Disclaimer: Todo Dragon Ball pertenece al legendario Akira Toriyama (Q.E.P.D.)

Si a Kioran le gustara la música, sus grupos favoritos serían Limp Bizkit y Pantera.

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Capítulo 12 Un nuevo objetivo (mientras esté aquí)

Jeremías 29:11:

«Porque yo sé los planes que tengo para vosotros, declara el Señor, planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza».

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El sol resplandecía con una intensidad cegadora, envolviendo todo en un halo brillante que difuminaba formas y contornos. Kioran apenas lograba distinguir la figura que la observaba, pero, a pesar de aquel intenso resplandor, lograba adivinar la suavidad de sus facciones y la calidez de esa mirada vibrante de infinita ternura que la hacía sentir valiosa, como si en ese instante, fuera lo más preciado del vasto universo.

Lo que la alarmaba en verdad no era la luz que lo cubría todo, sino esa sonrisa. Una sonrisa amplia, luminosa, que irradiaba un amor tan puro y genuino que resultaba casi irreal. La piel de la mujer, bañada por el sol, desprendía un calor reconfortante, y sus ojos oscuros brillaban con una devoción que Kioran sentía como algo ajeno. Ajeno, inquietante… y profundamente anhelado.

La mujer se inclinó hacia ella con lentitud. Entonces, sus labios cálidos y suaves rozaron su frente en un beso fugaz que se desvaneció en el aire como el humo de una vela encendida.

«Recuérdame, hijita…», susurró la voz, cargada de una tristeza que la atravesó como un disparo.

El cuerpo de Kioran se agitó, y alzó la cabeza despertando de golpe. El latido de su corazón retumbaba con fuerza en todo su cuerpo; gotas de sudor se habían acumulado sobre su frente.

—Otra vez… —murmuró, sintiendo cómo las imágenes oníricas se disipaban rápidamente. Llevaba varias noches sin soñar con su madre… pero había vuelto. De alguna manera, siempre volvía. Por inercia, llevó la mirada a sus antebrazos y machacó las muelas. Seguían tan horrendos como cada vez que los veía.

Maldiciendo en voz baja, se levantó del suelo con una expresión de irritación que no se molestó en disimular. Odiaba sentirse atrapada y la idea de permanecer ahí, como una maldita planta esperando coger sol, le resultaba insoportable. Su cuerpo ya estaba recuperado, y sus músculos le pedían acción; era como si cada fibra de su ser exigiera moverse, luchar, hacer algo que la hiciera sentir viva otra vez y no aprisionada por ese permanente sopor.

«Ya es suficiente», pensó, ajustándose el calzado con firmeza. Era momento de largarse de allí. Si seguía en esa casa en ruinas su paciencia se rompería, y con ella, su cordura. Había pasado demasiado tiempo esperando que algún patrullero apareciera y la sacara de ese mundo apocalíptico.

No sabía exactamente cuántos días estuvo inconsciente, pero sí había contado los días desde que despertó, y llevaba cerca de una semana aguardando algún indicio de un portal, alguna señal de que alguien venía por ella. ¿Y qué había ocurrido hasta ahora? Nada. Solo silencio y soledad. Y ya estaba cansada de ambas.

Por eso, decidió que era momento de tomar cartas en el asunto. Si nadie iba a buscarla, entonces sería ella quien encontraría la forma de volver. No tenía idea de cómo lo haría, pero eso no la iba a detener. Si algo había aprendido en su vida era a sobrevivir contra viento y marea, y esta peligrosa línea temporal no sería sino un capítulo más en su extraña vida.

Mientras terminaba de acomodarse la parte superior de la armadura, recordó que sus provisiones se habían agotado. El estómago le gruñó en señal de protesta, y se preguntó cuánto tiempo más podría soportar sin comer algo decente. El día anterior, aquel híbrido había aparecido con una generosa ración de comida, pero dudaba que hoy tuviera la misma suerte. Tendría que cazar algún animal para asarlo, o encontrar alimentos por su cuenta si no quería debilitarse.

«Relaja el culo, Kioran», se dijo con sorna. Así que abandonó aquella casa dando pasos decididos, sus ojos recorriendo el paisaje devastado a su alrededor. La destrucción era tangible en cada rincón: calles desmoronadas, edificios reducidos a escombros y ruinas que parecían extenderse hasta donde alcanzaba la vista.

Deprimente.

El viento soplaba con fuerza, levantando polvo y cenizas que danzaban en el aire, cubriendo todo de un manto gris. El silencio era tan espeso que cada una de sus pisadas resonaba con fuerza sobre los restos de lo que alguna vez fue una ciudad. Kioran mantuvo sus sentidos alerta, buscando cualquier señal, cualquier indicio que pudiera guiarla hacia algo útil. Pensó que no sería mala idea empezar a rebuscar en las casas algo de comida enlatada que pudiera utilizar de manera provisional hasta cazar algo contundente. Sí, eso haría.

Tras unos diez minutos de caminata en los que ninguna casa le ofreció algo útil que comer, a excepción de varios paquetes de galletas que llevaban vencidas seis meses (y que no tenían mal sabor), sintió dos presencias acercándose a su posición. Sus energías eran conocidas y pacíficas. Kioran chasqueó la lengua, irritada. ¡Adiós a la paz!

—¡Es peligroso que andes sola! —exclamó una voz aguda que reconoció de inmediato.

Se giró bruscamente en dirección al sonido y encontró a Gohan flotando justo sobre ella, con Trunks a su lado. Ambos la observaban con expresiones serias. ¿Cuánto tiempo llevaban siguiéndola?

Con una suavidad casi calculada, aterrizaron a menos de un metro de distancia. Sentía sus miradas evaluadoras clavadas en ella, analizando cada uno de sus movimientos, como si intentaran descifrar sus intenciones.

—No sabía que tenía que pedirte permiso para salir —espetó, fulminándolo con la mirada.

No estaba de humor para interrupciones, y menos si venían con advertencias que, en su opinión, no eran más que intentos por controlar sus acciones. Gohan abrió la boca para responder, pero fue Trunks quien se adelantó, su tono cargando una pizca de sarcasmo con algo que, sorprendentemente, parecía admiración.

—Claro que no, hermana mayor, solo estamos cuidándote —explicó de forma lenta, como si le hablara a un infante. Sus ojos no se apartaron de la cola de Kioran, que se movía con un ritmo sutil e hipnótico, quizás sin que ella misma se diera cuenta.

—¿Cómo que «hermana mayor»? —le gruñó Kioran de vuelta, sorprendida y molesta por el apodo. No le gustaba esa familiaridad, ni siquiera la conocían y ya habían bajado la guardia por completo. Aunque, ¿de qué otra forma se iba a dirigir a ella si no sabía ni cómo se llamaba?

Antes de que Trunks pudiera responder, Gohan intervino con una pregunta que parecía sacada del hilo de sus pensamientos:

—¿Me dirías tu nombre?

Fue como recibir un baldazo de agua fría. Sus ojos se entrecerraron, y su cuerpo se tensó de inmediato. «¿Qué demonios te importa?», pensó, sintiendo la irritación crecer muy rápido. Técnicamente les debía la vida a ambos, y no quería mandarlos a paseo con tanta fiereza, pero es que tampoco creía viable revelar demasiado sobre sí misma sin volver a meter la pata…

—No tiene ninguna importancia —respondió finalmente en tono cortante—. Estoy de paso. Muy pronto me iré otra vez.

Gohan la observó con una intensidad que la incomodó. Otra vez parecía procesar cada palabra que salía de su boca con una profundidad que no le gustaba nada. Trunks arqueó una ceja, claramente intrigado por su evasiva, pero permaneció en silencio.

El viento templado arrastró un silencio incómodo entre los tres, mientras Kioran se mantenía firme, negándose a ceder más terreno. No se esperaba encontrarse con mestizos tan chismosos en esa línea temporal.

Trunks no se dio por vencido y volvió a la carga:

—Eres saiyajin, ¿verdad? —inquirió, ignorando el evidente malestar de Kioran. Si bien Gohan le había explicado lo de la cola, y ya conocía la respuesta, aún así quería obtener una confirmación directamente de ella.

—Sí —respondió con desgano, como si esa pregunta no mereciera más atención que la que ya le había dado.

El chico frunció el ceño, confuso, pues seguía teniendo grandes dudas acerca de lo que eso significaba.

—Pero Gohan me dijo que no había más saiyajines —insistió, frotándose el mentón—. Que él y yo somos los últimos, ya que mi padre y el suyo murieron hace años.

Kioran apretó los labios, sintiendo cómo el disgusto volvía a subirle por la garganta en forma de ácida bilis. No quería entrar en ese terreno; ya había dado suficiente información.

Por otro lado, comprobó que no se le había vuelto a olvidar el nombre del híbrido… lo cual no quería decir que fuese a utilizarlo.

—Bueno, tú preguntaste y yo contesté. Fin del asunto —atajó, intentando cortar la conversación de raíz.

Trunks, con la testarudez propia de su linaje y su edad, no se rindió:

—Me llamaste «príncipe heredero» cuando despertaste. Es porque conoces a mi padre, ¿verdad?

El comentario casi la hizo chillar. «¡Ya deja el jodido tema, mocoso!», gruñó en su fuero interno, reprimiendo el impulso de lanzarle una respuesta mordaz. Se trataba de Trunks, al fin y al cabo, aunque no fuese el que ella conocía. Al menos, no aún.

—Creo que te estamos agobiando —intervino Gohan con esa calma que, lejos de tranquilizarla, solo la irritaba todavía más—. Aunque… lo cierto es que me gustaría saber si eres saiyajin de sangre pura o mestiza, como nosotros.

Kioran soltó una grosería entre dientes, sintiendo cómo la tensión en su mandíbula aumentaba. Era como si cada palabra que decían la empujara un paso más cerca de perder la paciencia.

—Sangre pura —respondió con frialdad, sin vacilar—. Y ya está bueno de preguntas.

Gohan asintió una vez. En su mirada, Kioran pudo ver que su curiosidad iba más allá de la simple pregunta; era como si estuviera intentando desentrañar los secretos de un hecho que ella prefería mantener al margen de elucubraciones.

—Me pregunto cómo...

—No —lo interrumpió de golpe, sus ojos lanzando dagas—, ni tú ni el pequeño príncipe van a empezar a hacer teorías, ¿entienden? —Ahora hablaba en tono bajo, casi amenazante—. Les dije que estoy de paso. No hay nada más que saber.

Trunks parpadeó, sorprendido por su brusquedad, pero Gohan se mantuvo imperturbable, sin que se le moviera un músculo de la cara.

—Aunque estés de paso, los androides podrían volver —replicó—. Y eso sería un problema si no tienes cuidado.

Kioran bufó con fuerza, la exasperación brillando en sus ojos. Lo que le faltaba: que el «sabio maestro» viniera a darle clases de seguridad. ¡Era el colmo! Puso los brazos en jarra, su mirada fija en ellos como si quisiera desintegrarlos en ese mismo instante.

—No necesito que un híbrido venga a decirme qué hacer —escupió, impregnando la palabra de todo el veneno que era capaz—. Sé perfectamente cómo cuidar de mí misma. He sobrevivido sola mucho más tiempo del que te imaginas.

Gohan la quedó mirando, y ese maldito silencio suyo era casi peor que cualquier cosa que pudiera decir. Trunks parecía incluso más intrigado que antes, pero ella no estaba para aguantar sus caras de niño curioso.

—Lo que sea que piensen de mí —agregó, frunciendo el ceño aún más—, se equivocan. Solo estoy esperando el momento para irme.

Un nuevo silencio se instaló entre los tres. Kioran sintió que, a pesar de su discurso, no los había convencido del todo, especialmente a Gohan. Había algo en sus ojos de obsidiana que sugería que no iba a dejarla ir tan fácilmente.

Fantástico.

—Bueno, ¿van a escoltarme todo el día? —espetó con una risita sarcástica—. ¿No tienen nada mejor que hacer?

Trunks, algo más callado ahora, murmuró con un ligero puchero:

—No eres muy agradable...

—Trunks —lo detuvo Gohan con una mano firme en el hombro, sin apartar la mirada de Kioran—. Lo cierto es que íbamos a entrenar. ¿Por qué no nos acompañas?

Ella respondió a la invitación con un displicente arqueo de cejas. ¿Qué estaba planeando ese híbrido tonto? ¿De verdad no se daba cuenta que su actitud era absurda?

—¿Ah? ¿Qué te hace pensar que quiero perder mi tiempo con ustedes dos? —masculló mostrándole los dientes. Como él la siguió observando sin indicios de verse afectado por su agresividad, dio un paso atrás—. Si necesitara compañía habría… «elevado un poco mi ki» —matizó, repitiendo las palabras de Gohan del día anterior, pero en tono agrio—. No me interesa tenerlos pululando a mi alrededor como si fueran moscas. Solo estoy matando el tiempo mientras…

—Mientras te vas —la interrumpió Gohan de una forma que no se sintió intrusiva, sino como si completara su idea. Eso terminó por desarmar su creciente rabieta—. ¿No es muy aburrido estar sola, esperando a que algo cambie? Si vienes con nosotros, seguro que el tiempo se te pasa más rápido.

Kioran lo miró como si hubiera perdido la cabeza. Sus labios se apretaron tanto que casi se volvieron blancos, pero algo en su oferta tenía sentido. «No, no lo admitas», se regañó a sí misma. Aun así, no pudo evitar pensarlo.

«Maldito sea… me está dejando sin motivos para negarme. ¡Estúpido híbrido!».

—Digamos… Supongamos… que acepto... —gruñó tras unos segundos eternos, masticando cada palabra como si se tratara de espinas—. ¿Qué me garantiza que no seguirás jugando a ser mi jodida niñera?

—Tienes mi palabra: si decides irte en medio del entrenamiento, no intentaremos detenerte.

Trunks intentó controlar su expresión de incredulidad. ¿De verdad Gohan estaba prometiendo esa tontería? Estaba a punto de preguntarle cuando sintió su mano apretándole de nuevo el hombro, obligándolo a guardar silencio.

En fin, si alguien debía saber cómo tratar con saiyajines de sangre pura era él.

Kioran, sin notar la comunicación silenciosa frente a sus ojos, con cada minuto que pasaba se convencía muy a su pesar de que si los acompañaba no volvería a alterar gravemente la línea de tiempo; mal que mal, fueron ellos quienes la rescataron de la muerte. O, tal vez, se trataba simplemente de aquella persistente soledad que la agobiaba en secreto lo que terminó por impulsarla; soledad que ella enmascaraba con subterfugios que, en su cabeza, parecían tener sentido.

Aunque había otra cosa que le costaba mucho más admitir, incluso en la seguridad de sus pensamientos: sentía una fuerte curiosidad. Trunks siempre había hablado de su maestro como si fuera el guerrero más poderoso del universo. Quería ver con sus propios ojos cómo luchaba el sobrino de Raditz, el hombre que no tuvo la oportunidad de llegar más lejos porque fue asesinado antes de tiempo.

—Está bien —musitó, en el mismo tono cortante que había empleado durante toda la conversación—, pero si me aburro, me largo.

Gohan le sonrió con amplitud.

—Quizás logremos captar tu interés.

«¿De verdad estás sonriendo? Qué híbrido sin carácter...» pensó ella, conteniendo una mueca. Para terminar con el asunto, le dedicó un brusco asentimiento, aceptando la propuesta sin más reclamos.

Los tres se elevaron en el aire y partieron a su destino, Kioran siguiéndolos a una distancia prudente, lo bastante apartada como para no sentirse parte del grupo, pero no tanto como para perderlos de vista. Mientras volaban, pudo escuchar perfectamente a Trunks quejarse:

—Es linda, pero tan gruñona...

No pudo evitar una sonrisa leve. «Linda pero gruñona», su Trunks ya le había dicho algo así en una oportunidad mientras la entrenaba…

«¿Sabes algo? Cuando no estás refunfuñando, te ves linda».

—En mi experiencia, los saiyajines de sangre pura son muy agresivos y sarcásticos —explicó Gohan—… Vegeta era terrible. —Omitió deliberadamente a Raditz y Nappa, a ellos mejor ni mencionarlos.

Kioran reprimió un gruñido interior. «¡Príncipe Vegeta!», le corrigió en su mente, sin llegar a decirlo en voz alta. ¿Por qué estos mestizos insistían en hablar de él como si no fuera el gobernante legítimo de su raza?

—Mamá dice que en el fondo era una buena persona… —matizó el muchachito, con un aire de ingenuidad que hizo que Kioran rodara los ojos por enésima vez esa mañana.

—Estoy seguro de que sí.

—¿Crees que ella también sea buena persona?

Ella casi resopló en voz alta. «Son dos idiotas», pensó, sintiéndose tentada de interrumpirlos con unos buenos insultos, los mejores de su repertorio. «Hablan como si no pudiera oírlos. ¡Estoy aquí, tarados!».

—Sí, lo es —afirmó Gohan, con una seguridad que la descolocó—. Tiene un ki puro y honesto. Eso es lo que importa, Trunks.

«¿Puro y honesto? Este tipo está completamente loco…»

El vuelo continuó durante varios minutos más, y Kioran, de naturaleza muy impaciente, estaba a punto de exigir saber cuánto faltaba cuando divisó algo que la dejó sin palabras: una impresionante isla, rodeada de vegetación exuberante que parecía sacada de un cuento de fantasía. Nunca había visto un lugar así.

—¡Vamos a aterrizar! —avisó Gohan, reduciendo la velocidad.

Descendieron hacia un claro rodeado de árboles. El contraste entre ese paraíso verde y el mundo devastado que había estado explorando hacía solo unos minutos era impactante. Las costas escarpadas, cubiertas de densa flora, se alzaban sobre el azul del océano creando un paisaje que, por un instante, hizo que Kioran se olvidara de sus reflexiones. Giró lentamente sobre su propio eje, observando con ojos curiosos todo lo que la rodeaba.

El lugar tenía una belleza salvaje, casi irreal. El follaje de aquellos gigantescos árboles creaba un dosel natural que filtraba la luz del sol en formas místicas. El suelo, cubierto de musgo y hojas secas, crujía suavemente bajo sus pies, y el aire fresco olía maravillosamente a tierra húmeda y vegetación. Aves de colores vibrantes volaban entre las ramas, llenando el ambiente de vida y sonidos que nunca había escuchado.

Sin poder evitarlo, Kioran dejó escapar un suspiro suave. Por un momento, la dureza que siempre marcaba su expresión se desvaneció, reemplazada por una fascinación pura. Sus ojos brillaban colmados de asombro, y un rubor inesperado coloreó sus mejillas. Se sintió atrapada en un instante de paz que no recordaba haber experimentado, aunque, claro, no pensaba confesarlo ni bajo tortura.

—¿Lo ves? —susurró Gohan a Trunks—. Te dije que es buena.

Rompiendo el hechizo que la mantenía absorta en la belleza del entorno, Kioran volvió su atención a lo que realmente importaba: el entrenamiento.

—¿Y cuándo empiezan a pelear? —preguntó con un deje de impaciencia, cruzándose de brazos.

Gohan dio un paso hacia ella.

—¿Qué te parece si tú y Trunks hacen un precalentamiento? Para él sería muy útil enfrentarse a alguien diferente.

—¿Estás seguro, Gohan? —preguntó el muchacho. Su maestro asintió.

—Por mí no hay problema —intervino Kioran, celebrando en su fuero interno la propuesta.

Lo cierto era que tenía verdaderas ganas de medirse con un rival. Aunque este Trunks aún no fuese el guerrero que conocía y que la había entrenado, seguía siendo el primogénito del príncipe Vegeta. Seguramente su nivel de pelea sería impresionante para su edad.

El muchacho la analizó en silencio por unos instantes, como si estuviera evaluando sus posibilidades de vencerla. Suponía que él y Gohan iban a entrenar como siempre y ella se limitaría a observarlos, o a lo sumo, Gohan la enfrentaría, pero resultó que su mentor tenía otros planes a los que no iba a oponerse, pues él sabía más, y siempre confiaba en su criterio. Asintió tras una pausa breve y se dirigió a un claro más allá de donde estaban.

Kioran se percató de las marcas en el suelo, y estuvo segura de que era allí en donde llevaban a cabo todas sus prácticas. Lo siguió, deteniéndose a un par de metros de distancia. Su postura reflejaba confianza, y sus ojos se clavaron en los de Trunks con un brillo competitivo.

—Puedes transformarte en Super Saiyajin si quieres. No será hacer trampa —lo desafió, mirándolo como si no fuese más que un pequeño obstáculo en su camino.

Trunks frunció el ceño, sorprendido de que estuviera al tanto de ese importante detalle. ¿Cómo lo sabía?

—¿Y tú puedes hacerlo también? —retrucó, una sombra de desafío en sus palabras.

Nah, no lo necesito. He tenido otro tipo de entrenamiento.

«Logró aguantarle una paliza al androide Diecisiete, así que débil no es…», caviló el chico. Su energía estalló de golpe y se convirtió en Super Saiyajin; el cabello dorado en punta y los ojos encendidos de determinación. Aunque aún no dominaba por completo la transformación, Gohan le había insistido en que cuanto más la utilizara, más fácil le resultaría mantenerla. Esta era una oportunidad perfecta para poner a prueba esos consejos.

Gohan los estudió en silencio a la distancia, analizando la escena con cautela. Desde que la mujer despertó después de su dura recuperación tras haber estado a punto de morir, algo en ella lo inquietaba. Hablaba como si los conociera, al menos a Trunks. Y el hecho de que se refiriera a él como «híbrido» el día de ayer, antes de siquiera haber mencionado que ellos eran mestizos, indicaba que sabía de antemano que la sangre saiyajin corría por sus venas.

Sin embargo, su desconcierto se intensificó al ver cómo ella acomodaba su postura de combate para enfrentar a Trunks. Hubo un destello en uno de sus movimientos que le resultó extrañamente familiar, como si lo arrastrara de golpe casi veinte años atrás en su memoria.

—¿Por qué…? —murmuró para sí mismo mientras su mirada oscilaba entre su pupilo y la saiyajin misteriosa.

No podía negarlo. La forma en que adoptaba la guardia… no completa, sino parte de ella, estaba seguro de haberla visto en Raditz.

Y entonces, antes de atacar, Kioran profirió una exclamación:

—¡Epa! ¿Qué rayos…? —Se detuvo en seco, mirándose las manos con desconcierto.

—¿Qué te ocurre? —le preguntó Trunks, sin relajar su guardia.

—Estoy… —Le costaba encontrar las palabras adecuadas—. ¿Tengo más fuerza que antes?

—Eso se llama «Zenkai» —le explicó Gohan, hablando alto para que pudiera escucharle—. Cuando un saiyajin está a punto de morir y se recupera, su poder aumenta considerablemente. Es parte de nuestra naturaleza. ¿No lo sabías?

—¡Claro que no! ¡No estaría sorprendida si lo hubiera sabido! —gritó, gesticulando frenéticamente con ambas manos. ¡Maldito Raditz, jamás se tomó la molestia de explicarle algo tan básico!

Entonces, su expresión cambió, y una sonrisa arrogante se dibujó en su rostro. No tenía sentido seguir pensando en eso, ahora lo sabía y punto.

—Bueno, como sea. ¡Esto me da más ventaja sobre ti, pequeño príncipe! —celebró entre risas, sus ojos brillando con un entusiasmo que hacía tiempo no sentía.

Se preparó para atacar, y en un instante, la batalla comenzó. Los movimientos de Kioran eran rápidos y precisos. Trunks, en su forma de Super Saiyajin, se lanzó a su encuentro, y ambos intercambiaron golpes con una velocidad que desafiaba el ojo humano.

La figura de Kioran se movía con una ferocidad que contrastaba con su pequeña estatura. Cada golpe, cada bloqueo y cada esquiva hacían que Gohan afinara más y más la mirada. Quizás fuese impresión suya, mal que mal, apenas había estado consciente en ese combate, pero en el rato entre que su tío lo había secuestrado y su papá acompañado de Piccolo llegaban a buscarlo, le vio gesticular y adoptar poses de combate, mostrándole al pobre niño lo que iba a hacerle a Kakarot apenas llegara. Gohan se había echado a llorar taladrándole los oídos y Raditz, furioso, lo arrojó al fondo de su nave y allí le dejó encerrado para no tener que seguir escuchándolo.

Alejó esos pensamientos y volvió a centrar su atención en Kioran, que giró con agilidad felina, agachándose para desestabilizar a Trunks con una patada al pie. La forma en que se alejó, rotando sobre sí misma con la gracia de un trompo, lo dejó desconcertado. Ese movimiento no era de Raditz, sino… ¿suyo? La confusión lo embargaba. ¿Cómo era posible que ahora pareciera pelear como él?

Trunks, a pesar de su entrenamiento y destreza, comenzaba a ser superado. Sus bloqueos se volvían cada vez más desesperados, la respiración notoriamente entrecortada. Intentó un contraataque, pero Kioran lo anticipó con facilidad, impactándolo con un golpe certero en el estómago que lo lanzó volando hacia un árbol cercano. Se levantó a duras penas, jadeando por el esfuerzo.

—¡No te rindas todavía, Trunks! —gritó Gohan, intentando animarlo.

Pero estaba claro que había llegado a su límite. Su cuerpo temblaba por el esfuerzo y su transformación en Super Saiyajin empezaba a vacilar. Kioran, en cambio, parecía aún más energizada por la batalla. Su ki fluía sin pausas y una expresión desafiante se dibujaba en su rostro. Luego de superar la convalecencia, poder liberar su fuerza casi sin restricciones era prácticamente una catarsis física y emocional.

—¡Vamos, pequeño príncipe! —le gritó en un tono burlón, llamándolo con ambas manos a que se acercara de nuevo—. ¿Eso es todo lo que tienes?

El cansancio del chiquillo quedaba en evidencia, y también que no necesitaba más provocaciones para continuar la pelea. Con un gruñido de esfuerzo, concentró la poca energía que le quedaba y se lanzó hacia Kioran una vez más. Su velocidad era impresionante para alguien tan joven, y sus golpes, aunque menos precisos que antes, seguían siendo rápidos. Probó con un puñetazo directo al pecho de la guerrera que ella bloqueó con facilidad, interceptando su golpe con su antebrazo en una defensa impecable.

Sin darle tiempo para reaccionar, Kioran volvió a girar sobre sí misma y conectó una patada en el costado de Trunks que lo hizo tambalear. Aprovechando su desequilibrio, lo empujó con la palma de su mano, aplicando la fuerza justa para lanzarlo hacia atrás como si fuera un muñeco de trapo, haciéndolo rodar varios metros hasta detenerse contra una enorme roca.

Trunks se levantó con dificultad, sus ojos mostrando una fuerza indomable, como si se negara a rendirse. Se preparó para atacar de nuevo, pero la voz firme de Gohan resonó en el claro:

—¡Suficiente por ahora!

El joven obedeció al instante, regresando a su estado base en un parpadeo.

—Hiciste un gran trabajo. —Gohan se acercó y le revolvió el cabello con afecto—. Aprender a reconocer tus límites también es parte del entrenamiento.

El muchacho soltó algunas risitas. Respiraba con dificultad, el sudor cayendo por su rostro mientras se secaba la barbilla con el dorso de la mano. Jadeando, le dedicó una sonrisa a la mujer, que también se había aproximado a ellos.

—Eres muy fuerte, hermana mayor —dijo, sin rastro de resentimiento—. Gracias por este combate. La próxima vez, estoy seguro de que voy a vencerte.

Kioran le devolvió una expresión socarrona.

—Entonces será mejor que te esfuerces mucho, pequeño príncipe. Los androides son mil veces más fuertes que yo.

Trunks la miró, sus ojos brillando con una nueva chispa de motivación. Luego, dio un paso atrás, cediéndole el lugar a Gohan cuando notó que se estaba acercando.

—¿Qué te parece entrenar conmigo ahora? —sugirió este, señalando hacia el claro.

Una leve sonrisa de desafío se coló en el rostro de Kioran por medio segundo, tiempo suficiente como para que él la viera antes de darse cuenta que había revelado torpemente su emoción. Intentó disimular con un fruncimiento de cejas que llegó tarde, así que simplemente se rindió. Sabía perfectamente que Gohan la superaba en poder con creces; aun así, la idea de enfrentarse a alguien de su calibre despertaba su instinto competitivo. Aunque no tuviera ninguna posibilidad de ganarle, la tentación de probarse a sí misma era demasiado grande. Había pensado que solo se dedicaría a verlos entrenar, pero las cosas terminaron por tomar un giro la mar de interesante.

—Hmmm… —Fingió que todavía no se decidía a aceptar, solo por molestar—. Bueno, pero no te quejes después.

Se dirigieron al centro del claro, adoptando enseguida posturas de combate. Kioran, ansiosa por demostrarle que era más fuerte de lo que se vio en su entrenamiento con Trunks, se lanzó al ataque con una ráfaga de golpes y patadas. Su estilo era agresivo, directo, cada movimiento ejecutado con la precisión letal de una guerrera experimentada.

Gohan, en contraste, se movía con una fluidez casi etérea, esquivando sus ataques con una facilidad que resultaba desconcertante. Su postura era relajada, pero sus ojos estaban en alerta, analizando cada detalle.

Y fue precisamente eso lo que rápidamente minó la escasa paciencia de la mujer.

—¿Es que no vas a atacar? —le gritó, molesta por su aparente pasividad.

—Estoy observando —respondió tranquilamente, bloqueando un puñetazo con un simple movimiento de su antebrazo—. Tienes un estilo interesante.

Kioran frunció el ceño. ¿Interesante? ¿Eso era todo lo que tenía que decir? Su frustración estalló y con un rugido de furia, incrementó la intensidad de sus ataques, combinando golpes cuerpo a cuerpo con ráfagas de energía que zumbaban en el aire. Sin embargo, Gohan seguía esquivando y bloqueando con una serenidad insultante. Kioran empezó a notar que sus movimientos eran más precisos ahora, como si estuviera adaptándose a ella en tiempo real. Por más que intentaba encontrar una apertura en su defensa, cada vez que lanzaba un golpe o una patada, Gohan la desviaba o la esquivaba sin esfuerzo. Incluso ese lado izquierdo, donde pensó que podría encontrar una ventaja, era inexpugnable.

Estaba justo considerando esto cuando él contraatacó. Un solo golpe, directo a su costado, la envió rodando por el suelo. La fuerza del impacto le sacudió el cuerpo, pero Kioran se levantó rápidamente, más sorprendida por la precisión que por la intensidad. Sin dudarlo, salió volando hacia él.

—Me tienes confundido —comentó Gohan, volviendo a sortear uno de sus golpes sin esfuerzo.

—¿Con qué? —resopló Kioran, sin dejar de atacar.

—Por tu forma de pelear… —Mientras hablaba, eludió una patada con la misma facilidad con la que esquivaba todo.

—¿Qué hay con eso…? ¡Uy!

Para ese punto, Gohan había aumentado la velocidad de sus movimientos, obligándola a seguirle el ritmo en vez de marcar pauta. Cada golpe era más rápido y contundente, y Kioran apenas si lograba contrarrestarlo. Bloquear era lo único que le quedaba, y, aun así, cada impacto resonaba en sus brazos como un humillante recordatorio de la abismal diferencia de poder entre ellos. Quería pensar en alguna respuesta ingeniosa, algo que no revelara demasiado, pero no era capaz de concentrarse en su defensa y articular una frase razonable a la vez.

Era absurdo. No solo por su habilidad, sino porque lo hacía todo con un solo brazo.

—Me recuerda a la de alguien que se llamaba Raditz —prosiguió Gohan con esa bendita calma. Kioran se sintió agraviada al instante por la comparación (aunque estuviera en lo cierto), especialmente porque no parecía cansado en absoluto, mientras que ella apenas podía defenderse y responder al mismo tiempo—. Y… creo que también se parece un poco a la mía.

Eso sí que no lo vio venir. La sorpresa le hizo perder la concentración justo cuando una ráfaga de ki la alcanzó, enviándola a volar sin más consecuencias que humillarla profundamente. Rodó aparatosamente por el suelo luego de un aterrizaje muy forzado, poniéndose de pie casi tan rápido como había caído.

—¡Híbrido tramposo! —gritó furiosa, señalándolo con un dedo acusador—. ¡Me estuviste distrayendo con tu cháchara!

Gohan alzó la mano en un gesto de disculpa, con esa calma que solo lograba enfurecerla más.

—Lo siento, te prometo que no lo hice a propósito.

Pero Kioran estaba demasiado furiosa para escuchar excusas. Su orgullo herido por el resultado del combate clamaba por venganza. Un rugido gutural emergió de su garganta cuando su ki estalló, elevándose a niveles que definitivamente no correspondían a un simple entrenamiento.

—Y una mierda… —masculló por lo bajo, lanzándose de nuevo al ataque, decidida a demostrar que no era una rival a la que se subestimara tan fácilmente.

Sabía que dejarse llevar por la ira en una pelea era un error, pero en ese momento, el deseo de cerrarle la boca a Gohan, aunque fuera por un instante, ardía con más intensidad que cualquier advertencia lógica en su mente.

—No deberías alterarte así mientras peleas —la aconsejó, sin dejar de eludir sus ataques con una agilidad casi irreal.

—¡Cállate, ya lo sé! —replicó Kioran con rabia, lanzando una patada feroz que él desvió sin problemas.

La ira la consumía, nublando su juicio y drenando su energía en ataques cada vez más desesperados. Gohan, en cambio, bloqueaba, esquivaba y desviaba cada golpe con la misma facilidad. Era imposible ignorar la mezcla de admiración y frustración que crecía en ella. Gohan había llevado la economía del flujo de poder a un nivel que apenas podía comprender.

«Si no puedo alcanzarlo con mis puños y patadas, lo haré con una ráfaga de ki», decidió. No iba a permitir que siguiera bailando a su alrededor, apareciendo y desapareciendo como un maldito fantasma. «No te guíes solo por la vista, percibe la energía», la había aconsejado Trunks durante sus entrenamientos. Más fácil decirlo que hacerlo, especialmente cuando el híbrido aumentaba la velocidad con cada segundo que pasaba. ¡Y ni siquiera se había convertido en Super Saiyajin!

Respiró hondo, intentando mantener la compostura, trazando su plan en la mente para llevarlo a cabo. Fue en ese preciso instante que Gohan apareció justo frente a ella, tan cerca que su rostro llenó por completo su visión. Kioran se sobresaltó y, viéndose acorralada, cruzó los brazos por encima de su cabeza para defenderse y, a la vez, impresionarlo con el ataque que Trunks le había enseñado.

—¡Mase…! —comenzó a gritar, pero Gohan la interrumpió atrapando sus muñecas con firmeza.

—¿Ibas a hacer el Masenko? —le preguntó, con un tono teñido de genuina curiosidad, como si estuvieran conversando tranquilamente y no en medio de una pelea.

La cercanía era abrumadora. Kioran sintió la fuerza en su agarre, el calor de su piel, y un aroma sutil a sudor limpio que no era desagradable, sino todo lo contrario. Por primera vez reparó en lo alto y musculoso que era, y se sintió pequeña, incluso vulnerable, una sensación que le resultaba completamente ajena.

—E-eh… —balbuceó, sorprendida por su pregunta y por su propia incapacidad de echar fuera algo coherente.

—¿Quién te lo enseñó? —continuó Gohan, sin soltarla—. Yo lo aprendí de mi maestro Piccolo.

«Bueno, yo lo aprendí de príncipe heredero», pensó Kioran, irónica. Intentó liberarse, pero Gohan fue más rápido. En un movimiento casi imperceptible, soltó sus muñecas solo para atraparlas nuevamente, llevándoselas a la espalda e inmovilizándola por completo. La velocidad con la que lo hizo fue tal que apenas sintió la transición… y ahora estaba aún más atrapada que antes.

—¡Maldición! —gruñó Kioran, luchando inútilmente contra la prisión de hierro que ejercía esa mano derecha sobre sus muñecas.

—Tienes que mantener la calma si llegan a atraparte así —dijo Gohan, su aliento cálido entibiándole el rostro empapado de sudor.

La proximidad era sofocante. El torso de Gohan presionaba contra el suyo, amplio y fuerte, y cada respiración marcaba la diferencia de tamaño y fuerza entre ellos. La sensación de estar tan cerca, tan inmovilizada, la descolocó lo suficiente como para romper con todos sus pensamientos anteriores. Además, no la ayudaba que su propio cuerpo reaccionara de maneras que no esperaba; una mezcla de desconcierto y… algo más que no conseguía identificar.

—¿Y cómo me libero? —preguntó entonces, sin poder evitar que su voz sonara más inquieta de lo que quería.

—Inclínate hacia un lado y luego dóblate por la mitad. —Parecía un profesor dando una charla educativa—. Así, podrás empujar a tu oponente hacia delante, obligándolo a soltarte. No desperdiciarás tanta energía de esa forma.

Kioran lo quedó mirando fijo, intentando procesar la información pese a la frustración que sentía. Por un segundo, contempló la posibilidad de que Gohan no solo estaba dándole un consejo en combate, sino también probándola de una forma en la que ella no había esperado: desafiando su capacidad de mantener la compostura en una situación crítica.

Su expresión varió hacia una diferente, abandonando por un instante su acritud habitual. Gohan, atrapado en la intensidad de sus ojos, pestañeó dos veces, la soltó y se alejó flotando un par de metros, dándole espacio para procesar lo que acababa de explicarle.

Sí… él había identificado rápida y fácilmente uno de sus puntos débiles, una falla que arrastraba desde sus años bajo la tutela de Raditz y que no había alcanzado a subsanar durante los meses de entrenamiento con Trunks. Las viejas costumbres eran difíciles de erradicar, sobre todo para una saiyajin testaruda como ella.

La rabia que la consumía momentos antes se desvaneció, reemplazada por un sentimiento inesperado: respeto. A pesar de la serenidad que irradiaba, Gohan era un guerrero astuto y observador, capaz de leer a sus oponentes y entender sus fallos.

Kioran frunció el ceño. Respetar a alguien que apenas conocía le resultaba extraño. ¿Cómo era posible que, en tan pocos minutos, Gohan hubiera acabado con tantos de sus prejuicios?

—¡Eso estuvo genial, Gohan! —gritó Trunks desde su posición, agitando los brazos. Su entusiasmo era contagioso—. ¡Tú también, hermana mayor!

La voz del chico la sacó de su ensimismamiento. Sacudió la cabeza, intentando despejar la maraña de pensamientos que la envolvía. Buscó a Gohan con la mirada y lo encontró aún frente a ella, con una amplia sonrisa sincera iluminando su rostro. No había ni un ápice de arrogancia en su actitud, lo cual la desconcertaba aún más. ¿De verdad tenía sangre saiyajin ese sujeto?

—Peleaste muy bien —afirmó Gohan con un gesto de aprobación—. Gracias por entrenar con nosotros.

—No es como si hubiera sido de mucha utilidad... —replicó, desviando la mirada hacia abajo—. Parece que soy yo la que debería agradecerte el consejo.

Un calor inesperado se extendió por sus mejillas. Muy a su pesar, no podía negar que la ayuda de Gohan había sido valiosa. Y, aunque le resultara difícil admitirlo, empezaba a comprender por qué Trunks lo admiraba tanto como maestro.

—Tranquila, no es necesario. ¿Qué tal si comemos algo ahora?

«Sí, comida, por favor. Me estoy muriendo de hambre», caviló, pero no alcanzó a decir ni pío; su estómago se encargó de hacerlo por ella, rugiendo con voracidad.

—¡Trunks! —llamó Gohan, divertido—. ¡Vamos a comer!

—¡Voy a avisarle a mamá para que prepare un festín! —exclamó de vuelta, saliendo disparado a toda velocidad en dirección a su casa.

Gohan y Kioran descendieron desde las alturas. Ella, exhausta, se dejó caer sentada sobre una roca, recuperando el aliento. Tenía la cara empapada en transpiración y apenas lograba mantener el oxígeno dentro de su caja torácica. Lo peor fue darle un vistazo a su acompañante y comprobar la absurda diferencia en sus estados físicos; mientras él se veía absurdamente compuesto, como si el entrenamiento recién comenzara, ella no dejaba de jadear.

«Esto es ridículo», pensó Kioran, sintiendo cómo la frustración intentaba abrirse paso otra vez. La distancia entre sus niveles de poder era clara, y aunque lo sabía de antemano, igual la enfurecía.

Por un lado, su instinto se rebelaba ante la idea de que alguien, y peor aún, un simple híbrido, la superara con tal facilidad. Pero, por otro lado, los ecos de Raditz seguían vivos en su mente, pues había sido claro al enseñarle que debía someterse a los machos más fuertes, que esa era su naturaleza como hembra saiyajin. Esa dualidad, entre su orgullo como guerrera y la crianza de Raditz, la carcomía por dentro.

Mientras observaba a Gohan sentarse a su lado, cuya calma parecía proporcional a su increíble poder, se preguntaba si alguna vez podría encontrar un equilibrio así en su interior.

«Probablemente no», se respondió con sorna.

—Eres increíblemente fuerte —admitió en voz baja, pese a su orgullo herido. Aún respiraba con dificultad por el esfuerzo del combate.

—Muchas gracias —respondió Gohan, su rostro adoptando una expresión seria—. Disculpa que insista, pero... ¿quién eres? De verdad estoy confundido por tus habilidades. ¿Nos hemos visto antes?

—No, no nos conocemos.

«Aunque yo a ti sí, indirectamente, por todo lo que príncipe heredero me contó». Se mordió el labio inferior, dubitativa por primera vez.

¿Tenía algún sentido seguir ocultándole su identidad y su origen? Después de todo, ya había alterado esta línea temporal al salvarlo. ¿Qué daño podría causar revelarle algo más sobre sí misma, siempre y cuando lo obligara a mantener la boca cerrada?

Respiró hondo, buscando las palabras más acertadas, y finalmente se decidió.

—Lo que te voy a contar es un secreto —dijo en tono cortante, su mirada fija en los ojos de Gohan—. No puedes decírselo al pequeño príncipe, ni a la señora Bulma… ni a nadie, ¿entiendes? El futuro de este mundo depende de ello. Si dices algo, te mato.

Él le sostuvo la mirada sin inmutarse, sus ojos oscuros reflejando una sinceridad inquebrantable, sin rastro de duda.

—Te lo prometo —aseguró con firmeza.

Kioran lo observó detenidamente, buscando algún indicio que la hiciera recular, pero solo encontró honestidad y algo que interpretó como curiosidad. Por alguna razón, sintió que podía creer en él. Quizás fue el recuerdo de la confianza que le tenía su Trunks, o porque, a pesar de su poder, Gohan no parecía tener ningún interés en manipularla o aprovecharse de su posición. Una verdadera rareza.

—Antes de empezar, también prométeme que mantendrás una mente abierta. Puede que haya cosas que no te hagan sentido en mi historia, pero te juro que todo es cierto.

Gohan asintió en silencio.

—Me llamo Kioran —reveló en voz baja, como si hubiese alguien alrededor que pudiera escucharlos—. Vengo del futuro… o del pasado, depende de cómo lo veas. Raditz... —hizo una breve pausa, endureciendo sin querer la mandíbula al vocalizar su nombre—… podrías decir que él me crio, aunque solo me llevaba cinco años. Fue él quien me enseñó a pelear. Por eso reconociste su estilo en mí.

Hizo una pausa más larga, buscando la manera de explicarse sin desbordar información. La mirada atenta de Gohan no ejercía presión, sino que la animaba a explayarse. Qué raro.

—Mi «yo» de esta línea temporal murió a manos de un soldado llamado Zarbon hace muchos años. Sé que lo conoces. Era uno de los subordinados de... Freezer —se corrigió rápidamente, evitando mencionar el título de «Gran». Miró a Gohan de soslayo, y percibió su enorme confusión—. Pero en mi línea temporal, príncipe heredero… Trunks... me encontró antes de que eso ocurriera y me reclutó para unirme a la Patrulla del Tiempo.

—¿Trunks? —repitió Gohan, variando su expresión perdida hacia una de sorpresa.

—No este Trunks —aclaró Kioran de inmediato—. Bueno, sí es él, pero en el futuro. Es mayor que el pequeño Trunks que conoces… unos diez años más, algo así.

Gohan entrecerró los ojos, tratando de asimilar lo que escuchaba. Sus labios murmuraron en voz baja, como si se hablara a sí mismo:

—Nunca pensé que algo así sería posible... Bulma tenía razón, se puede viajar a través del tiempo…

—Príncipe heredero cambió mi destino —continuó la guerrera, sintiéndose más segura a medida que las palabras fluían—. Me convirtió en una Patrullera del Tiempo, me enseñó lo que se siente tener un propósito. Y ya que estoy aquí… —Una idea tomó forma en su cabeza mientras hablaba— …me aseguraré de que el pequeño príncipe cumpla con su destino: dentro de tres años se descubrirá una cura para la enfermedad del corazón de Kakarot. Trunks viajará al pasado para salvarlo, antes de la llegada de los androides, y evitará que ese mundo termine igual que este.

Sí, eso haría, ya lo tenía decidido. Mientras los patrulleros llegaban para sacarla de allí, iba a asegurarse de que nada más cambiara para el joven Trunks y esa línea temporal. Gohan tendría que ser su aliado en ese objetivo, de esa manera, aprovecharía su error para transformarlo en algo positivo.

—No sé si la señora Bulma ya ha comenzado a construir la máquina del tiempo en la que el príncipe viajará —prosiguió, juntando los dedos sobre su regazo, su respiración ya se encontraba mucho más estable—, pero lo hará. Esa es la misión que tiene que cumplir. Y no pienso permitir que nada ni nadie lo desvíe de su camino.

—Algo le escuché a Bulma mencionar sobre eso… —respondió Gohan, muy concentrado, tratando de procesar todo lo que le había contado.

Kioran asintió lentamente. La sensación de revelar tanto la inquietaba, pero ya había cruzado esa línea y no podía deshacer sus acciones. De todos modos, algo en ella le decía que no tenía motivos para arrepentirse.

—Los Patrulleros del Tiempo son una organización que opera en el futuro —explicó, gesticulando como si dibujara la escena con las manos—. Nuestro objetivo es proteger las líneas temporales, evitando que el enemigo las altere. Vine aquí porque se detectó una corrupción en esta línea, pero la misión salió mal y los androides mataron a mis compañeros.

—Lo lamento. —Ella desestimó su frase encogiéndose de hombros—. Dime algo, ¿el otro Trunks también es un patrullero? —preguntó, permitiendo que su curiosidad tomara ventaja en la conversación.

—Es uno de los fundadores y un patrullero de élite —respondió Kioran, y una nota de orgullo asomó en su voz—. Él y Chronoa, la Kaio-Shin del Tiempo (una deidad de la que no has oído hablar nunca), lideran la organización. Cuando llegué, príncipe heredero me entrenó durante unos… ocho o nueve meses. Por eso uso el Masenko... —Se detuvo por un segundo, poniendo los ojos en blanco—. Aunque no sabía que lo aprendió de ti. Pero tiene sentido, considerando que me había comentado que tú fuiste su maestro...

—¿Y yo? —preguntó Gohan, con un tono más ligero, señalándose con el índice—. ¿También soy un patrullero en esa línea temporal?

La expresión de Kioran cambió de inmediato. Su mirada se opacó, y las palabras se atascaron en su garganta. No había anticipado esa pregunta, y ahora sentía el peso de la verdad cayendo sobre su espalda. No es que le importara decirle lo que ocurría con él…

—Ah… —adivinó Gohan, sonriendo con resignación—. Así que no. Eso quiere decir que mi «yo» en esa línea temporal murió, ¿verdad?

Kioran bajó la vista, sin ganas de enfrentar la que debía ser una expresión desolada. Volvió a encoger los hombros, esta vez como una disculpa muda. Él negó con la cabeza, sin perder su buen humor. Luego, sus ojos se perdieron en el horizonte, como si buscara algo que solo él podía ver.

—No importa. Sé que Trunks continuará mi legado, con o sin mí. Eso es lo único que realmente vale al final. —Le sonrió—. Gracias, de verdad. Me has quitado un peso de encima.

—¿Eh? ¿De qué estás hablando? —preguntó Kioran, tan desconcertada que no le quedó más remedio que mirarlo de frente. Y su expresión la golpeó de una manera que no esperaba, porque se veía completamente en paz. Era… desconcertante.

—Por lo que me contaste, ahora sé que Trunks pudo salvar este mundo... su mundo, quiero decir. Eso me da mucha tranquilidad.

—Ah… eso. Bueno, lo cierto es que mi llegada a esta línea temporal lo complicó todo —admitió, con una mueca de frustración—. Aún no sé por qué, pero el hecho de que sigas vivo cambia las cosas. Ahora, tengo que asegurarme de que el pequeño príncipe cumpla con su destino sin desviarse, a pesar de mi intervención.

Gohan frunció el ceño, procesando sus palabras.

—¿Eso quiere decir que cuando llegaste, era mi turno de morir?

Ella encogió los hombros por tercera vez en tiempo récord, intentando fingir una indiferencia que en realidad no sentía. Sí, cometió un grave error —involuntario, pero error al fin—. Sin embargo, a cada segundo que pasaba conversando con él, le resultaba más y más difícil ver ese error como algo negativo.

—Dentro de tres años, el pequeño príncipe debe viajar al pasado para salvar a Kakarot. Eso es lo realmente importante, lo demás son tonterías que puedo resolver por el camino. —Le lanzó una sonrisa burlona—. Pero tú estarás bien, no te preocupes.

—No me preocupa —replicó Gohan con una calma que la desarmó—. Estoy preparado para morir en cualquier momento. Solo me interesa que Trunks continúe con vida. Nada más.

La sonrisa socarrona de Kioran se desvaneció, sustituida por una expresión seria que no pudo ocultar del todo. Para no delatarse, desvió la mirada hacia el suelo.

—Bueno, ahora podrás asegurarte de eso por ti mismo —dijo, su tono más firme de lo que pretendía—. Cuando vengan a buscarme y me vaya, te tocará vigilar que todo ocurra como debe ser. Como te conté que pasaría.

Antes de que Gohan pudiera responder, Kioran cambió rápidamente de tema, sintiendo que la conversación se estaba volviendo demasiado personal.

—¿Nos vamos ya? Me prometiste comida, y yo puedo convertirme en tu peor pesadilla si no cumples con alimentarme.

Él cerró la boca de golpe y desplegó una sonrisa divertida. No le cabía ninguna duda.

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N. de la A.:

¡Gracias a todos por sus votos y comentarios! Y, por supuesto, también a los lectores nuevos que se han incorporado (¡sí, hay más lectores!). Hoy me fijé en que estamos #46 en la etiqueta «Gohan», que tiene más de mil historias. ¡Es una locura! Muchas gracias por todo, de verdad.

Bueno, ¿qué opinan de este capítulo de duración XL? Deberían haber sido dos, pero lo cierto es que no quise cortar la acción, así que lo mantuve tal cual. Me gustó el ritmo, la historia que se contó, las reacciones de Kioran con la cercanía de Gohan… Y así se empieza, señores. Así se empieza XD

¡Y hoy en la increíble sección (xD) de «Si este fic tuviera japoñol», encontramos que…

- Kioran solo utiliza honorífico con una persona (sin contar a Vegeta-sama): Bulma. Nadie más que «Bulma-san» XD la respeta muchísimo, incluso antes de conocerla en persona. La razón no pasa enteramente por Trunks (el patrullero), ese es un factor más bien menor; lo que le ocurre a Kioran con Bulma es que fue la hembra elegida por Vegeta para procrear… y, además, es madre. Ya sabemos que Kioran tiene traumas con las mamás. Niños pequeños, madres… son su debilidad.

- Trunks llama a Kioran «nee-san», literalmente «hermana mayor». Es una forma que debería ser respetuosa, aunque el chiquillo usa un tono medio burlón con ella.

- Kioran llama a Trunks «chibiōji», que literal significa «pequeño príncipe». Y aquí es cuando empiezan a bifurcarse los diferentes Trunks en la mente de Kioran; el «príncipe heredero», el patrullero que la entrenó y con el que tanto deseaba aparearse; y el «pequeño príncipe» que es un chiquillo molesto y agobiante. Para Kioran, son dos personas totalmente diferentes XD como «Goku» y «Kakarot» JAJAJAJAJ

Si te gustó el capítulo de hoy, ¡no seas tímido/a! Muéstrame tu entusiasmo con comentarios, estrellitas y kudos. ¡Incluso si solo me saludas, estaré muy feliz!

Nos vemos en el siguiente…

Amor y felicidad para todos.

Stacy Adler.