Capitulo 27
Los colores del alma
Los fuegos artificiales explotaban hermosamente en el extenso cielo nocturno de Hogwarts, un espectáculo digno de ser retratado para la posteridad, pero un espectáculo que solo muy pocos estaban disfrutando. Mientras todos jugaban y admiraban asombrados tan bellos colores, un castaño paseaba ausentemente por el borde del lago, mientras se consumía en el odio y la desilusión. Su amada familia se desmoronaba nuevamente, y la impotencia de saberse dividido lo estaba matando.
Valentín observaba ausente las fotos familiares mientras se mantenía recostado en la cama, no encontraba la forma de seguir adelante con esta locura, quería volver a casa, necesitaba que todos estuviesen bien.
Viktor corría desde el camarote de sus amigos hasta el borde del lago, paso a Valentín sin si quiera mirarlo dos veces, sentía como su corazón latía intensamente, podía sentir el retumbar en su cabeza con cada paso que daba, quería llegar, necesitaba llegar a ella. Se prometió que no la dejaría caer nunca más, y el siempre cumplía sus promesas. Pero el alma se le fue al suelo al observar a las pocas personas que aun se encontraban viendo el cielo, pero entre ellas no estaba su ángel. Se maldijo una y mil veces, si tan solo hubiese llegado a tiempo.
Ginny acariciaba de forma rítmica el largo cabello de Hermione, su mirada clavada en los diversos colores reflejados en el enorme ventanal de la habitación de su amiga. Afuera el ruido y la música se desvanecía poco a poco a los oídos de la pelirroja, concentrada únicamente en los silenciosos sollozos de Hermione. Se encontraba recostada en sus piernas mientras parecía sujetar fuertemente algún tipo de colgante. Ginny deseaba poder ofrecer una explicación, deseaba poder afirmarle que algo debió suceder para que Viktor no llegara, pero las palabras se agolpaban en su garganta pero era incapaz de pronunciar palabra alguna.
Hermione observada los difusos colores que iluminaban la habitación. Amarillo, azul, verde, rosa, rojo… Viktor… Hace mucho tiempo que había dejado de estar consciente de las lágrimas que surcaban su rostro, sus dedos dolían de estrujar el pequeño colgante que él le obsequio. Se decía a si misma lo idiota que era por comportarse de esa manera, seguro algo había pasado y por eso no llego, el hecho de que los demás chicos no aparecieran por ningún lado era señal de que algo serio había sucedido. Pero algo muy dentro de su corazón le decía que hoy era diferente. Algo no estaba bien, y quizás no comprendía el por qué se sentía así, pero dolía. Dolía demasiado.
Asen observo silencioso a la hermosa morena que lanzaba chispas desde un extremo de su varita, frente a ella una joven exactamente igual a ella, su reflejo. Ambas chicas sonreían y cualquiera pudiese decir lo difícil que era el poder diferenciarlas, pero no él. Si bien la chica que había sido su compañera de cama en más de una ocasión poseía todos los rasgos de su hermana, Padma Patil era sin duda algo completamente diferente. Su sonrisa era más cálida, sus ojos mucho más brillantes pero sabios, su cabello era un poco más largo que el de su hermana y su aire al andar, parecía toda una ninfa.
Asen comprendía que Padma Patil jamás se fijaría en él, ella era toda inteligencia, libros, responsabilidad y amor. Era suave. Mientras que él era un imbécil con miedo al compromiso, con terror de ser vulnerable. Sabía que no sería nunca lo suficientemente bueno como para si quiera merecer una mirada. Por eso se había ido con su hermana, había sido una forma de tenerla, aún si no era ella.
Asen guardaría para siempre la imagen de los ojos de Padma brillar del color que el cielo reflejaba, un arcoíris iluminaba su rostro. Esa sería la imagen que guardaría por siempre de la única chica que había hecho su corazón latir, incluso cuando ni si quiera había podido reunir el coraje de decirle su nombre.
Habían transcurrido casi dos semanas y Hermione no había vuelto a escuchar de Viktor, mucho menos verlo. Todos los chicos de Durmstrang parecían haberse recluido voluntariamente dentro de las paredes del barco. Al único al que a veces se veía caminar erráticamente por los pasillos era a su director. Por más que Hermione se moría de ganas de entender, de comprender, de si quiera poder tener una pista o lo que fuese que le indicase el por qué Viktor había decidido desaparecer, el por qué no le escribía, pero por más cartas que la castaña escribió, ninguna fue enviada. Se negaba a ser ella quien escribiese primero cuando el que fallo fue él. Pero con cada día que pasaba sus esperanzas morían poco a poco y su único consuelo eran las estúpidas revistas que todos leían, revistas en donde su rostro era la portada, fotos ya viejas de ella y Viktor caminando por el pueblo, o una foto de ellos riendo o comiendo en algún lugar. Hermione sufría pero al mismo tiempo se aferraba a esas fotos como un naufrago a una tabla en medio del mar.
Comprendía a la perfección la preocupación de Ginny, la cual se había hecho su tarea personal el recordarle comer y dormir. Mientras que Harry se mostraba cada día más y más errático en lo referente al torneo. Ron… Bueno, Ron siendo quien es, se había dedicado a hacer comentarios pasivos agresivos acerca de la notoria ausencia de Viktor, asumiendo que su repentina desaparición se debía a una posible ruptura de nuestra "amistad" como la había llamado un día. Y si bien Hermione se negaba a aceptar que Viktor fuese la clase de chico que no diera la cara y que simplemente se ocultara para hacerle ver que su relación había terminado, una parte de ella se hundía cada vez más en las hirientes pero llenas de verdad palabras de Ron.
No fue hasta el inicio de clases que los chicos finalmente aparecieron, todos luciendo rostros demacrados y para nada alegres, uno a uno comenzaron a volver a la aparente normalidad de las clases. Ese día Hermione se había levantado sumamente temprano, incluso cuando odiaba las mañanas se había vuelto una especie de rutina, su habitación la asfixiaba y solo el aire helado de la mañana golpeando su rostro era lo que la hacía poder respirar con libertad.
Cada mañana desde hace una semana se había levantado a las 5 de la mañana, se colocaba su ropa para ejercitarse y trotaba por un mínimo de una hora. Tomaba desayuno mientras todos dormían y corría hasta su habitación para prepararse para el día. Debido a eso, Hermione perdió por completo la mirada desesperada de Viktor al tratar de buscarla en el comedor y no poder hallarla entre sus amigos. También se perdió el intercambio de miradas entre Ginny y Viktor, los cuales parecían comunicarse con solo mover los ojos.
No fue sino hasta la cena que Hermione se digno a dar la cara en el comedor. La castaña había visto durante todo el día el inconfundible uniforme de los chicos, viendo clases con algunos de ellos y observando ausentemente los rayos del sol afuera de las ventanas de los salones de clases. Aunque no fue hasta que transfiguración llegó que la terrible tensión que parecía haber caído sobre todo el colegio desde año nuevo exploto.
Hermione se dirigió hasta su asiento regular junto a Lorenzo, pero cuando trato de tomar asiento el chico prácticamente le ladro que se alejara de él.
"¿Qué te sucede?" pregunto entre dientes la castaña mientras tomaba conciencia de que todos los que se encontraban en el aula los estaban observando.
"¿Qué acaso eres sorda? Lárgate, mantente lo más lejos que puedas de mi, bastarda" la última palabra golpeo a Hermione mucho más fuerte que cualquier "Sangre sucia" que nadie le hubiese dicho jamás.
"¿Qué…?" los dolidos ojos de Hermione se llenaban de lagrimas mientras observaba al chico que poco a poco se había convertido en su amigo. Los grises ojos de Lorenzo eran duros y opacos. El desprecio escrito en la forma en la que su rostro de contraía.
Cuando Lorenzo fue comenzó a tirar los libros que Hermione había colocado en el escritorio, fue cuando ella trato de acercarse nuevamente, solo para ver como Lorenzo era sujetado por el rubio que Hermione sabía era su primo.
"Irte, no ser momento" se escucho el pesado acento del chico. Hermione sujeto fuertemente su mochila y cuando se disponía a abandonar el aula la profesora McGonagall entro furiosa. Los ojos de la mujer escanearon todo el aula hasta que su mirada se poso en Hermione, Lorenzo y Asen. Cuando la profesora noto los ojos rojos y el rastro fresco de lágrimas en los ojos de su alumna favorita, tomo la decisión de sacar a los tres jóvenes de clase.
Luego de ser sacada de la clase, la castaña se sentó en uno de los bancos frente a los balcones del segundo piso. Dejo que la fría brisa de enero le secara las lagrimas mientras que intentaba dar sentido a lo sucedido. Viktor nunca llego a su cita, luego de eso todos los chicos desaparecieron, luego Lorenzo prácticamente la trata como a una paria. Sería posible que todos esos eventos estuviesen conectados ¿Quizás Ron siempre tuvo razón y Viktor estaba terminando con ella? ¿Quizás esa era la razón por la cual Lorenzo la trataba de esa manera, porque ella y Viktor ya no estaban juntos?
¿Habría sido toda su amistad así de falsa?
En definitiva era una idiota.
Cuando la castaña finalmente decidió que no podía retrasar más su ida al comedor para la cena, camino a paso lento hasta su asiento habitual, negándose a hacer contacto visual con cualquier ser humano. Aunque, por más que se negaba a levantar la mirada del plato, la penetrante mirada de Viktor era imposible de ignorar, no debía subir la mirada para sentir los oscuros ojos del pelinegro recorriéndola, incluso, era capaz de aventurarse a creer que el chico debía estar gritando para sus adentros el por qué ella se negaba a mirarlo. Pero la verdad era ¿Qué caso tenía verlo?
Cuando termino el último bocado de su tostada, se levanto e ignorando por completo el llamado de Ginny y los demás, atravesó las puertas del gran comedor y emprendió su caminata hasta la torre de Gryffindor. Quién diría que maldito cielo que había podido tocar hace dos semanas, ahora se había convertido en un amargo camino incierto de dudas y sin sabores.
Tan metida iba en sus pensamientos que no escucho los pasos ni el llamado de cierto búlgaro que caminaba apresurado detrás de ella. Hermione volvió a la realidad cuando un par de brazos musculosos la detenían y envolvían en un abrazo, mientras que un arrollador beso hacía que cada parte de su cuerpo vibrase de pura emoción. Labios suaves la desarmaban lentamente mientras ella se aferraba desesperadamente al cuello del chico.
"mi ángel, mi amor… Lamentar tanto no poder verte, sentir tanto el no llegar a tiempo… te he extrañado tanto, te amo tanto mi amor… ser miserable sin ti, Mina" Viktor balbuceaba entre besos febriles palabras de disculpa. Y Hermione deseaba poder estar en shock, pero el suave te amo dicho en búlgaro la había hecho derretirse de inmediato. La voz ronca de Viktor diciéndole lo mucho que la extraño… simplemente Hermione no podía estar molesta.
Viktor se apoyo contra la frente de Hermione, en su lucha por buscar que el aire entrara en sus pulmones otra vez. Había perdido la noción de cuánto tiempo habían estado besándose en medio de uno de los pasillos, pero cuando el oxigeno hizo falta fue lo único que lo llevo a separarse lo suficiente de ella como para que ambos pudiesen respirar.
Viktor abrió los ojos y bebió de la imagen de su chica. Labios rojos hinchados, respiración agitada, un sinfín de pecas que jugaban con su cordura y el fuerte agarre que parecía tener de él, sus pequeñas manos se apretaban en sus brazos y Viktor jamás había sentido su corazón latir tan rápido. Anhelaba el poder confesarle que la amaba, la tortura que habían sido esas dos semanas sin poder verla, sentirla, amarla como a lo más preciado de su vida. Pero no podía, no aun. No podía mirarla a los ojos y decirle que la amaba cuando tenía en su poder el secreto que destruiría a su familia, todo lo que ella conoce e incluso, hasta a ellos mismos.
Luego de unos minutos Viktor escucho la voz quebrada de Hermione, y cuando bajo la mirada para verla nuevamente, sus lágrimas le partieron el corazón.
"¿Por qué…?" fue lo único que Viktor comprendió en medio de desesperación al verla llorar.
"Karkaroff no querer que salir, discutir, ser castigados. No poder si quiera mandar lechuza. Todos estar de mal humor por encierro, por favor mi ángel, creer en mí, jamás dejar sola, obligarme a no salir" Viktor se maldijo por no poder articular las palabras tan bien como el deseara. Su acento se había marcado incluso más por lo atropellado de sus palabras. Pero logro respirar con tranquilidad al ver la información hacer sentido en los ojos de Hermione. Sus preciosos ojos avellanas pasaron de un suave miel a un brillante verdoso. Viktor amaba sus ojos.
"Eso significa que no has terminado conmigo" susurro Hermione.
Ante ese comentario Viktor la miro horrorizado. ¿Eso era lo que había estado pasando por su mente todos estos días? Que él la había dejado, ¿Y sin si quiera darle la cara? ¡Merlín! Pensó Viktor, ese idiota de Karkaroff y sus absurdas paranoias habían causado que su dulce Hermione pensara que la había dejado de lado.
"Por Circe mi dulce ángel, primero arrancar corazón de pecho antes que dejarte, mucho menos sin hablar contigo" le dijo, mientras, comenzaba a repartir pequeños besos por todo su rostro a la par que secada cuidadosamente cada una de las lagrimas que Hermione había derramado por su estupidez.
Iba a volver a iniciar otra sesión de besos para demostrarle lo mucho que la había extrañado cuando el ruido de los demás estudiantes al dirigirse a sus dormitorios lo detuvo. Hermione se separo de él para poder ver su reloj y abrió los ojos al darse cuenta que ya la cena había terminado y que era hora de que ella regresase. Aun cuando Viktor trato de detenerla, un suave beso fue lo único que Viktor logro obtener antes de que su chica corriese hasta perderse en el largo corredor. Minutos después, observaba a lo lejos la torre de Gryffindor preguntándose si Hermione ya estaría dormida. Volteo hacia su cama y se resigno a dormirse, aunque últimamente la culpa le había convertido en una actividad en extremo compleja el poder dormir en lo absoluto.
Si tan solo tuviese la valentía de hablar con ella… Si tan solo Lorenzo lo dejase hablar…
Esos fueron los últimos pensamientos mientras Viktor cerraba los ojos para tratar de dormir. Aunque no lograría su objetivo sino hasta muy entrada la madrugada.
Enrico ajustaba su abrigo mientras observaba el enorme edificio frente a él. Hace un par de horas que había llegado a Inglaterra y el condenado frio le estaba pasando factura, aunque la imagen sobria e impersonal de todo le reconfortaba un poco el alma. Habían pasado unas cuantas semanas desde que enviase la carta a Hermione. No fue muy difícil dar con ella, estaba en Hogwarts y extrañamente solo hacía falta el nombre completo de la persona y una aproximación de donde podía estar para hacerles llegar cualquier cosa. Un poco peligroso en su opinión. Aunque el hecho de que nunca obtuvo una respuesta fue lo que le rompió el corazón.
Era exactamente por eso que había tomado la decisión de viajar a Inglaterra. Si no podría llegar a ella de forma directa lo haría a través de Eva. Aun si eso significaba ver cara a cara al mayor error de su vida.
