Capítulo 33
Al filo de las expectativas
Hermione se encontraba en una de las oficinas del Ministerio de magia esperando que su regreso a Hogwarts fuese aprobado, con su equipaje asegurado en uno de sus bolsillos y el bolso con Crookshanks a su lado, la castaña se encontraba lista para volver. ¿Estaba preparada para enfrentar su realidad y a ciertas personas? A la mierda que no, pero por algún lugar debía comenzar y quizás sus amigos eran un buen inicio.
Durante su ultimo día con sus padres se pregunto constantemente si debería decir algo, se preguntó si se esperaba de ella que dijese algo acerca de lo que sucedió, y luego de mucho darle vueltas llego a la conclusión de ciertamente no tenía la obligación de responder preguntas, aunque la verdad conociendo a Harry y Ron dudaba mucho que si quiera hubiesen notado su ausencia.
La que de seguro se encargaría de interrogarla sería Ginny. Si bien se sintió mal y un poco culpable por haber desaparecido de esa forma y de no escribirle ni una sola vez en dos semanas, la verdad era que necesitaba estar sola, que debía y quería procesar su situación consigo misma y nadie más. Sin contar el hecho de que muy dentro de ella sentía un poco de vergüenza de no haber conocido su propia historia, aun cuando no fuese en lo absoluto su culpa.
Hermione reviso su reloj por decima vez desde que llegase al ministerio y resoplo con frustración, ¿Qué tan difícil era dejarla en Hogwarts? Llevaba horas allí metida, y no era, ni de lejos la forma en la que pensó pasar su domingo.
Aunque ciertamente sus otras opciones incluían volver y tener que responder preguntas que realmente no deseaba responder. Por un momento se sintió tentada a decirles a sus amigos que había sido mandada a rehabilitación como los famosos, pero de inmediato descarto esa idea pues ni ella misma era capaz de creerse semejante idiotez.
Luego contemplo la posibilidad que de hecho el verdadero motivo de su partida repentina se hubiese revelado y todos ya supiesen acerca de la hija bastarda de un sangre pura. Esa opción la aterro por completo, ella no era la hija bastarda de nadie, ella era Hermione Granger, y así deseaba mantenerse.
"Hermione Granger" hablo la agente del ministerio a cargo de su caso "Su traslado fue aprobado, puede dirigirse a la chimenea numero 267 en el tercer piso, esta se encuentra lista para enviarla al Colegio Hogwarts de magia y hechicería"
Hermione tomo el bolso con Crookshanks y comenzó su camino hacia la chimenea. Una vez frente a la misma, la chica tomo una bocanada de aire para calmar sus nervios y se dijo a si misma que todo estaría bien, que ella estaría bien, que todo volvería a la normalidad y esto seria solo un mal sueño.
Segundos después las llamas verdes la consumieron mientras solo pudo escucharse el eco del nombre del colegio abandonar los labios de la joven.
Todo era un maldito caos, un horrendo, asqueroso e innecesario caos. La mayor parte de su vida se había jactado de ser excelente tomando decisiones, de ser inteligente, acertado, prudente, pero todo eso se había ido al carajo al momento que descubrió esas cartas. ¿Por qué mierda tuvo que escribirle sin preguntarle a él como se sentía? ¿Acaso él no era importante? ¿Acaso sus sentimientos no eran validos? Su vida se había puesto patas arriba en cuestión de segundos y nadie parecía comprender realmente que él era la victima aquí, no ella.
Bueno… siendo sincero consigo mismo, ella también era una víctima. Pero el era el que se llevaba la peor parte, ella no tenía ni idea de todo el embrollo que estaba aconteciendo, el sí. No era su padre el que estaba jodiendo todo a su paso. Bueno… técnicamente si lo era, pero ella no lo sabía. Y si dependía de él nunca lo haría.
Hermione era un maldito ángel y no se merecía toda esa mierda, cuando la conoció, sintió ese maldito tirón que siempre sentía cuando la veía. Recordaba ese instinto de la nada que le daba cada vez que alguien la lastimaba, quería defenderla, protegerla, cuidarla. Se asusto tanto de pensar que quizás le gustaba la chica de Viktor que tuvo miedo por un tiempo, pero luego comprendió que simplemente era un deseo de protegerla del mundo, de la maldad. Y desde que leyó esa estúpida carta todo cobro sentido, pero al mismo tiempo todo se desmoronó.
Él había pasado toda su vida a la sombra de la misteriosa hija que su padre deseaba encontrar. No importo cuantos logros, buenas notas, cuanto se esforzó por años, nunca pudo competir con ella. Creció odiando su mera existencia, el hecho de que una extraña, alguien que no tenia un nombre o un rostro le hubiese robado el amor de su propio padre. Deseo miles de veces que su padre nunca la encontrase, rogo a Merlín que la chica hubiese muerto, o que su madre hubiese decidido no tenerla.
Pero luego, en su escuela, o con sus amigos, veía niñas pequeñas correteando alrededor de sus madres y se daba asco el mismo por haber pensado tamaña barbaridad de alguien que llevaba su misma sangre, de alguien que no tenia la culpa de nada. Aun cuando al llegar a casa, su madre se hundía cada vez más en la tristeza y el dolor por la traición del hombre que amaba, y su padre se consumía encerrado en su despacho, enterrado en investigadores, mapas, documento y hechizos de rastreo.
Y así paso su vida, siendo criado por los elfos domésticos pues sus padres estaban demasiado ocupados en sus miserias, sus abuelos no querían saber nada de la desgracia familiar que era su padre y absolutamente nadie se preocupaba por él. Luego cuando creció, comenzó a pasar más tiempo con la tía Gia y Asen. Viajaba constantemente a Bulgaria a visitarlos, y también pasaba una enorme cantidad de tiempo junto a Viktor y su familia.
Y ahora, cuando finalmente su amigo era feliz y se había enamorado, cuando el encontraba una amiga, alguien que parecía comprender de donde venia, aun cuando el no hubiese compartido nada de su pasado, ella comprendía. Cuando finalmente todo parecía cobrar algún tipo de sentido y rumbo, todo se iba a la mierda. Su padre arruinaba todo, siempre arruinaba las cosas que lo hacían feliz.
Había crecido con la expectativa familiar de odiar a la hija bastarda de su padre, de detestar la causa del irreparable daño a su familia, a su madre, a si mismo. Pero ahí estaba, llorando como cuando era niño porque le había partido el corazón el llamar a Hermione bastarda. Porque tratarla de esa forma y ver esos ojos, usualmente vivaces y alegres, llorar y lucir dolidos y confundidos por su culpa, porque ella no tenia la culpa. Aunque el tampoco.
Hermione había sido recibida por la profesora McGonagall y Dumbledore, ambos habían evitado preguntar más allá de la necesaria actualización de su salud y si había recibido todos los planes de estudio que le enviaron en esas dos semanas.
Luego fue guiada por el extrañamente desierto castillo por la profesora hasta el retrato de la dama gorda, y cuando Hermione se disponía a adentrarse por el retrato la mujer la detuvo y la envolvió en un abrazo, algo muy inusual para la bruja.
"Usted es uno de mis mayores orgullos señorita Granger, si algún día necesita hablar, sabe bien donde encontrarme" y con eso la mujer se retiró sin quedarse a presenciar las lagrimas que fluyeron libres por el rostro de la castaña.
Hermione respiro un par de minutos para calmarse y emprendió el camino hasta su habitación, pero con cada paso que daba sentía que algo no estaba bien. Usualmente los domingos en la torre de Gryffindor significaba ruido, estudiantes esparcidos por todos los sillones, una que otra cosa incendiándose o explotando bajo la atenta mirada de Seamus y los gemelos. Pero no, todo se encontraba en completo silencio y sin una sola alma a la vista.
Subió todo el camino hasta su habitación y al entrar dejo escapar el aire que no sabía estaba reteniendo. Todo seguía exactamente igual que cuando se fue. Lavender con sus constantes flores y esmaltes por todos lados, Parvati tenia maquillaje y telas esparcidas por doquier, mientras que su lado de la habitación seguía intacto, cama tendida con su cobertor blanco, y su almohadón en forma de gato. Las fotografías de sus padres y amigos seguían en el mismo sitio y hasta los cuencos de comida y agua de Crookshanks seguían allí.
Libero a su bola de pelos del bolso donde lo había transportado y tomo asiento en su cama y observo lentamente todo lo que la rodeaba, se sentía tan extraño volver. No se había ido por mucho tiempo, pero ciertamente la Hermione que se fue no era la misma que regresaba, aun cuando ella quisiera fingir que nada paso.
Antes pensaba que volver a Hogwarts era como volver a casa. Ahora, se sentía como si finalmente había abandonado su casa para venir aquí, y no se sentía correcto. Ya no.
Lorenzo caminaba distraído por el barco cuando vislumbro una silueta que el conocía muy bien. Viktor se encontraba apoyado en el borde del barco junto a Micah, y estos parecían centrados algo que él no podía ver aún. Al acercarse lo suficiente noto que lo que veían con tanta fascinación era lo que parecían unos tentáculos enormes que sobresalían del agua y salpicaban y arrojaban pequeñas gotas en dirección a ambos chicos.
"Aún no logro comprender que te hagan entrar en el lago sabiendo que lo menos inofensivo allí dentro en un calamar gigante que podría matarte en segundos" comentó el castaño, ganándose la atención de ambos chicos frente a él.
Lorenzo sabía que estaba jugando un juego peligroso, en especial después del último encuentro que los chicos, Viktor y el habían tenido en la sala de estar del barco hace un par de días. Valentín seguía con un labio partido y algunos moretones en el rostro. Mientras que Viktor mantenía un vendaje constante en sus nudillos. Pero no podía evitar recordar lo mucho que sus decisiones habían destrozado a sus amigos, y como su egoísmo le rompió el corazón a una de las personas que siempre estuvo para él.
Viktor lo observo por lo que sintieron como horas, con una mirada tan intensa que parecía querer atravesarlo. Pero luego de unos momentos, el chico sonrió de medio lado y arrojo un trozo de comida al calamar quien lo recompenso con otro truco.
"Muchas veces es lo mas inofensivo lo que puede matarnos, Lorenzo" compartió el pelinegro "tu mejor que nadie deberías saber eso"
Micah se rio por lo bajo, logrando que Lorenzo comprendiese que Viktor estaba de buen humor y que por lo tanto esta seria quizás su única oportunidad para recuperar a su amigo.
"La letalidad de las cosas preciosas esta infravalorada. Aunque después de los últimos días creo que queda claro que también sabemos como protegernos" menciono el castaño sabiendo que sus palabras podrían hacer explotar a Viktor, o dejarlo hablar.
Al parecer la segunda fue la elegida, pues el pelinegro se giro lentamente y le arrojo un pez que atrapo en el aire, haciéndole señas de que se uniese a su campaña de alimentar al calamar gigante.
"Quizás, sea hora de considerar que tanto lastima a aquellos que amamos dichas protecciones" compartió Viktor mientras observaba ausentemente un punto en específico del castillo que se alzaba imponente frente a ellos.
Lorenzo iba a responder cuando el rumor de unos pasos rápidos lo hizo voltear hacia la rampa del barco. Lo que vio lo dejo realmente sorprendido, y al mismo tiempo lo hizo recordar de forma dolorosa sus propios pecados.
Ginny, la mejor amiga de Hermione se encontraba de pie al borde de la rampa, esperando ser notada, lo cual no tomo mucho tiempo pues Micah casi se avienta del barco en su dirección mientras que Viktor le dirigió un saludo discreto. La chica tomo esto como una invitación y subió rápidamente y cuando se encontró a su altura, pudo escuchar a Micah diciendo sus constantes babosadas y la chica ignorándolo por completo. Pero cuando comenzó a ondear una revista, afirmando que Viktor amaría el contenido de esta, supo de inmediato que se trataba de Hermione.
Sintió su corazón acelerarse por completo cuando vio la foto sonriente de la castaña en la portada, y trato de arrebatársela a Viktor, pues realmente deseaba ver a la chica, pero el pelinegro fue mucho más veloz y lo mantuvo lejos de esta. Ambos discutieron un poco por el derecho de ver la revista, pero no fue hasta que Ginny le entrego la pequeña caja con fotos que ambos se calmaron un poco y compartieron el contenido de esta.
Lorenzo sintió su corazón arrugarse cuando vio la foto de Hermione con su padre y trato de recordar alguna fotografía igual de el mismo, pero fue incapaz de evocar ninguna. Su padre no era precisamente el hombre más cariñoso del mundo, y nunca lo dejo dormirse a su lado, o compartieron una tarde juntos.
Las palabras que se habían dicho el día que se llevaron a Hermione volvieron a él como un rayo, atravesándolo. "Nunca me amaste, yo que soy tu hijo, pero si has pasado la vida entera amando a alguien que ya tenía una familia" "Nosotros también somos su familia, Lorenzo" "Nosotros no somos nada, nunca hemos sido una familia, por lo tanto jamás podrás ofrecerle lo que ella ya tiene" "La haremos venir con nosotros, hijo y todo estará bien" "Déjala en paz, no seas egoísta y permítele mantenerse lejos de personas como tu y yo, consumidos por el rencor, el odio y el egoísmo, personas que solo destruyen todo lo que tocan"
Lorenzo respiro hondo para evitar que las lagrimas cayesen de sus ojos, Hermione nunca tuvo la culpa de nada. Siempre fueron ellos, siempre fue él, su padre. Ella no buscaba quitarle a su familia, porque ella ya tenia una que la amaba incondicionalmente y valoraba su existencia.
El castaño acaricio distraídamente el rostro de su hermana y rogo a Merlín el tener una segunda oportunidad con ella, porque realmente extrañaba a la chica.
Hermione tomo un baño y comenzó a desempacar sus cosas, si bien aún no veía a ninguno de los chicos, su estomago le recordaba que no había comido nada en todo el día y de que pronto seria la hora de la cena, por lo que esperaba encontrarse a sus amigos ahí. Por lo que, a mitad de camino de su equipaje, encontró unos jeans y colocándose su sudadera roja de Gryffindor, decidió que era momento de buscar comida.
Recorrió los pasillos que poco a poco comenzaban a lucir llenos de vida nuevamente y se preguntó dónde habría estado todo el mundo, pero cuando comenzó a notar la vestimenta de la mayoría de los estudiantes, dio cuenta que todos habían ido a un partido de Quidditch pues todos lucían banderas de Hogwarts mientras que otros llevaban los colores o banderas de las otras dos escuelas visitantes. Tenía entendido que habían cancelado el Quidditch por el año escolar, quizás solo hicieron un partido amistoso entre las escuelas.
Hermione se dirigió en silencio hacía el gran comedor, ignorando por completo los murmullos y miradas de sorpresa de los estudiantes. Nunca pensó que su partida causaría revuelo en nadie, aunque suponía que el que la amiga de Harry Potter desapareciese sin previo aviso habría causado conmoción.
Lo que Hermione no sabía es que el profeta la había estado vigilando luego de todo su dilema mediático con Viktor Krum y la gente se había comenzado a preguntar quien era la misteriosa novia de uno de los jugadores mas famosos del mundo. Y habían comenzado a sacar artículos acerca de ella, de su familia y el último artículo mostraba la foto de Hermione junto a su madre en la gala de beneficencia de anoche y el encabezado revelaba a Hermione como una de las herederas más prominentes de todo Europa. Volviéndola la comidilla de todo el colegio, pues la mayoría de los magos juraban que ella era la desdichada hija de algún pobre muggle que vivía debajo de un puente, solo porque era nacida de muggles.
Cuando la puerta del gran comedor se abrió, la mayoría de los estudiantes ya se encontraban allí, haciendo que el grito de Ginny al verla llamase la atención de prácticamente todo el mundo. Hermione sintió los ojos de todos en ella y se removió incomoda, pero a medio camino se estrello con una melena pelirroja que la envolvió en un fuerte abrazo.
"No tienes idea de lo mucho que te he extrañado" le susurro Ginny mientras Hermione le devolvía el abrazo. Ambas chicas se separaron y sonrieron, para ser interrumpidas por Neville y Padma que se encontraban detrás de la pelirroja, los cuales la abrazaron y le dijeron que se alegraban de que estuviese de vuelta. Comenzaron a caminar cuando un agitado Harry entro por las puertas del comedor, deteniéndose de golpe frente a Ginny.
"¡Ginny! Hermione volvió, varios chicos dicen haberla visto en…"
"En el comedor porque tiene hambre" termino Hermione, logrando que Harry levantase la mirada y la viese con sorpresa.
"Hermione…" susurro el pelinegro.
Hermione arrastro a Harry en un abrazo mientras le susurraba al oído al chico un "Yo también te extrañe" que hizo a Harry apretar sus brazos más fuertes en torno a ella.
La castaña se separo de Harry y todos comenzaron su camino hacia la mesa, sin detenerse a reparar en el hecho de que todo el gran comedor había presenciado toda la interacción, en especial cierto pelinegro que se encontraba con el pulso acelerado y la boca seca de la emoción y el nerviosismo de tener a Hermione tan cerca nuevamente.
Viktor se quedo completamente mudo cuando sintió un escalofrío erizarle la piel, y no entendió cómo ni por qué, pero supo de inmediato que Hermione estaba allí. Pero fue el grito de Ginny lo que le confirmo la noticia, giro rápidamente para ver a su preciosa Mina de pie frente a las puertas del gran comedor, lucía un poco más delgada que la ultima vez que la vio, pero su corazón dejo de latir por un segundo para luego latir acelerado y desbocado por el simple acto de verla.
Bebió de su imagen como un muerto hambre viendo comida por primera vez y se maravillo con su sonrisa mientras era abrazada y recibida por sus amigos. Y por primera vez en su vida sintió envidia de aquellos que podían ir y abrazarla tan libremente. Sus manos picaban con el deseo de ir y sostenerla y decirle cuanto la había extrañado, lo mucho que la amaba y que haría cualquier cosa para ganarse su perdón.
A su lado, Lorenzo se había quedado en silencio y Asen se carcajeaba con bromas acerca de como los dos eran par de idiotas por una chica, pero ambos lo ignoraron pues lo único que ahora existía era Hermione.
La comida comenzó a aparecer frente a ellos y no pudo importarles menos, siguieron cada movimiento de la castaña y pronto se volvió evidente que la chica estaba haciendo hasta lo imposible para evitar mirar en su dirección pues a pesar de la mirada constante de ambos hombres, la castaña miraba hacia todos lados menos el frente, pues curiosamente se encontraba sentada justo en frente de Viktor, pero con un par de mesas de separación, lo cual frustro un poco al pelinegro, pero acepto por más que lo odiase pues era lo menos que se merecía después de todo este embrollo.
Cuando fue el momento de retirarse de la cena, Viktor agradeció a todos los dioses que el destino lo quisiese tanto. Al momento de salir, una escena que ya había vivido antes hace solo un par de meses atrás. Harry y sus amigos intentaron cruzar la puerta al mismo tiempo que ellos y por azares del destino Hermione choco con él en el ajetreo de salir. Aunque esta vez fue diferente a la primera, esta vez había una historia detrás de ellos, sabían sus nombres, sus corazones. Había mentiras, dolor y traición, pero Viktor no pudo evitar sentir su estomago dar un vuelco cuando los ojos de Hermione finalmente miraron los suyos, fue solo un segundo antes de que la chica huyese entre la gente, dejando a Viktor parado en el medio viéndola alejarse.
Pero solo ese segundo basto para que Viktor confirmara que esos ojos que el tanto quería no había odio ni rencor, solo temor. Y eso le daba la oportunidad de enmendar su error, así pasase una vida entera haciéndolo.
Bueno, he estado super activa últimamente, pero es que he estado tratando de tomar un poco más de tiempo libre para mi misma y desconectarme del trabajo, y escribir me ayuda mucho.
Además de que realmente quiero terminar esta historia porque hay un montón de cosas que quiero contar y no puedo porque no termino de avanzar.
Y para que les miento, estoy volviendo a leer como en antaño, y puede que este volviendo a creer en el amor un poquito y que mejor manera de hacer catarsis de todo ese amor loco que tengo reprimido que proyectarlo en la pareja que más frustración me ha generado con los años, pues debieron darles una historia y la oportunidad de vivirla, pero no, quisieron meternos a Ron hasta en la sopa y no, no me conformo.
Sin más decir por ahora, déjenme su hermoso comentario y hagan a su servidora feliz, aunque sea un minuto.
