CAPÍTULO III
Solo se veía la oscuridad. De pronto, Amelia comenzó a abrir despacio los ojos. Estaba tendida al suelo de cara. Aturdida, poco a poco fue recuperando la consciencia. Ella empezó a levantarse con mucha lentitud y con cuidado para no sufrir alguna lesión; hablando se eso, no sentía dolor en sus piernas luego de tropezarse. Ella quedó extrañada.
Luego de ponerse erguida, miró un poco confundida su alrededor; se dio cuenta que estaba en medio del camino de tierra y rodeada con una densa niebla, solo se podía ver las siluetas de los árboles más cercanos. No sabía en qué parte del camino estaba.
A la distancia, vio una figura de una persona, pareciera que fuera una mujer con un vestido. Con una voz suave y delicada la empezó a hablar.
—Hola, buena dama.
—¿tú… tú quién eres? —preguntó Amelia.
—Eso no importa por ahora, yo quiero que me sigas por aquí. Es por tu propio bien.
¿Seguirla? Ella era una completa desconocida para Amelia, pero literalmente estaba en medio de la nada, aunque sabía que se ubicaba en el camino de tierra. Supuso que ella la iba a guiar hacia alguna parte.
—¿Está… bien? —dijo con inseguridad.
Amelia comenzó seguir detrás de la figura femenina a cierta distancia. Solamente se veía su silueta. Todavía todo a su alrededor era solo niebla densa. Por alguna razón no sentía el olor a quemado de los árboles.
Tras unos minutos caminando por el camino de tierra, la mujer dobló a la izquierda para ir por otro camino. No dijeron alguna palabra durante el trayecto.
Llegó a un cerco de madera, el cual era la entrada de una propiedad privada. No estaba segura si entrar ahí era lo correcto, pero la figura femenina entró a ese lugar, tenía que seguirla. La valla estaba abierta, por lo que pudo entrar sin problemas. El terreno era amplio a pesar de la niebla no dejaba ver sus límites.
En el suelo, en medio del pasto, había un pequeño camino de piedras que dirigía hacia a una casa de madera oscura, el cual estaba a su izquierda. Al lado del domicilio, unos metros más allá había unas lápidas que Amelia no quiso indagar más allá.
—¡¿Hola?! ¿Hay alguien en casa?
—Puedes pasar, está abierto —Ella escuchó únicamente la voz de la mujer la cual ya no estaba presente por alguna razón.
Abrió la puerta despacio y con cuidado y entró a la vivienda. Amelia fue observando y caminando con cautela por su interior.
—Explora la casa y ve lo que tú deseas.
Así estuvo por unos minutos. Era una casa como cualquier otra, tenía muebles decoraciones, luces, entre otras cosas. Vio que en la residencia había un par de habitaciones, y Amelia entró en una. Adentro tenía una cama al fondo con una ventana y una mesita de noche con una lámpara. La verdad no sabía por qué estaba entrando a una propiedad privada sin decirle a su dueño, que no sabía en donde estaba.
—Si tienes un poco de curiosidad, puedes indagar en el closet.
Amelia quedó desconcertada por lo que dijo, pero de todas maneras quiso inspeccionar.
Ahí se encontraba un atuendo con tonalidad negra: un gorro con dos alas en la parte trasera apuntando hacia atrás y una punta adelante, un chaleco con varias piezas de metal, una gabardina, unos pantalones, un par de guantes y botas. Se encontraba también con un bolso del mismo color. Más al fondo pudo ver que había una espada y una pistola. Ella quedo un poco sorprendida al ver las armas, ¿Qué hacían unas armas como esas en una casa? Amelia dijo a la dama que estaba en alguna parte:
—Todos estos objetos pertenecen al dueño de esta casa, ¿acaso quieres que las use yo?
—Así es, para que puedas protegerte como es debido.
—¡¿Acaso quieres que me lleve puesto el traje y la espada para matar a alguien?!
—No necesariamente, estos serán de suma importancia para tu viaje.
—¿Cuál viaje? ¿Qué quieres que haga entonces? Solo soy una mujer común y corriente que no tiene conocimiento de los combates. Y lo más importante: ¿por qué me trajiste a este lugar?
Hubo un rato de silencio hasta que la voz femenina respondió.
—Bueno, si quieres saber la verdad, te lo digo ahora. Estoy encargándote una importante misión para ti y tú eres la única que puede hacerlo, no hay más personas que estén alrededor tuyo que puedan ayudarte.
—¿Cuál misión?
—La misión de rescatar al ser que más quieres.
Ahora todo se puso más claro para ella. Su Snivy. Durante la huida Amelia le dijo que se marchara sin ella por su propio bien, ahora está perdida en medio del bosque. Mirando la ropa negra, armándose de mucho valor, supuso lo que tenía que hacer.
—Hagámoslo —dijo a sí misma.
Examinando la vestimenta detenidamente, se dio cuenta que las medidas y longitudes calzaban justo con su cuerpo, por lo que no tuvo problemas al vestirse. Se puso los pantalones, estos les permitían mayor movilidad a sus piernas. Los pantalones vinieron después las botas, las cuales llegaban hasta la rodilla. Luego fue el chaleco, el cuál llevaba unas correas y piezas metálicas, y la gabardina que la llevó arriba de su camisa y del chaleco. Parecía estar hecha de un material especial que la hace resistente. Los guantes eran de cuero y estos cubrían parte del brazo.
La pistola era de balines, no tan letales como balas de verdad, pero igual de peligrosas, y se podía portar en el cinturón a mano izquierda. La espada no era tan pesada ni tan ligera. Su longitud era como el de su brazo completo. Se veía un poco oxidada. Le iba a ser un poco difícil manejarla, pero haría ella el intento. Tenía además una correa en donde se podía llevar el arma blanca por la espalda con fácil acceso tan solo alcanzar el hombro derecho. Estos se usarían para defenderse y en caso de un ataque.
Se puso el bolso el cual llevaba distintos objetos: como una linterna, unos fósforos, papeles para encender el fuego, unos líquidos de bayas, un remedio contra el envenenamiento con una cuchara, unas vendas, entre otras cosas. Y finalmente se colocó el gorro con alitas. El equipamiento estaba listo. Llena de coraje, Amelia salió de la casa y se fue corriendo hacia el pueblo, que estaba a su mano izquierda, para adentrarse más tarde al bosque y buscar a su querido Pokémon.
—Allá voy, Snivy. Yo te encontraré, cueste lo que cueste. —pensando en voz alta.
