CAPÍTULO II

Era una noche calmada, Amelia y Snivy estaban durmiendo tranquilamente, todo iba bien, hasta que sintieron un fuerte estruendo que sacudió toda la casa. Ambas se despertaron sorprendidas.

—¿Qué fue eso? —preguntó Amelia.

Después de unos segundos, el estruendo se volvió a escuchar de nuevo.

—¿Otra vez? ¿Qué estará pasando?

Luego se escuchó un fuerte rugido afuera que venía desde el sur. La mujer, en pijama, se levantó y salió al patio en donde estaban las plantaciones de bayas. No lo podía creer: Había un gran incendio en el bosque.

Los árboles estaban en llamas, y eso no era lo peor. Entre la gran cortina de humo y ceniza volando, se apreciaba que un monstruo inmenso se estaba acercando a la población. Por los árboles solo se podía ver la cabeza. Estaba arrasando todo a su paso lanzando fuego de su boca.

—¡Ay no! —gritó asustada.

Entró rápidamente a la casa, se sacó su pijama y empezó a vestirse lo más veloz posible.

—¿Snivy? —El Pokémon estaba confundido

—Tenemos que salir de aquí lo antes posible, algo grande se está acercando.

Con la ropa que siempre usaba puesta, Amelia y su Snivy salieron de la vivienda y se fueron a su camioneta.

Quedaron muy impactadas, afuera era un caos. Las casas estaban incendiadas y algunas se estaban derrumbadas. Se subieron y la mujer arrancó el vehículo.

Tuvieron que irse a la única salida del pueblo: el camino de tierra que estaba al oeste. Condujo por la ruta mientras observaban impactadas a su alrededor. Todos los árboles estaban con fuego. Estaba aterrada todo el tiempo, pero trató de mantener la calma. Desafortunadamente, el camino estaba bloqueado por un árbol caído.

—¡Uy, maldición! —gritó ella enojada.

No podían hacer nada más que devolverse y encontrar otra forma de escapar. Para su mala suerte, cuando iban cerca de su casa. La camioneta se detuvo sin razón. Ya no podían trasladarse.

—Enciende. ¡Enciende de una buena vez, maldita sea! —decía desesperada mientras giraba la llave del vehículo.

Escucharon otro fuerte rugido del monstruo gigante. Todos sus vecinos y demás residentes estaban huyendo por sus vidas hacia el norte. No había de otra que ir a pie. Se bajaron de la camioneta y corrieron por varias casas y calles. Podían escuchar al monstruo rugir con fuerza y oír unas contadas pisadas de hacían temblar la tierra. Todo a su alrededor era destrucción y mucho fuego. Amelia se estaba cansando de tanto correr con su Pokémon en sus brazos, se le estaba acabando el aliento.

Un par de minutos después, pudieron llegar al límite norte del poblado; sin embargo, cuando estaban al lado de una gran casa, Amelia se tropezó y ambas cayeron al suelo. La mujer gritó de dolor. El intenso dolor en sus piernas no la dejaban ni siquiera parase. Snivy se paró del suelo y fue a ver a su dueña. La serpiente hierba estaba muy preocupada por ella. No sabía qué hacer para ayudarla. No tenía tanta fuerza en sus brazos ni en sus lianas para arrastrarla o levantarla. Estaba desesperada.

La mujer tuvo que recurrir a una alternativa dolorosa, pero pensó que sería la única buena idea que tenía, por el bien de su Pokémon.

—Huye… Snivy —dijo Amelia cansada.

—¿Sni? —sorprendida.

—Huye… sin mí.

Se negó a hacerlo. El Pokémon serpiente hierba no la iba a dejar atrás por ningún motivo.

—Snivy, por favor… hazme caso… Es por tu propio bien. Yo… yo después te busco.

Se oyó otro fuerte rugido, el monstruo estaba más cerca y estaba destruyendo todo. Snivy estaba indecisa por unos estresantes segundos. Al parecer no tenía otra opción.

—Snivy… —Se sintió muy apenada por tener que dejar sola a su dueña.

Se produjo un fuerte estruendo que sacudió todo.

—¡Corre, Snivy! ¡Aléjate lo más lejos que tú puedas!

Snivy corrió hacia los árboles hasta que la mujer la perdió de vista. Al menos estaría a salvo en el bosque, por ahora. Amelia se puso de espalda en la tierra y observó el cielo. Solo se podía ver el humo de los incendios y un resplandor naranja a su alrededor. De repente hubo un estruendo muy fuerte. Como consecuencia, la casa que estaba a su lado izquierdo cedió. Las paredes cayeron arriba de ella. Estaba atrapada entre escombros hasta que, finalmente, perdió el conocimiento. Todo se volvió oscuro.