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Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, sino al mangaka Masashi Kishimoto, solo la historia es mía.
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[CORREGIDO]
Unbreakable
CAPITULO V
Lagrimas del cielo
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Por un momento, el mundo dejó de girar para Sakura, el sonido de cualquier cosa que estuviera a su alrededor se volvió sordo, y ahora solo escuchaba sus propios balbuceos al estar en shock sin poder decir nada. Borró su sonrisa de inmediato, y sus manos, que estaban enroscadas en el cuello de Itachi cambiaron de posición hasta situarse en las mejillas morenas del muchacho. El chico levantó su cabeza hasta la de Sakura, como si la estuviera admirando desde el cielo, con una mano, acarició el brazo gélido y petrificado de Sakura, el cual no reaccionó. Hasta que de sus labios trataron de salir oraciones sin éxito alguno.
—¿Qué…? Cómo… —intentó preguntar, mientras sus manos acariciaban nerviosamente el rostro de Itachi. —. Yo jamás… tú jamás…
—No te lo quise mencionar porque sabía que me curarías, después de todo fuiste capaz de curar a un ninja de Akatsuki malherido…
Itachi intentó abrazarla, pasando sus manos por su cintura para atraerla hacia él, pero ella en un rápido movimiento se apartó, para después pegarle una gran bofetada en su mejilla, por un momento quiso romperle el labio de paso.
— ¡¿Por qué?! ¡Si tan solo me hubieras dicho…! ¡Yo hubiera podido hacer algo! —sus oraciones se entrecortaban, y las lágrimas no tardaron en salir, Itachi no necesitaba de su vista para saber cómo se encontraría el rostro que apenas conocía de ella. Itachi tampoco fue amable cuando ella se apartó de él, y como si no tuviera la ceguera la cogió de los brazos y la jaló hasta él, apretándola contra su pecho acariciándole el cabello.
—Mi destino ya fue marcado hace mucho tiempo, así que por favor no me hagas arrepentirme —la chica iba a hablar, pero él no la dejó —. Debes de entender, que para que yo pueda estar en paz, la muerte me tiene que llegar, no importa si me curo o no.
—Pero…
—Hace diez años… —comenzó a relatar —, yo fui el culpable del asesinato del clan Uchiha, pero solo hubo un sobreviviente, como debes tú de saber —Sakura recordaba bien el funeral de los Uchiha, llevado a cabo en el centro de Konoha, con toda la aldea reunida para darle el pésame a una sola persona—. Lo dejé vivir… para que él fuera el que acabara con mi vida —Sakura se sobresaltó e Itachi lo sintió, así que solo la apretó más contra él— Pero estoy aquí… vivo, gracias a ti.
Sakura se tranquilizó, y se aferró de solo la camisa del chico, mientras seguía llorando. Se lo estaba contando de una manera que daba a entender que este era el fin, que se desvanecería después de haber conocido a una persona como ella y que ahora su alma podía descansar en paz en otro lado, donde ella no podía estar.
—Entonces… ¿Solo fui una molestia?
Estaba segura de que, si escuchaba un "no", lo abofetearía tan fuerte lanzándolo fuera de la cabaña.
—No una molestia… creo que fuiste la pequeña muestra de que en mi vida aún hay luz —decía con una voz suave y a la vez suprimida, como si estuviera conteniendo la respiración solo para no dejar una gota caer. Y el siendo un hombre orgulloso no lo hizo. —Por un momento… quise vivir…y no por mí.
Esas palabras quedaron inconclusas para Sakura, pero no quiso preguntar por miedo a que fuera algo que la hiriese. Ella se preguntaba si había alguna prohibición en que ella se dejara llevar por sus sentimientos a la hora de actuar como una ninja-médico profesional. Algo se estaba rompiendo en su pecho, creándose un hueco tan oscuro y vació como el abismo, y ninguna técnica que la quinta le haya enseñado le iba a servir. El abrazo no fue igual al de los demás, este estaba lleno de dolor y la fuerza que Itachi administraba le ayudaba al menos a no caer en un hoyo oscuro. Sakura en cambio solo se aferraba a la ropa de él, como un pequeño gatito que no quiere alejarse de su madre. Ese abrazo definitivamente lo necesitaban los dos.
Después de aquello, el tema no volvió a ser tocado, pero Sakura estaba decidida a hacer algo. Ese mismo día al anochecer la amable mujer que los había dejado hospedarse les dio de cenar, y era muy raro que la cena estuviera en completo silencio. Sakura no había dicho ni una sola palabra, y la gente que la rodeaba entendía que no debía preguntar, era claro que era una cosa en la que ellos no podían ayudar.
—Sakura… —le llamó la mujer —. Escuché que eres una kunoichi, me preguntaba si podrías acompañarme mañana a recolectar hierbas medicinales —Sakura cambio de expresión a una más amable y asintió con una sonrisa tenue. — ¡Muchas gracias! Mi marido últimamente se ha estado sobrepasando con su trabajo, así que por si llegara a resfriar, al menos tendría algo con que ayudarlo.
—No se preocupe señora, con gusto la acompañaré.
Pasando el día, Sakura se levantó muy temprano para ducharse, con silencio de no despertar a su acompañante, se puso su blusa de red y su chaleco rosa, su falda y sus pantalones cortos. Esa mañana hacia mucho frío, y era porque el rocío de la mañana había enfriado al bosque y una densa neblina cubría los alrededores. Sakura abrió la ventana con cuidado, y sin previo aviso una ventisca suave le recorrió el cuerpo. Su piel se erizó y sus ojos se cerraron para disfrutar de aquel refrescante sentir. Escuchó un quejido, que era Itachi removiéndose bajo las sábanas. Ella sonrió, y le cubrió el pecho que se le había descubierto por accidente. Últimamente él estaba más tranquilo y menos alerta, dormía cada vez más e incluso tenía más apetito. Y Sakura pensó que eso se debía a que ya no tenía un peso encima. Salió de la habitación con cuidado, y se puso sus sandalias negras. Justo al bajar las escaleras encontró ya en la puerta de la cabaña a la mujer preparada.
— ¿Estás lista para irnos? —preguntó con una sonrisa.
Sakura adoraba el ambiente del bosque, recordaba desde que era niña cuando saltaba por los árboles, los trepaba hasta la punta y era la más lista en dominar aquella técnica de caminar por encima de los troncos. Las hojas le acariciaban las manos de repente y una que otra la mejilla, como leves mimos que le brindaba la naturaleza y por un momento, como si hubieran querido limpiarle las lágrimas de anoche, aunque era demasiado tarde. Las aves empezaban a cantar conforme el sol empezaba a asomarse y más de un animal indefenso salía de entre los arbustos.
El sonido de los animales reinaba en todos lados, y Sakura se sentía por primera vez en mucho tiempo sin preocupaciones. La mujer que le acompañaba tenía puesto un sombrero de paja, guantes de hule y botas. Algo que Sakura no vio necesario si quería estar en contacto con la naturaleza. Pararon en un lugar donde no había muchos árboles, más que nada eran arbustos, pero Sakura reconoció todas las plantas a simple vista.
—Cuidado, estas raíces son perfectas para un antídoto contra el envenenamiento —dijo ella con la vista clavada en las raíces, pero después vio unas hojas justo alado de ellas —. Estas son para el dolor de estómago y… ¡Oh! Estas sirven para… —siguió diciéndole a la mujer, instruyéndole cómo es que debía cortarlas, con que cuidados conservarlas y como hay que llevarlas. Sakura era experta en los antídotos, su maestra Tsunade le había dado clases de todo tipo de plantas, hasta el punto de hacer venenos y paralizantes que bien le servían para los combates.
Durante la recolección de plantas medicinales Sakura había pensado en la posibilidad de construir un jardín botánico o algo parecido, por todas partes había plantas de todo tipo, hasta que se topó con algo asombroso. Las hierbas que solo había visto en libros, de un color purpura oscuro tan único que era fácil de diferenciar e incluso pensar que es venenosa, pero no lo era. Era la planta que hace años su maestra le enseñó como su última lección de alumna-maestra. Aquellas pantas servían para cualquier cosa, heridas, quemaduras, raspones, veneno, y algunos rumores contaban que también las enfermedades mortales. Solo existían muy pocas ya que al conocer su función durante la primera guerra ninja la planta fue explotada hasta un punto que se creyó desaparecida, ¿Cómo un simple bosque podía tener a esta hermosa planta a plena vista? La mujer no se dio cuenta de lo maravillada que estaba su acompañante, ya que ella misma aprendía de las palabras de Sakura y recogía principalmente plantas para cortaduras y resfriados, que eran las más fáciles de diferenciar. Con mucho cuidado y con poco ruido, arrancó las raíces, las flores, que también eran importantes, las tomó con tal delicadeza que una brisa podía hacer que volara de sus dedos, guardó cuidadosamente en su mochila las partes y después de que las dos terminaran de recoger hasta el cansancio, se fueron.
Sakura solo tenía en mente las páginas del libro donde había visto aquella planta, mejor conocida como flor de la luna, las flores de aquella planta eran pequeñas y poco olorosas, las puntas de los pétalos estaban pintados por un azul difuminado y Sakura pudo experimentar la suavidad y la textura de aquella planta, el sabor era dulce, según decía el libro, tan deliciosa que incluso podía llegar a ser adictiva si se concentraba. Era codiciada, milagrosa e incluso hermosa, pero era peligrosa. Por su sabor la gente enloquecía en tan poco tiempo, incluso cuando esta persona ya no está enferma sigue bebiéndola, pero el consumo de aquel medicamento sin padecimiento podía ser aterrador, el libro que Sakura tenía no era para niños, las imágenes de aquellas consecuencias eran aterradoras, el líquido quemaba todos los órganos que encuentra pensando que son bacterias ya que no las puede encontrar porque no hay, vuelve inútiles las funciones del cerebro y cuando los órganos comenzaban a fallar llegaban las deficiencias. El método de preparación, por otro lado, era tan fácil como un simple té de hojas verdes. Solo era cuestión de lavar la planta, cortarla y hervirla en agua purificada, para después servirla y darla al paciente. Como si no fuera tan difícil darle a Itachi una taza de té por el clima tan frío.
Llegó como si nada a la cabaña junto con la señora, la cual se fue directamente a lavar todas las hierbas terrosas que había traído. Ella en cambio avisó que saldría un momento, y se dirigió al primer arrollo de agua limpia para lavar aquella especia de gran importancia. Cuando esta estuvo limpia, su color purpura era mucho más brillante y hermosa. Lavó también una roca plana, que iba a ser la que usaría para machacar los pétalos. Y de su bolsillo de su muslo derecho, sacó un kunai para cortar la planta. Era ya imposible llevarla en aquel estado en su pequeño bolso, así que saco uno de sus pequeños envases en los que guardaba uno que otro remedio vacío y lo guardó allí.
Regresó sin decir nada, y se dirigió a la cocina. Miró por la ventana y vio que la mujer estaba con su marido, dándole un té de hierbas que ellas misma había preparado gracias a las lecciones de Sakura. Rápidamente ella se puso a hervir junto con un poco de agua la hierba purpura. Y lo dejó así durante unos minutos, mirando como este empezaba a hacer burbujas y evaporar. Tenía la apariencia de ser un veneno por su color purpura ahora más pálido y su estado ahora líquido. Cuando este estuvo hirviendo lo suficiente, lo sirvió en un vaso pequeño, que fue lo único que alcanzó a servir y se aproximó hasta la habitación.
Una brisa cálida le llegó a su ser cuando entró, y es que el ambiente en el que estaba Itachi era una habitación pequeña e iluminada solo por una vela. A pesar de no haber otra fuente de calor el lugar había permanecido cerrado todo el día, eso debía de ser la razón, pensó Sakura. Entró con el vaso de té en mano, y se aproximó hasta Itachi que estaba recostado, con sus ojos abiertos mirando la penumbra. Con lentitud, esta se sentó en la orilla de la cama, y este volteó al lugar donde provenía el sonido.
—Has volteado bien, no como la otra vez —le dijo ella con una voz suave y ligera, Itachi en cambio no dijo nada y volvió la vista a donde estaba antes. —. Te he traído un poco de té, tómalo antes de que se enfríe.
Sin darse cuenta miró la ventana, y un tono naranjado había coloreado en el bosque profundo. Creando un paisaje otoñizo gracias a los rayos del sol tornándose rojizos. A pesar de ser tiempos de lluvia el lugar era hermoso. Itachi no dijo nada más y tomó la taza de té entre sus dos manos.
—Ya no creo que debas seguir cuidándome… Sakura —dijo este de repente, llamando la atención de esta. —. Moriré de todos modos, no hay razón por la cual sigas a mi lado.
Sakura cambio de expresión a una más triste. Pero dentro de ella había una gota de felicidad que resbalaba por su corazón, mirando aquella taza de té para que fuera bebido lo más rápido posible. Se acercó más al muchacho y le acarició una mejilla.
—No digas eso… ¿No eras tú el que me dijo un principio que quería curarse?
— ¿Acaso no te dije que casi haces que me arrepienta de mi decisión?
—Y dijiste que la razón fui yo… pero ¿Y si yo hago que vuelvas a querer vivir?
Itachi se removió de la cama. Quedando en una posición donde estuviera frente a Sakura, mirándole. Itachi quería aparentar que la miraba, por eso buscó su rostro, ya que, para él, todo lo que decía sinceramente necesitaba decírselo a los ojos de esa persona.
— ¿Y qué tienes planeado para que yo cambie de opinión?
Sakura balbuceó durante unos segundos al no hallar que responder, su mirada evitaba la de Itachi y mientras se movía temblorosa Itachi dejó su taza de té en el mueble de alado y le acarició el cabello. Ella paró su acción en ese instante y él aprovechó para acariciarle la mejilla. Por un momento las cosas ya no fueron las mismas, Itachi fue el que cortó por completo la distancia y la besó con total lentitud. No parecía ser un beso común donde solo el movimiento de los labios importaba, aquello parecía curar el pequeño hoyo de Sakura en el pecho, y hacerle olvidar la enfermedad de Itachi. Los dos cerraron los ojos dejándose llevar por la sensación tan cálida y abrazadora, y Sakura deslizó sus manos hasta rodear el cuello de Itachi para crear más cercanía, este por otro lado pasó sus manos abrazándola por la cintura. Pero Itachi empezó a desear más, y con un pequeño mordisqueo de sus labios, Sakura abrió su boca permitiendo el paso de la lengua de Itachi para encontrarse con la suya, juntos, como unos inexpertos, empezaron a crear un movimiento suave y a la vez apasionado que cada vez se tornaba más exigente, pero paró al sentir la necesidad de oxígeno en los dos, con el único sentir de sus corazones latir rápidamente.
— Supongo que puedo pensarlo… — dijo Itachi con la voz entrecortada y con una sonrisa torcida, pero arrogante.
Sakura salió a toda prisa de la habitación con los puños y la cara totalmente roja de coraje. ¡Le había besado! Pero no era por eso su coraje, sino por el modo en el que él se había tomado sus palabras tan serias. Sakura había dicho todo aquello con total seriedad y sinceridad, incluso a punto de estallar en el llanto si este le rechazaba una vez más. Pero él se lo tomó como un coqueteo, una insinuación típica de dos adolescentes acalorados. Y justo cuando estaba mofándose del enojo escuchó un sonido en la habitación, no era un golpe si no como algo cayendo en las suaves sábanas de la cama haciendo un ruido suave. Supuso que Itachi había tomado el té.
Por un momento se puso temblorosa, con la mirada nerviosa y la respiración rápida, pero después de ver la taza de té vacía una curva surcó por sus delgados labios, lo acomodó de vuelta en la cama como si estuviera durmiendo, y lo dejó así para que al día siguiente ella solo excusara su desmayo con una fatiga. Instantáneamente después de unos días Itachi se sentiría mejor poco a poco, y Sakura actuaría como si no hubiera tenido nada que ver con aquello, después de todo ya no necesitaría medicamento de ahora en adelante. Había olvidado por completo lo que minutos antes había sucedido, toco sus labios suavemente con la yema de sus dedos y un sonrojo provino de sus mejillas. Le hubiera gustado poder besarle en otra ocasión, dónde este no estuviera en cama esperando la hora de su muerte y ella no estuviera desesperada por hacerlo vivir un día más. Una lagrima se derramó después, también había olvidado que ese había sido su primer beso.
Acercó su rostro hasta quedar a centímetros de Itachi, le miró fijamente esperanzo sentir lo que sintió. Pero solo le causó una sonrisa, era cierto que la primera vez que lo vio su rostro era frío, duro, con los ojos emanando indiferencia y con un tono de voz cortante y a la vez tenebrosa. Ahora que lo había empezado a conocer, se dio cuenta de que era muy diferente a como ella pensó, su rostro era tan suave como la seda, en especial sus mejillas que no presentaban ningún signo de marca o algo a pesar de todas las batallas que seguramente él había ganado. Pero en aquel entonces a lo que más temía eran a sus ojos. Esa marca sucesora de sangre era la muestra de la fortaleza y la habilidad que poseían los Uchiha. Sasuke había demostrado ser tan fuerte como Itachi, pero los dos habían tomado caminos llenos de muerte, tristeza y oscuridad. Hubo un tiempo donde Sakura tenía pesadillas con esos ojos rojos, persiguiéndola en un camino interminable cubierto de sangre y gritos. Todavía le ponía los pelos de punta ver ese dōjutsu.
Lo había juzgado mal todo este tiempo. Desde que ella lo conoció cara a cara, lo curó poco a poco e inclusive lo protegió. Él se había comportado de una manera muy relajada, resignada en algunos casos, pero no ofensiva, como un anciano que ya no tenía nada que hacer y solo le quedara esperar sentado afuera de su casa el pasar de los días. Con su mano derecha, acarició su mejilla, al igual como él lo había hecho cuando la besó, pero después de mirarlo un rato, suspiro, y salió de la habitación.
El cantar de la cascada cayendo tranquilizaba un poco a Sakura mientras ella nadaba en el lago sin ninguna prenda puesta. Estaba acostumbrada a los baños al aire libre, es más, incluso le gustaban, omitiendo las veces que tenía que hacerlo detrás de su equipo, donde eran solo hombres. La cabaña en la que descansaban tenía baño propio, pero los baños al aire libre le daban una tranquilidad que solo podía sentir estando en el bosque. Miraba a lo lejos un gran árbol, donde casi en la punta había un nido de aves cantar. Uno de ellos, pequeño y aparentemente torpe en sus pasos y aleteadas, se acercó hasta la orilla de su hogar, tomando toda la determinación para saltar y volverse libre. Nadó hasta llegar a una orilla de la cascada, se lavó el cabello y con suaves movimientos se sumergió al agua para despejar su mente un poco. Necesitaba por un momento relajarse y alejarse del mundo, después de todo ya había vivido demasiadas experiencias cercanas a la muerte últimamente, en el mundo donde ella pertenecía el confrontamiento era necesario, nacían para luchar, vivían de ellos y finalmente morían haciéndolo, con la esperanza de que su descendencia siguiera sus pasos.
Pero aun en su descanso, no dejaba de pensar en Itachi aun tendido en aquella cama. Había tratado de tranquilizarse, después de todo la planta que le había suministrado era tan fuerte que era seguro que uno de los efectos secundarios seria ese. Una pequeña punzada le dio en el pecho, «¿Y si no se recuperaba? La planta era milagrosa, pero ¿y si la enfermedad de Itachi estaba tan avanzada que este ya no podía curarse, ni siquiera con una planta milagrosa?» Era imposible. Sakura se debatía en un monólogo con su conciencia, tan concentrada estaba en sus preocupaciones que había olvidado por completo que estaba desnuda en el lago, su ropa la había lavado ella misma para ponerla a secar mientras ella se daba un baño. Y seguramente ya estaba totalmente seca. Así que decidió salir en ese momento.
Pero se detuvo en medio del agua.
Escuchó un leve ruido de entre los arbustos. Y su agudo sentido del odio captó una rama romperse, pasos entre la hierba y el sonido de un arma siendo envainada. Estaba en desventaja, sus armas estaban en la cabaña y no tenía ropa puesta, aunque eso era un tema que no le debería importar para un hombre que estaba a punto de dejarla inconsciente en cuanto la viera. Se sumergió lo más que pudo en el fondo del lago, y esperó a ver la silueta de aquel sujeto ondulando en el espejo del lago. Capto una camisa blanca holgada, que caía por sus hombros y mostraba su pecho, sandalias negras junto con vendajes envolviendo su pie hasta la rodilla. Rogó por un momento que no fuera quien ella sospechaba.
Después, todo pasó en un segundo. En un enorme zambullido el sujeto entró al lago, y Sakura distinguió el rostro de Sasuke dentro del agua, este mirándola fijamente antes de ir por ella. Ella, con toda su fuera concentrada en su puño intentó golpearle, desgraciadamente el poco movimiento que tenía bajo el agua no le causó gran impacto a Sasuke y este la tomó de los costados para cargarla entre sus brazos y en un gran salto sacarla del lago, completamente desnuda cuando el clima se ponía más frío. Sakura tembló un momento por la brisa del viento, y no se dio cuenta de que sus pezones se estaban endureciendo a causa del frío.
— ¿Qué demonios estás haciendo aquí? ¡Encima sacarme mientras me daba un baño! —gritaba la peli rosa llena de ira, Sasuke no le miraba, de hecho, cerro sus ojos un momento y respiró profundamente, conteniéndose — ¡Bájame ahora mismo!
Había muchas preguntas en el subconsciente de Sakura, cómo el por qué su compañero había ido por ella sin una razón obvia, qué había sido de él si es que ahora ya había cumplido con su objetivo de matar a Itachi supuestamente, y si este había logrado averiguar que no estaba muerto, ¿le volvería a atacar, matándola a ella también?
— ¿Una chica como tú no puede sentir vergüenza cuando alguien la ve desnuda? —le dijo el moreno con total tranquilidad.
Sasuke se miró el cuerpo, y ella se cubrió llena de vergüenza con el rostro completamente rojo. Fue hasta donde estaba su ropa y se ocultó detrás de un árbol.
— ¿Qué es lo que quieres? —pregunto cortante.
Escuchó de nuevo los pasos de Sasuke que se aproximaban hasta ella, cuando ella terminó de ponerse la ropa interior este se recargó en el mismo árbol del lado contrario, con la mirada en el cielo y los brazos cruzados.
—Aquella vez… —empezó a decir—. En la que estaba luchando contra Danzō, tú me curaste ¿Cierto? —Sakura se tensó el momento de tener que ponerse su blusa de red negra. Pero no dijo absolutamente nada. —. Necesito que lo vuelvas a hacer.
Sasuke escuchó esta vez como Sakura mofaba con arrogancia, después de ponerse su short junto con su falda gris, se mostró ante él poniéndose sus guantes de entrenamiento. E imprevistamente golpeó el árbol donde estaba Sasuke, rosando el cuello de Sasuke y marcando su puño en el gran troco del árbol.
—Esa vez… supe que sería la última vez que lo haría, tengo mejores cosas en que preocuparme en vez de estar curando a un renegado de Konoha.
Sin querer, la imagen de Itachi aun en cama le llegó a la mente de Sakura, causándole cierto arrepentimiento de haber dicho aquello, como si también estuviera juzgando a Itachi como lo estaba haciendo con Sasuke. El compañero de la chica no dijo ni una palabra, Sakura tampoco esperaba escuchar algo, ya que esa era la forma de ser de ese tipo. Pero los pasos se volvieron a ser presentes y ahora Sasuke estaba a tan solo diez centímetros del cuerpo de Sakura.
—Dejaste Konoha solo para buscarme, usaste esto como venda para una de mis heridas, y sé que es tuyo porque ya te lo he visto puesto.
Sakura se tensó al verse descubierto su plan primerizo, Sasuke se percató de ello.
—Naruto y Kakashi habían venido a la batalla antes que tú, pero tú no llegaste hasta que ellos se habían ido y Danzō estaba muerto.
Sakura puso los ojos tan abiertos. Entonces su antiguo equipo también había estado ahí, de haber ido antes era probable que ellos la hubieran visto, pero por suerte no lo hicieron, quién sabe qué hubieran hecho si hubieran descubierto con quién estaba. Un listón de color rojo carmín estaba amarrado en el brazo izquierdo. Ahora recordaba cómo fue aquello. Cuando ella lo había encontrado en aquella situación, y ella, mentalmente se había debatido entre curarlo o no, se había quedado sin recursos para curarlos, ya que desde un principio ella solo iría a ver su destruida cabaña. Pero había encontrado su listón rojo como lo único disponible para cubrir una cortadura en el brazo del chico de cabello azabache. Era increíble que no se la hubiera quitado en todo ese tiempo.
Con total tranquilidad se sentó con las piernas cruzadas en el césped, y quitándose su haori Sakura absorbió aire con sorpresa. Un enorme hoyo en su estómago, hecho por quemaduras. Sakura ya había tratado heridas así, cuando tenía que asistir a la rama de los ANBU para curar a los miembros imposibles de trasladar. La quemadura de una explosión, y en todo ese momento Sasuke tenía la apariencia de no verse herido, pero era claro que dolía. Sin prisa, ella se arrodillo detrás de él y tocó su cortadura, haciendo que Sasuke gruñera ante ese acto. Sin siquiera pensarlo su chakra color verde actuó en la herida. Sin ningún tipo de piedad metió la mano en la gran cortadura, y Sasuke abrió los ojos de par en par escupiendo sangre. La mente de Sakura estaba concentrada en la herida e ignoraba toda reacción y ruido que hacía Sasuke, pero aun así este no se apartaba de ella. Ella sacó con rapidez su mano ensangrentada, y su chakra se desvaneció. Sasuke se inclinó en el suelo boca abajo, aun escupiendo un poco de sangre y jadeando fuertemente.
—A veces me sorprende la suerte que tienen Naruto y tú —le riñó—. Haberte expuesto a esa explosión solo hizo que tu herida se infectara… esto… —una enorme mancha de color morado flotaba en una sustancia de color mocoso en su mano, ella sin ningún tipo de expresión, la metió en un frasco —. Son todas las impurezas de tu herida, pus, veneno y carne quemada ahora inservible, tuviste otra batalla, al parecer.
Sasuke se siguió quejando… y con el rostro oculto por el césped ella se acercó hasta él, para después hacer lo mismo. Repitió la acción varias veces, y ella no lo hacía con el papel de doctora cuidadosa. Aquel chico tirado en la hierba era un simple moribundo que si no lo ayudaba moriría. Lo ayudó solo porque su deber como ninja médico le obligaba, ya no lo hacía por ningún tipo de estima. El crujir de las hojas de los árboles se hizo evidente, y una llovizna se vino de repente, cuando las nubes grises apenas se acercaban. Cuando ella había terminado, fue por su pequeña mochila y sacó una jeringa. De ella un líquido verde oscuro salía cuando ella apretaba jeringa y lo aplicó en la espalda de Sasuke, que grito en un bajo tono. Después fue a sus brazos, a su estómago y por último a sus piernas. Mientras que Sasuke se retorcía por el dolor. Por último, ella le envolvió la herida con hojas y vendas, junto con desinfectantes que siempre cargaba ya que más de una vez le había sido útiles.
—El antídoto que te estoy dando es a base de hierbas y técnicas kunoichi, así me deberás la vida después de esto… y aquello.
— ¿Qué demonios tiene que arde como el infierno? —dijo entrecortadamente Sasuke con la voz ronca y los dientes rechinando. Sakura, con total tranquilidad bajo la llovizna y el sol, guardó el antídoto en su mochila y se puso de pie. Se dio la vuelta y comenzó a caminar.
—Decir los secretos de un ninja médico es muy peligroso, por ahora solo vive y aléjate de mí…
Cuando ya estaba a unos metros de distancia, dos enormes brazos le rodearon la cintura. La arrojaron al césped y encima de ella había un hombre de cabello negro mirándola con los ojos rojos lleno de una emoción desconocida. Sasuke la había visto desnuda en aquella ocasión, y ahora sabía que esa chica se había desarrollado en todo aspecto, incluso el físico. Verla en aquella ocasión con los pezones duros por el frío fue demasiado para él, y después de echarlo más de una ojeada mientras se vestía se volvió loco. Lo peor fue cuando ella le tocaba el cuerpo, a pesar de tener fines médicos, ya no podía soportarlo. Con un kunai le cortó en dos su chaleco rojo, y su blusa negra fue arrancada con total brutalidad, y Sakura solo gritó en el acto. Esta le golpeó, y este con un rojizo rasguño en la mejilla solo la sujetó con una gran serpiente que salió de su haori. Después lo supo. Estaba en un genjutsu hecho por aquellos ojos rojos. Sasuke la amordazó con el mismo listón rojo que significaba su amistad con Ino. El short y su falda salieron volando y en un segundo se encontraba siendo mancillada brutalmente por el que todos estos años, había sido el amor de su vida.
Las lágrimas de Sakura no fueron ninguna esperanza para dejarla escapar, cuando todo terminó y Sasuke se desprendió de ella se fue dejándola en el mismo estado, únicamente arreglándose las ligeras arrugas de su haori blanco y pulcro. Sakura semi consiente miró el cielo, que ahora estaba nublado y lloviznado más fuerte. El sol se había ocultado por las nubes y ella ni siquiera se había dado cuenta. La enorme serpiente que le ataba las manos desapareció en el momento en el que Sasuke se había ido, y una mujer, con cabello rosa, liso y corto, completamente desnuda y con la mirada perdida, se quedó durante varios minutos en el suelo dejándose mojar por las gotas del cielo, llorando primero en silencio, después a gritos. Después, se puso lo que pudo, y solo alcanzó a ponerse su short, su blusa negra estaba hecha trizas y su chaleco solo lo tenía puesto con el cierre descompuesto. Miro su ropa interior, rasgada, a la vez que de sus muslos corría la sangre de su himen roto mezclada con la lluvia.
Cuando volvió a casa, Yuzuki y su marido acudieron ante la imagen de la chica, incluso se había olvidado de que había estado sin sus sandalias durante los treinta minutos que estuvo caminando. Ya había anochecido y la pareja, después de hacerla tomar un baño, comer algo y cambiarle la ropa, intentaron hablar con ella de lo sucedido. Quizá no fuera la mejor idea, pero ambos estaban de acuerdo de que podían hacer algo si sabían quién era el culpable, cosa que Sakura sabía no era verdad. Le dolía el cuerpo, su pelvis le mataba y sus piernas se sentían entumecidas, y el solo pensar en ello le daban unas ganas inmensas de abrazarse a sí misma y llorar. Itachi seguía durmiendo, y cuando Yuzuki trató de despertarlo la mirada de Sakura volvió a tener movilidad, y corriendo por las escaleras le suplicó que no lo despertara, y que tampoco que le contara lo ocurrido.
Tanto Yuzuki como su esposo no dijeron nada, y dándole ánimos y un consuelo torpe se fueron a su habitación, no sin antes abrazarla. Cuando ella se acostó al lado de Itachi comenzó a llorar en silencio. Verlo inconsciente era como estar muy lejos de él, pero su cuerpo estaba aún lado del suyo. Se sentía sucia, corrompida de una manera que nunca iba a superar, y por mucho que ella intentó tallar su cuerpo en el baño de Yuzuki era inútil, era una sensación marcada en su cabeza más que en su piel, y ella no sabía como tratar heridas así, traumas. Solo se abrazó una vez más, tratando de ocultar el llanto que pudiera despertar a Itachi, y antes de dormir tuvo la esperanza de no tener pesadillas. Pero no fue así.
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