Capítulo 30
Consecuencias
Eva se encontraba en un evento a beneficio de la educación para niños sin hogar cuando una llamada de John la hizo abandonar el salón, su esposo jamás llamaba a estas horas de la mañana, mucho menos cuando acababa de regresar de un viaje de negocios como en él que había estado los últimos días, por lo que un ligero mal presentimiento se instalo en su pecho cuando respondió el teléfono.
"Eva…" dijo la extrañamente seria voz de John, asustando aun más a la mujer "Acabo de recibir una visita en la oficina que ciertamente te interesara ver, ¿tienes tiempo de venir? Puedo mandarte a uno de los choferes" dijo John.
"Yo… estoy en medio de un evento, pero puedo cancelar e ir" dijo Eva quien comenzó a caminar hacía el chofer, quien en segundos se encontraba de pie esperando por instrucciones.
"Cariño… ¿Está todo bien? ¿Sucedió algo con Nini?" pregunto Eva, temiendo lo peor, temiendo que su hija estuviese en peligro otra vez.
"Hablamos cuando llegues a la oficina" respondió John.
El nudo en el pecho de Eva se hizo más grande y temió lo peor, John jamás le había hablado así de… distante.
"John…"
"¿Qué sucede?"
"Te amo, cariño" Eva contuvo la respiración cuando el otro lado de la línea se quedo en completo silencio. Pero cuando el "También te amo" vino desde el otro lado, Eva sintió una pequeña esperanza. Tonta de ella el creer que su pasado nunca vendría a tocarle la puerta, que tonta fue…
Cuando las puertas del ascensor se abrieron Eva pudo sentir el pesado ambiente poco usual de la oficina de John, su esposo era un hombre sumamente calmado, pasivo, amable, era el hombre perfecto a sus ojos, el mejor padre, el mejor esposo, el mejor jefe por lo que la tensa sonrisa de la usualmente amable secretaria la hizo acelerar el paso de forma casi automática. Las puertas doble se abrieron a su toque y el rostro contraído en una mueca de disgusto de John le dio la bienvenida.
"John, ¿Qué pasó con Nini? Dime que otra vez ese demente del director no permitió que a nuestra hija le pasara nada de nuevo, cariño yo…"
"Querrás decir nuestra hija, Eva" la cara de John se contrajo aun más y Eva simplemente se quedo de piedra, esa voz… habían pasado 15 años pero ella jamás lograría olvidar esa voz, ese acento, esa forma de prácticamente saborear su nombre… El estomago de la mujer se retorció en puro desagrado cuando lentamente se dio la vuelta para quedar frente a frente con los glaciares ojos de Enrico D´Angelo, el hombre que le arruino la vida hace tantos años.
"¿Qué estas…?" trato de decir Eva, cuando el furioso tono de voz de John la interrumpió "Escúchame muy bien, Hermione no es tu hija, ella ya tiene un padre, una familia, no sé qué pretendas al venir aquí pero…"
"Pero, ella si es mi hija, el hecho de que Eva huyera con mi hija hace quince años no quiere decir que yo no sea su padre" dijo enfadado el hombre delante de ellos.
"¿Huir? ¡Maldito cínico! te aprovechaste de la inocencia de una chica de 22 años cuando tu le llevabas una buena cantidad de años, la sedujiste, la enamoraste, la embarazaste y no fue hasta que tu burbuja de mentiras se descubrió que te dignaste a decirle que eras casado. No te atrevas a venir a reclamarle nada a mi esposa. No tienes derecho"
"¡Yo sé cuales fueron mis pecados! Pero, nada eso quita el hecho de que huiste con mi hija y me la ocultaste por quince años, Eva"
"Hermione no es tu hija, Enrico. Perdiste el derecho de llamarla así el día que supe que eras casado"
"Ella…"
"Ella ya tiene un padre, tu no la conoces, no sabes nada de ella, no sabes ni si quiera como luce. No arruines su vida y mejor retírate antes de que causes más daño" dijo un enojado John.
"Nada de eso fue por elección, yo he pasado toda su vida buscándola. Además, ya es demasiado tarde, ella ya debe saber acerca de mi, le escribí hace un par de días, ella y mi hijo son…"
"¡¿Qué tú hiciste qué?!" grito Eva.
Ahí fue cuando ambos se acercaron a ver el recorte de periódico que Enrico sostenía en una de sus manos, la foto sonriente y en movimiento de Hermione junto a un chico los hizo verse con temor. Ahí fue cuando todo cobro sentido para ellos, Hermione no había salido bruja de la nada, Enrico era parte de ese mundo, por lo que Hermione heredo la magia de él.
"Eva, por favor dime que el chico con el que calabacita está saliendo no es su medio hermano" dijo John, completamente tenso mientras observaba fijamente el recorte del Profeta.
"No, pero si es el mejor amigo de Lorenzo, mi hijo" dijo Enrico.
"Dijiste que le enviaste una carta…" dijo Eva.
A lo que Enrico afirmo, les explico lo que la carta decía, también les comento acerca de la falta de respuesta de la misma, cosa que alivio a ambos padres, pero sus siguientes palabras hicieron que ambos se pusieran a la defensiva otra vez.
"No vine todo el camino hasta Inglaterra para no verla, Eva. Voy a ir a Hogwarts, voy a ir a hablar con ella…"
"¡NO! No puedes hacer eso, no puedes arruinar la vida de mi hija…"
"Ella tiene derecho a saber la verdad, y la sabrá te guste o no. Vine solo a informarte de que pienso ir a Hogwarts no a pedirte permi…"
"Si no hay forma de detenerte de ir, entonces iremos contigo" decretó John. Ganándose un ¿QUÉ? De los otros dos.
"Lo siento cariño, pero si no hay forma de hacerlo desistir de arruinarle la vida a nuestra hija, entonces no pienso dejarlo cerca de ella sin que yo esté ahí para proteger a mi pequeña"
Enrico quiso replicar pero fue interrumpido por Eva quien se acurruco en los brazos del rubio y llorando le dijo que estaba bien, que no dejarían a Hermione sola.
Enrico no supo por qué, ya que hace muchos años que su amor por Eva había desaparecido, pero sintió una pequeña punzada de celos de verla en los brazos de otro, de ver que ese otro había tomado su lugar como padre, el ver la protección y claro amor con el que se refería a su hija, y por un segundo se pregunto si lo que estaba haciendo realmente estaba bien. Pero no había mucho que hacer porque el ya le había enviado esas cartas, además, había esperado demasiados años como para retirarse al final de la carrera.
En unos días finalmente podría ver a su hija.
Mientras más tiempo pasaba con la pareja más se cuestionaba a sí mismo la nobleza de su acto. Eva seguía siendo la misma dulce y sensible mujer que fue hace tantos años. Consiguiendo ser incluso más perfecta que antes. Mientras que John era un hombre único, lo había investigado con sus contactos en el mundo muggle, el hombre era un tiburón de los negocios, había vuelto su ya exitosa empresa familiar en una de las compañías más rentables de todo el continente. Y por más que odiara admitirlo, se notaba no solo perdidamente enamorado de Eva, pero también demostraba amar arrebatadoramente a Hermione.
Cada palabra que llevase la más mínima referencia a su hija iban plagadas de elogios, de lo maravillosa que era su "calabacita" Enrico sintió su corazón doler y marchitarse aun más con cada palabra acerca de su hija, de lo buena estudiante que era, de lo poderosa. Había consumido como adicto cada artículo que hablase de la grandiosa amiga de Harry Potter, mientras que cada foto a escondidas que tenía con Viktor.
¿Estaba realmente haciendo lo correcto? Ella ya tenía una vida, tenía un padre que la amaba, el solo sobraba en toda esa foto. Pero una parte de él no paraba de decirle que él tenía derecho a ser egoísta, la había buscado por tantos años. Él nunca la abandono, se la arrebataron. También tenía el derecho de celebrar sus triunfos, alardear de lo inteligente que era. Él también añoraba la foto de su primer baile, celebrar su cumpleaños y atemorizar a Viktor por atreverse a acercarse a su niña, aun cuando el mejor que nadie conocía de primera mano que Viktor era un excelente partido.
Y era todo ese lado egoísta el que le permitía digerir la presencia de John y Eva por tanto tiempo. Eran increíblemente empalagosos y le alegraba que Hermione hubiese crecido con un ejemplo de amor tan grande. Pero el siempre fue más del lado un poco recatado, y tanta demostración de afecto le incomodaba. No estaba seguro de que podría tolerar todo el viaje hasta Escocia sin intentar lanzarse del avión al menos una vez.
Debido a la condición muggle de ambos, no se les permitía viajar largas distancias por métodos mágicos, por lo tanto debían llegar a Escocia de forma muggle y luego podrían solicitar un permiso de entrada a Hogwarts.
Se encontraba tan ansioso que no reparo en las miradas nerviosas de ambos padres. Todos estaban aterrados y lo único que querían era estar para Hermione.
Siempre Hermione.
Cuando lograron llegar a las inmediaciones del imponente castillo, un hombre enorme y barbudo, que luego se introduciría como Hagrid los estaba esperando en la entrada, el seria quien los escoltaría hasta el director y la jefa de casa de Hermione.
Enrico se sintió intimidado por el posible encuentro con la joven, incluso peor, con Lorenzo. La relación se había vuelto tensa entre ambos, y ni hablar de su esposa, que se negaba a dirigirle la palabra. Su casa se volvió un infierno y el pensar encontrarse a Lorenzo y ver su cara de odio o de decepción lo llenaba de un profundo pesar.
Pesar que se incremento cuando fueron escoltados al gran comedor y mientras el llanto de Eva aumentaba cada vez más, la presencia inadvertida de Asen lo hizo comprender el peso de lo que estaba a punto de hacer. Intento ocultarse un poco pero se dio cuenta de que el rubio ya estaba de espalda a él y que no se había dado por enterado de su presencia en el recinto.
Observo la expresión incomoda de los profesores y se sintió como quien es espectador dentro de una burbuja. No entendía nada, no distinguía las voces, pero fue un ligero escalofrío que lo recorrió por unos segundos lo que lo hizo girar y enfocar su mirada a un par de puertas enormes que se abrían cuidadosamente. Una torre de libros y el bamboleo de una coleta de cabello castaño lo hicieron salir de su trance y prácticamente corrió en dirección a la chica, mientras los gritos de Eva y John se hacían presentes detrás de él.
Cuando finalmente llego hasta la altura de la joven se quedo completamente estático, sus pies parecían haberse clavado al suelo y sintió la boca pastosa, las manos sudorosas y por primera vez en toda su vida se encontraba nervioso, real y arrebatadoramente nervioso. Su hija, su pequeña estaba frente a él, y tan enfrascado estaba en sus pensamientos que no advirtió que la joven al ir cabizbaja no se fijo en su presencia y se estrello contra él, como quien se estrella contra una pared.
Todos sus libros quedaron en el suelo y el intento recordarse ser un caballero y levantarlos por ella pero cuando finalmente logro verla, su mundo se derrumbo, y juraría que olvido hasta su propio nombre.
Hermione era preciosa, tenía su cabello, su nariz, los ojos de su nonna, se parecía a Lorenzo, se parecía a él, se parecía a su madre. Iba a decir algo pero fue interrumpido por el escape veloz de la castaña. La vio recoger sus libros y la observo prácticamente correr en dirección opuesta, pero algo la hizo detenerse abruptamente. El giro para ver que la había hecho detener su camino y la poca alegría que comenzaba a nacer dentro de él se esfumo cuando vio a Lorenzo, Viktor se encontraba de pie junto a su hijo, y su expresión era de completo sufrimiento. Vio a su hija pasear la mirada un par de veces entre Lorenzo y él, y fue doloroso ver el segundo exacto en donde la realización de lo que estaba pasando la golpeo.
La escucho soltar un pequeño sollozo y fue cuando se dio cuenta de que Eva y John habían estado allí todo el tiempo, porque cuando Hermione comenzó a caer, fue solo segundos para que todos corriesen para tratar de evitar su caída. Pero Viktor fue el más rápido, seguido de Eva que acuno el rostro pálido de Hermione mientras Viktor la sostenía con delicadeza, mientras que John le fulminaba con la mirada, un paso detrás de su esposa.
Esta era la consecuencia de su egoísmo, pero aun así, no cambiaría nada, porque su princesa estaba ahí.
Se encontraban en la enfermería del colegio, Eva se negaba a dejar el lado de Hermione, bueno, ella y el jovencito de dos metros que actuaba como el guardaespaldas personal de su pequeña, uno a cada lado de la cama, vigilando que nada perturbase el sueño de su hija.
Un par de pasos más retirado se encontraba el… el hombre egoísta que había causado todo este desastre. Él paso años protegiendo a su calabacita, evitándole dolor, enseñándole lo que debía esperar de cualquiera que se acercase a ella, amando a su madre y dándole un ejemplo sano del amor, de una familia. No quería que su hija pasase lo que su amada Eva paso. Todo su esfuerzo de años, para que el maldito imbécil de Enrico lo arruinara en menos de 20 minutos.
Al lado del hombre se encontraba su versión un poco más joven, Lorenzo. No negaría que ahora que los veía a los tres juntos era imposible negar el parentesco. Hermione podría lucir como una D´Angelo, pero su calabacita era una Granger de pies a cabeza.
"Creo que lo más sabio será que la joven Granger se tome unos días lejos del colegio" sugirió Dumbledore, hablando por primera vez desde que llegamos al castillo.
"Me parece una excelente idea" afirmo John, a lo cual el… hombre, frunció el seño.
"No creo prudente…" inicio Enrico.
"Lo que tu creas o no, no tiene la más mínima importancia" le replico John, calmado.
"Somos su familia, creo que tenemos derecho…" intervino el más joven de los D´Angelo.
"Ustedes no tienen derecho a nada, Hermione es mi hija y yo me encargare de velar por ella. En dado caso, ella es quien decide si ustedes pueden llamarse o no familia. Ella y solo ella, y mientras ella no tenga voz, su madre y yo seremos el reemplazo. Y nosotros decidimos que se irá a casa y punto" decreto John, dejando boquiabiertos a todos los presentes.
Sin esperar una respuesta, el rubio se dio la vuelta y se adentro al pequeño cubículo en donde tenían a su hija, y cuando abrió la tela que los dividía la imagen frente a él lo hizo recordar un evento de hace muchos años.
Eva se encontraba dormida en un sillón en la esquina, un rastro de lagrimas secas adornaban su hermoso rostro. Mientras que el joven de cabello negro que estaba sentado junto a su hija lo dejo sin palabras. Sostenía la mano de Hermione con una delicadeza que daba ganas de llorar, mientras que su rostro bañado en lágrimas mientras susurraba algo en otro idioma le hacía sentir un intruso en dicha escena.
Eva le había contado del chico, un atleta, un atleta famoso con un brillante futuro por delante, su esposa le comento que Hermione lucia entusiasmada con el joven, y que al parecer era mutuo. Y si bien la noticia le sorprendió, en especial porque esperaba que su pequeña se interesara más por el típico joven intelectual, con los mismos gustos de ella, al ver finalmente al susodicho en persona le hacía comprender muchas cosas.
Debía de medir lo mismo o incluso más que el mismo, de cabello negro y rasgos fuera de lo que se acostumbraba en Inglaterra, el chico debía ser eslavo, o quizás tener ascendencia eslava por algún lado de su familia. Era exótico a ojos de su hija, quizás le entusiasmo su acento, quizás hablase uno de los tantos idioma que Hermione hablaba. Y no negaría que el joven era bien parecido, y por la forma en la que había llevado en brazos a su calabacita deducía que ahí estaba el factor clave. La forma en la que la trataba, y había algo en ver a un hombre como él llorando que hacía a John comprender tantas cosas.
Sin deseos de irrumpir, pero sabiendo que era necesario John se acerco a Eva y acaricio su cabello, logrando despertarla.
"¡Hermione!" se ofusco su esposa.
"Está bien, cariño. Sigue durmiendo" Calmó John "Podemos llevarla a casa"
El rostro de su esposa se ilumino un poco, pero decayó cuando escucho el pequeño gemido de desespero del joven que estaba en la habitación.
Eva se levanto y se acerco a Viktor, la vio pasar la mano suavemente por su espalda como siempre hacía con Hermione cuando se sentía mal, y algo se removió dentro de John.
"No te preocupes cariño, Hermione volverá, solo hay que darle tiempo" tranquilizo su esposa al pobre chico, el cual asintió lentamente, aun sin levantar la mirada de la figura de Hermione.
"¿Cree usted…?" susurro el chico en un marcado acento.
"¿Si?" pregunto Eva.
"¿Cree que algún día pueda perdonarme? ¿Perdonarnos a todos?" dijo mientras acariciaba levemente el cabello de Hermione, sin darse cuenta de los ojos llenos de temor de ambos adultos.
¿Sería Hermione capaz de perdonarlos algún día?
Aquí ando, aun sigo viva pero con un ascenso que me tiene viajando por todo el país y de lo menos que tengo tiempo es de escribir, y cuando me escapo cinco minutos trabajo un poco en la historia, la cual sorpresivamente va tomando el rumbo que yo quería.
Ahora bien, exploto el conflicto al fin y lo amo, amo el drama.
Viktor, mi dulce y precioso Viktor, medio tonto el hombre pero lo amamos, y eso no cambiara. Hermione, cosita lastimada, cosita herida.
¿Qué opinan de este capítulo? Déjenmelo saber en los comentarios porque el chisme esta por ponerse bueno.
