(Des)enmascarados
Capítulo 1. La mejor opción

Resumen: Isobel y Jubal fingen ser pareja con el objetivo de atrapar un peligroso asesino en serie.

Nota del autor: Post 7x05 "Pledges". Cuidado, contiene spoilers. Muchísimas gracias a Gogo_25 por todas las ideas que me ha dado para este fic.


—No es una locura. Es la mejor opción —afirmó Isobel con vehemencia.

Alzó la barbilla y miró de reojo a Jubal. Estaba cabreada con él. Oooh, sí que lo estaba. Su idea no era fruto de la improvisación. Lo había meditado muy cuidadosamente antes de ponerla en marcha. Pero él no sólo no había acatado su orden, sino que había escalado la cuestión al ADIC, y éste los había convocado a los dos a su despacho.

Incluso antes de eso, las cosas no habían estado en el mejor de los términos entre ellos. No hacía ni un mes que Jubal había vuelto de su suspensión. Su relación había sido, en el mejor de los casos, tensa.

Y ahora, a la primera de cambio, ¿se la saltaba a la torera? Había que tener mucho cuajo.

Por los ventanales, se podía apreciar que la neblina con la que había amanecido la ciudad aún no se había disipado a pesar de ser casi medio día, dándole a los rascacielos de Nueva York un aspecto siniestramente frío y fantasmal.

Desde su silla, Reynolds los miró alternativamente a los dos, que se encontraban de pie ante su mesa. El ADIC Fue a responder, pero Jubal se le adelantó.

—¿Ponerte en el riesgo de servir como cebo para ese asesino no es "una locura"?

No le estaba argumentando su punto de vista al ADIC, sino dirigiéndose a ella, aunque sin mirarla.

Isobel se giró hacia él, sus ojos relampagueando.

—Está interesado, eso es indudable.

—¡Más a mi favor! —exclamó Jubal, volviéndose también y abriendo la manos.

Jubal todavía sentía escalofríos al recordar la colección de imágenes de Isobel que habían encontrado hackeando una de las cuentas en la nube del sospechoso. Fotos desfiguradas, los ojos tachados hasta que no quedaba nada. Y las inquietantes ilustraciones de cuerpos desnudos con su rostro insertado, que mostraban una perturbadora variedad de ultrajes y agresiones.

No podía comprender que Isobel, estuviera dispuesta a servir de cebo de esa manera, después de lo que David Owen le había hecho en su propia casa. Ella le había asegurado entonces que estaba bien, pero Jubal sabía que no era cierto. Isobel se había mudado poco después...

—Hemos accedido a una de sus cuentas —explicaba Isobel a Reynolds—. No sería de extrañar si se hubiera percatado. Sin nada que lo tiente, se ocultará o se fugará. Desaparecerá hasta que vuelva a matar a otra mujer o a otra pareja en otro lugar.

Eso había sido lo que les había resultado más elusivo de este criminal. Desde el principio habían tenido dos modus operandi diferentes y habían pensado casi todo el tiempo que se trataba de dos individuos distintos.

Por un lado, estaban las cuatro mujeres que habían sido acosadas con presentes, llamadas y notas que fueron volviéndose cada vez más inquietantes hasta que finalmente habían aparecido muertas, atadas de un modo muy elaborado en su propia cama con cuerdas de seda. Velas y copas de champán. Ciertos indicios de sexo duro. Muerte por estrangulación. Podría haber pasado por hipoxifilia, por un juego sexual que había salido mal sino hubiera habido ya cuatro mujeres muertas de la misma manera. Además, en todas ellas se les había encontrado en el cuello una gargantilla de terciopelo negro con un colgante en forma de pequeño candado. Cada uno tenía un diseño diferente, pero todos llevaban grabada delicadamente la palabra "Mía".

En cambio, con las parejas -sólo dos hasta la fecha-, parecía un caso completamente distinto, mucho más sangriento. Parejas sin hijos. Ambos varones, atados en el dormitorio conyugal, presentaban diversas lesiones y una decena de puñaladas. Las mujeres, sujetas a la cama, mostraban contusiones y cortes, víctimas de brutal agresión sexual y apuñaladas también, pero una sola vez, en el corazón. Ningún candado. Las ataduras eran bridas de plástico.

En las escenas del crimen de las mujeres solteras no se encontró pelo o semen, sólo ADN salival en los genitales y la piel de las víctimas, sin correspondencia en las bases de datos. En las de las parejas, nada en absoluto.

Hasta el BAU hizo dos perfiles separados. Isobel dio dos conferencias de prensa.

No fue hasta que Ian y Elise encontraron un nexo de unión cuando empezaron a pensar que podría tratarse del mismo individuo, pero desgraciadamente, para entonces apareció una nueva víctima.

Fueron los sistemas de vigilancia los que los pusieron sobre la pista correcta. Curiosamente, no había grabaciones de las cámaras de ninguna de las casas. Como se trataban de compañías de seguridad distintas, al principio parecía que los sistemas simplemente habían sido desconectados. Investigando cómo podrían haber hecho eso y, sobre todo, quién, Elise detectó algo extremadamente interesante en los registros de los logs. Los archivos de las grabaciones habían existido en algún punto pero habían sido eliminados posteriormente. El concienzudo subsiguiente trabajo de Ian reveló una manera muy particular de hackear común a todos los casos.

Fue entonces cuando empezaron a sopesar la posible conexión. Entrevistaron a varios amigos y familiares de los matrimonios. Consultados específicamente, algunos de éstos recordaron que las esposas habían recibido llamadas silenciosas, mensajes extraños, regalos inapropiados, y otros indicios de acoso, poco antes de los crímenes.

Elise e Ian, junto con el equipo de ciberseguridad, se aplicaron para encontrar al hacker. Pero el tipo era muy bueno eludiendo. Ninguna ubicación que pudieron determinar fue fiable. Lo único que fueron capaces de localizar fue la cuenta en la nube donde se habían subido las grabaciones desaparecidas antes de ser eliminadas de los sistemas de seguridad.

Tuvieron el dudoso privilegio de ser testigos de los nueve asesinatos. Sin reconocimiento facial posible del asesino, desgraciadamente.

Junto a las grabaciones, encontraron las imágenes manipuladas de Isobel y las de cada una de las víctimas mujeres.

—Este tipo lleva acosándome semanas —añadió Isobel—. Desde la segunda rueda de prensa. Tiene que estar a punto de caramelo.

Jubal puso los brazos en jarras y apretó las mandíbulas. Todavía le exasperaba -y dolía- que Isobel no le hubiera contado nada sobre las flores, la ropa interior, los juguetes sexuales y las notas desagradablemente inapropiadas que Isobel había recibido. No hasta que decidieron fusionar ambos casos. Habían pasado semanas desde el primer ramo de flores.

Pero, ¿quién era él para hablar de confianza? Jubal era terriblemente consciente del punto hasta el que había quebrantado la de Isobel con todo el asunto del arresto de Tyler. Habían aclarado las cosas el día de su regreso, pero ella lo había estado evitando en lo personal esas primeras semanas, o aplicándole el tratamiento silencioso, cuando eso no le era posible. A Jubal le era muy difícil de manejar el grado de angustia que le producía pensar que no recuperaría nunca su confianza. En parte pensaba que ya no se la merecía...

—Ésa sería la única manera de hacer salir a este monstruo de su escondrijo —insistió Isobel—, esté donde esté.

—Si estás dispuesta —dijo Reynolds—, me parece la mejor estrategia. Pero es arriesgada, Isobel. El perímetro de seguridad debe ofrecer las suficientes garantías.

—Por supuesto —asintió ella mirando a Jubal, aún molesta pero satisfecha.

Jubal gruñó, su dedo corazón dando golpecitos en el cinturón. No podía quitarse de la cabeza las imágenes del asesino sometiendo a sus víctimas sexualmente para luego matarlas. Tenía que hacer algo.

—De acuerdo. Entonces, entre esas garantías, yo me haré pasar por la pareja sentimental de Isobel. Así podré estar a su lado continuamente.

Ella lo miró con abierta indignación.

—¿Disculpa?

—¿Qué? —replicó Jubal desafiante—. Este tipo ya piensa que soy tu novio de todas maneras.

—¿Cómo? —preguntó Reynolds, sorprendido.

Desde que Isobel le había confesado el acoso al que estaba sometida, Jubal se había convertido en su sombra. Aunque lo consideraba innecesario, Isobel se lo permitió porque se había sentido estúpidamente culpable -a pesar de que ya no tenía por qué- por no haberle contado antes lo que ocurría.

En la última nota que Isobel había recibido, hacía poco más de 24 horas, el texto hablaba ofendido del hombre que la llevaba a casa y que a veces ella invitaba a entrar. Describía con metáforas floridas el dolor y la decepción que le producía que Isobel hubiera "traicionado su amor".

Para frustración de Isobel, Jubal guardó silencio, dejando que fuera ella la que tuviera que explicarlo.

—El acosador piensa equivocadamente que el agente Valentine y yo estamos liados. Cosa que no habría sucedido si él no hubiera insistido en escoltarme a casa todos los días, y cada vez que salgo a la calle —acusó; sentía que se había ruborizado, y odió no poder controlarlo.

Jubal la miraba disgustado porque Isobel le había hecho sentirse él mismo como un acosador.

—El BAU opina que los celos parecen haber sido un detonante para este criminal —aclaró él a Reynolds.

—Eso no- —intentó discutir Isobel.

—Seguro que acelerará la operación —añadió Jubal e Isobel no pudo dar con una réplica a eso.

Reynolds parecía reflexionar.

—Excelente —dijo, sorprendiéndolos a los dos—. Me sentiré más tranquilo si no acometes esta misión sola, Isobel. Adelante con el plan, entonces.

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Con un movimiento tenso y excesivamente controlado, Isobel abrió la puerta de su casa y dejó pasar a Jubal. Entrando también, cerró la puerta tras él dejando fuera la plomiza llovizna en la que se había convertido la neblina al ponerse el sol.

Ella no había dicho ni una sola palabra en todo el camino hasta allí. Era evidente que estaba enfadada. Dejó su abrigo y su bolso en el perchero de la entrada, y desapareció por el pasillo, dejando a Jubal allí plantado.

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