¡Hola, mis queridos lectores!
No me regañen, ya sé que he estado fuera de este mundo por un buen rato. Entre las fiestas de fin de año y... bueno, digamos que no empecé enero con el pie derecho. Ni siquiera con el pie izquierdo; creo que lo empecé dándome de cara contra el suelo.
Soy mamá, así que entre hijos enfermos (sí, todos cayeron uno tras otro, como fichas de dominó) y yo que tampoco me escapé del drama viral , más el regreso a clases y el trabajo acumulado... apenas estoy viendo la luz. Pero bueno, aquí estoy, ¡al fin saliendo de la tormenta para traerles un nuevo capítulo!
Un pequeño recordatorio del capítulo anterior:
Se descubrió toda la verdad, y vaya que fue intenso. Edward, lleno de expectativas, pensaba que Tony correría a sus brazos gritando "¡papá, papá!"... pero la realidad le dio un golpe directo, y no fue así. Tony se fue furioso del evento, Bella tampoco estaba nada feliz con Edward, y al final nos quedamos con un Tony completamente destrozado, llorando porque no puede creer que Jacob pueda ser mala persona.
Así que, sin más preámbulo, los dejo con el siguiente capítulo. Como siempre, espero sus comentarios, que son mi motor para seguir escribiendo.
¡Espero que lo disfruten!
Edward POV
Observé a Seon mientras me hablaba, su voz cortés pero insistente.
—Edward, te están esperando para la entrevista —me dijo, con una paciencia que parecía infinita.
Parpadeé, sacudido de mis pensamientos. Me encontraba en mi oficina, en el centro deportivo que había construido, el lugar donde había puesto todo mi esfuerzo y esperanza. Todo estaba exactamente como lo había planeado: mi familia feliz por mi regreso, Jacob enfrentando la justicia. Pero lo que no había previsto, lo que no pude controlar, era que Tony no me eligiera.
Había estado tan seguro. Seguro de que, tras la impresión inicial, mi hijo vería la verdad: que Jacob nunca había sido un verdadero padre para él. Pensé que mis esfuerzos en las últimas semanas, mi presencia constante, significarían algo más profundo, más duradero. Creí que, al final, Tony vería en mí al padre que siempre había necesitado. Ahora, sentado en mi oficina, veía cuán egocéntrico y arrogante había sido.
Bella me lo había advertido. Alice también. Pero las desestimé, convencido de que mi lógica era más certera, de que mi plan era infalible. Qué iluso había sido. La realidad se me presentaba ahora con toda su crudeza.
—¿Edward? —La voz de Seon me sacó de mis cavilaciones. Su preocupación era evidente, pero no insistió más de lo necesario.
—No estoy de ánimos —respondí, dejando que el cansancio y la frustración se asomaran en mi voz.
—Edward, es importante. No podemos posponer la entrevista. He estado insistiendo para conseguirla, tienes que hacerla —replicó Seon, su mirada firme pero comprensiva. Su tono, siempre cuidadoso, llevaba un toque de reproche, justo lo que necesitaba escuchar.
Observé su rostro, tan familiar y querido. La culpa volvió a arremeter contra mí, esta vez con más fuerza. Había sido descarado, cruel incluso. Quise que Bella sintiera un poco de lo que yo sentía al pensar en ella y Jacob. Había hecho que Seon insinuara una cercanía que no existía entre nosotros, solo para despertar celos en Bella. Me había convertido en lo que más detestaba: manipulador y mezquino.
¿Qué pasaba conmigo? ¿Acaso seguía siendo ese adolescente inseguro que alguna vez fui? La respuesta no me gustaba, pero era ineludible.
Suspiré y me levanté, decidiendo enfrentar lo que venía. La sonrisa amable de Seon, su paciencia inquebrantable, me animaron un poco. Ella era como una hija para mí, alguien que había confiado en mi visión y en mi liderazgo. No merecía ser un peón en mis juegos mentales.
—Vamos —dije finalmente, ofreciéndole una sonrisa forzada pero sincera.
Seon asintió, guiándome hacia la entrevista.
La entrevista había seguido su curso como estaba planeado. Cada palabra que pronuncié fue medida, cada expresión, calculada. No había vuelta atrás; todo estaba en marcha, y ahora era público.
Después de la inauguración, Esme, Carlisle y los demás regresaron a casa. Mi madre, especialmente, parecía reacia a soltarme, sus brazos temblaban ligeramente al rodearme, como si temiera que volviera a desaparecer. Su consejo resonaba en mi cabeza, firme y claro: no presionara a Tony ni a Bella, que les diera tiempo.
Tiempo. ¿Cuánto tiempo? La espera era un tormento. Cada fibra de mi ser anhelaba ir a casa, enfrentar a Tony y a Bella, pedirles perdón por la manera en que había expuesto todo tan públicamente. Mi orgullo y mi rabia habían oscurecido mi juicio, y ahora solo quedaba el deseo desesperado de enmendar el daño.
Mientras mi mente se sumergía en estos pensamientos, Seon entró en la oficina, interrumpiendo mi autocompasión. Sostenía una laptop en sus manos, sus ojos llenos de urgencia.
—Edward, necesitas ver las noticias —dijo, su voz firme pero con un matiz de inquietud.
Algo en su tono me hizo enderezarme. Tomé la laptop, mi corazón acelerándose a medida que el temor de lo desconocido crecía en mi pecho. ¿Qué podría ser ahora? ¿Qué más podía salir mal?
En el mismo instante en que Seon me extendía la laptop, mi teléfono vibró en el escritorio. El nombre de Bella parpadeaba en la pantalla, y un vacío se formó en mi estómago, anticipando lo peor. El sonido del timbre resonó en la habitación, cada segundo estirándose como una eternidad. Con una mano temblorosa, deslicé el dedo por la pantalla para responder.
—Bella —dije, mi voz apenas un susurro mientras dejaba la laptop en las manos de Seon, quien observaba con preocupación.
Del otro lado de la línea, su voz llegó entrecortada por sollozos, impregnada de desesperación.
—No está, Edward... ¡Tony no está! —gimió, y mi corazón se detuvo un instante antes de latir con una fuerza frenética.
La habitación pareció encogerse a mi alrededor, cada detalle desvaneciéndose mientras la realidad de sus palabras se hundía en mi mente. La sensación de impotencia y miedo se apoderó de mí, como si un abismo se abriera bajo mis pies.
—Voy para allá —dije con firmeza, intentando mantener la calma mientras la angustia se apoderaba de mí. Colgué antes de que pudiera decir más, mis manos ya moviéndose por inercia para tomar mis llaves.
Seon me miró con preocupación, su expresión reflejando la gravedad del momento.
—¿Qué pasa? —preguntó.
—¿Qué pasó con Jacob? —pregunté en cambio en un tono cortante.
Seon se movió incómoda, evitando mi mirada.
—Hay algo que no te he dicho.
—Habla.
—El abogado de Jacob interpuso un amparo. Las autoridades no pudieron detenerlo.
Sentí un golpe seco en el pecho, como si el aire se hubiera escapado de mis pulmones.
—¿¡Qué!? —estallé, mi voz resonando en la habitación—. ¿Y por qué demonios no me informaste de inmediato? ¡Mi hijo está desaparecido y ese imbécil anda suelto!
—Lo lamento —respondió Seon nerviosa—. No quise distraerte...
—¡No es tu trabajo decidir eso! —bramé, dando un paso hacia ella—. Necesito saber todo, Seon. Todo.
Ella asintió con apuro.
—Voy a la casa de Bella —dije con voz resuelta, abriendo la puerta de mi oficina como si fuera la única salida de este infierno. El mundo a mi alrededor se difuminaba, reducido a una sola misión: encontrar a mi hijo.
Pero entonces, Seon me detuvo. Su mano se cerró alrededor de mi muñeca, firme y decidida, como si fuera la última barrera entre mi desesperación y la locura.
—No puedes —dijo, su voz temblando con una mezcla de preocupación y urgencia. Sus ojos reflejaban la gravedad de la situación—. Es lo que vine a mostrarte. La entrada de la casa de Isabella está llena de reporteros. No podrás acercarte sin desatar un caos.
—¡Pero mi hijo no está y Jacob anda por ahí suelto! —grité, el miedo y la furia entrelazándose en mi voz. Sentía como si mi pecho fuera a estallar, como si el aire se volviera insuficiente. La mera idea de quedarme quieto mientras Tony estaba perdido me resultaba insoportable, un tormento que no podía soportar.
Seon no apartó la mirada. Se enfrentó a mi furia con una calma estoica, pero sus palabras estaban impregnadas de una urgencia que no podía ignorar. —Yo me ocuparé. No debes preocuparte.
Esa fue la gota que colmó el vaso. Mi voz se alzó, llena de desesperación y rabia. —¡No puedes pedirme que me quede sentado mientras haces algo! Necesito estar con Bella, necesito saber qué le pasó a mi hijo. ¡No puedo esperar!
—Edward, no seas necio —me gritó, una chispa de desesperación en su voz, algo que nunca había visto en ella. —Ya tengo gente en su casa. Lo mejor que puedes hacer ahora es llamarla, decirle que la verán pronto. Pregúntale qué pasó. Necesitamos saber por dónde empezar a buscar.
Sus palabras eran razonables, pero el pánico que me envolvía se negaba a ceder. Me desplomé en el sillón, sintiendo cómo el peso del mundo se me venía encima. El aire se sentía denso, cada respiración era un esfuerzo monumental.
Con manos temblorosas, marqué el número de Bella. Mi corazón latía desbocado, cada segundo de espera una agonía. Necesitaba escuchar su voz, saber qué había ocurrido, sentir, aunque sea una pizca de control en este desastre que amenazaba con devorarme.
—Bella, van a ir por ti —dije en cuanto respondió. Mi voz intentaba sonar firme, pero el temblor en mis manos traicionaba el pánico que me invadía.
—Edward, no sé qué hacer —lloraba al otro lado del teléfono, su voz quebrada, cargada de angustia—. No está, la casa está rodeada de reporteros...
—Escucha —la interrumpí suavemente, intentando transmitirle calma—. Van a ir por ti pronto. Quiero que te prepares para salir. Te traerán conmigo y juntos lo encontraremos, pero necesito que me digas qué pasó y puse el teléfono en alta voz para que Seon también pudiera escuchar.
Su respiración se entrecortaba entre sollozos. Cada segundo que pasaba sentía como si el tiempo se congelara en una pesadilla interminable.
—Lo dejé dormido en su habitación —comenzó, su voz temblorosa, luchando por contener las lágrimas—. Bajé a prepararle algo de comer. No estuve más de una hora abajo. Cuando subí a ver cómo seguía... ya no estaba. Le estuve marcando a su celular, pero no contesta. Sólo dejó una nota diciendo que está bien... que está con Jacob.
El peso de sus palabras cayó sobre mí como una losa. El nombre de Jacob retumbó en mi mente, cada sílaba cargada de implicaciones y peligros. Cerré los ojos, luchando contra la furia y el miedo que amenazaban con consumir cada fibra de mi ser.
—Bella —dije con la mayor suavidad que pude reunir—, vamos a encontrarlo. No importa lo que cueste. Te lo prometo.
La escuché sollozar al otro lado de la línea, su voz quebrada por el miedo.
—Edward, por favor... solo tráelo de vuelta.
—Lo haré —afirmé con una convicción que apenas sentía, pero que necesitaba proyectar por ella—. Quédate tranquila, yo me encargo.
Colgué antes de perder la compostura. El peso de la promesa que le había hecho seguía aplastándome, pero no había tiempo para dudas. Mi mandíbula se tensó mientras giraba hacia Seon, que estaba esperando junto a la puerta.
—Quiero un equipo rastreando a Jacob ya mismo. Cada contacto, cada paso que haya dado. No puede haber ido lejos, pero quiero cobertura en cada salida de la ciudad. Si ese bastardo respira fuera del perímetro, quiero saberlo.
—Enseguida, señor.
Seon se apresuró a salir de la habitación mientras yo me quedé de pie, temblando de rabia. Respiré hondo, obligándome a recuperar el control.
Bella confiaba en mí. Tony me necesitaba.
No había margen para errores. No esta vez.
Mientras me hundía en el sillón, el peso de la promesa que le hice a Bella seguía aplastándome. Las palabras habían salido con una convicción que ahora me asustaba. Vamos a encontrarlo. No importa lo que cueste. Pero, ¿qué significaba realmente esa afirmación? ¿Cuánto estaba dispuesto a sacrificar?
El rostro de Jacob apareció en mi mente. ¿Hasta dónde llegaría para traer a mi hijo de vuelta? La respuesta era muy sencilla: haría cualquier cosa. Tragarme mi orgullo, retirar la denuncia, incluso perdonarlo si eso significaba recuperar a Tony. Pero, ¿y si Jacob pedía más? ¿Y si pedía que me alejara de Bella y Tony para siempre?
El mero pensamiento me revolvió el estómago. No, no podría soportarlo. Había pasado demasiado tiempo separado de ellos, de Bella. La idea de alejarme otra vez era un abismo que no estaba dispuesto a cruzar. Me mataría antes de permitir que esa separación se repitiera. Fue en ese momento cuando lo entendí: haría cualquier cosa para mantener a mi familia unida. Cualquier cosa... menos eso.
El amor que sentía por Bella, ese amor que había intentado negar y enterrar, seguía ahí, más fuerte que nunca. Latente, pulsando en cada rincón de mi ser, consumiéndome. Había sido un tonto al pensar que podría superarla. Ella era una parte de mí, una parte que nunca podría abandonar.
Me di cuenta de que mi promesa no era solo una promesa de encontrar a Tony, sino de mantener a mi familia intacta, a toda costa. Bella, Tony... ellos eran mi todo. Y ahora entendía que, aunque el costo fuera alto, estaba dispuesto a pagarlo. No permitiría que nada, ni siquiera mi propio orgullo, los alejara de mí nuevamente.
Tony POV
Comencé a preocuparme cuando llegamos a la cabaña, el lugar donde habíamos pasado varios veranos juntos. Había dejado esa nota para mamá, con la esperanza de que no se preocuparía, pero ahora, al ver que mi teléfono no tenía señal, empecé a darme cuenta de la magnitud del error que había cometido. Mi estómago se apretó al pensar que tal vez había hecho algo que no debía.
Estaba muy enojado, y algo dentro de mí me decía que mi papá Jacob no era el culpable, no podía serlo. Tenía que saber qué había pasado en realidad, porque no podía creer a Edward, no podía. ¿Cómo iba a dejar mi papá a Edward en esa cárcel? No podía ser cierto, tenía que averiguarlo y luego ir con Edward, explicarle que todo había sido un malentendido, que Jacob no era el monstruo que él pensaba. Quería que todo se arreglara, que mi familia volviera a ser la que era antes. Pero ahora, estando tan lejos de mamá y sin poder llamarla desde aquí, el miedo empezó a tomarme. La inseguridad me empezó a morder.
"Es Jacob, tu padre, no tienes por qué tener miedo", me repetía a mí mismo, tratando de calmarme. Pero entonces, otra parte de mí, esa que nunca había querido escuchar, comenzó a pensar que, si todo lo que Edward decía era cierto, si Jacob no era quien decía ser... entonces yo mismo podría estar en peligro. Y lo peor de todo, era que yo mismo había corrido hacia él.
La camioneta se detuvo frente a la cabaña, esa que tantas veces habíamos visitado durante los veranos de mi infancia. Aún podía recordar los días cálidos pescando en el lago cercano o asando malvaviscos junto al fuego. Pero ahora, todo se sentía diferente. La nostalgia se mezclaba con una tensión que no podía ignorar.
—¿Ves? —dijo Jacob, con una sonrisa que parecía sincera mientras apagaba el motor—. Tal como la recordabas, ¿no? Pensé que sería bueno venir aquí, alejarnos un poco de todo ese caos. Tú y yo, como antes.
Su tono era cálido, casi esperanzador. Bajó de la camioneta con energía, sacando las bolsas que había preparado. Incluso silbó una melodía mientras caminaba hacia la puerta, como si nada en el mundo estuviera mal. Yo me quedé quieto un momento, sintiendo el peso del aire entre nosotros.
—Vamos, hijo —me animó al verme dudar—. No te quedes ahí parado, necesitamos encender el generador y acomodarnos antes de que anochezca.
Asentí lentamente y lo seguí, pero con cada paso, la sensación de que algo no estaba bien crecía en mi pecho. Quería creerle, quería confiar en que esto era solo un viaje más entre padre e hijo. Pero las palabras de Edward retumbaban en mi cabeza como un eco imposible de ignorar. ¿Y si él realmente no es quien dice ser?
Jacob abrió la puerta de la cabaña y dejó escapar un suspiro profundo al mirar el interior.
—Mira esto —dijo, extendiendo un brazo hacia la pequeña sala—. Igual que siempre. Bueno, con un poco de polvo, pero eso lo arreglamos en un rato.
Se giró hacia mí y me lanzó una mirada que esperaba fuera tranquilizadora.
—Oye, Tony, gracias por venir conmigo. Sé que las cosas han estado... tensas últimamente. Pero quiero que sepas que eres lo más importante para mí. Todo lo que hago, lo hago pensando en ti.
Su voz era suave, llena de afecto. Casi hizo que me sintiera culpable por las dudas que tenía. Casi.
—Claro, papá —respondí, esforzándome por sonar normal mientras dejaba mi mochila en el suelo—. Se siente bien volver aquí.
Pero no era del todo cierto. Había algo en su amabilidad que ahora me parecía forzado, como si tratara demasiado de convencerme de algo. Sus gestos, antes reconfortantes, ahora me ponían en guardia. ¿Y si Edward tiene razón? pensé.
Jacob se acercó y me dio una palmada en el hombro.
—¿Por qué no enciendes el generador mientras yo deshago las maletas? Siempre te gustó hacerlo, ¿no? —Sonrió, casi como si tratara de recordar un momento mejor.
Asentí y tomé las llaves que me pasó, pero mientras iba al cobertizo, el miedo me golpeó de nuevo. ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Por qué vine solo con él? Me decía que estaba exagerando, que era mi papá y no tenía por qué preocuparme. Pero por más que intentaba calmarme, no podía dejar de pensar: ¿y si todo lo que creía sobre él es mentira?
Intenté convencerme de que no me haría daño. Es mi papá, ¿no? Por mucho que esto me pareciera raro, estaba seguro de que no me lastimaría. Pero mi miedo no era por mí. Era por mi mamá. Seguro estaba enloqueciendo buscándome ahora mismo. Y Edward… aunque no lo admitiría nunca, me gustaba pensar que también estaba preocupado por mí. ¿Y si esto es un castigo? Esa pregunta me golpeó como un ladrillo. ¿Y si Jacob está usando esto para vengarse de ellos por lo que pasó en el centro deportivo?
Solo pensar eso me dio escalofríos. Había venido porque confiaba en que todo lo que Edward dijo sobre Jacob estaba equivocado. "Mi papá no haría algo así", me repetí. Pero ahora, mientras él actuaba como si todo fuera normal en esta cabaña perdida en el medio de la nada, no podía evitar pensar si esto también era una especie de venganza. No tenía pruebas, pero estar aquí, incomunicado y lejos de mamá y Edward, me hacía sentir que los estaba traicionando.
¿Qué estaba haciendo? Yo decidí venir. Fui yo quien dejó esa nota diciéndole a mamá que no se preocupara. Pensé que todo estaría bien. Pero ahora, sabiendo que probablemente estaba desesperada buscándome, sentía que había cometido un error enorme. Esto no era un simple viaje para reconectar. Esto era otra cosa.
Antes de salir de la ciudad, Jacob me dijo que todo lo que Edward había dicho sobre él era mentira. Pero no explicó nada más. Solo me miró a los ojos y me pidió que confiara en él. Y lo hice. Porque era mi papá y porque quería creer que Edward estaba equivocado. Pero ahora, sentado en esta cabaña, rodeado de un silencio que me aplastaba, no podía evitar pensar que tal vez Jacob había planeado todo esto. No para lastimarme, pero sí para hacerle daño a mamá y Edward. Y lo peor es que me usó para hacerlo.
Jacob sacó una hielera y empezó a asar salchichas en la parrilla. Hablaba de tonterías: cómo hacer una fogata, cómo acomodar las ramas para que prenda rápido. Pero todo se sentía falso, como si estuviera actuando, tratando de que esto pareciera normal.
Yo no escuchaba nada de lo que decía. Mi mente estaba en otro lado, pensando en mamá. Quería regresar con ella, asegurarme de que no estuviera preocupada. Y, aunque me costaba admitirlo, también quería estar con Edward. Me había cuidado todo este tiempo, siempre estaba ahí, incluso cuando no sabía que lo necesitaba. Y ahora que estaba lejos, me sentía… vulnerable. Como si me faltara algo importante.
¿Y si está enojado conmigo? El pensamiento me dio un puñetazo en el estómago. ¿Y si piensa que estoy de parte de Jacob? No quería decepcionarlo. No quería que creyera que estaba eligiendo un bando en algo que ni siquiera entendía del todo.
Ya no aguanté más.
—Papá, quiero regresar con mi mamá —le solté de golpe, interrumpiendo su charla sobre fogatas. Mi voz sonó como una súplica desesperada.
Jacob me miró fijo, y su cara cambió por completo. Esa sonrisa rara que había tenido todo el día desapareció. Ahora estaba serio, súper serio. Sus ojos se llenaron de algo raro, algo oscuro que me puso los pelos de punta.
—Pensé que te encantaba venir aquí —dijo. Su voz era baja, pero sonaba fuerte, como si cada palabra pesara mil kilos. No era exactamente un regaño, pero tampoco una pregunta.
Tragué saliva, sintiendo cómo se me aceleraba el corazón.
—Es que… mi mamá no sabe que estoy aquí. No quiero que se preocupe —dije, intentando sonar tranquilo, aunque mi voz me traicionó un poco.
Jacob dejó la pinza con la que estaba volteando las salchichas y me miró directo. Se inclinó hacia mí, como si quisiera que cada cosa que decía se me quedara grabada.
—Tony, tu mamá tiene la cabeza hecha un desastre con el regreso de Edward. ¿No te das cuenta? Él la está manipulando. Edward no es buena persona.
Su voz era como un susurro, pero cada palabra golpeaba fuerte. Me sentí raro, como si quisiera retroceder, pero mis pies no se movían.
"¿Y si tiene razón?" Esa idea se coló en mi cabeza, aunque no quería que estuviera ahí. Pero otra parte de mí gritaba que esto no cuadraba, que Jacob no estaba actuando como siempre, como el papá que yo conocía.
—No creo que Edward esté manipulando a nadie —murmuré. Fue como un pensamiento en voz alta, pero apenas lo dije, la mirada de Jacob se volvió más dura.
—No sabes de lo que hablas, Tony —respondió, y su tono me dejó helado. Luego volvió a la parrilla, pero todo el ambiente ya se sentía mal, como si el aire fuera más pesado.
El aroma de las salchichas quemándose empezó a llenar el lugar. Jacob miraba las llamas como si estuviera perdido en sus pensamientos, pero sus manos, apretadas contra la hielera, decían otra cosa.
Cuando habló otra vez, su voz era grave, más seria que nunca. Cada palabra parecía que le dolía al decirla.
—Yo estaba muy enamorado de tu madre, Tony. Siempre estuve ahí para ella. Siempre fui bueno con ella, la apoyé en todo. Era su amigo, pero quería que me viera como algo más. Pensé que con el tiempo lo lograría, que ella se enamoraría de mí.
Me quedé en silencio. Esto no era algo que esperaba escuchar. Era raro, como si estuviera viendo a otra persona, no a mi papá.
—Y entonces —continuó, mirándome directo— llegó Edward. En un solo día, él hizo lo que yo no pude hacer en años. Ella se enamoró de él al instante. Me dio tanto coraje... pero lo respeté.
Mi estómago se retorció, como si alguien me hubiera dado un golpe. Todo lo que estaba diciendo me hacía sentir incómodo, como si estuviera escuchando algo que no debía.
—Después se fue al ejército. Estaba tan emocionado, tan seguro de sí mismo, que decidí seguirlo. Quería ser como él. Edward era mi mejor amigo.
Hizo una pausa y me miró otra vez. Su mirada era tan intensa que quise apartar los ojos, pero no pude.
—Pero él era bueno en todo, Tony. Siempre el favorito, siempre el mejor. Yo nunca podía destacarme, y mi papá no hacía más que recordármelo.
Jacob pasó una mano por su cabello, como si intentara calmarse. Pero seguía con esa mezcla de enojo y vergüenza en la cara.
—Cuando llegó esa misión, él me obligó a pilotar el helicóptero. ¿Y sabes qué pasó? Lo estrellé… en territorio enemigo.
Sentí que el mundo se detenía por un segundo. ¿De verdad estaba escuchando esto?
—Yo no sabía que Edward estaba vivo —siguió, con la voz más baja, como si hablara consigo mismo—. Mi papá me mostró unos cadáveres y dijo que eran mis amigos. Me hizo prometer que no diría nada, que todo estaría bien.
Mi garganta se sentía seca. Esto no era lo que esperaba escuchar.
—¿Por qué? —pregunté. Mi voz sonó rara, rota.
—Porque estaba haciendo negocios, Tony. Negocios que se arruinarían si la gente supiera que Edward había muerto en corea del norte.
Jacob me miró con una intensidad que me asustó.
—Tony, Edward no es quien tú crees. Él siempre me trató como si yo fuera su sombra, como si yo no importara.
Algo no me cuadraba. Mientras lo escuchaba hablar, mi cabeza daba vueltas. ¿Por qué todo sonaba tan… personal? Esto no se trataba de Edward o de mi mamá. Esto era sobre Jacob y sus inseguridades.
Me acordé de Emily, de cómo había sentido que nunca podría superarla, de cómo había odiado a Sam por tanto tiempo. Pero también recordé lo que Edward me dijo, que debía dejar ir esos sentimientos, que eso no era amor, era obsesión. Y tenía razón.
Jacob no había aprendido eso. No había dejado ir su enojo, su rencor. Seguía atrapado en el pasado.
Lo miré, sintiendo un peso en el pecho. Era mi papá, pero ahora lo veía diferente.
—Papá… —dije, tratando de mantener la voz firme—. No puedo quedarme aquí. Por favor, llévame con mamá.
Jacob no me hizo caso. Me dijo que no, que él era mi verdadero padre y tenía todo el derecho de estar conmigo. Yo traté de disimularlo el resto de la noche, pero el miedo se me notaba en la cara. No podía dejar de pensar en mi mamá, en cómo estaría tan preocupada, en la regañada que me esperaba cuando llegara a casa. Mi celular estaba muerto.
Mientras me comía los hot dogs más insípidos de la historia, ya tenía un plan. Sabía que, si caminaba un par de horas, podría llegar a esa tienda que quedaba cerca, la que recordaba. Ojalá, mi mamá también la recordara. Cuando veníamos aquí antes, podía ver la esperanza en sus ojos, como si al estar cerca de Jacob, pensara que finalmente seríamos una familia. Pero ahora, al pensar en todo eso, me dio tristeza darme cuenta de que mi familia nunca fue tan unida como yo pensaba. Había visto a mamá tantas veces con los ojos rojos, llena de tristeza, que ya me parecía normal. Extrañaba a mi papá, Edward, pero nunca me di cuenta de que esos ojos rojos significaban que mamá nunca había querido estar con Jacob. Fue justo cuando nos fuimos de la casa, cuando dejé de sentirme tan mal por mí mismo, que me di cuenta de que mamá estaba mucho mejor, que ya no lloraba y, por fin, estaba feliz.
—¿Qué tal están? —preguntó Jacob, señalando los hot dogs.
Le dije que estaban muy buenos, aunque apenas podía tragar. Sentía el nudo en la garganta cada vez más apretado.
—Hay una cosa por la que te traje aquí, hijo —dijo, poniéndose serio—. Sé que quieres ir con tu madre, pero ahora no es buena idea.
Lo miré en silencio, ya sintiendo que venía algo malo.
—¿Recuerdas cuando tuvo una crisis? —preguntó.
Asentí, aunque me dolió recordarlo. Esa vez fue horrible, no entendía bien qué pasaba. Solo sabía que mamá no estaba bien y que después de eso había tratado de estar mejor por mí.
—Pues yo creo que eso es evidencia suficiente para decir que no está capacitada para cuidarte, ¿no crees?
Negué rotundamente, sin dudarlo ni un segundo.
—¡No! —le dije, mirándolo directo a los ojos—. Eso no es cierto. Mamá está bien. Está mejor ahora.
Su expresión cambió. Pude ver un destello de enojo en su mirada, pero trató de disimularlo.
—Hijo, tienes que entender algo —dijo con un tono que pretendía ser paciente, pero se sentía forzado—. Yo solo quiero lo mejor para ti. Tu mamá… ella no siempre sabe lo que está haciendo. Yo sí. Soy tu padre, y eso significa que sé qué es lo mejor para ti.
No dije nada. Mi corazón latía tan rápido que sentía que me iba a explotar en el pecho. Quería gritarle que estaba equivocado, que mamá siempre hacía lo mejor que podía por mí, que era la persona más fuerte que conocía, pero tenía miedo de que, si le contestaba, las cosas se pusieran peor.
En ese momento, lo único que sabía con certeza era que tenía que salir de ahí. Esa tienda, la que quedaba a un par de horas caminando, era mi única esperanza.
Hice como si me fuera a dormir, asintiendo a todo lo que Jacob decía. En mi cabeza, repetía mi plan como un mantra. Saldría de ahí tan pronto como Jacob se durmiera. No tenía otra opción.
Para mi mala suerte, no se durmió rápido. Lo escuchaba moverse en la sala, cambiando de canal en la televisión o suspirando. Pero al menos eso me dio tiempo para cargar mi teléfono. Cada vez que miraba el reloj, sentía que el tiempo pasaba más lento. A la 1 de la madrugada, finalmente me animé a echar un vistazo. Fingí que iba al baño y me asomé.
Ahí estaba Jacob, completamente dormido en el sillón, con la cabeza ladeada y la boca entreabierta. Mi corazón empezó a latir tan fuerte que pensé que podría despertarlo.
Agarré mi mochila, que ya tenía lista desde antes, y salí de la cabaña en silencio absoluto. Cerré la puerta tan despacio que parecía que el sonido del clic podría despertar a todo el bosque. Cada paso hacia el árbol más cercano sentía que era el último antes de que Jacob abriera los ojos y me atrapara. Pero no pasó nada.
Cuando por fin me metí al bosque, respiré un poco más tranquilo, aunque no del todo. Mi corazón seguía galopando como un caballo desbocado, y cada crujido de las hojas secas bajo mis pies me hacía sentir que Jacob aparecería detrás de mí.
Traté de no apartarme demasiado del camino, pero tampoco quería andar por ahí a la vista, por si Jacob despertaba y salía buscándome con su linterna. Era como un equilibrio imposible: no perderme, pero tampoco dejarle pistas de por dónde había ido.
Miraba constantemente mi celular, con la esperanza de ver, aunque fuera una rayita de señal. Pero no había nada, solo el ícono de "sin servicio", como si estuviera en medio de la nada.
Para cuando dieron las 2 de la mañana, mis piernas empezaban a doler, pero no podía detenerme. No ahora. El bosque se sentía más oscuro y más vivo de lo que nunca lo había sentido. Cada sombra parecía moverse. Cada sonido, desde el crujido de una rama hasta el aleteo de un ave nocturna, me hacía saltar.
Debo admitirlo: nunca en mi vida había sentido tanto miedo como en ese momento. Mi mente no dejaba de imaginar todas las cosas que podrían salir mal: que Jacob me atrapara, que me perdiera, que algo más en el bosque me encontrara antes de que yo pudiera salir de ahí. Pero por encima de todo, la imagen de mi mamá preocupada, buscándome, me daba fuerzas para seguir avanzando.
Edward POV
Bella estaba destrozada. Sus manos temblaban mientras pasaba una y otra vez el teléfono entre sus dedos, como si con eso pudiera obligarlo a sonar con noticias de Tony. Sus ojos estaban hinchados de tanto llorar, y su respiración era errática, entrecortada por los sollozos que apenas podía contener. Verla así me rompía el alma.
La abracé, intentando transmitirle calma, aunque yo mismo estaba al borde del colapso. Apoyó su cabeza contra mi pecho, y pude sentir cómo su cuerpo entero temblaba, como si estuviera a punto de desmoronarse por completo.
—Lo encontraremos, Bella. Te lo prometo. Tony estará bien —susurré, aunque las palabras me sabían vacías. No porque no creyera en ellas, sino porque sabía que para ella no eran suficiente.
Ella negó con la cabeza, apretando los ojos con fuerza.
—¿Cómo puedes estar tan seguro? ¡No sabemos dónde está! ¿Y si…? —se detuvo, incapaz de terminar la frase, como si decirla en voz alta pudiera convertirla en realidad.
—No digas eso, Bella —le pedí, tomando su rostro entre mis manos. Su piel estaba helada, y al mirarla a los ojos, lo único que encontré fue miedo. Un miedo que yo había alimentado con mis decisiones.
En ese momento, algo dentro de mí se rompió. Había pasado tanto tiempo planeando cómo destruir a Jacob, cómo devolverle todo el daño que me había hecho, que nunca pensé en el daño colateral. Nunca pensé en Bella, en Tony, en lo que todo esto les haría a ellos. Me había cegado tanto con mi sed de venganza que no vi lo que realmente importaba: mi familia.
Nunca debí haber esperado tanto para regresar. Si hubiera estado aquí desde el principio, nada de esto estaría pasando. Jacob nunca habría tenido la oportunidad de hacerle daño a Bella o de manipular a Tony. Todo esto era mi culpa.
—Bella, lo siento tanto… —dije, con la voz rota. Ella me miró, confundida.
—¿Qué dices? Esto no es tu culpa, Edward. Es Jacob, él… —empezó, pero no pude dejarla continuar.
—No. Sí es mi culpa. Nunca debí haber esperado tanto para volver. Me equivoqué, Bella. Pensé que haciendo esto de la manera correcta, desmoronando a Jacob poco a poco, estaba haciendo lo mejor para todos, pero no. Solo he causado más dolor. A ti, a Tony… —las palabras salían atropelladas, y sentí cómo se me formaba un nudo en la garganta.
Ella negó, pero no dijo nada. Simplemente se quedó en silencio, mirando un punto fijo en el suelo, como si intentara procesar lo que acababa de decirle.
—Tony es fuerte, igual que tú. Pero no debió tener que serlo a esta edad. No debió tener que lidiar con todo esto… —mi voz se quebró al final, y tuve que tragar con fuerza para contener las lágrimas que amenazaban con salir.
La abracé con más fuerza, como si con eso pudiera hacer desaparecer su angustia, sus miedos, todo el dolor que yo había ayudado a causar. Pero no podía. Por primera vez, me sentía completamente impotente. Todo lo que había hecho hasta ahora no significaba nada si no podía proteger a mi familia, si no podía darle a Bella y a Tony la paz que merecían.
—Vamos a encontrarlo, Edward… ¿verdad? —dijo finalmente, en un susurro tan bajo que apenas la escuché.
—Sí, Bella. Lo vamos a encontrar. Y cuando lo hagamos, te juro que no voy a dejar que nadie vuelva a hacerles daño.
Ella asintió, pero su expresión seguía siendo la de una madre rota por la incertidumbre. Y yo… yo solo podía odiarme a mí mismo un poco más. Por no haber estado cuando me necesitaban, por haberlos dejado enfrentar esto solos, y por haber permitido que mi rabia me cegara tanto.
La venganza no importaba. Nunca lo había hecho. Lo único que importaba era mi familia. Y por ellos, esta vez no fallaría.
…
Estaba de pie junto a la ventana, el teléfono pegado a mi oído, repitiendo las mismas instrucciones por quinta vez. La frustración crecía en mi interior, pero no podía permitirme perder el control. Había movilizado todo: drones, rastreadores, helicópteros, incluso equipos de búsqueda por tierra. Cada segundo que pasaba sin noticias de Tony era una daga clavándose más hondo en mi pecho. ¿Cómo lo había permitido? ¿Cómo había llegado todo a este punto?
Miré de reojo a Bella. Estaba en el sofá, sumida en un sueño inquieto, con las lágrimas todavía frescas en sus mejillas. Cada vez que murmuraba algo, sentía como si el suelo bajo mis pies se desmoronara un poco más. La había dejado sola durante tanto tiempo, con un hombre que nunca debió estar cerca de ellos. Todo por mi estúpida necesidad de venganza.
Colgué el teléfono, incapaz de escuchar otra vez que no había novedades. Pasé una mano por mi cabello, desesperado. Entonces, Bella se movió bruscamente, murmurando algo incomprensible, y de repente abrió los ojos de golpe.
—¿Edward?—dijo con la voz llena de desesperación, su mirada buscándome por la habitación como si se estuviera ahogando y yo fuera el único salvavidas.
Me acerqué a ella de inmediato, arrodillándome frente al sofá.
—Aquí estoy, Bella. Estoy aquí, contigo —le dije, tomando sus manos entre las mías. Estaban heladas, como si todo su cuerpo se estuviera apagando por el miedo.
Ella me miró fijamente, con los ojos llenos de algo más que angustia: determinación.
—Edward, creo que sé dónde podrían estar.
Mi corazón se detuvo por un segundo.
—¿Dónde? Dime.
—Es una cabaña —empezó, su voz temblando mientras intentaba recordar—. Solíamos ir allí... cuando todo parecía estar bien. Jacob siempre estaba de mejor humor cuando íbamos, y a Tony le encantaba. Era como si, por un momento, fuéramos una familia normal.
El tono en su voz, la forma en que sus palabras evocaban un pasado en el que Jacob había ocupado el lugar que yo debí proteger, hizo que algo oscuro y ardiente se encendiera en mí. Pero no tenía tiempo para mis celos, no ahora.
—Dame los detalles, Bella —le pedí suavemente, tragándome ese torrente de emociones mientras tomaba un cuaderno y comenzaba a anotar.
Ella describió el lugar con una precisión que solo alguien que había anhelado paz en un lugar así podía lograr. Su voz temblaba, pero no se detenía. Cada palabra era un paso más cerca de encontrar a Tony.
Asentí, levantándome en cuanto terminó. Hice una seña a mis agentes, que estaban esperando en la sala contigua, y les pasé la información.
—Prepárense. Vamos a esa cabaña ahora mismo.
Antes de salir, volví a mirar a Bella. Se estaba preparando también para salir, poniéndose los tenis que se había quitado, me arrodillé junto a ella tomando sus manos entre las mías.
—Vamos a traerlo de vuelta, Bella. Te lo prometo.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero asintió. En su mirada había esperanza, y eso era lo único que me mantenía en pie mientras salíamos rumbo a la cabaña.
Tony POV
Por fin había llegado a la carretera. Sentí una mezcla de alivio y miedo al ver el asfalto bajo mis pies. Estaba seguro de que la tienda no podía estar muy lejos; recordaba que siempre parábamos ahí cuando veníamos a este lugar.
El frío de la madrugada se me metía en los huesos, pero no me importaba. Solo quería encontrar un teléfono, algo que me conectara con mamá. Miré mi celular nuevamente, esperando inútilmente que hubiera señal, pero seguía igual.
El camino estaba desierto, ni un solo carro pasaba. Todo estaba tan silencioso que hasta mis propios pasos me hacían saltar. Me detuve por un momento, tratando de orientarme, cuando de repente vi unas luces.
Un vehículo venía hacia mí desde lejos, iluminando la carretera como si fuera el único punto de vida en la oscuridad. Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Las luces eran tan intensas que tuve que levantar una mano para cubrirme los ojos. No podía ver quién estaba dentro, pero algo en mi interior me decía que debía prepararme para correr.
Me quedé congelado, atrapado entre la esperanza y el miedo. Entonces, una voz retumbó desde el vehículo, rompiendo el silencio como un trueno.
—¿¡Qué diablos estás haciendo!?
Esa no era la voz que esperaba escuchar.
Me quedé parado en medio de la carretera, con el corazón golpeando contra mi pecho y la sangre helada en las venas.
¡Y así cerramos este capítulo, mis queridísimos lectores!
Espero que se hayan mordido las uñas tanto como yo mientras escribía esta escena (bueno, no literalmente, porque una tiene que cuidar el manicure).
Ahora, para animar la conversación, aquí van algunas preguntas:
¿Quién creen que está en el vehículo?
Si fueran Tony, ¿correrían, se quedarían, o saldrían gritando como en una película de terror?
¡Déjenme sus teorías, predicciones y hasta regaños (con cariño, por favor ) en los comentarios! Estoy emocionada por leer todo lo que opinan.
Los quiero un montón, gracias por acompañarme en este viaje. ¡Nos leemos en el siguiente capítulo!
P.D. ¿Quién más se siente como Tony en la vida cuando su celular no tiene señal en el peor momento?
