Capítulo 16 La Sombra de la Justicia

Los días en la base de Night Raid transcurrían con una calma relativa para Tatsumi. Desde aquel día en que logró conectarse con Onyx de una manera más profunda, el joven castaño había recuperado una serenidad que había extrañado. Su sonrisa sincera y su energía al cumplir con sus tareas diarias eran prueba de ello. Parecía que todo había vuelto a la normalidad. Sin embargo, había algo que se mantenía fuera de lugar.

Onyx, su Teigu, había cambiado. Desde aquel momento en que Tatsumi logró consolarlo en su habitación, el arma viviente no había vuelto a mostrar ese lado vulnerable que había dejado entrever. Aunque Tatsumi le había asegurado que no le importaba que mostrara sus emociones, Onyx había decidido cerrarse nuevamente. Su actitud había pasado de ser participativa y abierta a ser distante y mecánica. Y ésto era más evidente, en la forma en como ahora ellos se comunicaban y hablaban.

En el pasado, las conversaciones entre ellos eran espontáneas y llenas de perspectivas únicas. Onyx compartía opiniones, ofrecía consejos y, a menudo, discutía temas filosóficos o pragmáticos con Tatsumi. Principalmente, con los asesinos de Night Raid. Ahora, sin embargo, sus interacciones se limitaban a preguntas simples y repetitivas como: "¿Qué cocinará hoy? ¿Cómo se siente? ¿Qué va hacer luego?". Eran preguntas tan fáciles de responder, que casi parecían estar preparadas. Aunque Tatsumi las respondía con su personalidad optimista, la ausencia de profundidad en sus conversaciones dejaba a Tatsumi con una sensación de frialdad. Era cómo si Onyx, solo estuviera haciendo esas preguntas para tratar de calmar al castaño. Pero todo lo que hacía era preocupar más al jóven.

"¿Estás bien?". Le preguntaba Tatsumi a Onyx cada noche durante una semana. El castaño sentía que este cambio tan repentino se debió a lo que pasó dentro de su gema, que por cierto. La grieta que tenía, ya no estaba. Aunque el castaño había prometido no presionar a Onyx para que hablara de lo que ocurrió en su gema, no podía evitar sentir curiosidad y preocupación. Había visto el dolor que Onyx cargaba en su interior y comprendía que ese silencio podía ser una forma de protegerse. Aun así, no dejaba de dolerle que la conexión que habían fortalecido pareciera estar retrocediendo.

"Tal vez necesita tiempo". Se dijo una y otra vez. Repitiendo las mismas palabras y sugerencias que los otros miembros de Night Raid tenían con respecto a él cuando tenía su problema con Onyx.

"Lo importante es que sepas que estoy aquí para tí". Dijo el castaño a su Teigu.

Tatsumi decidió respetar la distancia de Onyx, aunque en su interior anhelaba recuperar esa antigua cercanía que había tenido con su Teigu.

La rutina de Tatsumi en Night Raid también había cambiado ligeramente. Ahora, además de cumplir con sus deberes habituales, se enfocaba en prepararse para las misiones con una determinación renovada. Pero, apesar de aceptar hacer misiones con asesinos. El castaño siempre ponía sus principios claros antes de hacer cada misión. El no mataría, solo ayudaría a sus compañeros.

Esta mañana, mientras ajustaba su equipo y repasaba los detalles de su próxima tarea, no pudo evitar tener una pequeña charla corta con Onyx en su mente.

"¿Está listo, Portador?". Preguntó la voz de Onyx, resonando con una neutralidad que apenas escondía un rastro de preocupación.

"Siempre lo estoy, amigo". Respondió Tatsumi, intentando sonar optimista. Pero sus palabras no lograron ocultar del todo el peso que sentía. Onyx guardó silencio unos segundos antes de responder.

"Suerte, Portador". Dijo Onyx para después volver a quedar en silencio.

Aunque las palabras de Onyx eran breves, Tatsumi percibió un atisbo de sinceridad en ellas. Y eso era suficiente para darle esperanza. Mientras se reunía con los demás miembros de Night Raid, se prometió a sí mismo que haría todo lo posible por fortalecer su vínculo con Onyx. No importaba cuánto tiempo tomara; el castaño estaba dispuesto a esperar y a esforzarse.

La misión de esta noche sería un desafío. O al menos eso le contaron. Pero, sea como sea, Tatsumi confiaba en sus habilidades y en el poder de su Teigu, Onyx. Tenía seguridad de poder cumplir con su misión. Más allá de las dudas y los silencios, sabía que Onyx estaría a su lado, luchando con él. Y quizá, con el tiempo, también volvería a abrirse otra vez.

Con esa resolución en mente, Tatsumi partió hacia el horizonte, preparado para enfrentar lo que el destino tuviera reservado para él y su inseparable compañero.


Capital Imperial - 5:45 pm (Barrios marginales de la capital imperial)

Tatsumi y Leone caminaban por los barrios bajos de la capital. Aquí, el ambiente era muy distinto al de las zonas más opulentas. Las personas vestían con ropa vieja y desgastada, compuesta de telas raídas que hablaban de una lucha diaria por sobrevivir. Las calles estaban llenas de ruido: voces de comerciantes, el murmullo de conversaciones, y el eco de pasos apresurados sobre el pavimento. Puestos improvisados se alineaban a lo largo de las calles, ofreciendo mercaderías a precios notablemente bajos. Tatsumi notó la desesperación en los rostros de algunos vendedores, entendiendo que cada moneda que ganaban era crucial para saciar sus necesidades más básicas.

Leone había sugerido llevar a Tatsumi a dar un recorrido por los lugares donde ella había crecido mientras esperaban que cayera la noche para llevar a cabo su misión. Era una oportunidad perfecta para explorar la capital sin levantar sospechas, ya que sus rostros aún no eran conocidos por los guardias.

"Aquí hay muchas personas y también mucho ruido". Comentó Tatsumi, observando el bullicio a su alrededor.

"Ese es el espíritu de la gente pobre". Respondía Leone, mientras sus ojos recorrían las calles llenas de vida. "Si naces aquí, aprendes desde muy joven a hacerte fuerte".

A medida que avanzaban, algunas personas comenzaron a saludar a Leone.

"¡Leone! Me alegra verte por aquí".

"Leone, si tienes tiempo, ven a darme uno de esos masajes tuyos".

"Cuando tengas un momento, te invito un trago, Leone".

Leone respondía a todos con una sonrisa amistosa y un ademán casual. Tatsumi sonrió también al ver la familiaridad con la que la trataban.

"Parece que te quieren mucho por aquí". Dijo el castaño.

"Claro, nací y crecí en estas calles. Soy parte de este lugar". Explicó Leone, devolviendo un saludo a un comerciante cercano. Luego, con una sonrisa juguetona, añadió. "Además, soy muy conocida por mis masajes. ¿Quieres que te haga uno después de la misión?".

Tatsumi soltó una risa nerviosa mientras un leve sonrojo aparecía en sus mejillas.

"Tal vez otro día ".Dijo tratando de sonar respetuoso y desviando la mirada. Aunque al principio la actitud relajada y provocativa de Leone lo habían puesto muy nervioso al castaño, ahora se había acostumbrado, aunque no completamente.

"Avísame cuando quieras. Te daré uno muy especial". Replicó Leone con un guiño. Tatsumi se sonrojo mucho por lo dicho por la rubia.

Leone al ver el creciente sonrojo de Tatsumi, dejó escapar una risa. "Eres adorable, ¿lo sabías?

Tatsumi sacudió la cabeza y trató de concentrarse, aunque no pudo evitar pensar en sus palabras. "No sé si lo dice en broma o en serio". Reflexionó en su mente. Luego decidió preguntar a Onyx. "¿Tú qué opinas, Onyx?".

"Es broma, portador. No se preocupe". Contestó Onyx con su habitual tono serio.

El cambio de humor en Tatsumi fue inmediato. La frialdad de la respuesta de Onyx apagó cualquier rastro de entusiasmo en él.

"¿Estás bien, Onyx?". Insistió el castaño en preguntar a su Teigu, deseando escuchar una respuesta menos distante.

"Sí, portador. Estoy bien". Replicó el Teigu con la misma frialdad.

Tatsumi abrió la boca para insistir, pero Onyx lo interrumpió de repente.

"Detecto un grupo de personas acercándose. Tenga precaución".

El castaño miró hacia el frente y vio a un grupo de hombres corriendo hacia ellos.

"¿Qué está pasando?". Preguntó confundido.

"Oh, no". Murmuró Leone, visiblemente nerviosa.

"¿Pasa algo, Leone?". Preguntó el castaño a la rubia.

"Es hora de correr, Tatsumi". La rubia respondió antes de girarse y salir corriendo.

Tatsumi, aún más confundido, no se movió se quedó quieto, mientras escuchaba los gritos de los hombres mientras se acercaban.

"¡Leone, devuélveme el dinero que me robaste!".

"¡Vas a pagar por estafar a mi hermano!".

Tatsumi parpadeó unos segundos, antes de comprender la situación. Leone había estafado a estas personas, y ahora venían por ella. Eso era malo.

"¡Miren!. Ese chico estaba con ella. Seguro es su cómplice".

Y, lo que era peor, ellos lo estaban asociando con ella.

"¿Eh?". Exclamó Tatsumi.

"¡Debe tener nuestro dinero! ¡Vamos por él!".

Al darse cuenta de que los hombres también lo perseguían, Tatsumi giró sobre sus talones y comenzó a correr. Mientras trataba de mantener el ritmo, pensó en una solución. No quería pelear con ellos ni lastimarlos; al fin y al cabo, eran personas que habían sido estafadas. Quizá si Leone les devolvía el dinero, todo se resolvería.

"¡Leone!. ¿No podrías simplemente devolverles el dinero?". Gritó mientras la alcanzaba.

"Eso sería complicado, Tatsumi". Admitió ella con una sonrisa despreocupada. "Ya no lo tengo".

"¿Qué?. ¿En qué lo gastaste?".

"En alcohol. Una buena inversión, ¿no crees?". Contestó, riéndose.

Tatsumi la miró con incredulidad. "¿Y ahora qué hacemos?".

"Nos separamos. ¡Yo por la derecha, tú por la izquierda!". Dijo mientras se acercaban a un cruce.

"¡Entendido!". Tatsumi tomó la ruta indicada, esperando que la separación los ayudara a despistar a sus perseguidores.


Palacio Imperial - 5:55 pm. (Sala del Trono Real del Emperador)

Dentro del majestuoso Palacio Imperial, donde residían las figuras más influyentes de la capital. Funcionarios, políticos, altos mandos de las fuerzas de autoridad y los generales del imperio, todos ellos se encontraban el corazón de poder del imperio. La sala del trono. Esta sala albergaba al actual emperador, considerado la figura más importante y simbólica del imperio.

La estancia era monumental, un despliegue de riqueza y opulencia que intimidaba tanto como deslumbraba. El joven emperador estaba sentado en un trono imponente, un asiento amplio y ricamente decorado con oro, gemas incrustadas y bordados que narraban la historia del imperio. Frente a este trono, una escalera de mármol blanco descendía hasta el suelo, estás escaleras estaban cubiertas por una alfombra roja adornada con intrincados patrones. A lo largo de la alfombra, generales y políticos de renombre se encontraban alineados, formando un pasillo de respeto.

Las paredes estaban cubiertas de tapices bordados a mano y decoradas con estatuas de antiguos héroes del imperio. En lo alto, un candelabro descomunal hecho de cristal colgaba del techo abovedado, iluminando la sala con el resplandor de decenas de velas. La atmósfera era solemne y cargada de tensión.

A la derecha del trono, una figura destacaba. Honest, el primer ministro del imperio. Era un hombre corpulento y de apariencia imponente, con cabello blanco y una barba espesa que descendía hasta su abdomen. Sus ojos rojos brillaban con una astucia inquietante, y una sonrisa inescrutable jugaba constantemente en sus labios, una expresión que daba la impresión de que tramaba algo detrás de su fachada cortés. Vestía un atuendo lujoso, pero también con sencillez y elegancia. Tenía unas botas de cuero marrón, un suéter verde oliva, pantalones a juego y un abrigo gris con un collar de piel alrededor del cuello que denotaban su posición elevada.

El propósito de esta reunión, que tenía que ver con reunir a todos estos generales, al emperador y al primer ministro, era claro. Discutir la creciente amenaza del Ejército Revolucionario y las recientes desapariciones de figuras clave en la capital. La tensión era palpable cuando las enormes puertas de la sala se abrieron abruptamente, dejando entrar a un soldado que parecía llevar noticias urgentes.

"¡Mi emperador, disculpe mi intrusión, pero traigo noticias importantes!". Exclamó el soldado mientras avanzaba rápidamente hacia el trono. Se detuvo a una distancia prudente y continuó, con la voz temblorosa: "Dos de nuestros generales más leales han desertado para unirse al Ejército Revolucionario."

Un murmullo de sorpresa y alarma recorrió la sala. Los generales intercambiaron miradas de incredulidad y asombro.

"¡Eso es imposible!". Gritó uno de ellos, golpeando su puño contra la palma de su mano. "Se suponía que eran nuestros mejores estrategas y combatientes leales al imperio."

"Si esto sigue así, el Ejército Revolucionario podría superar nuestras fuerzas". Dijo otro general, secándose el sudor de la frente. "¿Qué haremos si llegan a nuestras puertas?"

"Debemos tomar medidas inmediatas para eliminarlos antes de que crezcan más fuertes". Propuso habló un tercero, adoptando una postura pensativa. "Si permitimos que esto continúe, la estabilidad de la capital estará en grave peligro."

En medio de la creciente ansiedad, la voz del joven emperador resonó con fuerza, imponiendo un repentino silencio en la sala. "¡Todos mantengan la calma!". Ordenó mientras se levantaba de su trono. Aunque era joven, su tono mostraba una autoridad inesperada. "El Ejército Revolucionario se encuentra aún lejos, en el sur. Tenemos tiempo para prepararnos y enfrentarlos. Cuando todos ellos se concentren en un solo lugar, los aplastaremos de una vez por todas."

El emperador giró su mirada hacia Honest, buscando consejo. "Primer Ministro Honest, ¿qué opina usted?".

De pie junto al trono estaba el primer ministro Honest. En una mano sostenía un trozo de carne que devoraba grotescamente, mientras su otra mano gesticulaba con énfasis al hablar.

"Su Majestad, su estrategia es prometedora. Es evidente que su juicio mejora cada día". Dijo Honest con una sonrisa que pretendía ser tranquilizadora pero que revelaba su verdadera naturaleza. Su voz grave resonaba en la sala, aunque su manera de comer distrajo a más de uno. "Sin embargo, no podemos ignorar a los asesinos que acechan en nuestra capital". Agregó, su tono adoptando una seriedad más sombría mientras masticaba ruidosamente.

"Han eliminado a Ogro, capitán de la guardia imperial, a Yokai, un miembro de mi propia familia, y a Zank, el verdugo. Peor aún, lograron apoderarse de un Teigu".

Los murmullos de los generales y políticos llenaron la sala, pero el emperador permaneció imperturbable, escuchando con atención. Honest continuó. "Night Raid nos está golpeando sin piedad. Todo este estrés me está costando caro e aumentado de peso por culpa de ellos". Dijo, dando una palmada a su abdomen con fingida preocupación, aunque su voz denotaba desprecio por sus enemigos.

"No podemos tolerarlo más. Debemos enviar un mensaje contundente. Ordeno que se envíe una convocatoria urgente al Norte. Es hora, de que la general Esdeath regrese". Su voz resonó con una mezcla de ira y triunfo.

El anuncio dejó a la sala en silencio. Los presentes se miraron entre sí, sorprendidos. La mención de Esdeath, conocida tanto por su extrema brutalidad como por su gran lealtad al imperio, generaba tanto temor como respeto. Incluso más que el Primer Ministro.

"Primer ministro, ¿no cree que esta decisión es precipitada?". Dijo uno de los generales, con evidente nerviosismo. "El gran general Budo, es el responsable del bienestar del imperio, debería ser qui...".

"Budo es demasiado orgulloso para ensuciarse las manos persiguiendo a simples asesinos". Interrumpió Honest, su tono cortante y despectivo. "Ignoraría mi solicitud, como lo ha hecho antes. En cambio, Esdeath... ella es nuestra mejor arma. Una fuerza imparable que garantizará nuestra victoria no solo contra los asesinos, sino también contra cualquier rebelión". Dijo Honest con una sonrisa calculada.

Por primera vez, agradecía el orgullo de Budo, pues le daba la excusa perfecta para traer de vuelta a Esdeath, su arma secreta, su as bajo la manga.

El joven emperador, aún dubitativo, miró al primer ministro con una expresión pensativa. "Esdeath es una estratega brillante y una combatiente incomparable. Su regreso podría ser lo que necesitamos para restaurar el orden".

Honest, percibiendo que había convencido al emperador, esbozó una sonrisa triunfal. "Así es, su Majestad. Ella ya demostró su valía aniquilando a los rebeldes del Norte. Con ella aquí, cazaremos a cada asesino, a cada rebelde, a cualquiera que se atreva a desafiar la autoridad del imperio. ¡No quedará ni uno de ellos!".

El emperador asintió lentamente, y así su decisión fue tomada. "Manden el comunicado. Que la general Esdeath regrese lo más rápido posible."

"Como ordene, su Majestad". Respondieron al unísono los generales antes de retirarse, dejando al emperador a solas con Honest.

Una vez que las puertas se cerraron, el emperador expresó su inquietud. "Primer ministro, ¿Realmente creé que traer de nuevo a Esdeath solucionará todo?".

Honest, con una sonrisa que pretendía ser tranquilizadora pero que destilaba manipulación, respondió. "No se preocupe, su Majestad. Con Esdeath aquí, el caos se disipará. Todo estará bajo control, como siempre lo ha estado".

El joven emperador asintió, aunque en su interior persistían las dudas. Confíaba en su primer ministro. El era quien siempre lo aconsejaba, y lo apoyaba en cualquier duda que él tuviera. Y nuevamente lo estaba haciendo.

Honest, por su parte, observó al emperador con satisfacción. Había plantado la semilla de su plan, y ahora solo restaba esperar a que la general Esdeath volviera para que ella ejecutara su voluntad. Asegurando no solo el control del imperio en sus manos. Sino también, su posición como el verdadero titiritero y mente maestra detrás del trono.


Capital Imperial – 6:00 pm (Barrios marginales de la capital)

Tatsumi se encontraba oculto tras una vieja casa, su pecho subía y bajaba con rapidez mientras recuperaba el aliento. Se asomó cautelosamente desde un costado, observando cómo sus perseguidores se alejaban apresuradamente en línea recta. No mostraban señales de buscar en otra dirección.

Con un suspiro de alivio, Tatsumi salió de su escondite. "Por fin los perdí". Dijo para sí mismo, relajando ligeramente su postura.

Una sonrisa asomó en su rostro al pensar en lo bien que había salido de aquella situación.

"Bueno, no estuvo tan mal, ¿verdad, Leone?". Preguntó instintivamente, girándose hacia donde esperaba encontrar a su compañera. Sin embargo, al mirar, no había nadie a su lado.

Tatsumi parpadeó, confundido. Pasaron unos segundos antes de que recordara que él y Leone habían tomado caminos distintos para despistar a sus perseguidores. "Claro, nos separamos...". Dijo en voz baja, rascándose la nuca con frustración. "¡Qué gran idea, Tatsumi!. Ahora estoy perdido". Dijo, casi gritando a su alrededor.

Cruzándose de brazos, miró a su alrededor. El barrio marginal donde estaba parecía un laberinto de calles estrechas y edificios desgastados. "Supongo que tendré que preguntarle a alguien... Aunque, también podría pedirle ayuda a Onyx". Pensó, refiriéndose a su Teigu.

De inmediato, como si hubiera escuchado su pensamiento, la voz de Onyx resonó en su mente.

"Portador, ten cuidado. Alguien se acerca. Y esa persona lleva consigo un Teigu".

Tatsumi se puso alerta al instante.

"¿Un Teigu?. ¿Estás seguro?". Susurró, pero Onyx ya no respondió.

"Onyx, ¿Estás ahí?". Tatsumi preguntó a su compañero pero el no respondió. "Onyx". El castaño susurro casi triste por la forma tan corta y distante que su Teigu le hablá.

El castaño de verdad extrañaba la antigua forma en como ellos hablaban entre sí. De verdad, lo extrañaba. Pero antes de que pudiera reflexionar más, una voz femenina lo llamó desde detrás.

"¡Oye, tú!".

Tatsumi se giró rápidamente, su mano instintivamente buscando la empuñadura de su espada oculta bajo su ropa. Aunque intentaba mantenerse calmado, no podía ignorar la advertencia de Onyx.

Frente a él se encontraba una joven de cabello castaño rojizo atado en una larga cola de caballo que casi le llegaba al suelo. Sus ojos ámbar brillaban con determinación, y su uniforme militar delataba su afiliación. Era parte de la guardia imperial.

Ella se acercaba corriendo, y algo captó la atención de Tatsumi. Arrastraba tras de sí una pequeña criatura atada con una correa. Al principio, pensó que era un perro común, pero pronto lo reconoció.

"No puede ser...". Susurró, sintiendo cómo un escalofrío recorría su espalda. Aquella criatura era Hekatonkheires, el Teigu en forma de bestia mágica que había visto descrito en el libro que Najenda le dio. Uno de los Teigu más poderosos.Y también, uno de los más peligrosos.

La joven se detuvo a pocos pasos de Tatsumi, llevándose una mano a la cabeza en un saludo formal. "¡Hola!, Soy Seryu Ubiquitous, soldado de la guardia imperial. Te vi parado aquí y pensé que podrías necesitar ayuda".

Tatsumi intentó mantener la calma, aunque su mente trabajaba frenéticamente. "Gracias, pero estoy bien. Bueno, más o menos...". Dijo con una sonrisa nerviosa. "Solo,...estoy,...algo perdido".

Los ojos de Seryu brillaron con entusiasmo al escuchar eso. "¡Oh!. ¡Qué suerte que mi sentido de justicia me guió hasta aquí! ¡Estoy aquí para ayudarte!".

La palabra "justicia" llamó la atención de Tatsumi. "¿Sentido de justicia?". Preguntó, ligeramente confundido.

Seryu asintió vigorosamente. "¡Así es!. Mi sentido de justicia siempre me alerta cuando alguien necesita ayuda... ¡O cuando alguien está haciendo algo malo!". Dijo con una mezcla de orgullo y emoción. "Si alguien ha hecho algo incorrecto, ¡yo me encargo de llevarlo ante la justicia!".

Tatsumi la observó por un momento, tratando de procesar sus palabras. Algo en su determinación y pasión genuina lo desarmó. Por un breve instante, pensó que tal vez no todos en el imperio eran corruptos. Y ése pensamiento, realmente, le había provocado una genuina sensación de felicidad. "Es bueno ver que todavía hay gente como tú en un lugar tan... complicado como este." Dijo sonriendo, sintiéndose un poco más relajado.

Tatsumi miro a la joven y dijo ahora un poco más alegre. "Entonces, ¿Tu llevas la justicia a donde sea?". Preguntó queriendo escuchar más sobre la justicia de la jóven.

Seryu sonrió ampliamente. "¡Exacto!. ¡Yo impongo la justicia donde sea que el mal este!. ¡La justicia siempre prevalecerá!". Exclamó con energía, para luego inclinar la cabeza con curiosidad. "Pero dime, ¿Qué haces en un lugar como este?. No pareces alguien de los barrios marginales".

Tatsumi vaciló, buscando una respuesta que no levantara sospechas. "Bueno, vine aquí por un... asunto personal, pero me desvié del camino". Dijo, rascándose la cabeza. "Aunque recuerdo el lugar donde estaba no conozco mucho este lugar. De casualidad, ¿Podrías llevarme a ese lugar si te lo digo?".

Seryu asintió con entusiasmo. "¡Por supuesto que puedo guiarte! Pero antes...". Su expresión cambió, adoptando un aire solemne mientras señalaba hacia el pequeño perro blanco que descansaba cerca. "Quiero presentarte a mi Teigu, Koro".

Tatsumi siguió la dirección de su mano, observando al Teigu con cautela. Sabía que Koro no era una simple criatura. Bajo esa apariencia dócil y casi adorable se escondía un arma letal, diseñada para servir a la justicia según los estándares del Imperio.

"Koro es más que un compañero". Continuó Seryu con orgullo mientras levantaba al pequeño perro en brazos. "Juntos atrapamos a los criminales más peligrosos de la capital. Es un verdadero instrumento de justicia, ¿No es así Koro?".

El pequeño Teigu hizo un sonido extraño, mientras movía sus brazos.

El castaño tragó saliva, miro al Teigu evaluando. Koro también lo observaba con ojos redondos e intensos, y aunque parecía inofensivo, y tierno. Tatsumi sentía una ligera tensión en el aire. Había leído sobre este Teigu en el libro que Najenda le proporcionó. Aún con su apariencia era engañosa; Koro era extremadamente peligroso en combate.

"Si quieres, puedes tocarlo". Dijo Seryu con una sonrisa, tomando a Koro en sus brazos y acercando hacia Tatsumi.

"¿Tocarlo?". Repitió él, claramente desconfiado.

Seryu notó la vacilación en su expresión y, tratando de tranquilizarlo, añadió. "No te preocupes. Koro solo ataca a las personas malvadas. Es incapaz de dañar a alguien inocente y puro. Estoy segura de que no tienes nada que temer".

Aunque sus palabras pretendían ser reconfortantes, Tatsumi sintió una punzada de nerviosismo. Su vida con Night Raid lo posicionaba directamente en contra de las leyes del Imperio, incluso si sus acciones iban dirigidas contra la corrupción y la tiranía. Aún asi, no sabía si era lo hacía del todo, puro e inocente. ¿Podría Koro percibir eso?.

El joven rió nerviosamente. "Bueno,... eso suena tranquilizador". Dijo, aunque no estaba del todo convencido.

Un lado de él le decía que debía rechazar la oferta, pero otro, quizá movido por la curiosidad, lo empujaba a aceptar. Después de unos segundos de duda, extendió la mano lentamente hacia Koro, dispuesto a tocarlo.

El pequeño Teigu siguió cada movimiento con la mirada, inmóvil al principio en los brazos de su usuaria. Y justo cuando los dedos de Tatsumi estaban a punto de rozar su pelaje, Koro saltó inesperadamente de los brazos de Seryu.

"¡¿Eh?!". Exclamaron ambos al unísono, sorprendidos.

Antes de que Tatsumi pudiera reaccionar, Koro se lanzó hacia él, colocando sus patas alrededor de su cuello. Por un instante, el castaño se quedó helado. Su mente comenzó a trabajar frenéticamente, temiendo lo peor. ¿Había descubierto que trabajaba con Night Raid?. ¿Estaba a punto de atacarlo?. ¿Iba a morir?.

Tatsumi estuvo apunto de apartar al Teigu, pero entonces notó algo extraño. Koro no aplicaba fuerza. Al contrario, sus patas estaban firmemente alrededor de su cuello, pero no apretaban. El estaba,... ¿abrazándolo?.

Confundido, Tatsumi relajó su postura y puso las manos sobre las pequeñas patas del Teigu. Confirmó que, efectivamente, no intentaba dañarlo. "¿Qué...?". habló, sin saber cómo reaccionar.

Seryu lo miraba boquiabierta. "¡Esto es increíble!". Exclamó, con los ojos brillando de asombro. "¡Koro nunca hace eso con nadie más!".

"¿En serio?". Preguntó Tatsumi, aún sosteniendo al pequeño Teigu que no parecía tener intención de soltarlo.

"Sí. Koro es muy selectivo con las personas. Normalmente, solo se muestra cariñoso conmigo. ¡Nunca había hecho algo así con un extraño!". La joven se llevó una mano al mentón, adoptando una expresión pensativa. "Me pregunto, ¿Por qué lo hará contigo... ?".

Tatsumi reflexionó unos segundos antes de responder. Creía tener la respuesta a ésto. Pero no esta seguro de si era la correcta. Aún así lo dijo. "Tal vez,... es porque ambos compartimos un fuerte sentido de la justicia".

La respuesta de Tatsumi hizo que Seryu se quedara inmóvil por un momento, mirándolo fijamente. Luego, una sonrisa suave apareció en su rostro, acompañada por un ligero sonrojo. "Eso tiene sentido". Dijo con calidez. "Puedo verlo en tus ojos. Aunque no nos conocemos mucho, siento que tienes un corazón puro y un deseo genuino de proteger a los demás. ¡Quizá el destino nos haya cruzado por algo!".

Tatsumi no supo qué decir ante ese comentario. Por un lado, sentía un leve remordimiento por no ser completamente honesto con ella. Pero por otro, no podía negar que sus intenciones, aunque en conflicto con las de Seryu, también estaban impulsadas por un deseo de justicia.

El castaño siguió abrazando a Koro, quien emitía suaves sonidos que Tatsumi no entendía del todo, pero que extrañamente lo llenaban de tranquilidad. Por un instante, olvidó las tensiones de su doble vida y se permitió disfrutar del peculiar momento.

Seryu lo observaba con una mezcla de admiración y curiosidad. "Quizá,... somos más parecidos de lo que pensé, Tatsumi". Dijo la joven guardia mientras seguía viendo el abrazo entre el castaño y su Teigu.

El joven levantó la mirada hacia ella, sorprendido por sus palabras. Sin decir nada, le dedicó una leve sonrisa, mientras Koro, aún aferrado a su cuello, parecía estar de acuerdo.


Capital Imperial – 6:30 pm. (Barrios marginales)

La brisa vespertina recorría las calles llenas de grietas y sombras, mientras Tatsumi y Seryu caminaban juntos por los barrios marginales de la capital. El castaño no pudo evitar notar cómo el lugar estaba plagado de pobreza y desesperación. Cada esquina parecía contar una historia de miseria, y eso lo hacía sentirse más decidido en su misión.

Durante el camino, la conversación entre ambos fluyó con sorprendente naturalidad. Hablaron de muchas cosas, pero el tema que siempre parecía regresar era la justicia.

"La justicia lo es todo para mí, Tatsumi". Dijo Seryu con una pasión que hizo que su voz retumbara en el aire. "Entrené desde niña para poder eliminar el mal, sin importar el costo. Si debo sacrificar todo para asegurarme de que la justicia prevalezca, lo haré sin dudar".

Tatsumi la escuchaba en silencio, asombrado por la intensidad de sus palabras. Nunca había conocido a alguien con una convicción tan ardiente. Para Seryu, la justicia no era solo un ideal. Era su propósito, su razón de ser.

"Eso es admirable, Seryu". Dijo finalmente, mirando el rostro iluminado de la joven. "Es difícil encontrar a alguien tan comprometido con lo que cree".

"¿Y tú?". Preguntó ella, con una sonrisa curiosa. "¿Qué significa la justicia para ti?".

Tatsumi tardó en responder. Sabía que debía ser cauteloso con lo que decía. Después de todo, aunque compartían ideales similares, sus caminos para alcanzarlos eran diametralmente opuestos. "Para mí, la justicia es dar esperanza a quienes han perdido todo por culpa del mal". Respondió al fin, eligiendo cuidadosamente sus palabras. "Significa proteger a los inocentes y luchar por un futuro mejor, incluso si eso significa enfrentarse a cosas,... difíciles de aceptar. Pero también, nunca debes olvidar tus propios principios e ideales, con los que comenzaste".

Seryu asintió con seriedad, aparentemente satisfecha con su respuesta. "Es bueno saber que compartimos el mismo objetivo, Tatsumi. La justicia necesita más aliados como tú".

Mientras caminaban, Tatsumi se sorprendió de cuánto estaba disfrutando la compañía de Seryu. A pesar de ser parte de la guardia imperial, ella era honesta y apasionada. El castaño sentía, que su sentido del deber no parecía estar contaminado por la corrupción que infectaba a tantos otros. Por un momento, se permitió sentirse esperanzado. "Tal vez aún quedaba algo de bondad en el Imperio". Pensó en su mente.

Finalmente, llegaron al lugar donde Tatsumi había indicado que se separaran.

"Bueno, aquí es". Dijo Seryu, deteniéndose frente a una calle angosta. "La verdad, fue un gusto conocerte, Tatsumi. Me hubiera encantado tener más tiempo para hablar contigo sobre la justicia". Su voz cargaba un ligero tono de tristeza.

El castaño sonrió, aunque también se sentía un poco desanimado. "A mí también me gustó hablar contigo, Seryu". Miró hacia el cielo que empezaba a teñirse de naranja y añadió con confianza. "Pero algo me dice que nos volveremos a encontrar".

Seryu lo miró con una mezcla de sorpresa y alegría, una leve sonrisa curvándose en sus labios. "Sí, tienes razón. Mientras exista el mal, estoy segura de que nuestros caminos volverán a cruzarse".

Ella extendió su mano hacia él, y Tatsumi, con una sonrisa, la estrechó. "Mientras el mal exista, estaremos ahí para enfrentarlo". Dijo, recordando las palabras que habían compartido momentos antes.

Sin embargo, cuando Seryu se dispuso a despedirse, notó algo extraño. "Koro, ya puedes soltarlo". Dijo, señalando a su Teigu, que seguía aferrado al pecho de Tatsumi.

El pequeño Koro, que ahora descansaba cómodamente sobre él, no mostró intención de moverse. Tatsumi miró a Seryu, algo incómodo. "Parece que le agrado más de lo que pensábamos". Comentó con una sonrisa nerviosa.

"Koro, tenemos trabajo que hacer. ¡Ven aquí!". Dijo Seryu, con un tono más alegré, pero firme.

Pero el Teigu seguía inmóvil. Al ver que sus palabras no tenían efecto, Seryu frunció el ceño, claramente confundida. Tatsumi, sintiéndose cada vez más incómodo, decidió intervenir.

"Oye, amiguito". Dijo, mirando al pequeño Teigu. "Es hora de volver con tu dueña".

Koro alzó la cabeza, mirándolo con ojos negros llenos de una expresión extrañamente comprensiva. Después de un momento, giró para mirar a Seryu, quien estaba de pie con los brazos extendidos, esperándolo. Finalmente, con un movimiento ágil, saltó hacia ella.

Seryu lo atrapó en sus brazos, soltando un suspiro de alivio. "Buen chico, no vuelvas a hacer eso. Me asustaste por un momento".

Tatsumi observó la escena con una leve sonrisa. Había algo conmovedor en el vínculo entre la joven y su Teigu. Por un instante, recordó a Onyx, su propio Teigu. El castaño recordó como el también había dado un abrazo similar al que le dió a Onyx, ése recuerdo lo lleno de una mezcla de felicidad y melancolía.

"Bueno, Tatsumi, es hora de irme. El mal está ahí fuera, y alguien tiene que detenerlo". Dijo Seryu mientras ajustaba la correa de Koro.

"Cuídate, Seryu. Y suerte en tu misión". Respondió Tatsumi, levantando una mano para despedirse.

Seryu sin decir otra palabra más se fue alejándose del castaño. Mientras la veía alejarse, Tatsumi no pudo evitar reflexionar sobre todo lo que había ocurrido. "Una guardia imperial con un Teigu poderoso,... debería informar al resto del equipo". Pensó en voz baja. Pero luego, sus pensamientos cambiaron. "Aunque no creo que sea una enemiga. Si ambos luchamos por la justicia, tal vez podríamos ser aliados".

Miró hacia el cielo, sintiendo una leve punzada de nostalgia. "¿Qué opinas, Onyx?". Preguntó en su mente, pero no obtuvo respuesta.

Suspiró profundamente, un peso cayendo sobre su corazón. "Ojalá tú y yo tuviéramos la misma relación que tienen Seryu y Koro,... como la que teníamos antes".

Con esa última reflexión, Tatsumi giró sobre sus talones y comenzó a caminar hacia su próximo tarea. Encontrar a Leone y mientras lo hacía, en su mente resonaba el eco de las palabras de Seryu resonando en su mente. "Mientras exista el mal, nosotros estaremos ahí para enfrentarlo".

Tatsumi sonrió por esas palabras. "Y así será, Seryu. Asi será".


Capital Imperial – 7:00 pm (Calles principales)

Seryu corría por las calles de la capital, con Koro arrastrándose detrás de ella, aferrado a su correa. El pequeño Teigu hacía sonidos como si quisiera decir algo con entusiasmo, aparentemente disfrutando del frenesí del movimiento, mientras Seryu mantenía su mirada fija hacia adelante. Su mente estaba lejos de las calles concurridas o de los transeúntes que se apartaban rápidamente de su camino.

La joven guardia, pensaba en el joven castaño con quien había pasado parte del día. "Tatsumi...". Murmuró en voz baja, con una leve sonrisa en sus labios. "Es un buen chico, alguien como yo".

Seryu recordó la calidez de su conversación, cómo ambos habían compartido ideales sobre la justicia y la importancia de proteger a los inocentes. Para ella, había sido un encuentro inspirador. "Él quiere ayudar a las personas, al igual que yo". Dijo en voz alta, mientras su sonrisa se ampliaba por un momento. "Ayudar a los demás es el mayor deber de alguien que lucha por la justicia".

Pero su expresión alegre se desvaneció rápidamente, dando paso a una mirada sombría y determinada. Sus pasos se hicieron más rápidos, y sus manos apretaron con fuerza la correa de Koro.

"Pero también... debo cumplir con mi misión". Continuó, sus ojos volviéndose fríos y duros. "Debo encontrar y destruir a Night Raid".

El nombre resonó en su mente como un eco oscuro, llenándola de rabia. Seryu apretó los dientes con tanta fuerza que casi dolió, mientras los recuerdos comenzaron a inundar su mente.

Su mentor, el capitán Ogro, era un hombre de pocas palabras pero con una presencia imponente. Recordaba las largas sesiones de entrenamiento bajo su supervisión, sus constantes lecciones sobre disciplina, justicia y el deber de erradicar el mal sin dudar.

"Seryu, la justicia no es fácil ni limpia". Decía Ogro mientras le entregaba una espada durante uno de sus entrenamientos. "Es una carga pesada, pero alguien tiene que cargar con ella. Si no lo hacemos nosotros, ¿quién protegerá a los inocentes?".

Ella había absorbido esas palabras como si fueran un mantra. Ogro no solo era su mentor. Era como un padre para ella, alguien en quien confiaba ciegamente.

Pero ese vínculo se rompió de forma cruel y violenta.

Una noche que encontró el cuerpo de Ogro fue una que Seryu jamás olvidaría. Estaba patrullando un barrio marginal cuando vio un grupo de civiles aglomerados alrededor de un callejón oscuro. Al acercarse, el olor metálico de la sangre le golpeó como una bofetada.

"¡Apártense!". Seryu grito mientras empujaba a las personas curiosos y acercaba más hacía el lugar donde estaban viendo.

Lo que vio la dejó paralizada. El cuerpo de Ogro yacía en el suelo, destrozado de manera brutal. Sus extremidades habían sido cortadas con una gran precisión, y su cabeza estaba separada de su cuerpo. Seryu cayó de rodillas junto al cadáver, sus ojos llenándose de lágrimas mientras un grito desgarrador escapaba de su garganta.

"¡Capitán Ogro!. ¡No!".Su voz resonó en el callejón, cargada de dolor y sufrimiento.

Esa noche, Seryu juró vengarse. Mientras abrazaba el cuerpo desmembrado sin vida de su mentor, su mente ardía con un solo pensamiento. Justicia.

Ahora, mientras corría por las calles de la capital, ese juramento seguía ardiendo dentro de ella como un fuego inextinguible. "Night Raid...". Murmuró, apretando aún más la correa de Koro, quien soltó un pequeño sonido parecido aún gruñido al percibir el cambio en su dueña.

Night Raid era la fuente de todos sus tormentos, el grupo de asesinos que había matado a Ogro y a tantas otras personas inocentes en la capital. Desde su perspectiva, ellos eran el mal encarnado, una enfermedad, que debía ser extirpado a toda costa.

"¡Los haré pagar!". Gruñó, sus palabras cargadas de odio y determinación.

Koro volvió a emitir y sonido, parecido aun ladrido con fuerza, como si compartiera la furia de su dueña.

Seryu recordó la sensación de vacío que la había invadido al perder a Ogro, pero ese vacío ahora estaba lleno de una misión clara. Para ella, no importaba cuánto tiempo tomara, ni cuántos sacrificios tuviera que hacer. Destruir a Night Raid era su deber, su responsabilidad.

Miró hacia adelante, sus ojos brillando con una mezcla de ira y resolución. "Por mi padre... y por el capitán Ogro. Juro que no descansaré hasta que cada miembro de Night Raid sea eliminado".

Con esas palabras resonando en su mente, Seryu continuó corriendo, arrastrada por el peso de sus recuerdos y el impulso implacable de su misión. La noche apenas comenzaba, y la guardia imperial tenía mucho trabajo por delante.


Capital Imperial - 7:30 pm (Zona Roja de la Capital)

La atmósfera en la Zona Roja de la capital era... intensa, casi asfixiante. Una mezcla de luces parpadeantes, risas estridentes, y el aroma de tabaco y perfume barato llenaban el aire. Para un lugar donde la prostitución y el consumo de drogas eran permitidos,...y celebrados por algunos..., este ambiente no era una sorpresa. Sin embargo, Tatsumi no podía evitar sentirse fuera de lugar.

Estaba parado en el techo de un edificio, observando el bullicio desde las alturas. Más específicamente, sobre una casa de acompañantes nocturnas, o, como otros la llamarían sin rodeos, un burdel. El castaño miraba con cierto nerviosismo las calles iluminadas debajo de él, donde mujeres vestidas con ropas reveladoras se apoyaban en las esquinas o se inclinaban desde los balcones, haciendo señales provocativas a los hombres que pasaban.

Algunos de ellos aceptaban la invitación y eran conducidos a hoteles cercanos. Tatsumi apartaba la mirada cada vez que veía estas escenas. Aunque llevaba puesta su máscara para cubrir su identidad, el calor en sus mejillas era inconfundible.

"Este lugar... hace que mi corazón lata más rápido". Dijo, claramente incómodo mientras trataba de enfocarse en la misión.

Leone, quien estaba a su lado, no pudo evitar soltar una carcajada al escuchar su comentario. "¡Oh, Tatsumi! Tu sinceridad es simplemente adorable". Dijo la rubia, burlándose con un tono travieso mientras cruzaba los brazos.

El castaño la miró de reojo, claramente avergonzado. "Oye, Leone, ¿cuánto más tenemos que estar aquí?". Preguntó, intentando cambiar el tema mientras fingía observar el entorno.

Leone se encogió de hombros, aún con una sonrisa divertida en el rostro. "Tranquilo, chico. Solo un poco más. Debemos esperar el momento perfecto para movernos".

Tatsumi suspiró, intentando controlar su incomodidad. No solo era el ambiente del lugar; también había recibido miradas coquetas de varias mujeres al llegar. Incluso con su máscara, sentía sus ojos evaluándolo, lo que hacía que su rostro se calentara aún más.

La rubia, notando su incomodidad, decidió concentrarse en su trabajo. Miró hacia un lado, y sus ojos captaron movimiento entre las sombras. "Ahí está. Es nuestra señal". Dijo de repente, su voz adquiriendo un tono más serio mientras una sonrisa salvaje curvaba sus labios. "Es hora de trabajar".

Leone estiró los brazos y ajustó su cinturón, su Teigu, mientras se preparaba para entrar en acción. "Leonell... ¡Transformación!".

Ante sus palabras, un fuego dorado envolvió su cuerpo, acompañado por el rugido inconfundible de un león. Una luz amarilla iluminó el techo donde estaban parados, y el cuerpo de Leone comenzó a cambiar. Sus manos se transformaron en garras cubiertas de pelaje dorado, una cola apareció detrás de ella, y su cabello creció en una melena salvaje que le llegaba hasta la espalda. Sus ojos adquirieron un brillo feroz, casi felino, mientras sus orejas se alargaban en formas animalísticas.

Tatsumi observó la transformación con fascinación, recordando la primera vez que había presenciado esta forma durante su misión con los hermanos Korobe. En esa ocasión, estaba tan molesto por las circunstancias que no había tenido tiempo de admirarla como debía. Ahora, sin eso, no pudo evitar sentirse genuinamente impresionado.

"Guau... Te ves increíble". Dijo, con honestidad, mientras aplaudía suavemente, sin darse cuenta de lo infantil que parecía.

Leone rió con orgullo, mostrando sus colmillos afilados. "Sabía que te gustaría, pequeño". Dijo mientras hacía crujir sus nudillos. "Ahora, enfoquémonos. Tenemos trabajo que hacer".

El castaño asintió, ajustando tanto su máscara para cubrir mejor su rostro, como Onyx en su espalda y adoptando una postura más seria. "Te sigo, Leone".

"Así me gusta". Respondió con una sonrisa antes de flexionar las piernas y lanzarse del techo con un poderoso salto.

Tatsumi la siguió, saltando de un edificio a otro con movimientos más pequeños y precisos, tratando de mantenerse cerca. Mientras avanzaban, sus pensamientos volvieron a su conversación con Seryu más temprano ese día. Tatsumi le había contado a Leone, sobre su conversación con la miembro de la Guardia Imperial, sobre el Teigu y la posibilidad de una alianza inesperada. Leone había escuchado con atención, prometiendo mantener la información en secreto hasta poder compartirla con el resto del equipo. Tatsumi estaba muy ansioso por hablar con los demás con respecto a Seryu. Ya que, el castaño había visto algo en ella, en sus palabras y su pasión por la justicia, que lo había hecho dudar. ¿Podría alguien como ella convertirse en una posible aliada?.

El castaño no compartió estas reflexiones con Leone. Primero quería discutir esas dudas con el resto del equipo. Por ahora, tenía que concentrarse en la misión.

Leone, más adelante, le hizo un gesto para que se apresurara. "¡Vamos, chico! No querrás perderte toda la acción, ¿verdad?".

Tatsumi, decidido, aceleró el paso mientras los dos se acercaban a su objetivo. La noche en la capital apenas comenzaba, y la Zona Roja pronto se convertiría en el escenario de otra batalla en la lucha por la justicia... o lo que cada uno consideraba como tal.


Dentro de la Mansión Principal - Zona Roja de la Capital

Tatsumi y Leone se movían con sigilo por la vasta mansión que se alzaba como el edificio más imponente de la Zona Roja. Esta opulenta estructura, conocida por albergar actividades turbias, estaba rodeada de guardias armados que patrullaban cada rincón. A pesar de ello, gracias a la velocidad y agilidad de ambos, lograron infiltrarse sin levantar sospechas.

Entraron por un ático abandonado, un lugar cubierto de polvo y telarañas que parecía haber sido olvidado por completo. Leone se limpió la frente, aunque apenas había sudado. "Bien, estamos dentro". Dijo en voz baja, con un tono satisfecho.

Tatsumi ajustó la empuñadura de su espada mientras observaba el lugar. "¿Y ahora?. ¿Qué hacemos?".

Leone se agachó y empezó a inspeccionar el suelo con cuidado. Sus dedos encontraron una rendija en las tablas podridas, y con un movimiento rápido, levantó una sección para revelar lo que había debajo. "Ven aquí, Tatsumi. Mira esto".

El castaño obedeció, inclinándose junto a ella. Sus ojos se posaron en una escena que lo dejó sin palabras.

En el amplio salón debajo de ellos, docenas de mujeres vestían atuendos provocativos similares a los de las calles. Muchas estaban sentadas alrededor de una olla grande que humeaba con un vapor espeso y nauseabundo. El olor subió hasta ellos, obligando a Tatsumi a taparse la nariz.

"¿Qué demonios es eso?" Preguntó, conteniendo las náuseas. "¿Que rayos es éso?".

Leone entrecerró los ojos, sus orejas de leona temblando por la rabia contenida. "Es una droga. Una muy fuerte. La usan para mantenerlas,... sumisas".

Tatsumi observó con atención. Las mujeres tenían miradas vacías, como si sus almas hubieran sido drenadas. Algunas reían sin control, mientras que otras apenas podían mantenerse conscientes. La escena era desgarradora, y una tristeza amarga invadió el corazón del castaño.

De repente, la puerta de la sala se abrió con fuerza, y dos hombres entraron. Ambos vestían trajes elegantes, pero sus expresiones eran de pura crueldad. Uno de ellos, alto y robusto, llevaba un cigarro entre los labios. Su compañero, más bajo y delgado, sonreía con desprecio.

"¡Escuchen bien, perras!". Dijo el hombre alto, con una voz grave que resonó en la sala. "Mientras sigan llenando nuestras bolsas con dinero, nosotros seguiremos dándoles su "dulce", ¿Entendido?".

"¡Sí!". Respondieron las mujeres al unísono, con sonrisas distorsionadas por el delirio.

El hombre bajo empezó a caminar por la sala, inspeccionando a las mujeres con ojos críticos. Se detuvo frente a una que estaba tumbada en el suelo, riendo sin control. "Oye, jefe. Esta ya no sirve". Dijo, dándole un empujón con el pie.

El hombre alto se acercó y frunció el ceño al olerla. "Tienes razón. Está completamente ida. Huele a basura. Deshazte de ella y trae a otra".

La mujer, aún en el suelo, levantó una mano temblorosa hacia ellos. "Por favor... solo un poco más... ". Imploró con una voz quebrada.

El hombre bajo reaccionó de inmediato, lanzándole un puñetazo que la dejó con un moretón en el rostro y sangre brotando de su nariz. "¡No me toques, escoria!". Gritó, limpiándose la mano con asco.

Desde el ático, Tatsumi y Leone observaron la escena con expresiones de furia contenida.

Los hombres se giraron para salir de la sala. "Iremos a los barrios bajos. Hay más carne fresca esperando por un poco de dinero". Dijo el hombre bajo, riendo de manera sádica.

"Sí, esos idiotas harán cualquier cosa por unas monedas". Agregó el alto mientras cerraban la puerta detrás de ellos.

Arriba, Leone cerró los puños con tanta fuerza que sus garras dejaron marcas en las tablas del suelo. "¡Esos bastardos!". Habló, su voz un rugido bajo. "Esa chica,... la conocía. Era de los barrios bajos. Era una buena persona...".

Tatsumi la miró sorprendido. Leone, con la cabeza agachada, respiraba profundamente mientras intentaba controlar su enojo. Finalmente, golpeó sus manos entre sí con fuerza. "Esto es imperdonable. Mataré a cada uno de ellos".

Tatsumi desvió la mirada hacia el suelo. La furia también hervía en su interior, pero también sentía un conflicto. Matar era algo que siempre trataba de evitar, incluso en las peores circunstancias. Sin embargo, lo que estos hombres estaban haciendo era monstruoso. Abusar de mujeres vulnerables, explotarlas y destruir sus vidas solo por dinero,...¿Podría realmente éstos tipos ser perdonados por tales crimenes?.

De repente, una voz resonó en su mente, fría y directa. Era casi, como un susurró. Casi como si le estuviera dando un consejo. Casi, como si le estuviera diciéndole, que hacer. Era Onyx, su Teigu, quien estaba hablando. Y lo que dijo era una palabra tenue, pero clara. "Mátalos".

Tatsumi se sobresaltó por lo que escucho y, confundido, intentó responder en su mente. "¿Onyx?. ¿Qué has dicho?".

Pero no obtuvo respuesta. La conexión mental se cortó abruptamente, dejándolo con una sensación de inquietud.

Leone lo miró, percibiendo su distracción

"¿Tatsumi?. ¿Estás listo?". Preguntó, su tono grave pero decidido.

El castaño tomó una bocanada de aire, alejando sus dudas. Ajustó su máscara y asintió con firmeza. "Sí. Vamos a detenerlos".

La rubia esbozó una sonrisa feroz y se preparó para saltar del ático. Tatsumi la siguió, ambos listos para enfrentar el mal que había arraigado en aquel lugar.

En una de las lujosas habitaciones de la mansión, los dos hombres estaban sentados en el suelo, compartiendo un momento de discusión mientras una mujer les hacía compañía. Uno de ellos la acariciaba sin pudor, disfrutando de la sensación mientras tomaba una botella de licor. Alrededor, varios hombres vestidos con trajes oscuros vigilaban con armas en mano. Pistolas y espadas listas para responder a cualquier amenaza.

"Oiga jefe, ¿no cree que es hora de expandirnos?". Dijo uno de los mafiosos, inclinándose hacia adelante con una sonrisa ambiciosa.

El hombre al que se dirigía soltó una carcajada ronca, apretando la botella en su mano. "Tienes razón. Es hora de hablar con uno de los generales. Estoy seguro de que podemos conseguir más territorios y más... recursos". Hizo una pausa para beber, mientras sus dedos seguían jugueteando con la mujer que lo acompañaba.

Pero antes de que pudiera terminar su frase, un sonido ensordecedor interrumpió la conversación. El techo explotó en mil pedazos, llenando la habitación de polvo y escombros. Una nube de humo cubrió el lugar, y el estruendo hizo que los guardias desenfundaran sus armas inmediatamente. Sus miradas se dirigieron al agujero recién formado.

"¡¿Qué demonios fue eso?!". Gritó uno de los hombres, sacando una pistola de su chaqueta.

A medida que el humo se disipaba, dos figuras se hicieron visibles. La primera era una mujer de cabello rubio, con una sonrisa desafiante y rasgos animales que destacaban en su rostro. La segunda figura, envuelta en una chaqueta con capucha oscura y una máscara que ocultaba su identidad, sostenía una espada cuya hoja plateada brillaba a pesar de la penumbra.

"¿Quiénes son ustedes?". Rugió otro de los guardias, apuntando con su arma a los intrusos.

La rubia dio un paso al frente, mostrando una sonrisa burlona. "Nosotros... no somos nadie". Respondía con un tono ligero, antes de adoptar una expresión más seria. "¡Solo somos los que van a enviarlos al infierno!".

El jefe de los mafiosos, pálido por la repentina intrusión, apuntó con un dedo tembloroso hacia los dos. "¡Mátenlos!". Gritó, intentando mantener la compostura mientras sus hombres se lanzaban hacia los intrusos.

Tatsumi, con movimientos veloces, corrió hacia los guardias que lo enfrentaban. Su espada plateada, Onyx, brilló mientras trazaba cortes precisos en sus oponentes. Los guardias apenas pudieron seguir sus movimientos; cuando intentaban reaccionar, ya habían sido neutralizados. Sin embargo, Tatsumi se aseguró de que sus ataques fueran calculados para incapacitar sin matar. El castaño aunque había decidido eliminar a los traficantes, no quería eliminar a los guardias que los protegían.

Por su parte, Leone se vio rodeada por un grupo de hombres armados con espadas. En lugar de asustarse, se rió con desdén. "¿Quieren proteger a esos traficantes de drogas?. Bueno, si así lo prefieren, no me molestaré en enviarlos a volar". Adoptó una postura de combate, lista para el enfrentamiento.

Uno de los guardias, furioso, se lanzó hacia ella. "¡Cállate y muere!".

Leone esquivó su ataque con facilidad y contraatacó con un golpe certero que lo envió a estrellarse contra una pared. Los otros guardias se abalanzaron sobre ella, pero la rubia los esquivó con agilidad, utilizando su fuerza descomunal para derribarlos uno a uno. Cada golpe que daba resonaba como un trueno en la habitación.

Mientras tanto, Tatsumi acabó con el último guardia que lo enfrentaba, guiando la hoja de Onyx hacia su estómago con una precisión quirúrgica. El corte fue lo suficientemente profundo para incapacitar, pero no letal. Satisfecho con su trabajo, Tatsumi giró su atención hacia los dos mafiosos restantes.

El que sostenía la pistola temblaba de miedo. Con voz entrecortada intentó intimidar al joven enmascarado. "N-no te acerques...". Dijo, apuntando directamente a la cabeza de Tatsumi. Pero el castaño siguió avanzando lentamente, con su espada lista.

Pero, de repente, un sonido familiar y perturbador llenó la habitación. El ruido de lo que parecía ser, carne desgarrándose y cuerpos cayendo al suelo. Tatsumi se detuvo en seco y giró la cabeza hacia el lugar de donde provenía el ruido y vió que pudo haber provocado ese ruido. Al hacerlo, vió que los cuerpos de los guardias que había neutralizado, ahora yacían en el suelo, pero no como los había dejado. Estaban partidos por la mitad, sus heridas eran profundas y precisas.

"Esto no puede ser...". Murmuró, su voz cargada de incredulidad. Había sido cuidadoso para no matarlos, pero las evidencias decían lo contrario.

Esto provocó una gran confusión. Una confusión, que hizo bajar la guardia. El mafioso armado aprovechó este momento de descuido, para apuntarle directamente a la cabeza y apretó el gatillo. Sin embargo, antes de que el disparo pudiera efectuarse, un destello plateado cruzó la habitación. El hombre quedó inmóvil, con una sonrisa cruel congelada en su rostro. Un instante después, su cabeza cayó al suelo, seguida por su cuerpo inerte.

Tatsumi, atónito, miró su propia espada. Onyx estaba extendida, como si esta se hubiera movido por propia voluntad . El castaño comenzó a respirar con dificultad mientras trataba de procesar lo ocurrido. El último mafioso, petrificado por el miedo, también notó lo extraño en los movimientos del joven. Su mirada saltaba entre el arma y el enmascarado, como si estuviera viendo algo sobrenatural.

La habitación quedó en un silencio mortal. Tatsumi, todavía en shock, apretó los dientes. Sabía que algo andaba mal con Onyx, pero no esperaba que Onyx decidiera acabar con los guardias de ésa forma. El castaño no entendía porque que Onyx hacía ésto. Y mientras él trataba de entender todo ésto.

Leone se acercó a Tatsumi, con una sonrisa de satisfacción después de haber acabado con los demás hombres. Ahora solo quedaba el último traficante. Sin mediar palabras, puso una mano firme en el hombro del castaño, ofreciéndole una sonrisa de complicidad.

"Veo que lo hiciste bien". Dijo la rubia con un toque de aprobación en su voz. "Pero ahora es mi turno para terminar el trabajo."

Sin esperar una respuesta, Leone avanzó hacia el traficante, quien yacía tambaleante y jadeante tras presenciar la brutal caída de sus hombres. Antes de que pudiera reaccionar, Leone lo sujetó por el cuello con una mano firme, sus garras hundiéndose ligeramente en su piel. El hombre empezó a jadear, intentando en vano liberarse de su agarre. El miedo comenzó a deformar sus facciones.

"Tu turno ha llegado". Declaró Leone, su voz impregnada de una frialdad implacable.

El traficante, al ver que sus esfuerzos por zafarse eran infructuosos, intentó negociar. "Escuchen, ¡escuchen!". Balbuceó con desesperación. "Puedo darles lo que quieran, Dinero, Drogas, Mujeres... ¡lo que sea! Solo... solo déjenme vivir."

Leone inclinó ligeramente la cabeza, como si estuviera considerando sus palabras, pero su sonrisa sombría revelaba lo contrario. "¿Lo que quiera?". Murmuró, haciendo una pausa para mirarlo fijamente a los ojos. "Pues quiero tu vida."

Sin dar oportunidad para más suplicas, Leone cerró su agarre y lo levantó del suelo como si fuera un simple saco de huesos. La desesperación en los ojos del hombre se transformó en odio puro. "¿Quiénes demonios se creen que son?". Logró escupir entre jadeos.

Leone sonrió ampliamente, casi divertida por la pregunta. "Nosotros". Dijo con una calma perturbadora. "Somos solo un par de miserables".

Con un movimiento fulmíneo, lo lanzó con toda su fuerza contra el muro de la habitación. El impacto fue brutal. El sonido de los huesos del traficante rompiéndose resonó en la habitación, seguido del golpe seco de su cuerpo cayendo al suelo. Permaneció inmóvil, con una expresión de terror congelada en su rostro, mientras un hilo de sangre comenzaba a brotar de su boca.

Leone observó la escena con satisfacción, limpiándose las manos como si acabara de terminar una tarea cotidiana. "Bueno, eso fue rápido". Comentó con despreocupación, volviéndose hacia Tatsumi.

Pero Tatsumi no compartía su tranquilidad. Había salido de sus pensamientos justo a tiempo para presenciar el golpe final, y ahora miraba el cuerpo sin vida con una mezcla de horror y disgusto. Aunque sabía que el hombre merecía pagar por sus crímenes, no esperaba que el final fuera tan brutal. Apartó la mirada, incapaz de soportar la escena por más tiempo.

Leone notó su incomodidad y frunció el ceño. "Oye, ¿Qué ocurre?. Pensé que querías acabar con ellos. ¿Esto no es lo que esperabas?".

Tatsumi no respondió de inmediato. En cambio, bajó la mirada hacia la espada que sostenía en su mano. Onyx brillaba con un leve resplandor, como si reaccionara a su conflicto interno. Sus pensamientos estaban en caos. Había aceptado que esos hombres debían morir, pero la violencia extrema con la que habían terminado lo dejaba profundamente inquieto.

"No es eso". Murmuró finalmente. "Solo,... No esperaba que terminara así."

Leone se cruzó de brazos y lo miró con algo de frustración, pero también con comprensión. "Escucha, Tatsumi. Gente como ellos no entiende otro lenguaje que el de la fuerza. Si los dejas vivos, seguirán haciendo daño. Tal vez no sea bonito, pero a veces esto es necesario."

Tatsumi apretó los puños, sin poder evitar sentirse dividido. Mientras tanto, el brillo de Onyx pareció intensificarse por un momento, como si estuviera reaccionando a sus emociones. Por primera vez, comenzó a preguntarse si la influencia de su Teigu, Onyx, estaba comenzando a afectarlo. O si, era algo más que lo influenciaba.


Calles de la Capital - 8:30 pm (Parque cerca de la Zona Roja)

La tenue luz de las farolas apenas alcanzaba para iluminar el parque, mientras Tatsumi y Leone caminaban en silencio entre los árboles. Ambos estaban agotados después de la misión. Aunque habían cumplido su objetivo, Tatsumi no podía dejar de pensar en las mujeres que habían dejado atrás en la mansión. Su rostro mostraba una mezcla de preocupación y descontento. Leone, por su parte, intentaba relajar el ambiente, como si quisiera alejar los pensamientos sombríos del joven.

"Venga, Tatsumi, deja esa cara". Dijo Leone con un tono despreocupado mientras ponía sus manos detrás de la cabeza. "Te estás torturando por cosas que no puedes cambiar. Esos tipos recibieron lo que merecían".

"No es eso...". Tatsumi dijo, con los ojos fijos en el suelo. Hizo una pausa antes de continuar, como si buscara las palabras adecuadas. "No puedo dejar de pensar en esas mujeres. Pasaron por tanto... Y siento que no hicimos lo suficiente por ellas".

Leone lo miró de reojo y suspiró. Aunque entendía el peso emocional que Tatsumi cargaba, no compartía completamente su visión. "Mira, hare algo por ellas. Tengo un amigo médico que sabe tratar estos casos. Les ayudará, te lo aseguro."

Tatsumi levantó la mirada, sorprendido. "¿De verdad?. ¿Un amigo tuyo las ayudará?".

"Sí". Respondió Leone con una sonrisa confiada. "Es un tipo experimentado y tiene un corazón más grande de lo que admitiría. Él se encargará de ellas, así que deja de preocuparte."

El alivio se reflejó en el rostro de Tatsumi. "Gracias, Leone. De verdad."

Leone desvió la mirada, sonrojándose ligeramente, aunque trató de ocultarlo al cruzar los brazos. "No lo hago por ti, ¿eh? Una de esas mujeres era alguien que conocí hace tiempo. Solo quiero asegurarme de que esté bien".

Tatsumi la observó por un momento. Sabía que Leone no era de mostrar abiertamente sus sentimientos, pero podía ver a través de su fachada. "Eres mejor persona de lo que quieres admitir". Dijo suavemente.

Leone se detuvo abruptamente, girando hacia él con un leve sonrojo en su rostro. "¿Qué has dicho?".

"Que eres una gran persona, Leone. Aunque a veces puedes actuar un poco salvaje, en el fondo tienes un corazón enorme".

Por un momento, la rubia pareció quedarse sin palabras. Luego, con una sonrisa traviesa, se inclinó hacia él. "¿Sabes qué, Tatsumi?, Tú también eres demasiado adorable para tu propio bien". Antes de que el joven pudiera reaccionar, Leone se acercó más y le dio un suave lametón en la oreja.

"¡¿Leone?!. ¿¡Qué demonios fue eso!?". Gritó Tatsumi, retrocediendo rápidamente mientras se cubría la oreja con ambas manos. Su rostro estaba completamente rojo.

Leone soltó una carcajada mientras se cruzaba de brazos. "Te marqué, ahora eres mío. Así que, no te pongas muy cómodo con otras chicas, ¿eh?".

Tatsumi intentó replicar, pero las palabras no salían. Solo podía mirarla con incredulidad mientras el calor en su rostro no disminuía. Leone se giró hacia el cielo, observando la luna llena con una expresión más seria.

"Bueno, ahora que terminamos aquí, será mejor volver". Dijo finalmente. Luego, frunció el ceño. "Aunque me pregunto cómo les estará yendo a Mine y Sheele."

Tatsumi asintió lentamente, alejándose del bochorno mientras su mente volvía a sus compañeras. "Espero que estén bien," Penso, mirando también hacia el cielo estrellado. Aunque Tatsumi confiaba en las habilidades y poderes de sus Teigus de sus compañeras. Y debía sentirse tranquilo. Algo dentro de él, no podía evitar sentirse preocupado. Una sensación incómoda crecía en su pecho, como si algo malo estuviera por suceder.

"Espero que estén bien". Susurró, mirando el cielo estrellado. "Quisiera verlas". El castaño pidió a nadie en específico. Solo lo dijo.

Pero, de repente, la espada en su espalda comenzó a brillar levemente, una luz que solo él podía percibir. Una energía misteriosa recorrió su cuerpo, empezando desde su espalda, extendiéndose por sus extremidades y llegando a su cabeza. Era una sensación extraña, distinta a cualquier cosa que hubiera sentido antes.

"¿Onyx?. ¿Eres tú quien hace ésto?". Preguntó mentalmente, buscando una respuesta de su Teigu. Sin embargo, Onyx permaneció en silencio.

Sus ojos comenzaron a proyectar imágenes, escenas que lo dejaron perplejo. Vio a Mine y Sheele enfrentándose a una figura familiar, Seryu. La guardia imperial con la que había hablado en la tarde. Pero no solo eran las imágenes lo único que lo sorprendió. Pronto, los sonidos de la pelea llenaron sus oídos. No escuchó conversaciones amistosas, ni intentos de mediación. Lo que llegó a él fue un grito. Un grito, cargado de locura y Odio. Y ése gritó, era de Seryu.

"¿Qué está pasando?". Preguntó, su voz temblando entre confusión y preocupación.

Tatsumi no entendía lo que estaba viendo y tampoco, podía entenderlo. Lo único que podía entender era que, sus amigas estaban en problemas. Y por todo lo que estaba viendo atráves de sus ojos, se veía que las chicas, no estaban para nada bien. Ni mucho menos, estaban a salvó.


Capital Imperial – 8:25 PM (Parque central de la Capital)

En un parque amplio y desierto de la Capital Imperial, el piso de mármol reflejaba las luces tenues de los faroles. En el centro, un enorme reloj de tonos verde opaco marcaba silenciosamente el paso del tiempo. Mine y Sheele corrían con prisa, sosteniendo sus Teigu en estuches bien asegurados, su respiración agitada por la reciente misión.

"Demonios, ese tipo tenía demasiada seguridad. Pensé que nunca terminaríamos con él". Gruñó Mine, visiblemente irritada.

"Sí, fue complicado, pero al menos lo logramos". Respondía Sheele, sonriéndole con tranquilidad, como si su naturaleza calmada pudiera apaciguar la tensión de su amiga.

"Solo quiero llegar a la base y dormir. Estoy agotada". Suspiró Mine, mientras ajustaba el agarre de su estuche.

A medida que avanzaban entre los árboles y bancas del parque, una figura oculta en las sombras las observaba detenidamente desde la copa de un árbol. Vestida con el uniforme de la guardia imperial, la figura, claramente femenina, al lado de ella había, un pequeño perro descansaba. Una sonrisa gélida se formó en sus labios antes de lanzarse al vacío. Ella cayó frente a las dos asesinas. Su aterrizaje fue brutal; el impacto en el suelo de mármol creó un pequeño cráter y levantó una cortina de humo.

Mine y Sheele se detuvieron de golpe, retrocediendo ante la repentina aparición.

"¿Quién es?". Preguntó Mine, sus ojos clavados en la figura que emergía del polvo. "No pude sentir su presencia".

"Es diferente. No es como otros guardias imperiales. Esconde su aura demasiado bien". Comentó Sheele, estrechando el agarre de Extase.

Cuando el humo se disipó, la figura reveló su rostro. Era una joven con cabello castaño rojizo, ojos llenos de determinación y una expresión perturbadoramente seria. A su lado, el pequeño perro se movía inquieto. La joven sacó un cartel de su uniforme y lo mostró con calma. Era un cartel de "Se Busca", con el rostro de Sheele.

"Eres tú". Dijo, su voz tan baja como mortal. "Tu rostro, tu ropa, ese Teigu... . No hay duda, Eres Sheele de Night Raid"

Luego dirigió su mirada hacia Mine.

"Y por esa arma, ella debe ser otra integrante de Night Raid".

Mine y Sheele se tensaron al instante. Habían sido descubiertas.

"Por fin". Susurró la joven, su sonrisa agrandándose hasta volverse maniática. "¡Por fin los encontré, Night Raid!".

Con un ademán dramático, llevó su mano al pecho y declaró. "Soy Seryu Ubiquitous, de la guardia imperial, y yo seré quien las lleve ante la justicia".

La tensión aumentó cuando Seryu habló. El sonido de las manecillas del reloj en el centro del parque era apenas audible, pero en los oídos de las tres mujeres solo retumbaban los latidos de sus corazones. Para Mine y Sheele, era el nerviosismo de enfrentar a una enemiga peligrosa. Para Seryu, era la emoción de acabar con el "mal".

Mine recuperó la compostura y apuntó a Seryu con determinación. "Si ya sabes quiénes somos, no tenemos más opción. Te atraparemos o te mataremos aquí mismo".

Seryu no parpadeó siquiera ante la amenaza. Extendiendo su mano, respondió. "Se les busca vivas o muertas, pero monstruos como ustedes no merecen vivir. Mi padre murió luchando contra asesinos como ustedes, y también mataron a mi mentor, el capitán Ogro. ¡Nunca los perdonaré!".

Sus ojos se llenaron de una furia casi animal. "¡Las mataré lentamente!".

Mine sintió un leve escalofrío, pero no lo dejó ver. Sonrió con falsa confianza y apuntó con su Teigu, Pumpkin. "Si estás tan ansiosa por atacar, entonces ataquemos primero".

Con esa declaración, disparó una serie de poderosos proyectiles de energía hacia Seryu. Las explosiones iluminaron la noche, levantando una nueva cortina de humo. Mine no bajó la guardia hasta que los disparos cesaron. "¿La habré matado?". Preguntó con un destello de duda en su mirada.

Cuando el humo se disipó, lo que reveló fue aterrador. El pequeño perro de Seryu había cambiado. Ahora era una bestia enorme, con colmillos afilados y un aspecto aún más grande que el que tenía antes. Tenía heridas abiertas en el pecho, de las cuales goteaba sangre, pero estas comenzaban a regenerarse ante los ojos incrédulos de Mine y Sheele.

"¡Es un Teigu!". Gritó Sheele.

"Sí, y uno orgánico". Confirmó Mine, mientras ajustaba su Teigu para un segundo ataque.

Seryu se asomó desde detrás de la bestia, con pistolas en sus muñecas y una mueca de triunfo en el rostro. "La justicia no descansará hasta destruir el mal. ¡Mueran, Night Raid!".

Con un grito de batalla, comenzó a disparar indiscriminadamente. Mine y Sheele se dividieron, esquivando los proyectiles mientras buscaban una oportunidad para contraatacar.

"Koro, cázalas".Ordenó Seryu, señalando a Sheele.

El Teigu orgánico se lanzó como una bala hacia Sheele, girando a su alrededor con movimientos antinaturales. Su boca se abrió desmesuradamente, dejando escapar un rugido que heló la sangre de las asesinas.

"Sheele, cuidado". Gritó Mine, tratando de alertar a su amiga.

Sheele ajustó su agarre en Extase mientras observaba cómo Koro se lanzaba hacia ella. Manteniendo la calma, calculó el momento preciso para atacar. Cuando el Teigu biológico estuvo lo suficientemente cerca, Sheele movió sus enormes tijeras con una precisión letal, cortando profundamente el costado de Koro. El impacto fue brutal, y el monstruo cayó pesadamente al suelo, deslizándose hasta golpear las rejas del parque. La sangre emanaba de su herida, pintando el mármol del suelo.

Sheele observó al cuerpo inmóvil de Koro mientras se acercaba con cautela. Con un gesto tranquilo, limpió la sangre de Extase, pero no bajó la guardia. Frente a ella, Seryu permanecía inmóvil, con la cabeza gacha y una sonrisa maliciosa comenzando a formarse en su rostro.

"¿Por qué sonríe?". Pensó Sheele, inquieta. En ese momento, una sombra a sus espaldas llamó su atención. Al girarse, su expresión se tornó de absoluto horror al ver cómo Koro se levantaba una vez más. La herida que había infligido se estaba cerrando rápidamente, y el Teigu ahora emanaba una ferocidad renovada.

"No puede… ser…". Dijo Sheele, paralizada por el shock.

Justo cuando Koro estaba a punto de atacarla, un potente disparo resonó en el parque. La energía del cañón de Pumpkin golpeó con fuerza a Koro, lanzándolo lejos de Sheele. El monstruo aterrizó cerca de Seryu, pero pronto comenzó a regenerarse de nuevo.

"¡Cuidado!". gritó Mine mientras ajustaba su Teigu. "Recuerda lo que dice el libro, Sheele. Los Teigus orgánicos tienen un núcleo que les permite regenerarse indefinidamente. Si destruimos ese núcleo, podremos acabar con él".

Koro se levantó nuevamente, completamente restaurado, mientras Mine y Sheele lo observaban con creciente tensión.

"Va a ser un oponente muy difícil". Dijo Sheele, ajustando el agarre en sus tijeras.

"Sí. Incluso con la Teigu de Akame, no sería fácil". Respondió Mine.

Desde su posición, Seryu cruzó los brazos, mirando a las dos asesinas con fría determinación. "Koro, brazos". Ordenó. El cuerpo de Koro respondió al instante, transformando sus extremidades en apéndices musculosos cubiertos por una sustancia viscosa que goteaba al suelo.

"¡Qué asco!". Dijo Mine con una mueca de repugnancia.

"Muy bien, Koro. ¡Ataca!". Exclamó Seryu. El Teigu orgánico cargó hacia ellas, levantando sus brazos y lanzando una serie de golpes devastadores. Sheele se colocó frente a Mine, levantando a Extase para bloquear los ataques.

"Mine, quédate detrás de mí". Dijo Sheele, mientras sus brazos temblaban con cada impacto.

Aunque Extase era resistente, el peso y la fuerza de los golpes comenzaron a hacer mella en Sheele. Mientras tanto, Seryu sacó un silbato de su uniforme y lo sopló con fuerza. El sonido resonó en todo el parque, alertando a cualquiera en los alrededores.

"¡Ha llamado a refuerzos!". Exclamó Mine, su voz cargada de preocupación. "Si llegan más guardias, estaremos en serios problemas."

La adrenalina corría por las venas de Mine, pero en lugar de sucumbir al miedo, una sonrisa confiante se dibujó en su rostro. "Esto podría funcionar a nuestro favor". Pensó mientras levantaba a Pumpkin y daba un salto hacía la Teigu orgánica.

"¡Acabemos con esto!". Gritó Mine, disparando un rayo de energía directo a la cabeza de Koro. El impacto fue devastador, desintegrando parte de su cráneo. Sin embargo, para su consternación, Koro comenzó a regenerarse nuevamente, emergiendo del humo con renovada ferocidad.

"¡Me lleva… esta cosa no se detiene!". Gruñó Mine, mientras caía al suelo y recargaba su Teigu.

Seryu soltó una carcajada sádica. "Subestiman el poder de Koro. No descansaré hasta que el mal que representan sea destruido".

En el caos y el humo, Sheele aprovechó el humo para moverse sigilosamente hacia Seryu. "Si matamos al usuario, el Teigu dejará de funcionar". Pensó mientras se preparaba para atacar.

Sin embargo, justo cuando estaba a punto de golpear, Seryu percibió su presencia y esquivó el ataque. "Buen intento". Dijo con fría determinación. "Pero no moriré, hasta erradicar el mal que ustedes representan."

Sheele apretó los dientes, frustrada por la oportunidad perdida. "Esto no va a ser fácil". Pensó mientras volvía a alzar a Extase, lista para continuar la batalla.

Sheele lanzó una serie de estocadas precisas con las afiladas puntas de Extase hacia Seryu, quien esquivaba y bloqueaba los ataques con evidente dificultad. La joven guardia imperial, con el cabello castaño rojizo, tuvo que retroceder repetidamente, dando saltos hacia atrás para evitar los golpes mortales que Sheele dirigía con destreza.

"¡Maldición, eres rápida y precisa!". Exclamó Seryu, claramente nerviosa mientras esquivaba un ataque que casi le alcanzaba la cabeza. Su respiración se volvía más agitada con cada movimiento.

Sheele mantuvo su concentración mientras avanzaba con determinación. "Si no termino esto pronto, podría complicarse". Pensó, enfocándose en acorralar a su oponente.

Koro, el fiel Teigu orgánico de Seryu, percibió la tensión de su dueña y decidió abandonar su combate con Mine para acudir en su ayuda. Sin embargo, apenas avanzó unos pasos antes de ser alcanzado por un rayo de energía que atravesó su pecho. La criatura soltó un gruñido de dolor mientras su cuerpo comenzaba a regenerarse rápidamente.

"¡Ni lo pienses! ¡Tu oponente soy yo!". Declaró Mine con firmeza, apuntando nuevamente con Pumpkin. Sus ojos brillaban con determinación mientras recargaba su arma.

Koro gruñó, enfurecido, y volvió a enfocarse en la pelirosada.

"Este monstruo no deja de regenerarse… pero si sigo disparando podría encontrar su núcleo. Todo depende de resistir un poco más". Pensó Mine, apretando los dientes mientras preparaba otro disparo.

En otro lado del parque, Seryu continuaba retrocediendo entre los árboles y arbustos, esquivando y bloqueando los ataques implacables de Sheele. Cada movimiento era más difícil que el anterior. Con el sudor corriendo por su frente, la guardia imperial buscaba una forma de revertir la situación.

"¡No puedo seguir así! Necesito cambiar el ritmo de este combate". Pensó Seryu, sus ojos brillando con resolución. De pronto, una idea arriesgada surgió en su mente. Sabía que podría morir si fallaba, pero también sabía que no se rendiría ante el mal que representaba Night Raid. Ella erradicaria el mal, incluso a costa de su propia vida

Sheele se preparaba para lanzar un golpe decisivo cuando Seryu dio un gran salto hacia atrás. Usando sus manos para impulsarse en el suelo, ejecutó una voltereta espectacular en el aire. Mientras giraba, utilizó sus pistolas en sus brazos y comenzó a disparar desde el cielo hacia Sheele.

La pelipúrpura, confundida por el movimiento inesperado, apenas logró reaccionar a tiempo. Con Extase, comenzó a bloquear los disparos, pero algunos proyectiles rozaron su mejilla y su brazo derecho, dejando pequeñas heridas de las que brotaban hilos de sangre.

Cuando los disparos cesaron, Seryu aterrizó en el pasto verde y arrojó sus pistolas al suelo con determinación.

Sheele suspiró aliviada, bajando momentáneamente Extase. "Por fin… se le acabaron las municiones…". Pensó, intentando recuperar el aliento. Pero su alivio fue breve. Ya que, sus oídos captaron un nuevo sonido.

Un sonido, que seco y ensordecedor, que resonó en el parque. El dolor invadió a Sheele como un torrente. Bajó la mirada y vio una mancha roja expandiéndose rápidamente por su ropa. Más precisamente, en su cintura. La pelipúrpura jadeó, tambaleándose mientras el dolor entumecía su cuerpo. Al levantar la vista, sus ojos se encontraron con los de Seryu.

La guardia imperial tenía su boca abierta, y de ella emergía un arma de fuego, humeante por el disparo reciente. Con una sonrisa malvada y una voz cargada de locura, declaró. "¡La justicia prevalecerá!".

Sheele cayó de rodillas, aferrándose a Extase como si fuera su último bastión de esperanza. Pero la pelea aún no había terminado.

"¡Sheele!". Gritó Mine, al escuchar el disparo. Al girarse, vio a su compañera apoyada en Extase, temblorosa, mientras presionaba una mano sobre la herida en su cintura en un intento desesperado por detener el flujo de sangre.

Sheele jadeaba, el dolor surcando su rostro, pero sus ojos seguían fijos en Mine, buscando la manera de ayudarla.

Seryu, al notar la distracción de la pelirrosa, sonrió con frialdad y gritó con una voz triunfante: "¡Koro, Modo Berserker!".

El Teigu biológico dejó escapar un rugido aterrador mientras su cuerpo sufría una transformación espeluznante. Sus músculos crecieron desproporcionadamente, su pelaje adquirió un tono rojo sangre, y sus colmillos se alargaron hasta parecer cuchillas. La monstruosidad que ahora era Koro parecía una pesadilla encarnada.

"¡Esto no es bueno!". Exclamó Mine al ver el cambio, pero antes de que pudiera reaccionar, Koro lanzó otro rugido ensordecedor. Una onda sonora devastadora recorrió el parque, obligando a ambas mujeres a cubrirse los oídos mientras gritaban de dolor.

Mine apenas logró recuperar el equilibrio cuando una mano gigantesca y cubierta de garras la sujetó por la cintura, levantándola en el aire como si fuera un simple juguete.

"¿Qué rayos...?. ¡Suéltame, maldito Monstruo!". Mine forcejeó con todas sus fuerzas, disparando su Teigu Pumkimp a quemarropa, pero los disparos solo rozaban la piel endurecida de Koro, regenerándose de inmediato.

Desde el suelo en el césped del parque, Sheele observó impotente cómo Mine era atrapada. "¡Mine!. ¡Resiste!. ¡Voy a ayudarte!". Gritó con desesperación.

Pero justo cuando intentaba ponerse de pie, Seryu se abalanzó sobre ella con la ferocidad de un animal rabioso, tumbándola al suelo. La guardia imperial no perdió tiempo y propinó una fuerte patada a Extase, lanzándola lejos del alcance de Sheele.

Sheele jadeó, intentando levantarse para recuperar su arma, pero Seryu, con una velocidad implacable, se colocó sobre ella, sentándose en su pecho. Sin dudarlo, envolvió sus manos alrededor del cuello de Sheele y comenzó a apretar con una fuerza despiadada.

"¡Sheele!". Gritó Mine desde lo alto, luchando contra el agarre de Koro, sus ojos llenos de terror al ver a su compañera siendo asfixiada.

Sheele pataleaba, sus manos arañando los brazos cubiertos por el uniforme imperial de Seryu, en un intento desesperado por liberarse, pero el dolor de su herida y la presión sobre su cuello la estaban debilitando rápidamente.

"¡Finalmente!. ¡Por fin la justicia prevalecerá!". Exclamó Seryu, con una expresión de éxtasis maníaca en el rostro. Sus ojos brillaban con una mezcla de locura y satisfacción sádica. "El mal de Night Raid será erradicado, ¡y tú pagarás por tus crímenes!".

Sheele intentó hablar, pero las palabras se ahogaron en su garganta. Sus fuerzas comenzaban a desvanecerse, y su visión se tornaba borrosa.

Mine, atrapada en el puño de Koro, gritó con furia. "¡Déjala, maldita psicópata!". Sus manos temblaban mientras cargaba otro disparo con Pumkimp, apuntando directamente a la cabeza del monstruo que la sujetaba. "¡Te destruiré!".

Pero Koro rugió de nuevo, agitando su brazo con tanta violencia que Mine dejó caer el disparo, apenas rozando la cabeza del Teigu.

Mientras tanto, Seryu continuaba apretando el cuello de Sheele, su sonrisa retorcida creciendo. "¡Admite tu derrota!. ¡Este es tu fin! ¡El mal nunca triunfa sobre la justicia divina!".

Sheele cerró los ojos, sus pensamientos desordenados cruzaron por au mente. "¿Es así como termina?. ¿Dejando a Mine sola?". Pero en ese instante, un ruido suave pero firme resonó a través de los arbustos cercanos. Pero ella no pudo estar segura de si el sonido, era de verdad. O si era un truco de su mente. O si era por el dolor o por la falta de aire.

En las sombras, una figura observaba en silencio, sus ojos brillando con determinación. La figura, oculta entre los árboles, apretó los puños al ver la desesperación de las mujeres frente a ella.

"Debo intervenir." Dijo con un tono grave y decidido.

La figura emergió lentamente de los arbustos, revelándose mientras el reflejo metálico de un arma relucía bajo la tenue luz de la luna.


Calles de la Capital – 8:35 pm (Parque cerca de la Zona Roja)

La noche en la Capital era oscura, apenas iluminada por las farolas que proyectaban sombras alargadas en el parque. Tatsumi caminaba junto a Leone, quien mantenía un paso relajado. Sin embargo, la rubia pronto notó algo inusual en su compañero: el castaño mantenía la mirada fija en un punto invisible para ella, con una expresión de tensión y desconcierto que no pasó desapercibida.

"¿Tatsumi?. ¿Estás bien?". Preguntó Leone, ladeando la cabeza y estudiándolo con curiosidad.

Tatsumi no respondió. Su atención estaba completamente absorbida por una visión que no lograba comprender del todo. Ante sus ojos, una escena se desplegaba como si estuviera allí mismo. Mine y Sheele, sus compañeras de Night Raid, enfrentándose a Seryu Ubiquitous, la joven guardia imperial con quien había hablado más temprano ese día. La pelea era intensa y feroz, una batalla entre ideales y fuerza, que chocaban sin espacio para el entendimiento.

"¿Cómo es que puedo ver esto?". Pensó Tatsumi, confundido. La respuesta más probable era su Teigu, Onyx, pero su silencio habitual solo aumentaba la incertidumbre. "¿Por qué Onyx no me dijo que podía hacer esto?".

Decidió posponer las preguntas. Ahora, lo importante era observar y asegurarse de que sus compañeras estuvieran bien. Al principio sintió alivio al verlas ilesas, pero ese sentimiento desapareció cuando notó a Seryu acercándose a ellas, con su inconfundible Teigu biológico, Koro, caminando a su lado. El pequeño y adorable perro que había conocido antes se había transformado en un monstruo grotesco, una máquina de destrucción. La visión hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Tatsumi.

"¿Tatsumi?. ¿Qué pasa?". Insistió Leone, esta vez con un tono preocupado.

Tatsumi no contestó, incapaz de apartar los ojos de lo que estaba viendo.

Mine atacó primero y Seryu atacó después, y la batalla comenzó con una intensidad desgarradora. Mine y Sheele demostraban su habilidad y sincronización, utilizando sus Teigus con precisión mortal. Sin embargo, la joven guardia imperial no era alguien a quien subestimar. Sus movimientos eran rápidos, certeros, como si hubiera nacido para la batalla. Tatsumi, quien había intercambiado palabras amables con ella horas antes, ahora no podía creer el poder que demostraba.

La pelea escaló rápidamente. Koro se transformó, su forma monstruosa haciéndose aún más aterradora. Sus garras desgarraban el suelo mientras se lanzaba hacia Mine, quien intentaba mantener la distancia para utilizar su Pumpkin. Mientras tanto, Seryu y Sheele luchaban cuerpo a cuerpo. Pero, en un momento Seryu tomó la ventaja. El castaño observó, impotente, cómo un movimiento inesperado de Seryu sorprendía a Sheele, inmovilizándola.

"¡No!". Murmuró Tatsumi, sintiendo que su corazón se aceleraba.

Entonces lo vio. De la boca de Seryu emergió una pistola oculta, disparando a Sheele. El impacto fue brutal para la pelipúrpura, y la sangre comenzó a salir de su herida. Tatsumi apretó los puños con fuerza, el miedo y la frustración ardiendo en su interior.

"¿Qué estás mirando, Tatsumi?. ¡Dime qué está pasando!". Exigió Leone, acercándose para sujetarlo por los hombros. Pero el castaño no parecía escucharla.

Tatsumi siguió observando. Seryu dió la señal a su Teigu para transformarse. Y Koro, lo hizo. Tardó unos segundos. Pero, ahora completamente transformado, dejó escapar un rugido tan poderoso que rompió la conexión de Onyx con Tatsumi. De repente, todo se desvaneció, dejándolo solo con la incertidumbre de lo que iba a pasar.

"¡No!. ¡Onyx, déjame verlas de nuevo!". Rogó Tatsumi, alzando la voz. "Necesito saber que están bien, por favor".

Pero Onyx permanecía en silencio. Leone lo miró con una mezcla de preocupación y alarma.

"¿Tatsumi?. ¿Qué demonios te está pasando?". Insistió ella, sacudiéndolo ligeramente.

El castaño finalmente volvió a la realidad, respirando con dificultad. Sus ojos se encontraron con los de Leone, y durante un momento, el miedo en su rostro lo decía todo. Pero en lugar de responder, desvió la mirada hacia el cielo nocturno, intentando calmar el torbellino en su mente. Cosa que no estaba funcionando. Lo que vio, lo puso tan nervioso y preocupado. Que sentía que todo su cuerpo, no podía contener todas estas emociones.

"…Necesito, hacer algo". Habló al fin, aunque casi era para sí mismo.

Leone frunció el ceño, cruzándose de brazos.

"¿Hacer que?, no te entiendo. ¡Mejor empieza a explicarme qué diablos está pasando!". Dijo, con un tono que mezclaba irritación y genuina preocupación.

Pero Tatsumi no respondió, se quedó inmóvil, con las manos apoyadas sobre la fría rejilla metálica que rodeaba el parque, su mirada perdida en la vastedad de la noche. Algo en su pecho ardía, una mezcla de incertidumbre y presagio, pero no pudo quedarse allí. Con un movimiento ágil, saltó sobre la valla y se adentró entre los árboles y arbustos que bordeaban el parque. Sus piernas se movían con urgencia, su corazón martilleaba en su pecho. Aunque para un observador desprevenido parecía correr sin rumbo fijo, Tatsumi sabía exactamente adónde iba.

Leone, quien lo había estado observando desde la distancia, intentó detenerlo.

"¡Espera!. ¿Adónde vas?". La rubia estiró una mano para alcanzarlo, pero Tatsumi ya estaba fuera de su alcance. "No puede ser... ¡tengo que seguirlo!". Con determinación, Leone corrió tras él, pero el castaño ya se había perdido entre la espesura.

Mientras corría, Tatsumi se concentraba en los caminos familiares del parque. Aunque parecía improvisado, cada zancada estaba cuidadosamente calculada. Había caminado por ese lugar junto a Onyx muchas veces desde su llegada al Imperio; conocía cada atajo, cada curva. Finalmente, llegó a un claro donde el caos lo detuvo en seco. Frente a él, Seryu estaba encima de Sheele, ahorcándola con una furia salvaje, mientras Koro sujetaba a Mine con una fuerza brutal. El grito ahogado de Sheele y los intentos desesperados de Mine por liberarse resonaban en el aire como una melancólica melodía de desesperanza.

Oculto entre los arbustos, Tatsumi observó la escena con el corazón en un puño. La satisfacción demente en el rostro de Seryu lo dejó helado. Era irreconocible. ¿Dónde estaba la joven amable y entusiasta que había conocido? Aquella que hablaba con pasión de justicia y esperanza. Lo que tenía delante era una sombra oscura de esa persona, una figura sádica cuya sonrisa retorcida lo llenaba de horror y rabia.

Su cuerpo reaccionó antes que su mente; desenvainó a Onyx con un movimiento rápido, dispuesto a intervenir. Pero justo cuando estaba a punto de saltar al combate, la rabia que lo había impulsado comenzó a disiparse. La determinación en su mirada se desvaneció, reemplazada por duda y miedo. Recordó la calidez de las conversaciones con Seryu, su sonrisa amable, su ferviente deseo de un mundo mejor. ¿Podría haber algo más detrás de esta locura?. ¿Una razón que explicara su comportamiento?. Pero no había tiempo para reflexionar. Sheele estaba perdiendo la conciencia, y Mine estaba al borde del colapso. Tenía que actuar.

"No puedo matarla". Pensó Tatsumi, apretando los dientes. "¡Pero tampoco puedo permitir que esto continúe!". Su frustración lo consumía, cada segundo que pasaba era una punzada de dolor en su corazón.

La frustración que invadía a Tatsumi era palpable, irradiando desde cada fibra de su ser. La Teigu, silenciosa durante gran parte del conflicto, reaccionó finalmente. Una voz firme y profunda resonó en su mente, captando su atención de inmediato.

"Portador, ¿Se encuentra bien?". Preguntó la Teigu con un tono solemne, pero cargado de preocupación.

Tatsumi, sorprendido por la intervención, giró ligeramente su cabeza mientras hablaba en voz baja. "¡Onyx!. ¿Eres tú?".

"Así es". Respondió Onyx. "Pero noto que algo lo perturba profundamente. ¿Qué está ocurriendo?".

El joven soltó una risa amarga, casi sardónica, mientras clavaba su mirada en la escena frente a él.

"Si vieras lo que estoy viendo, lo entenderías". Dijo, con un dejo de rabia y frustración que envolvía cada palabra.

Onyx, confuso, percibió algo más. La presencia de tres Teigu y sus respectivos portadores emergía con intensidad, cada vez más cerca. Y con ello, la intención asesina que emanaba de uno de ellos se hacía inconfundible.

"¿Qué está pasando aquí?". La voz de Onyx ahora reflejaba una mezcla de sorpresa y alarma.

Tatsumi apretó los dientes, su rabia aflorando. "¡Tú deberías saberlo!. ¡Tú me enseñaste esto!". Replicó casi gritando, su tono cargado de reproche.

Por un instante, el silencio entre ambos fue ensordecedor. Onyx, aunque carecía de rostro o expresión física, transmitió claramente su desconcierto.

"Portador, no tengo idea de a qué se refiere. Yo no le he mostrado nada". Dijo, su voz llena de honestidad y sorpresa.

Tatsumi sintió un nudo en el estómago. Si Onyx no era el origen de esas perturbadoras visiones que habia visto, entonces ¿quién le habia mostrado eso?. Sin embargo, no tuvo tiempo de profundizar en ello. La voz de Seryu interrumpió brutalmente sus pensamientos, resonando con fría determinación.

"¡Koro!". Ordenó la guardia imperial. "¡Aplástalas ahora!".

El enorme Teigu, Koro, obedeció de inmediato. Una de sus garras comenzó a cerrarse lentamente alrededor de Mine, mientras los gritos de dolor de la chica perforaban el aire. A corta distancia, Sheele luchaba por mantenerse consciente, atrapada bajo la inmensa fuerza de las manos de Seryu.

Tatsumi apretó los puños hasta que sus nudillos se volvieron blancos. Su corazón latía con fuerza, un torbellino de emociones lo consumía. No podía permitir que sus compañeras murieran, pero también sabía que no podía cruzar la línea de tomar una vida, incluso la de alguien tan despiadada como Seryu.

"Onyx, necesito tu ayuda". Dijo con urgencia, su voz temblando por la mezcla de miedo y determinación. "¡Debemos salvarlas, pero sin matar a Seryu!"

La Teigu permaneció en silencio por un momento, procesando la situación. Sentía la indecisión de Tatsumi y el peso de su pedido. Finalmente, una chispa de inspiración atravesó su consciencia.

"Portador, creo que tengo una solución". Dijo Onyx, su voz recuperando su tono firme y confiado.

"¡Dímelo!". Exclamó Tatsumi, aferrándose a la esperanza que sus palabras ofrecían.

Sin previo aviso, la espada que Tatsumi sostenía comenzó a brillar intensamente. El resplandor llenó el aire con un calor tangible mientras la forma de Onyx cambiaba. Cuando el brillo finalmente se disipó, dos imponentes martillos gemelos descansaban frente a él.

Los martillos eran majestuosos: sus cabezas eran masivas y poligonales, grabadas con patrones geométricos que parecían pulsar con energía sísmica. Los mangos, envueltos en cuero oscuro reforzado, estaban diseñados para proporcionar un agarre firme y seguro. Anillos metálicos adornaban las bases, vibrando ligeramente con una energía contenida.

"Onyx, ¿Qué son estos...?". Preguntó Tatsumi, maravillado pero también lleno de dudas.

"Estos son los Martillos Richter: Escala de Devastación". Explicó Onyx con un tono solemne. "Son capaces de generar terremotos de magnitudes controladas. Su poder está diseñado para provocar temblores y terremotos. Pero usted, puede usarla para incapacitar y desequilibrar a Seryu y salvar a las asesinas".

Tatsumi asintió, su mirada encendida con renovada determinación. Sostuvo los martillos con firmeza, sintiendo la energía vibrar a través de ellos.

"¿Cómo los uso para salvarlas?". Preguntó, urgido por la necesidad de actuar rápido.

"Golpee el suelo con ambas cabezas al mismo tiempo, canalizando su voluntad. Creará una onda de choque que desestabilizará a Koro y liberará a sus compañeras. Pero debe tener cuidado, Portador. Una falla podría ponerlas en mayor peligro".

Tatsumi asintió con firmeza. Su mente estaba hecha: salvaría a sus compañeras a cualquier costo. Cerró los ojos por un momento, inhalando profundamente mientras reunía toda su concentración. Cuando los abrió, estaban llenos de determinación.

"Lo haré. No hay tiempo que perder".

Mientras Tatsumi se preparaba, Onyx comenzó a notar algo inusual. La energía que su portador estaba acumulando era inmensa, más de lo que los martillos podían manejar de manera segura. Y la Teigu, sabía lo que iba a pasar si el castaño usaba los martillos con esa fuerza.

"¡Espera, Portador! Está concentrando demasiada fuerza. Si golpea con ese nivel de fuerza, podría…". La Teigu intentó advertirle.

Pero ya era demasiado tarde.

"¡Aquí voy!". Gritó Tatsumi con un rugido de esfuerzo, ignorando la advertencia. Levantó ambos martillos sobre su cabeza y los dejó caer al suelo con toda su fuerza.

El impacto resonó con un sonido ensordecedor, como si la tierra misma rugiera en protesta. Una onda de choque gigantesca se extendió desde el epicentro, haciendo que todo el parque comenzara a temblar de manera violenta. Las raíces de los árboles se desgarraron, los postes de luz se sacudieron y cayeron, y las grietas comenzaron a abrirse en el suelo, extendiéndose en todas direcciones.

Tatsumi quedó boquiabierto, incapaz de procesar lo que estaba sucediendo. El temblor no solo afectaba al parque, sino que se extendía mucho más allá. Las calles circundantes empezaron a agrietarse, y los edificios vibraban peligrosamente.

A varias calles de distancia, Leone corría por las calles desiertas, buscando al joven con desesperación.

"¿Dónde demonios se metió Tatsumi?. Primero actúa extraño, y ahora desaparece sin dejar rastro". murmuró entre dientes, rascándose la cabeza con frustración.

De repente, sintió cómo el suelo bajo sus pies comenzó a temblar violentamente. El temblor era tan fuerte que perdió el equilibrio y cayó de rodillas al suelo. Las grietas empezaron a formarse a su alrededor, y pronto la calle comenzó a partirse, abriendo enormes fisuras que parecían tragarse todo a su paso.

"¡¿Qué diablos está pasando?!". Gritó, luchando por mantenerse en pie mientras el temblor seguía intensificándose.

Levantó la vista hacia el horizonte y notó que las grietas y los huecos parecían originarse desde un punto específico. El parque cercano. Algo en su interior le dijo que debía ir allí de inmediato. Su instinto era claro, y una idea inquietante se formó en su mente.

"Tatsumi… esto tendrá que ver contigo, ¿verdad?". Murmuró, transformándose con el poder de su Teigu.

Con su fuerza aumentada, Leone comenzó a correr hacia el parque, sorteando los escombros y grietas que dificultaban su avance.

"Si él está detrás de esto, más le vale tener una buena explicación". Pensó, su preocupación mezclándose con un leve enojo.

Mientras tanto, en el epicentro del caos, Tatsumi miraba alrededor, horrorizado por lo que había desatado.

Tatsumi observó el panorama frente a él con el corazón encogido. El parque, que antes era un lugar tranquilo, ahora estaba completamente devastado. Había grietas profundas surcaban el suelo como cicatrices, y algunos agujeros eran tan oscuros y profundos que parecían no tener fondo. El castaño apretó los dientes, sintiendo el peso de la destrucción que había causado.

"No puede ser...". Dijo, su voz temblando mientras intentaba asimilar la magnitud del daño.

Onyx, que aún resonaba en su mente, observó también lo que había ocurrido. La destrucción no solo era un peligro inmediato, sino que, si continuaba, podría expandirse y afectar a toda la zona. Y, posiblemente, podría afectar el propio Imperio. El Teigu, consciente de lo que debía hacerse, actuó de inmediato. Sin previo aviso, los Martillos Richter comenzaron a brillar intensamente antes de transformarse de nuevo en su forma original. De una espada plateada, negra y elegante.

Cuando los martillos desaparecieron, el suelo dejó de vibrar, y el temblor finalmente cesó. Tatsumi sintió cómo el caos se disipaba, dejando un silencio inquietante. Suspiró profundamente, aliviado de que la destrucción hubiera terminado, aunque el daño ya estaba hecho.

"Gracias, Onyx". Dijo con sinceridad mientras observaba a lo lejos a sus compañeras y a Seryu.

Seryu, mientras tanto, estaba a punto de ejecutar a Sheele, con una sonrisa retorcida en su rostro. Koro, su Teigu orgánico, mantenía a Mine sujeta con su gigantesca garra, lista para aplastarla. Pero antes de que pudiera dar el golpe final, un repentino temblor sacudió la tierra con tal fuerza que Seryu perdió el equilibrio.

"¡¿Qué demonios está pasando?!". Exclamó, tambaleándose mientras trataba de mantenerse en pie.

El suelo se agitaba de forma violenta, y las grietas comenzaron a extenderse bajo los pies de todos. La fuerza del temblor desorientó a Koro, quien comenzó a tambalearse, soltando finalmente a Mine. La joven cayó al suelo. Inconsciente, pero viva.

Seryu se llevó una mano a la cabeza, sintiendo cómo una extraña sensación la invadía. Sus piernas temblaban, y su visión se volvía borrosa. "¿Qué... qué me está pasando...?". Dijo, claramente afectada por el fenómeno.

Koro también parecía estar en un estado crítico, tambaleándose sin control y dejando escapar gruñidos de confusión y dolor.

Tatsumi, quien había estado observando todo desde los arbustos, comprendió que ese era el momento perfecto para actuar.

"Es ahora o nunca". Se dijo a sí mismo mientras desenfundaba a Onyx. La espada emitió un brillo tenue, como si compartiera la determinación de su portador.

Sin perder más tiempo, Tatsumi corrió hacia Seryu y Koro a toda velocidad, aprovechando la confusión causada por el temblor. Su velocidad y la intensidad del caos hacían imposible que sus enemigos lo detectaran claramente.

Tatsumi se enfocó primero en Koro. Aprovechando su estado de vulnerabilidad, se acercó lo suficiente como para dar un salto ágil hacia el enorme Teigu. Con un grito de esfuerzo, levantó a Onyx y descargó un corte poderoso sobre el brazo de Koro, el mismo que había sujetado a Mine momentos antes.

El grito que Koro soltó resonó con una intensidad desgarradora. No era el típico rugido que solía emitir cuando era herido en combate. Sino, uno lleno de un dolor auténtico, casi humano. Tatsumi, sorprendido por la reacción, retrocedió un paso, pero no perdió su enfoque.

Ese grito despertó momentáneamente a Seryu de su trance. Aún aturdida, levantó la vista justo a tiempo para ver a una figura oscura frente a ella. Sus ojos confundidos se fijaron en la extraña espada que sostenía el desconocido, cuya presencia emanaba una energía inquietante.

"¿Quién... quién eres tú...?". Alcanzó a murmurar, tambaleándose.

Tatsumi no respondió con palabras. En su lugar, avanzó rápidamente hacia ella, levantó su puño y, con precisión quirúrgica, le asestó un golpe directo en el estómago. Seryu salió disparada varios metros hacia atrás, golpeando varios árboles y rondando por el suelo con fuerza. Antes de perder la conciencia, sus oídos captaron unas palabras susurradas con firmeza, pero también con calma.

"Lo siento".

El silencio volvió al lugar, roto solo por el sonido de los escombros y la respiración agitada de Tatsumi. Se quedó quieto por un momento, observando a Seryu inconsciente y a Koro inmóvil, claramente incapacitado. Su mirada luego se dirigió hacia Mine y Sheele, ambas caídas pero con vida.

"Las salvé…". Murmuró, dejando que un débil suspiro de alivio escapara de sus labios.

Onyx habló entonces, con una voz más calmada pero aún firme. "Portador, le recomiendo que se mueva. Detectó que varios guardias están viniendo. Debemos irnos, ¡Ahora!".

"Tienes razón, no hay tiempo que perder". Dijo Tatsumi, guardando Onyx en su funda. Su rostro, normalmente juvenil y despreocupado, se endureció, reflejando la gravedad de la situación. Con una mezcla de determinación y ternura, levantó a Sheele, inconsciente, su cuerpo inerte en sus brazos. El aire apenas le llegaba a los pulmones, la falta de oxígeno y sus heridas la habían dejado al borde del desvanecimiento.

Con Sheele en brazos, Tatsumi corrió hacia Mine, quien yacía en el suelo, uno de sus brazo estaba sangrando. La herida, aunque no parecía mortal, requería atención médica inmediata. Tatsumi examinó la herida con cuidado, su rostro surcado por la preocupación.

"Van a estar bien". Susurró, una promesa susurrada a las dos asesinas inconscientes, una promesa que se aferraba a su corazón con la fuerza de un clavo.

Un sonido lejano interrumpió sus pensamientos. El rugido de Leone, acercándose a toda velocidad, transformada y lista para la batalla. Al ver el estado del parque, su rostro se contorsionó en una expresión de asombro y horror.

"¡Tatsumi!. ¿Qué demonios pasó aquí?". Exclamó, su voz resonando con una mezcla de incredulidad y preocupación. El panorama que se extendía ante ella era desolador. Un campo de batalla devastado, un testimonio silente de una fuerza colosal desatada.

Tatsumi, con un suspiro de cansancio y alivio, respondió. "Es una larga historia… pero por ahora, están a salvo".

Leone lo miró, su mirada recorriendo el paisaje desolado, deteniéndose en los cuerpos inertes de Mine y Sheele, en el gigantesco Koro gimiendo de dolor, y en el cráter cercano donde yacía Seryu, gravemente herida. La imagen de la destrucción, la magnitud del desastre, le impactó con fuerza.

Un momento de silencio pesado, cargado de comprensión tácita, se extendió entre ellos. Leone asintió, comprendiendo la urgencia de la situación. "Entiendo. Nos vamos".

Leone tomó a Mine en sus brazos, su fuerza felina haciendo la tarea más liviana. Tatsumi, con Sheele aún en sus brazos, cargó también las Teigus de las asesinas. En la distancia, un sonido ominoso se acercaba. El sonido de múltiples pasos, el sonido de muchos guardias imperiales.

"Son los guardias imperiales". Dijo Tatsumi, su voz grave y seria, la tensión palpable en cada palabra.

"Maldita sea, debemos movernos sin ser detectados". Respondió Leone, sus sentidos alerta, buscando una ruta de escape entre los escombros y la destrucción. El tiempo se agotaba, y cada segundo que perdían los acercaba al peligro.

"¡Sígueme, conozco un caminó!". Exclamó Tatsumi, lanzándose a correr hacia la zona más arbolada del parque, buscando la protección de los árboles y los arbustos.

"Mejor que tengas razón". Murmuró Leone, siguiendo al castaño, sus movimientos ágiles y silenciosos, como los de una pantera.

Los dos se movieron con una precisión y una velocidad increíbles, fundiéndose con el entorno, dejando tras de sí un rastro imperceptible. Cuando los guardias imperiales llegaron al lugar, solo encontraron a Seryu herida y a Koro lamentándose, un silencio sepulcral cubriendo el lugar donde momentos antes había reinado el caos. Tatsumi y Leone, con las asesinas a salvo, ya se habían desvanecido en la oscuridad.

Finalmente, se adentraron lo suficiente en el bosque para escapar del peligro inmediato. A lo lejos, el eco de las voces y el ruido metálico de los guardias imperiales irrumpiendo en el parque rompía la calma nocturna. Sin embargo, cuando los soldados llegaron al lugar de los hechos, todo lo que encontraron fue un paisaje devastado. Cráteres esparcidos por el suelo, profundas grietas que parecían desgarrar la tierra misma, y en el centro del caos, Seryu inconsciente junto a Koro, que gimoteaba de dolor con un lamento muy profundo.

Un joven guardia dio unos pasos al frente, mirando a su alrededor con los ojos abiertos de par en par, como si no pudiera procesar lo que tenía ante sí. "¿Qué demonios pasó aquí?". Habló, su voz llena de incredulidad.

Mientras tanto, otros se apresuraban a socorrer a Seryu. Uno de ellos se arrodilló a su lado, sacudiéndola con cuidado pero con urgencia. "¡Seryu!. ¡Despierta!. ¡Dinos qué ocurrió!".

Los ojos de Seryu se abrieron lentamente, su mirada perdida y su respiración entrecortada. La rabia y el dolor luchaban por dominar su expresión. Su voz era apenas un susurro, cargada de frustración. "Fue él… ese demonio con máscara… ayudó a escapar a las criminales…". Hizo una pausa, jadeando por el esfuerzo de hablar. "Haré que el mal desapareciera,… Lo juró….".

Uno de los guardias frunció el ceño y miró a sus compañeros. "¿Un hombre con máscara?. ¿De quién está hablando?". Preguntó, claramente confundido.

Seryu intentó responder, pero su cuerpo no pudo más. Cerró los ojos y cayó nuevamente en la inconsciencia. Los guardias intercambiaron miradas de preocupación y alarma. Koro, por su parte, lanzó un gruñido débil, incapaz de moverse. La escena no ofrecía respuestas claras, solo más preguntas.

En otro punto del bosque, lejos de las luces de las postes del parque y las voces de los guardias, Tatsumi y Leone seguían avanzando a paso rápido. Sus siluetas se deslizaban entre los árboles, desvaneciéndose en la espesura. El aire frío de la noche acariciaba sus rostros, y el silencio del bosque era solo interrumpido por el crujir de las hojas bajo sus pies.

Tatsumi respiró profundamente, intentando calmar el torbellino de emociones que lo invadía. Sabía que había provocado un desastre monumental. El parque estaba irreconocible, y las consecuencias de sus acciones podían extenderse más allá de lo que podía imaginar. Sin embargo, también sabía algo más. Había logrado salvarlas. Sheele y Mine estaban a salvo.

Había evitado una tragedia mayor. Ese pensamiento le daba un pequeño consuelo en medio de la culpa y la incertidumbre. Y en medio de la destrucción, en medio de la culpa, esa verdad se aferraba a él, una luz tenue en la oscuridad. Había sido o pudo ser una noche terrible, sí, pero también una noche en la que había salvado a sus compañeras. Y para Tatsumi, eso, sin duda, era un triunfo.


A lo lejos, en el horizonte del lado norte de la capital imperial, una figura montada en un majestuoso dragón volaba con rapidez y determinación. La criatura alada descendía bruscamente, surcando los cielos con una velocidad impresionante. Al llegar al suelo, el dragón aterrizó con fuerza, clavando sus garras en la tierra y agachando su enorme cabeza para facilitar el descenso de su jinete.

La mujer que desmontó del dragón llevaba un uniforme militar impecable de colores blancos y negros, rematado con una gorra que reflejaba su rango. Un estoque colgaba elegantemente de su cintura, y en su rostro se dibujaba una expresión de fría irritación. Era Esdeath, la general más temida y respetada del Imperio. Su mirada fulminante se posó de inmediato en el grupo de soldados que intentaban levantarse tras el impacto del terremoto que había sacudido el lugar.

"¿Qué demonios ha pasado aquí?". Exigió, su voz cortante como el filo de una espada. La autoridad en su tono hizo eco en el silencio tenso que envolvía la escena.

Uno de sus soldados, envuelto en un manto oscuro que ocultaba gran parte de su figura, se adelantó con precaución y decidió responder. Al hablar, su voz reflejaba respeto y una leve inquietud.

"Lady Esdeath, lamento profundamente este desafortunado incidente. Sufrimos un imprevisto que obstaculizó nuestro avance".

Esdeath frunció el ceño, su paciencia agotándose rápidamente.

"¿Qué tipo de imprevisto?". Demandó, cruzando los brazos mientras sus ojos perforaban al soldado.

El hombre encapuchado levantó la mano y señaló hacia adelante, a un costado de la general.

"Un terremoto inesperado provocó grietas masivas y profundas, generando un abismo tan grande que es imposible cruzarlo".

Esdeath giró la cabeza hacia donde apuntaba su subordinado y confirmó lo que decía. Ante ella se extendía un enorme cráter, con grietas que serpenteaban en todas direcciones. El agujero era tan vasto que podía rivalizar con el tamaño de una montaña, y tan profundo que el fondo permanecía envuelto en sombras impenetrables.

La general observó con una mezcla de extrañeza y frustración. Aquello no tenía sentido. Ni siquiera el más poderoso terremoto conocido podría haber generado semejante destrucción en tan poco tiempo. Con un gesto decidido, caminó hacia el borde del cráter y se agachó, colocando una mano que estaba cubierto por un guante de color negro, en el suelo mientras examinaba con detenimiento el terreno.

"Esto no es obra de un simple terremoto…". Murmuró para sí misma, aunque su voz estaba cargada de sospecha.

Mientras inspeccionaba, notó un patrón en las grietas. Parecía que todas convergían hacia un punto específico, formando un camino que conducía directamente hacia la capital imperial. Esdeath alzó la vista, sus ojos azules brillando con un destello peligroso. Una sonrisa torcida comenzó a formarse en su rostro, revelando tanto fascinación como anticipación.

"Interesante…". Habló, sus labios curvándose en una mueca que hacía temblar incluso a sus propios soldados.

Volvió sobre sus pasos hacia el dragón, montándolo con elegancia y firmeza. Antes de elevarse nuevamente al cielo, lanzó una última orden con una voz helada que no admitía objeciones.

"Liver, asegura que todos encuentren una manera de cruzar este obstáculo. Aquellos que no puedan o no quieran hacerlo, elimínalos. No tolero la debilidad en mis filas".

El soldado encapuchado asintió sin titubear y comenzó a organizar al resto del escuadrón, mientras Esdeath tiraba de las cadenas de hielo que sujetaban a su dragón. La criatura rugió con fuerza, extendiendo sus alas y lanzándose al aire con un poderoso impulso.

Desde lo alto, Esdeath contempló la vista panorámica. La capital imperial se perfilaba a lo lejos, un lugar que ella conocía como el centro de su poder absoluto. Sin embargo, algo en su interior le decía que las cosas habían cambiado. Los terremotos y el inmenso abismo eran sólo una manifestación de algo mucho más grande y profundo. Algo estaba ocurriendo en la capital, algo que desafiaba su lógica y despertaba sus instintos.

Esdeath anhelaba llegar a la capital, ansiaba descubrir el origen de estos desastres, ansiaba enfrentarse al responsable… y ansiaba, sobre todo, romperlo.

"Sea lo que sea…". Dijo para sí misma, apretando el estoque a su cintura con una sonrisa salvaje. "Lo encontraré. Y lo aplastaré".

Con un rugido ensordecedor, el dragón se perdió entre las nubes, llevando a la Reina de Hielo hacia un destino que prometía ser tan caótico como fascinante. La capital imperial no sabía lo que se avecinaba. Y tampoco, lo sabían Tatsumi y Onyx.


¡Hola a todos! Les traigo un nuevo capítulo de esta historia que tanto les ha gustado. Antes que nada, les pido disculpas por la demora. He estado bastante ocupado con el trabajo, lo cual me deja muy cansado y me impide escribir tanto como quisiera. A pesar de eso, me he esforzado por completar este capítulo. ¡Y espero que lo disfruten tanto como yo disfruté escribiéndolo!

En este capítulo no solo encontrarán y veran que agregué la participación de Seryu, quien se enfrenta a Mine y Sheele en una lucha intensa, sino que también he añadido algo muy especial. La transformación de Onyx en una nueva Teigu. Esta Teigu no aparece en el anime ni en el manga, ya que es completamente original y parte de mi propia creación. Espero que les guste esta nueva incorporación a la historia. ¡Y créanme, esto es solo el comienzo!. Se vienen más transformaciones de otras Teigus, algunas aún más poderosas y sorprendentes. Pero eso lo descubrirán en los próximos capítulos.

Sin más que agregar, me despido. Cuídense mucho, no olviden dejar su favorito, comentar y seguir mi historia. Si les ha gustado, ¡compártanla con sus amigos! Nos vemos pronto, ¡Hasta el próximo capítulo!.