Muy buenos días, espero que estén disfrutando su semana. Muchas gracias por continuar con la lectura, les recuerdo que la historia NO es para menores de edad o para personas sensibles al tema adulto. Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pero la historia es completamente de mi autoría.
GRACIAS POR SU COMPRENSIÓN.
DESTINO
CAPÍTULO 39
Anthony había grabado en su memoria el número de la oficina de correos de donde había salido el último telegrama que Candy había enviado al hogar de Ponny, su impaciencia era mucha y su desesperación no le permitió quedarse a desayunar en la mansión.
Salió de inmediato con la intención de llegar a su oficina y pedirle a George que lo ayudara a investigar la dirección de dicho lugar.
-Buenos días señorita, Clark. – Saludó a la joven que ya se encontraba puntual en su puesto.
-Buenos días señor, Ardlay. – Se levantó la joven casi de inmediato para perseguir a Anthony y darle los pendientes que había tenido el día anterior.
-¿Qué pendientes se presentaron? – Preguntó permitiendo que la joven entrara junto con él a su oficina.
-Vinieron los trabajadores que han estado al pendiente de su contratación desde hace más de seis meses. – Dijo la joven con cierta pena, tenía tiempo lidiando con el mal genio de algunos y los constantes reclamos por la falta de recepción.
-Comprendo. – Dijo Anthony con seriedad, sabía que los negocios habían quedado atrasados, sobre todo las contrataciones que ni el mismo George tenía la capacidad de aprobar por las exigencias y regulaciones de las nuevas leyes para inmigrantes. – Cuando llegue el líder de ellos lo hace pasar. – Dijo Anthony acomodándose en su lugar. – Dígale a George que si puede venir un momento, por favor. – Dijo una vez más el rubio.
-Muy bien señor, Ardlay. – Dijo la joven saliendo de la oficina casi de inmediato.
George recibió el llamado de Anthony, el administrador llegó casi de inmediato, se sentía nervioso porque no se había presentado a trabajar el día anterior.
-Anthony ¿Qué fue lo que sucedió? – Preguntó George con la visible preocupación en su rostro.
-Nada George, que me he enterado de todo. – Dijo el rubio asumiendo que George ya estaba enterado de todo.
-Así que ya estás enterado. – Dijo George sintiendo una paz en su corazón, porque aquello que tanto le preocupaba a Albert por fin se había comenzado a resolver. Anthony asintió. – Tú tío la estuvo buscando todo este tiempo... hasta antes de su desaparición. – Dijo George para que Anthony se diera cuenta que Albert siempre había estado al pendiente de esa búsqueda. Lo que George no sabía era que Albert había encontrado a Candy tres años atrás, pero su discreción era tanta que temía que la tía abuela se enterara y cumpliera con su amenaza de quitarle al pequeño Alexander. – Pero teníamos tan pocos datos de ella que nos fue imposible localizarla. – Agregó para que Anthony estuviera enterado de todo lo que habían hecho para localizar a la joven.
-Fui a La Porte, por eso no vine el día de ayer. – Dijo Anthony para explicar su ausencia. George lo escuchaba tranquilo.
-¿La encontraste? – Preguntó George con la esperanza de que ese capítulo en la vida de Anthony estuviera por cerrarse. Anthony negó frustrado.
-No, por eso necesito que me busques la dirección de esta oficina de correos. – Dijo extendiendo un papel donde había escrito el número de la oficina de correos que había utilizado Candy unas semanas atrás.
-Muy bien, yo me encargo de ello. – Dijo George seguro de ayudar. Anthony agradeció con una sonrisa y dio el paso a la secretaria que pedía permiso para entrar.
- ¿Qué sucede, señorita Clark? – Preguntó Anthony a la joven, que con una sonrisa tímida entraba a la oficina.
-El representante de los trabajadores ya está aquí… - Dijo a Anthony, quien asintió dando su permiso para que entrara.
-¿Necesitas que me quede? – Preguntó George, quien estaba un poco más relajado porque Anthony tenía la autorización para continuar con los proyectos de Albert.
-No, encárgate de eso por favor. – Dijo Anthony suplicando con la mirada al administrador por su ayuda. George asintió y salió de la oficina para permitir el paso al hombre que tenía tiempo esperando una audiencia con el patriarca del clan. – Adelante por favor... – Dijo Anthony para iniciar esa primera junta a la que se enfrentaba, confiando perfectamente en George, sabía que podía confiar en él y que pronto tendría una respuesta.
La hora de la comida había llegado y Anthony no tenía ganas de comer en el comedor de la compañía, necesitaba salir un poco y tomar aire. Caminó hasta la acera y sonrió al ver de pie frente a ella a Mark quien estaba de pie como si estuviera esperando algo.
-Hola Mark. – Lo saludó Anthony sorprendiéndolo de pronto.
-¡Hola! – Respondió el niño con inocencia, un gran suspiro de alivio y una gran sonrisa en su boca. – Pensé que no llegarías. – Dijo evidenciando que lo había estado esperando.
-¿Me estabas esperando? – Preguntó con una sonrisa tierna, la mirada de aquel niño lo enternecía de una manera especial. Anthony pensó que tal vez el motivo por el cual lo había estado esperando era porque tenía hambre. - ¿Ya comiste? – El pequeño iba a mover su rostro afirmando a la pregunta de Anthony, sin embargo de pronto negó como respuesta. Anthony sonrió por aquel movimiento de su cabeza. – Acompáñame, iré a comer algo. – Le dijo Anthony tomándolo de la mano.
Mark tomó la mano de Anthony con emoción y lo miró hacia arriba. Anthony era un joven bastante alto y el pequeño que estaba junto a él era casi un infante.
-¿Has venido con tu tío? – Preguntó Anthony con tranquilidad. Mark abrió los ojos y negó sin dejar de comer su postre. - ¿Entonces viniste solo? – Preguntó el rubio preocupado por la seguridad del pequeño.
-Cuando mi mamá trabaja a veces salgo de paseo… - Dijo simplemente y con inocencia. Anthony lo miró cómo interrogándolo con la mirada, la primera vez que lo había visto creyó que era huérfano, pero hoy le decía que sí tenía mamá.
-¿Así que tu mamá no sabe que estás fuera? – Preguntó Anthony con cierta complicidad, sin embargo quería proteger a Mark de los peligros que representaba aquella nueva ciudad de Chicago, la cual era mucho más grande y al parecer estaba llena de trabajadores extranjeros e inmigrantes que no todos podían decirse eran confiables. - ¿Tú mamá trabaja? – Preguntó Anthony para saber un poco más del pequeño Mark. El niño asintió sin dejar de comer. - ¿En qué trabaja? – Preguntó nuevamente interesado en el pequeño.
-No sé qué hace… - Respondió el chico con viveza. Anthony lo miró extrañado, porque la expresión de su rostro le advertía que sabía lo que hacía, pero se abstuvo de preguntar. - ¿Tú tienes hijos? – Preguntó Mark impaciente por conocer a Anthony. Anthony sonrió y suspiró pensando en cómo sería su hijo. Miró a Mark y por un segundo le pareció verse a sí mismo.
Anthony miró a Mark una vez más con melancolía, pensando que tal vez su pequeño Alexander tendría aproximadamente la misma edad que el pequeño que comía frente a él. Los ojos vivaces de Mark lo miraron fijamente y una vez más Anthony encontró similitud con su mirada.
-Tengo un hijo… - Respondió Anthony con nostalgia, una nostalgia que no pasó desapercibida para Mark, intentando no confundir sus pensamientos.
-¿Cómo se llama? – Preguntó el chico con cierta emoción por saber más de aquel joven que había sido amable con él.
-Alexander… - Respondió Anthony sintiendo que su corazón bailaba de gozo y angustia al mencionar a alguien más por primera vez, el nombre de su hijo. El rostro del pequeño se iluminó con una sonrisa radiante que Anthony no advirtió.
-¿Cómo es él? – Preguntó el chico con interés. Anthony cambió su expresión por una de melancolía.
-No sé dónde está… - Respondió Anthony a la pregunta del pequeño.
-¿Por qué no sabes dónde está? – Preguntó el niño poniéndose de rodillas sobre el sillón del restaurante.
-Es una historia muy complicada… - Respondió Anthony sin la intención de ahondar más en el tema.
-Mi papá se fue… - Dijo para sorpresa de Anthony, pensando que tal vez Mark quería hablar de lo que sentía. – Yo no lo conocí, se fue mucho antes de que yo pudiera recordarlo… - Dijo mirando al rubio, quien escuchaba con interés la historia que el pequeño Mark contaba.
-Lo siento mucho. – Dijo Anthony con un nudo en su garganta, le dolía pensar a Candy y a su hijo, solos, algo así como lo que Mark le contaba.
-¿Entonces jamás lo conociste? – Preguntó Anthony con real interés. Mark negó de inmediato porque evidentemente no lo recordaba .
-¡Pero mi mamá tiene una foto de él que mira todas las noches antes de dormir! – Dijo mirándolo fijamente a los ojos. Anthony lo miró con el mismo interés que el chico lo miraba y sonrió ante la ternura del muchacho.
-Espero que algún día regrese… - Le dijo Anthony de buena fe, pero estaba seguro que era difícil que alguien que se hubiese ido por voluntad propia regresara de donde se había ido.
-¿Por qué no sabes dónde está Alexander? – Preguntó Mark una vez más con verdadero interés. Anthony sonrió ante la insistencia del niño. - ¿Te fuiste como se fue mi papá? – Preguntó con astucia, con una chispa qué era imposible negarle una respuesta. Anthony negó.
-Alguien me hizo creer que mi prometida había muerto… - Respondió Anthony no estando muy seguro que el chico comprendiera, era muy pequeño para eso.
-¿Y no murió? – Preguntó con la inocencia de un niño pequeño, a pesar de su viveza no podía ocultar que había cosas que todavía no comprendía. Anthony sonrió negando a su pregunta.
-Me acabo de enterar que está con vida, igual que mi hijo. – Dijo Anthony con ilusión, pensando en Candy y en la posibilidad de volver a verla pronto.
-¿Vas a buscarlos? – Preguntó Mark poniéndose de pie frente a Anthony. Había una impaciencia en el pequeño Mark que Anthony descifraba como curiosidad.
-Por supuesto… - Dijo Anthony seguro de ello. Mark sonrió feliz por su respuesta.
-Ojalá mi papá nos buscara a nosotros. – Dijo Mark con una sonrisa. El chico miró hacia la ventana y de pronto se puso de pie. – Me tengo que ir… - Dijo corriendo hasta la entrada del restaurante. Anthony lo observó divertido por la chispa que demostraba, era como un pequeño torbellino incansable, que giraba todo el tiempo sin descanso. – ¡Gracias! – Gritó Mark desde la entrada para después desaparecer del lugar. Anthony lo observó correr por la acera hasta perderse entre el mundo de gente que había.
Anthony pidió la cuenta y después de terminar su comida se levantó para dirigirse de nuevo hasta las oficinas. Estaba pensativo, había creído que sería buena idea ayudar a Mark a localizar a su padre, tal vez solo para que lo conociera, le había dejado un sentimiento de protección en su pecho, un sentimiento que ni él mismo se podía explicar, pero era un sentimiento que tal vez había trasladado por pensar en su pequeño Alexander, que quizás también pensaría que su padre lo había simplemente abandonado o tal vez hasta lo creía muerto por tantos años de ausencia.
-¡Anthony! – Escuchó de pronto antes de entrar al edificio. Su cuerpo se tensó al reconocer aquella voz que tanto deseó volver a escuchar, el latido de su corazón se alentaba para después comenzar una loca carrera.
Anthony giró su cuerpo creyendo que tal vez estaba en un sueño, que el deseo que tenía por volverla a ver se había materializado trayendo consigo un espejismo frente a él.
-Candy… - Dijo con un hilo de voz como si no creyera lo que estuviera viendo.
Candy lo miraba con los ojos llenos de lágrimas, estaba de pie justo frente al restaurante del que acababa de salir. Vestía su uniforme de enfermera debajo de su abrigo y sus rizos estaban peinados de una forma que parecían mucho más cortos. Era una visión maravillosa de lo que había soñado por tantos años.
El viento sopló y sus rizos se movieron al compás del aire, su uniforme ondeaba debajo del abrigo rojo que cubría su cuerpo. Anthony caminó con la intención de llegar a ella y abrazarla con fuerza, sentía que caminaba entre un piso blando e inexistente.
-¡Anthony! – Se escuchó de pronto el grito de Elisa quien se acababa de bajar de la limusina que la había llevado hasta el consorcio. – ¡Necesitamos hablar de la boda! – Dijo una vez más la pelirroja sin importar que todo aquel que pasara la escuchara.
Candy escuchó aquellas palabras con dolor, sintió una gran punzada en su pecho y dio dos pasos hacia atrás. Anthony la miró preocupado mientras Elisa le cerraba el paso y un grupo de manifestantes pasaba por en medio de la calle, bastó un parpadeo, un segundo para que Candy se desvaneciera frente a él, desapareciendo de la nada mientras Elisa le gritaba que debían hablar de la boda.
-¡Un momento Elisa! – Le dijo Anthony haciéndola a un lado para correr hasta la calle, quedando en medio de la manifestación que evitaba su libre visión.
La mirada de Anthony estaba puesta a su alrededor, buscando por todos lados la figura de Candy, pero no podía verla por ningún lado, lo único que podía ver eran los trabajadores de todas las nacionalidades que marchaban en protesta en una especie de huelga. La frustración llegó para Anthony de una manera repentina, sentía ganas de gritar quedándose solo en medio de la calle, mientras Elisa lo miraba con los brazos cruzados esperando que entrara con ella a las oficinas.
-Sigo esperando… - Dijo Elisa con molestia a Anthony.
Anthony la miró sin decir nada, no era como que la había extrañado en todos esos años, y al parecer ella tampoco lo extrañaba y continuaba guardándole un gran resentimiento por haberla humillado ante todo un país.
-¿Va a ordenar algo señorita? – Le preguntó el Capitán de meseros a la rubia, quien se había resguardado en el restaurante para ocultarse de Anthony. Observando como la elegante joven esperaba molesta a Anthony.
-No… - Dijo Candy con el corazón hecho pedazos, sus ojos verdes veían la figura alta y esbelta de Anthony que buscaba por todos lados su presencia, pero la presencia de la joven de cabellos rojizos y vestimenta elegante y al último grito de la moda habían hecho que se ocultara, más cuando escuchó las palabras que esta había recitado. – En verdad te vas a casar… - Se dijo Candy saliendo del restaurante una vez que se sintió segura de no ser vista por el rubio.
Anthony caminaba frustrado al interior del edificio, volteando de cuando en cuando para ver si de casualidad ella regresaba.
-Anthony, por favor que no me pones atención. – Decía Elisa caminando a un lado de Anthony.
-Disculpa Elisa, es que estoy buscando a alguien. – Dijo Anthony sin dejar de mirar hacia la calle.
-Yo no vi a nadie. – Dijo Elisa restándole importancia a lo que Anthony decía. – En fin, te decía que vengo por dinero porque necesito pagar el vestido y algunos otros pendientes y la tía abuela dijo que te lo pidiera a ti... – Decía mientras se abanicaba con las manos como si hiciera calor.
-¿Cuánto necesitas? – Preguntó Anthony dispuesto a disponer la cantidad que Elisa le solicitaba para su boda y permitir que se fuera, la verdad era que no la toleraba aún.
Elisa dijo la cantidad que requería y después sin más, sin siquiera saludarlo o preguntarle cómo estaba, salió de ahí, pasando como siempre frente a los trabajadores y empleados y ni siquiera dedicarles una sonrisa.
-Adelante. – Dijo Anthony con la mirada perdida en la nada, se sentía frustrado por no haber encontrado a Candy, pero al mismo tiempo se preguntaba si no la había imaginado porque le parecía que era imposible que se hubiera desvanecido repentinamente en el aire.
-Señor… - Dijo la secretaria con cierto nerviosismo en su voz. Anthony la miró atento a su llamado. – Ayer vino una señorita a buscarlo. – Dijo la joven una vez más.
-¿Señorita? – Preguntó Anthony sin saber a quién podría referirse.
-No dejó dicho su nombre, dijo que después vendría a buscarlo. – Dijo una vez más la joven. Anthony de inmediato se enderezó en su asiento, aquel mensaje lo hizo poner más atención en lo que decía.
-¿Cómo era ella? – Preguntó con un poco de impaciencia, queriendo saber cómo era la señorita que decían lo había ido a buscar.
-Era una señorita rubia, de ojos verdes, grandes y muy expresivos. – Cuando dijo esto Anthony sintió que se le paralizó el corazón.
-¿Dijo algo más? – Preguntó seguro que era Candy la que había ido a buscarlo. La joven negó sintiendo pena al ver la reacción de Anthony.
-Dijo que volvería después… - Dijo apenada por no haber insistido en preguntar siquiera el nombre o por lo menos saber a qué hora volvería. – Solo quería que lo supiera… - Dijo la joven dejando a Anthony con el corazón acelerado.
Anthony comenzó a caminar de un lado a otro, sentía una desesperación terrible porque había estado dos veces a punto de verse de frente con ella, no comprendía el motivo por el cual no había cruzado la calle para hablar con él.
-¿Estará con alguien más? – Se preguntó con un profundo dolor en su corazón. – Tal vez por eso se arrepintió. – Pensaba con tristeza, creyendo que la huida de Candy había sido porque tal vez estaba con otra persona. - ¿Pero para qué buscarme? – Volvía a hablar consigo mismo.
-Si sigues así te volverás loco. – Dijo Stear quien iba entrando a la oficina de Anthony.
-Acabo de ver a Candy. – Fue lo único que dijo el rubio en cuanto divisó a Stear.
-¿La viste? ¿Dónde? – Preguntó Stear con emoción.
-¡Aquí! ¡Afuera! – Decía Anthony con desesperación.
-¿Y qué dice? ¿Dónde está? ¿Cómo está Alexander, cómo es? - Preguntaba el de gafas con impaciencia.
-¡No sé! ¡No sé! - Decía Anthony respondiendo las preguntas de su primo. – Estaba cruzando la calle, de pie... observándome, pero de pronto desapareció. – Dijo visiblemente frustrado por lo que había sucedido.
-¿No te la habrás imaginado? – Preguntó Stear al escuchar que había desaparecido.
-Lo mismo pensé por unos momentos, sin embargo la señorita Clark me acaba de decir que el día de ayer vino una señorita rubia de ojos verdes grandes y expresivos preguntando por mí, pero no quiso dejar su nombre, que vendría a buscarme otro día. – Decía Anthony sin dejar de caminar con impaciencia.
-¿Por qué no la seguiste? – Preguntó Stear sentándose frente al escritorio.
-¡Lo hice! – Dijo Anthony una vez más con desesperación. – ¡La seguí pero apareció Elisa y me cerró el paso, después había unos manifestantes y no sé… no sé a dónde fue! – Decía desesperado intentando explicar a Stear lo que había pasado en cuestión de segundos.
-¿Elisa? – Preguntó Stear extrañándole la visita de la pelirroja.
-Vino por dinero para pagar no sé qué cosas de su boda. – Dijo Anthony seguro de que le había dicho pero él no había puesto suficiente atención.
-Creí que había dicho que no quería volver a verte jamás. – Dijo Stear con cierta burla en su voz. Anthony sonrió por primera vez en ese tiempo.
-No creo que haya sido por ganas, la tía abuela la envió por el dinero. Ni siquiera me saludó, simplemente tomó el dinero y salió de aquí. – Dijo Anthony sin darle mucha importancia al comportamiento de su prima, no era como si le importara mucho en esos momentos.
-Patty dice que ha cambiado mucho. – Dijo Stear torciendo los ojos. – Pero la verdad yo no he notado mucho su cambio, o será que no tengo interés en estar junto a ella. – Dijo una vez más el de antejos.
-¿Sabes qué sucedió con Neal? – Preguntó Anthony queriendo saber del moreno, quería escapar un poco de la ansiedad que sentía.
-Neal sigue con malos manejos. – Dijo Stear seguro de que así era. – El tío le prohibió entrar a las oficinas y esta vez la tía estuvo de acuerdo. – Dijo para sorpresa de Anthony.
-¡Vaya! Ya era hora. – Dijo Anthony seguro que debió haber sido desde tiempo atrás.
-A mí nadie me quita de la cabeza que él tuvo algo que ver con tu atentado. – Dijo Stear pensativo.
-Después de analizarlo mucho, también llegué a esa conclusión. – Dijo Anthony ya sin darle la debida importancia.
-¿Qué es lo que harás Anthony? – Preguntó Stear para saber lo que Anthony haría con respecto a Candy.
-No lo sé… pero soy capaz de ir a cada hospital de la ciudad hasta encontrarla. – Dijo Anthony determinado a ir en busca de la rubia.
-Eso te puede llevar semanas. – Dijo Stear seguro que los hospitales de Chicago eran muchos y muy grandes.
-Tal vez… pero si no aparece pronto no sé qué haré… - Decía desesperado.
-Por lo pronto ir a buscar al correo que está en el boulevard Jackso y el cruce Adams y Clark. – Dijo George quien entraba de pronto a la oficina con un papelito donde había anotado la dirección de la oficina postal a la que Candy había acudido para enviar el último telegrama al hogar de Ponny.
-¿Irás a esperarla ahí hasta que se presente? – Preguntó Stear incrédulo. – Creo que tardarías menos si vas a todos los hospitales de la ciudad. – Dijo una vez más seguro que sería así.
-La señorita Ponny dijo que les enviaba dinero cada mes. – Dijo Anthony pensativo. – El último telegrama que envió fue hace casi un mes… - Dijo de nuevo el rubio. – Así que no tardará en ir de nuevo y poner un nuevo telegrama. – Dijo pensando que Candy llegaría pronto a ese lugar.
-Podría ser… o podría mandar a alguien más. – Dijo Stear pensando que todo podría ocurrir.
-Debo rogar porque no sea así... - Dijo Anthony frustrado por aquella posibilidad.
-Yo puedo ir a los hospitales… - Dijo Stear seguro de ayudarlo. Anthony sonrió agradecido por su ofrecimiento. – O también puedo ir a buscar a Annie… - Pensó sin decir nada, la verdad era que aún se sentía avergonzado por el comportamiento de su hermano y temía que la joven ni siquiera quisiera recibirlo, mucho menos hablarle de Annie.
-Yo me quedaré esperando en el café frente a la oficina postal. – Dijo George seguro también de ayudarlo, sabía que Anthony debía estar en las oficinas y además coordinar la búsqueda de Albert, sin embargo sabía que no se podría concentrar ni en una cosa, ni en otra, si tenía el pendiente y la preocupación de saber algo de Candy y su hijo.
Anthony les sonrió a ambos agradecido, sentía que por fin todo comenzaría a acomodarse o por lo menos podría hablar y aclarar las cosas con Candy, después de tantos años temía que los sentimientos de ella por él hubiesen cambiado. Había llegado a Chicago para buscar a una persona, jamás se imaginó que terminaría buscando a tres y que una de ellas sería nada más y nada menos que su dulce y tierno amor de juventud, quien se encontraba con vida y criando a su hijo sola todos esos años.
Candy había llegado en silencio al departamento. Albert la veía confundido por su estado de ánimo, sin embargo no la cuestionó, sabía que si tenía algún problema o necesitaba algún consejo ella le diría.
-Buenas tardes, Albert. – Lo saludó con cierta preocupación en su voz.
-Parece que no tan buenas… - Le dijo Albert con una sonrisa de lado. Candy lo miró a los ojos y negó para no darle a conocer lo que tenía.
-¿Dónde está Alexander? – Preguntó para saber dónde estaba el torbellino de su hijo. Albert sonrió ante su pregunta.
-Está en el baño. – Respondió casi de inmediato. – Terminó de comer y se metió a bañar. - Agregó de nuevo el rubio.
-¿Comió sin mí? – Preguntó Candy un tanto decepcionada porque siempre que llegaba esperaba que su hijo la esperara.
-Creo que pensó que ya era algo tarde… - Dijo Albert mirando el reloj. Candy asintió dándose cuenta que había tardado mucho en llegar.
-Tienes razón, siento mucho llegar tarde. – Dijo la rubia un poco desanimada.
-Tengo que irme a trabajar. – Dijo Albert con pesar, quería quedarse para apoyar a la rubia, pero al mismo tiempo debía llegar a su trabajo si no quería ser despedido.
-No te preocupes, solo estoy cansada. – Dijo Candy intentando decir aquellas palabras con seguridad.
Albert salió del departamento en silencio, sabía que algo había sucedido a Candy, sin embargo debía presentarse a trabajar si no quería tener problemas y obtener el pago incompleto de su semana. Candy sonrió al ver a su hijo recién bañado.
-Creo que te has vuelto un niño muy limpio. – Dijo Candy al ver a Alexander con sus rizos mojados, los cuales lucían más largos por el peso del agua.
-¡Mamá! – Gritó el pequeño arrojándose a los brazos de su madre, mientras arrojaba el par de zapatos que llevaba en sus manitas.
-¿Pero qué llevas ahí? – Preguntó Candy al ver el par de zapatos gastados que habían caído.
-Son mis zapatos. – Dijo Alexander con un poco de pena al sentirse descubierto.
-Si te viera el abuelo Jonathan me retaría. – Dijo Candy levantando a su hijo en brazos, quien obviando el leve reclamo de su madre la abrazó con fuerza para darle la bienvenida.
-¿Tienes hambre? – Preguntó Alexander con una gran sonrisa, como intentando desviar el tema de sus zapatos. Candy lo observó y sus ojos se llenaron de lágrimas al ver el vivo rostro de su padre, eran tan parecidos y después de haberlo visto tan atractivo como nunca lo había visto, su corazón latió acelerado y abrazó a su hijo con mayor fuerza, le dolía saber que se iba a casar con aquella elegante joven. – Mami… - Insistió Alexander al ver que su madre no le respondía.
-¡Sí! – Dijo Candy intentando soportar las ganas que tenía de llorar. – Mucha, pero Albert me dijo que alguien se me había adelantado. – Dijo bromeando con su hijo. Alexander podía ver la angustia de su madre, conocía bien sus gestos y reacciones y le dolía ver que sufriera por aquel que lo había engendrado.
-¡Sí! Pero te acompaño. – Dijo con su inocente rostro avergonzado por haberse adelantado en sus alimentos. Candy le sonrió con ternura y besó la mejilla pecosa de su hijo.
Después de acompañarla a comer, Candy jugó con su hijo un momento, le gustaba compartir con él el tiempo libre y de vez en cuando salían al parque, sobre todo cuando no hacía frío como en ese momento.
Annie llegó unas horas más tarde, venía rendida y con muchísima hambre. Alexander se fue a dormir a su habitación y Candy ayudó a Annie para que se relajara y pudiera cenar.
-¿Cómo te fue hoy? – Preguntó Annie a Candy, parecía que la rubia tenía escrito en su rostro lo mal que le había ido después del trabajo.
-Fui a verlo… - Dijo Candy intentando que Alexander no escuchara de lo que estaba hablando.
-¿A quién… a An…? – Preguntó Annie, pero fue interrumpida por Candy con un gesto.
-Sí… - Respondió Candy llevándose a la ojiazul hasta el sillón para que su hijo no escuchara nada.
-¿¡Y qué pasó!? ¿Cuándo conocerá a Alexander? – Preguntó Annie con emoción, ella esperaba por fin que su amiga volviera a ser feliz y sabía perfectamente que Anthony era su felicidad.
Annie había visto la lucha de Candy día a día por darle todo a su hijo, por criarlo como un niño feliz y sin carencias, por estar siempre para él, había visto su sacrificio como madre y como mujer, sin embargo a pesar de verla feliz con su hijo, sabía que por el lado de una pareja, de un compañero, ella se sentía sola y no porque buscara a alguien que supliera la imagen paterna, sino porque sufría la ausencia de aquel a quien ella amaba.
-Yo no pude… - Dijo Candy nerviosa. Annie la miró confundida. – No pude… él… él se va a casar… - Dijo la rubia comenzando a llorar sin poder evitarlo.
-Candy… - Dijo Annie con tristeza, abrazándose a su amiga con ternura, ella sabía que para Candy aquella noticia era devastadora. – Lo siento mucho… - Le decía reconfortándola. - ¿Él te lo dijo…? – Preguntó Annie con dificultad. Candy negó con la mirada triste.
-Yo lo vi… ella llegó y le dijo que tenían que hablar de la boda... y yo… no pude… – Dijo Candy intentando que sus lágrimas no brotaran nuevamente, porque si no las controlaba el llanto sería intenso y difícilmente su hijo no se enteraría de todo.
-Candy… - Dijo Annie mirándola de frente. - ¿Me estás diciendo que ni siquiera hablaste con él? – Preguntó la joven confundida. Candy asintió a su pregunta. - ¿¡Pero por qué no te acercaste!? – Preguntó Annie con impaciencia.
-¡Porque él se va a casar! – Dijo Candy levantando un poco la voz. Annie cerró los ojos para controlarse.
-Candy… independientemente de eso... – Dijo Annie segura que era lo de menos en ese momento. – Anthony tiene que saber que tiene un hijo, Alexander tiene derecho a conocer a su padre… - Dijo Annie de nuevo, estaba convencida que era lo correcto.
-Lo sé… pero es difícil para mí pensar que…
-¡Te entiendo Candy! – Dijo Annie segura de que comprendía a Candy. – Ha pasado mucho tiempo, él te creía muerta, pero no lo estás, él tal vez siguió con su vida, pero dudo mucho que te haya olvidado, tal vez en este momento él cree que vio a un fantasma o qué sé yo… - Decía Annie preocupada por su amiga.
-Yo creo que él ya sabe que estamos con vida… - Dijo Candy imaginándose que alguno de sus familiares le habría dicho algo y eso la desanimaba porque si lo sabía y aun así se casaría, eso quería decir que él definitivamente ya la había olvidado.
-Tal vez Candy, pero no es bueno que especules algo de lo que no sabes. – Dijo Annie intentando que la rubia comprendiera que lo más importante en ese momento era Alexander. – Además Alexander tiene derecho a conocer a su padre. – Dijo Annie sentándose para tomar de la mano a Candy e invitarla a sentarse frente a ella.
-Lo sé… pero me cuesta saber que se va a casar… - Dijo Candy con dolor, le dolía pensarlo siquiera en brazos de otra cuando ella ni siquiera había pensado en tener algo que ver con alguien más, a pesar de los "consejos" que le daban sus compañeras de trabajo, quienes más de una vez le habían dicho que estar con un hombre era bueno para su salud.
-Sé que es difícil Candy… - Dijo Annie con dolor, sabía que para Candy debía ser muy duro. – Pero tú eres fuerte… tal vez era lo que necesitabas para que continuaras con tu vida y no sé, tal vez más adelante puedas abrir de nuevo las puertas al amor… - Dijo Annie pensando en Albert. – Albert es un buen hombre y además…
-¿Albert? – Preguntó Candy confundida, ella solo veía a Albert como un gran amigo. - La doctora Kelly pregunta seguido por él. - Dijo la rubia segura que aquella eminencia médica, había quedado enamorada del amigo amnésico de Candy. Annie sonrió con el comentario y pensó en que saber eso le hubiese servido días atrás.
A pesar de que había conocido a Albert tres años antes, jamás había sentido que él hubiera tenido algún interés en ella, mucho menos después de su accidente en el que llegó con la memoria extraviada al hospital.
-Él es un hombre trabajador, además quiere mucho a Alexander. – Dijo Annie una vez más. Candy la miró con tristeza.
-Sé que Albert es un buen hombre, también es atractivo e incluso se parece un poco a Anthony. – Dijo Candy segura de que eso era lo primero que había notado cuando lo conoció. – Pero no es Anthony… - Dijo la rubia con tristeza. Annie suspiró ante las palabras de la enfermera.
-Y nadie lo será Candy… - Dijo Annie segura que así era, porque ella también había pasado por un tiempo en la negación de encontrar pareja, todos tenían un pero y el mayor de todos eran que ninguno era Archie. – Anthony es único, pero si él se va a casar no es justo que tú te quedes sola. - Dijo la joven con nostalgia, sabía lo que aquellas palabras representaban para Candy.
Candy se quedó muy pensativa en las palabras de Annie, tal vez tenía razón, sin embargo ella no sentía nada por Albert o por algún otro hombre, había tenido alguna vez una cita pero solo la habían buscado a manera de entretenimiento y estaba segura que jamás se entregaría a un hombre simplemente por diversión o por satisfacer un deseo que quemaba noche a noche su piel.
Alexander estaba de pie atrás de la puerta, escuchando todo lo que su madre y su tía hablaban con respecto a su padre, el corazón del pequeño se aceleraba con miedo tan solo de pensar que su padre se casara con otra mujer y que su madre se fijara en su tío Albert, quien a pesar de ser muy bueno con él simplemente no era su padre.
La mañana llegó lenta para Candy, quien debía presentarse a trabajar nuevamente. Alexander continuaba dormido y la rubia salió de la habitación intentando no despertarlo.
-¿Saldrás temprano? – Preguntó Candy a su hermana. Annie asintió.
-Llegó una novia, necesita su vestido para dentro de tres meses. – Dijo Annie mientras apuraba el desayuno.
-¿Tres meses? – Preguntó Candy sorprendida, ya que la boda de Tom también sería dentro de tres meses. – Parece que nadie conoce otra fecha para casarse. – Dijo Candy al saber que su hermana estaría vuelta loca con tantos vestidos por hacer.
-¡Lo sé! – Dijo Annie pensando en todo lo que debía hacer. – Ahora me alegro que Tom no haya querido que le hiciera el vestido a su novia. – Dijo aliviada, ya que se había ofrecido tiempo atrás para hacerle el vestido a su futura esposa, pero él se había negado diciendo que su prometida ya tenía quién le hiciera el vestido que usaría ese día.
-Hablando de Tom. – Dijo Candy desayunado con tranquilidad, tenía ganas de pensar en otra cosa. - ¿Cómo será su novia? – Preguntó una vez más con curiosidad. Annie la miró preguntándose lo mismo.
-No tengo ni la menor idea. – Dijo Annie también confundida porque jamás la habían visto. – Solo sé que es una joven de buena familia. – Dijo recordando que ellas le habían hecho burla cuando les confesó que era una chica burguesa, de esas que él mismo había despreciado cuando era un jovencito. – Me tengo que ir Candy… - Dijo Annie con impaciencia, terminando de desayunar para después llevar su plato al fregadero y salir corriendo.
-Yo lo lavo no te preocupes… - Dijo Candy al ver en los ojos de su hermana la súplica implícita por no haber lavado el plato que había utilizado.
Candy salió del departamento un poco después, se había despedido de Alexander con un beso en la frente porque seguía dormido. Albert se encargaría de él, sin embargo por el momento el pequeño gozaba de un buen descanso.
Alexander sintió el beso de su mamá sobre su frente, sin embargo se hizo el dormido, debía asegurarse que ella saldría con la confianza que lo había dejado dormido en su cama. Se levantó en cuanto escuchó la puerta del departamento cerrarse y rápidamente corrió hasta el armario y sacó los viejos zapatos que su madre le había descubierto el día anterior, se puso una camiseta gastada y unos pantaloncillos cortos que estaban remendados, para después colocarse su abrigo. Se alborotó más el cabello y se cercioró que nadie lo viera salir de departamento.
Caminó por la calle solo, en silencio, buscando cómo llegar hasta su destino, sin embargo no veía ninguna diligencia que lo llevara hasta el lugar que tenía días vigilando. Decidió caminar hasta aquel lugar, después de todo sabía que de regreso sería más fácil conseguir un aventón.
Alexander llegó después de caminar una hora hasta el frente del edificio al que se dirigía, se sentó enfrente de la acera esperando que pronto se apareciera.
-¡Mark! – Dijo Anthony al ver al niño pecoso que lo estaba esperando frente al edificio. – Sabía que estarías aquí… - Le dijo Anthony con una sonrisa, sacando de entre sus ropas una barra de chocolate. Los ojos de Mark se abrieron de pronto con gusto por aquel detalle.
-¡Gracias! – Le dijo tomando la barra de chocolate con emoción. – Mi mamá siempre me compra una. – Dijo con una sonrisa. Anthony lo miró fijamente y deseó tanto que su hijo fuera como él, con esa chispa y espontaneidad que saltaba a la vista.
-¿Entonces sí te gusta el chocolate? – Preguntó Anthony con alivio, llegó a pensar que tal vez era un lujo que el pequeño no se había permitido y que corría el riesgo de no gustarle.
-¡Me encanta! – Dijo con una sonrisa grande. – Cuando hace mucho frío mi mamá me prepara una taza de chocolate con canela y malvaviscos, dice que era el favorito de mi papá. – Dijo el niño con emoción. Anthony al escuchar aquel comentario sintió que su corazón dio un vuelco grande, recordando que Candy siempre le había preparado esa misma bebida cuando estaban de novios. Sus recuerdos volvían a golpearlo y lo hacían suspirar y aumentar la ansiedad de su pecho.
-¿En verdad? – Preguntó con nostalgia, comprendiendo que era una bebida común entre las personas cuando hacía frío. – Alguna vez fue mi favorita… - Respondió con nostalgia, ante la mirada azulada del pequeño pecoso, quien lo miraba de una manera profunda. Anthony no había puesto atención en la manera en la que el pequeño Mark lo observaba.
-¿Y qué pasó...? – Preguntó el niño con curiosidad. Anthony le sonrió ante la astucia que mostraba en sus palabras.
-No sé prepararlo como ella… - Dijo Anthony sin querer explicar mucho al pequeño inocente, quien no tenía por qué cargar con sus problemas también. - ¿Tienes hambre? – Preguntó Anthony seguro que le compraría su desayuno nuevamente, le gustaba desayunar con aquel niño vivaracho que lo esperaba para platicar un momento con él.
-¿Tienes novia? – Preguntó de pronto el pequeño. Anthony sintió extraña la pregunta del pequeño Mark, quien de pronto había cambiado su expresión de gusto por una de ¿ansiedad?
-¿Novia? – Preguntó Anthony como si el interesado en saber qué era una novia fuera Mark. - ¿Por qué? ¿Tú tienes novia? – Preguntó de nuevo el rubio con una sonrisa llena de ternura hacia el pequeño pecoso. Mark negó de inmediato.
-Las niñas son aburridas. – Dijo Mark comenzando a desayunar. Anthony comenzó a reír con gracia por el comentario del pequeño rubio.
-Yo decía lo mismo a tú edad… - Dijo Anthony con un profundo suspiro. – Sobre todo cuando Elisa me perseguía. – Dijo una vez más el rubio.
-¿Elisa? – Preguntó Mark con interés. - ¿Ella es tú novia? – Preguntó con un poco más de ansiedad, una ansiedad que Anthony no comprendía en el pequeño Mark.
-No… - Respondió Anthony con un profundo suspiro, aún recordaba el tiempo en el que la tía abuela lo había querido obligar a casarse con ella. – Elisa es una prima, pronto se casará con un buen amigo. – Agregó una vez más, por alguna razón confiaba mucho en el pequeño y sentía que era fácil hablar con él. El rostro de Mark se iluminó de pronto y Anthony sonrió al ver en aquellos ojos tan grandes y expresivos, cierta picardía que le recordó a su pequeña pecosa.
-¿Entonces no tienes novia? – Preguntó Mark con una sonrisa llena de felicidad.
-No… - Respondió Anthony con la misma sonrisa del pequeño. – Yo estoy comprometido… - Dijo de pronto el rubio ante la sorpresa que se llevó el pequeño pecoso frente a él.
-¡No puedes estar comprometido! – Dijo de pronto Mark, quien se levantó de pronto de su asiento y salió corriendo del restaurante.
-¡Mark! ¡Espera! – Dijo Anthony confundido por la reacción del pequeño, quien no se esperó a su grito y salía rápidamente de ahí. Anthony sacó el dinero de su pantalón y pagó la comida que había consumido junto con el pequeño Mark.
Cuando Anthony salió del restaurante para buscar al pequeño de rizos alborotados no lo divisó, caminó por una calle para ver si lo encontraba, pero no tuvo éxito.
Alexander había corrido lo más que podía para salir del restaurante, no quería que aquel que era su padre estuviera comprometido, había estado a punto de decirle que él no se llamaba Mark que su verdadero nombre era Alexander y que era su hijo, sin embargo pensó en su madre y en el dolor que le causaría si confirmaba que efectivamente estaba comprometido con otra mujer.
Anthony por su lado estaba muy confundido por la actitud del pequeño Mark, quien no sabía el motivo por el cual no quería que estuviera comprometido. Pensó que tal vez era que creía que se iría de ahí y perdería la amistad que habían comenzado, por alguna razón le preocupaba que el chico hubiera salido corriendo del lugar. Una preocupación se instaló en su pecho todo el día, esperando que por la mañana tuviera la oportunidad de preguntarle qué era lo que había pasado y preguntar una explicación por la reacción que había tenido.
Alexander había corrido hasta el departamento. Había llegado con el corazón acelerado y las mejillas encendidas, no quería que su padre se casara con otra mujer, él quería conocerlo, quería estar cerca de su papá y de su mamá, quería tenerlos a los dos juntos y había creído que si los reunía podrían ser esa familia feliz con la que tanto había soñado desde que comprendió que su madre seguía amándolo.
-Esta vez te tardaste demasiado. – Dijo Albert al ver que Alexander entraba agitado.
-No encontré quien me trajera. – Dijo Alexander con los ojos a punto de derramarse.
-¿Quieres decirme a dónde vas todos los días? – Preguntó Albert con ternura, le causaba curiosidad saber lo que Alexander hacía todos los días, le había pedido que lo ayudara y en una ocasión lo había llevado al centro de la ciudad y a partir de ahí había notado que se escapaba casi a diario. Alexander lo miró con sus lindos ojos azules mientras se le escapaban un par de lágrimas imposibles de contener.
-Fui a buscar a mi papá… - Dijo Alexander limpiándose con sus manitas las lágrimas que no dejaban de salir.
-¿Tú papá? - Preguntó Albert confundido mientras miraba la expresión de tristeza del pequeño.
-Escuché a mi tía Annie decir que mi papá llegaría pronto a Chicago. – Decía sin poder contener su tristeza. Albert lo escuchaba con atención.
-¿Y lo encontraste? – Preguntó Albert sintiendo un vuelco en su estómago, algo en su interior se activaba y no sabía el motivo de ese sentimiento. Alexander asintió. - ¿Le dijiste que eras su hijo? – Preguntó Albert una vez más. Alexander negó.
-Me dijo que estaba comprometido. – Dijo el pequeño comenzando a llorar, abrazándose a Albert mientras buscaba consuelo a lo que sentía.
-Tranquilo… - Dijo Albert acariciando los cabellos del pequeño. – Eso no quiere decir que él no te quiera. – Dijo el rubio seguro de que podría ser así.
-¡Pero yo no quiero estar con él así! – Dijo Alexander molesto. Albert lo miró fijamente comprendiendo la impotencia del inocente. – Yo quería que él estuviera con mi mamá, quería traerlo a la casa y darle la sorpresa para que ya no llorara por las noches mirando su foto. – Dijo Alexander impaciente. Albert sintió que su corazón se encogía de pena.
-¿Tienes una foto de tú padre? – Preguntó el mayor con la intención de ir a hablar con él, quería ayudar a Alexander para que hablara directamente con su padre.
Alexander se levantó de su lugar y caminó hasta la habitación que compartía con su madre, de entre sus cosas sacó la hoja del periódico que su tía Annie había dado a su mamá. La llevó hasta Albert para que el rubio viera quién era su padre.
-Él es mi papá… - Dijo Alexander absorbiendo con su nariz el escurrimiento que salía de ahí gracias al llanto que tenía.
Albert tomó el pedazo de periódico que le extendía el pequeño Alexander, enfocando sus ojos en aquel rubio que por alguna extraña razón se le hizo familiar, dudó que fuera el parecido que era evidente tenía con él, sino que estaba seguro que lo había visto en algún otro lugar.
-Anthony Brower Ardlay… - Leyó Albert extrañado, de pronto su cabeza comenzó a doler y una fuerte punzada lo alcanzó de pronto.
-¿Estás bien? – Preguntó Alexander preocupado. Albert asintió aguantando el dolor que sentía en sus sienes.
-Estoy bien no te preocupes. – Le dijo para que no se preocupara, sin embargo su mente comenzaba a generar recuerdos que estaba seguro tenían mucho que ver con la persona que estaba en aquella fotografía.
Continuará…
Y llegamos hasta aquí, el encuentro no ha sido el que esperaban hasta este momento, pero la identidad de Mark ya salió a la luz y no, no es un hijo perdido de Anthony, no podría ser eso porque el rubio se "inauguró" con Candy, lo mismo que ella y después de eso no tuvo tiempo de echarse una canita al aire jijijijiji.
Candy está cerca y como siempre con información a medias hizo su propia novela, no se espera a que la autora termine lo que quiere decir que ya anda sufriendo por la calle de la amargura... conozco varias así jejejeje.
Hermosas, tengo que decirles que la página está fallando (que novedad) no puedo ver los comentarios, así que haré los agradecimientos de memoria y no como fueron apareciendo.
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES
TeamColombia:
Hola hermosas, espero que estén muy bien y que este capítulo les haya gustado, por ahí leí que estaban impacientes ayer por leer, no se preocupen las actualizaciones seguirán igual que antes, para que no se coman las uñas sin propósito alguno.
Anthony conoció a Alexander, aunque él no sabe que lo es, ya salió la identidad de Mark para todas ustedes que tenían la duda. Espero hayan disfrutado el capítulo, tanto como yo cuando lo escribí. Les mando un fuerte abrazo, ya falta menos para el reencuentro.
Saludos!
Rose1404:
Hola hermosa, como siempre un gusto saber que se encuentran bien los tres y más el saber que estás mucho mejor, sigue recuperándote.
Anthony ya conoce a su hijo y este a él, aunque el primero no sabe que el pequeño Mark es su pequeño hijo, pero creo que pronto se enterará.
Te mando un fuerte abrazo amiga para ti y tus pequeños.
Saludos!
Cla1969:
Ciao bella, ho un problema con la pagina per rileggere i commenti, ma ho letto i tuoi prima di oggi.
L'identità di Mark è già stata scoperta e Candy quasi si lascia vedere da Anthony, se non fosse stato per la sua paura e la sua capacità di immaginare le cose prima di avere tutte le informazioni, questo non sarebbe successo.
Grazie mille per essere a conoscenza di ogni aggiornamento e per avermi lasciato il tuo commento, è stato davvero un piacere leggerlo.
Ti mando un grande abbraccio.
Saluti!
gidae2016:
Hola hermosa! me alegró mucho saber que ya no estás molesta jijijijiji, gracias por ello. La identidad de Mark ha salido a la luz y ya vimos que no era un hijo perdido de Anthony, recuerda que él era señorito y regaba las flores antes de conocer a Candy, hasta que la conoció le llegó esa necesidad de regar su jardín jijiiiji.
Espero que te haya gustado el capítulo hermosa, te mando un fuerte abrazo.
Saludos!
ViriG:
Hola hermosa! Me alegra mucho que tu emoción haya subido con la mención de la boda de Elisa y Tom, definitivamente estos dos son muy diferentes y explosivos, pero creo que puede salir una buena pareja de ellos, aún no será el momento en el cual se revelen los detalles de su noviazgo, pero por lo pronto sabemos que se casan y que Elisa como siempre trata de mantener su discreción y excesiva dicha, no está impuesta a hacerlo. Tom anda en viaje de negocios.
Albert no está enamorado de Annie, creo que tú lo comentaste, tampoco de Candy, Albert es un adulto joven que admira a ambas chicas y en esa admiración en el fondo siente al mismo tiempo algo en su interior que le dice que está mal que desarrolle más a fondo esos sentimientos, recuerda que no es lo mismo sentirse admirado por una persona que amarlo de verdad, aunque a veces podamos confundirlo.
Amiga bonita, espero que tengas una excelente semana, te mando un fuerte abrazo!
Saludos!
Mayely León:
Hola hermosa, espero que estés muy bien, solo para aclarar, desde el día de la cirugía estoy en mi casa, el detalle es que estaba en cama, sigo en cama, pero ya puedo levantarme y hacer mi vida un poco más normal, gracias por tu preocupación linda.
Hermosa, sé que debes de estar ansiosa con el encuentro de estos jóvenes, te prometo que ahí va, pero Alexander ya lo conoce! Ya es un avance, ¿O no? Te mando un fuerte abrazo como siempre.
Saludos!
Usagi de Andrómeda:
Hermosa, ¿Cómo estás? como siempre un placer leerte, eres una de las que está a favor de la pareja Tom-Elisa (Tomisa, dijiste no? creo que sí o Tomlisa, no recuerdo) Más adelante se verá la manera en la que ellos se reencontraron en Lakewood (obviamente) y aunque no habrá un desarrollo completo, te aseguro que será muy informativo jijijijiji (te lo aseguro, lo acabo de escribir ayer)
Tom no reveló a Annie o a Candy la identidad de su noviazgo, a Candy por obvias razones y Annie por temor que lo revelara a la rubia, sin embargo su relación sigue siendo cercana aunque por la distancia un poco más espaciada.
Albert tiene una admiración en Candy, pero en sí un enamoramiento no hay, ni por una ni por otra, siente que debe cuidarlas y al mismo tiempo que no está bien desarrollar un sentimiento más allá.
Julie-Andley-00:
Hola hermosa, espero que estés muy bien, creo que leí que tu comentario se quedó en el recuadro de comentarios, me ha pasado no te preocupes, sin embargo algo pasa con la página que en la computadora no me aparecen los comentarios, hay error en la página y en la app se pierden algunos, tengo que entrar a las notificaciones y apenas ahí aparecen, espero pronto se restablezca.
Muchas gracias como siempre por comentar. Te mando un fuerte abrazo.
Luna Andry:
Hola hermosa, espero que estés muy bien, cómo ves con Mark? Este niño es todo un pillo, sabe moverse muy bien a sus cinco años, ya conoce a su papá y hasta lo engañó un poco con la historia de su mamá, espero que te haya gustado el capítulo amiga.
Te mando un fuerte abrazo.
Saludos!
María José M:
Hola hermosa! Espero que estés muy bien, también espero que el frío en tu estado no esté tan fuerte como aquí jijijii, con eso de que estamos más acostumbradas al calor, que confieso ya extraño jajaja.
Te mando un fuerte abrazo amiga.
Saludos!
Mía Brower Graham de Andrew:
Hola hermosa! Espero que estés muy bien y sigas disfrutando de tu luna de miel, te mando un fuerte abrazo y espero que te hayan gustado los últimos capítulos.
Te mando un fuerte abrazo.
Saludos!
Muchas gracias a todas la personas que han estado al pendiente de las actualizaciones, gracias por dejarme entrar un poquito en ese espacio tan personal e íntimo que me dan el privilegio de tener, les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes mis amigas silenciosas. Dios las bendiga.
GeoMtzR
14/01/2025.
