Advertencia: Este capítulo puede contener referencias al suicidio y pensamientos depresivos, si pasaste por algo similar o sigues pasando por ello, te aconsejo de todo corazón no leer la primera parte y saltarte directamente a lo que pasa después.

O sino también puedes esperar hasta que llegue otro capítulo ya que el que sigue después de este es un especial que no tiene mucha relevancia en la trama.


Capítulo 14: Sesión de estudio [Parte II] (+18)

Ese martes por la mañana, Finn se despertó con pocos ánimos y afligido, muy afligido. Sucede que, como todos los días de la semana, le tocaba otro día de lenta agonía en la escuela. Emitió un gruñido de frustración al ver la alarma de su teléfono y volvió a esconderse debajo de las sábanas de su cama para poder pensar en un plan, en eso se le ocurrió que si fingía sentirse mal o no tener las suficientes ganas para ir a la escuela podría convencer a su madre de quedarse en casa.

Sintió un peso en el pecho que no podía ignorar. La escuela no era solo una rutina para él; se había convertido en un campo de batalla emocional, un lugar donde tenía que sobrevivir a base de silencio y evitar el contacto con los demás.

Jake, quien había entrado por la ventana de su habitación la noche anterior para dormir a los pies de su cama, levantó la cabeza y soltó un pequeño bostezo, como si pudiera comprender la lucha interna de su amigo.

-¿Qué dices, Jake? ¿Crees que pueda convencer a mi mamá para quedarme hoy?-murmuró Finn acariciando la cabeza del perro con pereza. Jake ladeó la cabeza y le lamió la mano en respuesta.

Con un plan improvisado, Finn se levantó de la cama arrastrando los pies mientras salía de su habitación en busca de su madre. La encontró en la pequeña cocina, preparando el desayuno y hojeando algunos documentos del hospital.

-Buenos días, cariño-dijo ella sin apartar la vista de sus notas.

-Buenos días, supongo…-respondió el chico rubio con la voz apagada, recargándose en el marco de la puerta. Minerva alzó la mirada al escuchar su tono y frunció ligeramente el ceño.

-¿Qué pasa? ¿dormiste mal?

-No lo sé, mamá-Finn bajó la mirada intentando parecer más cansado de lo que realmente estaba-no me siento muy bien, no tengo ganas de ir a la escuela-

-¿Y eso a qué se debe?-Minerva dejó los papeles a un lado y caminó hacia él, colocando una mano en su frente para corroborar su temperatura-hmm, no tienes fiebre-dijo con una mezcla de preocupación y escepticismo-¿seguro que no es otra cosa?-

-No lo sé…-murmuró Finn observando hacia otro lado-solo… no tengo muchas ganas de ir hoy-

Minerva lo observó detenidamente, como si intentara leer más allá de sus palabras. Finalmente, suspiró y volvió a su lugar junto a la cafetera.

-Finn, sé que no siempre es fácil, pero no puedes evitar la escuela cada vez que te sientas así-ya hemos hablado de esto antes, quieras o no, tienes que ir a la escuela ¿o ya olvidaste que hiciste una promesa?-

El chico frunció el ceño, evitando su mirada. Sabía exactamente a qué se refería.

-Solo será por hoy, mamá-levantó la mirada hacia su madre, con una mezcla de frustración y suplica-te prometo que mañana iré-

-Tienes sesión de estudio hoy-le recordó la mujer de cortos cabellos rubios-Fern se está tomando el tiempo para ayudarte, y tú me prometiste que te esforzarías en mejorar en Química y recuperar ese examen reprobado-

-Lo sé, pero...-intentó Finn, pero Minerva levantó una mano, interrumpiéndolo.

-Nada de "peros". Si te quedas en casa, no resolverás nada. Ahora, levántate, desayuna y prepárate-Finn suspiró con resignación sabiendo que no tenía escapatoria, entró a la cocina y tomó un par de tostadas que Minerva había dejado en un plato junto con unos huevos revueltos. Jake, siempre atento, se escondió detrás de la entrada a la cocina esperando a que su amigo le arrojara algún trozo de su tostada-sé que a veces puede ser difícil, Finn. Pero no puedes rendirte así nada más. Confío en que puedes con esto-

Finn no respondió, simplemente asintió mientras terminaba su desayuno. Minerva volvió a su cafetera, dándole espacio, pero su preocupación por él era evidente.

Una vez que terminó de desayunar, Finn fue a su habitación, se alistó rápidamente y tomó su mochila.

-Nos vemos luego, mamá-dijo con Jake saliendo por la puerta como si quisiera acompañarlo.

-Que tengas un buen día-respondió Minerva, aunque no podía ocultar la preocupación en su voz.

Apenas Finn salió de su casa y caminó hacia la parada del autobús, el peso del día que le esperaba comenzó a caer sobre él. Pero al menos (y gracias al consejo de su madre) por ahora, lo enfrentaría.

Por otro lado, Bonnibel se encontraba en una pequeña cafetería en el centro de la ciudad esperando a alguien, miraba por la ventana que daba hacia la calle, golpeteaba la madera plastificada de la mesa con la cuchara del café, de vez en cuando controlaba su reloj de brazalete y zapateaba ligeramente el suelo.

-¿Dónde podrá estar?-pensó la mujer de cabello rosa mientras le daba un ligero sorbo a su café con leche-ya pasaron cinco minutos ¿qué le habrá pasado? le pedí que viniera a esta hora porque es el único espacio libre que tengo antes de trabajar, y además, hoy tengo que ir a visitar a mi hermanito-pensar en Neddy le arrancó un suspiro. La relación entre ellos no había sido la misma desde hacía tiempo, pero eso no significaba que no se preocupara por él. Sabía que tenía problemas, tanto físicos como mentales y sociales, durante sus primeros años de vida, ella siempre fue la única persona en la que pudo confiar. La culpa y la nostalgia la embargaban por igual. Bonnibel intentó distraerse observando el ambiente de la cafetería. Una pareja reía en una esquina mientras compartían una rebanada de pastel, un hombre de mediana edad escribía algo en una libreta con una concentración casi obsesiva, y una camarera recogía con rapidez los platos de una mesa cercana. Pero nada lograba calmar el ligero zapateo de su pie contra el suelo ni el nerviosismo que se reflejaba en su rostro. Volvió a mirar su reloj-tal vez debería llamarla-murmuró para sí misma, sacando su teléfono del bolso y desbloqueándolo con un movimiento rápido.

Justo cuando estaba a punto de marcar, la campanilla de la puerta sonó, a campanilla de la puerta resonó, llamando la atención de Bonnibel. Levantó la vista justo a tiempo para ver a Marceline entrar, su figura inconfundible destacaba entre los clientes habituales.

Su cabello negro caía despreocupadamente sobre los hombros, llevaba una chaqueta de cuero algo desgastada que en mi opinión le daba un aire rebelde pero familiar.

Marceline sonrió de lado al verla aunque su expresión reflejaba un deje de nerviosismo. Bonnie, quien había estado a punto de llamar por teléfono, dejó el aparato sobre la mesa y cruzó los brazos esperando a que la mujer se acercara.

-Hey, Bonnie-saludó Marceline al llegar a la mesa, inclinándose ligeramente hacia ella. Su tono era casual pero sus ojos reflejaban cierta incomodidad-perdón por el retraso, el tráfico… ya sabes cómo es-

Bonnibel levantó una ceja, pero finalmente suspiró, haciendo un gesto frente a la silla frente a ella.

-Siéntate, Marcy-Marceline obedeció acomodándose con un movimiento fluido. Dejó su mochila en el respaldo de la silla y se inclinó en la mesa, jugando con la cremallera de su chaqueta como si no supiera por dónde empezar-gracias por venir-dijo finalmente, rompiendo el silencio inicial-no estaba segura de que fueras a aceptar mi invitación-

-Claro que iba a venir. Tan solo tuve unos minutos de retraso, es todo-respondió la joven dejando escapar una risa suave, aunque no había mucha burla en ella-tú y yo… tenemos cosas pendientes ¿no es así?-

Bonnibel asintió lentamente mirando su taza de café por un momento antes de levantar la vista hacia ella.

-Sí, tenemos. Y creo que lo primero que debo decir es… lo siento-Marceline se quedó un poco perpleja ante esas palabras.

-¿Lo sientes?-preguntó confundida-¿por qué? soy yo la que debería disculparse en primer lugar-

Para ser sincera, no esperaba algo así. Tal vez esperaba una charla tensa, incluso una discusión. Pero disculpas… no.

Bonnibel la miró con una pequeña sonrisa triste, pero negó con la cabeza.

-No, Marcy. Lo que pasó entre nosotras… no fue solo culpa tuya. Yo también cometí errores.

-Tal vez-Marceline se recargó en la silla cruzando los brazos mientras analizaba las palabras de la joven-pero fui yo quien dejó que todo se saliera de control. Siempre te ponía en segundo plano, siempre prioricé otras cosas antes que a ti, como mi música, por ejemplo-

Había algo inusual en los ojos de Marcy, una mezcla de dolor y honestidad que era imposible de ignorar.

-Y yo siempre fui demasiado exigente contigo-interrumpió Bonnibel, su tono más firme esta vez-siempre esperaba que fueras perfecta, que supieras exactamente lo que quería o necesitaba sin que yo dijera nada. Eso no fue justo-

Un pesado silencio cayó entre ambas, pero esta vez no era incómodo. Era el tipo de silencio que viene cuando ambas partes se percatan de cuánto tiempo llevaban sin compartirlo. Finalmente Marceline dejó escapar un largo suspiro, perdiéndose en la vista que ofrecía la ventana y entre las personas que pasaban por la calle por un momento antes de regresar a Bonnibel.

-Supongo que ambas fuimos un desastre ¿no?

-Creo que sí-respondió Bonnie con una leve risa que no alcanzaba a ocultar la tristeza detrás de sus palabras-aun así eso no significa que no me importaras. Siempre lo hiciste, Marcy-

Marceline se quedó en silencio, sus ojos buscando los de la joven de cabello rosa como si quisiera asegurarse de que esas palabras fueran reales. Cuando finalmente habló, su voz fue apenas un susurro.

-Tú también me importaste, Bonnie. Siempre-ambas se quedaron mirándose por un largo momento, como si intentaran encontrar algo en la otra que no hubieran visto antes. Pero antes de que el ambiente se volviera demasiado tenso, Marceline sonrió de lado, rompiendo el momento con su característico humor-bueno, al menos ahora sabemos que somos igual de tercas-

Bonnibel rió suavemente, negando con la cabeza.

-Sí, creo que siempre lo supimos.

Marceline se inclinó hacia adelante, cambiando de tema con una voz un poco más animada.

-Oye, hablando de cosas importantes… quiero invitarte a algo.

-¿A algo?-preguntó Bonnibel ladeando la cabeza con curiosidad.

-Mi banda va a tocar en el festival de rock local-dijo Marceline sacando un volante del festival y lo deslizó por la mesa hacia la joven de cabello rosa-antes de que lo digas, no es una cita ni nada por el estilo-añadió rápidamente, levantando las manos como si quisiera aclararlo-pero sería genial que estuvieras allí para apoyarme-

Bonnibel tomó el volante, leyendo la información mientras Marceline la observaba atentamente, intentando no parecer demasiado ansiosa.

-"Marceline & The Scream Queens" ¿eh?-dijo Bonnibel con una pequeña sonrisa, levantando la vista hacia ella.

-Sí, ya sabes… un nombre humilde.

Bonnibel dejó escapar una breve carcajada y luego asintió.

-Está bien, Marcy. Iré.

La sonrisa que iluminó el rostro de Marceline en ese momento era tan genuina que hizo que el pecho de Bonnibel se sintiera un poco más ligero.

-Gracias, Bonnie-dijo Marceline, su voz cargada de sinceridad-significa mucho para mí-

Tal vez, solo tal vez, este sería el primer paso para una posible reconciliación.

El resto de la conversación fluyó con más naturalidad, con ambas compartiendo pequeños detalles de sus vidas actuales y evitando cuidadosamente los temas más difíciles. Aunque todavía había heridas que sanar, ese encuentro fue un paso en la dirección correcta. En el fondo, ambas sabían que el festival sería un momento importante, no solo por la música sino también para la relación que alguna vez compartieron.

Desde el momento en que Finn entró al salón de clases, sintió las miradas de los demás estudiantes sobre él, haciéndolo sentir incómodo. Sabía que algo andaba mal, pero no podía señalar exactamente qué, y no fue hasta que se acercó a su lugar cuando lo vio: insultos pintados en grandes letras negras y rojas cubrían toda la parte superior de su pupitre.

PERDEDOR.

RARO.

MARICA.

NO SIRVES PARA NADA.

MÁTATE.

Y otros mensajes igual de hirientes se extendían como un recordatorio cruel de cómo lo veían los demás. Finn tragó saliva sintiendo un nudo en su garganta, intentó ignorar aquello pero las risas ahogadas de sus compañeros lo envolvieron como un zumbido insoportable, tomó su gorro y comenzó a borrar los insultos allí escritos, claramente sin éxito mientras murmuraba maldiciones para sí mismo.

-Vamos, Finn. Ni que fuera tan grave-se burló uno de los bullies de su clase llamado Jamaica desde el fondo del salón-seguro que se limpia con un poco de esfuerzo… cómo tú-

Las risas se hicieron más fuertes, Finn sintió su rostro arder de vergüenza. Phoebe, quien había estado observando la escena en silencio, finalmente se levantó de su asiento.

-¡YA CALLÉNSE!-gritó dirigiéndose al agresor con los brazos cruzados-¿qué tan patéticos tienen que ser para hacer algo como eso?-

El pequeño grupo de bullies se miró entre ellos, encogiéndose de hombros con sonrisas burlonas.

-Tranquila, princesa-dijo uno de ellos-solo es una broma inofensiva-

-Pues a mí no me parece divertido-replicó Phoebe-algún día sus "bromas inofensivas" como así les dicen, se van a salir de control…-

Pero antes de que la chica pudiera continuar, la puerta del salón de clases se abrió y Simon entró con una pila de libros en los brazos.

-¿Qué está pasando aquí?-preguntó el hombre de gafas con voz firme observando a los estudiantes. Las risas cesaron al instante, y todos fingieron estar ocupados con sus cosas.

Finn regresó a su asiento aún con los insultos escritos en frente de él, sintiendo cómo cada letra estaba grabada en su piel. Simon comenzó la clase pero el adolescente apenas podía concentrarse. Las palabras del profesor pasaron como un eco lejano mientras él miraba fijamente su escritorio, luchando contra el peso que sentía en el pecho.

La clase de matemáticas fue el siguiente golpe, Finn llegó tarde, arrastrándose hasta su asiento. La profesora, una mujer poco tolerante, con el cabello marrón recogido en coletas, gafas de color azul, y una cadena de joyas rojas en la cabeza, lo llamó casi de inmediato.

-Sr. Mertens, ya que parece tan interesado en ser el centro de atención, venga a la pizarra y copie las respuestas de los ejercicios asignados de tarea.

El chico rubio se levantó con desgana sintiendo las miradas de sus compañeros clavadas en su espalda mientras caminaba hacia el frente. Tomó la tiza y comenzó a escribir, con su letra desordenada, las respuestas que había logrado completar. Mientras lo hacía, Mark (uno de los bullies) aprovechó la distracción general para levantarse de su asiento, en su mano llevaba una lata de pintura en aerosol, que agitaba suavemente mientras se acercaba a Finn. Los murmullos y risas comenzaron a llenar el salón, aunque la profesora se encontraba demasiado ocupada revisando tareas de otras clases como para darse cuenta de lo que pasaba en el salón.

Finn, sintiendo las risas detrás de él, miró de reojo por encima del hombro intentando descifrar qué estaba pasando. Al no ver nada fuera de lo común, volvió a concentrarse en la pizarra.

Fue ahí cuando sintió el frío y pegajoso rocío de pintura en la parte trasera de su cabeza y su espalda. El sonido del aerosol llenó el aula, seguido por un estallido de carcajadas. Finn giró bruscamente, llevándose una mano al cabello y la otra a la espalda, sintiendo la pintura azul que goteaba por su camiseta.

-¡¿Qué rayos estás haciendo?!-gritó el chico sintiendo su voz quebrarse ante la indignación y la humillación. Mark levantó sus manos como si fuera inocente, dándole una sonrisa burlesca.

-Relájate, solo trataba de darle un poco de color a tu vida. Ahora te ves más interesante.

-¡SILENCIO!-gritó la profesora levantándose de golpe al tiempo que golpeaba su escritorio con la palma de su mano, sus ojos lanzaron dagas hacia el bully y todos los presentes en el salón de clase-¡usted, fuera de aquí! ¡A la oficina del director ahora mismo!-los chicos se levantaron de sus lugares aun riendo entre dientes mientras Finn permanecía inmóvil frente a la pizarra con las manos temblorosas y los ojos llenos de lágrimas que se negaba a dejar caer-Sr. Mertens, siéntese-ordenó, su voz más suave esta vez.

Finn volvió a su asiento, ignorando las miradas y susurros de sus compañeros. La pintura seguía fresca en su cabello y ropa, un recordatorio físico de su humillación.

El resto de la clase pasó en un borrón de palabras y números que no era capaz procesar.


Cuando finalmente sonó el timbre, Finn salió corriendo del aula, con Jake siguiéndolo de cerca, preocupado por su dueño. La piedra que tenía dentro de su pecho se apretó aún más mientras corría, buscando escapar del lugar que ahora se sentía como una prisión. Salió corriendo de la escuela, el sonido de las risas de sus compañeros resonaban aún en su mente como un eco cruel, sus piernas se movían casi por instinto, llevando su cuerpo lejos del lugar que ahora parecía más una trampa que un refugio. Jake lo seguía, ladrando frenéticamente, incapaz de comprender qué estaba sucediendo pero sabiendo que algo no estaba bien.

-JAKE ¡VETE A CASA!-gritó Finn sin siquiera mirarlo, su voz se ahogaba mientras sentía las lágrimas comenzar a caer por sus mejillas. Pero Jake no se detuvo, el perro de pelaje amarillo-anaranjado lo siguió a toda velocidad, con el corazón latiendo fuerte dentro de su pequeña caja torácica, decidido a no dejar solo a su amigo. Después de correr por varios minutos, Finn se detuvo al llegar a la estación de tren. Su respiración era agitada, sus manos temblaban mientras se llevaba una al pecho, tratando de calmar el dolor que sentía ahí, como si alguien le hubiera injertado una piedra ahí. Observó a su alrededor: las vías del tren extendiéndose hacia el horizonte, las pocas personas en el andén esperando su transporte, ajenas a su existencia-¿porqué estoy aquí?-se preguntó aunque ya conocía la respuesta.

Sus pensamientos se volcaron en espiral: las burlas, los insultos, la pintura en su ropa, y la risa... esa risa cruel que lo perseguía como un fantasma.

Jake lo alcanzó, jadeando mientras lo miraba con preocupación. Ladró como si intentara hablarle, sacarlo de ese trance pero Finn apenas lo notó. Sus ojos azules, húmedos por las lágrimas, estaban clavados en las vías, su mente intentando luchar contra un pensamiento oscuro que no podía expulsar.

Tal vez si no estuviera aquí, las cosas serían más fáciles para todos…

Jake ladró más fuerte casi desesperado. Al ver que no lograba captar su atención, comenzó a correr entre las personas en el andén, ladrando con insistencia pero nadie le hacía caso. Unos lo ignoraban, otros lo miraban con molestia, y algunos incluso se apartaban como si fuera un simple perro ruidoso.

Entonces, Jake tuvo una idea. Su instinto lo llevó a correr lo más rápido que pudo, saliendo de la estación y dirigiéndose hacia un parque cercano. Allí, entre las sombras de los árboles, estaba Fern, sentado en un banco con su guitarra sobre las piernas, afinando las cuerdas mientras tarareaba en voz baja.

Jake se detuvo frente a él, ladrando sin parar.

-¿Jake? ¿qué haces aquí? ¿qué pasa, amigo?-preguntó Fern frunciendo el ceño al ver la agitación del perro. Jake jaló de su pantalón hacia un lado. El chico rubio con las puntas teñidas de verde dejó su guitarra a un lado, poniéndose de pie-¿quieres que te siga?-el perro ladró de nuevo y comenzó a correr. Fern dudó por un momento, pero algo en los ladridos de Jake lo convenció de seguirlo-¡ESPERA!-gritó tomando su guitarra con una mano y colgándosela al hombro mientras corría detrás del perro. Jake lo condujo hacia la estación, zizagueando entre la multitud. Cuando Fern llegó, se detuvó casi al instante al ver a Finn parado en el borde de la plataforma, mirando atentamente a las vías, vio como el chico respiraba hondo, soltaba aire para calmar su corazón acelerado y colocaba un pie fuera de la plataforma dispuesto a saltar-¡FINN!-gritó corriendo hacia él.

Finn giró apenas la cabeza, reconociendo la voz pero no hizo ningún movimiento para alejarse del borde.

-Déjame en paz, Fern-murmuró, su voz apagada, rota.

Pero Fern no iba a escucharlo. En un impulso, corrió hacia Finn y lo rodeó con los brazos, jalándolo hacia atrás con todas sus fuerzas. Ambos cayeron al suelo de la plataforma con un golpe seco.

Mientras el tren pasaba y se detenía en el andén, Finn comenzó a forcejear de inmediato, intentando zafarse del agarre de Fern.

-¡DÉJAME IR!-gritó empujándolo con todas sus fuerzas mientras sus piernas pataleaban su cuerpo en un intento por apartarlo-¡DÉJAME, FERN!-

-¡No voy a soltarte!-gritó Fern sujetándolo con más fuerza mientras sus ojos verdes se llenaban de frustración-¡¿qué demonios crees que estás haciendo, Finn?!-

Finn intentó golpearlo pero sus movimientos eran torpes, descoordinados por el torrente de emociones que lo invadía.

-¡Suéltame!-repitió entre sollozos pero Fern no cedió.

-¡¿En serio pensabas saltar?!-Fern lo zarandeó ligeramente, su tono de voz se oía tan alterado como su respiración-¡¿pensabas quitarte la vida por algo que ni siquiera merecía la pena?!- Finn se detuvo de repente, su resistencia cesando mientras las palabras de Fern lo atravesaban como un rayo. Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, y su pecho subía y bajaba agitadamente, incapaz de contener más tiempo el dolor que había estado reprimiendo-¡RESPÓNDEME, FINN!-insistió todavía con su tono de voz aún elevado-¡dime en qué estabas pensando!-pero Finn no podía hablar. Las palabras se ahogaron en su garganta mientras las lágrimas comenzaron a correr por su rostro. Un sollozo escapó de sus labios, y luego otro, hasta que finalmente rompió en llanto, enterrando el rostro en sus manos. Fern se quedó inmóvil por un momento, sus manos aun aferrándose a los hombros de Finn. Su rabia comenzó a desvanecerse al ver el estado en el que estaba su amigo. Con un suspiro tembloroso, lo atrajo hacia sí, dejando que Finn apoyara la cabeza en su pecho mientras él lo rodeaba con sus brazos-está bien…-dijo esta vez con un tono más bajo, aunque aún quebrado por la agitación-ya está, Finn. No tienes que hablar ahora. Estoy aquí-Jake, que había estado ladrando frenéticamente, se acercó y comenzó a lamer las manos de Finn con suavidad, gimiendo como si intentara consolarlo. Finn levantó una mano temblorosa para acariciar al perro, encontrando un pequeño consuelo en su calidez. Fern lo sostuvo durante varios minutos sin importarle las miradas curiosas de las personas en la estación, cuando Finn finalmente comenzó a calmarse, Fern se apartó lo suficiente para verlo a los ojos-vamos-dijo con una firmeza amable-te llevaré al edificio donde vivo, puedes tomar un baño, despejarte un poco y… podemos lavar tu ropa ¿qué dices?-Finn lo miró, sus ojos todavía enrojecidos pero asintió lentamente. No tenía fuerzas para protestar, y, en el fondo, sentía que necesitaba esa pausa, esa ayuda. Fern se levantó extendiéndole una mano. Cuando Finn la tomó, el chico lo ayudó a ponerse de pie, asegurándose de que Jake estuviera junto a ellos-no me voy a ir, Finn-añadió Fern mientras comenzaban a caminar hacia la salida de la estación-pase lo que pase, no te voy a dejar solo-

Finn no respondió pero un pequeño brillo de gratitud apareció en sus ojos mientras seguía a Fern, dejando atrás las vías y el peso de lo que casi había sucedido.

El camino hacia el edificio de apartamentos fue en su mayoría silencioso, Finn mantenía la cabeza gacha con las manos en los bolsillos de su abrigo celeste mientras Jake caminaba junto a él, ocasionalmente rozando su pierna como si quisiera asegurarse de que su amigo aún estaba allí. Por otra parte, Fern no dejaba de lanzar miradas furtivas hacia el chico como si temiera que éste pudiera desmoronarse en cualquier momento. Finalmente, decidió romper con la atmósfera tensa.

-Oye…-comenzó rascándose la nuca-si quieres hablar de lo que pasó, puedes hacerlo-

Finn negó con la cabeza.

-No quiero hablar de eso ahora…-murmuró apenas en un susurro.

-Está bien-Fern asintió respetando su decisión. Pero no podía permitir que las cosas quedaran así-está bien. Solo… quiero que sepas que lo que hiciste hoy… bueno, casi hiciste, no es la solución-

Finn se detuvo por un momento mirando al suelo.

-¡¿Y cuál es la solución, Fern?! Porque yo no la veo.

Fern apretó los labios sintiendo un nudo en el estómago. No tenía una respuesta perfecta, pero sabía que no podía dejar que Finn pensara que estaba solo en esto.

-No lo sé, Finn-admitió finalmente-pero no tienes que enfrentarlo solo-Finn no respondió, pero esa pequeña chispa de sinceridad en las palabras de Fern pareció aliviar un poco el peso en su pecho. Retomaron la marcha en silencio con Jake tropezando ligeramente con sus pasos, como si compartiera la tensión entre ellos. Cuando llegaron al edificio, Fern sacó las llaves y abrió la puerta principal-ven, subamos-dijo, haciendo un gesto para que Finn lo siguiera. El pasillo estaba tan silencioso como siempre y los pasos de ambos resonaban levemente en el suelo, al llegar a la puerta con la placa que decía "Baño", Fern abrió la puerta dejando pasar a Finn primero-anda, ve a darte un baño-dijo con un tono suave, señalando una bañera en el lado derecho-si quieres, puedo buscar algo de ropa limpia mientras tanto-

Finn lo miró por un momento, sintiendo una mezcla de gratitud y vergüenza. No estaba acostumbrado a que alguien más lo cuidara de esa manera, y aunque le costaba admitirlo, lo agradecía.

-Gracias, Fern…-murmuró antes de que saliera del baño, cerrando la puerta detrás de él.

Apenas se quedó a solas en aquel cuarto de baño, el adolescente miro hacia la bañera y luego al espejo que colgaba encima del lavabo. Su reflejo lo miraba de vuelta, pero parecía un extraño.

Se quitó el abrigo, luego la camiseta notando las manchas de pintura azul que todavía estaban presentes en la tela y parte de su cabello.

Sentí como si los insultos que había recibido esta mañana estuvieran tatuados en mi piel, imposibles de borrar.

Al mirar más de cerca, pudo ver las manchas que la pintura había dejado en su cuello y brazos, pequeñas huellas de un día que preferiría olvidar. Las lágrimas amenazaron con brotar nuevamente, pero las reprimió, concentrándose en lo que Fern le había dicho antes.

"No tienes que enfrentarlo solo"

Esas palabras seguían resonando en su mente, mezclándose con sus propios pensamientos caóticos. Aunque aún se sentía atrapado en su propio dolor, había algo en la sinceridad de Fern que le daba una pizca de esperanza. Se quitó el resto de la ropa con movimientos torpes, arrojándola en un rincón del baño antes de entrar en la bañera. Giró las perillas del agua caliente y fría hasta que encontró la temperatura adecuada, dejando que el agua comenzara a llenar el espacio.

Mientras el vapor llenaba el cuarto, Finn cerró los ojos y se dejó caer en la bañera, el agua caliente comenzando a aliviar el frío que parecía haberse instalado en sus huesos. Jake ladró levemente desde el otro lado de la puerta, como si quisiera asegurarse de que estaba bien, lo que arrancó una pequeña sonrisa a Finn.

Por primera vez en lo que parecía ser un día eterno, comenzó a relajarse. El agua caliente fluía sobre su piel, envolviéndolo en una nube de vapor que llenaba el pequeño cuarto de baño; no obstante, aunque el calor comenzaba a aliviar la rigidez de sus músculos, su mente seguía atrapada en un torbellino de emociones: los insultos en el escritorio, las crueles risas de sus compañeros, la pintura azul manchando su ropa y cabello… todo seguía latente en su memoria, como si estuviera reviviendo esos momentos una y otra vez.

Llevó una mano al cabello frotándolo ligeramente, pero se detuvo cuando sintió las manchas secas de pintura aún pegadas en algunos mechones. Sus manos temblaron mientras las bajaba, dejando que el agua continuara cayendo sobre él.

-¿Por qué... por qué siempre yo?-susurró para sí mismo, su voz apenas audible sobre el sonido del agua.

El peso del día lo golpeó nuevamente, y Finn sintió cómo sus ojos azules, que solían ser tan brillantes, comenzaban a llenarse de lágrimas. Pero antes de que pudiera derrumbarse por completo, un suave golpe en la puerta lo sacó de sus pensamientos.

-Finn, soy yo-dijo Fern desde el otro lado de la puerta, su tono tranquilo pero cargado de preocupación-voy a entrar un momento-Finn no respondió, simplemente se giró ligeramente hacia el sonido de la voz de Fern. La puerta se abrió con cuidado, dejando entrar a Fern con un cambio de ropa doblado en sus manos-te traje algo para que te pongas cuando termines-dijo mientras dejaba la ropa sobre una repisa cercana-también llevé tu ropa sucia al cuarto de lavado. Se verá como nueva cuando termine el ciclo-Fern se giró para salir, pero se detuvo al notar que Finn ni siquiera había comenzado a limpiarse. El agua seguía corriendo, pero el chico estaba sentado en la bañera con la cabeza gacha, completamente inmóvil-Finn... ¿estás bien?-preguntó dando un paso más cerca. Finn levantó la mirada lentamente, sus ojos rojos por las lágrimas contenidas. Fern frunció el ceño, inclinándose hacia él-déjame ayudarte-añadió suavemente, arrodillándose junto a la bañera.

Antes de que Finn pudiera protestar, Fern tomó una esponja y comenzó a frotar suavemente su cabello, eliminando los restos de pintura azul. El gesto era torpe pero lleno de cuidado, y Finn no pudo evitar sentirse abrumado por la amabilidad inesperada.

-No tienes que hacer esto...-murmuró Finn con su voz quebrada.

-Claro que sí-respondió Fern sin detenerse-todos necesitamos a alguien que nos cuide de vez en cuando-

Mientras Fern continuaba limpiándolo, Finn se quedó en silencio, su mente regresó al momento en la estación de tren. Había estado tan cerca de acabar con todo, tan convencido de que no había otra salida. Pero ahora, al estar allí, siendo cuidado por alguien que realmente parecía preocuparse por él, ese pensamiento lo llenaba de una tristeza aún más profunda.

El nudo en su pecho finalmente se deshizo, y las lágrimas comenzaron a caer, primero en silencio, luego con fuerza. Finn se cubrió el rostro con las manos, tratando de contener los sollozos, pero era inútil.

Fern dejó la esponja a un lado, alarmado al ver la reacción de Finn. Sin pensarlo dos veces, se inclinó hacia él y lo rodeó con los brazos, permitiendo que Finn apoyara la cabeza en su pecho.

-Está bien... déjalo salir-susurró Fern pasando una mano por el cabello húmedo de Finn en un gesto reconfortante. Finn lloró con fuerza, aferrándose a la camisa de Fern como si fuera un salvavidas, su salvavidas.

-Creí... creí que era la única forma... que nadie se preocuparía...-pronunció entre sollozos, las palabras comenzaron a salir, entrecortadas pero llenas de emoción.

-Eso no es cierto-dijo Fern, su voz temblando ligeramente por la intensidad del momento-me preocupo, Finn. Yo me preocupo por ti-

Las palabras de Fern parecieron atravesar el caos emocional de Finn, y aunque el llanto continuó por un rato más, algo dentro de él comenzó a calmarse. Por primera vez en mucho tiempo, no se sentía completamente solo.

Finalmente, el adolescente levantó la cabeza, su rostro aún húmedo por las lágrimas y el agua del baño.

-Gracias, Fern... de verdad... gracias.

El rubio con las puntas teñidas de verde sonrió levemente, su mano todavía estaba apoyada sobre el hombro de Finn.

-Siempre, Finn. Estoy aquí para ti, pase lo que pase.

Cuando Finn salió del baño unos minutos después, llevaba una camiseta gris un poco grande y unos pantalones deportivos que claramente pertenecían a Fern. Su cabello húmedo caía sobre su frente, pero había un poco más de color en sus mejillas.

-Gracias, Fern-volvió a decir Finn por enésima vez ese día, mirándolo con una mezcla de incomodidad y agradecimiento.

-No es nada, en serio-respondió Fern sentado en una esquina de la cama en aquel reducido apartamento-¿cómo demonios alguien puede pensar que eso es una broma?-

Finn bajó la mirada, jugando con el dobladillo de la camiseta mientras su voz temblaba ligeramente.

-Ellos… siempre piensan que todo es una broma cuando se trata de mí.

Fern sintió una punzada en el pecho, pero decidió no responder de inmediato. Sintió una mezcla de rabia hacia los bullies y tristeza por el peso que Finn estaba cargando. Quería decir algo, algo que pudiera arreglarlo, pero las palabras no llegaban con facilidad. Finalmente, dejó escapar un suspiro, frotándose la nuca mientras buscaba la forma adecuada de responder.

-Ellos son unos idiotas-dijo Fern finalmente, su tono de voz era firme pero no agresivo-no tienen idea de quién eres realmente. Y no merecen que les des ni un segundo más de tu vida-

Finn levantó la vista, sorprendido por la intensidad en las palabras del otro chico. Era extraño cómo alguien que no lo conocía tanto parecía entenderlo mejor que la mayoría de las personas a su alrededor.

-No es tan fácil, Fern...-respondió después de un momento, su voz temblando ligeramente-no sé cómo… cómo dejar de sentir que tienen razón-

Fern se inclinó hacia adelante apoyando los codos en sus rodillas mientras lo miraba directamente a los ojos.

-Escúchame, Finn. Nadie tiene derecho a decirte quién eres o cuanto vales, solo tú puedes decidir eso. Y no importa cuánto te hagan sentir lo contrario, siempre habrá personas que verán quién eres realmente.

Finn tragó saliva, sintiendo cómo sus ojos volvían a llenarse de lágrimas, pero esta vez no por tristeza, sino por la sinceridad en las palabras de Fern.

-Tú… ¿me ves así?-preguntó Finn, su voz apenas un susurro.

Fern se quedó en silencio por un momento como si estuviera considerando cuidadosamente su respuesta. Luego asintió lentamente, una leve sonrisa apareció en su rostro.

-Sí, Finn. Te veo.

El peso de esas palabras cayó sobre Finn como un bálsamo, aliviando ligeramente el dolor que había estado cargando todo el día. Se dejó caer en la cama junto a Fern, su cabeza recostándose sobre el colchón mientras miraba al techo. Jake, que había estado observando desde un rincón, se acercó y apoyó su cabeza en las piernas de Finn, provocando una pequeña risa por parte del chico.

-Gracias… otra vez-dijo Finn, girando la cabeza para ver a Fern.

El chico sonrió levemente, pasando una mano por su cabello, despeinándolo aún más.

-Siempre, Finn. Siempre que lo necesites-por primera vez en todo el día, Finn sintió que las cosas podían estar un poco mejor. Aunque aún tenía un largo camino por recorrer, saber que tenía a alguien como Fern a su lado hacía que la carga fuera un poco más ligera. Luego de un par de minutos, Fern se levantó de su cama tras unos momentos de silencio compartido, sacudiéndose las manos como si estuviera preparándose para algo importante-muy bien-dijo con un tono más animado, intentando aliviar el ambiente-vamos a ponernos a trabajar-

-¿Trabajar? ¿En qué?-preguntó Finn observándolo confundido mientras acariciaba distraídamente la cabeza de Jake.

-En tus estudios, por supuesto-respondió Fern sacando un libro de Química de la pequeña mesita de noche junto a su cama-dijiste que querías mejorar en la materia ¿no? y no hay mejor momento para continuar que ahora-

-¿Ahora? ¿en serio?- Finn soltó un bufido, aunque había un toque de diversión en su expresión-Fern, casi me muero hoy-

Fern arqueó una ceja, sonriendo de lado.

-Exactamente. ¿Qué mejor manera de distraerte que resolviendo ecuaciones químicas y aprendiendo sobre electrones de Valencia?

Finn rodó los ojos pero no pudo evitar soltar una risa breve.

Me resulta imposible mantenerme completamente deprimido con Fern aquí conmigo, especialmente cuando se nota que está decidido a levantarme el ánimo.

-Está bien, está bien. Pero si me quedo dormido sobre el libro, es tu culpa.

Fern sonrió ampliamente y colocó el libro sobre la mesa junto con un par de hojas en blanco y un lápiz. Ambos se sentaron, y mientras Jake se acomodaba cerca de la puerta, Finn comenzó a trabajar bajo la guía de Fern. Aunque al principio la concentración de Finn era irregular, poco a poco se fue metiendo en el tema. Fern tenía una forma sencilla de explicar los conceptos, y sus comentarios ocasionales y bromas lograron arrancarle más de una sonrisa.

-Muy bien, genio-dijo Fern después de un rato, señalando un ejercicio en el libro-vamos con una pregunta sencilla ¿cuántos electrones de valencia tiene el oxígeno?-

Finn frunció el ceño, mordiéndose el labio mientras repasaba lo que acababan de estudiar.

-Um… ¿seis?-aventuró con una mezcla de duda y esperanza.

-¡Correcto! ¡Acertaste!-Fern le dio una palmada en el hombro-mira nada más, no eres tan torpe después de todo-

Finn hizo una mueca fingida aunque no pudo evitar reírse. Por un momento, había olvidado completamente el desastre que había sido su día. Después de un par de horas intentando entender las bases de química, Finn dejó caer el lápiz sobre el libro con un suspiro exagerado.

-Fern, creo que mi cerebro oficialmente se quemó-declaró dejándose caer hacia atrás sobre la cama con una expresión de falsa agonía. Fern soltó una risa ligera, cerrando el libro frente a él.

-Eso no está mal. Has mejorado un poco desde la última vez. Al menos ahora sabes cuántos electrones de valencia tiene el oxígeno-

Finn rió también, cubriéndose los ojos con el antebrazo.

-Milagro. Pero creo que necesito un descanso. ¿Qué hora es?

Fern miró el reloj despertador en su mesita de noche.

-Se hizo tarde como para que vuelvas a casa… ¿quieres quedarte aquí esta noche?-preguntó el chico rubio con las puntas teñidas de verde-no creo que quieras enfrentarte a tu madre ahora mismo-

Finn dudó por un momento, pero al mirar a Jake que ya estaba profundamente dormido, supo que no quería moverse de ese lugar.

-Está bien, pero tengo que avisarle.

-Dile que te quedarás a cenar y a pasar la noche aquí-le dijo Fern mientras Finn sentía un sonrojo aparecer en su rostro ante lo último dicho. Enseguida reaccionó, abrió su teléfono, marcó el número de su casa y su madre le respondió-¿h-hola, sí? ¿mamá? uh, sí, siento mucho por llamar a esta hora pero aún sigo en el apartamento de Fern, es que… hubo un contratiempo…-desvió la mirada hacia el otro chico quien se golpeó la frente con una mano, algún día tendría que enseñarle cómo mentir "con estilo"-me invitó a cenar ¿puedo quedarme?-

-¡Y a dormir también!-gritó el otro chico lo más fuerte que pudo para que Minerva lo escuchara.

-¡Claro que no, degenerado!-le contestó de la misma forma imaginando las cosas que pasarían para que Fern le insistiera tanto en quedarse a pasar la noche-¿hola, mamá? ¡sí! aún sigo aquí… no, escuchaste mal, era la radio que Fern tiene en el apartamento, estaba encendida… ¿cómo? Pero ¿por qué? ¿no vas a estar en casa o-…? Sí, está bien, entonces no me queda de otra… tendré que quedarme aquí… sí, eso era. Bueno, mañana estoy allá, nos vemos-

Colgó la llamada y soltó un suspiro.

-¿Y bien?-preguntó Fern quien se acomodó de forma que quedara sentado con las piernas apoyadas fuera de su cama-¿qué te dijo? ¿te quedarás aquí?-

-Me dijo que esta noche saldría con unos compañeros del hospital, así que mejor que ni me apareciera por la casa porque no va a volver hasta mañana-respondió Finn-ya que todo está solucionado ¿qué tal si pedimos algo de comer?-

-¿Algo como qué?-preguntó Fern arqueando una ceja.

-Pizza-respondió Finn con una amplia sonrisa, ya buscando algún restaurante en el servidor web de su teléfono-estoy muriendo de hambre y la pizza siempre soluciona todos los problemas-

El otro chico rubio lo observó, fingiendo duda.

-¿Seguro que esa es la mejor opción para un cerebro en crisis?

-Cállate y dame tu dirección exacta-replicó Finn, levantándose rápidamente para hacer el pedido. En menos de media hora, los dos estaban sentados en la cama con una caja grande de pizza entre ellos y Jake a sus pies, lanzando miradas esperanzadoras hacia los trozos de la corteza que caían ocasionalmente al suelo-es oficial, esto es lo mejor que me ha pasado hoy-comentó tomando un gran bocado de su trozo mientras suspiraba de felicidad.

Fern rió, asintiendo mientras se limpiaba una gota de queso derretido del dedo.

-Bueno, después del desastre que fue tu día, creo que te lo mereces.

Pasaron los siguientes minutos en una conversación ligera, compartiendo bromas y pequeños detalles de su día que no habían mencionado antes. La pizza desapareció rápidamente, y mientras Jake finalmente se rendía y se acostaba cerca, los dos chicos se acomodaron en la cama para seguir hablando.

-¿Sabes? Siempre he querido salir de esta ciudad algún día-dijo Fern después de un rato, rompiendo el silencio mientras miraba al techo-no sé a dónde, pero algo me dice que aquí no es donde quiero quedarme para siempre-

Finn lo miró, curioso.

-¿Y qué harías si te fueras?

Fern se encogió de hombros.

-No lo sé. Quizás tocar música, recorrer lugares, conocer gente nueva… lo que sea que se sienta como libertad.

Finn asintió lentamente, pensando en lo que acababa de escuchar. Había algo en la manera en que Fern hablaba que hacía que todo pareciera posible.

-¿Y tú?-preguntó Fern, girándose ligeramente hacia él-¿qué quieres hacer?-

Finn soltó un suspiro, abrazando la manta un poco más cerca.

-Honestamente, nunca lo he pensado mucho. Supongo que solo quiero ser feliz, estudiar una carrera, me llama la atención la veterinaria, siempre me gustaron los animales. Y si en algún momento me aburro de eso, puede que quizás abra mi propia peluquería, eso es todo lo que quiero…-respondió el chico rubio sin dejar de abrazar la manta-aunque a veces parece imposible-

Fern lo observó en silencio por un momento antes de asentir.

-Lo entiendo. Pero no creo que sea imposible, Finn. No para ti-Finn levantó la vista hacia él, notando la sinceridad en sus ojos. Antes de que pudiera responder, Fern se inclinó hacia un lado y tomó su guitarra eléctrica, que estaba apoyada contra la pared-tengo algo que quiero mostrarte-dijo, acomodándose nuevamente en la cama mientras ajustaba las cuerdas.

-¿Qué es?- Finn lo miró con curiosidad.

-Es una melodía que he estado trabajando. Todavía no tiene letra, pero... es especial para mí-Fern comenzó a tocar suavemente, dejando que las notas llenaran el espacio entre ellos. La melodía era tranquila pero emotiva, llena de una vulnerabilidad que era imposible de ignorar. Finn cerró los ojos mientras escuchaba dejándose envolver por la música. Cuando Fern terminó, bajó la guitarra y miró a Finn-¿qué opinas?-

Finn abrió los ojos y sonrió.

-Es hermosa, Fern. Me hace sentir... no sé, como si todo fuera a estar bien.

Fern soltó una risa breve, nerviosa.

-Esa es la idea. Quería transmitir algo… importante.

Finn ladeó la cabeza confundido, sin entender a qué se refería el otro chico frente a él.

-¿Algo como qué?

Fern tragó saliva, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza.

Ya no puedo seguir escondiéndolo más. Es ahora o nunca. Entenderé si luego de esto Finn deja de hablarme pero al menos necesitaba sacarme este gran peso de encima.

-Algo como esto…-dijo finalmente dejando la guitarra a un lado antes de mirarlo directamente-Finn, me gustas. Y no sólo como amigo. Me gustas más de lo que debería-

Finn lo miró fijamente, sorprendido por la confesión. Su corazón dio un vuelco, pero no de incomodidad, sino de algo más profundo, algo que había estado tratando de ignorar.

-Fern…-empezó a decir, sus palabras vacilando mientras procesaba lo que acababa de escuchar-yo… yo también siento lo mismo-

El alivio en el rostro de Fern fue inmediato, aunque una pizca de nerviosismo seguía presente. Sin embargo, Finn parecía más tranquilo, como si aceptar sus sentimientos finalmente lo hubiera liberado de algo. Fern dejó escapar una risa breve pero nerviosa, mientras se inclinaba un poco hacia adelante sin apartar su mirada de la de Finn.

-Supongo que es mi turno de hacer algo loco-murmuró antes de que pudiera detenerse a pensarlo más.

Finn abrió ligeramente los labios para preguntar, pero antes de que pudiera decir algo, sintió cómo Fern se acercaba y sus labios rozaban los suyos. El beso fue suave, casi tímido al principio, pero rápidamente se volvió más seguro, firme, como si estuviera dejando salir todo lo que había contenido hasta ese momento.

Finn tardó un segundo en reaccionar, pero cuando lo hizo, cerró los ojos y correspondió el gesto, sus manos encontraron el camino hacia los hombros de Fern para sostenerlo. El tiempo pareció detenerse, dejando solo el calor de ese momento compartido. Sin embargo; todo cambió cuando Finn emitió un leve gemido de sorpresa, confundiendo a Fern al creer que el adolescente quería un beso más profundo, algo mucho más placentero del que estaban compartiendo.

Cuando finalmente se separaron, sus respiraciones estaban entrecortadas, ambos se miraron con una mezcla de sorpresa y algo más profundo, algo que ninguno de los dos podía negar.

-Eso… fue…-comenzó Finn, su voz apenas un susurro.

-¿Demasiado?-preguntó Fern, sus ojos aún fijos en los de Finn. Éste negó rápidamente, sonriendo con una timidez que rara vez mostraba.

-No. Fue perfecto.

Fern dejó escapar una risa aliviada, inclinando su frente contra la de Finn por un momento.

-Gracias por quedarte conmigo, Finn. No sé qué haría sin ti.

-Yo tampoco sé qué haría sin ti, Fern-Finn lo miró fijamente, su sonrisa suave pero llena de sinceridad. -Yo tampoco sé qué haría sin ti, Fern-Finn lo miró fijamente, con una sonrisa suave pero llena de sinceridad. Sus labios se unieron una vez más, esta vez la lengua de Fern se adentró en la boca del adolescente rubio provocando que éste gimiera de placer y asombro al sentir la cálida y húmeda lengua del otro chico dentro de su boca, todo su cuerpo temblaba bajo el suyo, el paladar del adolescente fue lamido por Fern, incluyendo cada rincón de su boca donde su lengua podía llegar.

Pequeños gemidos de placer escapaban de la garganta del chico, seguidos de gemidos tan silenciosos que apenas eran audibles para Fern, cuyas manos empezaban a explorar el torso de Finn por debajo de su enorme camiseta gris. Las manos de Fern se deslizaron por la suave piel de los costados de Finn, palpando con las yemas de los dedos unos huesos de la caja torácica ligeramente protuberantes, un vientre blando, una cintura esbelta y sus pezones. Al notar cómo Finn arqueaba la espalda cuando le tocaba los pezones, el chico de pelo rubio con las puntas teñidas de verde volvió a acercar la mano a uno de los nervios erectos y frotó uno de sus dedos sobre él. Finn dejó escapar un pequeño gemido de placer a través del beso que Fern y él estaban compartiendo en ese momento, Fern frotó su pezón una y otra vez hasta que el cuerpo del chico comenzó a temblar de tan abrumador placer que esa simple acción le estaba causando, haciéndole sentir las cosas más raras, además, ni siquiera sabía que este tipo de cosas existían.

-¿Estás bien, Finn?-preguntó Fern jadeando una vez que se separó del beso, aun jugando con los pezones de Finn por debajo de su camiseta. El adolescente asintió y gimió-bien, porque quiero pedirte algo-

-¿Q-qué es?-contestó Finn entre jadeos, con la cara sonrojada y los ojos brillando a causa de las lágrimas.

-Quiero que me sigas la corriente en todo lo que voy a hacer a continuación, ¿entendido? Sólo déjame hacer todo, déjame cuidar de ti y cuando te pida que hagas algo, sólo hazlo-le ordenó Fern. Finn no respondió pero asintió ansioso por saber qué era lo que el chico planeaba hacer. Fern por su parte dedujo que Finn no tenía ni la menor idea de lo que era hacer el amor, y que desconocía cualquier término sexual o algo relacionado con el tema en general.

El chico de cabello rubio con las puntas teñidas de verde comenzó a acomodarse encima de Finn sólo para quitarle la camiseta gris al adolescente. El adolescente tragó duro, nervioso pero no quería hacer más preguntas, así que se mantuvo en silencio y dejó que la camiseta cayera a un lado de la cama, las manos de Fern se movieron a los bordes de los pantalones deportivos negros de Finn y se los quitó al chico, quien simplemente le dejó que la prenda bajara por sus piernas, llevando su ropa interior consigo, dejando a Finn completamente expuesto bajo la tenue luz del apartamento. Su suave piel rosada se calentó a pesar del frío de la noche y un sonrojo de vergüenza por estar desnudo delante del otro chico se apoderó de su rostro. Aún no se atrevía a preguntar por qué Fern estaba haciendo esto, en vez de eso pudo sentir como lo sujetaba por los hombros y lo recostaba contra el colchón, Fern rápidamente se subió de nuevo encima de Finn mientras colocaba sus piernas a cada lado de él presionando ligeramente el colchón con su propio peso, bajó la cabeza y sin pedir permiso comenzó a besar, morder y succionar la piel del cuello de Finn provocando en el adolescente más escalofríos, jadeos y una respiración entrecortada.

Fern sonrió satisfecho y bajó aún más hasta llegar al torso de Finn, donde posó los labios en su pezón firme, recorriéndolo con la punta de la lengua y jugueteando con él entre sus dientes.

Finn no podía hacer nada, se sentía tan vulnerable e indefenso ante Fern que lo único en lo que podía pensar era en lo bien que se sentía mientras el placer dominaba su cuerpo. Mientras Fern succionaba el pezón derecho de Finn, su mano se movió para juguetear con el izquierdo mientras la otra que tenía libre se movía aún más abajo, en cuanto el adolescente sintió la mano del otro chico muy cerca de su entrepierna, comenzó a ponerse nervioso.

Antes de que Fern tuviera tiempo de rodear el pene del adolescente con una mano, Finn retrocedió sintiéndose incómodo.

-¡NO!-gritó mientras intentaba cubrirse inútilmente-por favor... no... ¡No me toques ahí! puedes tocarme donde quieras pero no ahí, por favor…-

Fern tuvo que esforzarse al máximo para no reírse, no podía creer que Finn fuera tan malditamente inocente, y a pesar de su patético intento por detenerlo, el chico de cabello rubio con las puntas teñidas de verde no pudo evitar sonreírle suavemente.

-Finn-dijo Fern mientras acunaba las mejillas del adolescente en sus manos-mírame-Finn se negó al principio pero lentamente levantó su mirada hacia el otro chico que seguía sonriéndole de forma tranquilizadora pero suave-sólo soy yo, y lo que sea que haya pasado ahí abajo es sólo tu cuerpo respondiendo a mis caricias. Entonces... ¿quieres que siga? ¿confías en mí?-

El chico no contestó durante un breve instante, sólo miró en silencio a Fern que seguía esperando una respuesta. Tragó saliva y asintió levemente antes de empezar a hablar:

-Sí...-dijo Finn decidido-sí, Fern. Confío en ti, si no lo hiciera, nunca hubiera aceptado hacer esto contigo-

-Bien-dijo Fern, y esas palabras fueron más que suficientes para que tomara el pene de Finn y comenzara a acariciarlo, haciéndolo gritar de placer. Uno de los dedos del chico se posó en la punta del pene del adolescente provocando más gritos y alaridos de placer, entonces Fern bajó la cabeza e introdujo el miembro de Finn dentro de su boca, el chico respondió con un fuerte gemido mientras Fern continuaba con su tarea, Finn vio más estrellas de las que podría haber en un cielo nocturno despejado mientras Fern comenzaba a mover su lengua por toda la base y sus labios comenzaban a succionar la punta de su pene. El rubio adolescente no encontraba palabras para expresar lo que estaba sintiendo, ya que era la primera vez que experimentaba un encuentro sexual, su garganta chirrió mientras su espalda se arqueaba, los músculos de su cintura se movían inconscientemente contra el rostro de Fern y sus muslos se contraían. Los labios de Fern bajaron hasta los testículos de Finn para jugar con ellos, haciéndolos rodar contra su boca, lo que hizo que Finn hallara la voz y lanzara un alarido.

Respirando con dificultad, el chico rubio se llevó la lengua al labio inferior y como si de un perro se tratara jadeó, Fern presionó con fuerza un pulgar en la punta de erección de Finn, tal combinación hizo que el adolescente soltara un grito desgarrador, más parecido a un fuerte gruñido que a un grito. Los pantalones de Fern se apretaron más y pronto se cansó de los juegos previos, estaba desesperado, quería... no, necesitaba poseer a Finn y lo necesitaba ya.

Sacó el pene de Finn de su boca y lo miró a los ojos, sonriendo satisfecho, impaciente por sentir la virgen entrada del adolescente a su alrededor, todo mientras seguía jugando con la punta de su miembro. Finn apenas podía prestar atención a lo que ocurría mientras Fern lo miraba con los ojos entrecerrados y las cejas arqueadas.

-F-Fern...-fue lo único que Finn pudo pronunciar antes de que el otro chico lo interrumpiera.

-¿Sabes lo que voy a hacer ahora?» le preguntó Fern, pero Finn sólo negó con la cabeza-bueno, voy a follarte y, vaya que te va a doler. ¿Estás seguro de que quieres que siga luego de lo que acabamos de hacer?-Finn no sabía qué decir, si bien no era tan inocente como aparentaba, era consciente de que la primera vez iba a doler como el infierno. Pero por otro lado, confiaba en que Fern nunca lo lastimaría a propósito, así que lo único que esperaba de él era un simple pinchazo. El adolescente solo asintió dispuesto a lo que el otro chico pudiera hacerle. Sintiendo su aprobación, Fern se separó del chico rubio y comenzó a quitarse su propia ropa de dormir junto con su ropa interior quedando completamente desnudo, después de eso se colocó entre las piernas de Finn las cuales ahora estaban elevadas a ambos lados de su cintura. Los ojos verdes del chico observaron la zona inferior de Finn encontrando el estrecho anillo de músculo que conformaba su entrada anal, exactamente lo que estaba buscando, inesperadamente cerca de los testículos del adolescente, sólo un par de centímetros de piel los separaban a decir verdad-¿estás listo, Finn?-

El rubio asintió y poco después sintió como un dedo se introducía en su interior, Finn hizo una mueca de dolor sabiendo que esto le estaba resultando incómodo y extraño, una nueva sensación que estaba lejos de estar preparado para experimentar pero, decidió apartar todo pensamiento lógico y en su lugar puso toda su confianza y fe en Fern, sabiendo que más adelante esto no le dolería demasiado. El movimiento del primer dedo se hizo más rápido y a medida que el adolescente se humedecía, era más fácil lubricar su entrada y Fern introdujo otro dedo dentro de su amante, Finn soltó un grito de dolor e incomodidad, su anillo de músculos se estiró, sus piernas se abrieron para darle a Fern un mejor acceso esperando que no le doliera. El chico de cabello rubio con las puntas teñidas de verde metió y sacó sus dedos de la estrecha entrada del adolescente y pronto Finn se acostumbró a la intrusión, desafortunadamente aún quedaba un paso más, Fern introdujo un tercer dedo en su interior y esta vez Finn gritó, pudo sentir como su entrada se desgarraba, ardía y sangraba ligeramente.

-¡Fern! s-sácalos... ¡d-duele!-protestó Finn, alzando la mano y sujetando los hombros desnudos del otro chico. Fern lo miró, algo molesto de que tan poca cosa pudiera doler tanto.

-Resiste, Finn. Sé que duele pero sólo será un momento-lo tranquilizó Fern-si me dejas hacer esto sólo un poco más, te prometo que se acabará pronto-tal afirmación hizo que el chico rubio se mordiera el labio inferior y asintiera, tratando de no mostrar ningún signo de dolor cuando por fuera dolía como mil demonios, pero, por otro lado, Finn dejaría que Fern le hiciera esto tanto como quisiera. Cuando Fern terminó con la estimulación, sacó los dedos de la entrada de Finn, envolvió rápidamente con su mano su propio miembro erecto y se colocó frente al chico, que tenía las piernas fuertemente envueltas alrededor de la cintura de Fern. Finn dio un grito repentino al sentir cómo el pene del otro chico entraba dentro de su estrecha entrada virgen, pero Fern rápidamente le tapó la boca con una mano-shhh... no hagas mucho ruido-dirigió su mirada hacia donde Jake dormía, justo a un lado de la cama.

Finn también desvió su mirada lo mejor que pudo para ver al perro, luego volvió a dirigirla a Fern y asintió. El chico rubio con las puntas teñidas de verde se inclinó sobre el adolescente y comenzó a entrar y salir lentamente de él, el chico rubio dejó escapar un gemido de dolor mientras Fern apretaba los dientes al sentir que las paredes internas de Finn eran demasiado estrechas a pesar de la estimulación previa y la única forma que él conocía para invadir por completo el interior del chico rubio era lastimándolo y eso era lo último que Fern quería hacer.

-Fern... me duele-protestó Finn entre gemidos y jadeos, con sus ojos azules entrecerrados.

-Lo importante es relajarte, Finn...-dijo Fern dedicándole una sonrisa tranquilizadora mientras se impulsaba hacia delante haciendo todo lo posible por no lastimar al adolescente, cuyas piernas ahora estaban colocadas con fuerza alrededor de su cintura. En eso, Finn dio un aullido repentino cuando Fern comenzó a moverse dentro y fuera de él con violencia y sus ojos se entrecerraron-v-va a estar bien... t-todo va a estar bien... s-sólo... mírame-Finn volvió a dirigir su mirada hacia él-sé que duele, Finn. ¡Pero esto es lo que la gente hace para demostrar lo mucho que se aman!-

Finn no podía creer lo que estaba escuchando en ese momento ¿acaso Fern estaba diciéndole que lo amaba?

-F-Fern... yo... yo también te amo-soltó finalmente Finn, Fern no respondió y en su lugar se concentró en embestir con más profundidad, desgarrando sus paredes internas, Finn se mordió el labio inferior por enésima vez esa noche en un intento de reprimir un gemido de dolor.

-No te preocupes, es normal que grites si aún te duele. Debe ser muy intenso para ti-dijo Fern sacando su pene ligeramente e introduciéndose de nuevo, presionándose un poco más en la entrada de Finn.

-¡Ahhh~!-gritó Finn mientras dejaba caer su cabeza hacia atrás contra el colchón, sus manos se movieron hacia arriba una vez más para aferrarse a los hombros de Fern. El chico de cabello rubio con puntas teñidas de verde repitió sus movimientos, sacando su miembro hasta que la punta casi rozando su entrada e introduciéndose de nuevo hasta alcanzar cierto punto que hizo gritar de placer al adolescente, el anillo de músculos alrededor de las paredes internas de Finn se desgarraban y estiraban más allá de sus límites, su pecho se agitaba, su garganta dolía por la reciente ronda de gritos y gemidos provocados en cada nueva embestida. Una vez más, Fern se separó y penetró nuevamente, golpeando la próstata del adolescente, esta vez, el dolor se desvaneció y se convirtió en un enorme placer-¡otra vez!-

-¿Qué?

-¡Ahí! ¡Justo ahí! ¡Golpea ese lugar otra vez!-suplicó Finn moviendo su cintura para hacerle saber a Fern lo que quería.

Fern obedeció y repitió lo que hizo pero con más fuerza y rapidez, provocando una increíble descarga de placer en el cuerpo del adolescente. Fern sonrió satisfecho, consciente de lo que estaba sucediendo, así que, para evitar lastimar a Finn más de lo debido, atacó aquel único punto con más fuerza y profundidad, penetrándolo con fuerza. El agarre de Finn sobre sus hombros se intensificó clavando sus uñas en la suave piel, Fern hizo una mueca de dolor al sentir que le dolía la espalda y su cabeza se inclinó hacia atrás, el chico de cabellos rubios debajo de él gimió y lloró de puro placer al tiempo que Fern apretaba los puños con fuerza sobre las sábanas debajo de ellos y las paredes internas de Finn se contraían alrededor de su pene.

Ambos chicos estaban ahora cubiertos de sudor que brillaba bajo la luz del apartamento, de sus bocas escapaba un aliento pesado, así como fuertes gemidos que parecían que lo que estaban haciendo no acabaría nunca. Mientras seguía moviéndose dentro de Finn, Fern tuvo que recordarse constantemente que debía ser delicado con él, no lastimarlo, después de todo era su primera vez; por supuesto, era demasiado difícil concentrarse en eso, pero no podía encontrar otra forma de ser más cuidadoso, la necesidad de llegar al clímax estaba comenzando a ser dolorosa como para ignorarla por mucho más tiempo.

Finn, por otro lado, sentía que no podía haber nada mejor, dentro de él estaba el chico del que se había enamorado desde el primer momento en que se conocieron oficialmente en aquel autobús de camino a la fiesta, no pudo evitar sentirse más vivo de lo que jamás estuvo en toda su vida. Fern, su Fern, lo estaba follando en la cama de su apartamento y le dolía, además le costaba trabajo convencerse de que el chico rubio con las puntas teñidas de verde lo amara de la misma manera que él lo hacía, pero el placer inmenso que azotaba su cuerpo le recordaba que, en efecto, Fern le estaba haciendo el amor porque sentía lo mismo, y sólo ese mero pensamiento le provocaba deseos de llorar de felicidad.

El chico rubio gritó dando a entender que el dolor y la agonía se habían transformado en un fuerte placer que no podía evitar, pero Fern se inclinó más cerca de Finn sin dejar de mantener el ritmo y lo besó. Finn rodeó instintivamente el cuello de su amante con los brazos, atrayéndolo más cerca. Ambos cuerpos se presionaron, rozaron y movieron sincronizadamente, y Fern se separó de los labios de Finn para poder depositar delicados besos en el rostro del adolescente. Finn soltó una risita mientras parpadeaba para quitar las lágrimas de sus ojos azules, tratando de no conmoverse demasiado por los tiernos gestos que Fern le brindaba.

La sensación de las paredes internas de Finn apretándose con fuerza alrededor de su pene fue demasiado para Fern, quien se acercó más al adolescente y dejó escapar un fuerte gemido, flexionando los músculos e intensificando el ritmo. Finn jadeó en éxtasis, una sensación que (si su memoria no lo engañaba) nunca había sentido antes; de repente, el otro chico dio su última embestida y se corrió salvajemente dentro de él, Finn también se corrió entre sus abdómenes por el impacto que el clímax de Fern provocó en él.

Ambos chicos se quedaron quietos, jadeando mientras terminaban de expulsar sus orgasmos, Fern se removió de Finn y se echó hacia atrás para revisar el daño que había hecho.

Fue mejor de lo que pensé que iba a ser, Finn no perdió demasiada sangre por lo que puedo decir que va a tener algunas heridas internas, pero fuera de eso, parece estar bien.

Finn permaneció tendido en la cama, jadeando y llorando de éxtasis, el chico de cabello rubio con puntas teñidas de verde lo miró con preocupación pero apenas una suave sonrisa apareció en el rostro del adolescente y sus brillantes ojos azules se abrieron, Fern dejó escapar un suspiro de alivio.

-Te amo, Fern...-susurró Finn y dejó que sus piernas colapsaran.

-Yo también te amo, Finn-admitió finalmente Fern. La conmoción había pasado pero aún quedaba algo por hacer.

Con cuidado, se puso a gatas junto a Finn y extendió una mano para acariciarle el cabello, Finn se incorporó para quedar frente a él, sonriendo, se acercó y tomó el rostro de Fern con ambas manos para besarlo suavemente. Fern rodeó la cintura de Finn con sus propios brazos, estrechándolo en un tierno abrazo. Nunca se habría imaginado que estarían aquí hace un par de meses: tendidos en una cama deshecha, completamente desnudos y exhaustos de haber hecho el amor. Le gustaba y atesoraba el hecho de que, por primera vez en toda su vida, podía ser especial para alguien.


A la mañana siguiente, el apartamento estaba tranquilo. Finn y Fern seguían profundamente dormidos después de todo lo que pasaron la noche anterior. La luz del sol apenas se filtraba por la persiana, iluminando la habitación en tonos cálidos. Todo era paz y calma… hasta que Jake decidió que ya había dormido suficiente. El perro dio un salto ágil y se subió a la cama, moviendo la cola con energía. Se acercó al rostro de Finn y comenzó a lamerlo con entusiasmo.

-Jake... para...-murmuró Finn entre sueños, tratando de alejar al perro con la mano pero en lugar de lograrlo, terminó abrazándolo como si quisiera volver a dormir.

Fern, que apenas comenzaba a despertar, abrió un ojo y observó la escena: Finn abrazando a Jake, quien seguía lamiéndole la cara con aún más entusiasmo. No pudo evitar reírse.

-Finn, despierta…-dijo Fern entre risas, con la voz ronca del sueño-estás abrazando a Jake-

Finn parpadeó confundido y, al darse cuenta, dio un respingo mientras Jake bajaba de la cama de un salto, todavía con energía.

-¡Jake!-exclamó Finn, tratando de sacarse el asombro de encima.

Ambos miraron cómo el perro comenzaba a dar vueltas cerca de la puerta del apartamento, girando en círculos como un remolino peludo.

-¿Qué está haciendo?-preguntó Fern con una mezcla de curiosidad y alarma.

Finn observó al perro por unos segundos y luego lo entendió todo.

-¡Oh no! ¡Jake, no lo hagas aquí!-Fern se sentó de golpe, alarmado, mientras Finn intentaba dar una orden firme-¡Jake, afuera! ¡Detente!-pero era demasiado tarde. Jake, ignorando por completo sus intentos de evitar el desastre, hizo lo que tenía que hacer justo ahí, en el suelo cerca de la puerta de entrada al pequeño apartamento. Los dos chicos se quedaron congelados por un momento, asimilando lo que acababa de pasar, el olor apestoso llegó unos segundos después, arrancándoles una mueca de asco sincronizada-¿en serio, Jake?-gruñó Finn, llevándose una mano al rostro.

Fern se tapó la nariz, aguantando una carcajada.

-Creo que esto es lo que llaman "el desayuno de campeones".

Finn suspiró, resignado, mientras Jake movía la cola como si nada hubiera pasado.

-Bueno, supongo que no queda de otra. Yo me encargo de esto-se levantó de la cama con un gruñido, buscando algo con que limpiar el desastre. Fern lo observó desde la cama, todavía riéndose.

-Definitivamente, esto no era lo que tenía en mente para nuestra primera mañana juntos.

Finn, con una sonrisa cansada, lo miró de reojo.

-Créeme, tampoco estaba en mi lista de cosas por hacer-una vez que Finn había recogido todo y tirado la bolsa a la basura, se dirigió al baño para lavarse las manos. Al regresar al apartamento, se detuvo en la puerta, mirando a Fern con una mezcla de vergüenza y diversión.

-Lo siento por todo esto-dijo Finn rascándose la nuca-pensé que Jake podría contenerse hasta que le abriera la puerta, pero claramente me sobreestimé... a él y a mí mismo-

-No te preocupes-Fern soltó una risa suave-al menos ahora sé que nunca hay un momento aburrido contigo-

Finn sonrió, sintiéndose un poco más aliviado.

-¿Qué puedo decir? Jake sabe cómo dejar una impresión duradera.

Los dos se rieron mientras Jake los miraba desde su rincón, moviendo la cola con orgullo como si no tuviera ni idea del caos que había causado.


Dios mío, vaya chiste de m*erda que se me ocurrió.

Perdón si incomodé a alguien con el final que puse para este capítulo pero es que no se me ocurría nada mejor y además, quería terminar esto con un poco de humor luego de pasar por tanta pena, drama y tragedia.

En fin, sin contar el final con humor de excusado, espero que este capítulo haya sido de su agrado, por el momento no avanzaré con la trama del fanfic sino que sacaré un pequeño capítulo extra, no aporta relevancia alguna pero es para dar a conocer cómo era la relación de Finn con Phoebe previo a conocer a Fern y desarrollar sentimientos por éste. Aviso también que tanto ese capítulo extra como los que voy a publicar después contengan referencias a un par de fanfics de ELIARTT. Seguramente el título de uno de ellos lo habrán visto al comienzo del fanfic en la nota de autor.

Ya para terminar, espero que les haya gustado este capítulo, cuando pueda publicaré los que siguen pero por ahora tendrán que conformarse con leer estos más el extra. Y si puedo, estas vacaciones de verano intentaré publicar la versión traducida al inglés para aquellos que no la pueden leer en español.

N3k00-Ch4n.