Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y toda su banda.
10. ... Cuando Alguien Ocupa Dos Espacios del Estacionamiento.
Minos miró de reojo su reloj de mano, tratando de asegurarse de que todavía estuviera dentro de los límites de "a tiempo". Se le había hecho un poco tarde, y sabía que frente a sus suegros, no podía fallar en nada.
Ese día tenía programada otra cena con la familia de su novia, o como a él le gustaba decirles: "reuniones tensas a las que se sometía sólo para hacer feliz a Celintha". Usualmente para esa hora ya estaría camino al hogar de Celintha, pero como su suegra (y la única persona fuera de su novia que lo trataba bien dentro de esa familia) le había encargado llevar el vino, Minos tuvo que hacer una desviación de su camino.
Ligeramente tenso, soltó un suspiro de alivio cuando llegó a los terrenos de la licorería que Rhadamanthys siempre recomendaba. Un poco menos tenso, dirigió su auto hacia el pequeño estacionamiento que la licorería tenía en el lado derecho, y se detuvo, sintiendo que todo el alivio que había sentido en los treinta segundos anteriores se cambiaba por una intensa ira.
Frente a él estaba una camioneta, grande, que ocupaba los dos únicos espacios de estacionamiento al estar en forma diagonal. Minos se mantuvo en su asiento frente a tremenda falta de consideración hacia otros, y eso que él no se consideraba exactamente amable, pero siempre había considerado que era importante cumplir con ciertas normas.
Ciertas normas.
Lo primero que hizo fue pensar en llamar a la policía, aunque conociendo a la fuerza de la ley ateniense, en definitiva no lo calificarían como un caso muy importante. Pero para él sí lo era, tanto que cada segundo que pedía era tiempo desperdiciado. No podía estacionarse frente al establecimiento, el dueño era capaz de matarlo si lo hacía.
Viendo que no tenía muchas opciones, Minos maldijo al tipo, o tipa, que no sabía cómo estacionarse, y bajó de su auto, sosteniendo una llave inglesa que siempre tenía en su auto, por si ocurrían incidentes de ese estilo. Estaba a punto de golpear la ventana del auto con la llave cuando escuchó una voz a sus espaldas que lo hizo detenerse por completo, algo asustado.
—¿Minos?
Al darse la vuelta vio a Celintha, con Deathmask, mirándolo con sorpresa, mientras que el mayor tenía una sonrisa ladeada.
—¿Qué estás haciendo? —continuó la chica, acercándose a su novio.
—¿Yo? —poniendo las manos detrás de su espalda, Minos soltó su llave inglesa y trató de sonreír de forma amigable— Nada —dijo, ignorando el sonido de la herramienta al tocar el piso—. ¿Qué están haciendo ustedes? Este lugar está algo lejos de tu casa —comentó, mirando exclusivamente a la joven.
—Mamá olvidó algunas cosas y vinimos a hacer las compras de último momento —explicó ella, volteando a ver brevemente a Deathmask, quien cargaba varias bolsas.
—Entiendo… bueno, tu madre me pidió llevar el vino, así que me detuve a comprarlo, si ya terminaron nos podemos ir todos juntos.
Ante la propuesta, Celintha asistió feliz, y aprovechando que el auto estaba encendido y con la puerta abierta, se aventuró a entrar para dejar sus cosas. Minos, por el contrario, se mantuvo en su lugar mientras Deathmask se acercaba tranquilamente.
—Yo también lo hubiera hecho —dijo el chico, sosteniendo su bolsa de papel con una mano para señalar la camioneta frente a ellos que ocupaba los dos lugares—, ese desgraciado no merece compasión, pero Celintha se horrorizaría, creeme —continuó, poniendo su mano en el hombro de Minos para darle unas palmadas—. Que mala suerte.
Sin nada más que hacer, Minos asintió levemente; al menos cuando entrara a la licorería podría ver al dueño, o dueña, del auto, para reclamarle como es debido.
