Lavender y Parvati solo hablaban de chicos. Chicos y besos, y eso estaba poniendo enferma a Hermione. Allí estaba ella, literalmente manipulando el tiempo para poder estudiar más, y ellas estaban parloteando sobre técnicas de coqueteo. Hermione había usado su tiempo sabiamente ese primer semestre, solo dedicándolo a las clases y nada más.

Pero se sentía tan cansada y tan terriblemente sola.

Tal vez la razón por la que el ajetreo y las risitas de sus compañeras de cuarto la molestaban tanto era que deseaba tener tiempo para chicos, o alguien con quien hablar sobre su chico. Hermione había comenzado a pensar en él posesivamente de esa manera, ya que no existía del todo fuera de sus encuentros. A menudo se preguntaba cómo era, un Slytherin y, sin embargo, un romántico. La imagen de eso de alguna manera no encajaba del todo en su mente. Aparte de tratar adivinar cómo era y cómo se llamaba, Hermione intentaba no pensar en eso, pero no podía evitarlo. Era una preocupación. Ella podría nunca conocerlo en persona, y eso la asustaba muchísimo.

Una tarde de domingo en noviembre, Hermione finalmente tuvo suficiente de todo. La escuela se estaba volviendo terriblemente abrumadora, incluso para ella, y la ansiedad de los chicos por los eventos de ese año comenzaba a convertirlos en idiotas de primera clase. Harry estaba obsesionado con Malfoy y Buckbeak, Ron estaba siendo su típico yo tonto y contradictorio y ella... bueno, estaba cansada. Todo lo que preocupaba a los chicos siempre terminaba en su regazo para que lo arreglara. Hermione lo necesitaba a él. Y entonces repitió el hechizo, tarde en la noche en la lechucería después de enviar una carta a sus padres.

Se materializó en una nube de luz azul, y ella tuvo que levantar la vista para encontrarse con sus ojos. Había crecido una cabeza desde la última vez que lo vio, y su mirada la dejó sin aliento. Había una mirada dura en él que decía que también había crecido mentalmente. A ella no le gustó, ni un poco. Él sostenía sus libros contra su pecho, y su ojo izquierdo estaba amoratado con heridas rojas y purpuras. Su nariz también sangraba, un goteo constante de rojo le bajaba hasta el labio. Ocultas detrás de la cortina de su cabello había más heridas, pero no podía esconderse de ella. Los libros que había estado cargando cayeron al suelo, ya que aparentemente, no la había esperado.

"¡Oh, no, ven aquí!" Hermione corrió hacia él, rodeándole el cuello con los brazos. En ese momento no le importaba que fuera un Slytherin, o que luciera un poco severo, o que fuera un desastre ensangrentado. No le importaba si realmente no se conocían.

Hermione deslizó sus dedos sobre su ojo amoratado, sus labios tan cerca de su mandíbula. Lentamente, como si no lo pudiera creer, él la abrazó.

"¡Ojalá supiera si estabas bien, pareces haber estado en una pelea! ¡Oh, ojalá pudiéramos hablar!" Hermione estampó su pie en el piso sucio de la lechucería, para diversión de él. Él arqueó una ceja con curiosidad, de una manera extraña que hizo que se le hiciera un nudo en el estómago. Oh, ella realmente, realmente quería besarlo.

"Voy a besarte ahora", dijo Hermione, más que nada para su propio beneficio. Necesitaba el coraje.

Hermione deslizó sus dedos por el cabello de su nuca y lo atrajo hacia abajo, sus labios casi tocándose. Él la miraba con una intensidad que hizo que su corazón latiera con bastante fuerza, podía sentir su aliento en su piel.

"Voy a besarte..." repitió, sus labios presionando suavemente sobre los de él. Él agarró su suéter con fuerza, inclinándose hacia ella y profundizando el beso lo suficiente como para hacer que su cabeza diera vueltas. Esto estaba mucho más allá de lo que estaba preparada. Hermione podía saborear el sabor cobrizo de la sangre en su labio superior y eso la aterrorizó. ¿Quién era este chico? Separaron sus labios, ambos rostros escarlata por la euforia y el miedo. Hermione agarró los extremos de su bufanda de Slytherin, rogándole al universo que lo dejara quedarse.

Pero eso no sucedió. Él se disipó en lo desconocido, pero el fleco de la bufanda que ella había estado agarrando se quedó atrás. Hermione los sostuvo en su palma, con lágrimas en los ojos. Esto era todo lo que tenía de su enigmático amor verdadero. Un poco de hilo verde y plateado.

Los guardó entre las páginas de su cuaderno para protegerlos, comprobando que todavía estuvieran allí todos los días.

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Lucius le había regalado un texto sobre Magia Mental en su tercer año y se había obsesionado bastante con estudiarlo. Severus creía que podía desbloquear la capacidad de abrir las mentes de los demás y mantener la suya... cerrada. Odiaba el talento que tenían algunas personas para leer sus emociones en su rostro. Sin embargo, no podían hacer eso si él no sentía nada. En cambio, podía echar un vistazo a sus mentes y predecir sus acciones, siempre estando un paso por delante.

Pasaba incluso menos tiempo con Lily. Era casi diciembre y solo la había visto propiamente dos veces. Ella odiaba "en lo que se estaba convirtiendo", lo que fuera que eso significara. Afirmaba que estaba actuando de manera oscura, que los buenos magos no necesitaban leer las mentes de las personas.

No quería ser un buen mago. El maldito James Potter era un "buen" mago. Todos los profesores lo afirmaban, lo que irritaba a Severus hasta el extremo. Severus quería ser un mago poderoso, así que estudió e hizo lo mejor que pudo para perfeccionar el arte de la Oclumancia mientras evitaba las "bromas" de Potter y sus semejantes.

No logró evitarlos para siempre.

Black y Potter lo habían acorralado después de la cena y lo habían hechizado por completo. Severus respondió con un puñetazo en la cara pomposa de Black, infligiendo dolor al estilo muggle. Black gritó y luego se echó hacia atrás para asestar su propio golpe descuidado. Severus era demasiado arrogante, ya que el golpe hizo contacto con su cara y se escuchó un claro crujido de hueso. Lo hizo caer sobre su trasero, pero no emitió ningún sonido ni expresión de dolor.

"¿Qué eres, un Inferius? ¡Grita! ¡Llora!", gritó Black al ver su rostro inexpresivo, golpeándolo de nuevo por si acaso. Potter luego lo pateó en las costillas.

"¡Llora, Quejicus! ¡Vamos, llora!".

No lo hizo. Al final se cansaron de golpearlo y lo dejaron allí tirado. Severus se recompuso, confiando únicamente en su mente despejada para hacer frente a lo que había sucedido. No quería volver a sentir nada nunca más.

Caminó hasta la lechucería para encontrar algo de soledad, con la esperanza de poder seguir manteniendo el desapego entre su mente y su dolor físico. Sin embargo, el dolor mental se estaba filtrando. Había pasado casi un año desde la última vez que vio a la chica Gryffindor. Había probado el hechizo, pero estaba seguro de que nunca volvería a aparecer. Ella había echado un vistazo a su corbata de Slytherin y fruncido el ceño, y luego se había evaporado de su vida llevándose su corazón con ella. Pronunció el hechizo como un mantra sin esperanza, pero no pensó en ello. Un susurro de viento le rozó los hombros y le dio escalofríos, y de repente la lechucería se llenó de una luz azul iridiscente.

¡Allí estaba! Su chica. Más allá de lo imposible, ¡todavía lo amaba!

Severus dejó caer sus libros, realmente nunca pensó que la volvería a ver. Ella hablaba con ansiedad y esta vez no necesitaba oírla para saber de qué estaba hablando. Corrió hacia Severus y casi lo derribó, tocando su rostro herido. Estaba preocupada por él, por su bienestar. El calor se extendió desde cada lugar de contacto y él no pudo evitar abrazarla. Esto era todo lo que tenía y todo lo que quería. Ella estaba petulantemente disgustada por lo que sea que lo había lastimado y él no pudo evitar sonreírle, levantar una ceja de una manera que desesperadamente esperaba que pareciera suave. Ahora estaba susurrando. Severus podía sentir el aliento de sus palabras contra sus labios y lo hizo temblar. Quería que esto nunca terminara, pero lo hizo.

La pequeña ladrona se había llevado una parte de su bufanda y ahora la cosa tenía un parche de aspecto extraño sin borlas. Sin duda se burlarían de él por verse más andrajoso, pero no podía importarle menos. Ella tenía una parte de él ahora y Severus estaba seguro de que la amaba.

Nota de la traductora: no les encanta como se dan esperanza el uno al otro! Cuéntenme que les parece.