Ariel estaba en su puesto de trabajo, revisando informes en una terminal. Aunque las tareas del día eran sencillas, su mente estaba distraída. Desde que conoció a Orión Pax, aquel bot amable y algo tímido, no podía evitar pensar en él. Había algo en su forma de ser que la intrigaba profundamente.
Su comunicador vibró, sacándola de sus pensamientos. Era un mensaje de su amiga Arcee:
– ¡Hora del descanso! Nos vemos en el café. Las chicas ya están aquí.
Ariel sonrió y cerró la terminal antes de dirigirse al pequeño café en una plaza cercana. Al llegar, encontró a Arcee sentada junto a Greenlight, Moonracer y Firestar. Las tres estaban riendo por algo que Moonracer acababa de contar.
– ¡Ariel, por fin! –la saludó Arcee con entusiasmo, moviendo su bebida de energon refinado.
– ¿Y Chromia? –preguntó Ariel mientras tomaba asiento.
– Está ocupada en el cuartel –respondió Firestar, encogiéndose de hombros. – Siempre trabajando.
– Nos aseguraremos de que venga la próxima vez –añadió Greenlight con una sonrisa, mientras le hacía espacio a Ariel en la mesa.
El grupo comenzó a hablar de cosas triviales, desde las últimas novedades en Cybertron hasta los rumores de una próxima carrera en Velocitron. Sin embargo, Moonracer notó algo diferente en Ariel.
– Oye, Ariel, estás callada hoy. ¿Te pasa algo?
Todas las miradas se volvieron hacia ella, y Ariel sintió un leve rubor metálico en su rostro.
– Es que… conocí a alguien –dijo finalmente, con una sonrisa tímida.
Arcee fue la primera en reaccionar, inclinándose hacia adelante con los ojos brillando de curiosidad. – ¡¿Conociste a alguien?! ¿Quién es?
– Se llama Orión. Lo conocí hace unos días en el trabajo –respondió Ariel, jugueteando con una pequeña pieza metálica que estaba sobre la mesa.
– ¿Y cómo es? –preguntó Firestar, mientras Moonracer asentía con entusiasmo.
– Es muy amable, aunque algo reservado. Tiene una forma de hablar que… no sé, me hace sentir tranquila –explicó Ariel, sonriendo suavemente.
– ¡Oh, por Primus! –exclamó Moonracer. – ¿Y ya te invitó a salir?
– ¡Moonracer! No seas tan directa –rió Greenlight, aunque también parecía interesada en la respuesta.
– No, apenas nos conocemos –respondió Ariel rápidamente, aunque la ilusión en su voz era evidente.
– Pues deberías invitarlo tú –dijo Arcee con confianza. – Si te interesa, ¿por qué esperar?
– Exacto –secundó Firestar. – No pierdes nada.
Antes de que Ariel pudiera responder, su comunicador comenzó a sonar. Se disculpó con las demás y contestó.
– ¿Ariel? Soy Orión. Lamento molestarte en tu descanso, pero… me pidieron que entregue unos registros al sector 7, y no conozco bien la ruta. ¿Podrías ayudarme?
Ariel no pudo evitar sonreír al escuchar su voz. – Claro, no hay problema. ¿Dónde estás ahora?
Orión le dio su ubicación, y Ariel se levantó rápidamente de la mesa.
– Lo siento, chicas, tengo que ayudar a un compañero.
– Déjame adivinar: ¿Orión? –preguntó Arcee con una sonrisa cómplice.
Ariel rió mientras salía apresuradamente del café. – Hablamos luego, chicas.
El grupo la observó alejarse, y Moonracer rompió el silencio: – No sé ustedes, pero creo que esto se va a poner interesante.
– Ya veremos –dijo Greenlight con una sonrisa.
Arcee sacudió la cabeza, divertida. – Esta chica está más interesada de lo que quiere admitir.
Después de que Ariel se despidiera, Firestar permaneció un momento en silencio, mirando el horizonte de la ciudad. La suave brisa de Cybertron agitaba ligeramente su casco mientras pensaba en la conversación que acababan de tener. Si bien había sido un buen día con sus amigas, sabía que los deberes no podían esperar mucho más.
De repente, su comunicador interno comenzó a emitir un pitido. Era una señal urgente. Firestar activó el dispositivo que tenía integrado en su brazo y una pantalla holográfica apareció frente a ella. La voz de un oficial de seguridad resonó en la transmisión.
— Firestar, tenemos un incendio en la zona de almacén 14. Se está propagando rápidamente, necesitamos que actúes de inmediato. ¿Estás en condiciones de salir?
Con un suspiro, Firestar miró a sus amigas una última vez, y sin perder tiempo, se despidió.
— ¡Nos vemos luego, chicas! La misión me llama. — Dijo, sonriendo brevemente antes de girarse hacia su modo alterno.
En un abrir y cerrar de ojos, Firestar transformó su cuerpo. Su figura se fundió con el rugido de su motor, y en segundos, se convirtió en una pequeña camioneta flamante de color naranja brillante. Los detalles en su diseño la hacían parecer una mezcla entre velocidad y poder. Con una ligera aceleración, se lanzó por el camino, dejando atrás la plaza de encuentro de sus amigas.
— Espero que todo esté bajo control para cuando llegue… — pensó mientras recorría las calles de Iacon a toda velocidad. Sabía que las emergencias no esperaban y que su habilidad para llegar rápido sería crucial para sofocar el fuego a tiempo.
Mientras tanto, las otras chicas se quedaron atrás, observando cómo Firestar se alejaba.
— Siempre tan ocupada, ¿verdad? — dijo Arcee, con una sonrisa ligera en su rostro, aunque sus ojos reflejaban una mezcla de respeto y preocupación.
— Así es. — asintió Moonracer, mirando cómo Firestar se desvanecía en la distancia. — Pero es lo que más le apasiona, ayudar a los demás. La conozco desde la academia, y siempre ha sido así.
— Ojalá pudiera tener la mitad de su energía. — comentó Greenlight mientras encendía su comunicador. — Yo a veces solo quiero disfrutar de un día tranquilo.
— ¿No crees que todos necesitamos algo de eso? — Arcee se cruzó de brazos, mirando a sus amigas. — Aunque, en el fondo, sabemos que cada una tiene su rol aquí. Y Firestar no dejaría que un incendio le robara el protagonismo en su día libre.
Las amigas continuaron charlando mientras la ciudad se sumía en el bullicio habitual. Sin embargo, en sus mentes, cada una tenía sus propios pensamientos y preocupaciones sobre el futuro, la guerra que se estaba acercando y las decisiones que se tomarían pronto.
Ariel llegó rápidamente al sector 7, donde Orión estaba esperando cerca de una de las grandes estructuras de almacenamiento. Lo encontró revisando unos registros con una expresión concentrada en su rostro. Cuando la vio acercarse, sus ojos brillaron con un destello de alivio.
– ¡Gracias por venir, Ariel! –dijo, levantando la vista y sonriendo al verla. – No estaba seguro de cómo encontrar el camino.
Ariel sonrió y se acercó con pasos tranquilos. – No hay problema, Orión. Me alegra poder ayudarte.
El ambiente estaba tranquilo, y el ruido de los vehículos y maquinaria a lo lejos se sentía casi como un murmullo. Orión le entregó los registros que había estado cargando en su mano.
– Aquí están –dijo mientras le entregaba el paquete. – Solo tenía que asegurarlos en el sistema, pero aún no me había familiarizado bien con esta zona.
Ariel aceptó los registros y los revisó brevemente. – Está todo en orden. Aunque no puedo evitar preguntarme cómo es que un tipo tan meticuloso como tú terminó con esta tarea –dijo, sonriendo ligeramente.
Orión se rió suavemente, sin poder evitarlo. – Bueno, la burocracia no es mi fuerte. Pero… soy un buen aprendiz. Aprendo rápido.
Ariel lo miró con una mezcla de admiración y ternura. Sin embargo, había algo en su interior que le decía que debía hacer algo más. Estaba disfrutando de su compañía, y el tiempo que habían pasado juntos solo le dejaba ganas de pasar más tiempo con él.
Finalmente, tras un silencio cómodo, Ariel dio un paso hacia él y, con una mirada directa, le dijo:
– Oye, Orión… ¿Te gustaría salir conmigo alguna vez? Quiero decir, no solo por trabajo… Sino como algo más… personal.
Orión se quedó en silencio por un momento, visiblemente sorprendido por la invitación. Su rostro se iluminó con una expresión de asombro, y por un instante, pensó que había malinterpretado lo que ella había dicho.
– ¿De verdad? –preguntó, casi incrédulo.
Ariel se sonrojó un poco, aunque su sonrisa nunca desapareció. – Sí. No tiene que ser nada complicado, tal vez solo tomar algo, o… lo que prefieras.
Hubo un breve momento de duda, pero Orión rápidamente asintió. – Claro. Me gustaría mucho.
Ariel sintió una mezcla de emoción y alivio al escuchar su respuesta. Un peso pareció levantarse de sus hombros, y sin poder evitarlo, una risa tímida escapó de ella.
– Genial –dijo ella, aún con una sonrisa radiante. – Entonces, ¿cuándo?
Orión pensó por un momento antes de responder. – ¿Qué te parece mañana por la tarde? Después de mi turno.
Ariel asintió de inmediato. – Perfecto. Estoy deseando que llegue.
Ambos se quedaron mirándose durante un breve instante, como si en ese momento, el mundo alrededor de ellos desapareciera. El silencio era cómodo, y ambos sabían que algo nuevo y emocionante comenzaba a florecer.
Antes de que pudieran decir algo más, Ariel rompió el silencio con una sonrisa. – Bueno, creo que debo irme ahora. Tengo algunas cosas que hacer. Nos vemos mañana, Orión.
– Nos vemos, Ariel –respondió él, con una sonrisa igual de cálida.
Ariel se dio la vuelta, sintiendo su chispa interna vibrar con una emoción que no había experimentado en mucho tiempo. Mientras caminaba de regreso, no podía dejar de pensar en cómo había cambiado todo en tan poco tiempo. Y lo que era aún más sorprendente, es que sentía que era solo el comienzo de algo especial.
La ciudad de Iacon estaba tranquila bajo el suave resplandor de los haces de luz que cruzaban el cielo. Ariel caminaba con paso ligero por las calles, sus pensamientos completamente absorbidos en la conversación que acababa de tener con Orión. No podía evitar sonreír mientras repasaba cada detalle. Su chispa se sentía más brillante, como si un calor reconfortante emanara desde su interior.
Al llegar a su edificio, subió rápidamente por las rampas metálicas hasta su nivel y se detuvo frente a la puerta de su apartamento. Su hogar era sencillo, con una decoración minimalista, pero acogedor. Cerró la puerta tras de sí, se quitó la placa que llevaba en el trabajo y la dejó sobre una mesa cerca de la entrada.
Caminó hacia la ventana más grande, desde donde podía ver el horizonte de Iacon iluminado en tonos dorados y plateados. El zumbido de la ciudad a lo lejos llenaba el silencio de su apartamento. Apoyó los codos en el borde de la ventana y suspiró.
– Mañana… una cita –murmuró para sí misma, dejando que las palabras se asentaran.
Era una sensación extraña, pero emocionante. No recordaba la última vez que había sentido tanta anticipación por algo. Y aunque no quería admitirlo del todo, Orión había capturado su atención desde el primer momento. Había algo especial en él: su amabilidad, su forma de hablar, su determinación tranquila. Ariel sentía que había mucho más por descubrir en él, y eso la llenaba de curiosidad.
Se apartó de la ventana y se dejó caer suavemente en el sillón de la sala. Miró al techo, su mente llena de preguntas. ¿Qué le diría mañana? ¿Cómo se sentiría él? ¿Qué pensarían sus amigas si supieran que finalmente había dado el paso?
– Arcee va a volverme loca cuando se lo cuente –se rió entre dientes.
Ariel sabía que sus amigas estarían emocionadas por ella, pero también sentía cierta presión. Quería que todo saliera bien, que el tiempo que pasara con Orión fuera memorable, aunque no pudiera predecir lo que ocurriría.
– Calma, Ariel –se dijo a sí misma, tratando de tranquilizar su chispa. – Es solo una cita… con alguien increíble. No es gran cosa, ¿verdad?
Pero sabía que, para ella, sí lo era. Era el primer paso hacia algo nuevo, algo que le hacía sentir más viva. Mientras sus pensamientos seguían girando, finalmente se levantó del sillón y decidió preparar un poco de energon para relajarse. Mañana sería un día importante, y quería estar lista para cualquier cosa.
Orión caminaba hacia su apartamento, inmerso en sus pensamientos. Las calles de Iacon estaban tranquilas a esa hora, iluminadas por los haces de energía que cruzaban el cielo y los destellos de las torres circundantes. Había algo casi hipnótico en el zumbido constante de la ciudad, pero Orión apenas lo notaba. Su mente estaba ocupada con un único pensamiento: Ariel.
Se detuvo frente a su edificio y soltó un suave suspiro antes de entrar. Su apartamento, al igual que el resto de su vida, era práctico y modesto. Una pequeña mesa con informes de trabajo, un sofá desgastado y una terminal de datos que parpadeaba suavemente en un rincón. Cerró la puerta tras de sí y dejó caer su mochila sobre el sofá, apoyándose por un momento contra la pared.
– Una cita… –murmuró, probando las palabras en voz alta como si necesitara convencerse de que era real.
Había algo surrealista en todo lo que había sucedido ese día. Jamás habría imaginado que Ariel, la brillante y segura Ariel, lo invitaría a salir. Desde el momento en que la conoció, sintió algo diferente. No era solo su belleza, sino la calidez en su voz y la genuina bondad que irradiaba. Era alguien que parecía ver más allá de la rutina, más allá de las apariencias.
Se sentó en el sofá y miró la terminal de datos, donde parpadeaba una lista interminable de tareas pendientes. Solía ser su principal preocupación después del trabajo, pero esta noche apenas podía concentrarse en ellas. Sus pensamientos seguían regresando a la conversación con Ariel, a la forma en que sus palabras lo habían llenado de una extraña mezcla de entusiasmo y nerviosismo.
– ¿Qué le voy a decir? –se preguntó en voz baja, dejando caer la cabeza entre las manos.
Era raro sentirse así. La lógica y la organización siempre habían sido sus aliados, pero ahora todo parecía desmoronarse en un torbellino de emociones nuevas. No estaba acostumbrado a esto, a sentir tanta anticipación y, al mismo tiempo, tantas dudas.
¿Y si decía algo torpe? ¿Y si arruinaba la cita? Sacudió la cabeza, tratando de disipar esos pensamientos.
– Tranquilo, Orión. Ella te invitó. Algo debió ver en ti –se dijo, intentando calmar su chispa.
Se levantó del sofá y caminó hacia la ventana. Desde allí, podía ver la inmensidad de Iacon extendiéndose en todas direcciones, un mar de luces y movimiento. Era una vista que siempre le había recordado por qué amaba su trabajo, por qué se dedicaba a organizar y proteger los recursos de la ciudad. Pero esta noche, esa vista tenía un significado diferente. Pensaba en Ariel, en la forma en que ella también trabajaba para mejorar Cybertron a su manera.
Por un momento, permitió que una pequeña sonrisa curvara sus labios. La idea de pasar tiempo con ella, de conocerla mejor, era suficiente para que todos sus temores quedaran en segundo plano.
– Solo sé tú mismo –se dijo, aunque sabía que sería más fácil decirlo que hacerlo.
Se apartó de la ventana y decidió prepararse una pequeña dosis de energon para relajarse antes de ir a recargar. Mañana sería un día importante, uno que prometía cambiar algo en su vida, aunque todavía no supiera exactamente qué.
Mientras apagaba la luz de la sala y se dirigía a su habitación, su chispa latía con una mezcla de esperanza y emoción. Por primera vez en mucho tiempo, Orión sentía que algo nuevo y emocionante estaba por comenzar.
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