Resumen: Fubuki arruinó la carrera de un héroe que se negó a unirse a su grupo un año atrás. Desde entonces, el sujeto ha buscado vengarse de ella a toda costa.


- Anime: One Punch-Man (ワンパンマン)

-Todos los personajes le pertenecen a su creador: ONE®


Este fanfic es una de las tantas ideas que me da PañaPaña para escribir, decidí hacerle caso porque es la más "suave" que se le ha ocurrido en mucho tiempo.

El título viene de la canción "Blood water" de Grandson.


.

La molestia se volvió rencor y de su falta de desahogo nació su odio. Después de varios meses, la venganza comenzó a sonar como algo razonable.

Su voz aún estaba en su cabeza.

El brillo en sus ojos era una imagen tatuada en su mente, dando vueltas en su día y tomando vida en sus sueños.

El sujeto se conformó con un trabajo de medio tiempo en el periódico local, donde tomar fotos y hacer preguntas no parecía sospechoso.

Su pasatiempo favorito desde hace ya casi un año ha sido coleccionar fotos de Fubuki, investigar de ella, indagar en sus redes sociales, verla por la ventana, averiguar a qué restaurante irá a comer esta vez y esperar por el preciso momento en el que ella se encontrara tranquila, sola, distraída…

indefensa.

Esta era la cuenta número noventa y tres… o quizás noventa y cuatro que se creaba sólo para desprestigiar a la dichosa heroína Ventisca del infierno. Como siempre, sus fanáticos salieron de hasta debajo de la coladera para defenderla a capa y espada. Insultaron y reportaron su cuenta falsa tantas veces hasta que terminó siendo eliminada. Al sujeto no le quedó otra opción más que crear la cuenta noventa y cinco y repetir el proceso.

Esos idiotas…

Seguro que ella los tenía sobornados a todos ellos. Embelesados con su falsa sonrisa coqueta, con sus ojos grandes y brillantes con los que siempre miraba con condescendencia cada vez que no conseguía lo que quería.

Sí, Fubuki era una perra.

No sólo eso, ella también era una cobarde.

El sujeto la ha estado espiando casi un año entero, cada día desde que fue dado de alta del hospital, y no importaba a cuántos lugares ella fuera, nunca lo hacía sola. Siempre tenía tras ella ese montón de hombres en trajes negros babeando en su mano, siguiendo órdenes ciegamente y lambiendo el suelo por donde pisaba. El Grupo Fubuki. Esos otros idiotas.

El sujeto los detestaba tanto.

Tanto.

Pero a veces era peor. Cuando Fubuki no estaba con su grupo, estaba con Tornado del terror y vaya que eso era muchísimo peor.

Los hombres de negro y los fanáticos de Internet eran un estorbo, pero Tatsumaki era un peligro.

Si Tatsumaki lo descubría, definitivamente terminaría muerto.

Oh, si tan sólo ella lo descubriera…

Las fotos. Sí. Su colección más preciada.

Había toda una pared tapizada de cientos y cientos de fotos de Fubuki en su habitación. El sujeto había tomado con su cámara cada una de ellas, las había revelado y recortado cuidadosamente. Cada una de ellas. Todas de ella. Todo por ella.

Ahora el sujeto conocía cada parte de Fubuki.

El color de sus ojos, su color de labial preferido, el sonido de sus tacones…

…su número de pestañas, la forma de su cabello, las tonalidades de su aura que delataban su humor.

La buscaba. La seguía. La veía.

El sujeto podía contemplarla por horas.

Si él siguiera siendo un héroe, si él tan sólo no hubiera tenido la mala suerte de haber rechazado su primera oferta, quizás no tendría tanto tiempo libre como ahora.

Quizás debería agradecerle al final por haberle roto las piernas esa vez. Ahora nunca podría trabajar en la Asociación de Héroes, pero podría seguir tomando fotos.

Pensar en ella era su pasatiempo dulce y tierno, el consuelo de que al menos como civil podía pasar desapercibido por otros.

Fubuki era alguien que no podía salir de su cabeza al despertar, al comer, al vigilarla desde la distancia y maldecir cuando ella ni siquiera lo volteaba a ver. Cuando se topaban frente a frente y ella ni siquiera era capaz de reconocerlo.

En las noches no era muy diferente, Fubuki estaba hasta en sus sueños. La ilusión de tenerla entre sus brazos, sometiéndola bajo su cuerpo… sujetándola fuertemente del cuello y luego estrellando su lindo rostro contra la pared, todo eso era algo que permanecía en su mente constantemente.

Oh, Fubuki no tenía ni idea.

El sujeto la lanzaría sobre su cama. Ella no sabría si llorar más por el miedo o por el dolor. Fubuki clamaría piedad. Suplicaría. Pero él no sería fácilmente manipulado por esa bruja, sino que sonreiría mientras tomaba su cabello entre sus dedos, enterrándole las uñas en su cabeza, y restregándole su rostro sobre el suelo, golpeándolo con fuerza hasta romperle la nariz. Luego acariciaría sus pechos, pasaría su mano por su cintura y la obligaría a encorvarse de tal forma que pudiera elevar su trasero desnudo y amoreteado. Después la tomaría por la fuerza, la haría sangrar, sin protección, sin previo aviso, sin ninguna clase de lubricación. La partiría.

Era el mismo sueño cada noche. La ilusión. El plan maestro. La promesa...

El sujeto siempre terminaba con una fuerte erección cada vez que la imaginaba postrada ante él, a veces arrodillada, a veces encadenada a la puerta, chapando su pene mientras sollozaba. Luego siendo tomada una y otra vez. Con moretes tan oscuros que ninguna cantidad de maquillaje podría ocultar.

Era la misma actividad cada noche, el sujeto terminaba masturbándose pensando en el aroma de Fubuki. No podía evitarlo. ¿Cómo hacerlo?

Él quería tenerla, sostenerla, someterla, dominarla, hacerle daño, hacerla sufrir en toda clase de oportunidad; verla vulnerable, rendida, inmóvil, atada, aterrada, atacada, masacrada; llena de mugre, sangre, semen en su rostro y, quizás, después dejarla encadenada a la cama.

Podría cortarle las piernas para evitar que escape, la lengua para que nadie la escuche.

Podría incluso arrancarle uno a uno los dientes para obligarla a hacerle una mamada sin correr el riesgo de que ella lo mordiera, ninguna oportunidad para defenderse, tan adolorida y sangrante. Su boca sabría a hierro. Su semen y sus propias lágrimas sería lo único que podría beber. De Fubuki no quedaría nada más que un pedazo de carne molida y mierda.

Podría buscar un departamento pequeño y barato en una zona donde nadie quisiera estar. Una zona alejada de las miradas y los vecinos entrometidos.

Podría darle comida con vidrios molidos, hacerla beber su propia orina, quemar su cabello, lanzarle aceite hirviendo a su rostro, morderle los labios hasta arrancárselos, sacarle los ojos con tenedores y cortar sus párpados con tijeras.

Podría arrancarle sus uñas una a una con pinzas. Romperle sus nudillos con un martillo cada vez que ella intentara escapar.

Podría hacerla suya las veces que quisiera y, una vez que Fubuki dejara de tener pulso, podría seguir profanando su cadáver antes de que se pudriera.

El plan era perfecto. El sujeto podía casi sentir su ilusión hecha realidad.

El único obstáculo, su eterna piedra en el camino, era siempre el mismo: Fubuki nunca estaba sola.

Si tan sólo ella lo estuviera.

Si tan sólo los fanáticos, los hombres de negro y su hermana desaparecieran…

Oh, si ellos desaparecieran… él sería imparable.

Pero el tiempo estaba cambiando y el sujeto había sido lo suficientemente paciente como para ver el día en el que Fubuki finalmente comenzaba a ser más independiente. Todo desde que conoció a un tipo calvo.

Quizás el destino en verdad quería que el sujeto reclamara a Fubuki como suya y era por eso que ella poco a poco comenzaba a trabajar por su cuenta, más lejos de su grupo, más oculta de su hermana mayor… y más cerca de las cadenas bajo su cama.

Esta vez, Fubuki tenía un compromiso con alguien, quizás una cita.

Ella vino sin ninguno de sus subordinados, ni uno solo, y entró al bar cerca de la zona poblada de Ciudad Z por la noche.

Ella entró sola.

Sola.

Fubuki se veía más arreglada de lo normal, parecía estar esperando a alguien. Era la primera vez que la veía con ese vestido, debía ser el que compró en la tienda que visitó dos días atrás.

Su perfume era diferente, el sujeto pudo reconocerlo al instante.

Era su oportunidad.

No fue difícil sobornar al tipo de la barra para meter las pastillas a la bebida de Fubuki. Pastillas especiales para espers. Fueron sumamente costosas pero demostraron ser efectivas. En menos de media hora, Fubuki ya estaba entre sus brazos.

—Creo que bebiste demasiado, señorita Fubuki. —Dijo el sujeto con la sonrisa más dulce que pudo expresar. —Te llevaré a tu departamento.

Los ojos de Fubuki lucían perdidos, apenas podía sostenerse de pie. Ella miraba de un lado a otro intentando hablar y fallando en el intento, su voz era apenas un susurro forzado.

—¿Q… q-quién… eres…? —Soltó ella, sus labios apenas juntándose y sus ojos comenzando a cerrarse. Ella ni siquiera podía sostener el peso de su propia cabeza. Era como una muñeca de trapo. —¿Q-qu… t… -oy…?

—Soy uno de tus subordinados, tú me llamaste para recogerte, ¿no lo recuerdas? Vaya, señorita Fubuki. Parece que en verdad bebió demasiado.

El sujeto comenzó a reír ligeramente, con dulzura, para evitar levantar sospechas de las breves miradas que algunas personas le lanzaban, personas que seguramente la reconocieron como Ventisca del infierno, y su actuación pareció funcionar porque él pudo salir pacíficamente del bar sin que nadie hiciera una sola pregunta, llevando a Fubuki a rastras, directo a su auto escondido en el callejón. Sin cámaras. Sin gente alrededor.

Esto estaba siendo mucho más fácil de lo que pensó. El sujeto se había preparado bastante. Incluso había logrado comprarse un traje negro, idéntico a los del Grupo Fubuki, para aparentar ser un integrante cualquiera. Nadie podría notar la diferencia.

Incluso si alguien decidiera detenerlo e interrogarlo, él podría responder sin problemas porque sabía demasiado de ella. Nadie diría que él no era un fiel seguidor de la señorita Fubuki.

El único problema fue que Fubuki pareció ser más resistente de lo que se imaginaba, porque su cuerpo comenzó a removerse antes de entrar al auto. Quizás estaba consciente, quizás era una simple reacción muscular, quizás requería una mayor dosis de la droga o, quién sabe, una reacción inconsciente de sus poderes con el fin de protegerla.

No importaba lo que fuera eso, un golpe en la cabeza con su bate bastó para hacerla dormir de nuevo.

La sangre de Fubuki se escurría por su pálido rostro desde su frente, con sus ojos apenas entrecerrados, ella casi parecía muerta.

El sujeto le puso su abrigo sobre el rostro y la recostó sobre el asiento trasero de su viejo auto, guardando el bate con sangre en la cajuela y dirigiéndose al asiento del conductor. Encendió el motor, las luces y pisó el acelerador…

…pero el auto no se movió.

El sujeto intentó de nuevo y no hubo cambio, el auto no estaba avanzando. Las llantas chillaban sobre el pavimento como si hubiera algo que las estuviera deteniendo.

De pronto el auto fue elevado del suelo y comenzó a balancearse en el aire. El sujeto sudó frío al considerar la posibilidad de que Tornado del Terror la haya rastreado y los descubriera, pero no había esa luz verde que caracterizaba su aura.

Entonces se escucharon diversos ruidos del metal crujiendo y, de forma repentina, el auto cayó sobre el suelo de manera brusca. El abrigo cayó del asiento, exponiendo el rostro ensangrentado de Fubuki.

Al asomarse por la ventana, el sujeto se dio cuenta de que las llantas del auto habían sido arrancadas.

Después escuchó otro crujido y en el lado del asiento del copiloto logró distinguir la figura de un hombre.

Era el tipo calvo.

El hombre calvo se acercó y, manteniendo el mismo rostro aburrido de siempre, arrancó la puerta lateral del auto… con una sola mano. Como quien despegaba una calcomanía.

Los ojos del tipo calvo indagaron por el interior del auto y se detuvieron de forma abrupta sobre el rostro de Fubuki. Su mirada se enserió al instante.

—¿Qué le pasó a Fubuki? —Preguntó el sujeto calvo, sus dedos hacían tanta presión en su agarre que estaban dejando huella sobre el marco de la puerta donde se recargaba. —¿A dónde la llevas?

El sujeto sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Él reconocía al tipo calvo y había escuchado a Fubuki hablar sobre lo fuerte que era, pero no había imaginado que era así de fuerte.

El tipo calvo podría ser también un peligro igual que Tornado del terror. No podía correr ningún riesgo.

Aunque, el encontrarse con ese tipo ya era un riesgo por sí mismo porque podría ser descubierto. Él había escuchado a Fubuki hablar del tipo calvo como uno de los miembros honorables de su grupo. Por otro lado, él nunca había visto a ese tipo calvo vestido de negro.

—Ella me dijo que no se sentía muy bien y me pidió que la llevara personalmente a su departamento, sólo por si acaso. Puede ser peligroso para ella estar en este estado por su cuenta, ¿no es así?

El sujeto esperaba que el tipo calvo en verdad le creyera.

Si el tipo calvo sólo era un conocido de Fubuki, podría salirse con la suya fácilmente.

Pero, si el tipo calvo resultaba ciertamente ser un integrante del Grupo Fubuki, alguien que en verdad la conociera, alguien más cercano de lo que aparentaba… esto podría convertirse en un gran problema, estaría acabado.

El sujeto esperó paciente, manteniendo una sonrisa amable. Tratando de que la intranquilidad de su mirada camuflara sus ansias internas y la hicieran pasar como preocupación por su bella, gentil y delicada líder.

La mirada del tipo calvo se mantuvo fija, una clase de ojos oscuros y pesados que analizaron sus palabras y luego lo observaron de arriba abajo.

—Es raro que un solo integrante venga a recoger a Fubuki. —Dijo él, dirigiendo su vista alrededor y regresando al interior del vehículo. —También… podría recordarlo mal, pero el grupo Fubuki tiene un auto propio y es muy diferente a este.

El sujeto maldijo en su interior. El rostro del tipo calvo lo hacía ver como un completo idiota pero, al parecer, era más observador de lo que pensaba.

No importa. Todavía podía esquivar el tema y escapar en un taxi con un conductor que no hiciera muchas preguntas. El departamento que rentó no estaba demasiado lejos.

Una vez más, el sujeto trató de mantener la calma. Su voz sonó serena.

Hora del plan B.

—Es porque este no es el auto del grupo, sino mío. Y pues, verás… —El sujeto bajó su voz y cubrió su boca con una de sus manos, sonriendo ligeramente nervioso. Mirando de un lado a otro por si acaso. —…en realidad, yo soy el novio de Fubuki. —Él amplió su sonrisa, incluso consiguió que su rostro enrojeciera lo suficiente para simular un cariño enternecedor. —Se suponía que esto era nuestro pequeño secreto, pero creo que es algo que necesitas saber para hacerte sentir tranquilo. No tienes que preocuparte, pero te entiendo, no es algo que se pueda evitar. Yo mismo justo ahora estoy muy preocupado por ella, sólo quiero llevarla a casa y cuidarla. No me gusta que beba demasiado, incluso se lastimó al intentar entrar al auto…

El sujeto tragó saliva y miró a Fubuki de forma dulce, lo más suave y embelesado que pudo.

El tipo calvo permaneció en silencio, inmóvil, quizás atónico.

El sujeto siguió hablando, esta vez regresando su mirada hacia él.

—Escucha, amigo. Es muy tarde y todo lo que quiero es llevar a mi novia a su casa, limpiar su rostro y cuidarla hasta que despierte. No te preocupes, prometo que le diré que nos viste y ella se pondrá en contacto contigo en cuanto se sienta mejor, ¿qué dices?

El tipo calvo lo observó, de alguna forma más fija que antes pero también denotando cierta sorpresa en sus ojos.

—¿Desde cuándo Fubuki tiene novio?

Una sonrisa nació de inmediato en el rostro del sujeto, divertido. —¿No lo sabías?

El tipo calvo no respondió, no se movió, definitivamente no tenía la intención de despegar su vista de él.

Eso se estaba volviendo incómodo. Pero el sujeto mantuvo firme su semblante relajado y divertido mientras hablaba.

—No te preocupes, no te culpo, Fubuki es muy discreta en esta clase de cosas, ¿sabes? Ella teme la reacción de su hermana y la de sus fanáticos, ya la conoces, ella se preocupa mucho por su imagen. ¡Ah! ¡Es cierto! —El sujeto juntó sus manos y suavizó su mirada a una suplicante. —Por favor, nadie debe enterarse de esto. Si supieran que yo vine a recogerla de un bar porque ella estaba demasiado borracha para ir por su cuenta, podría ser muy perjudicial. Ella se molestaría conmigo y seguro te odiaría, no creo que quieras eso, ¿verdad? Porque yo definitivamente no.

El sujeto comenzó a reír divertido con la intención de amenizar el ambiente tenso que estaba de pronto formándose entre los dos.

Pero el tipo calvo no se lo estaba dejando fácil. Su rostro estaba tan estoico como el de una roca. Sus ojos parecían el de un muerto andante… No, peor aún, como el de una bestia a punto de atacar.

Un nuevo hilo de sangre se volvió a escurrir de la frente de Fubuki, uno que su fleco negro ya no pudo cubrir y que la oscuridad de la noche ya no pudo difuminar. El tipo calvo amplió sus ojos y el metal bajo sus dedos crujió con fuerza en cuanto lo notó; cuando finalmente se dio cuenta de que la herida de Fubuki era más grande de lo que parecía.

Lentamente, como sosteniendo la respiración, la mirada del tipo calvo se intercaló entre él y Fubuki.

Sintiendo un escalofrío recorrer su espalda, el sujeto por fin salió del auto. Era hora de huir.

—Te agradezco mucho haberte acercado a preguntar. Es peligroso que ella estuviera aquí en este bar sola. Me alegra mucho que Fubuki tenga personas como tú que se preocupan por ella. —Abrió la puerta trasera con la intención de sacar el cuerpo de Fubuki, se la llevaría cargando hasta encontrar un taxi o algo. —Pero es muy tarde, tenemos que trabajar mañana así que sólo la llev-

Un puño impactó directo al metal de la puerta, cerrándola de golpe, justo cuando el sujeto estaba a punto de tocar el cuerpo de Fubuki.

El sujeto parpadeó de forma repetida y dio un brinco hacia atrás. De pronto el tipo calvo estaba frente a él. ¿Cómo? ¿En qué momento? ¿Tan rápido era?

El tipo calvo alzó su puño y el sujeto se cubrió por reflejo.

El golpe cayó sobre la puerta delantera del auto, justo a lado de su cabeza.

La mirada del tipo calvo era aterradora, tan ensombrecida, seria y firme.

El sujeto sentía que se desmayaría del susto por el golpe. Estuvo muy, muy cerca. Ese tipo era mucho más fuerte de lo que aparentaba. Mucho, muchísimo más fuerte.

—¡¿Estás loco!? ¡Casi me matas!

Los ojos del tipo calvo lo miraron desde arriba con aburrimiento, miró con lentitud la puerta completamente abollada y, sin ningún rastro de impresión, regresó a él. —Ni siquiera te toqué.

Los nervios comenzaban a vencerlo, el sujeto sabía que debía evitar a toda costa una pelea con ese tipo. No sólo por lo fuerte que era, sino porque definitivamente debía evitar llamar la atención de otros. No quería tener a la policía involucrándose en eso.

—Fubuki te romperá las piernas si sabe que me lastimaste aunque sea un poco.

El tipo calvo no se inmutó, como si realmente no le temiera a Fubuki. Él dio un paso al frente, firme, pesado, como un muro delante de él. Se acercó y comenzó a hablar en voz baja; pero no con la intención de ser discreto, sino la de contenerse. Era una advertencia, quizás una sentencia.

—Fubuki nunca saldría con alguien que sea capaz de golpear a su propia novia con un bate.

El helado y feroz viento pasó por su nuca.

Su voz desapareció.

El sujeto sintió que la sangre se iba a sus pies.

Había sido descubierto. El muy maldito lo vio golpearla y meterla al auto. El imbécil lo sabía.

No había excusa, mentir ya no serviría de nada.

—Fubuki es una persona horrible y lo sabes. —Comenzó el sujeto.

El semblante del tipo calvo no flaqueó. —Dejarla inconsciente y hacerla sangrar no soluciona nada.

—Las personas como ella nunca cambian, ¡esto no es nada comparado a lo que le ha hecho a otros, lo que me hizo a mí! ¡Apuesto a que ella también intentó hacerlo contigo!

—Eso no justifica lo que hiciste.

—Ella ya se ha salido con la suya lo suficiente, es momento de que pague. ¿En verdad no quieres justicia?

—Esto no es justicia, es venganza.

—No tienes idea por lo que he pasado, en verdad… lo que ella ha hecho… lo que me hizo…

—¿Planeas hacerle lo mismo ahora? —Preguntó el tipo calvo, captando su atención. —¿Te volverás igual que ella?

El sujeto sintió su propio lenguaje corporal traicionarlo conforme una sonrisa deforme aparecía en su rostro. Sus sueños, las imágenes en su cabeza, sus más profundos deseos; todo eso pasó de pronto por su mente y el olor a hierro fue como una ráfaga de éxtasis bajo su piel.

—No, yo no soy igual que ella. —Dijo el sujeto, riendo con ironía. Recordando cómo Fubuki ni siquiera volteaba hacia su dirección. Cómo ella lo rechazó por completo, en cómo ella nunca se fijaría en alguien como él. No. Esa era la respuesta. No. Él no sería como ella. Él no era igual que ella. —Yo sí recuerdo cada una de las cosas que ella ha hecho, yo sí recuerdo su rostro y su voz.

Fubuki podría fingir haber cambiado y tratar de ser mejor, pero era una mierda por dentro. Tan podrida como él. Sólo que ella se creía mejor por rodearse de gente que la obedecía. Algún día alguien tendría que hacerla pagar y el momento había llegado, su momento, su karma, su condena. Él sería su verdugo. Vengaría a todos. Se regocijaría en su dolor, se bañaría en su sangre y se lavaría con sus lágrimas. La rellenaría de su semen, rasgaría su piel para aliviar su frustración y, después, colgaría su cabeza como trofeo.

El tipo calvo pareció atónito, sin nada qué decir.

El sujeto se levantó del suelo y extendió sus manos. —¿No lo entiendes? Todo en esta vida se paga. No le voy a hacer nada que no se merezca. ¡Ella es una estúpida si creyó que podría seguir con su vida después de lo que hizo! ¡Fubuki se merece esto! ¡SE LO MERECE! ¡ELLA ES UNA MIERDA Y UNA MALDITA RA-!

Todo se volvió oscuro. El sujeto ni siquiera sintió cuando Saitama lo golpeó.

.

.

.

Al abrir los ojos, lo primero que Fubuki encuentra es a Saitama a su lado.

Ella siente su cabeza demasiado adolorida y su cuerpo adormecido, quizás por la anestesia, ¿acaso la operaron?

Su vista se mantiene borrosa mientras inspecciona la habitación de hospital. Una enfermera dice que su hermana mayor está en camino. El Grupo Fubuki sigue enviando flores.

—Un sujeto intentó atacarte, pero todo está bien. No fue tan grave. —Dice Saitama cuando ella le pregunta. Él juega con sus dedos mirando al piso, por alguna razón luce más pensativo de lo normal.

Fubuki coloca su mano sobre las suyas y le sonríe de forma amable. —Gracias.

Saitama la mira a los ojos y asiente, aún ensimismado.

—Y perdón por haberte hecho esperar en el bar. —Agregó ella. —No puedo recordar nada.

Los hombros de Saitama se encojen, sus manos se tensan. —...No, no pasa nada. Fue mi culpa por llegar tarde.

Fubuki amplía su sonrisa y en un tono divertido le da la razón. —De saber que llegarías tan tarde, te hubiera citado una hora antes.

—Mnh…

Ella espera, pero el silencio continúa. —Saitama, ¿está todo bien? —Pregunta, dubitativa.

—Fubuki, tú… —Comienza Saitama, siendo más cuidadoso de lo normal. Traga saliva y respira profundo, como tomando valor antes de mirarla a los ojos. —¿Tú… tienes novio?

Fubuki parpadea en silencio, una pregunta demasiada repentina. —¿Qué?

—¿Estás saliendo con alguien? —Repite él. —Una pareja o algo que tenga que ver con alguien que quiera estar contigo.

—No. —Responde ella de inmediato. —Podría tener algunos admiradores, pero nada serio.

—¿Estás… segura? Podría ser algo como… —Saitama lo piensa un poco, luego se aclara la garganta y el volumen de su voz baja ligeramente. —...un novio secreto.

Fubuki lo mira con sorpresa, después con confusión. —Ya te dije que tengo nada como eso.

—¿Estás segura?

—¿Por qué me preguntas eso?

La postura de Saitama regresa a la normalidad, notablemente más tranquilo. —Es simple curiosidad.

La puerta de la habitación se abre dejando pasar a la enfermera con otro enorme arreglo de flores, esta vez de uno de los fanáticos de Fubuki. Saitama aprovecha la interrupción para despedirse alegando tener algo importante por hacer.

Al salir de ahí, una vez que la puerta se cierra tras él, Saitama suelta el aire que estaba conteniendo. Una ola de alivio recorre todo su cuerpo.

Si Fubuki no tiene novio, significa que el tipo que golpeó sí era un psicópata después de todo.