Capítulo 12: Sesión de estudio.

Durante los pocos segundos que ambos chicos llevaban en esa habitación, el silencio que siguió estuvo cargado de sorpresa y tensión, mucha tensión, aunque rápidamente esa tensión fue rota por una sonrisa nerviosa por parte de Fern.

-Bueno… esto sí que es una coincidencia-comentó el adolescente rubio con las puntas teñidas de verde intentando parecer despreocupado mientras se acercaba.

Finn, quien seguía un poco aturdido, simplemente asintió.

-Sí...-respondió el otro chico-sinceramente no esperaba verte aquí. Creí que me encontraría con alguno de los chicos de mi clase-

-Yo tampoco. No esperaba a que mi primer estudiante fueras tú pero supongo que por ahora... seré tu tutor-el comentario de Fern pareció romper algo de la tensión entre ellos y Finn dejó escapar una leve risa aunque su incomodidad siguiera presente.

-Esto será interesante-dijo Finn recargándose contra el respaldo de la silla. Fern tomó asiento frente a él, dejando su mochila a un lado.

-Eso espero-habló el otro mientras acomodaba su silla frente al escritorio-muy bien, vamos a empezar-Fern no pudo evitar pensar en lo extraño que era el giro del destino que los había llevado a este momento, pero rápidamente sacudió su cabeza despejando esos pensamientos, pues debía enfocarse en ayudar a Finn con lo que sea que tuviera problemas-primero necesito que saques todo lo que tengas de la materia que necesites apoyo-

-Uhh…-pronunció Finn algo incómodo-es que… no puedo…-

-¿Cómo que no puedes? ¿No puedes o no quieres?-preguntó Fern quien arqueó su ceja en señal de confusión.

-No puedo porque… bueno…-respondió el adolescente, torpemente abrió su mochila verde y como pudo extrajo el libro de texto, cuaderno y notas que tenía de las clases de Química, las cuales no eran muchas, todo el material se encontraba sumamente maltratado y las notas estaban llenas de manchas de dudosa procedencia.

-¿Qué rayos pasó aquí? ¿cómo pudiste venir a estudiar en estas condiciones?-preguntó Fern sin poder creer lo que estaba viendo-¿y qué hay de esto?-preguntó mientras tomaba el libro de texto dañado y al cual le faltaban algunas páginas-¡parece que un tren le pasó por encima!-

-Bueno… no es como si yo fuera el responsable de eso-dijo Finn encogiéndose de hombros e intentando sonar casual-mis cosas han tenido algunos... accidentes-

Fern lo miró con escepticismo, sosteniendo el libro como si fuera una pieza arqueológica.

-Accidentes, ¿eh?-respondió dejando el libro sobre el escritorio con cuidado, como si temiera que se deshiciera por completo-esto no es un simple accidente, Finn. Esto es un crimen contra la educación-

Finn soltó una risa nerviosa, aunque claramente no se sentía del todo cómodo.

-Sí, bueno… supongo que no soy muy organizado-murmuró desviando la mirada al tiempo que un leve sonrojo se formaba en su rostro producto de la vergüenza que sentía en ese momento.

-¿No organizado?-Fern arqueó una ceja cruzando los brazos mientras lo miraba-¿o simplemente no te importa?-

Finn abrió la boca para responder pero rápidamente la cerró, como si no supiera qué decir. Fern sonrió victorioso dándose cuenta de que había dado en el clavo. Finalmente, el otro chico dejó escapar un suspiro.

-Mira, sé que estoy en un desastre con esto ¿de acuerdo? es por eso estoy aquí.

El adolescente rubio con las puntas teñidas de verde lo observó un poco notando la mezcla de frustración y resignación en el rostro de Finn. Finalmente, suspiró, relajando los hombros.

-Está bien, supongo que tendremos que trabajar con lo que tienes-se inclinó hacia el escritorio, sacando un bolígrafo y un bloc de notas de un cajón-primero, repasemos las bases. Dime qué entiendes y qué no de lo que has visto en clase-

Finn se encogió de hombros de nuevo jugando nerviosamente con una de las orillas de su gorro blanco con orejitas de oso.

-Bueno… no entiendo nada-respondió apenado. Fern dejó caer el bolígrafo sobre la mesa, cerrando los ojos por un momento, haciendo todo lo posible por no enojarse ni frustrarse en ese momento. Debía guardar la calma e intentar ayudar a ese chico por mucho que le pesara, se mentalizó con la idea de que necesitaba el dinero de las sesiones para así poder seguir viviendo allí, de lo contrario regresaría otra vez a la calle.

-Nada. ¿Es en serio?-preguntó Fern con cierto aire de incredulidad.

-Nada. Lo juro, no entiendo nada de lo que tengo de las clases-repitió Finn evitando su mirada-es que… las clases son aburridas ¿sabes? todo lo que vemos ahí son fórmulas y ecuaciones y… no sé, llega un punto donde no quiero saber nada más y me distraigo-

Fern dejó escapar un suspiro profundo apoyando los codos sobre la mesa mientras lo miraba directamente.

-Mira, no soy un experto en el tema ni nada pero si vamos a hacer esto, necesitas poner de tu parte, ¿entendido? yo te ayudo pero tienes que comprometerte.

El chico sentado junto a él asintió lentamente aunque todavía parecía algo incómodo.

-Está bien, lo intentaré-dijo Finn. Fern sonrió ligeramente, tomó el libro maltratado y lo abrió en la primera página legible.

-Perfecto. Vamos a empezar desde el principio-mientras comenzaban la sesión, Fern no pudo evitar sentirse un poco intrigado por Finn. A pesar del desastre que traía consigo, había algo en él que lo hacía querer ayudarlo más allá de la obligación-comencemos con algo básico. La estructura del átomo ¿puedes definir que es un átomo?-

-Sí…-Finn ladeó la cabeza, intentando recordar algo de lo visto en las clases-creo que… son pequeñas cosas ¿no es así? lo que forma todo-

Fern asintió lentamente aunque su expresión dejaba claro que esperaba algo más concreto, pero bueno, para ser la primera sesión que daba, Finn estaba más o menos bien.

-Correcto, más o menos. Esas "cosas pequeñas" están formadas por tres partículas principales: protones, neutrones y electrones. Los protones tienen carga positiva, los electrones negativa, y los neutrones, pues… son neutros-explicó. Finn asintió, pero su expresión era un libro abierto, no entendía nada de lo que Fern le estaba diciendo.

-De modo que ¿los protones y los electrones están peleando todo el tiempo?

Fern lo miró perplejo, haciendo un esfuerzo por no reírse.

-No precisamente. Pero los protones y electrones tienen una relación de amor-odio, porque las cargas opuestas se atraen.

Finn soltó una ligera risa.

-Eso se oye como un drama romántico de televisión. De esos que ve mi mamá en sus ratos libres.

-¿Sabes qué?-pronunció Fern, tomando el block de hojas y el bolígrafo que había sacado previamente del cajón del escritorio-esa no es una mala forma de visualizarlo, mira-comenzó a trazar unos dibujos-aquí está el núcleo que tiene los protones y neutrones, como si fueran los padres de familia. Y aquí…-trazó unos círculos más pequeños-aquí afuera están los electrones, los hijos problemáticos, dando vueltas a su alrededor-

Finn observó el dibujo que Fern hacía con interés renovado.

-Ah, ya entiendo. Entonces, los electrones son como los rebeldes que no quieren quedarse en casa.

Fern asintió, sonriendo levemente.

-Exacto. Y esos electrones rebeldes también forman enlaces con otros átomos para hacer compuestos. Como cuando tú y un amigo se unen para hacer un proyecto de equipo.

Finn rió entre dientes ante semejante ejemplo.

-Bueno, no tengo muchos amigos. Así que no suelo hacer trabajos en equipo pero lo entiendo.

-Está bien, no importa si tienes muchos amigos o no-lo consoló Fern-lo que importa es que los que tengas se preocupen por ti y sean genuinos-

A medida que avanzaban Fern comenzó a frustrarse un poco, por más que intentaba simplificar los conceptos, Finn seguía confundido con los términos básicos, especialmente con las órbitas y la carga de las partículas.

-Finn, presta atención-dijo Fern golpeando suavemente el libro con el lápiz-esto no es tan complicado. Mira, los protones y neutrones están juntos en el núcleo. Los electrones giran alrededor en diferentes niveles de energía-

Finn miró la hoja con el dibujo, luego a Fern, y finalmente al libro.

-¿Y cómo sé cuántos electrones tiene un átomo?-preguntó él. Fern sonrió. Al menos estaba haciendo preguntas que fueran relacionadas con lo que estaban estudiando.

-Eso depende del número atómico del elemento. Por ejemplo, el hidrógeno tiene un protón y un electrón, porque su número atómico es uno.

Finn asintió lentamente, aunque su expresión aún era de ligera confusión.

-¿Y el helio?

-El helio tiene dos protones y dos electrones. Su número atómico es dos-respondió Fern, señalando el ejemplo en el libro.

-Esto es demasiado para mí-dijo Finn quien dejó escapar un suspiro exagerado y se recargó en la silla. Fern suspiró también, cerrando el libro con un golpe suave.

-Lo es porque no te estás esforzando, Finn. Vamos, solo necesitas prestar un poco más de atención. Si yo puedo entender esto, tú también puedes.

Finn lo miró con curiosidad.

-¿Tú eras bueno en Química?

Fern se encogió de hombros, evitando su mirada por un momento.

-Digamos que aprendí lo suficiente mientras estuve en la escuela. Aunque...-hizo una pausa pensando si debía decir algo más pero optó por dejarlo ahí-no soy un genio, pero sé un par de cosas-

Finn lo observó por un momento más antes de sonreír ligeramente.

-Bueno, entonces tengo esperanza. Vamos a intentarlo de nuevo.

El adolescente no pudo evitar reír entre dientes antes de abrir el libro una vez más.

-Eso es lo que quería oír. Ahora, volvamos a los electrones.


La noche estaba fresca cuando Marceline llegó a la casa de Simon y Betty. El pequeño jardín estaba iluminado por luces cálidas y desde el interior se podía escuchar música suave mezclándose con el tintineo de los platos. La joven sonrió levemente al ver la puerta entreabierta; era habitual de Simon dejarla así cuando esperaba visitas.

-¡Hola, chicos!-llamó Marceline al entrar dejando el estuche donde descansaba su bajo cuidadosamente junto a la puerta.

-¡Marceline! ¿qué tal?-la voz de Simon resonó desde la cocina antes de que el hombre apareciera con un delantal lleno de manchas de salsa-llegaste justo a tiempo. La cena está casi lista-

Betty apareció detrás de él con su característico cabello café en una coleta desordenada y una sonrisa cálida.

-Hola, cariño-la recibió la mujer dándole un abrazo-pasa, siéntete como en casa-

Marceline se dejó caer en una silla del comedor mientras Simon volvía corriendo a la cocina para revisar la comida. Betty se sentó frente a ella, observándola con curiosidad.

-Te ves muy pensativa el día de hoy-comentó Betty inclinándose ligeramente hacia adelante-¿todo en orden?-

-Supongo-respondió Marceline dando un suspiro mientras jugueteaba con un mechón de su cabello-es solo que... he estado pensando en alguien-

La mujer arqueó una ceja, pero antes de que pudiera preguntar de quien se trataba, Simon regresó con un plato lleno de pasta y se unió a la conversación.

-¿Alguien? es Bonnie ¿verdad?-preguntó Simon con una mezcla de sorpresa y dulzura en su tono.

Marceline se tensó ligeramente, pero no negó nada. A fin de cuentas, la pareja ya estaba al tanto de la historia que ambas chicas habían compartido.

-Sí-dijo la joven de largo cabello oscuro-me encontré con ella hoy y fue... raro-

-¿Raro en qué sentido?-preguntó Betty suavemente apoyando los codos sobre la mesa.

-Raro porque... pensé que nunca volveríamos a cruzarnos-Marceline tomó un bocado de su comida antes de responder, como si el tiempo extra le permitiera organizar sus pensamientos-y cuando lo hicimos, no sabía qué decir. Fue incómodo. Y... le prometí que hablaríamos otro día-

Simon asintió lentamente ajustándose las gafas mientras reflexionaba sobre lo que Marceline había dicho.

-Eso no es necesariamente malo, Marcy. Hablar puede ser incómodo pero también puede ser un primer paso importante.

-¿Y si no sé qué decir?-preguntó Marceline, bajando la mirada a su plato-¿y si todo lo que digo solo complica aún más las cosas entre nosotras?-

-Cariño, no necesitas tener todas las respuestas-la tranquilizó Betty tomando sus manos entre las suyas, su voz transmitía cierta calidez al hablar-Bonnibel probablemente se siente tan nerviosa como tú. Solo tienes que ser honesta, decir lo que sientes-

Marceline soltó una risa seca, apartando la mirada.

-No sé si ser honesta ayudará. La última vez que lo intenté... bueno, no terminó bien.

Simon se inclinó hacia adelante, y habló con su habitual tono tranquilizador.

-Las cosas no siempre salen bien a la primera-le aseguró-pero si ambas están dispuestas a intentarlo, eso ya dice mucho. Además, Bonnibel siempre ha sido una persona racional. Si la conoces tan bien como creo que lo haces, sabrás cómo llegar a ella.

Marceline sonrió levemente, aunque sus ojos aún mostraban una pizca de incertidumbre.

-¿Y si me rechaza? ¿y si no quiere que quedemos como amigas al menos?

-Entonces, al menos sabrás que lo intentaste-le dijo Betty dándole una mirada comprensiva-eso ya es más de lo que mucha gente puede decir-

La respuesta pareció calmar a Marceline quien finalmente dejó escapar un suspiro largo.

-Gracias, chicos-les agradeció ella sonriendo-no sé qué haría sin ustedes-

-Probablemente estarías tocando el bajo en el garaje de tu casa y comiendo pizza fría-bromeó Simon, ganándose una risa de parte de Marceline.

-O intentando evitar a tu padre, como siempre-añadió Betty, riendo también.

El resto de la cena transcurrió en un ambiente cálido lleno de recuerdos del pasado, anécdotas y risas. Aunque Marceline sabía que aún tenía mucho que resolver con Bonnibel, la conversación con Simon y su pareja le había dado algo que no había sentido en mucho tiempo: esperanza.


Mientras, Fern repasaba los conceptos básicos de la estructura del átomo. No pudo evitar notar la expresión de Finn: una mezcla de frustración y resignación. Era evidente que el chico se estaba esforzando pero también notó que no estaba acostumbrado a esforzarse realmente en las clases.

-Vamos, Finn-dijo Fern, señalando el dibujo que había hecho-míralo de esta forma: los electrones giran alrededor del núcleo como planetas alrededor del sol-

Finn ladeó la cabeza entrecerrando los ojos hacia la hoja de papel.

-Eso suena más fácil, pero… ¿por qué no se caen en el núcleo si están tan cerca?-preguntó. Fern sonrió, al menos ya estaba poniendo de su parte.

-Es por las fuerzas de atracción y repulsión-respondió el otro chico-recuerda: los protones tienen carga positiva, los electrones negativa, esas cargas opuestas se atraen. Pero los electrones también tienen energía, lo que los mantiene en movimiento y evita que se caigan en el núcleo-

Finn frunció el ceño, procesando la información que acababa de oír.

-Entonces… ¿es como cuando estás en una montaña rusa? ¿La fuerza que te mantiene en la vuelta?

Fern se detuvo por un momento sorprendido por la analogía.

-Exactamente-dijo, con una sonrisa genuina-es como esa fuerza-

-¿Lo ves? parece que sí entiendo algo después de todo-comentó Finn sonriendo con un toque de orgullo.

-¡Vaya milagro!-bromeó Fern, ganándose una risa breve por parte del otro chico junto a él. El ambiente en la sala comenzó a relajarse mientras continuaban trabajando. A medida que avanzaban, Fern no pudo evitar sentirse un poco intrigado por Finn. Aunque claramente no le gustaba estudiar, el chico tenía una forma despreocupada de abordar las cosas que lo hacía diferente de cualquier otra persona que hubiera conocido-oye, Finn…-dijo después de un rato cerrando el libro por un momento-¿por qué estás reprobando esta materia? ¿no prestas atención o qué sucede?-

Finn se tensó ligeramente ante la pregunta, desviando la mirada hacia la mesa.

-No lo sé. Supongo que… nunca fui bueno en esto.

Fern lo observó con curiosidad notando cómo Finn jugaba nerviosamente con el lápiz en sus manos.

-¿O es que algo más te está distrayendo?-preguntó Fern con un tono de voz más suave esta vez.

Finn elevó la mirada, sus ojos azules se encontraron con los de Fern por un momento. Dudó, como si estuviera considerando si debía decir algo más.

-Digamos que… las cosas no han sido fáciles últimamente.

Fern asintió lentamente, sin presionarlo para que dijera más.

.Bueno, al menos estás aquí intentándolo. Eso ya es un progreso.

-Gracias-dijo Finn sonriendo levemente agradecido por el cambio de tono.

El silencio que siguió fue cómodo, un contraste con la tensión inicial. Fern retomó el libro, señalando otro ejercicio.

-De acuerdo, terminemos con esto. Vamos a practicar con un ejemplo: ¿cuántos electrones tiene el carbono?

Finn sonrió con un poco más de confianza mientras intentaba recordar lo que Fern había explicado antes.

-Seis, ¿no?

Fern asintió satisfecho.

-Exacto. Mira, parece que sí estás aprendiendo.

Finn soltó una risa, aunque había un toque de genuina alegría en ella.

-Quizás no soy tan malo después de todo.

Fern no pudo evitar sonreír mientras escribía en su block de hojas. Aunque todavía había mucho trabajo por hacer algo en la dinámica entre ellos comenzaba a cambiar, algo que ambos aún no podían identificar del todo. Tomó su bolígrafo listo para anotar otro ejemplo. Justo cuando estaba por hablar, el sonido del teléfono de Finn llenó la sala.

-¿No piensas contestar?-preguntó Fern, arqueando una ceja mientras señalaba el teléfono.

Finn sacó el aparato de su bolsillo y miró la pantalla.

-Es mi mamá-dijo con un suspiro. Oprimió un botón y respondió la llamada-hola, mamá-

Fern aprovechó para revisar sus notas, pero no pudo evitar escuchar la conversación.

-¿Cuánto te falta?-la voz de Minerva sonaba ligeramente impaciente-la cena está lista, y si no llegas pronto, mañana no vas a querer salir de la cama en todo el día-

Finn rodó los ojos, aunque su tono fue más conciliador.

-Ya casi terminamos, mamá. Solo estamos… eh, resolviendo unos ejercicios.

Fern lo miró de reojo, sonriendo ligeramente al notar el intento de Finn de parecer más ocupado de lo que realmente estaba.

-Bueno, no te tardes más de diez minutos-dijo la mujer de cortos cabellos rubios al otro lado de la línea antes de colgar. Finn suspiró mientras dejaba el teléfono sobre la mesa.

-¿Todo bien?-preguntó Fern divertido.

-Sí, solo que si no llego pronto, mi mamá va a pensar que estoy planeando un escape o algo así-respondió Finn con una sonrisa nerviosa.

Fern soltó una pequeña risa.

-Supongo que eso significa que tendremos que terminar por hoy.

Finn asintió, empezando a guardar sus cosas dentro de su mochila verde.

-Sí, pero… esto no estuvo tan mal. ¿Podemos continuar otro día?-preguntó con una ligera esperanza de que el otro chico accediera. Fern asintió mientras guardaba el block de hojas dentro del cajón del escritorio.

-Claro-respondió éste igual de emocionado-¿qué te parece el martes?-

-El martes estaría bien-dijo Finn, poniéndose de pie-gracias por la ayuda-

-No hay problema, Finn-Fern sonrió mientras Finn abría la puerta para salir de la sala-nos vemos el martes-

Cuando Finn se fue, Fern permaneció en la sala en silencio por un momento pensando en la extraña pero agradable dinámica que había comenzado a formarse entre ellos.

El aire fresco de la noche acariciaba el rostro de Finn mientras regresaba a casa. El camino estaba tranquilo, apenas iluminado por las luces de la calle. Su mente, sin embargo, estaba lejos de la calma.

Fern...

El nombre resonaba en su cabeza, acompañado por la imagen del chico inclinado sobre el libro, analizando el contenido, explicándole con paciencia lo que debía aprender. Finn no pudo evitar sonreír ligeramente.

-Es amable-murmuró para sí mismo pateando una pequeña piedra en su camino-y tiene algo... diferente… no sé qué puede llegar a ser…-

Era extraño. Apenas conocía a Fern, pero ya sentía una conexión, algo que no podía definir con claridad. Ese pensamiento lo inquietaba, pero también lo hacía sentir algo cálido en el pecho. Al llegar a su casa, la luz del porche estaba encendida, indicando que su madre se encontraba dentro. Finn estuvo a punto de subir la pequeña escalera que daba al porche para entrar directo a casa; sin embargo, decidió desviarse al pequeño callejón en un costado de su casa antes de entrar.

-¡Jake!-llamó silbando ligeramente. El perro corrió hacia él con la lengua fuera y el entusiasmo de siempre. Finn se agachó para acariciarlo, dejando que el calor del momento lo ayudara a despejar su mente-¿sabes, amigo?-dijo mientras lanzaba un palo para que Jake lo atrapara-hoy no fue tan malo-

Jake regresó con el palo, moviendo la cola. Finn se rió y lo abrazó brevemente antes de mirar al cielo.

A pocos metros, entre las sombras, una figura femenina de cabellos verde esmeralda observaba la escena, era la quiromántica de la fiesta, la cual sonrió cruzándose de brazos mientras seguía a Finn con la mirada.

-Así que ya comenzó-susurró para sí misma, podía sentirlo claramente. El corazón de Finn comenzaba a vibrar con algo nuevo, y la energía que rodeaba a ambos chicos era inconfundible-pronto... solo es cuestión de tiempo-murmuró con una sonrisa antes de desaparecer en las sombras, dejando a Finn y Jake continuar con su momento.