Notas de autora: ¡Hola a todos! Antes de dejarlos leer, quiero agradecerle infinitamente a Arianne Luna por haber comentado el capítulo anterior. Realmente es un placer saber que la historia está gustándote.
Ahora sí, espero que disfruten de este POV de Draco tanto como yo lo hice escribiéndolo.
Advertencia: el capítulo está escrito desde el POV (point of view = punto de vista) de Draco y contiene, al comienzo, menciones de fingerfucking y masturbación.
7 de enero de 2011
Realmente no tengo la más remota idea de cómo llegué aquí. En un momento estoy recostado en el viejo sillón de Greg tratando de dormir unas cuantas horas, y al siguiente, me encuentro recostado sobre un sofá muy lujoso de color blanco, aunque esto no es lo más llamativo de todo. No, lo que de verdad me sorprende es el hombre completamente desnudo que tengo sentado a horcajadas sobre mi regazo, mientras lo siento comenzar a besarme el cuello con desbordante pasión. Mis manos se cierran automáticamente alrededor de las caderas de este joven que, si la vista no me falla, es muy bajito y bastante delgado. El chico permanece ajeno a la forma en la que estoy observándolo mientras intento beber cada detalle de él, eso sí, sin dejar de disfrutar ni siquiera por un segundo de las atenciones que este dulce hombre continúa prodigándome con esos labios adictivos.
Mi mente se encuentra bastante perdida en un mar de excitación, pero eso no me impide ver que la apariencia física de este hombre es casi perfecta. No sólo su contextura es de mi preferencia, sino que a eso hay que sumarle la mata de cabello salvaje que tiene en un color negro tan intenso que parece relucir como obsidiana a la luz de las velas. Sin embargo, lo que me vuelve loco de deseo, una vez que jalo el cabello de este chico para apartarlo de mi cuello, son esos ojos de color esmeralda que se entrecierran con incontenible deseo por mí. Y si creía que nada podría mejorar esto, el gemido que suelta este chico sin nombre termina de quitar cualquier rastro de raciocinio de mi ser. El sonido es una combinación perfecta entre un gemido y un ronroneo que lo hacen sonar sumamente erótico, y el cual es capaz de ponérmela dura al instante.
El chico que tengo retorciéndose en mi regazo permanece ajeno a lo que pasa por mi mente y, en su lugar, me observa con esos brillantes ojos verdes y muerde su labio durante unos segundos en un gesto que me hace querer enterrarme dentro de él hasta hacerle perder la cordura. Toda la apariencia física de este hombre perfecto me recuerda a un gatito, motivo por el cual comienzo a llamarlo dentro de mi mente de esta forma. El gatito parece impacientarse y vuelve a soltar su labio. Luego, se acerca a mi boca una vez más y comienza a besarme con desesperación. Nuestras lenguas se encuentran de inmediato, pero la suya no tiene intenciones de tomar el control, por el contrario, este gatito parece ser completamente sumiso y está encantado de dejarme marcar el ritmo de lo que ocurre. Mis manos comienzan a deslizarse por el cuerpo desnudo que tengo en mi regazo, y en menos de lo que uno tardaría en realizar un pestañeo, alcanzo el trasero respingón de este chico. Utilizo mi mano izquierda para apartarle las nalgas con el fin de descubrir ese bendito agujero que esconden, y esto es suficiente para hacer que el gatito gima más fuerte y se retuerza en mi regazo de forma tal que nuestras entrepiernas se chocan entre sí.
Otro gemido-ronroneo escapa de la boca pecaminosa de este gatito, antes de acercarse hacia adelante y murmurarme algo contra los labios que me deja completamente aturdido de deseo.
─Draco… Te necesito. Por favor.
El gatito vuelve a besarme, esta vez con suavidad y de una forma tan sensual que lo hacen ver como una especie de deidad específicamente creada para complacerme. Y a pesar de que no hay nada que quiera más en esta vida que complacerlo, no puedo evitar bromear con él. Inmediatamente, retiro la mano con la que estoy separando sus nalgas y vuelvo a realizar un camino ascendente por la cadera del chico. Este hecho me gana un sonido de protesta y lo siento removerse con impaciencia en mi regazo, a la vez que su rostro adquiere el mohín más adorable del mundo.
─No juegues conmigo, dragón.
─No estoy jugando contigo, gatito.
Mi boca suelta automáticamente este apodo y sin que pueda evitarlo, aunque esto no parece sorprender al joven sin nombre que tengo sobre el regazo, por el contrario, él parece completamente acostumbrado a que lo llame así, si la forma en la que está observándome con cariño y algo de exasperación es indicativo de algo.
─¡Sí, lo estás!
─No, no lo estoy.
─Si no lo estás, entonces, ¿a qué estás esperando?
El adorable gatito pregunta esto con el labio inferior hinchado en una mueca que pretende imitar a la de un niño al que no le cumplieron un capricho, aunque eso sólo incrementa aún más mi diversión. Si su intención es hacer que me dé prisa, eso sólo acaba de conseguir lo opuesto.
─¿A qué estoy esperando? Creo que no comprendo, gatito. ¿A qué te refieres con eso?
─¡Draco! ¡Ya deja de provocarme!
El gatito me asesta con las palmas de sus manos un leve golpe sobre mi pecho en un intento por reprenderme, a la vez que se reacomoda sobre mi regazo de manera tal que mi pija queda prácticamente apresada entre sus nalgas, aunque esto no alcanza para que pueda enterrarme dentro de él. Ambos soltamos un gemido ante esta nueva posición, y esto es suficiente para eliminar de mi ser cualquier rastro de provocación que me quede; porque el simple hecho de sentir por completo el roce de la fruncida piel de su entrada me deja con ganas de enterrarme de una vez en ella. El gatito parece notar el cambio en mi humor gracias a la forma en la que estoy apretándole las caderas con fuerza, ya que vuelve a acercarse a mis labios, y empleando el susurro más erótico del mundo, me murmura contra ellos unas palabras que me encienden como un fuego inmortal.
─Hazme tuyo, mi amor.
Y eso es todo lo que necesito escuchar para apartarlo lo suficiente de mi cuerpo con el único propósito de volver a separar sus nalgas. Una vez que su entrada queda expuesta nuevamente, utilizo uno de mis dedos para rozarla y comenzar a prepararlo. Una especie de hechizo es murmurado por este gatito porque, de inmediato, mis dedos se llenan con un líquido resbaladizo, lo cual facilita el trabajo que tengo entre manos. El primer dedo ingresa dentro del cuerpo de este gatito con absoluta facilidad y lo escucho comenzar a gemir con esos ronroneos que me vuelven loco. Otro dedo se suma al anterior y comienzan a realizar un movimiento de tijeras para expandir su cavidad y prepararlo para lo que sigue, mientras que mi nombre escapa de la boca de este chico como una especie de mantra.
─Draco… Draco…
Añado un último dedo junto al resto, y cuando considero que se encuentra lo suficientemente preparado para recibirme, los retiro y embadurno como puedo mi erección para poder facilitar mi entrada en él. Cuando creo estar listo, lo tomo de las caderas y comienzo a guiarlo de forma tal que él pueda apuntar directamente hacia mi pija.
─Draco… Draco…
Su fruncida entrada se encuentra a escasos centímetros de rozar mi erección, y justo cuando estoy a punto de apresurar las cosas y elevar mis caderas para ir a su encuentro, escucho otra voz llamando mi nombre y a alguien zarandeando mi brazo derecho.
─Draco… Draco...
Esta voz no se parece en nada a la adorable voz del gatito que tengo en mi regazo, de hecho, es todo lo contrario. Dicha voz es ronca y bastante hosca, y es una perfecta representación auditiva de la forma brusca en la que están moviendo mi brazo. Y eso es todo lo que necesito sentir para despertarme sobresaltado y con una erección de campeonato entre las piernas que me será muy difícil de disimular frente a Greg; porque sí, quien me despertó de ese sueño perfecto no es otro más que Gregory Goyle.
El rostro rechoncho de mi amigo aparece frente a mi campo de visión, y yo no consigo hacer nada más que apartarlo de un manotazo, mientras intento encubrir como puedo la obvia excitación que tengo entre las piernas. Afortunadamente, Greg no parece ser una persona demasiado observadora y no alcanza a notar nada de esto.
─Es hora de que despiertes. Necesito tu ayuda con algo.
Suelto una especie de gruñido para hacerle saber que lo escuché, a la vez que me froto los ojos con las manos para conseguir quitarme de encima los remanentes del fabuloso sueño que tuve. ¡Y vaya que fue un sueño increíble! Por mucho que estoy intentándolo, no puedo quitar de mi mente la imagen de ese chico hermoso de ojos verdes y cabello negro. No tengo ni la más remota idea de quién es él, y mis recuerdos perdidos no ayudan en lo absoluto a que pueda adjudicarle un nombre a ese rostro angelical, sin embargo, hay algo dentro de mi ser que me dice que conozco a este hombre, que no es solamente un producto de mis fantasías. No sé qué es, sólo sé que la sensación de anhelo y posesividad que siento crepitando en mi pecho se deben única y exclusivamente a que este chico, de alguna forma que no logro comprender del todo, me pertenece.
No tengo idea de cómo obtener el verdadero nombre de este adorable gatito, pero tengo por seguro que preguntarle a Greg no es una opción, especialmente con el problema que tengo entre manos. Y hablando de esta cuestión en particular… tengo que encontrar una forma de deshacerme de esta erección antes de poder ayudar a Greg con lo que sea que necesite de mí.
─Claro, pero primero, ¿te molesta si paso al baño? ─Le pregunto con el tono más inocente que puedo emplear, mientras intento disimular como puedo el claro bulto que tengo entre las piernas.
─Para nada. Está detrás de esa puerta.
Greg responde esto señalándome la puerta que se encuentra a la derecha de la chimenea, y yo aprovecho a levantarme e ir rápidamente hacia allí cuando él se gira para doblar la manta con la que, al parecer, él me cubrió durante mi sueño. Una vez que estoy resguardado dentro del pequeño baño, el cual sólo cuenta con un inodoro y un lavabo, me apresuro a desabrocharme los pantalones y bajármelos (junto a mi ropa interior) hasta que mi erección queda totalmente expuesta. La misma da un salto y permanece completamente dura, por lo que me apresuro a tomarla en mi mano derecha y comienzo un apresurado vaivén sobre esta última para poder alcanzar el orgasmo. Por fortuna, el sueño de ese chico hermoso me dejó tan excitado que sólo necesito menos de un minuto de roces a mi pene y una imagen mental de este seductor gatito mordiéndose el labio inferior, antes de correrme sobre mi puño. Un gemido quiere escapar de mi boca, pero me muerdo el labio para acallarlo y evitar que Greg se percate de lo que acabo de hacer dentro de su baño.
Mi respiración permanece agitada durante unos segundos, pero rápidamente consigo acompasar los latidos de mi corazón a un ritmo adecuado. Cuando creo haber recuperado un estado normal, me apresuro a limpiar el desastre que hice tomando una generosa cantidad de papel higiénico. Después de que limpio todo, arrojo el papel al inodoro y dejo que el agua se lleve la evidencia de mi momento de excitación. Una vez eliminada esa amenaza, reacomodo mi ropa y me lavo las manos a conciencia para eliminar cualquier rastro de mi corrida. Como una ocurrencia tardía, también aprovecho para echarme algo de agua fría sobre el rostro; esto no sólo elimina los rastros de sueño que me quedan, sino también el tono rosado que tienen mis mejillas debido a lo que acabo de hacer. Cuando creo estar lo suficientemente presentable como para no levantar sospechas de Greg, salgo del baño y me dirijo hacia el lugar en el que él se encuentra.
─Ah, bien. Ya estás aquí.
─Sí. ─Lo observo decorar unos muffins con una crema de color rosa durante unos segundos, mientras siento curiosidad por la tarea con la que quiere que lo ayude. No pudiendo soportar más esta intriga, me aclaro la garganta, y digo: ─Entonces, ¿qué necesitas que haga?
─Becky, la empleada que solía atender a los clientes, renunció la semana pasada porque quiere dedicarse por completo a su embarazo. Y yo no tuve tiempo todavía para buscar un reemplazo porque estuve muy ocupado terminando varios pedidos de pasteles de bodas. ─Dice Greg con parsimonia, mientras realiza un perfecto remolino de color rosa sobre cada uno de los muffins. Cuando termina de colocar la crema en el último de ellos, deja la manga sobre la mesa y se gira hacia mí para terminar de explicarme cuál será mi tarea, aunque yo creo saber qué es lo que va a pedirme que haga. ─Así que necesito que alguien se encargue de atender la tienda mientras yo me dedico a hornear y cocinar todos los productos del día.
─De acuerdo, lo haré; pero te advierto que no tengo idea de lo que se supone que debo hacer.
─No te preocupes, es muy simple. ─Greg me da una palmada alentadora en la espalda que consigue tambalearme un poco, y luego me hace una seña para que lo siga hacia una puerta ubicada frente a nosotros. ─Ven, te enseñaré a usar la balanza y la caja registradora.
Atravesamos la puerta y ante nuestros ojos aparece la fachada de la panadería. La misma es acogedora y está recubierta de tonos pasteles. La mayor parte del recinto se halla cubierto de mostradores de vidrio que tienen colocadas bandejas y platos con diversas delicias dulces; y detrás de los mostradores y junto a la pared, se encuentran grandes cestas de mimbre repletas de panes de diversas formas y sabores. En su conjunto, la panadería es luminosa y tiene una estética con bastante buen gusto, algo con lo que, si debo ser honesto, nunca hubiera identificado a Greg.
Salgo de mis pensamientos cuando siento la gran mano de Greg jalándome hacia el lugar donde se encuentra una moderna balanza eléctrica. Una vez allí, Greg me explica cómo utilizarla, y luego pasa a enseñarme cómo funciona la caja registradora y los diferentes tipos de billetes y monedas que se usan en esta parte del mundo. Después de mostrarme que los precios de cada artículo están colocados sobre pequeños carteles indicadores, y de asegurarse de que comprendí el correcto funcionamiento de todo, me entrega un uniforme que consta de una chaqueta blanca y un gorro de pastelero en el mismo color.
─Ponte esto mientras me encargo de abrir la panadería. Y asegúrate de cubrir completamente tu cabello para que ninguno de ellos caiga sobre los alimentos.
Suspiro con desgano ante esto, pero me coloco ambas prendas de todos modos. Cuando termino con mi tarea, Greg ya se ha encargado de elevar la persiana y de cambiar el cartel que dice 'Cerrado' por uno que dice 'Abierto'. Una vez que termina con esto, se acerca y me da una última indicación antes de reanudar con su tarea de horneado.
─Hay una cosa más que necesitas saber de este trabajo. ─Dice Greg con una voz pausada, a la vez que agita su varita para realizar un hechizo que deja todos los mostradores incluso más relucientes de lo que ya estaban. ─La primera clienta del día siempre es la señora Arabella Figg. Ella es una squib que conocí el mismo día que abrí esta panadería por primera vez.
─Lo siento, pero, ¿qué es un squib? ─Lo interrumpo porque no comprendo el significado de esa palabra que nunca escuché, o que, al menos, no recuerdo haberlo hecho.
─Oh, cierto. Sigo olvidando que no recuerdas nada. ─Dice Greg con incomodidad mientras termina de hacer brillar cada superficie de los mostradores. Luego, se gira hacia mí, y dice: ─Un squib es una persona que no tiene magia, pero que es nacido de dos magos. La señora Figg es una de ellas.
Asiento para hacerle saber que comprendo el concepto, y por alguna extraña razón, Greg parece observarme con desconfianza, como si estuviera esperando a que yo suelte algún comentario hiriente al respecto. Honestamente, ¿qué clase de persona solía ser en el pasado? Algo me dice que era una de la que no podría sentirme orgulloso de mí mismo. Quizás haber perdido la memoria no sea algo tan malo como creí en un principio, después de todo, no estoy seguro de querer recordar al pequeño imbécil que, al parecer, solía ser.
Mis pensamientos son devueltos a la realidad cuando Greg continúa explicándome qué tiene de especial esta tal Arabella Figg.
─La señora Figg fue mi primera clienta, ¿sabes? Y fue gracias a sus recomendaciones en el vecindario que pude ser capaz de obtener otros clientes. ─Greg sonríe y observa el gran ventanal de su tienda con la mirada perdida en sus recuerdos, pero continúa contándome su historia de todos modos. ─Ella es alguien bastante pobre y, de hecho, tuvo que mudarse desde Privet Drive hasta aquí porque su jubilación no le alcanzaba para poder pagar la renta y mantener a los gatitos abandonados que rescata de las calles.
El rostro de Greg se llena de algo que parece ser pena e impotencia, y no puedo evitar preguntarme por qué le importa tanto esta anciana. Claramente algo debe haber ocurrido en el pasado para que Greg le tenga tanta estima. Afortunadamente, no debo hacer nada más que continuar escuchando la explicación de Greg para saber el motivo de ello.
─La señora Figg ha sido como una especie de abuela para mí desde que me mudé aquí. Es sumamente amable, y siempre se encarga de preocuparse por mi bienestar; pero, por sobre todas las cosas, ella jamás me ha juzgado por mis errores cometidos en el pasado, incluso cuando ella descubrió que yo fui parte de los seguidores del Señor Tenebroso. ─Greg hace una pausa en su relato para guardar su varita en uno de los bolsillos de su chaqueta, y luego continúa explicándome la forma en la que él espera que yo trate a esta anciana. ─Realmente le tengo mucho aprecio, así que, si ella viene a comprar, quiero que le des todo lo que te pida, pero no le cobres. Ella querrá pagártelo de todos modos, pero tú sólo asegúrate de buscar una excusa creíble para que ella acepte llevarse el pan del día gratis y no se sienta mal por ello. No lo sé, quizás puedas decirle que esta semana yo decidí que no se le cobre su compra al primer cliente del día porque es parte de mi resolución de fin de año.
─De acuerdo, veré qué se me ocurre decirle para que lo acepte.
Greg asiente, y sin volver a mirarme a los ojos, regresa a la trastienda para continuar con sus labores de horneado. Y yo, yo me quedo petrificado en el lugar durante unos cuantos minutos, mientras sigo conmovido por el gesto amable que Greg tiene con esta anciana. Quisiera poder decirle algo alentador a mi amigo, quizás felicitarlo por la gran persona que él parece ser, pero todas las palabras que pasan por mi mente quedan atoradas dentro de mi garganta y sin que pueda ser capaz de liberarlas. Por fortuna, la pequeña campanilla colocada encima de la puerta me despierta de este trance en el que he caído, y me obligo a poner una expresión agradable en el rostro para atender al primer cliente del día, quien, como bien dijo Greg, no es otra más que la señora Figg. ¿Y cómo puedo saber que es ella si nunca la he visto en mi vida? Eso es simple, porque colgado de uno de sus brazos tiene una bolsa de compras que ha visto mejores días y la cual resuena con un tintineo metálico debido a las latas de comida para gatos que lleva dentro de ella.
La señora Figg ingresa a la panadería, y en el preciso instante en el cual su mirada se posa a en mí, sus ojos se abren en asombro, aunque puedo apostar mi vida a que su sorpresa no se debe a que ella me conoce, sino porque ella, al parecer, no esperaba que Greg hubiera contratado a alguien nuevo para atender su panadería.
─Buenos días. ¿En qué puedo ayudarla?
La señora Figg me observa con bastante suspicacia, antes de soltarme una reprimenda que me descoloca durante unos segundos. Por lo visto, Greg no exageró y esta anciana sí tiene aprecio por mi amigo, a tal punto que no le importa amonestarme incluso por algo que todavía no hice.
─¿Así que Greg finalmente me hizo caso y decidió contratar a alguien nuevo para reemplazar a Becky? Espero que estés a la altura de las circunstancias y no lo hagas quedar mal, muchacho. ─Dice la señora Figg con un tono quejumbroso, mientras frota sus manos sin guantes para calentárselas. Luego, me observa de arriba abajo, y dice: ─El joven Greg es alguien sumamente amable y no necesita más problemas de los que ya tiene. ¿Me has comprendido, chico?
─No se preocupe, señora. Me aseguraré de que las ventas de Greg no decaigan mientras estoy aquí. Después de todo, no puedo dejar que la tienda de mi amigo se derrumbe. Y, por cierto, no soy el reemplazo de Becky, sólo estoy ayudando a Greg hasta que él pueda encontrar a alguien más para ocupar este puesto.
─¡Oh! No sabía que Greg tenía un amigo. ¿Cómo es que nunca he oído hablar de ti, querido?
Y eso parece ser lo único que necesito decir para que ella elimine cualquier desconfianza que tuviera por mí, para pasar a tratarme con gran amabilidad. El cambio en el trato que recibo es notorio y el rostro envejecido de la señora Figg parece llenarse de alegría y esperanza, aunque no estoy del todo seguro que sólo se deba al hecho de conocer que Greg tiene un amigo. Mis sospechas quedan confirmadas después de que le aseguro que sí soy alguien cercano en la vida de Greg o, al menos, solía serlo en ese pasado que no recuerdo.
─Eso quizás se deba a que hemos estado viviendo en lugares diferentes durante un tiempo, pero recientemente nos hemos vuelto a encontrar y pudimos retomar nuestra amistad.
─¡Oh! ¡Eso es maravilloso, querido! Sólo Dios sabe lo mucho que ese chico necesita a alguien en su vida, además de este viejo costal de huesos. Por cierto, ─Se detiene la señora Figg durante unos segundos para recorrerme nuevamente con la mirada, aunque esta vez parece haber aprecio y satisfacción en ello. ─De casualidad, ¿a ti no te gustan los hombres? Porque, si me permites el atrevimiento, creo que Greg y tú harían una linda pareja.
Una carcajada escapa de mi boca sin que pueda detenerla a tiempo, y antes de que la señora Figg malinterprete mi respuesta, me apresuro a aclararle el motivo del porqué su comentario me pareció tan gracioso.
─Sí, resulta que sí soy gay, señora, pero nunca podría salir con Greg. Él es un amigo para mí, sólo eso. Greg y yo nos conocemos desde que éramos pequeños, y se podría decir que somos prácticamente como hermanos de distintas familias. Realmente sería muy extraño salir con un amigo como él. Además, y sin ánimos de ofender a nadie, Greg no es para nada mi tipo.
Y es cierto. Si tuviera que pensar en la apariencia que tendría un hombre ideal con el que salir, diría sin duda alguna que éste luciría exactamente igual al chico del sueño que tuve, porque realmente no creo que pueda haber nada más hermoso en este mundo que un hombre bajito, delgado, con cabello negro y de ojos verdes. Sólo de pensar en ello la boca se me hace agua y siento mi piel hormiguear con emoción. Realmente tengo que encontrar la forma de hallar la identidad de este gatito con el que soñé, o de verdad corro el riesgo de volverme completamente loco.
─Oh, es una pena.
La señora Figg parece bastante desilusionada después de esto, pero rápidamente se recompone cuando una idea parece asaltar su mente. ─De todos modos, ahora que sé que Greg tiene un amigo, quizás podamos buscar la manera de encontrarle un novio. Estoy segura de que, si trabajamos juntos, podremos encontrar al indicado para él.
Suelto otra risa ante esto y no puedo evitar estar de acuerdo con esta anciana. Después de todo, Greg ya hizo el duelo por Vince y es hora de que él siga adelante con su vida. Quizás, si consigo confabularme con la señora Figg, podremos encontrar la forma de ayudar a Greg con su vida amorosa.
─Estoy totalmente de acuerdo con usted, madame.
─Oh, por favor, querido. Sólo llámame Arabella.
─Bien, Arabella. Entonces, usted puede llamarme Draco.
─¿Draco? Qué nombre más peculiar tienes, querido. Bastante original.
Después de que asiento en acuerdo con ella, Arabella me pide que le dé dos hogazas de pan francés. Una vez que las coloco dentro de una bolsa de papel, se las doy y me preparo para la actuación que Greg me pidió que haga.
─Aquí tiene. Corre por cuenta de la casa.
─Oh, no. No puedo aceptarlo.
─De hecho, me temo va a tener que hacerlo, Arabella. Greg me ordenó específicamente que, durante esta semana, ni siquiera me atreva a cobrarle nada a la primera persona que atraviese la puerta. Al parecer, tiene algo que ver con sus resoluciones de año nuevo, o algo por el estilo; así que no quiero ser el responsable de que los sueños de Greg no se cumplan sólo porque me negué a seguir sus órdenes.
La señora Figg me observa con desconfianza, y yo sé que ninguna cantidad de excusas podrá hacer que ella me crea, pero, aun así, pretende seguirme la corriente y acepta llevar sus panes sin pagarlos, aunque no sin antes dejarme entrever que ella sabe lo que Greg y yo estamos haciendo.
─Bien, aceptaré esto hoy porque no quiero que las resoluciones de Greg se vean afectadas, pero hazle saber de mi parte que ya arreglaré cuentas con él más tarde.
─Como usted diga, madame. Su mensaje será dado. Que tenga un lindo día, Arabella.
─Igualmente, querido.
Y con eso último dicho, la señora Figg sale de la panadería haciendo tintinear la gran cantidad de latas con comida para gato que tiene en su bolsa de compras. La tienda queda en absoluto silencio durante unos minutos, y justo cuando creo que esto se volverá una tarea sumamente aburrida, la campana vuelve a sonar y por ella ingresa otra persona. El nuevo cliente resulta ser un hombre alto y bastante corpulento, el cual tiene cabello rubio oscuro y porta un uniforme negro. La mirada del hombre viaja por todos lados del lugar, como si estuviera buscando algo o a alguien, y cuando finalmente posa su vista en mí, noto que su rostro se llena de desilusión. Me pregunto por qué parece tan descontento con mi presencia. ¿Acaso él estaba esperando ver a alguien más? Mis sospechas quedan confirmadas cuando el oficial D. Dursley, según la placa que lleva colgada de su pecho, se acerca al mostrador en el que me encuentro, y dice: ─¿Eres nuevo aquí?
Lo observo con sospecha durante unos segundos, preguntándome internamente a quién parece extrañar tanto este oficial, si a Becky, la anterior empleada, o a mi amigo Greg. Algo me dice que es a este último a quien él esperaba ver. Queriendo confirmar mis sospechas, me aclaro la garganta y me dispongo a sonsacarle la verdad.
─Algo así. Estoy ayudándole a Greg hasta que él consiga un reemplazo para su anterior empleada.
─Oh, ya veo.
El oficial Dursley parece bastante decepcionado por esto que acabo de decirle, pero esto no termina de aclarar mis dudas, con lo cual decido cambiar de estrategia y busco una nueva forma de hallar la verdad.
─Sí. Cuando Greg me comentó que su empleada había renunciado para dedicarse a su embarazo, y que él no había tenido tiempo de buscar un reemplazo para ella, me ofrecí a ayudarlo. Después de todo, Greg es un buen amigo mío, casi como un hermano. No podía dejarlo solo cuando más parece necesitarme.
─Oh, eso es muy amable de tu parte.
Y es inmediato, el rostro del oficial Dursley se llena de ilusión y esperanza, como si la Navidad fuera a adelantarse este año, con lo cual no necesito mayor confirmación que esta. Al oficial D. Dursley le gusta Greg. Interesante. Al parecer, la señora Figg y yo no vamos a tener que buscar demasiado por un novio para Greg. Por lo que he visto hasta el momento, Greg parece tener un admirador.
─¿En qué puedo ayudarlo hoy, oficial?
─Una docena de bollos de Chelsea, por favor.
Me vuelvo hacia el mostrado que contiene esos bollos y comienzo a colocar dentro de una caja la docena que él pidió, pero me aseguro de hacerlo con parsimonia para aprovechar la oportunidad de sonsacarle información a este hombre. Después de todo, el hecho de que sea un oficial y de que parezca tener un enamoramiento por Greg no quiere decir que sea inmediatamente un candidato potable para mi amigo. Yo seré el juez de ello, veré si este tipo realmente se encuentra a la altura para ostentar el título de 'novio de Greg'.
─¿Vive cerca, oficial? ¿O sólo estaba patrullando el lugar y decidió hacer una parada táctica aquí?
─De hecho, no, no vivo en este vecindario, pero la comisaría en la que trabajo se encuentra a unas pocas cuadras de esta panadería, por lo que siempre vengo de pasada para buscar algo que desayunar.
Anoto este dato dentro de mi mente para futuras referencias, mientras me encargo de colocar el último bollo dentro de la caja. Luego, cierro la tapa y comienzo a envolverlo para que ninguno de ellos escape con el traqueteo del auto del oficial. Una vez que lo tengo listo, le entrego el paquete y le pido que me acompañe hacia la caja registradora.
─Si es tan amable de acompañarme por aquí, a pesar de ser un oficial, me temo que de todos modos voy a tener que cobrarle tres libras por los bollos.
El oficial Dursley ríe ante mi intento de broma y replica algo que lo deja con las mejillas sonrojadas y sin poder verme a los ojos.
─Oh, no estaba esperando un trato privilegiado. En realidad, lo último que yo querría sería aprovecharme de esto.
El sonrojo y el nerviosismo del oficial son muy sospechosos, y me hacen pensar que a este hombre no le importaría aprovecharse de Greg en otra circunstancia que no implique la compra de los productos de esta panadería. De hecho, creo que es otro tipo de "alimento" al cual este oficial quiere hincarle el diente.
Viendo una oportunidad única para poder arrancarle una confesión a este tipo, me apresuro a soltar una risa contenida, y empleando un tono de voz seductor, digo algo que deja al oficial abriendo y cerrando la boca como un pez fuera del agua mientras su cuerpo se balancea con nerviosismo y sorpresa.
─¿Quién sabe? Quizás haya alguien allí afuera que esté absolutamente dispuesto a permitirle aprovecharse de sí.
El oficial Dursley parece a punto de entrar en combustión por mis palabras, y realmente tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no soltar una carcajada. Afortunadamente, consigo mantener mis expresiones bajo control y sólo dejo que una de mis cejas se eleve en el aire para instarlo a responder a mis palabras. Cuando el oficial finalmente parece recuperar el control de sus facultades mentales, comienza a balbucear unas palabras para declinar una oferta que yo jamás hice, al menos, no para mí.
─Mira, agradezco lo que me has dicho, y realmente me siento halagado, pero voy a tener que declinar tu insinuación.
Elevo nuevamente una ceja y lo observo con una sonrisa cargada de diversión e incredulidad en mis labios. Mierda, realmente este tipo está haciéndome muy difícil el no soltar una carcajada en estos momentos.
─¡No me malinterpretes! Realmente eres muy apuesto, y sé que debería estar encantado de que un hombre como tú se fije en alguien como yo, siendo que eres alguien que está muy fuera de mi liga, pero a mí ya me gusta otra persona.
Y esto es lo máximo que puedo soportar, antes de soltar una carcajada por el absurdo de la situación. Honestamente, este hombre no puede pensar que realmente estoy intentando ligar con él, ¿verdad? ¿Acaso él no se percató del hecho de que ambos seríamos completamente incompatibles? Al parecer no, no lo hizo, porque la mirada cargada de molestia que está dándome me hacen pensar que él no se dio cuenta de aquello que es obvio. Bueno, mejor aclarar este malentendido cuanto antes, porque lo último que necesito es tener inconvenientes con la ley.
─Lo siento, oficial, pero creo que me ha malinterpretado. ─Le digo con un conciliador tono, mientras suelto las últimas risas. Luego, me vuelvo más serio y comienzo a explicar qué fue lo que quise decir con mis palabras. ─Agradezco que aprecie mi atractivo físico, pero realmente no estaba intentando ligar con usted. De hecho, me estaba refiriendo a otra persona que podría estar interesada en usted.
No menciono el nombre de Greg, claramente, aunque este último permanece implícito en mi declaración de todos modos. Sin embargo, el oficial no parece captar de inmediato el significado de ello, pero cuando lo hace, su rostro se ilumina con esperanza. Y en caso de que a este oficial de lento entendimiento le quede alguna duda, aprovecho a aclararle algo que debería haber sido tan rotundamente obvio para él desde un comienzo como lo fue para mí.
─Además, y sin ánimos de ofenderlo, oficial, ─Digo con una mueca arrogante que me hace ver atractivo e inalcanzable, aunque no tengo idea de dónde sale esta idea siendo que no recuerdo casi nada de mi vida o personalidad, aunque sé que así es. ─nunca se me ocurriría ligar con alguien como usted porque parece ser del tipo dominante, por lo cual ambos seríamos completamente incompatibles en la cama, siendo que yo soy alguien total y absolutamente dominante. Además, me gustan los hombres bajitos y de cabello negro, así que ni siquiera podría sentirme atraído físicamente por usted. Sin intención de ofender.
Me apresuro a aclarar esto último en caso de que su ego se haya resentido con mi declaración, pero el oficial no parece ofendido en lo absoluto, si la risa divertida que suelta es indicativa de algo.
─Ninguna ofensa fue tomada. ─Dice el oficial limpiando una lágrima de risa de la comisura de su ojo derecho, mientras me da una mirada de reojo, antes de decir algo que me hará confirmar que este tipo es la persona indicada para Greg. ─Por mi parte, y si tengo que ser completamente honesto contigo, me gustan mis hombres con mucha más carne.
Sí, sin duda alguna este tipo es la persona indicada para Greg. Internamente, me prometo que los haré estar juntos sea como sea.
─Bueno, si bien no somos compatibles como pareja, quizás podamos aprovechar nuestro gusto mutuo por tener el control e intercambiar consejos.
El oficial ríe y me entrega las tres libras por sus bollos de Chelsea, luego, me extiende la mano, y dice: ─Tienes toda la razón. Algo me dice que tú y yo vamos a llevarnos muy bien. Por cierto, Dudley Dursley, a tu servicio.
Tomo la mano de Dudley, pero vacilo al momento de decirle mi nombre debido a la desagradable sensación que me recorre por el cuerpo después de haber escuchado el nombre completo del oficial. No tengo idea del motivo por el cual ese nombre me provoca esta extraña sensación de enfado y deseos de romper algo, de preferencia el rostro de este oficial, pero así es. Honestamente, nada tiene sentido. Todo parecía estar bien segundos atrás y, de hecho, el tipo me había parecido alguien bastante agradable hasta entonces; así que, ¿por qué de repente siento unos irrefrenables deseos de partirle la cara de un puñetazo a este hombre rechoncho? ¿Es posible que se deba a algún recuerdo perdido de mi memoria? Pero, ¿qué podría estar relacionado con este tipo que no parece tener magia como nosotros?
La forma en la que me quedo aturdido, sosteniendo la mano del oficial y sin devolverle la cortesía es muy extraña y comienza a levantar sospechas del hombre frente a mí, ya que su agarre vacila dentro del mío. Y justo cuando decido ignorar por completo los extraños sentimientos que este hombre me generó después de decirme su nombre, somos interrumpido por el estrépito que realiza una bandeja cayendo al suelo.
El oficial y yo nos soltamos de inmediato, y es entonces, donde veo que el ruido provino de la bandeja de galletas que Greg soltó debido al asombro que le produzco vernos tomados de la mano. Ignoro por completo al tipo detrás de mí y me enfoco en ver el rostro de mi amigo, el cual se encuentra cargado de desilusión y algo que se asemeja a la traición. Al parecer, Greg ha malinterpretado nuestro intercambio y cree que el oficial está ligando conmigo. Oh, alegría. Justo lo que necesito en mi vida ya de por sí complicada, quedar atrapado en el medio de las inseguridades de estos dos idiotas que no parecen darse cuenta de que se gustan mutuamente. Claramente voy a tener que hacerme una nota mental de decirle a Greg la verdad de esto con palabras claras y que no den pie a confusiones, o este gigante despistado nunca se percatará de la realidad por su cuenta.
Greg murmura una maldición entre dientes al ver lo arruinadas que quedaron sus galletas, pero ese es todo el reconocimiento que nos da. Luego, se desaparece a toda prisa hacia la trastienda. Una vez que el oficial y yo nos quedamos solos, suelto un suspiro de derrota y me giro hacia este último, aunque él no parece querer mencionar nada de esto tampoco. En el semblante del oficial Dursley también puedo apreciar bastante desilusión, y después de darme un saludo apagado, sale de la panadería sin volver a mirar detrás.
Vuelvo a suspirar con frustración y me encargo de comenzar al limpiar el desastre de galletas que quedó tirado en el suelo. Después de todo, no sería prudente molestar a Greg ahora. Lo más sensato que puedo hacer es darle tiempo para que se calme y ponga en orden sus emociones, antes de dejarle muy en claro que jamás se me pasaría por la cabeza ligar con alguien como Dursley. Internamente, también estoy pensando en la mejor estrategia a seguir para unir a Greg y a este oficial que me provocó esa extraña sensación. Y si bien todavía no puedo quitarme de la cabeza el hecho de que no fueron normales los deseos que tuve por lastimar a este hombre que nunca he visto en mi vida, decido dejar de lado estos sentimientos por el momento. Ya habrá tiempo más adelante para resolverlos. Quizás, cuando encuentre una forma de recuperar mis recuerdos, todo tenga sentido y pueda recordar el motivo por el cual sentí tantos deseos de moler a golpes a este hombre después de escuchar su nombre completo.
Dudley, Dudley Dursley. ¿Por qué ese nombre me enfada tanto? ¿Y por qué tengo el extraño presentimiento de que esto se encuentra relacionado de alguna forma con ese adorable gatito con el que soñé hoy?
Notas finales: espero que les haya gustado. Voy a pedirles un segundo más de su tiempo para que me dejen sus opiniones en un comentario. Siempre es un placer leer qué les va pareciendo la historia. Ahora sí, me despido hasta la próxima semana.
