*·*·*·
Terry y Karen estaban montados en un carruaje que los llevaba a la casa de Candy, esa mañana, el actor había despertado decidido a declinar aquella invitación; pero pensó que sería grosero hacerlo, ya había sido eso y muchos frente a Candy, ya no podía solo mostrarle su lado irresponsable y débil, por eso decidió asistir a aquella cena y terminar completamente como amigos, esto último lo hacía por él mismo, debía convencerse que entre ellos ya no había más posibilidades para estar juntos.
-Ya llegamos señor. – anunció el cochero deteniendo el transporte.
-Wow! Es una casa muy bonita – admiró la castaña.
-Sí, lo es – apreció el castaño, estaban frente a una casa hermosa de dos plantas, era enorme, aunque no tanto como para llamarla mansión.
-Es increíble que Candy tenga un hermano – dijo la castaña - y cómo encontró a sus padres?
-No vayas a hacer preguntas indiscretas Karen. – advirtió el actor.
-Claro que no! – dijo sonrojada – no soy tan imprudente.
-Pues eso espero. – llamaron a la puerta.
-Señor Grandchester! – una joven empleada abrió la puerta, claramente feliz de ver al actor frente a ella – señorita Klaise… buenas noches… - la castaña sonrió ante el nerviosismo de la joven – los jóvenes Cohen los esperan en la sala.
-Cohen? – cuestionó para sí el castaño mientras seguían a la empleada. En realidad, no había escuchado el nombre del hermano de Candy cuando se lo presentó la rubia, estaba distraído sintiendo celos de él al creer que era su prometido o, peor aún, su esposo.
-Terry! – Candy se puso de pie en cuanto vio al castaño – Karen… - se sonrojó cuando vio la sonrisa de la actriz, al parecer, su amigo era el más esperado esa noche. – cómo están? – saludó tímida y bajito.
-Hola Candy – Karen se acercó para saludarla. – me alegra tanto verte.
- Cómo estás Candy? – saludó cortes el castaño mientras besaba el dorso de su mano causando un gran sonrojo en el rostro de la joven pecosa.
-Señorita Klaise – saludó Henry sonriendo al ver a su hermana – bienvenida a nuestra casa.
-Señor Cohen. – saludó coqueta la castaña mientras le extendía la mano para que se la besara. – tienen una casa hermosa.
-Gracias, en realidad le pertenece a mis padres. – miró a Terry con una sonrisa afable. - Señor Grandchester, gracias por aceptar nuestra invitación.
-Gracias a usted por invitarme – fue el saludo del castaño.
-Por favor tomen asiento – invitó el rubio.
-Gracias – Terry se sentó en el sofá que estaba frente a Henry, así pudo ver más a detalle el parecido que el muchacho tenía con Candy. El joven no solo era rubio o tenía ojos verdes como la pecosa, sino también, la forma de estos eran muy parecidos al de la rubia, la nariz era muy similar y su sonrisa era clara señal de su parentesco.
-Y dime Candy – habló la castaña – estás viviendo en Nebraska?
-Sí – respondió la rubia mirando de reojo a Terry, quien estaba en total mutismo - desde hace poco más de un año.
-Wow, tanto tiempo?
-Cuando volví de Europa me trasladé a esta ciudad.
-Europa? – Terry la miró fijamente buscando una explicación.
-Puedes creer que esta señorita inconsciente se fue a la guerra? – dijo el joven rubio.
-Cómo!? – Karen se sorprendió; pero no más que Terry, que la miraba buscando explicación.
-No soy inconsciente – refutó la rubia mirando molesta a su hermano – ahí necesitaban enfermeras y yo… quería ayudar… – miró al castaño como si le pidiera que la entendiera.
-Pues a mí también me parece que eres una inconsciente – dijo con voz seria el joven – pero no serías tú si no arriesgaras tu vida para ayudar a los demás. – no pudo descifrar el tono de su voz, parecía dura; también comprensiva.
-Terry… - se giró hacia él, vio enojo en la mirada del castaño y también preocupación – no me pasó nada… - dijo bajito sin desviar su mirada – lamento haber preocupado a los que amo, pero ahí me necesitaban.
-No vuelvas a actuar de esa manera por favor. – parecían solo ellos dos en aquella habitación.
-Ya no lo haré – Karen y Henry eran espectadores de primera fila dándose cuenta que esos dos seguían enamorados uno del otro. – además! – cambió su rostro por uno feliz – gracias a eso encontré a mi familia. – le sonrió feliz.
-Me intriga saber cómo pasó – le sonrió también, estaba feliz por ella.
-Candy fue enviada al hospital que dirigía mi padre en Francia – informó el rubio, entonces Terry recordó que no estaban solos – él era doctor en jefe ahí y cuando vio a Candy, inmediatamente pensó en mi madre.
-Somos muy parecidas – acotó la rubia – en ese momento ella estaba en Escocia.
-Somos escoceses. – dijo Henry con orgullo.
-Pero cómo llegaste a América siendo tan solo una bebé? Por qué así te encontraron, no? – soltó Karen, Terry la miró duramente – lo siento, lo dije sin pensar – se apenó ante su pregunta.
-No te preocupes – sonrió la rubia – al parecer, una de las empleadas de mis padres me raptó y me trajo a América para vengarse de mi abuelo.
-Cómo? – ahora fue Terry quien preguntó tenía el ceño fruncido.
-Mi abuelo les había arrebatado sus terrenos y el esposo de esa mujer murió; años después, ella entró a trabajar a casa de mis padres con el único fin de vengarse de él, pues todos sabían que mi abuelo quería mucho a mi madre porque era su única hija – explicó – para que no me encontraran me llevó a otro país, pues si se quedaba en Escocia lo más probable era que me encontraran pronto y a ella la colgaran por lo que hizo.
-Mis padres nunca dejaron de buscar a mi hermana – Henry tomó la mano de Candy – pero lo hicieron en el lugar equivocado.
-Mis padres sufrieron mucho el perderme… y mi abuelo mucho más. – se afligió la rubia.
-Mi abuelo hizo todo para encontrar a mi hermana, se sintió culpable por lo que pasó y el ver a mi madre tan destrozada lo consumía en la culpa – informó el rubio – cuando encontró a esa mujer, ella le dijo que nunca le diría donde estaba mi hermano o qué pasó con ella, la desgraciada murió llevándose ese secreto a la tumba.
-Vaya… que historia – dijo sorprendida Karen.
-Cuando le conté a mi padre que me habían abandonado y las cosas que llevaba conmigo en aquel entonces, aclaró sus dudas y las eliminó todas cuando visitamos el hogar de Pony.
-Me alegro que hayas encontrado a tu familia – dijo sinceramente el actor.
-Gracias. – respondió con una sonrisa, ella sabía que aquellas palabras eran sinceras, él sabía cuánto deseaba tener una madre.
Henry cambió de tema, aquella historia todavía los afectaba, dándose cuenta de eso, Karen les contó como les había ido durante su gira.
-La cena ya está lista. – una hermosa mujer apareció en la sala.
-Mamá! – Candy se puso de pie y se acercó a ella – quiero presentarte a mis amigos.
-Ella es Karen Klaise y él es Terry. – presentó la rubia sonrojada, el castaño sonrió ante aquella presentación, entendía porque lo hacía, él había renunciado al apellido de su padre y supuso que no quería incomodarlo; pero en realidad, Candy ya le había contado a su madre sobre él. – ella es mi madre, Heather Cohen.
-Mucho gusto señora Cohen – saludó Karen.
-Mucho gusto madame - saludó Terry acercándose para besar la mano de la mayor. Candy no había mentido, se parecía mucho a su madre.
-Finalmente conozco al famoso rebelde del colegio San Pablo. – dijo con una sonrisa, el castaño rápidamente miró a la rubia.
-Yo…- se puso nerviosa.
-Mi hija me contó sobre sus días en el colegio y fue el señor Andley quien te llamó rebelde.
-Pues… no fui el único rebelde en el colegio. – miró a la rubia con complicidad.
-Ah sí? – la madre sonrió mirando a su hija.
-Mejor ya vamos al comedor. – interrumpió la rubia.
En el comedor, conocieron al padre de Candy, un hombre maduro de mirada seria; pero cuando hablaba con sus hijos o esposa, claramente se ablandaba. Patrick Cohen, era rubio como sus hijos, y aunque estos hayan sacado casi todo de su madre, fue claro que de él sacaron el amor por la medicina, pues su hijo mayor también era médico.
La cena fue entretenida, Terry les contó algunas cosas de la escuela que al parecer Candy había escondido a su familia, incluso les contó sobre aquel incidente con la hermana Grey que le costó un buen castigo.
-Oh… Mi hija llamó cabeza dura a una monja!? – dijo Heather asombrada mirando a su esposo.
-No mamá… eso fue… - estaba sonrojada, Terry, Karen y Henry reían por lo bajo; pero los dos últimos también estaban asombrados de lo que escucharon. – porque estaba siendo muy dura con Paty.
-Lo que yo no puedo creer es que mi hija se columpiara de las lianas de árbol en árbol. – dijo el padre causando la risa de los tres chicos al ver la cara del mayor.
-Yo… Terry! – miró al castaño – era un secreto.
-Lo siento – dijo riendo con los demás – no sabía que lo fuera.
-Pues a Terry lo besó Stear – reveló la rubia.
-Cómo sabes eso!? – dijo sorprendido.
-En serio Terry? – Karen lo miró sorprendida y el castaño se dio cuenta que había lo había confirmado.
-No lo busqué yo – dijo tratando de sonar tranquilo – se emocionó porque lo dejaría arreglar la avioneta de mi padre.
Todos rieron imaginando la situación, Candy y Terry recordaron nuevamente aquella época maravillosa de su adolescencia.
-Bueno… puedo decir que ambos disfrutaron su época de colegio. – agregó el padre de Candy – gracias por haber cuidado y ayudado a mi hija. – miró al castaño.
-Fue ella quien me ayudó a mí. – miró a la rubia quien le sonrió dulcemente.
Después de aclararse la garganta, Terry agradeció a los padres de Candy por recibirlos en su casa, esto para salir de aquella burbuja en la que estaba a punto de entrar con la pecosa.
Cuando la cena concluyó, los padres de los rubios se despidieron dejando solo a los jóvenes en la salita que tenían para tomar un café después de la cena.
Candy vio que su hermano hablaba animadamente con Karen en una esquina de la sala, una idea traviesa pasó por su cabeza, estaba por maquinar un plan hasta que Terry se acercó a ella.
-Quién te lo contó? – dijo bajito.
-Lo del beso? – él asintió – quién crees? – dijo sonriendo.
-Maldito chismoso – dijo pensando en Archie.
-No te enojes con él – dijo la rubia – sólo quería animarme. – bajó la mirada – sabes lo que le pasó a Stear?
-Sí, lo lamento mucho. – tomó su mano en apoyo. – era un gran chico y un buen amigo.
-Lo fue. – le tembló la voz, extrañaba a su querido amigo. En aquella época, no solo había perdido a Stear, sino también a Terry; cuando Archie la vio sumirse en la tristeza, para animarla le contó algunas travesuras de su hermano y también sobre aquel beso.
-Cómo está el tío abuelo? – al verla afectada, el actor cambió de tema.
-Puedes creerlo? – dijo sonriendo – imagina la sorpresa que fue para todos.
-Me lo imagino – hubiera querido estar junto a ella cuando se enteró de la gran noticia.
-Albert se encuentra bien. – informó – se casará en un mes.
-En serio?
-Así es. – confirmó – no quería que dejara el apellido Andley. – el castaño la miró fijamente – pero entendió que debía llevar el apellido de mi verdadera familia. – le sonrió – quieres saber cuál es mi nombre completo?
-Candice Pecosa Cohen? – dijo riendo.
-No empieces – golpeó su brazo con fuerza. – ahora no voy a decírtelo. – dijo con falso enfado.
-Aww pecosa… – se llevó la mano a la zona golpeada – está bien ya no lo haré, por favor dímelo.
-Ok – Terry sonrió, su pecosa no podía guardarse nada – Candice White Cohen Andley.
-Tienes el nombre más largo que cualquier persona.
-Verdad que sí? – dijo riendo – pero creo que el tuyo es mucho más largo, señor Terruce Graham Grandchester Baker.
-Cómo sabes mi nombre completo.
-Nunca te lo diré – sonrió con picardía. Claro que no lo haría, la molestaría si supiera que en el colegio investigó sutilmente cuál era su segundo nombre.
-Vamos dímelo – la instó, el castaño estaba feliz de que Candy se haya interesado en él, tanto como para averiguar su segundo nombre, además de ella era la única que sabía su nombre completo.
La hora se les pasó entre charla y charla, volvieron a sentirse como aquellos adolescentes de años atrás, sus corazones latían al mismo son cada vez que el otro reía cuando se embromaban, bueno, era el castaño quien lo hacía mayormente.
-Ya es hora de irnos. – anunció con una leve tristeza al notar lo tarde que era.
-Fue lindo verte otra vez. – la rubia sabía que la hora de la despedida definitiva había llegado, su corazón se oprimió ante aquello.
-Gracias por la cena, nunca olvidaré este momento. – prometió.
-Terry – vieron a Henry y Karen acercarse – le contaba a Karen sobre el trabajo que Candy hace en el orfanato.
-Orfanato? – miró a la rubia.
-Voy a ayudarlos en lo que necesitan, después de la gripe muchos niños perdieron a sus padres y hay mucho trabajo por hacer.
-Ayer llevamos a los niños a la plaza para que se divirtieran. – acotó el joven.
-Qué te parece si mañana ayudas a Candy con los niños? – la rubia miró a su hermano rápidamente – Karen me contó que te quedas encerrado en el hotel – ahora el castaño miró a su amiga, quien solo levantó los hombros - creo que este sería una buena forma de pasar el tiempo.
-Henry… no lo comprometas a hacer algo que no…
-Está bien –el castaño la interrumpió – tiene razón, ayudar a cuidar a los niños es mejor que quedarse encerrado en una habitación.
-De verdad no te molesta? – dijo preocupada de que se sintiera presionado.
-Claro que no! – aseguró – te veré mañana. – dijo cerrando el tema – gracias por la invitación – extendió la mano hacia el rubio.
-No fue nada, gracias a ustedes por tan agradable velada.
Los rubios despidieron a los castaños desde el portón, Karen tenía una sonrisa en el rostro y aunque su compañero lo negara, lo había visto sonreír ante la idea de pasar el tiempo junto a Candy.
-Te das cuenta de lo que hiciste? – dijo la rubia mirando a Terry alejarse.
-Sólo quiero ayudarte.
-No quiero lastimarlo… no quiero que suframos como lo hicimos aquella vez – recordó el estado en que lo vio en aquella carpa y como se había sentido ella desde aquella despedida.
-No tiene por qué ser así.
-Y si lo es…? - se le quebró la voz – no quiero volver a ser la causante de su sufrimiento.
-No lo serás – su hermano la abrazó con fuerza, viendo el camino que habían dejado los actores – sé feliz Candy… lucha por tu felicidad sin importar qué.
-No es tan simple. – dijo con el rostro escondido en el pecho de su hermano mayor.
-Lo es, créeme que es más simple de lo que tú crees.
El rubio consoló a su hermana, esperaba no equivocarse y causarle más dolor del que ya sentía, no se lo perdonaría si fuera el responsable de las lágrimas de la rubia.
*·.*.·*
Esa mañana Terry despertó de buen humor, por primera, vez en los últimos años, durmió temprano y se levantó con una sonrisa en su rostro. Cuando bajó a desayunar, sus compañeros se sorprendieron de no ver su característica mirada indiferente o ceño fruncido. Incluso había contribuido a la conversación que se desarrollaba durante el desayuno.
Cuando el castaño llegó a la casa de Candy se sorprendió de ver un montón de cajas frente a ella, quien ya estaba esperándolo en la entrada.
-Y esas cajas? – dijo acercándose a la rubia.
-Es para lo que haremos hoy. – respondió con una sonrisa.
-Y es…?
-Ven mira – abrió una de las cajas – decoraremos el árbol de navidad.
-Supongo que nuestra primera parada será la tienda de árboles navideños.
-Pues supones bien. – dijo tomando una de las cajas.
-Dame eso – Terry se la quitó de las manos – abre la puerta por favor.
Una vez que cargaron el auto que Henry les había prestado, Terry se montó en el asiento del conductor y una vez que la rubia lo hizo en el asiento del copiloto, lo puso en marcha.
-Los niños se pondrán felices al ver el árbol. – dijo contenta – han estado esperando esto desde hace semanas.
-Y por qué no lo decoraron antes?
-Ami estaba internada en el hospital y no podíamos hacerlo sin ella.
-Es la niña con la que patinabas, verdad? – la rubia asintió en respuesta - Qué tiene?
-Le dio una fuerte infección, por suerte no pasó nada grave; pero la tuvo internada casi una semana.
-Me alegro que ahora esté mejor.
-Gracias- le sonrió dulcemente.
Cuando los jóvenes llegaron al orfanato, Candy fue la primera en entrar para llamar a los niños mientras el castaño bajaba el enorme árbol que habían conseguido.
Después de las presentaciones con las encargadas del lugar, se dispusieron a decorar el abeto, la rubia miraba a Terry cargar a los niños más pequeños para que pudieran poner las esferas, las pequeñas campanas o algún otro adorno.
-No vendrá Henry hoy? – escuchó la voz de una de las encargadas.
-No, tenía muchos pacientes para hoy.
-Bueno, no puedo quejarme, dejó un buen reemplazo – dijo sonriendo - Es muy atractivo, verdad?
-No puedo negar eso. – dijo sonrojada – pero está comprometido. – informó al ver la mirada insinuante de su amiga.
-Qué pena – dijo mirando al castaño – hacen una bonita pareja.
-Sophie… - vio a su amiga dirigirse a la cocina con una sonrisa.
-Candy ven! – Ami tomó su mano para llevarla al salón.
-Quieres que te ayudé a poner las guirnaldas?
-Sí, son muchas y me dejaron a mí sola para hacerlo. – se quejó la niña.
-Bueno, ahora lo haremos las dos. – dijo riendo del puchero de la niña, todos los niños se fueron a decorar el árbol y dejaron sola a Ami para que pusiera las guirnaldas en las ventanas y puertas. – ya está, terminamos con nuestro trabajo – dijo la rubia animada.
-Ahora voy a ayudarles con el árbol! – dijo la niña corriendo hacia el salón.
-Ya está listo! – gritó uno de los niños con emoción.
-Sólo falta poner el ángel. – señaló una de las monjas encargadas.
-Esa tarea será para la persona que ayudó más con la decoración. – dijo Terry.
-Yo! Yo! – decían los niños levantando la mano – no yo! – decían otros. Ami bajó la mirada, pues ella no había ayudado a decorar el árbol de navidad.
-Ami se ganó el honor de poner el ángel en la punta del árbol. – señaló Terry cuando vio a la niña en la puerta.
-Qué? – dijo uno de los niños mayores – por qué? No es justo, ella no decoró el árbol.
-Exacto – afirmó el castaño – es por eso que lo hará, ya que ella se encargó de decorar toda la casa y el árbol debemos decorarlo todos, o me equivoco?
-N-no… - dijo el niño intimidado por la voz autoritaria de Terry.
-Así es. –dijo sonriendo y despeinando el cabello del niño – Ami, ven a cumplir con la tarea más importante.
-Sí! – dijo la niña corriendo hacia él, quien inmediatamente la cargó y acercó al árbol. Candy miraba la escena con una sonrisa encandilada, le pareció la más tierna del mundo.
Una vez que el ángel estaba en su lugar, encendieron las luces y los niños admiraron su trabajo. Las mojas y encargadas del lugar sirvieron chocolate caliente y lo acompañaron con galletas recién horneadas. Ese día fue memorable para la pareja, sabían que lo guardarían en sus corazones como todos aquellos momentos que compartieron juntos.
*·.*.·*
Los siguientes dos días Terry acompañó a la rubia al orfanato, se sintió bien ayudar con algunas reparaciones o simplemente entretener a los niños; pero lo que más le gustaba era compartir tiempo con la rubia, tiempo que había olvidado tenía un límite.
-Mañana partimos de regreso a Nueva York. – anunció el secretario de Robert.
-Mañana? – dijo Karen sorprendida - pero nos dijeron que sería una semana y faltan dos días. – miró de reojo a Terry, quien tenía la mirada seria.
-Sí. Pero como en los últimos días no ha nevado, los caminos están libres y saldrán más trenes – informó - La compañía ferroviaria logró acomodarnos en el siguiente tren que parte a Nueva York.
-Entonces llegaremos justo para navidad! – dijo la actriz que se había quedado con ellos.
-Así es. –confirmó el encargado – arreglen su equipaje, saldremos temprano en la mañana. -Todos se pusieron de pie para retirarse – Terry – llamó al actor – llegó esto para ti – le entregó un sobre – creo que tuviste suerte de estar aquí, llegó con retraso. – le entregó la misiva que Susana le hubo enviado.
-Gracias. – fue lo único que dijo antes de marcharse a su habitación.
Cuando el castaño entró a su habitación tiró la carta a la mesita que tenía cerca de su cama, no le interesaba leerla; pero algo lo obligó a hacerlo.
-Querido Terry – empezaba la misiva – cómo te está yendo en las presentaciones? Oh! Pero que pregunta más tonta te he hecho, es claro que te está yendo bien, eres un gran actor – el joven rodó los ojos con fastidio, siempre le escribía lo mismo – yo… yo aún no recibo noticias de tu parte, seguro tienes mucho trabajo, recuerdo como eran las giras… - ahí estaba el mismo reclamo por su falta de correo y su manipulación para que lo hiciera – bueno, yo estoy preparando todo para tu llegada, estoy aprendiendo a preparar el pavo, quiero cocinar para ti, me estoy esforzando para que todo salga…
Terry tiró la misiva con fastidio, no le interesaba continuar con la lectura, cansado cerró los ojos y recordó la mañana que pasó junto a Candy en el orfanato. La rubia se veía muy hermosa, la manera tan dedicada y dulce que tenía para cuidar a los niños, él le ayudó distrayendo a los mayorcitos con un juego mientras ella y Sophie atendían a los más pequeños, el castaño sonrió al recordar cuando la rubia se acercó a él con uno de los bebés en brazos, por un instante imaginó que ese podría ser el bebé de ambos.
-Debo disculparme… - murmuró – será otra promesa que romperé, no estaré en su cena de navidad.
Candy los había invitado, a Karen y a él, a cenar con su familia en noche buena y el día de navidad las monjas del orfanato habían hecho lo propio.
-Terry! – casi chocó con su compañera cuando salía de su habitación – a dónde vas? quería hablarte de algo importante.
-Ahora no Karen – dijo siguiendo su camino – debo ir al orfanato para informarles de mi partida.
-Pero Terry! – vio al castaño alejarse – es… muy importante lo que tengo que decirte. – murmuró lo último, pues su compañero ya se había marchado.
*·.*.·*
Terry fue al orfanato para despedirse de las monjas y los niños, pero sobre todo de Candy, sabía que la rubia estaría ahí.
-Oh! No se preocupe señor Grandchester – dijo la directora del orfanato – entendemos que debe volver a Nueva York, es más, le agradecemos la delicadeza de informarnos sobre su partida.
-Hubiera querido probar ese pavo que prometieron. – dijo con una leve sonrisa – pero los deberes que tengo allá me obligan a regresar. – dijo lo último mirando a la rubia, esa era su disculpa para ella. Candy solo bajó la mirada.
-Cuando tenga la oportunidad de volver a esta ciudad, por favor visítenos será un gusto recibirlo.
-Lo haré. – aseguró – por favor reciban esto de mi parte – le entregó un sobre.
-Oh no! – trató de rechazarlo – usted ha ayudado más de lo que debería, no podemos…
-Por favor acéptelo – insistió – es poco comparado con lo que ustedes me dieron los últimos días.
-Dios lo bendiga señor Grandchester. – bendijo la monja.
-Gracias – sonrió esperando ver el rostro de la rubia – Bueno ya es hora de irme. – se giró para marcharse, las monjas consolaban a los niños que lloraban por la partida del actor, en tan poco tiempo se habían acostumbrado a él.
-Terry… - se detuvo – yo…- su voz tembló, nuevamente otra despedida entre ambos; pero los roles habían cambiado, ahora él estaba de espaldas y entendió porque Candy no se giró aquella noche, él mismo no quería hacerlo, pues sabía que podría marcharse.
-Gracias por todo Candy – giró levemente la cabeza y le dedicó una sonrisa sincera – me gustó compartir este tiempo contigo.
-A mí también – dijo la rubia con sonrisa parecida a la de él – cuídate mucho Terry… - no pudo evitar que las lágrimas salieran.
-Sé feliz Candy – en dos zancadas ya estaba frente a la rubia y la abrazó como siempre quiso hacerlo – me alegro que ahora tengas a tu familia contigo. – sintió como la rubia movía afirmativamente la cabeza – por favor cuídate tú también. – alejó a la rubia de sí y tomó su rostro entre sus manos, deseaba besarla; pero se contuvo.
-Buena suerte en tu carrera. – dijo sonriendo – sé que leeré buenas cosas de ti en los diarios. – aseguró – pero ya deja ese vicio – lo regañó – volviste a fumar, cierto?
-Lo volví a dejar hace unos días. – informó con una risita, Candy nunca cambiaría.
-Me alegro…
-Adiós pecosa… - la soltó y dio unos pasitos hacia atrás.
-Adiós… mocoso malcriado… - sonrió mientras lo despedía.
Con el corazón oprimido nuevamente se dijeron adiós; pero a comparación de la última despedida que tuvieron, ésta ya no les desgarró el alma; sino que sintieron resignación en ella, entendieron que su destino no era estar juntos.
Mientras Terry se alejaba nuevamente de ella, Candy se quedó ahí parada bajo una leve nevada deseando que aquel muchacho sea completamente feliz.
Segundo capítulo! Esta historia será corta, no tiene muchos capítulos, espero que la sigan todos y comenten para saber que les pareció.
Gracias por sus mensajes y FELIZ NAVIDAD, aunque un poco retrasado, bendiciones para todos ustedes y sus familias.
