"Se desangró mi corazón y dijo que el rojo no era un color que le gustará."

.1.

Hoy era mi primer día como niñera en la mansión O'Connell.

Había escuchado muchos rumores, todos en la ciudad parecían conocer a Elena, la mujer fallecida de Billie. Durante cuatro años, una gran cantidad de niñeras pasaron por la mansión, pero ninguna parecía gustarle a Elizabeth: decían que la niña odiaba estar separada de su madre. Un proyecto complicado, quizás aún más para una muchacha de dieciocho años ingenua como yo, pero si algo bueno tengo es que siempre fui buena con los niños: solían adorarme. No fue fácil llegar a Billie, para ser la niñera de su hija necesitabas cumplir muchos requisitos que yo no cumplía. Uno de ellos era tener experiencia como niñera y más de veinticinco años, ya que prefería que la niñera de su hija no fuera alguien joven, y si tenía hijos y un matrimonio estable se le consideraba aún más para el trabajo. Yo apenas tenía dieciocho y cero experiencia. Pero mi mejor amiga, Lucía, la conocía, era amiga de Billie hace años y de vez en cuando ambas se tomaban algo juntas, ella le suplico que me diera un trabajo y Billie al final aceptó, dijo que "iba a probarme" y pidió mi correo. El correo que me mandó no es lo que esperarías, pero ya Lucía me avisó de que Billie era un tanto impredecible y además desde que se murió su esposa Elena: mucho más dura.

"3 preguntas. Se te dan bien los niños? Cuanto quieres? Estarías dispuesta a vivir aquí con nosotros?

Tarda menos de 24 horas en responder o te borro de la lista de posibles niñeras. Estás en el número 1 solo porque me fío de Lucía. Por favor, no me decepciones".

Respondí en una hora, cuando lo vi.

"Los niños me adoran. El sueldo no me importa— Y era verdad, era mi primer trabajo, solo quería empezar con algo— ¿Y...eso último podemos hablarlo en persona, no?"

Ella me respondió exactamente seis minutos después.

"Si o no".

Estuve pensándolo durante horas. A las ocho de la noche le mandé mi respuesta.

"Si."

Al día siguiente, mientras desayunaba me llegó otro correo, un PDF con unas diez normas.

Y luego, a los diez minutos, otro.

"Contratada. Mañana a las nueve de la mañana vendrá una limusina por tí. Dame tu dirección."

Y así fue. Estoy caminando hacia la mansión, me acabo de bajar de la limusina y hay un hombre de piel oscura, corpulento y alto cargándome la maleta.

El jardín es enorme, y hay flores de todo tipo decorándolo. Hasta me siento mal de estar pisando este terreno. Las puertas de cristal se abren, y me encuentro con una niña de cabello rubio corto despeinado, la cual lleva los labios manchados de chocolate, sonriendo y casi tropezando, en uno de esos tropiezos va a caerse justo a mi lado, pero actuó rápido y la cojo — ¿Estás bien, peque?

La niña tiene dos ojos grandes y verdes que parecen examinar tu alma mientras te mira fijamente. Parece sería, casi molesta por mi presencia, pero entonces ve algo en mi camiseta. Ella toma un parche de un donut contento que me había puesto en la chaqueta y sonríe, feliz como nadie —¿Me lo puedo quedar?

Y la veo tan ilusionada que solo asiento con la cabeza. Una presencia delante nuestra nos interrumpe, me levantó y me encuentro con unos ojos igual de preciosos, pero estos son azules océano y pertenecen a una mujer. Me miran con seriedad pura: Al igual que la pequeña niña antes. Está mujer lleva una americana, una camisa amarilla que no combina absolutamente nada pero hace que luzca bien en ella, un gorro negro, unos pantalones grises y un cinturón.

— ¿_?— pregunta. Asiento con la cabeza.

—¿Billie?

— La misma.

Ella extiende su mano y las estrechamos. Primera vez que me siento tan pequeña enfrente de alguien. Sus ojos y los míos se encuentran esos dos segundos y se desvían por mi cuerpo mientras suelta mi mano. Me encojo. La pequeña niña se pega a la pierna de su madre.

— Elizabeth, ¿Vas adentro y me esperas?

— ¿Es la nueva niñera?

— Ve adentro y ahora te la presentó, cariño.

Dice, y da la impresión de ser siempre así de firme. Pero su tono es pacífico, probablemente porque se trata de su hija. Ella vuelve a alzar la mirada y mirarme. Y me doy cuenta de que el hombre de antes se ha ido.

— Bienvenida a tu primer día como niñera. Hoy no vas a hacer nada, solo instalarte aquí. Tengo el día libre y me encargo de mi hija, mañana a primera hora estaré en la empresa así que entonces si tendrás que cuidarla. De momento, Albert te dirá todo lo que necesitas saber.

— ¿Albert es el hombre de antes?...

El hombre de piel oscura entró de nuevo al jardín y Billie lo señalo — si, es él. Encárgate de ella, ¿Bien?

Asintió.

— seguro, señorita— Billie se fue y me dejó con él. Se había mantenido serio hasta ahora, pero entonces sonrió — bienvenida, señorita. Le deseo suerte aquí — se rió — soy Albert.

— Hola Albert— me reí con él— la señorita Billie es dura, ¿Eh?

Suspiro — ni que lo digas, pero luego la conoces y es un amor. Solo tiene esa coraza desde que... Bueno, eh, ya sabes. Seguramente te han contando la historia.

— Si... Una perdida así debe ser dura.

Él me enseñó toda la casa, me encontré con Billie y la niña correteando de un lado a otro, me reí un poco pero seguí concentrada en lo que me decía Albert. Esto era enorme. Al final me dio un plano de la casa y me enseñó mi habitación. Se trataba de un cuarto normal, ni muy grande ni muy pequeño, con una cama, una ventana al lado, mesa de noche y una estantería. Nada más. Dijo que podía más tarde adornarlo yo como quisiera.

La maleta mía estaba allí, detrás de la puerta. Simplemente me senté en la cama y miré alrededor, intentando acostumbrarme al ambiente.

—¡Hola! — me saludo la niña, mostrándome el parche que me había quitado antes. Me reí.

—¿Te gusta?

Asintió varias veces y se sentó al lado mía en la cama —¿Cómo te llamas?

—_.

—¡Soy Elizabeth!

— Hola Elizabeth — me reí, fingiendo no saber su nombre le extendí mi mano. Ella la tomó y las estrechamos suavemente, no quería hacerle daño a su pequeña manita.

— ¿Eres la nueva niñera, verdad? No me gustan las niñeras.

Dijo inflando los cachetes, adorable. Intente no reírme por eso.

— ¿Ah si? ¿Que es lo que no te gustan de ellas?

— yo solo quiero estar con mi mamá.

— Es complicado, ¿Eh? Pero mamá tiene que ir a trabajar.

— Lo sé. Ojalá me llevara con ella.

Cruzó los brazos.

—¿Te gustaría ir?

Volvió a asentir — soy la futura heredera de la empresa.

Sonrió.

—Vaya, ese es un cargo muy importante...¿Es ese tu sueño?

—No, quiero ver un elefante. Es mi animal favorito.

— Tengo un peluche de elefante.

—¿En serio?!

—Si — me reí un poco — está en la maleta. Cuando lo saque te lo presto, ¿Bien?

—¡SIIIII! Gracias! — la pequeña niña me abrazo, y con una sonrisa le devolví el abrazo.

— Vaya... Parece que le has caído bien.

Una tercera voz. Era Billie, apoyada en la puerta.

— Oh — me sorprendí — Si, Elizabeth es muy dulce.

Billie parecía muy sorprendida — normalmente no se lleva muy bien con las niñeras.

— Ella es genial, mami, tiene un peluche de elefante.

Billie la levantó en sus brazos—¿Si? — sonrió — bueno, entonces ya conoces a tu niñera.