Capítulo IV
Rumbo a Escocia
POV Viktor
Llevaba dos días ignorando las cartas de mi madre, y estas habían pasado de simples notas para saber de mi existencia a rudas y contundentes amenazas de muerte si no daba señales de vida.
En esos dos días, complete la lista de libros y artículos escolares para mi último año, también convencí a Karkaroff de dejarme hablar con mis padres sobre el tema del torneo y pase al menos, 4 horas practicando al frente de un espejo, la cara con la que le llegaría a mi muy lunática y preocupada madre.
Sopese mis opciones para llegar a casa de mis padres, podía tomar la red flu y aparecer en la sala de la casa, con alto riesgo de ser hechizado, podía viajar en la forma muggle, lo cual me daría una ventaja de una hora y media para repasar mi discurso, o podía ir en mi escoba, esta ultima era mi preferida hasta ahora, ya que me daba la oportunidad de huir de ser necesario.
Todo esto pasaba por mi mente mientras trataba de abotonar la camisa favorita de mi madre, lo cual se estaba convirtiendo en misión imposible debido al incontrolable temblor que atacaba a mis manos.
Mientras más lo intentaba, mas rápido los botones parecían resbalarse de mis dedos, grite con frustración mientras dejaba caer la camisa al suelo, formando un desastre de tela azul cielo.
Era inconcebible que yo, Viktor Krum, de 18 años, casi un metro noventa y aproximadamente 100 kg de pura masa muscular, estuviese al borde de un ataque de pánico, todo causado por una mujer que no llegaba al metro cincuenta.
Fruncí el seño cuando regrese al verme en el espejo, no era la camisa favorita de mi madre pero, al menos el color de la camiseta era el mismo, de un sereno azul, tan azul como el cielo en un soleado día de verano.
Al encontrarme medianamente satisfecho con mi apariencia, tome mi escoba y sin siquiera mirar al nuevo vociferador que mi madre acababa de mandar, me fui.
No fue hasta que sentí la brisa seca de verano golpear mi rostro, que pude respirar con más tranquilidad, volar siempre fue mi mayor pasión, aun recordaba los interminables paseos en las alturas que daba diario por los campos que rodeaban la propiedad de mis padres cuando era un niño.
Uno de mis recuerdos preferidos era el rostro de orgullo de mi padre al verme atrapar mi primera snitch, con tan solo 5 años. Mi madre en cambio, se encontraba al borde de un ataque, al ver a su pequeño volar a 20 metros de altura.
No es que ella odiara volar, pero digamos que no se encontraba ridículamente feliz por la profesión que había elegido, en cierta forma lograba entenderla, ella venia de una familia repleta de respetables y honorables hombres de negocios y académicos, y que su único hijo, prefiriera el deporte a la enseñanza, provocaba cierto conflicto en ella.
Aunque eso no quería decir que no estuviese orgullosa de mí, o del hombre en el que estaba convirtiéndome, creo que la culpa por dicho conflicto era lo que la hacía demostrarme su orgullo en cada oportunidad que se le presentara.
Mi padre en cambio, se encontraba encantado con mis logros, el nunca lo había dicho pero yo sabía que, el veía en mi al recuerdo del abuelo Ilia, este en sus días de juventud, había jugado al quidditch profesionalmente y mi padre, creció viendo al hombre convertirse en leyenda.
Un año después de mi nacimiento, mi padre comenzó a ser entrenado por el abuelo, todo marchaba de maravilla, papá había entrado como cazador a la selección nacional y dos días antes de su primer partido, todo se jodió.
El abuelo fue asesinado por Grindelwald, este había sido, en cierta forma, el antecesor de Voldemort, con ideas incluso más radicales que las del mismo señor tenebroso, acabo con la vida de todo aquel que se negara a compartir su filosofía.
Luego de ese trágico suceso, la vida en las paredes de Krum Manor fue apagándose día a día, mi padre dejo el equipo sin siquiera haber comenzado, debido a que el recuerdo de su padre dolía demasiado como para continuar.
La abuela Elena, se sumió en una depresión tan grande, que dos meses después de la muerte del abuelo, abandonaba para siempre la casa que había sido su hogar durante 23 años, siendo incapaz de regresar incluso hoy día.
Ya lograba visualizar la casa de mis padres, la enorme construcción similar a un palacio que había sido la mansión Krum, dejo de existir cuando yo tenía 6 años; en un intento de mi madre por levantar el ánimo de la familia, remodelo en su totalidad el lugar.
Ahora Krum Manor era una majestuosa y muy moderna casa de campo, de dos pisos, con amplios jardines, una piscina, un granero y un lago, sin contar las miles de hectáreas llenas de arboles, que rodeaban la propiedad.
Sobrevolé el enorme portón de hierro forjado y recorrí el jardín delantero antes de tocar suelo, justo frente a las puertas de entrada. El nerviosismo que había cesado mientras volaba, regresa con mayor intensidad.
No tenia escapatoria alguna, mis padres merecían una explicación, sabía lo que implicaba participar en el torneo, y tenía muy en claro que, si llegaba a irme sin hablar con ellos, mi madre no tardaría más de dos días en llegar a Hogwarts y cortarme las…
Tratando de olvidar el escalofrío que me provoco ese solo pensamiento, avance hasta la puerta y toque, toque de la misma forma que tocarías a un bebe recién nacido, con la mayor de las delicadezas, esperando quizás, que nadie me escuchara.
Mi suerte fue nula porque un segundo más tarde, escuche como la puerta era abierta y los ojos de la pequeña elfina de mi madre, brillaban con reconocimiento y cariño.
"¡Oh amo Viktor, está en casa!" las pequeñas manos de Talis limpiaban las lagrimas que salían de sus brillosos ojos.
"Talis, hace menos de dos semanas que no vengo" hable con calma, Merlín sabia lo mucho que la quería pero, era casi tan chantajista sentimental como mi madre.
"Talis está feliz de ver al amo, Talis sabe que su ama también estará feliz"
¿Feliz después de 15 cartas sin responder? Si claro, tendría suerte si no me hechizaba apenas verme "hablando de mi madre, ¿Dónde está?"
"la ama se encuentra en los jardines, joven amo" luego se acerco a mí de forma confidente "aunque le advierto, la ama se encuentra de muy mal humor"
Todo el coraje que había reunido desde Sofía hasta aquí, se esfumo al oír esas palabras, pero mi tiempo para huir acabó cuando, un grito se escucho por toda la casa y que hizo que mi sangre se helara.
"¡Viktor Aleksander Krum, espero que tu excusa sea buena, de lo contrario, seré yo quien te provea de una" no era necesario mirarla para saber que, en ese instante, ella era probablemente lo más peligroso a lo que me enfrentaría en toda mi vida.
Al voltear en dirección a la puertas francesas que daban al jardín, vi a mi madre de pie y rodeada con un aura tan obscura como su largo cabello, esta presagiaba mi posible muerte "Hola mamá" mi voz flaqueaba un poco "es bueno estar en casa"
"¿quieres que mande a grabar algo en particular en tu lápida hijo?" la voz rebosante de humor provenía de las escaleras, donde se encontraba mi padre, con los penetrantes ojos negros brillando con burla.
No tuve chance ni de responder cuando vi la pequeña figura de mi madre, a un centímetro de mí ¿Cómo se había movido tan rápido? "¿Cómo te atreves a ignorarme jovencito?"
"Madre yo…" fue cortado inmediatamente por la mirada esmeralda de mi madre.
"¿tienes idea de lo preocupada que estaba?" al momento, su voz comenzó a quebrarse "lo último que supimos de ti, es que estabas en el sitio en donde cientos de Mortifagos se encontraban atacando" para este punto silenciosas lagrimas bajaban por sus mejillas.
El ver a mi madre llorar, rompió algo dentro de mí; suavemente limpie las lágrimas con el revés de mi mano y trate de apartar la culpa que pesaba en mi corazón.
Había estado tan centrado en mis propios asuntos que, olvide avisarles a mis padres que al momento del ataque, ya no me encontraba en el campamento.
"Lo lamento tanto madre, mi intención no era lastimarte" dije mientras la abrazaba, podía sentir como su llanto disminuía de a poco.
Sentí una pesada mano en mi hombro y al voltear, el rostro preocupado de mi padre me dio la bienvenida "Nos alegra saber que estas bien hijo"
"mamá, papá…" al escuchar lo tenso de mi voz, mi madre se separo de mí y me observo preocupada, de la misma forma que papá.
"¿Qué ocurre Viktor?" el tono de mi madre era en extremo cauteloso, casi temeroso.
"Tenemos que hablar" las facciones de mis padres se contrajeron con miedo "será mejor que nos sentemos" los tensos cuerpos de mis padres eran empujado por mi hasta el sofá.
Cuando ambos estuvieron sentados, que me disponía a hablar, papá pareció salir del trance en el que estaba y con enfado brillando por todo su rostro, susurro "¿no habrás embarazado a alguna chica?"
"¿QUÉ?" mi voz, unas cuantas notas más alta debido a la sorpresa "¿es por eso que se pusieron de esa forma? ¿Por qué creen que embarace a alguien?"
"¿lo hiciste?" pregunto mamá.
"NO" mis manos fueron directo a mi cabello "vine aquí a decirles que voy como representante de Durmstrang, al torneo de los tres magos"
Espere paciente la explosión, los gritos y uno que otro hechizo pero nada llego, levante despacio la cabeza curioso del anormal silencio, lo que vi me dejo helado.
Los rostros de mis padres parecían brillar de la misma forma en la que brilla un niño la mañana después de navidad, ambos se miraban con evidente felicidad.
Cuando estaba a punto de declarar a mis padres mentalmente inestables, escuche como ambos gritaban al unisonó, se levantaron y se abrazaron mientras gritaban "no vamos a ser abuelos"
Mis ojos y mi boca se abrieron con sorpresa, definitivamente estaban locos. No les importaba en lo más mínimo que me fuese a otro país, que participara en un torneo en extremo peligroso, lo único que les importaba era que no había embarazado a nadie.
Ellos tenían que aclarar sus prioridades,( mire como ambos seguían brincando de emoción) y rápido.
….
"¿ya tienes todo listo para el viaje cariño?" mi madre se había dado a la tarea de interrogarme sobre el torneo.
Los tres nos encontrábamos cenando, esta sería mi última noche en el país antes de ir a Durmstrang y ambos insistieron en que me quedara con ellos, a lo que sin mucha dificultad, acepte.
Todos los miedos y posibles amenazas de esta mañana, las sentía muy distantes en este momento, claro que ninguno de ellos reacciono como creí que lo harían.
"si, ya compre y empaque todo" dije para luego tomar un sorbo de vino.
"¿los chicos también fueron seleccionados?" pregunto papá.
"todos recibieron la misma carta que yo, aunque a Asen por poco y no lo dejan ir"
"¿Debido a lo del mundial?" pregunto mamá, a lo cual yo asentí "es comprensible, la pobre Gia tiene los nervios de punta desde ese día"
"la mujer fue atacada por dos Mortifagos y todos sabemos que, de no ser por esa chica misteriosa que la ayuda, es probable que hubiese muerto esa noche" dijo papá.
"¿Quién habrá sido esa chica? Gia dijo que se encontraba casi inconsciente cuando la llevo a que la atendieran, y al volver con los demás le avisaron que la chica se había ido"
La pregunta de mi madre era la misma que todos los Poliakoff se hacían; el día del mundial, luego de que comenzaran los ataques, la madre de uno de mis mejores amigos Asen, iba a ser atacada por dos de ellos.
Cuando de repente, una chica misteriosa salió de la nada y mantuvo un pequeño duelo con los Mortifagos, salvando a Gia pero quedando muy mal herida.
La madre de Asen llevo como pudo a la chica hasta un lugar seguro y la dejo en manos de un sanador, fue deprisa al campamento en busca de su esposo e hijo y al encontrarlos los llevo a donde había dejado a su salvadora.
Al llegar al sitio, el sanador les dijo que la chica en un momento de lucidez se fue del lugar sin dejar rastros, también les explico que esta había recibido hechizos que afectaban el interior del cuerpo, pero de los que se recuperaría pronto, además de un profundo corte en el brazo.
Cuando Asen pregunto si alguien sabia la identidad de la chica, lo único en lo que el sanador y su madre pudieron estar de acuerdo es que, era demasiado joven, unos 15 o 16 años aproximadamente y que de verla de nuevo, podrían reconocerla.
Desde ese momento, Gia se volvió completamente cautelosa con su entorno, no era un secreto que los Mortifagos estaban volviendo a sus viejas andanzas y eso no podía significar nada bueno. Cuando Asen recibió la carta del torneo, esta enloqueció y le dijo que no iría, aunque luego de pensarlo, acepto con la esperanza de que, mientras más lejos estuviese, más seguro estaría.
"no sabes lo feliz que me hace el saber que, al momento del ataque ya no estabas allí hijo" mamá apretaba mi mano por encima de la mesa.
"claro hijo, además ¿sabes todo el berrinche que habría armado tu madre si te pasaba algo?" mi padre solo tuvo tiempo de esquivar, por una distancia muy corta, al tenedor que su esposa le lanzo.
"no bromees con algo así Alexei" luego volteo y me miro mientras señalaba a papá "además, el habría hecho más berrinches que yo"
La discusión sobre los pasados berrinches de ambos se extendió hasta casi la medianoche, al ver que los argumentos iban tornándose más… íntimos, carraspee un poco, desee buenas noches y fui a dormir.
Esta noche me quedaba en casa de mis padres, aunque comenzaba a arrepentirme de haber aceptado, escuchar "el amor" de mis padres no era algo que estuviese en mis planes.
Pensé en tomar la escoba e irme, pero el cansancio era demasiado, al llegar a mi antigua habitación, me despoje de mi ropa hasta quedar en bóxers y me desplome pesadamente sobre la cama, durmiéndome inmediatamente.
….
Largos rizos castaños enredados en mis manos, dulces besos repartidos por todo mi rostro, suaves palabras susurradas a mi oído, palabras que causaban estremecimiento en todo mi cuerpo.
El verde pasto de la pradera donde estábamos se pegaba a mis brazos, ella con risa cantarina, como pequeñas campanas, quitaba los pedacitos de pasto que se pegaban a nosotros.
Sin previo aviso se levanta y camina hasta un lago que se encuentra a unos metros de nosotros, me apoyo en mis brazos y la veo jugar con el agua, de espalda, siempre de espalda.
Ella me grita, pero no logro entender lo que me dice, le pido que me mire, pero no lo hace, siempre esa de espalda, nunca puede ver su rostro, nunca puedo ver el color de sus ojos, ni su sonrisa.
Me llama, una y otra vez grita mi nombre, la veo entrar al lago y comienza a hundirse, corro, trato de llegar al lago para sacarla, pero por más que trate, el camino se aleja más y más.
Lo último que escucho es mi nombre, pero no es su voz, es la voz de…
"¡VIKTOR!" me incorporo violentamente sobre la cama, cuando busco de dónde provino el grito, descubro a Valentín parado en la puerta, viéndome con ojos grandes llenos de sorpresa.
"¿debo preocuparme?" pregunto mientras se acercaba a la cama.
Seguía aturdido por la forma en la que desperté, pero rápidamente analice que me encontraba en el barco de Durmstrang rumbo a Escocia. Mire a Valentín de manera curiosa ¿Qué quería decir con preocuparse? Y a todas estas ¿Qué hacía en mi camarote?
"¿Qué ocurre?" pregunte mientras miraba el reloj en la pared, para descubrir que la antes estática hora, había cambiado a el horario escocés, probablemente estábamos llegando a Hogwarts.
"Karkaroff nos quiere a todos listos para desembarcar, llegamos en un aproximado de 30 minutos" mientras hablaba caminaba hasta mi baúl y comenzaba a lanzarme mi uniforme "nuestro adorable director nos quiere perfectos, así que apresúrate"
Cuando faltaban pocos pasos para que Valentín abandonara la habitación, volteo y me miro, por lo que parecieron horas, de la misma forma curiosa que antes.
"¿estás seguro que te encuentras bien?" pregunto Valentín.
"¿Por qué lo preguntas?" lo mire extrañado, ¿habré dicho algo mientras dormía?
Valentín solo se limito a escudriñarme con la mirada por unos segundos más y luego dijo "nada, es solo que luces un poco… ¿alterado?"
"solo fue un mal sueño" dije mientras salía de la cama y recogía el uniforme que Valentín me había arrojado y hacía mi camino hacia el baño.
"de acuerdo… Los chicos están esperándote así que apresúrate" dijo antes de salir del cuarto, aun con la mirada de sospecha en el rostro.
Segundos después de que la puerta se cerrara, me sobrevino una repentina angustia, por una razón que no lograba comprender, algo me impedía comentarles a mis amigos sobre la castaña del mundial.
Yo tampoco solía ser del que contaba cada cosa que sucedía, de hecho era extremadamente reservado con mis cosas y sobre todo con las que involucraba mujeres y debido a los periodistas, me había vuelto aun más receloso de mi vida privada.
Pero de todos mis amigos, Valentín era el único al que le había contado de las chicas con las que salía, y esta vez, no pude hacerlo. Ni siquiera sabía el nombre de la castaña, ni si volvería a verla de nuevo pero, algo en mi interior me decía que por esta vez, era mejor no mencionarle nada de ella a Valentín.
Deje de analizar las cosas y entre a darme una ducha rápida, al terminar salí, me afeite, cepille mis dientes y pase al dormitorio para comenzar a vestirme. Justo cuando terminaba de acomodar mi uniforme, escuche un alboroto en el pasillo.
Cuando preste atención a lo que mis compañeros gritaban con emoción, fue que entendí que todo se debía a que, finalmente habíamos llegado a Hogwarts, busque mi abrigo lo más rápido que pude y verifique mi atuendo antes de salir.
El pasillo se encontraba repleto de mis compañeros, el ambiente en general estaba cargado con nerviosismo y excitación, ninguno de nosotros tenía ni la menor idea de lo que íbamos a encontrar en Hogwarts y tampoco sabíamos como seriamos tratados, Durmstrang no tenía la mejor de las reputaciones y para nadie era un secreto que, el director de Hogwarts condenaba todo lo que muchos en Durmstrang celebraban.
Todos llegamos hasta el vestíbulo del barco y fuimos sintiendo como este comenzaba a disminuir la velocidad para poder ascender, minutos más tarde se escucho el característico ruido que hacia el barco al romper la calma superficie del agua.
Al instante todo el barco se quedo en completo silencio, uno a uno salimos a la cubierta del barco y se comenzaron a escuchar exclamaciones de asombro; teníamos ante nuestros ojos al enorme castillo de Hogwarts, resplandeciendo con una increíble puesta de sol.
Escuche a muchos alabar la majestuosidad del paisaje que se presentaba ante nosotros, otros simplemente se habían quedado sin palabras, incluyéndome; mis amigos, quienes se encontraban a mi lado, solo observaban en silencio, aunque todos teníamos el mismo pensamiento "este año será inolvidable"
