Capitulo 12 El Verdugo de la Capital

Base de Night Raid - 8:30 am - Campos de entrenamiento.

El sol naciente pintaba el cielo de tonos rosados y anaranjados mientras. Tatsumi, fiel a su promesa, se movía con silenciosa eficiencia por la base de Night Raid. Habían pasado días desde su decisión: apoyar a sus compañeros sin derramar sangre. Limpiaba, cocinaba, lavaba….Cada tarea realizada con una diligencia que ocultaba la inquietud que a veces lo asaltaba. No se arrepentía, no del todo, pero la inacción pesaba en su conciencia. Sus compañeros, respetuosos de su decisión, lo observaban con una mezcla de admiración y impaciencia. Najenda, su líder, les había pedido paciencia, que solo era cuestión de tiempo.

En el campo de entrenamiento detrás de la base resonaba con el sonido del metal contra el metal. Tatsumi, sin camisa, sudaba mientras blandía una espada de entrenamiento desproporcionadamente grande. Sus músculos, aunque aún en desarrollo, mostraban la fuerza que había ganado con el entrenamiento constante. Enfrente, Bulat, un monumento de fuerza y experiencia, movía su lanza con una precisión mortal. Las pesadas rocas rectangulares que reemplazaban las puntas de la lanza dejaban un rastro de polvo en el suelo. Cada movimiento era una lección, cada golpe una oportunidad para aprender.

Leone y Mine los observaban desde un rincón. Mine, con su habitual expresión seria, parecía analizar cada movimiento de Tatsumi con una intensidad que no pasaba desapercibida para Leone.

"¿Qué opinas?". Preguntó Leone, con una sonrisa traviesa.

Mine se encogió de hombros, pero sus ojos seguían fijos en Tatsumi. "No está mal". Su tono era plano, casi indiferente.

"Ajá". Respondió Leone. "Pero esa mirada, Mine, dice otra cosa. Siempre estás pendiente de él".

Mine se giró, irritada. "¡Solo me aseguro de que no se escape de nuevo!". Exclamó, su voz un poco demasiado alta. "¡No pienses que estoy interesada en él!"

Leone se limitó a sonreír. "Solo digo… Es educado, atento, responsable, trabajador… ¡y tiene un cuerpo que no está nada mal! Además, nunca se queja de las tareas, especialmente de las tuyas."

Mine se cruzó de brazos, su rostro enrojeciendo. "¡Él dijo que no quería matar, así que tiene que ser útil de otra manera! ¡Limpiar mi cuarto cada diez minutos es una tarea importante!".

Leone rio. "¿Limpiar tu cuarto cada diez minutos? Mine, es un desperdicio de talento. Suficiente hace con limpiar toda la base en vez de limpiar la capital."

Mine la miró con el ceño fruncido. "Espero que la jefa tenga razón, que con el tiempo acepte la realidad: matar es el único camino para nosotros…, y para él."

En ese momento, Akame apareció, buscando a Tatsumi. "Hola, chicas."

Akame observó a Tatsumi por un momento antes de llamarlo. "Tatsumi."

Tatsumi, al escuchar su nombre, dejó caer la espada y se secó el sudor de la frente. "Hola, Akame. ¿Qué pasa?".

"Ven, necesitamos preparar el desayuno." Akame le lanzó un delantal blanco.

Tatsumi lo atrapó. "Entendido."

Akame se fue, seguida de Leone y Mine. Tatsumi se dirigió a Bulat, quien estaba recogiendo sus armas.

"Lo siento, hermano, tengo que irme."

Bulat sonrió. "No te preocupes, ya casi terminábamos. Vamos a refrescarnos."

Mientras se secaban con toallas y bebían agua, Bulat observó a Tatsumi con admiración. "Tu manejo de esa espada… es increíble. Has encontrado la forma de contrarrestar su peso."

Tatsumi sonrió, un poco avergonzado. "Es cuestión de encontrar el equilibrio." Realizó un corte potente y preciso, demostrando su nueva técnica.

"Me enorgulleces, Tatsumi," dijo Bulat, con una sonrisa. "Si sigues así, podrías superarme algún día."

Tatsumi se sonrojó. "Tal vez…, pero solo quiero hacerme más fuerte. No quiero reemplazarte".

Bulat asintió. "Bueno. No pierdas el tiempo, Akame te espera."

Tatsumi corrió hacia la base, dejando a Bulat con una expresión pensativa. "¿Por qué siempre lleva consigo esa espada?". Se preguntó.


Base de Night Raid - 9:00 am. - Cocina

El aroma a café recién hecho y croquetas doradas flotaba en el aire de la cocina de Night Raid. Tatsumi, con su delantal blanco impecable, daba los toques finales al desayuno, sus movimientos precisos y eficientes como una danza silenciosa. Akame, sentada a la mesa, ya había devorado su plato con una velocidad que solo ella podía lograr. El silencio de la cocina era interrumpido solo por el suave tintineo de los cubiertos y el susurro de la conversación entre Leone y Sheele en el comedor contiguo.

Tatsumi colocó los platos con cuidado, cada cubierto en su lugar, cada vaso dispuesto con precisión milimétrica. Su mirada se dirigió hacia las sillas vacías de Mine y Sheele, una leve arruga de preocupación surcando su frente.

"¿Dónde están Mine y Sheele?". Preguntó, su voz apenas un susurro.

Akame, limpiándose la boca con una servilleta, respondió con la misma tranquilidad con la que había devorado su desayuno: "Mine fue a despertar a Sheele."

"Espero que se den prisa". Dijo Tatsumi. "O la comida se enfriará."

En ese instante, Akame, con una velocidad sorprendente, tomó los platos restantes y los devoró en un abrir y cerrar de ojos. "Listo," anunció, con una expresión impasible que contrastaba con la sorpresa de Tatsumi.

"Akame." dijo Tatsumi, con un tono suave pero firme. "Ya comiste".

"Dijiste que se enfriaría." Respondió ella, con una leve sonrisa en sus labios.

Tatsumi suspiró. Lo bueno, era que aún quedaba bastante comida. Antes de que pudiera decir algo, Akame se levantó. "Tatsumi, necesito que prepares atún para el almuerzo. Ve a pescar después de limpiar la mesa."

"Entendido,". Respondió Tatsumi.

En ese momento, Mine y Sheele entraron al comedor, sus rostros aún adormilados.

"Buenos días," dijo Sheele, con una sonrisa. Su mirada se posó en los platos vacíos. "¿Dónde está nuestro desayuno?"

Tatsumi, con un suspiro resignado, explicó la situación. "Lo siento, chicas, Akame se lo comió. Les serviré más. No se preocupen."

"Gracias, Tatsumi". Dijo Sheele, sentándose con entusiasmo.

"Yo quiero doble". Demandó Mine, con una mueca de molestia.

"Entendido". Respondió Tatsumi, sirviendo con calma.

Mientras Tatsumi servía la comida, las demás mujeres estaban conversando en la mesa. La conversación giró en torno a Tatsumi, a su labor incansable y su aparente inutilidad en el campo de batalla. Sheele defendió su dedicación, mientras Mine insistía en que su ayuda no era suficiente. Leone, con su habitual entusiasmo, alabó la calidad de la comida.

Tatsumi salió de la cocina con los platos ya servidos. Entregó cada uno a sus compañeros para después volver a la cocina. Las mujeres comenzaron a comer. Apenas sintieron lo suave, pero crocante que eran las croquetas. Ellas suspiraron de satisfacción.

De repente, una carcajada resonó desde la cocina, interrumpiendo la discusión. Todos se giraron para ver a Tatsumi riendo a carcajadas, un sonido tan fuera de lugar que Mine frunció el ceño.

"Saben, si pudiera matar y no estuviera riéndose solo… sería el compañero perfecto," murmuró Mine, su frustración evidente.

Leone, con una sonrisa pícara, se acercó a Mine. "Lo sabía, sabía que te interesaba. Dime, ¿Cuándo te declaras?".

Mine, al borde de la explosión, gritó. "¡Cállate y come tus malditas croquetas!".


Dentro de la cocina. El eco de su risa aún resonaba en la cocina, un sonido incongruente con la quietud habitual del lugar. Tatsumi, el rostro aún sonrojado por la carcajada, trataba de recuperar el aliento. La broma de Onyx, su Teigu, había sido inesperadamente divertida, una chispa de humor en medio de la rutina diaria. El agua jabonosa corría por los platos mientras Tatsumi los lavaba, sus movimientos fluidos y precisos, un reflejo de su naturaleza metódica.

"Jajajaja... ¡Increíble!". Exclamó Tatsumi, la risa aún vibrante en su voz. "No puedo creer lo gracioso que fue eso."

Onyx, desde la intimidad de su mente, respondió con un tono de perplejidad: "De verdad. Me sorprende que usted encuentre eso tan divertido, Portador. No entiendo el humor."

"Ah, es que el investigador que te creó tenía un sentido del humor bastante peculiar" Explicó Tatsumi, secándose las manos en un trapo. "Un gran sentido del humor, de hecho. ¿Sabes?, me gustaría saber más sobre él. ¿Puedes contarme algo más?".

"Por supuesto, Portador. Él me habló de las habilidades que podría emplear para ayudarlo a usted. Ya conoce algunas, como la lectura de mentes, la detección de intenciones, la transformación en otras Teigus, y mi capacidad de curación."

Tatsumi enjuagó un cuchillo con cuidado. "Sí, ya he sido testigo de esas habilidades, Onyx. Pero, ¿hay algo más que no me hayas contado? Algo que aún no hayamos podido usar."

Un silencio momentáneo se instaló entre ellos, interrumpido solo por el suave goteo del agua. Luego, la voz de Onyx resonó, con un tono diferente, más cauteloso. "Hay algo... Puedo crear ilusiones mentales. Puedo hacer que las personas vean o crean cosas que no existen, como un espejismo."

Tatsumi se detuvo, el trapo suspendido en el aire. "¿Qué dijiste?", preguntó, la sorpresa evidente en su voz.

"Puedo generar ilusiones en la mente de las personas, Portador. Es una habilidad sutil, difícil de controlar, pero poderosa". Onyx repitió su afirmación, con una precisión que dejaba entrever la importancia de la revelación.

Tatsumi, fascinado, dejó el trapo y se apoyó en el fregadero. "¿Cómo funciona eso?, Explícamelo con detalle."

"Puedo manipular las percepciones sensoriales de una persona, Portador. Puedo hacer que vea rostros familiares donde no los hay, que escuche voces que no existen, o que sienta cosas que no son reales. Es una herramienta poderosa, pero requiere precisión y control."

"Eso suena... increíblemente útil". Dijo Tatsumi, un brillo de interés en sus ojos. "Quizás podríamos usar eso alguna vez..."

"Lo dudo, Portador. Entre sus tareas, el entrenamiento con Bulat y las demás responsabilidades, apenas tenemos tiempo para entrenar mis habilidades. Es una pena."

Tatsumi sonrió, un destello de optimismo en su mirada. "Para todo hay solución, amigo. Hablando de eso, ¿has podido revisar la información que recolectamos la otra noche? Necesito saber qué hemos encontrado."

Un suspiro resonó en la mente de Tatsumi. "La verdad es que no, Portador. Quería hablar primero sobre el investigador... Él era una persona... buena. Una muy buena persona. Ojalá lo hubiera conocido." La voz de Onyx se quebró, una tristeza inesperada coloreando sus palabras.

Tatsumi, percibiendo el cambio en el tono de su Teigu, se preocupó. "¿Onyx, estás bien? ¿Qué sucede?"

"Perdón, Portador. Solo... recordaba al investigador. Recuerdo algunos momentos,...buenos momentos con él,... Ojalá haya tenido una buena vida.". El Teigu habló con melancolía en se voz. "Disculpe, Portador, voy a retirarme un momento".

Tatsumi, comprensivo, dejó que Onyx se recogiera en sus recuerdos. Cuando la voz de su Teigu volvió a ser firme, Tatsumi dijo. "Entiendo, amigo. Descansa un poco. Te dejaré trabajar en la información más tarde."

Onyx se retiró, dejando a Tatsumi solo con sus pensamientos. La tristeza en la voz de su Teigu lo había conmovido. Era la primera vez que lo veía tan afectado. Tatsumi terminó de lavar los platos, un nudo en el estómago. La información sobre el imperio seguía sin revisarse, y ahora, la melancolía de Onyx se sumaba a sus preocupaciones.

Justo cuando Tatsumi se disponía a recoger la mesa, Akame entró en la cocina, interrumpiendo sus pensamientos. "Tatsumi, hay una reunión. La jefa quiere que estés allí."

La sorpresa de Tatsumi fue palpable. Como tatsumi ya no participa en las misiones. Tampoco participaba en las reuniones. Su decisión de no participar en las misiones de Night Raid había sido respetada hasta ahora. Pero, ¿Qué podría ser tan importante como para que Najenda lo llamara a una reunión? La incertidumbre lo llenó de una mezcla de inquietud y curiosidad.

"Está bien, Akame. Iré a la reunión". Respondió Tatsumi, su voz firme a pesar de la incertidumbre que lo invadía.

Akame asintió y se marchó. Tatsumi se quedó solo, la imagen de la sonrisa triste de Onyx grabada en su mente. Solo esperaba que la reunión no fuera un presagio de algo malo.


Base Night Raid 10:30 am - Sala de Reuniones.

La tensión era palpable en la sala de reuniones de Night Raid. Najenda, sentada en su silla de ruedas, observaba a sus subordinados con una mirada penetrante. Tatsumi, aún con la ropa de la cocina, se sentía fuera de lugar entre los guerreros curtidos, pero su presencia allí era un indicio del cambio que se avecinaba.

"Bien, ahora que todos están aquí, quiero explicar por qué los he reunido". Comenzó Najenda, su voz resonando con autoridad. "Tenemos un objetivo de suma importancia que debe ser eliminado. Un sujeto opera en la capital, un asesino que se mueve bajo el manto de la noche, dejando tras de sí una estela de muerte. Decenas de víctimas, soldados imperiales y civiles por igual, han caído bajo su filo."

Tatsumi frunció el ceño, la información resonando en su mente. "Soldados y guardias... debe ser alguien excepcionalmente fuerte."

Lubbock, siempre el primero en ofrecer una hipótesis, intervino: "Si se trata de soldados y guardias imperiales, entonces solo puede ser una persona: Zank, el Verdugo."

La pregunta de Tatsumi colgó en el aire, una incógnita que reflejaba su ausencia en las misiones anteriores. "¿Zank, el Verdugo? ¿Quién es ese?"

Mine, con un gesto de impaciencia, respondió: "Si hubieras participado en las misiones, lo sabrías. Todos aquí lo sabemos."

Sheele, con su habitual dulzura, alzó la mano: "Yo tampoco sé quién es, Mine."

Mine se llevó una mano a la frente, la frustración evidente en su expresión. "Sheele, solo lo has olvidado."

Tatsumi, ignorando la pequeña disputa, insistió: "¿Alguien podría explicarme quién es este Zank?"

Mine, con una mezcla de disgusto y fascinación, comenzó a relatar la historia del asesino: "Zank era el verdugo de la prisión imperial más grande. Gracias a la influencia del Primer Ministro, nunca le faltaba trabajo. Día tras día, ejecutaba a personas que suplicaban por sus vidas. Después de años, la decapitación se convirtió en algo tan rutinario para él, tan mecánico, que era como respirar."

Tatsumi sintió un escalofrío recorrer su espalda. La frialdad de la descripción era aterradora. La idea de que alguien pudiera normalizar la muerte de esa manera era monstruosa.

Mine continuó: "Un día, la prisión dejó de satisfacer su sed de sangre, su necesidad enfermiza de matar. Salió a las calles y comenzó a asesinar sin piedad. Cuando un equipo especial fue formado para detenerlo, desapareció. Creímos que se había ido... pero ha vuelto."

Bulat, con una mirada penetrante dirigida a Tatsumi, añadió: "Y ahora, con un Teigu robado al director de la prisión, es aún más peligroso."

Tatsumi, conmocionado por la historia, murmuró: "Ese hombre está enfermo."

"Así es, Tatsumi". Confirmó Bulat. "Zank es una amenaza para la capital y sus habitantes. Debemos detenerlo."

La atención de todos se centró en Tatsumi. Bulat sonrió levemente. "Y esperamos que digas que sí."

Tatsumi se quejo perplejo. Ellos lo estaban invitando. Como lo habían hecho, durante los anteriores días.

La invitación resonó en el silencio de la sala. Tatsumi se encontraba en una encrucijada. La imagen de Zank, el verdugo despiadado, contrastaba con su propio rechazo a la violencia. Un escalofrío de repugnancia y miedo lo recorrió. La idea de matar a alguien, incluso a un monstruo como Zank, le producía un profundo malestar.

"Lo siento, pero pasó". Respondió Tatsumi, la tristeza en su voz.

La decepción se apoderó de los rostros de sus compañeros. Pero Najenda, como líder de la Night Raid, no se dio por vencida. "Tatsumi, entiendo tus problemas con matar. Hasta ahora, hemos respetado tu decisión. Pero te necesitamos en esta misión. Con tu ayuda, podemos evitar que más gente inocente sufra."

Najenda hizo una pausa, una chispa de astucia en sus ojos. "No tendrás que matar directamente. Irás con los demás a buscar a Zank. Si lo ves, avisarás al equipo para que se encargue de él."

La propuesta de Najenda resonó en la mente de Tatsumi. Una manera de contribuir sin mancharse las manos con sangre. Eso era algo, que podria funcionar. O, eso pensaba Tatsumi. Después de un momento de reflexión, Tatsumi asintió. "Está bien, jefa. Los ayudaré a encontrar a Zank, pero no lo mataré."

Una ola de alivio recorrió la sala. Najenda esbozó una sonrisa. "Excelente. Para asegurar el éxito, trabajaremos en parejas: Tatsumi y Akame, Leone y Sheele, Bulat y Lubbock. Yo vigilaré desde un punto de observación. La misión comienza esta noche. ¡Vayan a descansar y prepárense para liberar a la capital de esta amenaza!"

Tatsumi, mientras los demás se dispersaban, se quedó sumido en sus pensamientos. La misión se acercaba, y con ella, la posibilidad de un conflicto interno que podría romperlo. Pero, por el bien de la capital y de sus compañeros, estaba dispuesto a enfrentarlo.


Base de Night Raid - 7:30 pm. Habitación de Tatsumi.

El silencio de la habitación de Tatsumi era solo aparente. En su interior, una tormenta de pensamientos y emociones se agitaba. El castaño, sentado en el borde de su cama, repasaba mentalmente los preparativos para la misión nocturna. Había cumplido con sus tareas: el almuerzo estaba preparado, la base impecablemente limpia, la ropa tendida con precisión. Ahora, solo quedaba prepararse a sí mismo.

"Debo concentrarme". Se repitió en voz baja. "Es por el bien de la capital, por la gente. Necesito estar listo. No matarás, solo vigilarás y avisarás."

La voz de Onyx, su Teigu, resonó en su mente, interrumpiendo su auto-injunción. "Portador, siento que su corazón late con más fuerza. ¿Le ocurre algo?"

"Estoy nervioso, Onyx". Admitió Tatsumi, apoyando las manos en las rodillas. "Voy a participar en una misión con Night Raid después de tanto tiempo. Necesito estar preparado. Aunque... es difícil. Hace mucho que no estoy en la capital."

"Sí, no es porque no queramos, Portador," respondió Onyx, su tono ligeramente amargo. "Sino por la insistencia de los demás. No quieren que se escape de nuevo como la otra vez."

El recuerdo de la vigilancia constante a la que había sido sometido después de su decisión de no matar, pero de permanecer con Night Raid, provocó una punzada de irritación en Onyx. Le molestaba profundamente que lo vigilaran, que lo trataran como a un traidor potencial. Para él, la lealtad de Tatsumi era incuestionable.

La Teigu había leído los pensamientos de los demás miembros de Night Raid, los comentarios susurrados, las miradas de desconfianza. Habían llegado a la conclusión de que Tatsumi estaba loco, que hablaba solo y reía sin motivo. Onyx había informado a Tatsumi de esas opiniones, esperando una reacción de enojo, pero se había sorprendido al ver la calma y hasta la diversión en la respuesta del castaño. Tatsumi había explicado que, en cierto modo, tenían razón. Como solo Onyx podía oírlo, era comprensible que lo interpretaran de esa manera.

Onyx sentía una punzada de culpa por haber expuesto a Tatsumi a esos comentarios, pero el castaño lo había tranquilizado, asegurando que su opinión no le importaba. Esa indiferencia serena había sorprendido al Teigu.

"Bueno, es mejor que me prepare". Dijo Tatsumi, interrumpiendo la corriente de pensamientos.

Se vistió con una camisa blanca, un suéter crema, pantalones grises y botas marrones. Se dirigió a su cómoda, abrió el cajón superior y sacó una chaqueta negra con ribetes blancos en las mangas y el cuello, lo suficientemente amplia como para ocultar su espada. "Creo que ya estoy listo". Murmuró, con una inseguridad que contradecía su apariencia externa.

Al intentar cerrar el cajón, descubrió que estaba trabado. "¿Qué extraño?". Exclamó, intentando cerrarlo con fuerza. "¿Por qué no cierra?"

"Portador, creo que algo lo está trabando", Indicó Onyx.

Tatsumi metió la mano en el cajón, buscando el obstáculo. Sus dedos rozaron un objeto familiar. "Aquí está". Dijo, sacando el objeto a la luz.

Era la máscara que había comprado durante su última visita al Imperio con Mine. No la había visto en días, casi la había olvidado. El cansancio y la confusión de aquel día habían borrado el recuerdo de su ubicación. "Así que, aquí estabas". Dijo Tatsumi, contemplando la máscara con una mezcla de sorpresa y nostalgia. A pesar de las opiniones de sus compañeros, el diseño peculiar de la máscara le seguía fascinando.

"Debería llevarla, Portador". Sugirió Onyx.

"¿Crees?". Preguntó Tatsumi, dudoso. "Solo la compré por su diseño. No pensé en usarla en las misiones."

"Un objeto comprado y no usado es un desperdicio, Portador. Y esta máscara, en mi opinión, no lo es". Argumentó Onyx, utilizando una frase que el investigador le había enseñado.

Tatsumi sonrió, impresionado por la elocuencia de su Teigu. "Vaya, Onyx, qué gran frase. Espero que me sirva de algo."

Tatsumi contempló la máscara, indeciso. La posibilidad de usarla, era tran grande, como la idea de no usarala. Pensando que Talvez, era una mala idea. El castaño se quedó sentado, todavía indeciso de usarla. O no.


Base de Night Raid - 8:00 pm.

La impaciencia se cernía sobre Night Raid. Todos estaban listos para la misión, sus Teigus brillando bajo la luz tenue de la base, excepto Tatsumi. La espera se hacía cada vez más tensa.

"¿Dónde está?". Preguntó Mine, su voz cargada de irritación. La espera la estaba desgastando.

Bulat, con su habitual calma, respondió: "Seguro que se está preparando mentalmente. Debemos darle tiempo. Confío en que estará listo cuando lo necesitemos."

Mine refutó con sarcasmo: "¿Prepararse para qué? Solo va a vigilar. Nosotros haremos todo el trabajo. Además, ya se ha tardado demasiado."

Sheele, siempre conciliadora, sugirió: "Podría ir a buscarlo."

Pero antes de que alguien pudiera moverse, Akame, con una mirada aguda, señaló hacia la entrada. "No es necesario."

Tatsumi apareció en el umbral, su figura familiar, pero con un añadido inesperado: una máscara oscura cubría su rostro. La sorpresa inicial se transformó en confusión y, en el caso de Mine, en una nueva oleada de irritación.

"¿Qué rayos es eso?". Exclamó Mine, su voz cortante. "¿Qué te pasa? Estamos en una misión, no en un carnaval. Quítate esa máscara."

Tatsumi, visiblemente incómodo, intentó explicar: "Bueno, yo... quiero usarla..."

"¿Por qué?". Replicó Mine, su paciencia agotada. "Solo vas a vigilar. No necesitas esa máscara."

Tatsumi intentó justificar su decisión, pero Leone intervino, su voz serena cortando la tensión: "Déjalo, Mine. Si quiere usarla, no hay problema."

"¿No puedes hablar en serio?". Espetó Mine, incredula.

Leone, ignorando la reprimenda, se dirigió al resto del grupo: "¿Qué opinan los demás?"

Sheele, con una sonrisa suave, respondió: "Para mí, no hay problema."

Lubbock, siempre impredecible, añadió: "Tampoco yo tengo objeciones."

Bulat, con una mirada comprensiva, comentó: "Si la máscara te ayuda a tener más confianza para cumplir con la misión, entonces úsala."

Incluso Akame, la más seria del grupo, asintió con la cabeza: "Si la compraste, es mejor que la uses. Sería un desperdicio de dinero si no lo haces."

El apoyo de sus compañeros provocó una sonrisa en Tatsumi, disipando parte de su incomodidad.

Mine, resignada, suspiró: "Como sea. Solo espero que puedas ayudarnos en la misión."

Tatsumi, con determinación, respondió: "¡Lo haré!"

Con el asunto de la máscara resuelto, finalmente salieron de la base, adentrándose en la noche capitalina. Todos fueron con un único objetivo. Encontrar y detener a Zank, El vergudo.


Capital Imperial - 8:30 pm

Las calles de la capital yacían sumidas en una oscuridad casi palpable, un silencio sepulcral roto solo por el susurro del viento entre los edificios. Tatsumi y Akame avanzaban con sigilo, cada paso medido, cada sentido alerta. Tatsumi, con su máscara cubriendo su rostro y Onyx lista en su espalda, escudriñaba las sombras en busca de cualquier señal de vida. La ausencia de personas era tan inquietante como la presencia de un peligro latente.

"Las calles están desiertas por culpa de ese asesino". Comentó Tatsumi, su voz apenas un susurro. La gravedad de la situación se reflejaba en sus palabras.

Akame, sin dejar de observar su entorno, respondió: "Eso facilitará nuestra tarea. Parece que tenemos a cargo toda esta zona." Extendió un mapa, iluminándolo con un pequeño dispositivo, y lo estudió con atención. "Debemos cubrir la segunda sección más grande, lo que implica ser extremadamente minuciosos."

Tatsumi estaba a punto de sugerir un plan de acción cuando la voz de Onyx lo interrumpió: "Portador, detecto la presencia de soldados imperiales que se acercan."

"Entendido, amigo". Respondió Tatsumi, agradeciendo la advertencia de su Teigu. Se giró hacia Akame. "Akame, creo que alguien se acerca. Debemos movernos."

Los instintos de Akame, tan agudos como los de su compañera, ya habían percibido la amenaza. "Sí, vamos."

Ambos se deslizaron rápidamente hacia un callejón oscuro, ocultándose entre las sombras. Observaron cómo un grupo de guardias imperiales, armados hasta los dientes, pasaba a pocos metros de ellos, sus pasos resonando en la noche. Esperaron pacientemente hasta que el sonido de sus pisadas se desvaneció en la distancia.

"Creo que se han ido". Suspiró Tatsumi, aliviado.

"Sí, continuemos". Dijo Akame, emergiendo del callejón y retomando su camino. Tatsumi la seguía, sus ojos fijos en la Teigu de Akame, Murasame, que descansaba en su mano. "Según Onyx, Murasame, la asesina de un solo corte, mata con un solo golpe". Pensó Tatsumi, recordando su primer encuentro con Akame, el momento en que la espada casi le atraviesa el corazón. "Casi no la cuento". Murmuró, un escalofrío recorriendo su espalda.

"Por eso le dije que no era buena idea dejarse herir a propósito, Portador". Recordó Onyx, su tono ligeramente reprochador.

"Lo sé, lo sé". Respondió Tatsumi mentalmente. "Pero, ¿cómo iba a saber que ella tenía un Teigu? Y uno que mata con un solo corte, además."

"También es mi culpa, Portador. No pude identificar que tenían Teigus antes de la pelea". Admitió Onyx, compartiendo la responsabilidad.

"Sí, si hubiéramos sabido... quién sabe cómo habría sido todo". Reflexionó Tatsumi. Luego, recordó algo crucial. "Oye, Onyx... ¿sabes qué tipo de Teigu tiene Zank?".

El silencio de Onyx respondió a la pregunta. Tatsumi suspiró, la vergüenza coloreando sus pensamientos. "Olvidé preguntar sobre el Teigu de Zank. Soy un tonto."

"No diga eso, Portador. No fue su culpa. Estaba en conflicto sobre la misión, y cualquiera hubiera ignorado todo lo demás al pensar en eso". Lo consoló Onyx.

"De todos modos, necesitamos saber qué tipo de Teigu tiene para estar preparados". Dijo Tatsumi, recuperando su compostura. "Podría ser un objeto grande. Eso podría ayudarnos a identificarlo."

"Podría lanzar una onda expansiva para detectarlo". Sugirió Onyx.

Tatsumi rechazó la idea. "Mejor no. Podríamos llamar la atención de los demás miembros de Night Raid. Y, además, nadie sabe que tengo un Teigu." Miró a Akame, quien seguía caminando con paso firme. "Espera, creo que tengo una idea."

Se acercó a Akame y la tocó ligeramente en el hombro. "Oye, Akame, ¿puedo hacerte una pregunta?"

Akame se detuvo, pero en lugar de responder a su pregunta, dijo: "No te preocupes, traje comida para los dos."

La confusión de Tatsumi fue evidente. "No, no es eso. Te quería preguntar si sabes qué tipo de Teigu podría tener Zank."

Akame respondió con una seriedad que transmitía la gravedad de la situación: "No. De hecho, nadie del equipo lo sabe. Debemos ser muy cuidadosos y discretos."

"Entiendo", dijo Tatsumi, aunque una leve sonrisa optimista se asomaba en sus labios. "No te preocupes, puedes contar con nosotros."

Akame asintió, y ambos retomaron su camino. La búsqueda continuaba, bajo el velo de la noche y el peso del misterio. Akame, sin embargo, observaba a Tatsumi con una mezcla de curiosidad y sospecha. Había notado que el joven parecía comunicarse con alguien invisible, una sensación que intensificaba su interés y sus dudas. "¿Qué estás escondiendo, Tatsumi?", se preguntó en silencio.


Capital Imperial - 9:00 pm

La noche se cernía sobre la capital imperial, un manto de oscuridad que ocultaba tanto peligros como secretos. En una azotea, Zank, el Verdugo, observaba la ciudad con una sonrisa cruel. Su figura imponente, con su abrigo largo y el extraño accesorio en forma de ojo de color verde estaba en su frente, irradiaba una aura amenazante. El brillo verde del dispositivo indicaba que estaba utilizando su Teigu para localizar a los miembros de Night Raid.

"Bueno, bueno... además de mi presencia, llegaron los asesinos". Murmuró Zank, su voz un susurro gélido. "Veamos... ¿quién será el primero?"

El dispositivo en su frente brilló con intensidad, proyectando imágenes de los miembros de Night Raid. Zank los analizó uno por uno, deleitándose con la perspectiva de la muerte. Mine, Sheele, Bulat, Leone... cada uno era un posible objetivo. Pero su atención se centró en Tatsumi y Akame, sentados en una banca a cierta distancia, compartiendo un refrigerio. Zank ajustó su visión para ver mejor al joven, y sus ojos se abrieron de par en par al ver los ojos esmeralda del castaño, una mirada que había visto antes, en los recuerdos de una de sus víctimas.

"Creo que encontré al ganador". Dijo Zank, una sonrisa siniestra extendiéndose por su rostro. Saltó de la azotea, su cuerpo cayendo con una precisión aterradora. "Tendré tu cabeza, pequeño justiciero." El objetivo en su frente se abrió y comenzó a brillar con intensidad.

Mientras tanto, Tatsumi y Akame disfrutaban de un momento de descanso, sentados en una banca. Tatsumi, con su máscara puesta, se relajaba, pero su mente seguía alerta.

"Rayos, ese tipo no aparece". Comentó Tatsumi levantando un poco su máscara, para tomar un sorbo de su bebida. "Pero bueno, eso nos permite relajarnos un poco."

Akame, degustando un dulce, observó a Tatsumi con atención. Su mirada se posó en la espada que llevaba oculta bajo su chaqueta. El movimiento de Tatsumi al sentarse había dejado entrever la vaina. Akame examinó la espada con curiosidad. Era diferente a cualquier otra que hubiera visto.

"Tatsumi". Dijo Akame, llamando la atención del castaño.

"¿Sí, Akame?". Respondió Tatsumi, girándose para mirarla.

"Me permites ver tu espada". Pidió Akame, su tono inusualmente directo.

Tatsumi se atragantó con su bebida. "¿Qué?", preguntó, tosiendo.

"Tu espada. Quiero verla de cerca". Repitió Akame, su mirada fija en la del castaño.

Tatsumi, desconcertado, dudó. Nunca antes había mostrado su espada a nadie, ni siquiera a sus compañeros de Night Raid. La razón era simple: temía que descubrieran que Onyx, su Teigu, era mucho más de lo que parecía.

"Hágalo, Portador". La voz de Onyx de manifestó en su mente de repente.

"¿Estás segura, amigo?", preguntó Tatsumi a Onyx, su Teigu. "Nadie aparte de mí ha empuñado a Onyx."

"No se preocupe, Portador. Ella no le hará daño". Respondió Onyx, tranquilizándolo.

"Bien, lo haré", dijo Tatsumi, desabrochando la correa que sujetaba la vaina a su pecho. Desenvainó Onyx, y se la entregó a Akame.

Akame tomó la espada, examinándola con detenimiento. El diseño, el peso, la gema en el pomo... todo era inusual. Tras un momento de estudio, devolvió la espada a Tatsumi. "Gracias". Dijo con una simpleza que ocultaba su fascinación.

Tatsumi volvió a colocar Onyx en su vaina, pero una incomodidad palpable se apoderó de él.

"Tatsumi". Volvió a hablar Akame.

"Sí". Respondió Tatsumi, con una creciente sensación de inquietud.

"Dime... ¿por qué?", preguntó Akame, su mirada penetrante.

Tatsumi se giró, su rostro ligeramente tenso. "¿Por qué, qué?"

"Por qué siempre llevas contigo tu espada. La forma en que la traes, cómo la sostienes... casi como si fuera una parte de ti". Explicó Akame, sus ojos buscando una respuesta en los del castaño.

Tatsumi al sentir la mirada de la pelinegra, intentó responder usando una respuesta evasiva: "La traigo para protegerme, para estar listo para cualquier cosa."

Akame sonrió levemente. "No eres bueno mintiendo, Tatsumi. No quieres contarme porque no sientes la suficiente confianza para hacerlo. Si no hay confianza entre nosotros, entonces no somos compañeros. Pero eso es lo que quieres, lo entiendo".

La tristeza se apoderó de Tatsumi. Quería contarle a Akame sobre Onyx, pero el miedo a las consecuencias lo paralizaba. El temor a perder a su amigo, a ser separado de su Teigu, era demasiado grande.

"No es que no quiera contarte, es que no sé si debería". Confesó Tatsumi, su voz baja y llena de duda. "Es un tema... muy personal."

Akame, comprendiendo su vacilación, colocó una mano reconfortante sobre su hombro. "Tatsumi, solo quiero entenderte un poco más. Hemos respetado tu decisión de no matar. Si la razón por la que hablas solo tiene que ver con tu espada, y no quieres decirlo... lo entiendo. Aunque no me consideres tu compañera, yo sí te considero mi compañero."

Las palabras de Akame resonaron en la mente de Tatsumi, pero la decisión seguía siendo suya. Incapaz de decidir ahora. Se levantó y se dirigió aun lugar alejado para poder pensar con mayor claridad. "Ya vuelvo". Dijo, alejándose de Akame, dejando a la pelinegra con una pregunta sin respuesta y una creciente sospecha sobre el misterio que rodeaba a su compañero.

En un callejón oscuro. Tatsumi, estaba recostado contra una pared húmeda, el luchaba con una decisión crucial: contarle a Akame sobre Onyx, su Teigu. El peso de la incertidumbre lo estaba oprimiendo.

"¿Debería hacerlo?". Se preguntaba, su voz interior un eco en el silencio. "¿Ella me creería? ¿O pensará que estoy loco?"

La voz de Onyx resonó en su mente, percibiendo la agitación interna de su Portador. "Portador, siento sus dudas. Está inquieto."

"Onyx, necesito tu opinión". Dijo Tatsumi, buscando guía en su Teigu. "Debería contarle a Akame sobre ti."

Onyx guardó silencio por un momento, una pausa inusual que reflejaba la complejidad de la pregunta. "¿Por qué quiere hacer eso?". Preguntó finalmente, su tono inusualmente inquisitivo. Era la primera vez que cuestionaba directamente las decisiones de Tatsumi.

"No sé cómo explicarlo, pero siento que puedo confiar en Akame". Respondió Tatsumi. "Ella me ayudó, fue la primera en aceptarme cuando dije que no quería matar. Creo que puedo confiar en ella, contarle sobre ti."

Onyx procesó las palabras de Tatsumi, intentando comprender sus motivaciones. La lealtad y la confianza del castaño eran evidentes.

"Pero...". Continuó Tatsumi, su voz cargada de preocupación. "No quiero ponerte en peligro. Si me equivoco con respecto a ella, y tú resultas perjudicado... no podría perdonármelo. Tú me has apoyado mucho desde que te conocí. Eres más que un Teigu, Onyx. Eres un amigo muy importante para mí. Por eso necesito tu opinión. Si estás de acuerdo, se lo contaré. Si no, entonces no lo haré."

Onyx se quedo callado. Tenia un debate internamente en él. No quería que nadie en Night Raid descubriera su verdadera naturaleza, temiendo que cuando lo descubrieran ellos intentaran quitárselo a su Portador. A diferencia de Tatsumi, quien había llegado a confiar en sus compañeros, Onyx aún albergaba desconfianza. No confiaba en ellos.

Pero las palabras de Tatsumi, la sinceridad y la profunda amistad que expresaban, lo hicieron reflexionar. Tal vez, solo tal vez, podría confiar en Akame. Había tenido la oportunidad de examinar la mente de Akame cuando ella lo sostuvo, y había encontrado algo más que un simple deseo de matar. El había visto algo dentro de ella. Algo que lo hizo cuestionar, si ella de verdad era una asesina.

"Tal vez... pueda presentarme a ella, y solo a ella". Murmuró Onyx para sí mismo, su decisión silenciosa, pero dudosa.

"¿Qué dices, amigo?". Preguntó Tatsumi, ansioso por la respuesta de su Teigu. "¿Podemos confiar en ella?"

"Bueno, tal vez... yo...". Comenzó Onyx, pero fue interrumpido por una nueva advertencia. "¡Portador, alguien se acerca! Y viene de la derecha."

Tatsumi, alerta, giró la cabeza hacia la derecha, vislumbrando una figura oscura al final del callejón. "¿Quién está ahí?". Preguntó, su mano instintivamente buscando el pomo de su espada.

La figura salió de las sombras, revelando su identidad. Tatsumi quedó atónito al ver quién era. Su mano se alejó de la empuñadura, su voz apenas un susurro. "Eres... tú...". Dijo su voz casi era una especie de llanto.

La sorpresa, la incredulidad y el dolor se mezclaban en la expresión del rostro de Tatsumi. Oculta a través de su máscara.

Frente a él, se encontraba una mujer alta y elegante, de cabello castaño claro y ojos negros penetrantes, una sonrisa amable en su rostro. Ella tenía puesto una ropas ligeras pero resistente como para el frío. Esta mujer. Era una persona que Tatsumi conocía. Alguien que le había causado un profundo dolor en el pasado. Y a la vez, le había causado una profunda alergia. Alguien,...que el,... quería,...pero no podía volver a ver.


Con Akame. Ella estaba sentada estaba en la banca comiendo. Estaba esperando a que su compañero regrese. Pero el no lo hacía. Tiempo que le tomaría regresar no debería ser mucho. Akame, se levantó de su asiento y fue al callejón, un poco preocupada por ver que el castaño no regresaba. "Tatsumi, ya tenemos que ir...". Akame no pudo terminar de hablar al ver que el callejón dónde se supone debería estar Tatsumi, no había nadie.

Los ojos de Akame se abrieron por la sorpresa de no ver a su compañero. Pero rápidamente, adoptó una expresión sería en su rostro. Ajustando su Teigu, Murasame. Comenzó a moverse, adentrándose en el callejón. Si Tatsumi no estaba. Entonces, ella tendría que buscarlo.


Por las oscuros callejones, Tatsumi se encontraba corriendo. Su desesperación se podía ver tan clara como la velocidad que el tenía poniendo para alcanzar a la persona que estaba frente a él. El castaño corría a toda velocidad, impulsado por la esperanza de reencontrarse con alguien que creía perdido.

"Portador, ¿qué está haciendo?". Preguntó Onyx, su voz llena de preocupación ante la velocidad frenética de Tatsumi.

"Es ella, Onyx. Tengo que alcanzarla". Respondió el castaño, sin disminuir el ritmo. "No puedo perderla otra vez."

La mujer, sin embargo, era más rápida de lo que Tatsumi había anticipado. Dobló una esquina, desapareciendo de su vista. Tatsumi, sin dudarlo, la siguió, su corazón latiendo con una mezcla de esperanza y temor. Al doblar la esquina, se encontró en una gran plaza desierta, bañada por la luz fantasmal de la luna.

Tatsumi se arrodilló, jadeante, tratando de recuperar el aliento. Alzó la vista y vio a la mujer parada en el centro de la plaza, una figura solitaria bajo el cielo estrellado. Las lágrimas brotaron bajo su máscara, una mezcla de alivio y conmoción. Era ella. Estaba viva.

Se levantó y se acercó a ella, extendiendo los brazos para abrazarla. Una sonrisa, llena de emoción contenida, se dibujó en su rostro. "Estás viva". Susurró, su voz quebrada por la emoción.

Pero a mitad de camino, sintió un repentino y extraño entumecimiento recorrer su cuerpo. Sus músculos se paralizaron, su voluntad anulada. "¿Qué me pasa?". Se preguntó, confundido.

"Portador, ¿qué está haciendo?". Preguntó Onyx, su voz llena de alarma.

"Onyx, ¿eres tú?", preguntó Tatsumi, su mente luchando contra la parálisis.

"Sí, yo lo he detenido. No vaya hacia él". Advirtió Onyx, su tono grave.

La frustración y el enojo se apoderaron de Tatsumi. "¿Onyx, déjame! Tengo que ir con ella."

"Porque él lo matará". Respondió Onyx, con una seriedad que dejaba entrever la gravedad de la situación.

"Ella nunca me haría daño. Déjame ir". Insistió Tatsumi, su voz llena de impaciencia.

Onyx comprendió que Tatsumi estaba siendo engañado por una ilusión. Debía actuar con rapidez. "Portador, lo que está viendo no es real."

"¿De qué hablas?". Preguntó Tatsumi, luchando por liberarse de la parálisis.

Onyx, sin más tiempo que perder, comenzó a influir en la percepción de Tatsumi. "Portador, mire a través de mí. Miré la verdad, detrás de esa mujer".

Un torbellino de energía mágica envolvió los sentidos de Tatsumi. La imagen de la plaza oscura, la noche estrellada y la mujer que se encontraba frente a él, se transformaron. La oscuridad se convirtió en luz diurna, y la mujer fue reemplazada por una figura imponente: un hombre alto y corpulento, con una sonrisa grotesca que revelaba dientes afilados, un abrigo largo y el extraño dispositivo en forma de ojo en su frente.

Tatsumi, liberado de la ilusión, se preparó para el combate. Desenvainó su espada, adoptando una postura defensiva. Su rostro, antes lleno de alegría y tristeza, ahora reflejaba una determinación implacable. Todo esto, ocultó a través de su máscara.

El hombre, Zank, el Verdugo, estalló en carcajadas al ver cómo Tatsumi rompía la ilusión. "Bueno, veo que finalmente te has dado cuenta".Dijo, su voz carente de la dulzura femenina que había simulado.

Tatsumi, con la voz resonando con furia contenida, preguntó: "¡¿Quién rayos eres?!"

"Me presento", dijo Zank, revelando su verdadera forma, sus mangas se abrieron mostrando unas cuchillas afiladas. "Mi nombre es Zank, pero puedes llamarme... el Verdugo."

Tatsumi, con su espada apuntando a Zank, se vio inundado por una oleada de dudas. ¿Cómo había Zank logrado crear esa ilusión? ¿Cómo podía avisar a sus compañeros?. Y la más importante. ¿Cómo podía enfrentarse a un enemigo tan poderoso como para crear una ilusión?.

Zank, leyendo la mente de Tatsumi, sonrió. "Tienes dudas, ¿no es así? No te preocupes, pronto tus dudas desaparecerán. Eso te lo prometo." Dijo mostrándole una sonrisa bien grande.

Tatsumi ahora enojado y asombrado, se puso aún más serio. El castaño se estaba preparando para enfrentar a este nuevo, pero extraño enemigo. Con cuchillas en sus mangas, y, con un objeto extrañó en su frente. Un objeto que Onyx, al verlo y tenerlo tan cerca de él. Lo hacía sentirse, extraño.

La batalla estaba a punto de comenzar, una lucha no solo física, sino también mental, entre un joven decidido y un asesino despiadado. Tatsumi, con Onyx a su lado, estaba listo para enfrentarse a la prueba.


¡Hola a todos! Como les prometí, aquí tienen otro capítulo. Esta parte se centra mas en Tatsumi y Onyx. Pero en el enfrentamiento entre Tatsumi y Zank, he decidido detallar esa batalla por separado para poder concentrarme en la increíble pelea que se avecina. Tambien se vendra la batalla entre Onyx y el Teigu Espectador. Prepárense, porque será épica. ¡Cuídense mucho y hasta la próxima!. No olviden seguir mi historia .