¡Hola! :D

Bien, estoy metida en un genialoso FC en donde mi actividad es hacer una novela corta :/ Como es algo que me tiene con la mente en blanco para todo, lamento decir que no traer continuación para algo. Pero ahora me di un pequeño tiempo todos los días para escribir el segundo capitulo.

Ademas... ¡Me han comprado Los Juegos del Hambre! :D mi sueño hecho realidad *-* Trataré de seguir mis Fics en cuanto termine mi novela corta :D

Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, sino a mangaka Masashi Kishimoto. Solo la historia es mía.


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Unbreakable

CAPITULO II

Florecer

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Sakura le miraba sin saber bien qué hacer, ¿Acaso debía consolarlo, o debería alegrarse? Ver a Itachi Uchiha, sentado con la mirada perdida, sin mover un musculo o decir una palabra era algo muy extraño. Demasiado diría ella. Sakura se sentía en un ambiente incomodo, tenso, sin saber si irse y dejarle solo con su agonía o tal vez decirle unas palabras de aliento y acompañarle.

—¿Tú fuiste la que me ha curado? —preguntó de la nada, aun sin mirarla, tenía los ojos abiertos, pero estos parecían solo estar como decoración en su rostro, porque parecían una sólida y fría piedra estática. Sakura respondió de inmediato.

—Sí —dijo—. Cuando te encontré estabas herido, así que cautericé algunas heridas y vende otras con ungüentos, tu intensa pelea te ha dejado en muy mal estado.

Itachi volteó hacia donde el sonido de la voz de Sakura provenía, aparentando que le miraba. Y Sakura no hizo ningún gesto en su cara. Más bien se levantó y se paró en el borde de la puerta. Sin saber por qué ver a Itachi hacía que le doliera el pecho, ¿Sería lastima? Posiblemente, pero a la vez veía la oportunidad perfecta de tomar justicia y matarlo. Sacudió la cabeza tratando de desechar la última idea, ella no era así. Era una verdad absoluta que uno no podía ser ninja si este le temía a la muerte, y Sakura hasta cierto punto era buena amiga de la parca, llegaba haber días en el hospital donde practicaba en los que le tocaba ver a más de uno abandonar el mundo. Pero la pelirrosa no podía permitirse sentir la misma pena que sentía por sus otros pacientes, porque ellos eran héroes, ninjas que sacrificaban sus vidas por una buena causa, e Itachi era un asesino.

—Iré por... algo de comida, espera aquí —la verdadera frase de Sakura no salió de sus labios, "Te dejare solo con tu dolor, no mueras en mi ausencia". Pero imaginó que decirlo solo haría que él tomara la idea en cuenta, y eso le causaba un terrible estremecer en todo su cuerpo.

—Vete, no regreses, ya hiciste mucho por ahora —dijo con un tono opaco y frío, con el rostro mirando al suelo y su cabello acariciándole las mejillas —. No quiero que un ninja poca cosa me ayude una vez más, y no agradeceré lo que has hecho.

—Lo tengo muy claro, tampoco espero tu admiración después de alimentarte —estaba contenta de que no le pudiera mirar el rostro, ya que eso le había hecho ponerle roja de coraje—. Solo no hagas algo imprudente.

Itachi rechistó.

—Deja de molestar, si quiero morir es una decisión a la que a ti no te incumbe… —Sakura no pudo evitar soltarle un golpe en su cabeza.

—¡Deja de decir eso! ¿Acaso vas a estar maldiciéndome por haberte dejado vivir? ¡Eres igual a él, todo el tiempo culpando a los demás! —Tapó su boca rápidamente, agradeciendo que no soltara de más del griterío que estaba dando.

—¿Acaso crees que a mí me importa? Te dije que te vayas, no quiero obligarte por las malas. No creas que por haberme anestesiado y drogado con tus medicinas me dejare a tu disposición.

—Quiero ver que lo hagas.

Itachi hizo una mueca de disgusto, claramente frustrado por lo terca que era aquella mujer. Buscó su estuche de Kunai en su pierna derecha, pero no encontró nada parecido. Gruño ante aquel acto, en cambio Sakura sonrió con sorna. Después intentó levantarse, pero cuando ya estaba de pie, sus piernas temblaron como gelatina y tambaleó por los lados, chocando su hombro izquierdo contra la pared. Itachi sabía que su salud estaba por los suelos, pero como ninja intentaba mantenerse de pie sin mucho éxito.

—¿Ves? No es la anestesia ni las medicinas que te di anoche —comento Sakura con los brazos cruzados —. Tu cuerpo esta hasta el límite, por tus venas no corre chakra que te defienda y tus heridas son tan profundas que ni siquiera puedes mantenerte de pie por ti mismo —Itachi gruño por el comentario —. Estoy segura de que por lo en un mes tu cuerpo comenzará a tener mejoras, el chakra regresará por si solo con los cuidados adecuados si tanto lo extrañas.

— ¿Y qué dices de la vista?

—Hasta que sepa el motivo del por qué perdiste la vista, podré decirte cómo ayudarte.

—Deja de bromear, debes estar demente si crees que voy a dejar que me trates como tu mascota —su voz sonaba dolorosa, como si cada silaba que pronunciara le rasgara la garganta por dentro. Sin pensar más se dejó caer de rodillas en el suelo. Sakura de inmediato salió a ayudarle, recostándolo de nuevo en su cama. —. Una persona como yo no merece vivir… —decía desesperanzado—. No deberías estar aquí, conmigo, deberías estar en tu aldea cumpliendo tus misiones.

—Ya no tengo a dónde volver… —le respondió Sakura con un tono melancólico—. Mis padres tienen una vida hecha, mi equipo se disolvió y yo no sirvo para nada, solo soy una carga para los demás.

Itachi guardó silencio, no tenía nada que objetar ya que no conocía a la chica, ella decía que se habían visto cuando el jinchuriki, pero ¿Qué más podía saber? Solo recordaba el color rosado de su cabello, y sus enormes ojos jade que brillaban como los de su hermano cuando era tan solo un niño.

—No… —la voz de Itachi ya era más calmada y aterciopelada, hasta un punto en el que se escuchaba como un murmullo para dormir—. Alguien me dijo eso una vez… pero solo era porque se sentía inferior a los demás, ahora, ese niño se ha convertido en alguien indestructible… hasta el punto que da temor.

Sakura se sorprendió un poco. Estaba segura de que quien hablaba era Sasuke, él estaba recordando su infancia. ¿Pero qué hacía hablando de sus sentimientos con el hermano del chico que causaba su sufrimiento? Ver esa faceta en Itachi no le incomodaba, al contrario, de alguna forma le aliviaba sentir que al menos él entendía. Ella sonrió y soltó una suave risa, e Itachi hizo una mueca extraña cuando la escucho.

—Iré por comida, no tardaré —esta vez no escuchó objeción, tampoco vio ninguna acción por parte de Itachi.

Salió de la casa con tranquilidad, tomando su bolso y mirando su bolsa de monedas, viendo que tenía la suficiente cantidad como para sobrevivir con Itachi un periodo de unas cuantas semanas. Así que, dejando los preámbulos atrás saltó por los árboles hasta llegar a la aldea más cercana, que en este caso sería Suna. Estando pérdida al principio se limitó a seguir un camino marcado por las carrozas de madera que los granjeros usaban. Después encontró a un viajero, y este le indicó detalladamente cómo llegar hasta Suna, que curiosamente no estaba lejos. Sakura se dio cuenta que de no ser por su inesperado encuentro ella ya estaría con Temari en aquel momento, tomando alguna bebida fría mientras charlaban sobre asuntos varios. Pero no había sido así.

Se dio cuenta de que estaba a punto de llegar porque los árboles empezaban a disminuir en cantidad, hasta convertirse en puros matorrales y plantas desérticas. El panorama podía ser hermoso, pero lamentablemente era un infierno para Sakura. Odiaba el calor en exceso, de hecho, le disgustaba el peculiar clima de Suna, el cual era caluroso durante el día y gélido al anochecer. Era una aldea llena de contraste. Gaara, siendo el Kazekage de la aldea y aldeano desde toda su vida, no le molestaba en nada, tampoco a Temari o Kankuro, después de todo ellos se habían criado ahí. Aunque, para ella, que había vivido en un clima templado, con vientos refrescantes la mayor parte del año y una corta temporada de calor, era algo insoportable. Pero necesitaba comida, y Suna tenía un vasto mercado donde podía conseguir todo lo que necesitaba incluso de forma anónima.

Llegó a las puertas de Suna donde fue bienvenida por dos hombres con telas en su cabeza para evitar las quemaduras por los rayos del sol. En la arenosa y caliente calle principal de Suna la gente pasaba con sus niños, jarrones de agua y bolsas de despensa, todos sonrientes. Desde que Gaara había tomado el puesto de Suna, el lugar era mejor, la delincuencia en el lugar había disminuido en un gran golpe, y había más comida desde que habían permitido más exportaciones e importaciones de productos desde otros países además de Konoha. Todo parecía más armónico desde que Gaara estaba al mando, el chico que hace pocos años, era odiado, temido y aislado por todos a su alrededor.

Se encontró con el mercado de Suna, ubicado en el centro de la aldea. Había de todo, puestos de comida, venta de ropa, objetos, frutas, verduras, carnes y demás. Miró un rato los espectáculos ambulantes, quienes viajaban por todo el mundo con sus habilidades que atraían la atención de todos. Sakura río cuando vio la escena de un payaso siendo perseguido por una mujer con un sartén en mano.

Cuando estaba en frente de los puestos, una mujer de cabello castaño le llamó.

— ¿Le interesa algo, gusta que le muestre nuestra mercancía? —pregunto amablemente —. Tenemos todo lo que busca, productos de limpieza, cocina, y mantenimiento, ¿Quiere probar nuestro nuevo producto?

—No, gracias… solo vengo por esto —dijo con educación entregándole un papel arrugado, donde tenía una lista de productos. Sakura antes de haberse ido, había anotado en una hoja de papel todo lo que necesitaba, y entre estos había sartenes, cubiertos, platos y muchos artefactos de limpieza que eran de mucha falta en donde Itachi reincidía. La joven mujer que parecía tener su misma edad leyó todo asintiendo la cabeza, para después sonreír a la chica de cabellos rosados.

—Tenemos todo, enseguida estarán sus pedidos empaquetados, ¿Quiere que uno de nuestros trabajadores le ayude con las cajas?

—No… yo puedo sola.

La joven castaña le miro sin creerlo, quizá sería porque no tenía puesta su banda de Konoha, pensó Sakura. Así que cuando los paquees estuvieron listos, Sakura hizo uso de su fuerza descomunal para cargar todo con una sola mano, dejando con la boca abierta a los del puesto y quienes iban pasando —los cuales eran mucho—, con su otra mano se despidió de la chica quien apenas respondió aun con los ojos abiertos de par en par. No pudo evitar sonreír al ver la expresión de todos en la plaza.

Volvió por el mismo lugar por el que se fue, tomando una velocidad más lenta para no tirar ni maltratar nada. Y cuando vislumbró la luz del sol sobre el cristalino lago, supo que estaba cerca. Lo primero que hizo al llegar fue sacar una escoba, un trapo y un trapo de piso. Dando una vista genera de toda la casa supo que iba a ser un largo día de trabajo para ella. Las telarañas eran tan densas que el color blanquecino se podía ver a lo lejos, el polvo cubría cada mueble insta lado y no quería ni imaginar la cantidad de excremento de rata, ardilla o mapache que iba a tener que buscar por entre los cajones pequeños. Respiró hondo, aguantando unos segundos la respiración y exhaló, dejando ir todo ese estrés que muy pronto no haría más que aumentar.

Después de unas horas las cosas empezaban a verse diferentes. Las paredes que habían adquirido antes un color gris ahora eran de un limpio y pulcro blanco, los suelos de madera se encontraban brillando de lo reluciente y en las esquinas de los pasillos no había ningún otro rastro de telarañas. Sakura se felicitó por dentro al ver todo el resultado, que era de presumir si se trataba de velocidad y esfuerzo. Después se pasó todo el medio día ordenando todos los platos, vasos y demás cosas en la cocina, incluso la cocina era todo lo contrario a como la encontró. Y cuando acabó, no dudo en comenzar a cocinar.

—Itachi… —era la primera vez que ella se dirigía a él con su nombre junto con una sonrisa, este, que estaba acostado en el mismo lugar donde lo dejó, solo hizo un sonido de haber escuchado— ¡Ven! —Exclamó ella con alegría, y sin pensar en los nervios y atrevimiento, le jaló del brazo llevándolo a rastras hasta la cocina —. Quédate aquí mientras te sirvo en el plato.

El chico permaneció quieto en donde estaba, sin poder evitar aspirar una y otra vez el delicioso aroma de comida recién hecha. Esperaba sentir el polvo de la mesa, el piso mullido a causa de la suciedad, o algún olor desagradable de la basura que había encontrado cuando él había llegado a aquella casa. Dejó de pensar en aquello cuando sintió un aire cálido en su nariz y chocando con su rostro, después sintió como las manos, suaves y delgadas, de Sakura le entregaban una bola de arroz.

—Vamos… pruébala y dime a qué sabe.

El pelinegro lo hizo sin prejuicios, al principio masticando la comida como si de algo normal fuera, pero su expresión cambió al sentir la dulce textura del arroz en su boca. Era delicioso, lo aceptaba, sonrío dando a entender que estaba bueno y Sakura soltó un suspiró, sonriendo, pensó Itachi. Y terminó de comer todas las bolas de arroz que encontró sobre el plato.

—También he hecho sopa de miso, ¿Puedes comerlo tú solo, o prefieres que yo te ayude? —Sakura se sonrojó cuando el chico negó gentilmente a su sugerencia.

—No, yo puedo hacerlo.

Sakura, agradecida por que Itachi no le veía el rostro, se levantó de la mesa para servirle en un plato una porción de sopa y dejarlo en frente de Itachi con la cuchara a un lado. Itachi agradeció con un gesto en la cabeza, ¿Por qué él se estaba comportando de esa manera con ella? Quizá la amabilidad de Sakura por fin había sido reconocida por el exconvicto, y eso la hizo un poco feliz, admitía ella.

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Pasaron tres semanas, e Itachi recuperaba sus fuerzas poco a poco, gracias a los medicamentos y cuidados que Sakura le daba. Cada mañana la joven de ojos jade madrugaba para hacer la limpieza de la casa, preparar el desayuno y darle los cuidados médicos a Itachi que necesitaba. Los primeros días este se resistía rotundamente, evitando las acciones de Sakura. Pero después se fue abriendo más y más hasta un punto en el que ya no la llamaba mujer o tú, sino Sakura.

—Eh… he estado pensándolo —dijo él en una ocasión, Sakura hizo un gesto desentendido —. Me refiero… sobre lo que dijiste sobre ser mí… enfermera personal.

Sakura puso los cubiertos en la mesa, poniendo suma atención en el rostro de Itachi, esperando que este dijera algo bueno. Sakura también había cambiado desde aquellas semanas, se sentía más cómoda en esa casa, incluso había comprado una colcha para ocupar una de las habitaciones vacías del otro cuarto. Itachi incluso sentía que ella era más alegre que cuando llegó. A veces él tenía pesadillas, y cuando eso pasaba Sakura acudía a gran velocidad y si era necesario pasaba la noche velando por él, y él en ningún momento escuchaba cansancio en su voz.

— ¿Piensas aceptar?

—Primero —dijo con su típico tono serio—. No pienso cambiar después de que recupere la vista, tampoco voy a agradecer que lo hagas. Segundo: después de todo esto, olvidemos nuestro lazo. Estoy seguro de que no querrás haber tenido nada conmigo sabiendo lo que soy. No pienso cambiar, Sakura. ¿Aun así piensas curarme?

—…Puede que tengas razón —dijo la chica simplemente—. Pero… antes, yo podría decir lo mismo que tú, dejar a un lado todo e irme de este lugar, y aun si dices eso… yo tengo la voluntad de que la gente cambia… puedo asegurarlo.

Itachi le miró algo feliz, o bueno… puede que eso haya sido, Sakura no podía averiguar aquel gesto que Itachi le había hecho. Itachi dejó el plato vacío mientras agradecía con una reverencia los alimentos, ella solo puso los platos sucios en el fregadero, que ahora funcionaba perfectamente gracias a la chica de ojos jade. Y con la ayuda de Sakura, Itachi y ella subieron hasta el segundo piso. Sakura, como siempre, ayudaba a Itachi a ponerle la ropa —ya que Sakura se había tomado la molestia de comprarle unas mudas a Itachi y también para ella— y esté solo se dejaba de la cintura para arriba, lo demás lo hacia él mismo, ya que, podía estar ciego, pero aun así tenía la vergüenza de que alguien lo viera desnudo o en ropa interior. Así que Sakura siempre se iba a cambiarse mientras Itachi hacia lo suyo.

—Sakura, ya puedes entrar —dijo Itachi con su voz grave, ella lo hizo sin decir nada y al verlo ya en la cama, con su pijama negra puesta, le tranquilizó más ver que él mismo se había tomado sus medicinas y no ella quien le obligara a abrir la boca.

—Bien… antes de que nos vayamos adormir —dijo ella con algo de dulzura, arrodillándose frente a Itachi — ¿Me dirás lo que has decidido?

Itachi curvó sus labios en una sonrisa fina y delgada, a penas visible excepto para Sakura. Sonrió antes de que él respondiera porque ya sabía la respuesta.

—Quiero… curarme…

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