- . My Hero Academia 180 grados. -

41. Donde termina el examen de ingreso a la UA, Uraraka despierta en el hospital, hay algunos cambios sociales e inician las clases


"Ya basta" intervino la voz suave de Yoichi mientras todo se iba a negro "Tienes que despertar"

—Ya basta! Tienes que despertar! —repitió la voz irritada de Bakugo, esta vez más clara y real, mientras el sonido constante de la lluvia llenaba de pronto el ambiente — Ya te había dicho que te lo regresaría por mil, así que no actúes sorprendido!

Izuku abrió los ojos lentamente, sintiendo el frío del suelo bajo su cuerpo. Lo primero que captó su atención fue el brazo derecho de Bakugo, colgando inerte, goteando sangre, con un tono alarmante de morado. A pesar del evidente dolor, Bakugo se mantenía de pie, con la mirada endurecida y su usual semblante molesto, sujetándose el brazo como si se negara a mostrar debilidad.

A unos pasos de ellos, Toshinori observaba la escena con un gesto serio. Kirishima estaba a su lado, sosteniéndolo con firmeza y luciendo una expresión de profunda preocupación. Del otro lado, Shinso mantenía sujeto al joven inconsciente de antes.

Izuku sintió un nudo formarse en su garganta, y una oleada de emociones lo invadió de golpe. No entendía por qué y no sabía que había sucedido, pero algo dentro de él le gritaba que todo aquello de alguna forma era su culpa. Su rostro comenzó a contraerse, las lágrimas brotaron antes de que pudiera controlarlas. Pero entonces, un grito estridente lo sacudió.

—¡Ya deja de llorar por todo y todo el tiempo! —vociferó Bakugo, su voz cargada de frustración—. ¡Yo sigo odiándote! ¡Por más que lo intente, no quiero aceptarte!

Toshinori, observando la escena con atención, apenas pudo contener un suspiro. "Vaya forma de empezar... creo que me equivoqué", pensó, con cierta resignación. Pero su mirada se clavó en algo inesperado: el primer portador del One For All, Yoichi, apareció como una figura luminosa, colocando una mano en el hombro de Bakugo, como si quisiera guiarlo. Aunque al parecer solo él podía verlo.

Izuku temblaba, su cuerpo debilitado por la tensión y sus nervios. Intentó reprimir una arcada al sentir el estómago revuelto y algo caliente deslizarse por su rostro. Al llevarse la mano al costado derecho, notó que estaba sangrando, aunque no sentía dolor. Al mirar su guante manchado, levantó la vista de nuevo hacia el brazo de Bakugo, quien mostraba los dientes en un gesto feroz antes de continuar gritando:

—¡Siempre he odiado la forma en que me miras! ¡Siento como si me estuvieras recordando lo débil que soy!

Con esfuerzo, Izuku trató de incorporarse, pero sus piernas temblaban como si no pudieran sostenerlo. Cayó nuevamente y, tras un segundo intento, logró ponerse de pie, aunque tambaleante. Algo en su interior le decía que tenía que hacerlo, que aquello era importante.

Bakugo desvió la mirada por un instante, como si sintiera la presencia de Yoichi. Su tono perdió algo de dureza cuando volvió a hablar:

—Pero... creo que tú... siempre has sido alguien que me empuja hacia adelante, alguien que no se detiene, incluso cuando todo parece imposible. Y por eso... por eso siempre me he sentido inferior a ti.

Izuku quedó paralizado, incapaz de procesar lo que estaba escuchando. Sus ojos se abrieron con sorpresa, y sus labios formaron una "o" muda. Bakugo continuó, ahora, inclinando un poco la cabeza.

—Mi forma de tratarte siempre fue una manera de protegerme de esa sensación... —hizo una pausa, apretando el puño con fuerza—. Pero ahora lo entiendo. La forma en que vives tu vida... siempre me ha obligado a querer ser mejor. Y, aunque me ha costado aceptarlo, sé que ese odio que sentía no era hacia ti...

Con una expresión de asombro absoluto, Izuku dio un paso hacia él. No sabía por qué, pero sentía la necesidad de acercarse, de tocarle el brazo herido, como si eso pudiera aliviar el dolor interno de ambos por su pasado. A pesar de todo, Bakugo siguió hablando con seriedad.

—He sido un idiota todo este tiempo. Te herí. Fui cruel contigo. Todo lo que dije y lo que hice... —tragó saliva, su mano sana se tensaba mientras bajaba la mirada—. Pero ahora lo sé. Tú siempre has estado ahí, frente a mí. Y, por mucho que me cueste admitirlo... no me importaría seguir caminando a tu lado.

Izuku sintió como si se le destaparan los oídos, porque de pronto el sonido de la lluvia fue más intenso.

Toshinori y Kirishima compartieron una sonrisa ligera al ver cómo Izuku finalmente llegó hasta Bakugo. Sin dudarlo, tocó su brazo herido, con un gesto tan delicado como significativo.

Izuku apoyó la frente en el hombro de Bakugo, cerrando los ojos mientras dejaba que las lágrimas, mezcladas con la lluvia, cayeran libremente. Entonces, Bakugo inclinó un poco la cabeza hacia él y le susurró unas palabras, tan bajas para que solo él pudo oírlas:

—Tomaré la mitad de la responsabilidad de lo que All Might decidió. Así que no te atrevas a cargar con todo solo como acostumbras, idiota.

—¿All... Might?— repitió Izuku suavemente.

El héroe continuó observándolos, ahora con una suave sonrisa, pero en un parpadeo, Toshinori se encontró contemplando una escena inesperada: en un segundo plano del interior de Midoriya y Bakugo, Yoichi y All for One se enfrentaban en una tensa conversación. Sus figuras eran un eco de sus cuerpos de un pasado distante, pero la intensidad de sus palabras resonaba con fuerza en el presente.

—Parece que, al final, lograste imponer tu decisión, como siempre —habló Yoichi primero, su tono calmado, pero cargado de reproche—. Y aunque digas que lo hiciste por mí, creo que, en realidad, lo hiciste por ti mismo. Una parte de ti le temía a la muerte, y quisiste dejar un residuo en este mundo, algo que perpetuara tu existencia, especialmente después de que tu sucesor te abandonara.

All for One curvó los labios en una sonrisa fría antes de responder.

—No me malinterpretes, hermanito. Todo parece apuntar a que mi voluntad está condenada a fracasar, y no tengo intención de insistir más de lo necesario. Pero, por otro lado —desvió la mirada hacia Midoriya, cuya figura destacaba en el primer plano—, las determinaciones de este muchacho tienen la curiosa cualidad de cumplirse. Sin embargo, lo hacen de una forma irónica. Aunque no lo parezca, yo también traté de evitarle todo ese sufrimiento mostrándole el camino más corto. Pero, como puedes ver, a los humanos les encanta creer que tienen control sobre sus destinos, cuando estos ya están escritos desde su nacimiento.

Yoichi lo observó con seriedad, sus ojos reflejando tanto tristeza como firmeza.

—Si realmente creyeras eso —replicó con voz grave—, nos habrías dejado morir a ambos al nacer bajo aquellas circunstancias. O, al menos, me habrías abandonado a mí, siendo tan débil. Pero no lo hiciste. Decidiste pelear, y ambos seguimos existiendo.

All for One dejó escapar una risa breve, carente de alegría.

—Después de todo, tú y yo también nacimos humanos en este mundo. El instinto de autoconservación es tan primitivo y tan básico como querer aferrarnos a lo que nos importa. Por eso me afectó tanto cuando decidiste marcharte, en lugar de quedarte a mi lado.

—No había forma de estar de tu lado siendo tan manipulador y cruel —contestó Yoichi con un dejo de amargura—. Y ahora me doy cuenta de que, en más de cien años, no has cambiado en lo más mínimo. Es por eso que el One for All seguirá oponiéndose a tu voluntad.

All for One entrecerró los ojos, su tono cargado de amenaza.

—¿Ah, sí? ¿Y qué harán cuando llegue el momento decisivo? ¿Crees que All Might permitirá que eliminen al que eligió como su sucesor?

Antes de que Yoichi pudiera responder, una tercera voz resonó con determinación.

—Yo no lo permitiré.

Era Daigoro Banjo, quien dio un paso al frente con una mirada decidida.

—Después de lo que le pasó al nieto de Nana Shimura, no podíamos quedarnos de brazos cruzados viendo cómo otro niño caía bajo tu influencia.

All for One dirigió a Banjo una mirada fría, condescendiente mientras seguía hablando y hacía una promesa:

—Es por eso que yo seguiré protegiendo el corazón de Izuku Midoriya desde ahora, para que no le suceda lo mismo que al pequeño Tenko Shimura.

—Es curioso cómo ustedes, que se autodenominan héroes, no dejan de entrometerse en asuntos que son puramente familiares.

Banjo no titubeó, manteniéndose firme.

—Es como dijo el octavo: la esencia de un héroe es entrometerse donde no lo llaman, ¿verdad?

Las palabras quedaron flotando en el aire. Cuando los tres volvieron sus miradas hacia Toshinori, la conexión con aquel segundo plano se rompió de golpe. Toshinori parpadeó, regresando al presente, con el peso de aquella escena aún causándole preocupación.

...


El sueño de Uraraka continuaba en medio de un escenario nebuloso:

La Uraraka adulta se removía inquieta en la cama, sintiendo cómo las sábanas parecían enredarse con su cuerpo cada vez que intentaba acomodarse. La habitación estaba sumida en la penumbra, y la inmensidad de la cama se hacía más evidente, como si de alguna forma la soledad amplificara su tamaño.

Al extender su mano al espacio vacío donde solía dormir Deku, no pudo evitar suspirar. Después, al abrir su celular vio en la pantalla que ya era la media noche.

Seguía estando de acuerdo con los Dekus, que así era mejor. Ellos durmiendo en el nuevo y amplio sofá cama de la sala y ella en su habitación regular. Así, aseguraban mantener la convivencia tranquila entre los tres.

Sin embargo, mientras se llevaba las manos al rostro, intentando disipar el suave calor que persistía en sus mejillas, no podía dejar de pensar que se había equivocado al permitir que las cosas hubieran llegado más lejos esa tarde con uno de ellos. Cerró los ojos, pero los fragmentos de lo sucedido volvieron con bastante claridad..

Todo había sucedido de improviso. De regreso del supermercado habían aprovechado los descuentos de una tienda y con la fiesta de Halloween que daría Bakugo a la vuelta de la esquina, no pudieron resistirse a comprar disfraces. Deku había elegido uno de explorador de la era media de un mundo de fantasía, mientras que ella optó por un vestido de hechicera alquimista que hacía juego con el suyo. La idea de probárselos al llegar a casa parecía divertida... hasta que se vieron frente a frente.

La imagen de Deku, con su atuendo que lo hacía ver más audaz, se grabó en su mente, al igual que la suya en el reflejo del espejo, con el vestido que le daba la imagen de un personaje dulce pero elegante. Los dos se ruborizaron al contemplarse, y antes de darse cuenta, la distancia entre ellos desapareció al tocarse y luego en un beso que fue creciendo en intensidad hasta que todo lo demás quedó en segundo plano.

Quería pensar que no habría tenido nada de malo; después de todo, eran pareja y llevaban tiempo viviendo juntos. Pero el recuerdo del otro Deku, el que había pasado la tarde visitando a su madre, dejó un rastro de culpa en ambos.

Era absurdo, lo sabían, porque técnicamente eran la misma persona, pero no podía evitar que esa sensación de haber excluido a uno de ellos los inquietara ahora.

De repente un susurro rompió el silencio de la noche. Uraraka se tensó al escuchar después dos voces y se incorporó de inmediato, dirigiéndose hacia la puerta con pasos silenciosos. La abrió apenas lo suficiente para ver la sala iluminada por la tenue luz de la luna y a los dos Dekus recostados en el sofá cama, hablando en voz baja.

—Mamá nos preparó nuestro platillo favorito. Y parece que le encantaron las flores que decidimos llevarle —susurró el Deku que había salido esa tarde. Su tono era cálido y alegre —. Parece que no le falta nada por ahora

—Me alegra escucharlo —respondió el otro Deku, acostado de lado, observándolo con atención.

El primero cerró los ojos con una sonrisa tranquila.

— Fue agradable ir a verla después de tanto tiempo, pero dime ¿Y a ustedes cómo les fue? —preguntó con suavidad—. ¿Encontraron todo lo de la lista? ¿Lograron mantenerse dentro del presupuesto?

El Deku que había permanecido en casa después de las compras, se movió incómodo, cubriéndose parcialmente la cara con la sábana. Su comportamiento no pasó desapercibido, pero su contraparte le dio tiempo para responder.

—Encontramos todo, y... Uraraka me mostró una forma de ahorrar usando la aplicación del supermercado —contestó en voz baja, evitando el contacto visual.

El otro Deku sonrió con sinceridad.

—Eso es genial. Parece que ella siempre sabe ese tipo de trucos para ahorrar.

Sin embargo, el silencio que siguió fue demasiado denso. El Deku que había hablado primero observó cómo su contraparte se cubría el rostro por completo antes de susurrar, casi inaudible.

—Por cierto... cuando regresamos a casa... Uraraka y yo... nos tocamos un poco.

Un rayo pareció dividirlos. El Deku que había estado con su madre se sujetó la barbilla y luego se cubrió la boca, tratando de procesar la información y analizar como se sentía al respecto.

—Oh... ya... veo... —murmuró al fin, con algo de seriedad —. ¿E-en serio?

—Sí...

Uraraka sintió un extraño peso en su pecho al escuchar la confesión. Desde la rendija de la puerta, de pronto vio al Deku más cercano sonreír al ver su contraparte aún cubierto con las sábanas.

—L-lo siento... —susurró el Deku que había confesado.

—No es necesario que te disculpes. Sabíamos de antemano que esto podía pasar —respondió el otro, con tono alegre y tranquilizador —. Después de todo tu eres yo y yo soy tu. Y aún confío en que Hatsume encontrará la forma de volver a hacernos uno solo.

Uraraka suspiró suavemente junto con el otro Deku, dejando ir un poco el peso de esa culpa.

—Qué alivio que lo tomes así —comentó el Deku que había confesado, finalmente dejando que su rostro se asomara tras las sábanas. A pesar de sus palabras, su mirada seguía reflejando una punzada de culpa—. Aunque… aún me siento algo mal. Ojalá hubiera una forma de que pudiéramos quedar iguales.

Uraraka no pudo evitar ruborizarse al oír eso, sintiendo cómo el calor se extendía en sus mejillas.

—Creo que puedo entender por qué te sientes así —dijo su contraparte, reflejando el mismo sonrojo, aunque trató de disimularlo cubriéndose la boca y desviando la mirada—. Tal vez… sólo si tú quieres… podrías contarme qué fue lo que hicieron. Después de todo, prometimos compartir cualquier cosa importante del día. Y tal vez Uraraka espera que repitamos algo de lo que hicieron hoy.

El Deku que había confesado meditó por un momento antes de asentir con cautela.

—De acuerdo —aceptó, aunque todavía parecía inseguro—. Pero sólo si prometes que esto no te molestará.

—Lo prometo —aseguró el otro, su sonrisa irradiando confianza.

Uraraka, que seguía escuchando desde su escondite, contuvo el aliento cuando la voz del Deku que relataba la experiencia se volvió más baja. Al intentar acercarse más para escuchar, notó que el otro Deku comenzaba a ruborizarse visiblemente.

—E-entonces… fue como una especie de roleplay —murmuró el Deku que escuchaba, intentando procesar lo que oía—. Nunca pensé que a Uraraka le gustaría intentar algo así.

—No fue exactamente eso —aclaró su contraparte con nerviosismo —. No es como si estuviéramos interpretando personajes de la era Media o algo así. Sólo fueron los disfraces al principio, pero luego… nos olvidamos de ellos.

—Ya veo… —El otro Deku desvió la mirada, su rostro ardiendo de vergüenza—. Aunque… admito que me da algo de envidia.

—Prometiste que no te molestarías.

—No estoy molesto, lo prometo —rió suavemente. Luego, con un atisbo de curiosidad, añadió: — Si quieres… puedes seguir contándome.

El Deku que relataba la experiencia dudó por un instante, pero al final asintió. Nuevamente empezó a susurrar más bajo y su contraparte inclinó la cabeza hacia él.

El otro Deku volvió a sonrojarse intensamente, llevándose una mano a la boca como si eso pudiera contener su reacción.

A medida que el primero hablaba, su confianza aumentaba, aunque su rostro seguía encendido, hasta que pareció llegar a un clímax de la historia.

—¡E-espera! —interrumpió el otro Deku abruptamente, su cara completamente roja—. No creo poder escuchar mucho más.

— Oh...

Ambos guardaron silencio por unos segundos, con un aire de incomodidad y algo inexplicable flotando entre ellos.

Tal vez deberíamos intentar dormir ahora—, sugirió el Deku oyente, aún evitando mirarlo directamente.

—Sí, tal vez sea lo mejor—, respondió el otro Deku con un tono algo más neutral.

—Buenas noches.

—Descansa.

Uno de los Dekus se giró hacia la izquierda, mientras que el otro se acomodó hacia la derecha. Pero la quietud del cuarto no logró traerles descanso; ambos permanecían despiertos, contemplando el vacío en la oscuridad y luchando contra sus pensamientos desordenados.

Uraraka cerró la puerta del escondite con sumo cuidado, asegurándose de no hacer ningún ruido. Caminó de puntillas hacia su cama, con su rostro aún rojo como un tomate por lo que acababa de escuchar. Sin embargo, una extraña calidez reemplazó su vergüenza mientras se acurrucaba entre las sábanas. Por primera vez en esa noche, sintió que podría conciliar el sueño.

Paso una hora más y los Dekus seguían atrapados en su propio insomnio.

De repente, la puerta de la habitación de Uraraka se abrió de nuevo con un leve crujido, apenas perceptible en la quietud de la noche. Dos pares de pies cruzaron sigilosamente el umbral. Uno se dirigió hacia el lado derecho de la cama, mientras el otro rodeaba el colchón por la izquierda.

Uraraka, aún despierta, abrió los ojos lentamente, y su rostro se tiñó de un rojo intenso al sentir el calor familiar de dos cuerpos a cada lado suyo. Antes de que pudiera reaccionar, los brazos de ambos Dekus la rodearon con suavidad, abrazándola con una calidez abrumadora.

Era demasiado!

"¿Qué... pasaría ahora...?"

La Uraraka del mundo real se despertó dándose un fuerte puñetazo en la cara, un método poco convencional pero efectivo que había adoptado tras numerosas experiencias con sueños de Deku. Sin embargo, lo que nunca esperó fue encontrarse en un lugar completamente distinto al suyo.

La habitación a su alrededor no era la suya; las paredes blancas, los monitores parpadeantes y el olor a desinfectante indicaban que estaba en un hospital. Pero lo más inquietante no era el cambio de entorno, sino la figura de Kai Chisaki, quien la observaba desde un metro de distancia de su cama, con una mezcla de sorpresa y serenidad fría.

—¿Un mecanismo de defensa? —preguntó Chisaki con un tono neutral, haciendo referencia al golpe que se había dado para despertar.

—No... bueno... —intentó responder Uraraka, apenas logrando articular palabra.

Chisaki cerró los ojos por un momento, como si reflexionara, y al abrirlos nuevamente, su mirada se volvió más intensa, casi escalofriante. Había algo en su tranquilidad que hacía que la piel de Uraraka se erizara.

—Se podría decir... —murmuró Kai con voz rasposa, comenzando a quitarse el guante de su mano derecha— ...que simplemente estabas en el lugar y momento equivocados. Pero no olvido que aún te debo un favor. Con esto quedaremos a mano.

—¡¿No se supone que los mafiosos se ponen los guantes cuando van a cometer un crimen?! —exclamó Uraraka en un grito ahogado, cerrando los ojos con fuerza y conteniendo la respiración.

El corazón de Uraraka latía con fuerza descontrolada. Su mente, enredada en el miedo y la confusión, apenas logró recordar una escena del pasado: la mano de Shigaraki desintegrando aquel balón con un simple toque.

El tiempo pareció detenerse por un instante. Luego, el silencio fue destrozado por un sonido húmedo y perturbador. Manchas de sangre comenzaron a expandirse por toda la habitación, cubriendo las paredes y el suelo de manera grotesca.

En el pasillo, un ayudante de Chisaki esperaba y vigilaba pacientemente fuera de la puerta, para que nadie más entrara.

...


El sol comenzó a asomarse de entre las nubes y por un momento Toshinori lo tomo como un buen presagio.

—Creí haberle dicho específicamente a los tres que no se metieran en más problemas —anunció su presencia Aizawa, caminando hacia ellos con paso firme, y acompañado de varias personas. Su tono era tan severo como siempre, pero esta vez había un toque de cansancio en su mirada—. Y eso lo dije especialmente por ti.

—Aizawa... —contestó Toshinori, bajando la cabeza con evidente pesar—. Todo ha sido mi culpa.

—¿Por qué será que no me cuesta creerlo? —replicó Aizawa, cruzando los brazos con un gesto de reproche y aburrimiento —. Por eso nunca estuve de acuerdo con lo que propusiste desde el principio.

—Te lo contaré todo después con calma —susurró Toshinori, tratando de calmar el ambiente.

—Ya lo creo —respondió Aizawa y su expresión dejaba claro que no había terminado con el asunto.

Fue entonces cuando Izuku notó algo que lo hizo olvidar momentáneamente lo sucedido.

—Las Wild Wild Pussy Cats, las mayores especialistas en rescate en terrenos montañosos con más de 12 años de experiencia... ¿y un niño pequeño? —reconoció, sorprendido al ver al grupo acompañado por un niño que ahora corría hacia ellos a toda velocidad. Instintivamente, Izuku tomó a Bakugo y lo empujó ligeramente al frente como si buscara protegerse.

—¿Qué rayos sucede contigo? ¿Ahora le temes a un niño pequeño? —gruñó Bakugo, fulminándolo con la mirada. Su tono era molesto, pero también había una pizca de confusión.

Izuku no pudo responder, pues el pequeño, con el bolso de primeros auxilios colgado al costado, se detuvo frente a Bakugo y alzó la mirada decidido.

—Se ve bastante mal. Espera, no te muevas —dijo el niño con una voz suave, extendiendo sus pequeñas manos hacia el brazo de Bakugo.

Tanto Bakugo como Izuku observaron incrédulos cómo el brazo del primero comenzaba a recuperarse lentamente. La piel agrietada y amoratada iba volviendo a su estado natural, aunque el proceso parecía causar algo de incomodidad. Por un momento, mientras Katsuma trabajaba, sus ojos se cruzaron con los de Izuku. El niño le sonrió tímidamente, y algo en ese gesto hizo que Izuku sintiera una chispa de esperanza, como si su corazón, cargado de peso, pudiera volver a latir con ligereza.

La lluvia cesó por completo, dejando un ambiente menos sombrío. Bakugo probó mover su brazo con cautela, abriendo y cerrando el puño.

—Duele un poco, pero ya sirve —murmuró, flexionando los dedos.

—Déjame vendártelo —pidió Katsuma, hurgando apresurado en su bolso.

—Así está bien por ahora —respondió Bakugo con firmeza, señalando hacia Deku con un gesto de cabeza—. Mejor ocúpate de este sujeto antes de que pierda el ojo.

Katsuma asintió y se dirigió hacia Izuku. Este, queriendo facilitarle la tarea, se sentó en el suelo y le permitió inspeccionar su herida. Aunque no le dolía, la sangre de antes en su rostro indicaba que la lesión no era superficial. Katsuma volvió a extender sus manos, concentrándose al máximo mientras un leve resplandor rodeaba sus palmas. Izuku lo observó detenidamente.

—Wow... Eres todo un héroe. Quisiera ser como tu—dijo Izuku, esbozando una sonrisa sincera.

El niño se sonrojó ligeramente y pareció orgulloso.

—Gracias —susurró Katsuma con una tímida sonrisa.

Kirishima se acercó junto a Bakugo, preocupado por su estado, mientras a la distancia, los adultos observaban la escena en silencio.

—Lo tenías muy bien escondido, Aizawa —comentó Toshinori en un tono bajo, inclinándose ligeramente hacia su colega—. Ni siquiera les dijiste a los profesores, ¿verdad?

Aizawa lo miró de reojo antes de soltar un largo suspiro.

—No quiero que los estudiantes o los profesores asuman que este niño estará ahí para arreglar sus imprudencias como lo hacían con Recovery Girl. Apenas está aprendiendo a usar su don, y le prometí a su padre que no lo dejaríamos excederse.

—¿Dónde lo encontraste? —preguntó Toshinori, intentando aliviar la tensión con un poco de charla casual.

Aizawa mantuvo su expresión seria mientras respondía:

—Fue suerte. Vlad encontró a este pequeño y a su hermana cuando envié a la clase 2-B a la isla Nabu como castigo.

—Ya veo... —murmuró Toshinori, imaginando a Vlad obligando a sus estudiantes a entrenar bajo el sol abrasador mientras él disfrutaba una limonada bajo una sombrilla.

—¿No crees que ya es momento de que los dejes regresar? —intercedió Toshinori con una leve sonrisa conciliadora.

—No. No creo —La respuesta de Aizawa fue seca y contundente antes de seguir avanzando, dejando claro que no estaba abierto a discutirlo. Después suspiró recordando la solicitud que le había hecho Toshinori y como no era la primera vez que sacaba el tema para intentar convencerlo respecto a algo:

—¿Un villano sorpresa? Me opongo —respondió cortante Aizawa ese día en la sala de profesores.

—Pueden ser varios villanos falsos. Los héroes siempre tienen que estar alertas. Quiero que ellos entiendan eso desde el principio. Además, no estaría mal darles una segunda oportunidad a los que tengan un bajo desempeño en las pruebas físicas. Tu mismo dijiste que el formato del examen anterior no tenia en cuenta la diversidad de dones que no están basados en la fuerza.

—Sabes bien que nunca me ha gustado mentirle a los estudiantes— respondió Aizawa con una expresión aburrida —Eso a la larga sólo conseguirá que desconfíen de la UA o tomen decisiones basadas en suposiciones de lo que les digamos. Lo mejor es ser claros desde el principio.

—Con que no quieres mentirles...— dijo Toshinori —Y eso también aplica para la desaparecida clase 2B?

Aizawa terminó suspirado. Admitiendo que le había mentido a todos sobre la expulsión de esa clase, para que los demás se tomaran las cosas más en serio.

—Será contraproducente si en el futuro aparece un villano real y ellos piensan que es otra prueba— terminó de advertir Aizawa —Pero si insistes la responsabilidad será tuya.

Inchando su cuerpo All Might comenzó reír complacido de que su idea fuera aceptada por el director Aizawa.

—Todo estará bien— aseguró All Might.

De regreso al presente, Mandalay, la líder de las Wild Wild Pussycats, observó con una mezcla de admiración y preocupación a su alrededor el terreno destruido antes de comentar:

—Me sorprende que tantos estudiantes que reprobaron el examen físico hayan tenido el valor de enfrentarse a los villanos falsos —dijo, con un tono que dejaba entrever tanto respeto como incredulidad.

Su mirada se desvió hacia el muchacho aún inconsciente, mientras el pequeño Katsuma intentaba despertarlo con suaves movimientos y una determinación conmovedora. Mandalay suspiró antes de añadir:

—Creo que será necesario pagar un extra a los actores de riesgo que contratamos. Estuvieron en peligro real, a pesar de nuestras garantías de seguridad.

Hizo una pausa, cruzando los brazos mientras sus ojos reflejaban una preocupación sincera. Luego continuó:

—Y también debemos ofrecer una disculpa a los estudiantes de segundo año de Shiketsu que nos ayudaron.

Aizawa asintió.

—Te lo encargo.

Mandalay bajo las orejas y las garritas como si estuviera cansada de antemano.

—Esta bien.

...


El teléfono temblaba ligeramente en las manos de Izuku mientras la voz dulce de Uraraka resonaba por el auricular, intentando calmarlo.

—No te preocupes. En verdad estoy bien —aseguró ella, con un tono sereno que no logró apaciguar la expresión de preocupación en el rostro de Izuku.

Estaba de vuelta en su casa, con su madre llorando discretamente a sus espaldas. La angustia que sentía no era solo por lo que había visto en las noticias, sino por el video que mostraba a Uraraka en el tren bala, exhausta pero heroica mientras ayudaba a salvar personas. Era evidente que había estado al límite, y eso no le permitía relajarse.

—¡Iré a verte ahora! —anunció Izuku, con una determinación que asustó un poco más a su mamá.

Del otro lado, un pequeño silencio se extendió antes de que Uraraka respondiera:

—Yo también quisiera verte para saber cómo te fue en el examen, pero... creo que será mejor esperar. La ciudad está hecha un caos el día de hoy —dijo con una calma que a Izuku le pareció demasiado controlada. Algo no estaba bien, podía sentirlo en el peso de sus palabras.

—Las noticias dicen que el gas les quitó los dones a muchas personas... —comenzó Izuku con cuidado, eligiendo sus palabras como si fueran cristales frágiles—. Tú...

—No te preocupes —lo interrumpió ella, con un tono que intentó ser tranquilizador—. Aún conservo mi don.

Izuku exhaló un suspiro.

—¡Qué alivio!

Sin embargo, Uraraka guardó silencio unos instantes antes de añadir con una suavidad que hizo que su corazón latiera con más fuerza:

—Pero, ¿sabes? Creo que lo que me protegió de perder mi don fue la blusa rosa que me regalaste. Fue como si estuvieras conmigo, protegiéndome.

Izuku parpadeó, sorprendido. ¿Cómo lograba ella, en medio de una situación tan caótica, encontrar una forma de hacerlo sentir bien?

—Al parecer la utilicé para cubrirme el rostro mientras ayudaba a la gente de los vagones —prosiguió Uraraka—. La verdad es que todo pasó tan rápido que no recuerdo bien los detalles. Aunque, pensándolo bien, creo que es mejor así.

—Ya veo... —murmuró Izuku, intentando procesar sus palabras.

En ese momento, la voz del padre de Uraraka se escuchó de fondo, suave pero firme.

—Ochako, ya es hora de que descanses.

—Ah, sí... Deku, yo...

—Está bien —la interrumpió con suavidad—. Descansa. Salúdame a tus padres...

—Lo haré. Nos vemos pronto.

—Nos vemos... Ah, yo... estoy feliz de que estés bien.

—Yo también lo estoy. Espero que tú también lo estés.

El sonido de la llamada al cortarse dejó a Izuku en un silencio extraño, con el teléfono aún pegado a su oreja. Su mente divagaba mientras sus dedos apretaban el dispositivo con fuerza.

"Pudo haber perdido su don..." pensó, sintiendo un nudo en el estómago ante esa posibilidad.

Y entonces, una voz resonó en su interior, la suya, pero teñida de un matiz más oscuro: "Si lo hubiera perdido... tal vez no me dejaría nunca"

La idea lo golpeó con fuerza, y bajó lentamente el teléfono, mirando su reflejo en la pantalla negra apagada. Esa reflexión lo llenó de inquietud.

—¿De dónde vino eso? —susurró para sí mismo.

Su mirada se desvió hacia la ventana, pero no encontró claridad. ¿Era realmente su pensamiento? ¿O era algo más, una influencia residual de All for One latente en su interior?

...


Narración desde el punto de vista de Izuku Midoriya:

Al día siguiente de los acontecimientos que sacudieron las intersecciones del tren bala, se llevó a cabo una conferencia de prensa con el objetivo de abordar lo sucedido y responder a las múltiples interrogantes que surgieron en la opinión pública. El auditorio estaba lleno, repleto de reporteros, analistas y ciudadanos preocupados por las implicaciones de los ataques. En el centro de la sala, destacaban varias figuras clave y entre ellas: el actual director de la UA, Shota Aizawa, con su porte severo y mirada penetrante, y el exdirector Nezu, cuya excepcional reputación lo había llevado a postularse como candidato a la alcaldía de la ciudad.

La sesión se desarrollo de manera ordenada, hasta que llegó el turno de la declaración del ex director Nezu, interviniendo para responder una pregunta, y cuya voz calma contrastaba con la tensión palpable en el ambiente.

—Dudo mucho que el ataque haya estado dirigido a los aspirantes a héroes que se dirigían esa mañana a tomar la prueba de admisión de la UA —afirmó, girando la cabeza hacia Aizawa, quien respondió con un leve asentimiento, respaldando su opinión—. Si esa hubiera sido la intención, habrían utilizado métodos más directos para alcanzarlos. La forma en que se distribuyó el gas sugiere un plan minucioso, diseñado para generar el mayor impacto posible entre la población general, pero sin discriminar a un grupo en específico.

Las palabras de Nezu generaron un murmullo entre los presentes, pero antes de que alguien pudiera intervenir, un reportero, ignorando las normas de la sesión, se levantó de su asiento con la mano en alto y tomó la palabra sin autorización.

—Durante esta sesión he notado que insisten en referirse a los afectados por el gas como "víctimas" Dejando de lado a los que perdieron sus dones ¿Cree usted que este término es adecuado, considerando los efectos positivos que el gas ha tenido en algunos heteromorfos que no estaban conformes con su apariencia y sufrían de discriminación? —preguntó, con un tono que reflejaba tanto desafío como molestia.

El ambiente se tornó incómodo de inmediato. Algunos asistentes intercambiaron miradas nerviosas, mientras otros fruncían el ceño. Fue Aizawa quien respondió primero, su voz cargada de indignación.

—¿Eres siquiera un reportero de verdad o solo alguien buscando llamar la atención para hacerse viral? Dime, ¿hay alguien grabándote aquí para subir esto a las redes?

Al acercarse el encargado de la seguridad, el reportero, inmutable, sacó su identificación y la levantó, mostrándola con firmeza. En la imagen, su rostro era el de un gallo. Su expresión no cambió mientras hablaba.

—Lo pregunto porque yo mismo fui afectado por el gas. Sí, tuve que lidiar con la burocracia para actualizar mis documentos de identidad, pero eso no es nada comparado con lo que significa sentirme, finalmente, "normal". En mi opinión, los responsables de esto son héroes, no criminales. Castigarlos sería un error.

La declaración del reportero encendió aún más el ambiente. Aizawa abrió la boca, listo para replicar con algo mordaz, pero fue detenido por un ligero ademán de Nezu, cuya expresión pacífica contrastaba con la tensión en la sala.

—Entiendo perfectamente los sentimientos de muchos de los afectados, y es válido que existan opiniones encontradas —comenzó, con tal calma que hizo que incluso el reportero volviera a sentarse—. Sin embargo, no debemos permitir que nuestras diferencias nos dividan como sociedad. Si este compuesto, o una variante del mismo, puede ser beneficioso para ciertas personas, y no presenta riesgos a corto, mediano ni largo plazo, sería razonable considerarlo para un uso controlado en casos específicos. Pero no podemos ignorar que, para muchos, la transformación fue un proceso angustiante. No debemos olvidar que se violaron leyes fundamentales, y los responsables deben enfrentar un juicio justo por sus acciones.

Las palabras de Nezu marcaron un punto de inflexión en la conferencia, pero también reflejaron la complejidad del problema. En los días siguientes, un fenómeno social inesperado comenzó a desarrollarse. Hikikomoris heteromorfos, que antes vivían aislados, empezaron a congregarse en las estaciones del tren bala, como si buscaran algún tipo de conexión o repetición de lo ocurrido. Sin embargo, su presencia desató una serie de conflictos: desde bloqueos en las estaciones hasta enfrentamientos verbales y físicos, e incluso estafas, donde individuos sin escrúpulos les prometían vender versiones falsas del supuesto compuesto transformador.

La situación escaló rápidamente, volviéndose insostenible. Por ello varias instituciones y empresas comenzaron a implementar medidas para aliviar la crisis, ofreciendo dormitorios en sus instalaciones, subsidios para alojamiento temporal y facilidades para hoteles. La UA, siguiendo este ejemplo, decidió establecer dormitorios para sus estudiantes. Los nuevos ingresos serían asignados a habitaciones compartidas, una decisión que, aunque práctica, también representaba un cambio significativo en la dinámica estudiantil.

Este ajuste logístico no era más que un pequeño paso dentro de un problema que se vislumbraba mucho más profundo y duradero. Las heridas del ataque seguían abiertas, y las respuestas aún estaban lejos de llegar.

Tal vez también fue por eso que noticias como el ataque a la casa del héroe Endeavor y el descubrimiento de una segunda propiedad con "Liga de villanos" pintada en todas sus paredes pasaron desapercibidas por algunas personas.

Tampoco se hablo mucho sobre lo ocurrido directamente durante el examen de ingreso, ni de los procesos que realizaron para seleccionar a los nuevos ingresos, siendo que algunas pruebas quedaron a medias.

Fue asi como, una semana depués de lo ocurrido, recibí una carta simple de aceptación, sintiendo sin embargo, una sensación de vacío. Como si me hubieran aceptado por razones diferentes a las habilidades que había intentado demostrar.

...


Izuku caminaba solo por el sendero que conducía a la entrada de la UA, sus pasos reflejaban su nerviosismo. La tensión se marcaba en sus hombros y en la rigidez de su andar. No podía evitar sentirse ansioso, y lo peor era que seguramente se notaba. Una parte de él deseaba que Uraraka estuviera allí, como siempre había sido. Sin embargo, sabía que ella había quedado con Tsuyu para ir juntas el primer día de clases. Era lógico, después de todo, hacía tiempo que no pasaban momentos entre amigas, y él no podía negar que había acaparado bastante el tiempo de Uraraka últimamente. Aun así, no dejaba de sentirse un poco solo.

Mientras avanzaba, una figura familiar captó su atención a la distancia. Sus ojos se iluminaron al reconocerlo, y su cuerpo se movió casi por reflejo.

—¡Kirishima! ¡Espera!

El pelirrojo se giró rápidamente al escuchar su voz, esbozando una amplia sonrisa al verlo.

—¡Ah! ¡Midoriya! Hola —respondió con entusiasmo al verlo acercarse —. Veo que tu cabello aún no termina de crecer del todo, pero no te sienta mal. Aunque, debo decir, tienes un aire algo rebelde junto con la cicatriz del ojo. ¿Has pensado en dejarlo así?

Izuku parpadeó sorprendido, claramente no esperaba aquel comentario.

—Eh... hola —dijo, tratando de no parecer demasiado nervioso—. ¿Cómo has estado? No te veía desde... ese día.

—Oh, claro... ese día... —repitió Kirishima, bajando ligeramente el tono de su voz. Su expresión cambió a una más seria, y Midoriya no pudo evitar sentir algo raro en el estómago. Ambos sabían que habían pasado muchas cosas extrañas ese día y el recuerdo seguía siendo un enigma en muchos sentidos.

Izuku inhaló profundamente antes de hablar con cautela.

—Kirishima... ¿tú podrías decirme qué pasó ese día?

La pregunta cargada de formalidad pareció sacudir a Kirishima, quien lo miró con cierta incomodidad antes de responder.

—¿Qué? ¿Aún no te lo han contado? —preguntó, incrédulo—. Oh claro, hablamos de Bakugo, y ya sabes cómo es... no es precisamente alguien que hable de estas cosas. Excepto por esa especie de disculpa rara que te dio. Todavía no me lo creo. Fue como si alguien más hubiera puesto palabras en su boca.

Izuku permaneció en silencio, sus ojos fijos en Kirishima, instándolo a continuar.

—Bueno... —dijo finalmente el pelirrojo, rascándose la nuca con nerviosismo—. Estaba algo lejos, así que no confíes demasiado en lo que digo, pero... juraría que te vi tirado en el suelo como...muerto. De repente, algo comenzó a salir de tu boca. Era un líquido negro, espeso, como brea. Empezó a extenderse, creciendo rápidamente hasta volverse inmenso.

—¿Brea negra...? —repitió Izuku en voz baja, recordando con inquietud el momento en que sentía que se asfixiaba durante su encuentro con All for One.

Kirishima asintió lentamente.

—Sí, pero eso no fue todo. En cuanto lo vi, empecé a sentir un malestar... como si algo me estuviera oprimiendo el corazón. Fue como caer en la desesperanza total, una sensación tan abrumadora que todavía me cuesta procesarla.

Izuku lo escuchaba con atención, pero al ver a Kirishima sujetarse el pecho, no pudo evitar sentir una punzada de culpa.

—No sé por qué, pero creo que esos eran tus sentimientos, Midoriya. ¿Es posible que te hayas sentido así de desesperado alguna vez?

Izuku desvió la mirada hacia el suelo, incapaz de responder.

—Lo siento, no debí preguntar... —se disculpó Kirishima rápidamente, intentando aliviar la tensión—. Pero respecto a Bakugo, recuerdo que reaccionó de inmediato. Te vio en esa situación y se lanzó a salvarte, como si su cuerpo se moviera por instinto. Visualmente fue muy parecido a lo que pasó con el monstruo de lodo y creo que él también lo notó.

Ambos se detuvieron en su caminar, y tras un momento de silencio, Izuku le preguntó con cierta precaución:

—Kirishima... tú...

El pelirrojo asintió sin dudar.

—Sí, lo reconozco. Yo estuve ahí cuando Bakugo fue atacado por el monstruo de lodo. Y como los demás, me quedé parado, incapaz de hacer nada mientras él luchaba por respirar. Me sentí patético después. Y lo peor es que no es la primera vez que me sucede.

Izuku reflexionó un momento antes de responder.

—Yo tampoco sé cómo habría reaccionado entonces... Seguramente habría tenido demasiados sentimientos encontrados como para moverme.

Kirishima lo miró de reojo antes de continuar.

—Es entendible, considerando la relación complicada que han tenido ambos. Pero desde ese día, decidí seguir a Bakugo y aprender de él. Fingí encontrarlo por casualidad en el curso de inducción de héroes de Best Jeanist, y aunque suelo corregirlo por su actitud, en el fondo admiro mucho su determinación.

La conversación se tornó más ligera, y Kirishima, con una chispa de esperanza en los ojos, declaró:

—No importa cuánto tiempo me tome, algún día seré capaz de actuar sin dudar. Protegeré a las personas que me importan, y lo haré sin arrepentimientos.

Izuku sonrió ante la determinación de su amigo.

—Eso suena... como algo que haría un verdadero hombre —dijo, intentando adaptarse al estilo de Kirishima.

—¡Exacto! —exclamó el pelirrojo, levantando el puño con entusiasmo.

—¡Oye! Dijiste que pasarías por mí y nunca llegaste —la voz de Ashido interrumpió su conversación mientras se acercaba a toda prisa.

—¿Qué? ¿No era mañana?

—¡Era hoy! ¡Hoy es el día! Recuerdas? Cómo la canción!

—¿Y cómo iba yo a saberlo?

Izuku comenzó a ralentizar sus pasos de forma casi imperceptible, dejando que sus amigos se adelantaran. Quería darles su espacio, aunque en el fondo tenía sus propias razones. Una pequeña sonrisa se asomó en sus labios mientras su mente divagaba.

¿Llegará el día en que Uraraka y él podrían tenerse la suficiente confianza como para discutir por algún asunto?

La idea le pareció tan improbable como divertida. En su imaginación, ambos estaban frente a frente, gritando con tal pasión que parecía una escena sacada de un drama. Podía visualizarse a ambos gesticulando, y a Uraraka frunciendo el ceño para verse enojada. Sin embargo, por más que intentaba construir ese escenario mental, no lograba imaginar de qué podrían estar discutiendo.

Nuestra primera... discusión de pareja..., pensó para sí, apenas consciente de las palabras que salían de su boca.

El pensamiento quedó suspendido en su mente, como una nube que no terminaba de disiparse. Y entonces, otra idea lo golpeó.

—¿Y nuestra primera reconciliación...?

Una imagen poco nítida comenzó a formarse... hasta que su cuerpo se inclinó hacia adelante sin previo aviso.

El impacto fue brusco. Sus manos apenas amortiguaron la caída mientras un ligero dolor llegó a sus rodillas y palmas. Y ni siquiera tenia las agujetas desatadas, para terminar de achacarlo a su torpeza.

Qué gran comienzo había tenido con su primer paso para convertirse en héroe...

A su alrededor, algunos estudiantes pasaron de largo. No hubieron burlas, pero tampoco nadie se detuvo. Era comprensible. Después de todo, ¿quién querría relacionarse con un estudiante de primer año tan peculiar, con una apariencia extraña y una torpeza evidente? Izuku suspiró mientras intentaba recoger las piezas de su dignidad.

Debía ser de mala suerte iniciar así...

De pronto, una presencia que paso a su lado lo hizo detener sus pensamientos. Alguien había parado un paso adelante, su figura era ensombrecida por el sol, pero extendiéndole una mano firme y decidida.

—Ven... Deku...

Izuku levantó la mirada, y sus ojos se abrieron de par en par al reconocer la voz y el rostro.

Había algo en su expresión que era difícil de descifrar. No parecía burla, pero tampoco simpatía. Era más bien una mezcla de seriedad, impaciencia y algo más... algo que Izuku no pudo definir del todo. Dudó por un segundo, preguntándose si aquello era una especie de trampa, pero al final comenzó a extender su mano.

Fue extraño pero cuando Izuku estaba por alcanzar su mano alzó ligeramente la vista, y algo llamó su atención: una línea blanca atravesaba el cielo azul sobre el umbral de ingreso a la academia.

Por un momento, la tensión y el desconcierto se desvanecieron, reemplazados por un curioso sentimiento de paz

Un día, un avión paso volando

Muy por encima de nosotros

Ese es un recuerdo tan real

Pero no tiene significado ¿Por qué?

A pesar de lo que Kacchan había dicho sobre caminar a su lado, parecía empeñado en hacerle seguir su espalda, sin mirarlo siquiera. No era algo nuevo para Izuku, pero aun así no pudo evitar sonreír un poco.

...

La noche de ese día lloré

Sólo deseaba volverme más fuerte

Y para poder hacerlo buscaré

El coraje necesario

Al llegar a la entrada del edificio, Bakugo se detuvo por un instante. Miró hacia un lado, resopló con impaciencia y siguió adelante como si ahora estuviera solo. Izuku, intrigado, dirigió su vista en la misma dirección y entonces la vio.

...

Ese cruel destino ya estaba establecido

Aparecerá ante mi algún día

Si puedo respirar solo un momento

Entonces no importará nada más, en mi corazón

Uraraka estaba ahí, conversando con algunas chicas, con su nuevo uniforme perfectamente acomodado sobre su figura. Le quedaba increíblemente bien. Pero lo que realmente captó su atención fue la forma en que las flores de cerezo flotaban a su alrededor, sus pétalos revoloteando entre su cabello castaño como si la naturaleza misma quisiera enmarcarla.

...

Una vez más

"Que vaya más lejos, más lejos"

Canta alguien en mi interior

Con una pasión increíble

El corazón de Izuku comenzó a latir con fuerza, y el calor subió a su rostro en cuanto ella captó su mirada. De repente, sintió como si no la hubiera visto en mucho tiempo. O quizá, como si la conociera por primera vez

...

Tus ojos llorando siempre están rojos

Sonreiré para que nunca te pongas triste

Una canción para convertirme en un héroe

Levantaré esta señal de paz

Y la historia continuará

Dio un paso vacilante, sintiendo que sus piernas amenazaban con traicionarlo, pero se concentró en mantener el equilibrio con fuerza

...

Podría decir que quería protegerte pero

Sabía que tú no eras tan débil

Al contrario, el débil era yo

Tú siempre fuiste importante para mi

Estaba tan absorto en su propio torbellino de pensamientos que ni siquiera saludó a Tsuyu al pasar junto a ella, aunque estaba seguro de que lo comprendería. También le pereció por un momento ver a Todoroki llegando

...

Desde el día que dije "sobreviviré sólo"

Llorando con mi boca abierta

He cambiado, puedes reírte de mi

Me daba miedo estar sólo

Uraraka lo observaba acercarse. Había algo en su expresión que lo desarmó por completo. ¿Era su imaginación o ella también comenzó a sonrojarse mientras escondía sus manos detrás de su espalda?

...

Patearé y morderé, aunque no respire

En mi cabeza y estómago hay un desastre

Lo presumido y pretencioso desaparece

Ahora quiero sentir tu corazón

"¿Cómo podía gustarle viéndose así?"

La inseguridad le golpeó. Con una parte del cabello faltante y la cicatriz deformando un lado de su rostro, le costaba creer que alguien pudiera mirarlo de esa manera. Pero el brillo en los ojos de Uraraka no desapareció.

...

Nosotros

Y nuestras manos algún día

Alcanzarán el lejano sol

Antes del amanecer y reiremos

A solo dos metros de distancia, Izuku intentó recomponerse. Forzó una sonrisa, tratando de aparentar normalidad, pero entonces el viento sopló suavemente, haciendo que la falda de Uraraka se moviera de lado. Y cuando ella siguió mirándolo con esa expresión, todo su esfuerzo se desmoronó.

...

Nos pintaremos de un azul fuerte

Y hacia el otro lado de la oscura ciudad

Correremos tomados de las manos

Sintió que la sangre abandonaba su cuerpo solo para concentrarse en su rostro.

Olvidó cómo respirar.

Olvidó cómo moverse.

Olvidó hasta su propio nombre.

...

Robaré y escribiré un futuro contigo

Y haré una historia sin giros inesperados

Fue ella quien acortó la distancia, dando unos pasos hacia él con su maletín al frente. Parecía nerviosa, como si de alguna manera también estuviera conteniendo algo.

...

Los días ruidosos y ásperos

Donde me desgastaba y lastimaba, ahora

Reviven brillantemente por tus palabras

Entonces, en un movimiento torpe, tropezó al llegar hasta él.

...

Con mi alma dormida como en un capullo

Dejé mis sueños a medio comer

Los recuperaré una vez más

Izuku sonrió sin poder evitarlo, sintiendo que su propio nerviosismo se reflejaba en ella. Pero su sonrojo no se disipó.

...

Una vez más

"Que vaya más lejos, más lejos"

Canta alguien en mi interior

Con una pasión increíble

Sin pensarlo demasiado, sus manos se encontraron a mitad. Sus dedos tocándose al fin frente a sus rostros, como si ese simple contacto bastara para decir todo lo que no podían expresar con palabras.

...

Tus ojos llorando siempre están rojos

Sonreiré para que nunca te pongas triste

Una canción para convertirme en un héroe

Levantaré esta señal de la paz y

La historia continuará

...

Robaré y escribiré un futuro contigo

Y haré una historia sin giros inesperados

...

Notas de la autora.-

Sus comentarios siempre son bienvenidos! Muchas gracias por leer, seguir y darle like. Siempre me hace sonreír :)