Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es beautypie, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to beautypie. I'm only translating with their permission.
Capítulo 11
Lealtad
Edward mantuvo su mano dolorosamente firme alrededor del volante mientras conducía de regreso a casa. La atmósfera estaba en silencio. Tenso. Pero sólo con razón.
No pudo evitar que sus ojos se dirigieran hacia su pasajera. Ella todavía no se había movido mucho y su rostro pequeño y perfecto aún no había delatado mucha emoción. El supuesto shock de él era justo. Esta era su primera experiencia real…
Sabía que esto sucedería en algún momento. Era la consecuencia de haberla atraído a su vida, a su mundo. Un día, habría un punto de inflexión que la cambiaría para siempre. Que erradicaría por completo los restos de inocencia que una vez tuvo, la que él había visto, todos esos años atrás.
—Podemos hablar de ello —susurró él.
Hubo una larga pausa. Sin vida, murmuró: «Ahora sólo quiero ir a casa, Edward».
Él cerró los ojos por un momento, sintiendo que las esquinas se humedecían. Este…este era el precio.
Deberías haberlo sabido. Podrías haber tenido un vistazo de las consecuencias justo frente a ti.
Al final, fue Carlisle quien le había advertido, ya en el campo de tiro. No era mejor que su propio padre por mantener egoístamente a una mujer, la única mujer que importaba, a su lado en este tipo de mundo. Más pronto que tarde, les quitará la vida y el amor.
Y Edward sabía que nunca sería capaz de perdonarse a sí mismo, tal como su padre nunca lo había hecho.
~DF~
Temprano
—¡Carlisle! —Tanya gritó de horror, corriendo inmediatamente a su lado y luchando con su brazo para apuntarlo lejos de la chica—. ¿Qué carajo crees que estás haciendo?
Pero el hombre era muy fuerte y su posición apenas se movió a pesar de los intentos de la rubia. Mantuvo sus ojos fríos sobre Bella mientras amartillaba el arma.
—Será mejor que empieces a hablar, cariño.
Bella tembló visiblemente ante él.
—¿Hablar? ¿Sobre... sobre qué?
—Tú sabes que.
—Carlisle —intentó Tanya nuevamente, interponiéndose entre ellos esta vez—. Te ruego que pienses en lo que estás haciendo. Si Edward…
—¡Lo hago por él! —Carlisle espetó, su mirada se desvió momentáneamente hacia su nueva esposa—. Mi hijo se ha ablandado. Este es su desastre. —Volviéndose hacia la otra mujer, dijo—: Sabía que ibas a ser su perdición, Bella Swan, pero nunca imaginé que sería de esta manera. Que realmente lo traicionarías. ¿Quién diablos crees que eres?
Tanya se quedó congelada, su expresión se tornó desconcertada. Lentamente, se giró para mirar a la morena.
—Bella, ¿de qué está hablando?
—Realmente no lo sé —logró decir Bella con voz ahogada.
—¿En serio? —Carlisle rió sombríamente—. Entonces, ¿estás diciendo que la Agencia de Prensa Jotham no te suena de nada?
De repente, los ojos de Bella se abrieron de par en par con reconocimiento. Sus rodillas se doblaron cada vez más inestablemente, pero ella permaneció erguida.
Había un brillo de suficiencia en los ojos del rubio ahora. Él se giró un momento hacia Tanya.
—La chica ha estado redactando borradores de artículos con información confidencial sobre Bluewave. Desde las primeras semanas, cuando la estabas entrenando.
Las manos de Tanya se cerraron en puños a sus costados.
—Edward dijo… que antes eras periodista.
La mirada de Bella se dirigió hacia el suelo, su respiración ahora era inestable.
—Eran lo que eran. Mis borradores personales, privados y no destinados a ser publicados. Era solo... práctica. Solo me postulé para el Club Bluewave porque estaba teniendo un bloqueo de escritor. —Ella miró a Tanya, sus ojos lentamente se llenaron de lágrimas—. Pero paré. Juro que lo hice, una vez que lo asimilé todo. Debí haber estado guardando mis archivos en una unidad compartida con Jotham. Ahí… era donde trabajaba antes. En Arizona.
Por primera vez, Bella vio como Tanya le lanzaba una mirada penetrante y furiosa.
—Eres una chica muy estúpida.
—No creo ni una sola palabra que sale de esa boca —dijo Carlisle en un tono peligrosamente bajo—. Porque sus artículos fueron publicados en sitios de conspiración hace solo unos meses. Mi equipo legal los detectó de inmediato. Pasé meses rastreando, pagando y derribando todas las pistas. Fue una tarea jodidamente tediosa. Y todas me llevaron ati.
—Juro que no fui yo —suplicó Bella desesperadamente—. Yo... no sé quién es...
—Tanya. —El hombre se volvió hacia su esposa y puso su mano sobre su pequeño hombro—. Es tu decisión. Lo llamaré y es mejor que terminemos con esto antes de que vuelva en sí.
Bella observó, horrorizada, cómo Carlisle le entregaba el arma a la mujer antes de salir casualmente de la habitación. Su corazón comenzó a latir aún más erráticamente mientras Tanya levantaba firmemente el arma para apuntar hacia la cabeza de Bella.
Se quedaron allí en tenso silencio durante lo que pareció una eternidad, ambas mujeres temblando en sus posiciones.
—Dios —gimió Tanya, frunciendo el ceño—. Esta vez sí que la cagaste, Fortuna. No... No sé cómo ayudarte.
—Por favor —susurró Bella, juntando sus manos suplicante—. Haré lo que sea para demostrarlo. Soy leal a ustedes. A Edward. Por favor... cualquier cosa.
—Espera.
Sus cabezas inmediatamente giraron hacia Carlisle, quien ahora caminaba hacia ellas, con una expresión extraña en sus rasgos angelicales. Miró a Bella una vez, como si estuviera renuente, antes de aclarar: «¿Lo que sea?».
Bella asintió de inmediato.
Entrecerró sus profundos ojos cerúleos. Lentamente, dijo: «¿Jurarías por tu vida, ahora mismo, que no tuviste ninguna participación intencional en esto?».
—Lo juro.
—Hmm. —Él inclinó la cabeza—. Si te diera la oportunidad de demostrarlo, ¿lo harías? ¿Sin importar el costo?
Bella parpadeó un par de veces.
—No sé lo que...
—Sí o no, cariño.
Ella tragó saliva.
—Sí.
Entonces Carlisle frunció los labios y su mirada era calculadora. Finalmente, le quitó el arma de las manos a Tanya.
—Recuerda este día, Bella Swan, como el día en que te mostré inusual bondad. Nunca volverá a suceder. Solo te pido que me la devuelvas con tu lealtad, al menos hacia mi hijo. Sígueme.
Tanto Bella como Tanya tuvieron que volver a arrastrar los pies para que funcionaran de nuevo, luchando por igualar el paso decidido de Carlisle. Las condujo en silencio a través del pasillo oscuro hasta un almacén con una puerta de metal.
Antes de que Carlisle abriera la puerta por completo, se volvió hacia Bella.
—Este... es mi segunda mejor pista, aparte de ti. Y esta afirmó que no hablaría a menos que te viera.
Una vez que entraron, Bella no pudo evitar inmediatamente caer de rodillas frente a la figura familiar en el medio de la habitación, con la boca amordazada con cinta y sus manos y piernas atadas con una cuerda. Pero él estaba consciente y sus cálidos ojos marrones se abrieron cuando él también reconoció a Bella tan pronto como entró.
—No —gimió Bella, enterrando su cara entre sus manos—. No, no, no.
—Pruébalo —ordenó Carlisle simplemente, apoyándose contra la ventana en el otro extremo de la habitación. Sacó una caja de cigarrillos de su bolsillo y encendió uno tranquilamente.
Tanya caminó lentamente hacia el prisionero atado, se arrodilló frente a él y le quitó con cuidado la cinta que cubría su boca.
—Yo... conozco a éste.
—Bella —Jasper finalmente pudo decir, con voz ronca—. Eres tú.
—¿Qué hiciste? —chilló ella, mirándolo con lágrimas en los ojos.
—Tenía que intentarlo —gimió él, retorciéndose incómodamente.
—No tenías ninguna obligación —murmuró Bella—. Te lo he dicho tantas veces. Deberías haberlo sabido... ¿Cómo? ¿Por qué?
—Lo intenté todo, incluso cuando regresé a casa —suspiró, apoyando la cabeza en el suelo—. Llamé a todos. Jotham mencionó que todavía estabas activa en la unidad y vi... Tenía que intentarlo. Sacarte de este lugar.
Carlisle soltó su calada con un profundo suspiro.
Bella se secó las lágrimas de las mejillas.
—¿Es eso suficiente evidencia?
Hubo una pausa.
—Sí. Y es hora de proseguir.
Ella no pudo evitar soltar un agudo gemido, tirando de sus rodillas hacia ella mientras lo hacía.
—Carlisle —murmuró Tanya solemnemente, levantándose de nuevo—. Un último gesto de bondad, cariño. Hazlo tú mismo. O… incluso déjame hacerlo a mí.
Carlisle se puso de pie, metiendo el cigarrillo entre sus labios mientras caminaba hacia el centro de la habitación. Entrecerró los ojos pensativamente mirando al hombre que temblaba en el suelo.
—Hmm. Creo que también recuerdo a éste.
Sin embargo, antes de que pudiera apuntar el arma a la cabeza de Jasper, Bella dijo: «Espera».
Él levantó una ceja mientras la chica se ponía de pie tambaleándose, su rostro húmedo ahora carecía de cualquier emoción. Su mirada estaba en blanco mientras extendía la palma en su dirección.
—Esto es mi culpa. Merezco hacerlo yo misma.
Carlisle frunció los labios.
—No vas a hacer ninguna estupidez, ¿verdad?
—Estoy segura de que aún puedes derrotarme fácilmente si lo intento —dijo con calma, con la mirada todavía fija en la figura de Jasper—. Concédeme tu confianza esta vez. Y te prometo que nunca volveré a romperla.
El hombre mayor se pasó una mano por el cabello exasperado antes de ceder y entregarle el revólver. Mientras lo hacía, se inclinó para susurrarle al oído: «Hazlo por Edward, al menos».
Bella mantuvo la mandíbula dolorosamente apretada mientras apuntaba lentamente el arma a Jasper, su primer amor verdadero, el único hombre que importó de esa manera en su vida pasada.
A pesar de la grave situación, el rubio logró esbozar una débil sonrisa.
—Nunca supe realmente quién eras, Bella Swan, ¿verdad?
—En realidad no —soltó ella con voz ahogada, tirando del cierre de seguridad.
—Aun así —suspiró, apoyando todo su cuerpo hacia atrás en señal de derrota en el suelo—, todavía te amo.
Bella soltó un suspiro fuerte.
—Y realmente desearía que no lo hicieras.
Bang.
—¡No!
La posición de Bella permaneció quieta mientras observaba cómo la vida abandonaba el cuerpo de Jasper Hale, sus hermosos mechones rubios ahora rápidamente mezclados con rojo. Y ella recordó haber visto la misma escena, hace varios años, con un ser querido en una vida pasada...
Esta vez no había ningún dolor agudo. Sólo…vacío. Tal vez haber sido quien apretó el gatillo, haber sido finalmente quien tuvo el control total de la crueldad del mundo, hizo toda la diferencia.
¿Qué significaba eso entonces? ¿En qué la convertía eso?
Ella debió haber permanecido allí, completamente inmóvil, durante más de diez minutos. Ni siquiera podía procesar el altercado físico que estaba ocurriendo detrás de ella, ya que su fuerte disparo dejó un zumbido agudo casi interminable en sus oídos.
—¡...Te mataré, bastardo! —Finalmente escuchó vagamente a Edward grita desde algún lugar a su izquierda. Ella realmente no podía…moverse. Era una tarea incluso parpadear.
—...tomó la decisión..
—...limpiando el maldito desastre que causaste...
—...nunca debí confiar...
—...involucraste a Tanya nuevamente en tu...
—...ya no es tu decisión...
—...me cagaste en primer lugar...
—Deténganse.
Ella no recordaba haberse movido, pero se encontraba entre los dos hombres, vivos, en la habitación, con su mano todavía flácida sosteniendo el revólver a su lado. Su otra mano estaba levantada en dirección a Edward.
—Bella —murmuró Edward, dejando caer su propia arma mientras sus manos se extendían para sostenerla suavemente por los hombros—. Por favor... No deberías haber...
—Tenía que hacerlo —dijo ella automáticamente—. Este desastre no fue tuyo. Era mío. Así que lo limpié.
Bella entonces se giró para mirar a los dos rubios, quienes la miraban con cautela.
—Felicitaciones —dijo ella, esbozando una pequeña sonrisa—. Espero que esto signifique que he recuperado plenamente tu confianza y que no tendremos más problemas para trabajar juntos en el futuro.
Los ojos de Carlisle bajaron hacia el suelo y no dijo nada.
—Bella —intentó Edward de nuevo, su voz más ahogada esta vez—. Lo siento mucho...
—Vámonos a casa —dijo simplemente, dejando caer el arma y saliendo por la puerta sin decir otra palabra y sin mirar atrás ni una vez al desastre irreversible que había creado.
~DF~
Presente
Carlisle se sentó en el borde de su gran cama, todavía vestido con su camisa de vestir y pantalones de los acontecimientos anteriores. Estaba generalmente inmóvil, salvo por el lento golpeteo de sus dedos entrelazados apoyados en su regazo.
—Él te perdonará.
No se molestó en mirar a Tanya, sino que la dejó sentarse a su lado y colocar una mano suave sobre su hombro.
—Lo sé —murmuró finalmente, con la mirada todavía fija en la alfombra—. Al final siempre lo hace, sin importar lo que yo haya hecho.
—Entonces, ¿qué tienes en mente?
Suspiró y cerró los ojos mientras lo hacía.
—A veces, me jode. Siempre he intentado negarlo, señalar todas las cosas que nos hacen diferentes. Lo llamo débil y temerario, pero al final, no es diferente a mí en absoluto.
Tanya le frotó el hombro con una mano tranquilizadoramente.
—Quizás algún día me perdone, pero nunca podrá perdonarse a sí mismo —dijo, negando con la cabeza lentamente—. Él ama a esa mujer. Es una moneda que no podemos permitirnos.
Su mano detuvo poco a poco su movimiento, pero ella permaneció en silencio.
—No puedo ofrecerte lo que sé que buscas —continuó Carlisle, volviéndose finalmente para mirarla—. Quiero dejarlo claro, al menos.
—Lo sé —dijo Tanya—. Creo que tengo suficiente amor para los dos.
Ella se puso de pie frente a él, quitándose la túnica transparente que cubría su cuerpo, dejándola completamente desnuda. Al menos, sus ojos se iluminaron levemente mientras la miraba. Ella era su favorita, después de todo. Eso era suficiente.
—Pero tú también has cambiado, Carlisle —murmuró, colocando una suave mano en su mejilla—. No tenías ninguna obligación de salvarme de esta manera. Podrías haberme dejado pudrirme.
—Lo hice durante varios meses, como habías señalado —dijo, tirando de la cintura a la chica para sentarla en su regazo. Le plantó unos cuantos besos suaves y lánguidos en el pecho antes de decir—: Pero como de todos modos volveré a casa, pensé que sería mejor tachar una cosa de mi conciencia.
Ella le levantó la barbilla para ponerlo frente a ella. Había una dulce sonrisa en sus labios carnosos.
—Ahí está.
Él entrecerró los ojos.
—Una conciencia —susurró, antes de inclinarse para besar a su marido.
~DF~
Edward no fue a la cama esa noche. Se sentó en el diván de la sala, con los ojos fijos en el poste de metal frente a él mientras terminaba su cuarta copa de vino.
Entonces se sorprendió cuando ella salió de repente de la ducha vestida únicamente con una bata blanca. Había asumido que ella no querría hablar, no por mucho tiempo. Que era muy posible que ese fuera su punto de no retorno.
Ni siquiera podía tener fuerzas para mirarla directamente a los ojos, y simplemente observó de reojo cómo ella se acercaba lentamente, hasta que se interpuso entre él y el poste.
—Ven a la cama conmigo —murmuró.
Entonces Edward la miró y su corazón se retorció al ver su suave expresión. A pesar de…
—Lo siento, Bella.
La mandíbula de ella se tensó.
—No parecías lo suficientemente sorprendido.
—¿Sobre qué?
—Que... él tuviera que morir —logró decir Bella, su rostro delató dolor por una fracción de segundo—. No hiciste muchas preguntas. Era como si lo hubieras esperado.
Edward juntó las manos y agachó la cabeza.
—Desde el momento en que dejé ir a ese hombre todos esos meses atrás, supe que iba a ser un problema. Con el tiempo. Era... Conocía el tipo de persona. Estaba demasiado furioso y era imparable.
—Entonces ¿por qué lo dejaste ir?
Sus ojos la miraron con incredulidad. La expresión de ella permanecía igual.
—¿A qué te refieres?
Su voz era más firme esta vez cuando preguntó: «Si sabías desde entonces que él iba a hacer algo estúpido, ¿por qué dudaste?».
Él pudo evitar resoplar levemente.
—¿Me estás diciendo que debería haberlo matado antes yo mismo?
El rostro de ella se endureció y parecía como si no fuera a responder en absoluto. Pero después de varios segundos largos, susurró: «¿Fue por mi bien? ¿O por el tuyo?».
Entonces Edward se puso de pie rápidamente y dio un paso adelante hasta que se elevó sobre la muchacha. Su respiración salió pesadamente mientras decía: «Cada decisión que tomo es pensando en ti».
—Eso es mentira.
Edward abrió mucho los ojos al ver su expresión repentinamente fría.
—¿Disculpa?
—Nunca preguntas —dijo Bella, con su voz peligrosamente estridente—. Nunca me dices nada. No importa cuántas veces te lo ruegue. Esto... Estoy tan jodidamente enojada contigo porque nunca me dejaste entrar de verdad.
»—Podrías haberme contado sobre tu padre. Podrías haberme dicho por qué has sido tan cruel con Tanya. ¿Y crees que esto es mejor? ¿Que me tomen por sorpresa constantemente con situaciones en las que me veo obligada a tomar una decisión en una fracción de segundo para probarme ante ti? ¿Crees que esto es por mi bien?
Bella estaba llorando ahora. Edward tragó profundamente y colocó sus manos firmemente sobre sus hombros.
—Solo estaba intentando...
—Si me dices una vez más que esto es para mi protección, Edward, juro por Dios —juró, con la voz repentinamente peligrosamente baja—. Esta noche fue una clara indicación de que has hecho un trabajo bastante malo al respecto.
—¿Qué mierda se supone que haga entonces? —espetó Edward, agarrándola por la mandíbula con la mano.
Ella soltó un suspiro lento, sus ojos ahora abiertos y maníacos.
—Quiero que me arrastres al infierno contigo, Edward Cullen.
El agarre de su mano se intensificó moderadamente alrededor de su rostro, temblando mientras lo hacía.
—Hasta lo más profundo del maldito infierno —susurró ella, levantando la mano para acariciar la de él—. Espero haberte demostrado mi lealtad esta noche. Mataría a cualquiera por ti. Incluso moriría por ti. Así que, por favor, déjame entrar. En todo esto.
Por alguna razón, sus pensamientos se remontaron a la primera vez que se cruzó con ella, hace tantos años. Sus ojos inocentes y abiertos. Su sonrisa dócil y pacífica. Cuando ella no estaba contaminada por la crueldad del mundo.
Ella está muerta, Edward, le advirtió.
Y él la había aceptado tal como era.
—Bella… te amo —dijo con voz ronca después de lo que pareció una eternidad, sus labios temblaban mientras su mano dejaba su mandíbula para sujetar el costado de su rostro. Nunca lo había dicho antes. Había creído que de todas formas quedaría claro. Pero incluso sólo decir esas palabras… fue una liberación. El último tornillo de una presa que se está aflojando.
La sonrisa de Bella era tan dulce como siempre.
—Te amo —susurró ella—. Hasta el final del camino.
La atrajo hacia sí y presionó su frente contra la de ella.
—Para siempre —concordó.
