PARTE 32 Abriendo las Alas

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Según los informes de los Agentes de los Vestra, dos comandantes Agarthanos con un puñado de soldados escaparon de Shambhala sólo con lo que traían puesto. Shamir y Catherine, junto con sus ejércitos personales, sellaron la ciudad derribando parte de la montaña para enterrar bajo tierra, troncos y rocas la única entrada. No hubo más supervivientes. Mientras que, del lado de Sir Alois, un Solon malherido lamentablemente escapó, un par de soldados huyeron con él. Los demás cayeron en batalla y perdieron el rastro de la chica que iba con el hechicero.

Rhea recibió ese mismo informe, y también los documentos, libros y algunas otras cosas que Shamir y Catherine encontraron en la ciudad y, creyeron, podrían serle de utilidad a la Arzobispa. Ninguna de ellas entendía el idioma de los Agarthanos, pero Rhea, Seteth y Flayn sí, por lo que se dedicaron a revisar los libros y documentos, pero sólo eran reportes de víveres y corceles, los libros tenían hechizos tan antiguos que en su momento fueron recitados cuando la mismísima Sothis vivía en carne y hueso en Fódlan.

Y hablando de Sothis.

Rhea por fin comprendía todo y no podía creer que Jeralt en verdad cambió su nombre a uno muy poco original (Gerald) y le ocultó su pasado a su hija.

Luego de revisar los restos del cuerpo que aún portaba la armadura de los Caballeros de Seiros, Rhea pudo llegar a la conclusión de que ese cuerpo no era de Jeralt. A pesar del daño por el fuego debía quedar un rastro de su propio poder. La idea era sensata, que por algo las Reliquias y los Emblemas guardaban tanto poder a pesar del paso de los siglos. ¡Y no había necesidad de mencionar que darle su sangre directamente a Jeralt lo había hecho increíblemente longevo! El poder de la Cresta de Seiros en Jeralt no estaba tan diluido como en el caso de los descendientes de Wilhem.

Pero no sintió ningún poder en ese cuerpo.

¡Todo tenía sentido! Jeralt se llevó a Sitri y después provocó el incendio para dejar un sustituto. Sitri vivió lo suficiente para dar a luz a Byleth y luego murió por culpa de su pobre salud, justo como reportó Shamir. Por supuesto que esa pobre niña no sabía nada del pasado de sus padres. ¡Byleth sería el perfecto receptáculo de su madre! Pero debía dar tiempo, al menos hasta que los alumnos se graduaran, no estaba muy segura de cómo reaccionaría el Emblema de Fuego en un cuerpo como lo era el de Byleth. Sitri no era totalmente de la raza Nabatea y tampoco humana, mientras que Jeralt era un humano bendecido por la sangre pura de un Nabateo, por lo que el mestizaje de Byleth debía ser una locura. La sangre de la joven profesora hizo reaccionar la Cresta y nada le aseguraba lo que iba a suceder apenas pudiera unir ambos elementos, si la profesora quedaba inhabilitada para seguir dando clases sería todo un problema, no podía dejar a la generación actual de alumnos a manos de alguien menos capacitado a mitad del año escolar.

"Ya esperé muchos siglos para verte de nuevo", murmuró Rhea mientras contemplaba con cariño la Cresta de Fuego en sus manos, el pañuelo con sangre seca aún cubriéndole. "Puedo esperar unas Lunas más".

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"El Torneo de la Garza Blanca será el día 16 de éste mes y alguien debe representar a las Águilas Negras", informó Byleth mientras revisaba las notas del día. Monica estaba recogiendo las tareas de los alumnos. "No sé sobre bailes y tampoco quiero obligar a nadie a participar cuando yo no sé del tema, así que prefiero que quien se sienta confiado en sus habilidades de baile, se ofrezca".

Todo el grupo miró a Dorothea al mismo tiempo. La joven Diva del escenario era la elección segura, y dicha Diva sólo rió con ligereza al saberse el centro de atención.

"Si ustedes creen que seré una buena representante..."

"¿Bromeas? Te mueves con mucha elegancia, y lo digo yo, que no sé sobre esas cosas", alegó Shez de inmediato.

Edelgard asintió a las palabras de Shez. "Has cantado y bailado para nosotros en más de una ocasión", en sus cumpleaños y a veces cuando la cantante estaba de muy buen humor. "Conocemos tu talento".

"Dorothea baila como ave volando en primavera, me gusta mucho cómo baila", dijo Petra y miró a Dorothea, compartían escritorio. "Yo quiero verte bailar otra vez".

"Incluso alguien como yo no teme reconocer que tus habilidades artísticas son superiores a las de cualquiera de aquí, incluidas las mías", exclamó Ferdinand.

"Pero si no quieres, yo puedo participar", dijo un alegre Caspar.

"No, por favor", Linhardt negó un poco con la cabeza. "No hay necesidad de discutir demasiado, lo harás mejor que cualquiera de nosotros".

"Si bailas tú, iré a ver el Torneo", dijo Bernadetta con voz pequeña.

"La mayoría ha hablado", intervino Hubert, "¿qué dices, Dorothea? ¿Responderás a la confianza de tus compañeros de clase?"

Dorothea rió. "No que pensara negarme, pero lo haré si es lo que desean".

Byleth asintió y miró a Monica, que tomó el documento que Seteth les dio.

"De acuerdo al comunicado, el participante deberá crear una coreografía original con el Vals de la Garza Blanca", leyó Monica en voz alta. "No se permite copiar movimientos de los otros participantes, por lo que se sugiere que las prácticas sean en privado. Los profesores podrán asistir a los participantes siempre y cuando no formen parte del jurado. Los compañeros de Casa de los participantes podrán apoyar en la creación de la coreografía. Los participantes deben tener presente que, de ganar, se les premiará con una técnica de asistencia para la batalla, una técnica que no puede ser transferida ni enseñada, se sugiere elegir a consciencia a los participantes". Monica enrolló el documento. "Fin del comunicado".

"¡Entonces eres perfecta!" Exclamó Shez, "Siempre nos apoyas y nos das ideas, y tu magia a distancia ayuda mucho en las batallas. ¡Aún recuerdo como peleaste contra Felix!"

"Concuerdo, he peleado a tu lado más de una vez y eres un gran apoyo y una combatiente sinigual", dijo la princesa con mucha seriedad. "Eres la representante perfecta, Dorothea".

Ésta vez la cantante se sonrojó un poco, no pudo evitarlo. "Agradezco que me tengan en tan alta estima. No los defraudaré".

"De acuerdo, te registraremos como la representante de las Águilas. Podrán practicar aquí una hora antes de que vayamos a la Plaza de Armas a entrenar", dijo Byleth. "Me gustaría que todos ayudaran a crear la coreografía con ella".

Y todas las Águilas respondieron afirmativamente al unísono.

Por su lado, Manuela permitió que los Ciervos decidieran quien representaría a su Casa, Hilda fue la elegida. Mientras que en la guarida de los Leones, Hanneman no se sorprendió del todo cuando Sylvain fue elegido por decisión unánime, la fama de mujeriego del chico venía incluida con una serie de habilidades social-lúdico-festivas que incluían el baile.

Ya con los representantes elegidos, las clases siguieron y con ellas las prácticas para el gran torneo que sería en un par de semanas más.

Quien también practicaba era Byleth, que después de su hora del baño compartida con Edelgard, comenzó a practicar baile bajo la tutela de Manuela. Sorpresivamente, Shamir se unió también a la práctica junto con Catherine. La arquera echaba de menos hablar con la joven mercenaria, mientras que la maestra espadachina sólo quería socializar.

"Recuerda, ahora estás guiando, sujeta a tu pareja con firmeza y sigue el ritmo de la música", indicó Catherine mientras Byleth bailaba con Manuela, las cuatro estaban en el jardín frontal de los dormitorios del personal de la Academia. Y por ritmo, Catherine se refería al conteo que Manuela llevaba.

Byleth asintió, se notaba concentrada mientras sujetaba con firmeza la cintura y el hombro de Manuela.

"Lástima que ninguna de nosotras sepa tocar un instrumento, sería más fácil guiarla con música", dijo la sanadora mientras animaba a Byleth a soltarse un poco más.

"El conteo debería bastar, así le enseñé a Shamir", dijo Catherine.

"Durante la fiesta sólo tocarán vals, los pasos son básicamente los mismos", comentó Shamir y se acercó para enderezar la postura de Byleth. "Relájate un poco, sigues tensa".

La joven profesora lo intentó, pero bailar no era el tipo de actividades a las que estaba acostumbrada, ¡por eso dejó que sus alumnos se hicieran cargo de todo! Le gustaba ver a todos participar en los ensayos. Sugerían pasos, aplaudían al ritmo del vals que se interpretaría y parecían divertirse.

Sí, quería divertirse junto con ellos y compartir más actividades nuevas.

Con eso en mente, el cuerpo de Byleth poco a poco comenzó a relajarse. El plan de bailar con Edelgard y con todos los alumnos era uno que realmente quería cumplir. Las mayores notaron que Byleth se movía con un poco más de soltura.

"Podemos ir al pueblo en estos días, ahí hay músicos en las tabernas", propuso Manuela. "Podemos contratar a alguno".

"Lo que tú quieres es ir a beber y a buscar novio", la acusó Catherine.

"Pues no tendría que hacerlo si el caballero que me presentaste no fuera un perfecto idiota", alegó la sanadora maestra.

"Oh, no es culpa suya que lo primero que lo recibiera fuera el desastre que tienes por habitación".

"Un verdadero caballero no se fijaría en ello".

"Quizá no, pero una persona normal sí, y no hay nada de normal en ese desastre que llamas dormitorio".

Mientras Catherine y Manuela discutían, la clase de baile seguía y Byleth poco a poco se soltaba más, Shamir la corregía mientras el otro par estaba ocupado.

"Estás mejorando, pero no sería mala idea practicar con música como ellas dicen", comentó Shamir. Procuró no agregar que comprendía su falta de ritmo y familiaridad con el baile, el Quiebraespadas sólo tuvo una manera de celebrar y era beber hasta caer, con algunas peleas de por medio. Lamentablemente le heredó ese modo a su hija.

"¿Les parece si salimos en una noche de chicas?" Propuso Manuela de inmediato, dejando de lado la discusión con Catherine. "Le enseñaremos a Byleth a bailar con música y en un ambiente más festivo, y quizá encontremos uno o dos galanes".

"Me encanta la idea, pero paso del asunto de los galanes", dijo Catherine de inmediato, omitiendo un ya tengo a Shamir.

"Yo tampoco estoy interesada en eso último, con beber y bailar está bien", respondió la arquera de inmediato. Ella ya tenía las manos llenas con Catherine.

"Oh, más para mi entonces", Manuela guiñó un ojo al otro par. "¿Y qué hay de ti, cariño?" La sanadora enseguida se dirigió a Byleth. "¿Te gustaría buscar alguna cita?"

Cita.

Byleth ya estaba ocupada con alguien y ese pensamiento la hizo enrojecer sin que pudiera evitarlo. Las demás notaron eso pese a la pobre luz de las farolas y no pudieron evitar sentir algo de curiosidad.

"Oh, así que alguien ya te tiene ocupada", comentó Catherine con picardía. "¿Podemos saber quién es?"

Byleth negó.

"Oh, vamos, puedes confiar al menos en mi y contarme todo, te daré todos los consejos románticos que necesites", dijo Manuela mientras dejaba de bailar y abrazaba a su joven colega con cariño.

"Yo no confiaría en sus consejos", le susurró Catherine a Byleth con muy poca discreción.

"¡Escuché eso! ¡Qué insensible y grosera eres!"

Catherine comenzó a reír a carcajadas y Manuela no tardó en reír junto con ella. Las dos sólo querían que Byleth se relajara un poco y al parecer funcionó cuando notaron que ya no estaba tan tensa. Por su lado, Shamir casi podía adivinar quién era la persona que tenía la atención de la joven profesora, pero no sería ella quien echara de cabeza a Byleth.

"¿Quién es?" Preguntó Catherine, ahora curiosa.

"No puedo decirlo", murmuró Byleth.

"Oh, entonces se trata de un estudiante, comprendo", concluyó la Galerna y supo que dio en el clavo al verla tensarse de nuevo. "No es para apenarse, tampoco es un crimen, tú deberías ser una estudiante también", y le causaba mucha curiosidad que la Arzobispa la eligiera para semejante puesto a pesar de ser tan joven. Luego preguntaría un poco más ahora que estaba de regreso en el Monasterio y haciendo misiones simples.

"No tiene nada de malo como ella dice, tu contrato es por un año después de todo", comentó Manuela. "¿Tienes planes para cuando termine el año escolar?"

"Sí, ya me ofrecieron un contrato en el Imperio".

"Es una lástima que no vayas a quedarte, sólo espero que la persona a la que vayan a poner en tu lugar sea tan capaz como tú".

"Quizá se lo pidan a Jeritza", comentó Catherine. "Es un magnífico guerrero".

"Jeritza es un buen chico, si lo ponen a él, lo hará bien", dijo Manuela con una sonrisa. Y en serio creía en lo que decía, en esos meses había tenido la oportunidad de tratar mucho más con él gracias a sus duelos semanales con Byleth.

"¿Les parece si terminamos la práctica por hoy? Es tarde", Shamir no quería ser la aguafiestas pero en serio ya era tarde y al menos las profesoras debían levantarse temprano.

Byleth fue la primera en asentir. "Muchas gracias por ayudarme".

"Y aún tenemos mucho por enseñarte, dulzura. ¿Les parece que salgamos el día de descanso?" Propuso Manuela.

"Si no nos mandan a misión, ahí estaré", respondió Shamir.

"Lo mismo digo", agregó Catherine.

"Me gustaría, muchas gracias".

"Ahora a dormir todas, andando. Vamos, cariño, debo asegurarme que de verdad duermas y no te pongas a leer", dijo Manuela, llevándose a Byleth por los hombros. "Hasta mañana", se despidió del otro par y la joven profesora hizo lo mismo.

"Hora de dormir", Catherine rodeó a Shamir por los hombros y se la llevó para ir a sus propios aposentos. "O quizá no tan pronto".

Shamir sonrió por lo bajo. "¿Tanto baile te emocionó?"

"Hace mucho que no bailamos".

"Bailamos antes de regresar al monasterio".

"No creo que bailar ebria mientras tú me ves, cuente".

"Bailaste con Alois".

"Eso tampoco cuenta".

"Bailaremos en la celebración del Monasterio".

"¿El primer baile?"

"El primer baile".

Con la promesa hecha, ambas fueron al cuarto de Catherine y no precisamente a dormir, al menos no todavía. La noche aún era joven.

~o~

El cumpleaños de Bernadetta fue tan animado como la ermitaña chica lo permitió. La fiesta fue breve pero la arquera se quedó lo suficiente para recibir los regalos que sus compañeros le prepararon, todos relacionados a la jardinería, el dibujo y la sastrería. Fue lindo verla platicar más rato con la igualmente solitaria Marianne. Las dos se estaban haciendo muy buenas amigas y eso era algo que tanto Águilas como Ciervos agradecían.

A ojos de todos en el Monasterio, era un año escolar especial pero que cabía dentro de lo normal. Lo que sólo un puñado de personas sabían era que ya la princesa y su gente de más confianza estaban listos para hacerse de la tan especial arma guardada en la tumba de Seiros. El arma que blandió el mismísimo Némesis: la Espada del Creador.

"Es aquí, Lady Edelgard", Monica señaló la placa metálica en el muro, misma que pasaba bien desapercibida en la antiquísima construcción.

Edelgard asintió y puso su mano en la placa. El Emblema de Seiros en su sangre se activó al instante y pudo empujar la puerta de piedra. Procuró hacerlo despacio para evitar cualquier ruido fuerte. Hubert vigilaba los alrededores, debía estar atento a pesar de que la vigilancia en Garreg Mach volvía a la normalidad. El regreso de Sir Alois y todas las fuerzas principales de los Caballeros de Seiros tenía calmada a la Arzobispa. Y pese a ello, esperaron un poco más antes de acceder al Mausoleo.

De hecho, aprovecharon que esa noche la profesora Byleth salió al pueblo con la profesora Manuela, Sir Catherine y Sir Shamir. Una noche de chicas, eso le contó Byleth a Edelgard y ésta sólo sonrió, le gustaba que su profesora disfrutara de su tiempo en el Monasterio. Si Byleth confiaba en Shamir y Manuela, entonces la presencia de Catherine no debería ser un problema.

El interior del Mausoleo estaba totalmente oscuro, normal cuando sólo se abría al público una vez al año. Se alumbraron con una antorcha mientras se dirigían al fondo del sitio, que era donde estaba la tumba de Seiros en un sitio preferencial e increíblemente llamativo. La Arzobispa en serio era presuntuosa como para resaltar a propósito la posición de la Santa Seiros en la religión que inventó.

Los tres llegaron a la tumba y bastó con la fuerza de Edelgard para quitar la tapa de roca y, ¡sí, ahí estaba! ¡La Espada del Creador! Pero pronto los tres notaron algo en el arma.

"No tiene la Piedra Emblema", señaló Hubert al notar el hueco en la zona entre la empuñadura y la hoja.

"La espada se siente pesada", comentó Edelgard y la blandió sólo para hacer la prueba, pero nada sucedió. La espada era demasiado grande y sus manos no cerraban completamente en la empuñadura, un arma hecha para un hombre grande como lo fue Némesis. Era como tratar de blandir un tronco, ni siquiera el hacha más pesada de la armería era tan incómoda de blandir.

"La espada no reacciona como lo hacen las reliquias de Sylvain e Hilda", dijo Monica de inmediato. Ella, desde luego, asistía a Byleth durante los entrenamientos del par de alumnos con sus Reliquias y éstas siempre brillaban al contacto con la persona que poseía la respectiva Cresta, además de moverse como si tuvieran vida. Eso en especial causaba un repelús a Hilda que empobrecía sus ya pocos deseos de entrenar.

"Me atrevo a pensar que la Arzobispa tiene la Piedra Emblema", sonó la voz ligeramente molesta de Hubert. Tanto que planearon, prepararon y esperaron para entrar ahí, y la mítica arma era inútil.

"De todos modos llevémonos la espada", fue la firme decisión de Edelgard. "Quiero que ésta espada y mi Aymr estén a salvo en Enbarr. Solon aún podría tratar de usar a Aymr como un faro guía como Kronya dijo. Si apareciera en el castillo de Enbarr, el Conde Bergliez y sus hombres le darán una cálida bienvenida".

"Se hará como usted ordene, Lady Edelgard", respondió el mago de inmediato.

"¿Desea que busquemos otra cosa, milady?" Preguntó Monica mientras miraba atentamente a los alrededores. Sólo había tumbas.

"No, con esto bastará, no nos sirve nada más de éste sitio y tampoco quiero que hagamos algo que le ayude a la Arzobispa para rastrearnos. Salgamos de aquí".

Era lo mejor. Edelgard y Hubert sabían que lo que las Serpientes querían del Mausoleo, además de la Espada, eran las Piedras Emblema que estaban resguardadas en las tumbas. Las necesitaban para sus sucios hechizos y horribles experimentos. Si sacaban a Aymr del Monasterio, le quitarían todas las oportunidades a Solon, por muy pequeñas que fueran, de entrar a Garreg Mach y hacer monstruosidades. Y ella misma no tenía necesidad ni utilidad para usar dichas Piedras.

No había más por hacer ahí. Luego de sellar nuevamente la tumba y cubrir la espada con una manta, los tres salieron tan rápido como entraron y justo a tiempo, los guardias que rondaban a esa hora pasaron después de que ellos corrieran a sus habitaciones con el botín en manos como los ladronzuelos que eran.

~o~

El Torneo de la Garza Blanca finalmente llegó.

Las tres Casas ayudaron a sus bailarines elegidos con sus rutinas de baile y todos se sentían confiados en ganar. Alumnos y personal del monasterio en general se reunieron en la enorme Sala de Recepciones, la orquesta del Monasterio sería quien tocaría el Vals de la Garza Blanca. La Arzobispa Rhea, desde luego, estaba presente junto con su personal de más confianza. ¡Flayn estaba ahí también! Muchos de los alumnos la notaron pero no era un rostro que conocieran, tampoco tuvieron la oportunidad de acercarse a platicar con ella, la presencia de Seteth bastaba para alejar a cualquier posible amenaza de su querida hermana.

Alois, Shamir y Manuela estaban en un espacio preferencial cerca del centro de la sala. Mientras que Hanneman y Byleth se quedaron junto al personal del Monasterio. Byleth en serio quería ver la presentación de todos, era ajena a las artes escénicas en general y estaba genuinamente curiosa. La salida de chicas le ayudó a mejorar sus habilidades de baile, pero el momento de la verdad vendría en unos días más. Aún tenía tiempo de mejorar.

Una vez que todos estuvieron reunidos, el evento comenzó.

"¡Bienvenidos al Torneo de Baile de la Garza Blanca!" Alois era el encargado de las presentaciones. "Como cada año, estamos aquí reunidos para celebrar la expresión del arte por medio de la armonía entre el cuerpo y la música, que también son necesarios para enriquecer la mente y el alma de los alumnos que tienen el honor de vestir el uniforme de la Academia de Oficiales".

Manuela sonrió a las palabras de Alois, le agradaba que siempre saliera con discursos nuevos cada año. Por suerte no hubo ningún mal chiste. Shamir se mantenía seria pero solemne.

"Mis compañeras y yo seremos los jueces del evento. Ya me conocen, soy Alois Rangeld, Capitán de los Caballeros de Seiros. Y ellas son mis compañeras, la gran ex-diva de la Compañía Operística de Mittelfrank, Manuela Casagranda".

Los presentes aplaudieron con ánimos mientras la profesora saludaba a todos.

"Y Sir Shamir Nevrand, miembro de la Orden de los Caballeros de Seiros".

La aludida sólo hizo un educado movimiento de cabeza en respuesta a los aplausos.

"El primer participante del torneo es el representante de los Leones Azules, el joven Sylvian Jose Gautier. Pasa, por favor".

Entre aplausos y ánimos de parte de sus compañeros de Casa, Sylvain fue al centro e hizo una reverencia a los jueces y a la Arzobispa. La música comenzó y Sylvain hizo gala de sus mejores movimientos, dejando en claro su estilo coqueto rozando en lo atrevido, con giros y movimientos de cadera mientras danzaba como un pájaro volando entre las flores de un jardín. Más de una vez le dedicó sonrisas y guiños a las damiselas entre el personal del Monasterio, e incluso a las alumnas de las otras Casas.

Su presentación terminó con una reverencia a los jueces. Luego de un acrobático giro y salto que lo hizo terminar con una rodilla en el suelo, posando como ave entre las flores con sus alas extendidas y mostrando su brillante plumaje.

Fue un baile excelso y todos aplaudieron mientras Sylvain agradecía a todos y regresaba con el resto de los Leones.

"¡Fue una gran presentación, muchacho!" Lo felicitó Alois. "Ahora es el turno de las Águilas Negras, representadas por la señorita Dorothea Arnault, ¡un aplauso para ella, por favor!"

Todos aplaudieron, las Águilas y Byleth animaron con más fuerza e incluso Caspar silbó. Dorothea sólo les guiñó un ojo a sus compañeros antes de ir al centro de la sala y hacer una elegante reverencia, claramente rememorando sus días en la Ópera. La ya conocida melodía comenzó y todos se sorprendieron cuando Dorothea invocó rayos en sus manos y los mantuvo activos mientras bailaba, hacía danzar inofensivos pero visibles relámpagos junto con ella. Los miembros de las otras Casas se sorprendieron al ver que Dorothea recreaba técnicas de combate en forma de elegantes pasos de baile.

Byleth abrió un poco más los ojos al reconocer muchos de esos movimientos. Dorothea recreaba a su modo y con estilizados pasos el estilo de combate de los miembros de las Águilas Negras. El paso más llamativo fue el corte doble de espada de Shez, que brilló con fuerza y mostró poder y mucha energía.

Era casi hipnótico ver sus atrevidos y fieros movimientos acompañados por los rayos. El final de su presentación se vio adornado por un par de esferas de trueno siendo lanzadas al suelo y estallando en chispas, mientras se levantaba victoriosa ante el oponente imaginario con el que combatió en su baile.

Todos quedaron mudos unos segundos más antes de aplaudir con fuerza. Nadie iba a negar que fue una presentación fantástica. Los aplausos duraron un poco más antes de que Alois tuviera que calmar los ánimos del público.

"¡Magnífica presentación, joven Arnault!" Exclamó Alois. "Y ahora, para finalizar con las presentaciones, de parte de los Ciervos Dorados, tenemos a Hilda Valentin Goneril. ¡Recibámosla con un aplauso!"

De nuevo sonaron más aplausos mientras Hilda se colocaba al centro. Pese a la aplastante presentación de Dorothea, Hilda se mostraba confiada y lista para divertirse, ese era su único objetivo. Y justamente eso reflejó en sus pasos de baile, el júbilo y la diversión de la música, con giros y saltos que no perdían el ritmo festivo de ese vals en especial, Hilda era la doncella en un carnaval de primavera, llena de vida y bríos. Se mostraba ágil y sus giros reflejaban no solamente gracia si no una gran habilidad atlética. Finalizó su presentación con los brazos abiertos pero hacia sus compañeros de Casa, quienes comenzaron a vitorear y aplaudir primero, el resto del público no tardó en unirse a las ovaciones y Alois nuevamente tuvo que calmar a todos.

"¡Pido unos minutos para que los jueces deliberemos! ¡Todos han mostrado una habilidad increíble y desde ahora sepan que son ganadores!" Dijo y Alois enseguida se puso a deliberar en voz baja con sus colegas.

Alumnos y personal del monasterio hablaban en voz baja y muchos se daban una idea de quién ganaría el Concurso. Los alumnos felicitaban a sus representantes y reiteraban que habían hecho un gran trabajo. No pasó demasiadotiempo antes de que Alois nuevamente pidiera el silencio del público con un gesto de manos y su ruidosa voz.

"¡Muchas gracias a todos por su espera! ¡Aquí están los resultados!" El Capitán miró a Shamir y asintió.

La arquera dio un paso al frente. "Dos de las presentaciones estuvieron llenas de energía y mostraron lo mejor de los participantes, pero hubo una presentación que dio mucho más de lo pedido y demostró en un baile todo lo que ha aprendido en la Academia, creo que todos sabemos quién es. La ganadora del Torneo de la Garza Blanca es Dorothea Arnault de las Águilas Negras".

Todos estallaron en aplausos mientras Dorothea era abrazada por sus compañeros de Casa, Caspar y Shez incluso la levantaron en hombros sin aviso, haciéndola gritar por la sorpresa. Dorothea se compuso rápido y agradeció a todos por su apoyo y ovaciones. El escándalo propio de la celebración se fue apagando poco a poco conforme la Arzobispa Rhea se ponía en pie y se preparaba para premiar a la ganadora.

"Pequeña, ven aquí, por favor", la llamó Rhea mientras Seteth le entregaba un pergamino mágico.

Dorothea se colocó ante la Arzobispa e hizo una educada reverencia.

"Te felicito por tu gran presentación, lo hiciste de manera maravillosa. Y como premio a tu esfuerzo, te concedo una técnica especial mágica que te permitirá darle más vigor y fuerza a tus aliados para que puedan seguir avanzando", dijo Rhea mientras desenrollaba y comenzaba a leer el hechizo en el pergamino, lo hacía en baja voz y casi no se entendía lo que decía. El pergamino se quemó, transformándose en una luz que cubrió a la alumna y la hizo brillar por un par de segundos.

Dorothea sintió un extraño golpe de energía en su cuerpo y se miró las manos un poco, sin saber cómo reaccionar al hechizo.

"Sabrás adaptarte a éste nuevo poder, te lo aseguro", la calmó la Arzobispa y enseguida miró a todos. "Agradezco su presencia y espero verlos una vez más en la Celebración de la fundación de Garreg Mach, que será la semana entrante. Demos un aplauso más a los participantes del Torneo", ella misma comenzó a aplaudir primero y pronto todos la siguieron.

Byleth fue corriendo con sus alumnos apenas el público empezó a dispersarse.

"Buen trabajo, Dorothea", fue la felicitación de Byleth y enseguida le dio un regalo, una hermosa peineta de hueso con adornos y grabados de flores.

Su primer impulso fue darle un ramo de flores, pero cambió de idea el día que salió con Manuela, Shamir y Catherine. Vieron un vendedor viajero y Byleth gastó todo lo que traía consigo en esa cara peineta. Ya tenía el regalo de Dimitri preparado de antemano.

"Oh, profe Bylie, ¡me encanta!" Dorothea le dio un apretado abrazo a la profesora. "¡Muchas gracias!"

"Sabía que lo harías bien, pero esto superó todo lo que imaginé".

"Nos dejaste trabajar por nuestra cuenta y me alegra que lo hicieras, quería sorprenderte también. La rutina no fue sólo mía, fue trabajo en equipo".

"Fue un buen trabajo".

Más felicitaciones y abrazos le llovieron a Dorothea, incluso de parte de las otras dos Casas y sus profesores. Manuela en especial la abrazó con mucha fuerza mientras repetía lo orgullosa que se sentía de ella. La joven cantante necesitaría tiempo y entrenamiento para hacer esa nueva técnica suya y sacarle el mejor provecho posible, pero ya tendría oportunidad después, era el momento de celebrar y a todos les esperaba un banquete especial en el comedor.

~o~

Dimitri estaba particularmente contento. Desde la muerte de sus padres y Glenn en la Tragedia de Duscur, la celebración de cumpleaños del joven príncipe era un simple trámite formal donde recibía regalos de parte de la nobleza, regalos que en su mayoría eran armas y armaduras, comida y flores. Le daba uso a las armas y a las armaduras y todas ellas las desgastó hasta quedar inutilizadas, culpa del explosivo poder de su Emblema. La comida la comía por mero compromiso, pero no que sintiera el sabor descrito en las misivas de felicitación, mientras que las flores quedaban arrumbadas en las esquinas de su dormitorio hasta marchitarse.

Pero ahora la celebración tenía un toque distinto.

Los regalos eran pensados especialmente para él, la comida de nuevo tenía sabor y había desarrollado un gusto particular por los postres de Mercedes y la comida de Ashe y Dedue. Las flores ahora las veía más brillantes y las percibía con mejor aroma, así que se dio un momento para ir a dejar las flores a su dormitorio. Dedue lo acompañó y fue él mismo quien se encargó de acomodar las flores de manera armoniosa y de pronto el dormitorio pareció cobrar más vida. Dimitri prometió mantener los floreros con agua todo el tiempo.

Apenas los dos regresaron al comedor, la celebración siguió.

"Sé que las habilidades de nuestros herreros no se comparan al de los Maestros Herreros de Faerghus, pero te aseguro que éste regalo será de tu gusto", dijo Edelgard mientras le ofrecía a Dimitri una daga bastante pesada y resistente. Claramente en pago a la daga que él le regaló cuando eran niños. La empuñadura incluso era grande, lo suficiente para la mano grande de Dimitri.

Edelgard esperó hasta el final para de darle el regalo a Dimitri. Todos los demás comían y platicaban.

Byleth, por cierto, le regalo a Dimitri una espada ceremonial que consiguió con un comerciante viajero.

"Me encanta, Edel, muchas gracias", dijo Dimitri mientras los ojos le brillaban ante los detalles del arma. Era una daga bastante filosa y la vaina tenía hermosos grabados. "Le daré un buen uso, lo prometo".

Edelgard no contuvo una sonrisa de satisfacción. Tampoco era necesario que se supiera que aprovechó ese encargo desde Enbarr para poder enviar la Espada del Creador y su hacha Aymr de regreso a la capital, usando los mismos mensajeros que llevaron el regalo de Dimitri.

"Es una lástima que no tuviéramos oportunidad de salir de día de campo, la profesora Byleth siempre nos lleva a un prado donde hay un río".

"Si mal no recuerdo, las aguas profundas y tú no se llevan bien", comentó el príncipe con una sonrisa.

"No tengo porque meterme al agua, me gusta el murmullo del río, es todo", se defendió Edelgard de inmediato.

"Oye, Edel..."

"¿Hmm?"

"Hay algo que me gustaría pedirte".

"Oh", la princesa miró a su alrededor, todos parecían ocupados. "Podemos hablar afuera si quieres".

"Aquí está bien, será algo rápido, creo..."

"Te escucho".

Dimitri tomó aire y juntó sus manos antes de hablar. La daga por mientras se quedó en la mesa. "Tengo muchos planes para cuando me vuelva Rey, pero lo primero que haré será restaurar el territorio de Duscur y demostrar que ellos no fueron los culpables de lo sucedido".

"Oh..." Edelgard no pensaba preguntar detalles, al menos no todavía. "Me alegra que vayas a darle justicia a la gente de Dedue".

"La temporada de tormentas está cada vez más cerca y la comida comenzará a escasear, así que me gustaría ver lo del tratado de comercio contigo lo más pronto posible".

Casualmente, el Imperio pronto necesitaría más armas y armaduras, eso requería más metal y Faerghus tenía mucho metal. La princesa sonrió. "¿Tienes la autoridad para autorizar el tratado?"

"Sí".

Indagar sobre el Rey Rufus no era necesario. Edelgard asintió y le extendió la mano. "Tenemos un trato, Dima".

CONTINUARÁ...