sus palillos sobre la mesa y sus ojos se encontraron con los de su hermano: — Es difícil imaginarlo. Nuestras vidas siempre han estado ligadas a lo que fuimos entrenados. Tal vez sería algo diferente... Pero esta es nuestra realidad, y debemos aceptarla —. Comentó, llevándose un poco de helado a la boca mientras su mirada se perdía en las delicias de su comida.
Tras tomar un respiro y recostarse contra el respaldo de la silla, Hayate miró al cielo, recordando las palabras y la invitación de su amada amiga en Alemania.
— Lo sé, pero a veces me pregunto cómo sería vivir sin la constante presión y el peligro —. Reflexionando y observando las risas de los transeúntes, continuó: — Quizás podríamos disfrutar de una comida sin preocuparnos tanto en nuestros objetivos —.
Antes de que pudieran tomar un segundo suspiro, sus hombres se pusieron en alerta al divisar un grupo de individuos que se acercaba, entremezclándose con los adolescentes escolares y los transeúntes. Cuando finalmente se revelaron, el rostro de Irene emergió, saludando con reverencia al presentarse ante los jóvenes maestros del Mugen Tenshin.
Tras ella, los hombres bajo su mando realizaron el mismo gesto de saludo y, segundos después, se dispersaron en todas direcciones, cubriendo un amplio perímetro en los alrededores de la cafetería. Quedando Irene acompañada únicamente por Suzaku y Kaede.
Mientras acomodaban algunas sillas en la mesa y llamaban a la camarera, Irene sacó de sus bolsillos una agenda de pasta robusta y café. Al abrir sus páginas, se revelaron varias fotografías de miembros del clan de los demonios dispuestas una al lado de otra. Algunas de ellas tenían una enorme "X" en medio de sus rostros, con letras rojas bajo ellas que indicaban el veredicto: — Eliminado —.
— Maestro Hayate, maestra Ayane. Bienvenidos sean a las tierras del sacro imperio de Vigoor. En las noches anteriores detectamos actividades inusuales y descubrimos varias figuras clave del clan enemigo —. Pasaba las hojas con la punta de sus dedos, mostrando los rostros de sus víctimas mientras continuaba: — Hay varias personas importantes y muchas otras desconocidas. Estos dos hombres son la cabeza del clan, sabemos que uno es la figura central y líder del culto a los demonios, y del más joven desconocemos su origen.
Tomando los datos del informe de Kaede e intentando desenvolverse con la lengua, mientras su semblante se empalidecía recordando lo visto en las entrañas del bosque murmuró: — Además... El portal ya ha sido abierto. La máxima prioridad para el éxito de nuestras operaciones es eliminar a sus lideres antes de que liberen a esas malditas criaturas —.
El rostro de Hayate escuchaba con atención los detalles de cada informe, recopilando las particularidades de cada momento y guardaba con especial atención los detalles descritos de la criatura durante el pacto en las afueras. Mientras tanto, Ayane observaba con la mirada perdida los ojos de Irene y sus colegas. Los recuerdos del incidente del acero negro y la invasión de Vigoor volvían a aflorar, erizando sus vellos mientras continuaban.
Sus sentidos se recobraron cuando la camarera trajo a la mesa tres bebidas refrescantes para sus compañeros. Suzaku irrumpió en la conversación haciendo un gesto a su maestra Ayane. Extendiendo una de sus manos, mostró varios pétalos de hojas de cerezo mientras decía:
— Maestra, durante mis investigaciones logré cruzar miradas con ella, sé que era ella. Mis heridas ardían ante su presencia y la seguí... estoy seguro, no tengo ninguna duda de que la princesa fugitiva también está en la capital —. Relatando los sucesos, observó cómo la mirada de Ayane cambiaba y apretando entre sus bolsillos uno de sus kunais dijo con furia: — Kasumi... —.
Su rostro fundido en frustración y enojo fue calmado por Hayate que interponiéndose para calmar la situación dijo: — Kasumi no es nuestra prioridad por ahora. El objetivo del Mugen Tenshin es encontrar y eliminar a los enemigos para vengar a nuestros camaradas y detener la invasión. Si detectan a Kasumi, elimínenla; sin embargo... quiero que la operación se centre en erradicar al culto y a su clan maldito —.
Hayate, siendo un poco más perceptivo lo entendía bien: Si Kasumi estaba en la ciudad, era muy probable que Ryu la hubiera traído consigo. Siendo consciente de los sentimientos que Ryu ocultaba hacia su bella hermana, comprendía que cualquier mal que se cerniera sobre Kasumi sería enfrentado por Ryu de manera implacable.
Pensando en sus hombres y sobre todo en Ayane, sentía la urgencia de evitar una confrontación innecesaria con Ryu o Kasumi. Su enfoque estaba en el clan de los demonios, el verdadero enemigo que amenazaba su clan natal y el país de Vigoor. En lugar de verse envuelto en disputas familiares, esperaba contactar con Ryu de alguna manera, para reforzar su cacería en contra del culto y su peligroso líder.
— Los Hayabusa, padre e hijo, ya deberían estar en la ciudad. Búsquenlos e infórmenles de nuestra posición. Debemos terminar esto lo antes posible —.
Levantándose de su lugar y haciendo un gesto a sus hombres, se alejaron a otras calles con discreción. Su mente se nublaba por los estragos de la tragedia en la aldea, tomando rumbo a sus objetivos para dar inicio a nuevas operaciones de exterminio.
Ayane permaneció sentada por un momento más mientras permanecía sumergida en la conversación con Irene y sus dos colegas. La inquietud por Kasumi no dejaba de crecer en su interior, y fue Suzaku quien tomó la iniciativa de explicarle los detalles y el punto exacto donde se había cruzado con la mirada de la fugitiva.
— Maestra, la vi cerca de las zonas urbanas. Pude apreciar sus cabellos y sus ojos, aunque intentaba mantenerse oculta, no hay discusión, era ella... lo sé... —.
Mientras reflexionaba sobre los movimientos de Kasumi e intentando continuar con las ordenes de Hayate, Irene, con astucia interrumpió con una sugerencia: — Maestra, si está aquí, es probable que busque nuestros objetivos. Siguiendo la misión del maestro Hayate, tarde o temprano nos encontraremos con ella —.
Soltando un suspiro resignado, Ayane se puso de pie para dar su mandato: — Si la encuentran, síganla —. Volviéndoles la espalda, se dirigieron en silencio hacia donde se encontraba Hayate, dejando bajo la mesa los pétalos de cerezo recogidos, ahora hechos añicos y aplastados.
Al llegar la tarde, los rayos solares antes poderosos cedían su fulgor, permitiendo que un viento fresco impregnara el horizonte con tonalidades anaranjadas. En las estructuras tradicionales de la ciudad, el Hans'Bar se encontraba al final de una bulliciosa calle repleta de tenderos que decoraban sus locales con coloridos toldos y exquisitos aromas a madera refinada. Las casas al rededor emanaban aromas de licores dulces que flotaban en el aire envolviendo los alrededores en una paz embriagadora. El bullicio de comerciantes y bebedores sensibilizaba los sentidos, dando lugar a exuberantes sonrisas en las inmediaciones.
Entre las conservadoras casas, se abrían escasos callejones estrechos, donde las tuberías emitían suaves sonidos de agua golpeando contra el metal y el goteo rítmico en el suelo marcaba un compás tranquilo con su eco armonioso.
En uno de los callejones, varias figuras yacían sin vida en el suelo. Sus brazos y sus cabezas mutiladas daban un aspecto de carnicería al modesto callejón que ahora teñía sus paredes de sangre. Una joven de cabellos oscuros se acurrucaba contra la pared, con el rostro bañado por gotas heladas de sudor y sus ojos al borde de las lágrimas reflejaban el terror ante el hombre que se acercaba.
Ryu, con las manos manchadas de sangre, avanzaba como una pantera acechando a su presa; sus ojos verdes destilaban un fulgor ardiente que penetraba las pupilas, llenando de terror el espíritu de la joven.
Arrojando un brazo arrancado de sus anteriores víctimas contra el suelo, levantó a la chica de la camisa con una sola mano. La sangre que escurría de sus brazos se absorbía en las suaves y sedosas telas de la joven, transformando el hermoso blanco en un rojo carmesí mezclado con barro. Aterrada, con su último atisbo de voluntad, rogaba por su vida mientras intentaba soltarse con ambas manos de las garras de su captor, que como si de unas pinzas se tratara, apretaba su cuello a punto de desquebrajarlo.
— ¿¡Dónde están los demás!? —. Las palabras de Ryu resonaban en la profundidad del callejón mientras empujaba con fuerza el cuerpo de la joven contra la pared. Al verla asentir liberó su mano, dejándola caer al suelo.
Escupiendo sangre y tosiendo sin control, la joven se arrastró hacia los pies de Ryu, manchando de polvo sus zapatillas y sus pantalones. Entre sollozos e intentando confesar, empezó a dar información sobre los demás miembros del clan. Su información vaga y apenas relevante se acompañaba de escalofríos de miedo y palpables temblores en sus manos mientras observaba desde el suelo la imponente figura de Ryu.
Tras robar algunas pertenencias de sus víctimas, agarró a la joven por el cuello y, tras un salto entre los muros, la dejó colgada en lo alto por sus prendas en una ganzúa que sobresalía de antiguas tuberías removidas.
Alejándose del callejón, se limpiaba las manos con un despojo de ropa robada de una de sus víctimas. Tras él, los llantos de la joven se opacaban, volviéndose apenas perceptibles en medio del bullicio de las calles.
Al volver a las aceras, dos figuras esperaban con los brazos cruzados su llegada. Hayate y Ayane observaban con curiosidad una mancha de sangre que aún caía sobre su mejilla, y que en un momento limpió con los despojos de la camisa robada.
Saludándose mutuamente en un gesto de reverencia, Ayane preguntó con tono burlón y juguetón: — Valla si eres macabro ¿Te has divertido, maestro Ryu? —. Sin obtener respuesta, arrojó la camisa en un basurero cercano y, volviendo su mirada a Hayate, dijo: — He regresado a Vigoor, Hayate. Dime que has conseguido —.
Hayate, sacando tres papeletas de reservación de su bolsillo las repartió entre ellos y miro en dirección a la entrada del bar: — Lo hablaremos dentro, sígueme —.
Su figura se encamino en dirección al bar seguido a lo lejos de sus hombres con discreción. El Hans'Bar se presentaba como un imponente complejo de tres pisos que abarcaba la totalidad de la manzana del barrio al final de la calle. Unas ligeras escalinatas que llevaban a su interior adornaban su única entrada: una gran puerta dorada. Por fuera permanecía custodiada por dos musculosos hombres vestidos con trajes de paño manejando las invitaciones y reservas.
Desde el exterior en cada piso las ventanas dejaban entrever sombras que se movían de un lado a otro en su interior y su terraza albergaba innumerables mesas. Las charlas alegres, los cantos de ebrios abrazándose unos a otros y las interminables luces de cada instancia se traspasaban con sutileza al exterior de la edificación como susurros inaudibles que complementaban el vivido ambiente.
En el interior de una de las habitaciones del Bar, Ryu dejaba sobre la mesa varias identificaciones de sus anteriores víctimas, además puso sobre la mesa la foto de un joven agraciado de pelos rubios con una descripción bajo la foto.
Tomando la información conseguida por Momiji, ambos hermanos leían con asombro la procedencia de uno de sus más grandes objetivos, ligándose directamente con las estructuras estatales actuales y antiguas del imperio de Vigoor. Sin dudarlo, Hayate puso también sobre la mesa la agenda entregada por Irene, las figuras allí impresionaban a Ryu observando elementos tanto políticos, militares y civiles de la gran capital y el imperio.
Pasando las hojas de la agenda, su rostro sombrío los observo directamente y pregunto: — ¿Cuáles son los objetivos que desean que elimine? —.
Ayane, saco de sus bolsillos un papel envuelto, que al desplegarlo revelo la imagen de un hombre maduro con barbas blancas y pelos canosos. Sin dejar pasar detalle, Ryu observo una peculiaridad en sus manos, formando caminos y siluetas como tatuajes que se extendían hacia el interior de sus brazos. Ayane entendiendo la intriga y la curiosidad de su amigo dijo:
— Esta foto fue capturada antes de perderle el rastro. Ryu, este es nuestro objetivo principal. Por ahora parece el único capaz de traer los demonios desde el abismo... Como podrás suponerlo el portal ha sido abierto, es cuestión de tiempo antes de que logren cruzar las criaturas del más allá —.
Mientras relataba los detalles del encuentro de Irene con la criatura guardiana del portal, los ojos de Ryu examinaban minuciosamente cada detalle. Enrolló la foto del individuo y la guardó en uno de sus bolsillos. Tras tomar un largo trago de alcohol, volvió su mirada hacia Hayate, quien le entrego un mapa con las posiciones de sus hombres. Al observarlo, notó una nota peculiar pegada con cinta en uno de los extremos que decía: — Es un regalo, entrégaselo a Kasumi —.
Ryu asintió con sorpresa, observando cómo Hayate guiñaba el ojo con complicidad, solo para retomar un semblante serio segundos después: — Ryu, nuestras operaciones continuaran hoy. Te esperaremos en las escaleras que hay del otro lado del puente elevadizo de la ciudad antes de medianoche —.
Con un apretón de manos, Ryu aceptó la tarea, llevando consigo la imagen del objetivo. Se despidió de los hermanos con una reverencia, tomó otro sorbo de alcohol, giró sobre sus talones, abrió la ventana y como una sombra desapareció. Dejando tras de sí una gran presión de aire que envolvió los cabellos de todos, haciendo que la agenda con los rostros de los objetivos cambiara varias páginas con violencia.
