Capitulo 25
Tú
Viktor caminaba apresurado envuelto en uno de sus pesados abrigos de invierno. EL frío no superaba el de Bulgaria, mucho menos el de Noruega, pero eran las 5 de la mañana y no deseaba arriesgarse a enfermarse por descuidado. El silencio y la fría mañana lo reconfortaban, hace menos de una hora que había ido a dormir, y ya estaba ansioso por ver a Hermione de nuevo.
Finalmente llego a una de las entradas laterales del castillo y se dispuso a esperar pacientemente por la castaña, cuando pasos detrás de él lo alertaron de que alguien se acercaba. Cuidadoso de que no fuese alguno de los profesores, se mezclo con la oscuridad de una de las esquinas, pero se dejo ver cuando se dio cuenta que era su dulce chica la que se acercaba. Vestida completamente de negro, se veía preciosa.
Se acerco a ella y la beso, sonriendo cuando la sintió responder con fervor a sus demostraciones. Se separo un poco de ella y la observo más de cerca. Sus ojos aun brillaban un poco debido al maquillaje de hace unas horas, su cabello, casi tan lacio como el de él lo hizo fruncir el seño un poco. El adoraba sus rizos, aun cuando de cualquier forma ella luciese perfecta a sus ojos, no pudo evitar extrañar la sensación de sus dedos enredándose en los largos rizos castaños.
"¿Qué sucede" pregunto Hermione al ver su rostro fruncirse.
"Nada, solo extrañar rizos, extrañar jugar con ellos" al parecer su expresión debió haber sido única, ya que Hermione se rio mientras le aseguraba que en unas horas volverían. La vio ponerse de puntas y le dio un beso corto que lo dejo deseando mandar al carajo la sorpresa y quedarse ahí, besándola por siempre.
Pero como la sorpresa no podía esperar saco su escoba y se subió en ella, cuando fue a extenderle la mano a Hermione para ayudarla a subir la vio observar pálida a su escoba.
"¿Mina? ¿Estar todo bien?" pregunto temiendo que hubiese hecho algo mal.
"Nada… yo… hay algo que no te he dicho, Viktor" dijo, con la voz temblorosa mientras daba un paso hacia atrás.
Viktor bajo de la escoba y se acerco a ella "Decirme Mina, saber que poder confiar"
Hermione le dio la espalda y la vio cuando sus hombros se tensaron y su espalda se enderezo.
"Yo… yo le tengo miedo a las alturas, bueno, no a las alturas, a las alturas montada en un artículo de limpieza" Viktor proceso cada una de sus palabras. Debió haberse tomado demasiado tiempo en dar una respuesta porque Hermione lo enfrento con una mirada completamente avergonzada. Viktor sintió que le habían pateado el estomago solo con ver sus usualmente brillantes ojos opacados por la pena.
"Mi ángel, no preocupar. Prometer que no dejar caer. Confiar en mí, si pero si no querer, poder traer sorpresa acá" Dijo Viktor con la mayor de las ternuras. Si que era un hombre afortunado, no solo había encontrado una chica que no le importaba su fama, su dinero, además le asustaban las escobas. Hermione era su puerto a tierra, su ancla, estaba seguro que si en algún momento corrió el riesgo de perderse en el mundo de ser famoso, Hermione marcaba el antes y el después.
Desde el segundo que la vio en el mundial, supo que si la conocía corría el riesgo de caer por ella. Ahora, siendo su novia, no cabía duda en él que no es que estaba en riesgo de caer, es que ya había caído y le fascinaba.
Observo a Hermione morderse el labio, observando dudosa la escoba que aun flotaba a un lado de él. Comenzó a decirle que no era necesario cuando la vio fruncir el ceño con una mirada decidida y acercándose a la escoba se volteo, su mirada pasaba de la escoba a mi.
"¿Qué estas…?"
"¡Vamos! No tenemos todo el día ¿Cierto? Vamos a ver esa sorpresa señor Krum" Viktor la observó pasmado por unos segundos, pero un gruñido frustrado de su novia lo hizo apresurarse a montarse en la escoba nuevamente. Sintió las manos de Hermione temblar cuando la ayudo a sentarse delante de él en su escoba. Por más que trato de convencerla de no hacerlo si no estaba cómoda, ella se negó rotundamente y así Viktor se encamino hacia su destino. Aunque iba lo más lento que pudiese, aun sentía tensa figura de Hermione recostada en su pecho.
Sobrevolaron el lago a gran velocidad, cientos de arboles podían observarse bajo ellos, hasta que Viktor comenzó a descender en un pequeño claro cerca de Hogsmeade. Hermione aun estaba tensa y aferrada fuertemente a él, tanto que no había comprendido que ya no estaban volando. Con suavidad Viktor le dijo que ya habían llegado, la chica, roja de vergüenza bajo rápidamente de la escoba tambaleándose en el proceso, pero los reflejos del buscador fueron más rápidos y la sujetaron antes de que si quiera tocara el suelo.
"Creer que yo ser el único que vivir cayendo a tus pies" bromeo el pelinegro. Hermione lo miro con sorpresa y luego humor.
"Bueno novio mío, no es mi culpa que mi mundo gire cuando estas cerca" dijo coquetamente la castaña mientras se movía más cerca para besarlo dulcemente. Viktor la sujeto y suspiro. Hermione a veces tenía esos arranques de valentía y coquetería que lo volvían loco.
"¿Cuál es la sorpresa Viktor? – dijo la castaña girando para observar el claro cubierto por capas de nieve – La vista es impresionante pero…"
Viktor la silencio y sacando su varita pronuncio un par de hechizos y ante la sorprendida mirada de Hermione una adorable manta para picnics había aparecido. Comida, bebidas calientes y una montaña de mantas se encontraban a un lado.
"Viktor esto es precioso, pero… Viktor estamos en pleno invierno" dijo preocupada la chica.
"Estar mirando solamente con ojos, Mina. Caminar y comprender" dijo el pelinegro caminando hacía la manta. El chico supo el momento exacto en el que Hermione comprendió de lo que hablaba. Uno de los hechizos que había pronunciado era uno térmico. Al momento en el que te acercabas a la manta una pequeña ola de calor te envolvía y era como disfrutar de un picnic en un día de verano pero rodeado de blanca y pura nieve.
El amanecer brillaba detrás de ellos mientras desayunaban. Panecillos, chocolate caliente, malvaviscos y una deliciosa tarta de manzanas. Ambos chicos estaban disfrutando del tiempo juntos. Pero Viktor aun sentía la pesadez en su bolsillo, deseaba entregarle el obsequio a la castaña pero temía que la joven lo rechazara o que simplemente fuese demasiado pronto, aunque para el ciertamente no lo era.
"Mina… yo querer dar obsequio de navidad" dijo nervioso el buscador mientras sujetaba con fuerza el pequeño objeto.
Hermione lo miro nerviosa y sonrió de medio lado, causando una sonrisa en el nervioso rostro del joven.
"He de confesar que yo también tengo un obsequio para ti, Viktor" dijo la castaña observándolo con evidente nerviosismo, sus mejillas rojas y sus manos sujetando fuertemente su bolso.
Viktor trago hondo antes de sacar la pequeña caja de su bolsillo, y tendiéndosela a la chica que lo miraba sorprendido. Sujeto fuertemente sus manos y sintió el sudor y el calor a pesar de que estaban afuera en invierno. Observo como los ojos de Hermione se abrieron lentamente al observar el contenido dentro de la caja. Una de sus manos fue a sus labios y la escucho soltar la respiración. Viktor se pateo internamente, había sido una mala idea, era demasiado pronto como para algo de ese estilo, pero es que no pudo evitar…
"Es precioso" Viktor se detuvo al escuchar el susurro de Hermione. Cuando se fijo en ella, tenía los ojos vidriosos y una sonrisa adornaba su rostro.
"¿Realmente gustarte?" titubeo el jugador.
"Por Circe Viktor, es impresionante, no debiste" El pelinegro iba a replicar cuando sintió sus tibios labios en los suyos. Una delicada mano acariciaba su rostro y Viktor solo cerró los ojos disfrutando de la tierna caricia, anhelando permanecer de esa forma para siempre.
Viktor le indico a su chica que se diese la vuelta para ayudarla a colocarse el obsequio. El delicado colgante de oro blanco descansaba justo a la altura de la clavícula de la chica, una pequeña snitch, también en oro blanco colgaba de la misma, en cada una de las alas de la pequeña esfera se encontraban grabadas las iníciales de ambos. Viktor había escrito a casa para pedirle a su madre que la encargara al joyero de la familia. Él sabía que significaba, su madre también lo hacía, pero dudaba que Hermione lo hiciera. No se lo explicaría, no quería presionarla, pero en el fondo de su corazón deseaba que el significado real de aquel colgante se hiciese realidad a futuro.
"Ahora es mi turno, estaba tan nerviosa, no tenía ni idea de que darte. Pero cuando fui a comprar mi vestido lo vi y recordé algo que leí en un libro hace unos años. Quizás ya tengas uno pero…"
"Mina –corto el búlgaro, la chica balbuceaba palabras atropelladas con otras mientras le entregaba una caja envuelta en papel negro con un lazo rojo encima- Estoy seguro que lo que sea que sea me gustara. Es imposible no adorar cualquier cosa que venga de ti"
Viktor removió cuidadosamente el envoltorio para encontrarse con una caja de cuero con una inscripción en ella y el dibujo de una diminuta corona debajo de la misma. Al abrirla encontró un reloj. Viktor sintió como el aire se escapaba de sus pulmones.
Existía una tradición sumamente antigua entre los sangre puras. El primer hijo varón de una casa recibía a los once años un objeto valioso que se hubiese pasado de generación en generación, el objeto que debía pasar a él había sido un reloj, estuvo en la familia Krum por siglos, hasta que fue destruido en el ataque que acabo con su abuelo. Desapareció junto con lo más amado de su familia.
Hace un tiempo en una de sus tantas horas con Hermione en la biblioteca, se habían estado sincerando un poco acerca de sus familias, y él le confesó lo mucho que le dolía la perdida de lo único que le recordaba a su abuelo. El reloj se destruyo en cientos de pedazos.
Viktor sostuvo el reloj con suma veneración, era de un negro cromado, la esfera era completamente negra con detalles en plata. En la parte de atrás la leyenda "Honorable casa Krum" junto con sus iníciales hicieron que un nudo se formase en su garganta. Aparto la mirada del reloj para ver los ojos rojos de Hermione. Viktor no se resistió y la envolvió entre sus brazos, deseo poder fundirse con ella.
Mientras la mantenía entre sus brazos y agradecía calladamente su obsequio Viktor sintió como su garganta se atragantaba con el "te amo" no dicho. Él mismo se sorprendió profundamente de sus sentimientos, la realización de todo lo golpeaba como una bludger a toda velocidad. Estaba enamorado de Hermione Granger, la amaba. Y no tiene ni idea de qué hacer con esa información.
Todos se encontraban reunidos en el gran comedor, risas, copas y cubiertos se escuchaban por doquier. En la mesa de los leones todos compartían regalos entre sí. Harry había recibido regalos de sus amigos, accesorios para Hedwig, guantes, materiales para su escoba y el infaltable abrigo Weasley cortesía de Molly. Pero el regalo de Hermione fue uno de sus favoritos, un álbum de fotografías de todos ellos. Hermione había pasado a través de los años tomando fotografías muggles de ellos, el álbum aun tenía un montón de páginas en blanco, cuando le pregunto solo le había comentando que aun tenían muchos años juntos y que la familia siempre tiene recuerdos como las fotos.
Harry atesoro por completo el obsequio, Hermione lo consideraba su familia. Ron y los Weasley lo consideraban su familia y él finalmente se sentía parte de algo, amado, protegido, y eso era algo que no tenía precio para él.
Por su parte, Ron recibió obsequios similares a los de Harry, agregando un par de bromas de los gemelos en el proceso. A su lado, Ginny abría el set de ropa deportiva y de productos de belleza que Hermione le obsequio. Lociones, unos cuantos artículos de maquillaje, productos para su cabello y un precioso juego de shorts y camisetas para ejercitarse. Ginny chillo de la emoción y abrazo a la castaña que luchaba para mantener la cara seria ante las constantes bromas de los gemelos a su hermano menor.
Hermione por su parte recibió el típico libro de parte de Ron, una mochila nueva de parte de Harry, dulces y tarjetas de regalos de la tienda de libros del pueblo de parte de Padma y Neville y una bola de nieve hechizada de parte de Ginny con dos pequeñas figuras patinando, figuras que curiosamente se parecían mucho a ella y Viktor. La castaña tenía un par de regalos más por abrir pero la prudencia le decía que esperara un poco antes de hacerlo. Sabía de la tendencia extremista de sus padres para suplir la distancia con ostentosos regalos. Y ciertamente el pequeño obsequio que Lorenzo le había enviado la hacía sentir cautela, pues no tenía ni la más mínima idea de lo que podría haber hecho el chico.
Además, la mañana ya había sido suficientemente complicada como para abrir esos regalos delante de los demás, especialmente Ronald. El chico estaba insoportable, se negaba a dirigirle la palabra, cuando lo hacía era para hacer comentarios mordaces y fuera de lugar acerca de su relación con Viktor. Sumando a eso el hecho de que la mayoría si no es que toda la escuela la miraba entre bicho raro y admiración profunda. Las chicas se le acercaron en la mañana para pedirles que les hiciera la misma amortentia que le había dado a Viktor. Cosa que la ofendió muchísimo. Los chicos se le acercaban para insinuarle que les consiguiera el autógrafo de Viktor. Otros simplemente se burlaban de ella o realizaban comentarios inapropiados acerca de ellos dos.
Luego de la hermosa mañana con Viktor todo fue decayendo poco a poco, pero no dejo que la mala vibra de las personas la afectaran y aun así decidió bajar al gran comedor con los demás. Con su par de jeans favoritos y un abrigo en color borgoña con la G de Gryffindor en un dorado opaco, Hermione se sentía feliz y tranquila rodeada de sus amigos. Aun cuando Ronald se comportaba como un idiota y la curiosidad por los obsequios faltantes la carcomían.
Al otro lado del comedor la situación no era muy diferente, obsequios iban y venían aunque de una forma más sobria y discreta, los Slytherin mantenían el pudor y decoro en público que sus elitistas familias los obligaban a tener. Aunque eso no evito las bromas, los regalos subidos de todos o inapropiados entre varios de ellos. En todo el medio de la mesa, todos los estudiantes de Durmstrang intercambiaban obsequios unos con otros. Viktor y sus amigos se regalaron las cosas típicas entre ellos, abrigos, artículos de Quidditch, botellas de algún licor extraño o exótico. Aunque Lorenzo fue el que más cosas extrañas recibió ese año, Luna le había enviado una caja llena de amuletos para alejar a algún animal que nadie supo como pronunciar, y por más que todos lo vieron extrañados, Lorenzo colocó cuidadosamente la caja junto con los demás obsequios, pero ciertamente fue el ultimo obsequio el que lo sorprendió sobremanera.
Una primera edición de un libro de poemas de Sicilia, una de sus autoras preferidas. Lorenzo observo maravillado la nota que venía con el libro y sonrió ampliamente mientras desviaba la mirada hacia cierta castaña que reía a carcajadas de lo que sea que su amiga pelirroja le estuviese diciendo. "El sueño es tan grande como tú lo desees, la caída será tan fuerte como la intensidad de ese sueño. Pero, morir soñando es una de las grandes delicias de la humanidad. Nos hace humanos, nos hace vulnerables"
La distinguible caligrafía de Hermione hacían aún más perfectas las palabras escritas en un inmaculado italiano. Lorenzo miro a la chica por última vez y se enfoco en ver los obsequios que sus amigos recibieron.
Un par de horas más tarde todos tuvieron permitido hacer lo que desearan, era navidad, así que muchos se dirigieron a Hogsmeade para disfrutar de las decoraciones en las vitrinas, chocolates calientes en las tres escobas o guerras de bolas de nieves en el parque. Mientras todos reían, se divertían, y pasaban un buen rato, en las calles reporteros se agolpaban en cada esquina. Se ocultaban de los ojos curiosos mientras fotografiaban la gran portada del día siguiente. Fotos de Viktor y Hermione fueron tomadas a diestra y siniestra. Ya la pareja no se ocultaba, la castaña conversaba animadamente con Viktor y Lorenzo, mientras Ginny y Padma la acompañaban haciendo que un par de jóvenes las mirase intensamente.
Viktor sujetaba la mano de la chica, le daba uno que otro beso o caricia mientras entraban a las tiendas. Cuando decidieron quedarse en las tres escobas fue cuando la situación se salió un poco de control. Los fotógrafos se apostaron fuera de las ventanas del local, todos tratando de captar algún detalle que hubiesen pasado por alto o alguna foto que les sirviera para sus reportajes amarillistas. Acosaron a los estudiantes que entraban y salían del Pub con el fin de obtener detalles de la misteriosa castaña que acompañaba a Viktor, querían saber hasta el último detalle de la vida de la novia de Viktor Krum, además de que era la mejor amiga de Harry Potter. Las plumas y los artículos no se hicieron esperar y al día siguiente la cara sonrojada de Hermione siendo besada en la mejilla por Viktor había recorrido todo el mundo mágico.
Caminaba ausentemente por los pasillos de su mansión mientras leía la última carta de su hijo. Al parecer la experiencia de ir a Hogwarts le había servido para ampliar mucho más los horizontes que anteriormente se había planteado. Su corazón se llenaba de gozo al saber que al menos uno de sus hijos era feliz.
Se dirigía a su despacho cuando uno de sus elfos se apareció frente a él anunciando una visita. Visita que acelero el corazón del hombre mientras se apresuraba a saludar al hombre que nerviosamente esperaba en su sala.
"Feliz navidad…" comenzó a recibir el hombre, pero dos simples palabras hicieron que cualquier continuación a esa frase muriese de inmediato en sus labios.
"la encontré" dijo el otro hombre mientras le tendía una pila de revistas que hicieron que Enrico D´Angelo se dejara caer frio y tembloroso a uno de los sillones.
Una versión adolescente de Eva y él paseaba sonriente y sonrojada de la mano de… ¡No puede ser¡ ¡¿Viktor?! ¡¿Su hija y uno de los mejores amigos de su hijo?! La vida si que era una maldita. La probabilidad de que sus hijos se conociesen sin saberlo era prácticamente nula, y ahí estaba, justo a un lado de Viktor y su hija, Lorenzo sonreía y empujaba levemente a la castaña.
Enrico vio como gotas humedecían el rostro de los jóvenes, ni si quiera había notado sus lagrimas comenzar a caer, tampoco escucho el grito ahogado de su esposa. Lo único que el hombre podía ver era a su hija, finalmente la había encontrado. Su pequeño pedazo de alma que se fue el día que le dijo la verdad a Eva, el mismo día que la mujer desapareció sin dejar rastro. Su hija. Al fin.
Cha cha chan, al fin las cosas se comienzan a poner buenas. Enrico entro en escena y ahora sí que se vienen los conflictos y la posible terapia familiar. Yo se que todos ya sabían que Hermione y Lorenzo son medios hermanos, así que no pretendía meter misterio ni nada por el estilo. Pero es que me encanta esta historia, me siento orgullosa de mi misma de continuarla y poder inspirarme nuevamente. Me encanta todo lo que está por venir y se que ustedes lo amaran tanto como yo.
Un beso enorme y no olviden dejar un comentario.
