Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y toda su banda.
12. ... Cuando Pierdes el Control de la Televisión.
En el complejo mundo actual, casi nadie hacía uso del amigo más viejo del hombre, de un niño principalmente: el televisor; excepto por Kagaho, Kagaho aún mantenía una relación cercana con su vieja pantalla. No importaba si la pantalla no era de esas que podían conectarse a Internet, tampoco importaba que el tiempo hubiera hecho mella en ella, con unas enormes manchas azules en las esquinas, Kagaho apreciaba su televisión, y la encendía casi siempre después del trabajo.
Esa noche no iba a ser la excepción. Apenas cerró la puerta de su departamento, Kagaho dejó su mochila con sus cosas en el suelo, colgó sus llaves, se quitó los zapatos ante cada paso que daba y llegó hasta su sala, preparado para ver qué ofrecía la televisión griega, o en su defecto conectar su teléfono y disfrutar de alguna película o serie.
Cuando llegó al estante de la televisión estiró la mano, esperando poder tomar el control remoto, hasta que se dio cuenta de que este no se encontraba en su lugar habitual; desconcertado, Kagaho miró de nuevo el lugar en el que solía dejar su control, como si con eso este fuera a aparecer mágicamente frente a él.
No lo hizo, como era obvio, por lo que Kagaho decidió comenzar a buscar a su alrededor. Miró sobre todos los estantes, examinó con cuidado todos los sillones, removió cosas de su mesita de centro, e incluso le dio toda una vuelta a su sala tres veces, solo para estar seguro de haber revisado cada rincón.
Mientras revisaba, maldecía por todo lo alto y se recriminaba por no tener idea sobre dónde se encontraba su control.
—Piensa, maldita sea, ¿dónde lo dejaste ayer?
Pero por más que recordaba, por más que recreada sus pasos, no pudo encontrar su control, por lo que, derrotado y triste, decidió irse a dormir, con la idea de que continuaría con su búsqueda a la mañana siguiente.
Nunca se le ocurrió que, la noche anterior en medio de una llamada con Pandora, había olvidado el control en la cocina, justo al lado de la estufa. Aunque lo encontraría al día siguiente, sin duda, después de otra hora de intensa búsqueda en la sala.
