Capítulo 18: Pijamada y confesiones.
El hospital estaba en silencio con solo el sonido lejano de pasos apresurados y el murmullo de las conversaciones de los médicos en los pasillos. Finn se encontraba sentado en una sala de observación mientras el doctor terminaba de revisar los cortes y golpes en su estómago y costillas. Minerva permanecía de pie a su lado, su expresión tenía una mezcla de preocupación y alivio al oír que su hijo no había sufrido lesiones graves.
-Tienes suerte de que no sea nada grave-dijo el doctor mientras tomaba notas en su libreta-pero necesito que descanses por unos días, absoluto reposo sin actividades físicas, tus heridas necesitan tiempo para sanar adecuadamente-
El adolescente no respondió, sólo se limitó a asentir, aunque la idea de estar inactivo no le entusiasmaba en lo más mínimo.
-Gracias por todo-le agradeció Minerva al doctor-necesitaba una confirmación extra para saber que las heridas de Finn no fueran graves y siento mucho tener que molestarte a estas horas de la noche-
-No tienes porqué disculparte, Minerva-habló el doctor dejando de lado su formalidad, a fin de cuentas ya se conocían, por lo que no era necesario-de todos modos, no tenía nada mejor que hacer y viniste justo cuando estaba por terminar de atender a mi último paciente. Pero ya, dejando eso de lado, asegúrate de que Finn siga las indicaciones-
-Sí, haré lo que pueda. De nuevo, gracias-después de eso, la mujer de corto cabello rubio ayudó a su hijo a ponerse de pie, salieron del hospital con pasos lentos. Finn caminaba con cuidado debido al dolor en sus costillas, el trayecto hacia el auto fue silencioso, con Minerva lanzando miradas furtivas hacia su hijo pero sin decir palabra alguna. Cuando llegaron a casa, aparcó el auto cerca de la pequeña escalera que llevaba a la entrada principal. Se bajó rápidamente y rodeó el vehículo para ayudar a Finn a salir-apóyate en mi-le indicó, pasando un brazo por debajo de los hombros, Finn obedeció dejando que su madre cargara parte de su peso mientras subían lentamente las escaleras. En eso, un ladrido bajo y ansioso se escuchó desde el pequeño callejón al costado de la casa. Jake había sentido la llegada de su amigo y se asomó, moviendo la cola con energía. Al ver al adolescente herido, soltó un par de ladridos más fuertes, intentando llamar su atención. Finn giró ligeramente la cabeza, encontrándose con la mirada esperanzada del perro. Por un momento, quiso detenerse y acercarse a él, pero las palabras de su madre lo detuvieron-¡cállate! ¡vete de aquí! ¡no tenemos comida para darte!-exclamó agitando una mano para ahuyentarlo. Jake retrocedió un poco, dejando de ladrar pero sus ojos seguían fijos en Finn, como si esperara una señal de él. Finn sintió un nudo en el estómago al escuchar las palabras de su madre. No podía culparla; después de todo, ella no sabía que Jake era más que un perro callejero para él. Sin embargo, no pudo evitar sentirse herido por la situación. Bajó la mirada y continuó caminando hacia la casa, dejando atrás a su fiel amigo. Una vez dentro de la casa, Minerva ayudó a Finn a llegar al sofá y le trajo una manta para que se acomodara-sé que es algo tarde pero voy a preparar algo de comer. Tú solo descansa-agregó antes de dirigirse a la cocina.
El chico asintió en silencio, su mente todavía estaba pensando en Jake. Sabía que tenía que encontrar la manera de explicarle a su madre la verdad sobre el perro pero ahora no era el momento. Cerró los ojos e intentó relajarse, dejando que el cansancio lo venciera poco a poco. Su cuerpo estaba agotado, pero el persistente sonido de rasguños en la puerta lo mantenía alerta.
Ras, ras, ras...
Era Jake, sin duda. Finn cerró los ojos con fuerza, intentando ignorar el sonido.
-Por favor, Jake. No ahora...-pensó pero los rasguños no cesaban. Cada pocos segundos, el perro soltaba un pequeño gemido, como si supiera que Finn estaba herido y quisiera entrar a hacerle compañía-por favor, Jake, basta...-murmuró en voz baja, aunque sabía que el perro no lo escucharía. Los rasguños se intensificaron. Finn soltó un suspiro pesado y, con esfuerzo, se incorporó. Caminó hacia la puerta cojeando ligeramente, asegurándose de que Minerva no estuviera cerca, y abrió solo lo suficiente para que Jake pudiera colarse-está bien, entra... pero no hagas ruido, ¿entiendes?-le susurró con un dedo en los labios. Jake, como si entendiera, movió la cola emocionado y pasó al interior de la casa. El chico rubio cerró la puerta con cuidado y volvió al sofá, dejándose caer con un quejido suave. Antes de que pudiera acomodarse, Jake saltó al sofá, subiéndose encima de él con evidente emoción-Jake, no...-intentó detenerlo, pero el perro no hizo caso. El peso de Jake sobre sus heridas hizo que Finn soltara un quejido de dolor mezclado con una risa ahogada mientras el perro comenzaba a lamerle la cara con entusiasmo-¡para, Jake, para!-dijo entre risas nerviosas, empujando suavemente al perro. Jake ladeó la cabeza y se quedó sentado sobre su pecho, observándolo con esos ojos brillantes y llenos de lealtad. Finn, a pesar del dolor, no pudo evitar sonreír y acariciarle la cabeza con cuidado-eres un desastre, ¿sabes?-susurró mientras Jake meneaba la cola felizmente.
Los dos permanecieron así por un momento, el chico acariciando el pelaje del perro y Jake acurrucándose junto a él en silencio, como si entendiera que Finn necesitaba un poco de consuelo.
A los pocos minutos, ambos se quedaron dormidos, Finn y Jake estaban cómodos en el sofá, el perro de pelaje amarillo-anaranjado descansaba en el sofá a los pies del chico mientras éste tenía un brazo colgando fuera y con su mano acariciaba suavemente su pelaje, por desgracia, el silencio se rompió apenas oyeron la voz de su madre llamarlo desde la cocina.
-¡Finn, la cena ya está lista!-le avisó su madre.
El corazón de Finn dio un salto.
-Jake, tienes que irte ¡ya!-le susurró al perro con urgencia. Éste levantó la cabeza viendo a su amigo como si no entendiera lo que trataba de decirle-vamos, amigo. No tengo tiempo para explicarte-añadió mientras hacía un gesto hacia la puerta.
Jake se levantó con algo de pereza y salió de la sala apresurado, pero al correr hacia la puerta golpeó una de las mesitas laterales con la cola, haciendo que un adorno de cerámica se tambaleara. Finn apretó los dientes y se llevó una mano a la frente, murmurando "¿en serio?" mientras observaba cómo el perro empujaba el mosquitero para salir a la calle.
El sonido del mosquitero golpeando el marco resonó justo cuando Minerva entraba a la sala.
-¿Qué fue ese ruido?-preguntó la mujer deteniéndose en seco y mirando hacia la puerta principal con el ceño fruncido.
Finn se enderezó en el sofá lo mejor que pudo, intentando parecer despreocupado.
-¿Eh? ¿ruido?-preguntó rascándose la nuca nerviosamente-oh, no fue nada. Seguro fue el viento moviendo el mosquitero-
Minerva lo miró fijamente, sus ojos escrutadores lo hicieron sentir como si pudiera leer su mente.
-¿Seguro?-preguntó ella inclinando la cabeza hacia un lado con una pizca de sospecha.
-Sí, claro, fue el viento-insistió Finn con una sonrisa tensa-ya sabes cómo es esta época del año, el aire golpea todo-
La mujer de corto cabello rubio pareció dudar por un momento pero finalmente negó con la cabeza y suspiró.
-Bueno, deja de preocuparte por el viento y ven a cenar. No puedes saltarte una comida en tu estado-dijo, regresando hacia la cocina sobre sus propios pasos.
-Sí, claro. Ya voy-respondió el adolescente con un suspiro de alivio mientras veía cómo su madre desaparecía por el pasillo. Finn miró hacia la puerta del mosquitero donde Jake esperaba al otro lado, sentado pacientemente. Le lanzó una mirada de advertencia y susurró-eres un caos, amigo, pero gracias por no hacer más ruido-
Jake movió la cola una vez antes de desaparecer en la oscuridad del patio.
Tras dos días en casa recuperándose de los golpes, Finn había vuelto a la escuela con una sensación de derrota tanto física como emocionalmente, a pesar de aun sentir esa sensación de derrota en el pecho había decidido que estaba listo para regresar. No estaba completamente recuperado pero se sentía mejor al estar rodeado de sus amigos, y de volver a ver a Fern, quien había sido su apoyo constante. Minerva había revisado sus heridas, y tras un chequeo de rutina en el hospital, le había recomendado que se enfocara en recuperarse, pero Finn se sintió lo suficientemente capaz de volver a clases. Ya había perdido el lunes por estar en cama y a pesar de todo, lo que lo esperaba en la escuela no era tan sencillo.
Apenas llegó a su salón de clases, el ambiente seguía siendo el mismo. Sus bullies no lo dejaron en paz. Entre sus murmullos y risas, Finn trataba de concentrarse en lo que quedaba del día, aunque el dolor en su cuerpo le recordaba constantemente que aún no estaba completamente recuperado.
La mañana transcurrió lentamente, y cuando llegó el receso, pensó que quizás podría relajarse por un rato, hasta que sonó la campana. La primera jornada terminó y la siguiente fue aún más aterradora: ese día se rendía el examen de recuperación de Química. Finn había estado estudiando con ayuda de Fern, con quien había estado repasando una y otra vez, explicándole los temas que no entendía. Pero aun con todo el esfuerzo, la ansiedad del examen y la molestia en su cuerpo no eran fáciles de ignorar.
La sala de clases estaba en absoluto silencio con todos los estudiantes concentrados en sus exámenes. Finn, a pesar de estar adolorido, intentó mantener la calma, leyendo cada pregunta con atención y respondiendo con lo mejor de su capacidad; sin embargo, cuando estaba a punto de terminar el examen, escuchó susurros a su lado.
-¿Mira nada más quién ha vuelto? el fenómeno de siempre...-se escuchó una voz burlona. Finn intentó ignorar esa voz apretando los puños sobre su escritorio. No quería que eso lo afectara, no quería perder el control, especialmente ahora. Pero la voz siguió, más cerca de su oído-¿cómo estás, Finn? ¿te dolió mucho la paliza? Seguro que tu novio Fern no fue capaz de ayudarte a evitarla. Qué patético ¿no es así? que estés saliendo con alguien tan poco hombre como tú-
En ese momento, la mente de Finn explotó. Un calor recorrió su cuerpo y, por primera vez en mucho tiempo, no pudo callarse. Su mano temblaba mientras apretaba el bolígrafo con fuerza. No quería seguir soportando más de esto.
Se giró bruscamente hacia el chico que lo había estado molestando, mirando sus ojos con una furia contenida que finalmente se liberó.
-¡CÁLLATE! ¡CÁLLATE YA!-gritó, su voz atronando en la sala de examen, haciendo que todos los demás estudiantes se detuvieran por un momento. La tensión se volvió palpable-¿SABES QUÉ? ¡YA BASTA! No sé qué quieres de mí, pero estoy harto ¡HARTO de que me sigas molestando, de que sigas haciéndome sentir menos! ¡Ya lo tengo todo, maldito, y no voy a quedarme callado solo para que te diviertas a MI costa!-el salón quedó en total silencio. El chico se quedó mirando a Finn, sorprendido por la explosión repentina. Finn respiraba entrecortadamente, sus ojos llenos de una mezcla de ira y frustración; no obstante, lo que dijo a continuación fue lo que realmente sacudió a todos-estoy herido... ¿entiendes? ¡Estoy herido, no solo físicamente, sino por todo lo que me han hecho! ¿Y tú sigues con tus bromas, como si fuera un maldito juguete para ti? ¡YA BASTA! ¡ASÍ QUE DEJA DE MOLESTARME!-
Por un momento, el chico no supo cómo reaccionar. El aula estaba tan quieta que se podía oír el crujir de los papeles y el ruido lejano de la ciudad.
Finalmente, el compañero de Finn, al ver su enojo y la fuerza en sus palabras, dio un paso atrás.
-Yo… lo siento, no… no lo sabía-se disculpó sintiéndose avergonzado-no te molestaré más por lo que resta del día, lo prometo-
Finn permaneció de pie por un segundo, respirando con dificultad. Había hablado, finalmente. Pero la liberación fue fugaz pues su cuerpo le recordó la agonía de los golpes y la fatiga. Se giró hacia su escritorio, dejando caer el bolígrafo con un suspiro de cansancio.
-Voy a entregar el examen...-murmuró con la voz quebrada levantándose de su lugar, tomó el papel del examen y se dirigió hacia el escritorio de su profesora.
El salón de clases permaneció en silencio durante el resto de la jornada, Finn entregó su examen con una mezcla de liberación y agotamiento. El chico que lo había acosado (el cual se quedó sin palabras) solo observó cómo se alejaba, y la tensión en el aire seguía latente, pero por primera vez, sintió que había tomado control de la situación.
Por otra parte, en la zona industrial de la ciudad, dentro de una bodega abandonada que además servía como estudio improvisado donde Marceline y su banda solían practicar, el ambiente estaba más relajado de lo habitual, la batería resonaba a un ritmo constante mientras el bajo de Marceline marcaba los acordes iniciales. Fern, se encontraba sentado en una baqueta afinando su guitarra eléctrica al cual estaba apoyada sobre sus piernas.
-¡Bien, chicos!-anunció la joven de largo cabello oscuro tras terminar de tocar, dejando su bajo de lado-vamos a hacer una pausa-
-¿Por fin?-preguntó Georgy, el baterista con una sonrisa de alivio mientras pasaba su mano por su sudoroso cabello.
Marceline ignoró aquella pregunta y se dejó caer sobre un viejo sofá al fondo de la bodega.
-Necesitamos uno momento para discutir algo importante-anunció cruzando las piernas-y no, no se trata de quién ganó el concurso de bandas del festival porque todavía no dijeron nada en el sitio web oficial-
-Entonces ¿de qué se trata?-preguntó Fern quien estaba afinando las cuerdas de su guitarra.
-De la pijamada sorpresa en casa de Finn, obviamente-respondió la joven como si fuera lo más obvio.
-¿Cuál pijamada?-dijo el chico de cabello rubio con las puntas teñidas de verde mirando a su líder con una mezcla de confusión y curiosidad. Los otros miembros de la banda se miraron entre sí intentando contener una risa, Marceline arqueó una ceja.
-¿En serio no sabes nada?
Fern negó con la cabeza.
-Nadie me avisó nada.
Marceline se dirigió hacia él con una sonrisa burlona.
-Bueno, resulta que Finn está organizando una pijamada sorpresa, o más bien nosotros la estamos organizando para él. Phoebe se encargó de convencer a su mamá de que le diera permiso, pero todo es un secreto. La idea es animarlo un poco después de... bueno, ya sabes, todo lo que pasó.
Fern frunció el ceño, claramente molesto consigo mismo por no estar al tanto.
-Y ¿por qué no me dijeron nada antes?
-Porque es una sorpresa, genio-respondió Booboo rodando los ojos.
-La idea-continuó Marceline, ignorando a su compañero-es que tú también estés ahí, pero ahora que lo pienso ¿tienes una pijama?-
-¿Qué?-Fern parpadeó confundido por la pregunta.
La joven de largo cabello oscuro sonrió ampliamente.
-Era broma, tranquilo. Pero ya que estamos en eso, aprovechemos este descanso para planear los detalles ¿qué deberíamos llevar? ¿Películas? ¿Comida? ¿Juegos?
Los miembros de la banda comenzaron a lanzar ideas al aire mientras Fern intentaba procesar toda la información. Aunque no estaba del todo convencido de la idea, la energía de Marceline era contagiosa.
-Esperen-dijo finalmente interrumpiendo las voces de los demás-¿cuándo es esto?-
-El viernes por la noche-respondió Marceline mientras se levantaba para buscar un marcador y una pizarra pequeña que había en una esquina de la mesa-anota esta fecha en tu mente, porque no voy a repetírtela-
Fern suspiró y se cruzó de brazos.
-No sé si soy bueno para las pijamadas-murmuró recordando la pequeña pijamada que tuvo con Finn hace unos días, de solo recordar lo que hicieron aquella noche sintió que los colores se le subían de nuevo a la cara. Marceline volteó su cabeza hacia él, alzando las cejas.
-¿Qué tan difícil puede ser? es básicamente dormir en el suelo y comer pizza hasta que te dé indigestión.
Fern se encogió de hombros, sintiéndose un poco fuera de lugar. A pesar de todo, no podía evitar sentirse agradecido de que Marceline y los demás estuvieran tan emocionados. La idea de hacer algo por Finn para levantarle el ánimo era... reconfortante.
Mientras las ideas continuaban fluyendo, Fern dejó de preocuparse tanto por los detalles.
Tengo que reconocer que la idea de pasar una noche rodeado de mis compañeros de banda está comenzando a ser menos intimidante y más como algo que realmente necesito.
-Muy bien-habló Marceline trayendo a Fern de nueva cuenta a la realidad, levantó la pizarra y escribió "Plan para la pijamada" con letras desordenadas-necesitamos ideas que no sean aburridas ni predecibles. Algo que Finn no se imagine que puede pasar en una pijamada-
-Comida antes que nada-dijo Georgy levantando la mano como si estuvieran en una clase-siempre hay que empezar por eso. Pizza, palomitas, papas fritas, refrescos… ya saben, lo esencial-
-¿Y dulces?-preguntó Wendy, apoyando la barbilla en la palma de su mano-podríamos llevar malvaviscos, cosmic brownies, twinkies o algo más dulce. Quizás Phoebe pueda encargarse de eso-
Maceline asintió mientras anotaba todo en la pizarra.
-Bien, el tema de la comida ya está resuelto ¿qué más tienen?
-¡Juegos de mesa!-exclamó la tecladista levantando la mano-pero no algo aburrido, que sean juegos de competencia. Podríamos llevar "Card Wars", Jenga, Twister o algún otro juego de cartas-
-¿Qué tal si mejor hacemos un karaoke?-preguntó Georgy con una sonrisa maliciosa golpeteando suavemente la mesa-ya saben, para divertirnos, avergonzarnos entre nosotros y reírnos un poco antes de dormir-
Sus compañeros no estuvieron de acuerdo con la idea y comenzaron a abuchearlo pero Marceline interfirió antes de que comenzaran una discusión que de seguro terminaría en pelea, causando un caótico desorden en la bodega.
-Eso se oye divertido-comentó la joven de largo cabello oscuro escribiéndolo en la lista-aunque creo que a Finn le daría pena cantar-
Desde su lugar, Fern observó como todos daban opiniones e ideas, sintiéndose algo desconectado de la conversación. Finalmente decidió hablar:
-¿Y qué pasa con las películas? ¿No sería mucho más fácil?
-¿Qué tipo de películas tienes en mente?-preguntó Marceline arqueando una ceja.
-Algo que no sea aburrido, supongo-respondió el chico rascándose la nuca-tal vez algo de acción o de terror-
-¡Terror suena perfecto!-exclamó Georgy claramente emocionado-tan solo imagínenlo: luces apagadas, películas de terror, y después tratar de dormir sin pensar en algo que va a tratar de jalarte los pies-
-O podríamos ver algo más tranquilo después, para no traumar a nadie-añadió Wendy riendo. Marceline anotó ambas opciones, luego apoyó el marcador ya cerrado contra su barbilla pensando en alguna otra idea.
-Podríamos decorar la casa de Finn con luces y mantas, como un fuerte improvisado-sugirió la joven con una sonrisa traviesa-así se verá más acogedor y saldrá genial en las fotos-
-¿Fotos?-preguntó Booboo confundido-¿cuáles fotos? ¿quién dijo algo de fotos?-
-Yo lo dije-respondió Marceline con una sonrisa inocente-¿qué clase de pijamada no tiene fotos para recordar lo ridículos que somos? Además… esto podría ser una buena estrategia de publicidad para la banda-
Fern dejó escapar una risa al escuchar eso.
-Entonces ¿esto es más como una misión de rescate emocional para Finn?-preguntó aún un poco desconcertado.
-Exacto-respondió Marceline cruzando los brazos-vamos a asegurarnos de que sea una noche inolvidable, pero en el buen sentido de la palabra-
-Con karaoke-añadió Georgy, golpeteando la mesa suavemente.
-Y un montón de comida-añadió Wendy. Marceline dio un paso atrás para observar la lista que habían creado. Estaba llena de ideas escritas a toda prisa, algunas tachadas y otras subrayadas.
-Creo que tenemos un buen plan-dijo finalmente-ahora solo falta coordinar quién llevará qué-
Fern suspiró, aceptando finalmente la idea.
-Supongo que yo puedo encargarme de algunos snacks y también de las películas-dijo rindiéndose ante el entusiasmo del grupo.
-Perfecto-respondió Marceline sonriendo ampliamente-entonces, chicos ¡volvamos a practicar!-
El grupo retomó sus instrumentos mientras Fern miraba la lista una última vez sintiendo que, por primera vez en mucho tiempo, formaba parte de algo especial.
El salón de clases estaba casi vacío cuando Finn se acercó a recibir su examen en el escritorio de la profesora. Ésta se había tomado la libertad de corregirlos durante el receso en la sala de descanso mientras los estudiantes almorzaban para ya así entregarles la calificación correspondiente. Los estudiantes que aún estaban en el salón murmuraban e intercambiaban palabras sobre sus calificaciones, algunos con alegría, otros con expresiones de frustración y decepción.
Finn sostuvo su examen con ambas manos, casi temeroso de saber cuál era su calificación. Cuando finalmente se obligó a hacerlo, sus ojos se posaron en la B escrita en rojo brillante, una mezcla de alivio y satisfacción lo invadió.
-¡Lo logré!-murmuró para sí mismo con una sonrisa extendiéndose por su rostro.
Phoebe, quien aún se encontraba presente en el salón, arqueó una ceja al escuchar a su amigo murmurar.
-¿Qué lograste, Finn?-preguntó ella con curiosidad. Él le enseñó el examen casi como si fuera un premio.
-Saqué B ¿Puedes creerlo?
La chica de cabello rojo cobrizo tomó el papel y lo examinó con un gesto de aprobación.
-Nada mal ¿eh?-comentó tras observar el examen y devolvérselo a su amigo-supongo que tu "tutor secreto" es mejor de lo que pensaba-
Finn se rió entre dientes y recuperó su examen.
-Fern es un genio, no sé cómo fue que lo expulsaron de la escuela. Tampoco sé cómo tuvo tanta paciencia conmigo, pero funcionó.
-Yo te dije que le hicieras caso-añadió Phoebe con una sonrisa ligera-aunque, aún no puedo creer que alguien como él accediera a ayudarte…-
-¿Eh? ¿A qué te refieres con eso?-preguntó el chico rubio mirando a su amiga levemente confundido.
-Ya sabes-respondió Phoebe encogiéndose de hombros como si aquello fuera lo más obvio-Fern no es precisamente conocido por ser… accesible. Tiene fama de ser un poco… caótico, pero parece que contigo es diferente-
Finn se quedó en silencio por un momento, procesando lo que su amiga acababa de decir. Antes de que pudiera responder, el timbre de la hora de salida sonó, anunciando así el final de la jornada escolar. Ambos se dirigieron a sus lockers para recoger sus cosas. Finn se dirigió al suyo para guardar lo que uso ese día en su inseparable mochila verde. Al abrirlo, se encontró con algo inusual: unas flores que parecían haber sido arrancadas de algún jardín o parque, junto con un papel doblado. Confundido, tomó la nota, dejando las flores de lado por un momento. Al desdoblarla, leyó una frase escrita con letra apurada:
"Espero que te recuperes"
El adolescente frunció el ceño al leer la nota, se sintió tanto angustiado como ofendido por el mensaje.
-¿Recuperarme de qué?-pensó irritado, aunque era consciente de que estaba herido, no estaba inválido ni enfermo como para recibir ese tipo de mensajes. Con un gesto de claro disgusto hizo un bollo la nota, tomó las flores y arrojó ambas cosas en un cesto de basura cercano. Phoebe (que lo estaba esperando) notó las acciones de su amigo y lo observó con preocupación.
-¿Está todo bien?-preguntó acercándose.
-Sí-respondió el chico rubio aunque su tono de voz no resultaba convincente-solo, estaba tirando algo raro que encontré en mi locker-
La chica de cabello rojo cobrizo lo miro con curiosidad pero decidió no insistir. En cambio, optó por cambiar de tema para intentar distraerlo.
-Vamos, hablemos de algo más. ¿Ya pensaste en el baile de fin de año?
-¿El baile?-preguntó Finn algo distraído.
-Sí ¿vas a ir? ¿ya sabes qué vas a usar?-preguntó Phoebe sonriendo.
Finn se encogió de hombros mientras cruzaban la salida de la escuela.
-No lo sé, todavía no he pensado en eso. ¿Y tú? ¿ya tienes algo planeado?
Continuaron con su conversación mientras Finn decidió que debía ir a visitar a Fern para contarle sobre su examen y despejar su mente del incómodo hallazgo en su locker.
El ensayo de la banda estaba llegando a su fin, Marceline rasgó las últimas notas de su bajo y soltó un suspiro satisfecho.
-¡Eso fue todo por hoy, chicos!-dijo con una sonrisa mientras el eco de las cuerdas aún resonaba en la bodega. Uno a uno, los integrantes comenzaron a recoger sus instrumentos y demás equipo dejando la pequeña sala casi vacía. Marceline se apoyó contra la pared, observándolos mientras ajustaba la funda de su bajo en la espalda. Ya afuera, el grupo permaneció unos minutos en la entrada de la bodega, envueltos en una conversación animada. La noche estaba comenzando a caer y las luces del alumbrado público se encendían poco a poco-no se olviden de lo que tienen que traer para la pijamada sorpresa-les recordó cruzándose de brazos-yo me encargo de contactar a Phoebe para que me diga dónde vive Finn-
-¿Estás segura que vas a poder hablar con ella?-preguntó uno de los chicos, riendo-tiene cara de ser de las que solo contesta mensajes cuando le da la gana-
-Créeme, encontraré la forma-Marceline sonrió con confianza, aunque rodó los ojos.
Entre risas y bromas, pasaron unos minutos más charlando. La joven de largos cabellos oscuros mencionó algunos detalles sobre la decoración que planeaba llevar y se aseguró de que todos recordaran su tarea. La conversación fluyó ligera hasta que Fern miró la hora en su teléfono y frunció el ceño.
-Bueno, yo me tengo que ir-anunció mientras ajustaba la correa de su guitarra al hombro.
-¿Tan rápido?-preguntó Marceline, arqueando una ceja-¿qué tienes que hacer tan importante?-
-Nada del otro mundo-respondió Fern encogiéndose de hombros-es solo que tengo que encontrarme con alguien... para algo rápido-
Marceline lo miró con una mezcla de curiosidad y desconfianza.
-¿"Algo rápido"? Fern, últimamente estás actuando muy extraño y hay días en los que sales de los ensayos mucho antes de que terminemos ¿qué nos estás ocultando?
El chico de cabello rubio con las puntas teñidas de verde le devolvió a la líder de la banda una mirada de fingida indignación, acompañada de una risa corta.
-¿"Ocultando"? No, no se trata de eso-respondió alzando las manos en señal de inocencia exagerada-solo, estoy ocupado, ya sabes, tengo cosas que hacer-
-Ajá, seguro, "cosas importantes"-la joven lo observó con los ojos entrecerrados, aunque una sonrisa burlona se dibujó en su rostro-más te vale que no sea algo que nos haga quedar en ridículo en la pijamada-
-¿Qué? Por supuesto que no-Fern rodó los ojos mientras ajustaba la correa de su guitarra una vez más-a propósito, ¿quieren que lleve algo más aparte de los snacks?-
-Sí, no traigas solo papas-le recordó Marceline, una de las chicas de la banda se rió mientras hacía señas de aprobación-trae algunos dulces, ya sabes, para equilibrar-
Fern asintió reprimiendo una risa.
-Hecho. Ahora sí, me voy. Nos vemos mañana.
-¡No te olvides de la lista de películas!-añadió Marceline mientras el chico se alejaba, su voz resonó ligeramente en la quietud de la noche.
Fern levantó su mano en señal de confirmación sin siquiera mirar atrás, lo cierto es que no pensaba contarle a sus compañeros de banda que iba a reunirse con una chica para una sesión de estudio. Tampoco quería dar explicaciones de por qué había estado tan disperso últimamente, la banda ya era lo suficientemente intensa sin tener que agregar más drama de lo necesario.
Mientras se dirigía a la tienda más cercana para comprar los snacks, su mente estaba dividida entre los preparativos para la pijamada y la sesión de estudio que había acordado; sin embargo, no pudo evitar pensar que (de alguna manera) estaba manejando demasiadas cosas a la vez y el cansancio comenzaba a ganarle. La zona industrial comenzaba a sumergirse en la penumbra de la noche a medida que se alejaba, las luces de los pocos postes parpadeaban débilmente y el eco de sus pasos resonaba en las calles desiertas.
Con cada paso, sus pensamientos se volvían más pesados. Sabía que su comportamiento estaba comenzando a levantar sospechas entre los demás, especialmente en Marceline. Ella era demasiado observadora como para no notar su falta de concentración en los ensayos y sus salidas apresuradas. El chico suspiró deteniéndose un momento para observar el oscuro cielo, apenas unas pocas estrellas lograban destacar entre las luces de la ciudad.
Equilibrar su vida no era tarea fácil. Entre las sesiones de estudio, los ensayos con la banda, y ahora la pijamada sorpresa sentía que no tenía un segundo para respirar. Pero más allá del agotamiento físico, era el secreto que guardaba lo que más le pesaba.
No le gustaba mentirle a sus amigos, especialmente a Marceline. Ella había sido una de las pocas personas que lo había apoyado incondicionalmente desde que lo conoció. Sin embargo, el temor a ser juzgado lo mantenía atrapado en su propio silencio.
¿Qué pensarían si supieran que estaba trabajando como tutor en secreto? ¿O que, de vez en cuando, todavía lidiaba con problemas de su pasado?
Cerró los ojos por un momento, tomando aire profundamente.
-Tal vez sea hora de decirles la verdad-pensó, no todo, claro. Pero al menos lo suficiente como para que dejaran de preocuparse o de imaginar cosas que ni siquiera eran ciertas.
La pijamada sería el momento ideal para decir todo, entre risas, comida y películas, sería más sencillo tocar el tema sin que se sienta pesado. Además, si alguien podía entenderlo, eran ellos. Después de todo, esa banda era lo más cercano que tenía a una familia ahora. Con esa decisión en mente, Fern reanudó su camino hacia la tienda de conveniencia. Sabía que tendría que pensar muy bien cómo abordar el tema, pero al menos ya había dado el primer paso en su cabeza.
Por otro lado, mientras regresaba a su casa, Marceline sacó su teléfono para intentar contactar a Phoebe. La joven dudó unos instantes observando la pantalla.
-¿Cómo se lo digo sin que se oiga raro?-pensó, al final optó por escribirle un mensaje de texto.
Mensaje de Marceline:
"Hey, soy Marceline. Estamos organizando la pijamada para Finn ¿recuerdas? y necesito tu ayuda con algo ¿podemos hablar?"
Unos minutos después, su teléfono vibró con una respuesta inesperadamente rápida:
Mensaje de Phoebe:
"Seguro, jefa J ¿Qué necesitas?"
Ya sintiéndose un poco más aliviada, Marceline comenzó a escribir los detalles de la pijamada sorpresa, lo que estuvo conversando con los demás miembros de la banda y también le pidió a la chica la dirección de la casa de su amigo. Phoebe respondió algunas de las cosas que le envió la líder de la banda, y agregó un comentario que Marceline no pudo dejar pasar:
Mensaje de Phoebe:
"Por cierto, buena suerte con la pijamada. Finn no es alguien fácil de sorprender."
Marceline sonrió y guardó su teléfono que contenía la información necesaria para la pijamada.
-Esto será interesante-pensó mientras se adentraba en la noche.
Fern estaba en una tienda de conveniencia no muy lejos del edificio donde vivía, recorría los pasillos con una cesta casi a rebalsar con paquetes de diferentes dulces y snacks. Estaba concentrado en decidir entre dos sabores de papas fritas en tubo, cuando su teléfono comenzó a sonar, lo sacó del bolsillo de su pantalón y al ver el nombre "FINN" en la pantalla, apretó un botón para contestar.
-¿Qué pasa, Finn?-habló mientras colocaba las papas en la canasta junto con los demás snacks.
-¿Estás en tu casa? Es que quiero pasar más tarde, tengo una sorpresa para ti.
-¿Una sorpresa?-Fern arqueó una ceja intrigado-¿qué clase de sorpresa?-
-Ya lo verás. No voy a decírtelo, no pienso arruinarla-respondió el otro chico con un tono juguetón-en fin ¿estás en tu casa o no?-
-Estoy comprando algunas cosas ahora, pero luego estaré en el edificio-dijo Fern-¿a qué hora planeas venir?-
-Tal vez en una hora. Quiero que sea especial, así que prepárate para sorprenderte.
Fern dejó escapar una risa mientras abría una nevera para tomar una botella de refresco Súper Porp sabor uva intenso.
-Bien, nos vemos en un rato entonces.
Tras colgar la llamada, Fern volvió a guardar su teléfono pero apenas lo hizo, vibró indicando que tenía un mensaje. Frunció el ceño al ver que era de un número que no tenía guardado en su lista de contactos y que figuraba como desconocido:
"¿Dónde andas? Dijiste que hoy teníamos sesión de estudio. Estoy esperando en la entrada de tu edificio"
-Carita seria, desde luego-pensó Fern con un toque de sarcasmo mientras respondía rápidamente.
"Estoy terminando de hacer unas compras. Llegaré en 20 minutos, nos vemos allí."
Soltó un suspiro recordando que había quedado con Ellie para ayudarla con sus deberes luego del ensayo con la banda y hacer las compras de la pijamada sorpresa, guardó su teléfono de nuevo y continuó buscando cosas para poner en la cesta; no obstante, mientras se dirigía a la caja para pagar, una sensación de incomodidad lo invadió.
-¿Por qué algo me dice que esto va a complicarse o a salirse de control?-pensó Fern mientras sacaba algo de dinero para pagar sus compras.
Un rato más tarde, Finn caminaba hacia el edificio de apartamentos donde vivía Fern con el corazón acelerado por la emoción de su sorpresa, en una mano llevaba un pequeño ramo de flores envuelto en papel kraft y en la otra el examen de Química en el que se sacó una B. Aunque no fuera una A, para Finn era un gran logro y quería agradecerle a Fern por su ayuda.
Le van a gustar estas flores, es algo sencillo pero significativo.
Apenas estuvo a pocos metros del edificio, Finn se detuvo en seco al reconocer al otro chico cerca de la entrada. Estaba conversando con una chica que él no conocía, tenía un par de cuadernos en las manos y parecía explicarle algo mientras Fern asentía con atención. Finn no pudo evitar sentir un ligero malestar al ver lo concentrado que estaba el chico en la conversación.
Desde su posición, Finn no podía escuchar lo que decían pero los vio inclinarse sobre uno de los cuadernos. Fern señalaba algo en las páginas mientras la chica asentía, agradeciendo su ayuda con una sonrisa. Finalmente la chica cerró su cuaderno y ambos se despidieron con un abrazo rápido, esa escena hizo que el adolescente apretara los labios sintiendo una punzada repentina en el pecho.
-¿Por qué se abrazan? ¿no era solo una sesión de estudio?-pensó aunque trataba de convencerse de que no era nada.
La chica comenzó a alejarse caminando en dirección contraria a la de Fern, Finn (sumido en sus propios pensamientos) no reaccionó cuando ella chocó accidentalmente contra él.
-Oh, disculpa-murmuró ella sin siquiera mirarlo y siguió caminando como si nada.
Finn la siguió con la mirada hasta que desapareció al doblar la esquina, luego se volteó hacia el edificio y comenzó a caminar con pasos decididos.
-Tengo que saber qué fue todo eso-pensó mientras subía las escaleras rumbo al tercer piso donde estaba el apartamento de Fern. Cuando llegó, golpeó la puerta con más fuerza de la que había planeado, Fern abrió poco después con una botella de cerveza en la mano y el cabello ligeramente despeinado.
-¿Finn? Creí que llegarías más tarde.
-Sí, pero…-respondió el chico cruzándose de brazos intentando mantener la compostura, pero su rostro reflejaba una mezcla de irritación y nerviosismo-¿quién era esa chica? ¿qué estaba haciendo aquí?-
Fern parpadeó sorprendido por la pregunta y dejó escapar un largo suspiro.
-Era Ellie. Una chica de tu escuela, quedamos para repasar unos ejercicios de matemáticas que vimos hoy ¿por qué?
-¿"Por qué"? ¡porque parecía que estabas muy interesado en lo que te estaba diciendo! Y después… ¿un abrazo? ¡¿en serio, Fern?!-el tono de voz con el que Finn hablaba tenía una mezcla de celos y confusión, algo que no pasó desapercibido para Fern.
-Espera, espera-dijo Fern levantando una mano para intentar calmarlo-no fue nada de lo que piensas, solo la estoy ayudando porque ella estaba perdida con esos ejercicios-
Finn lo miró incrédulo soltando una risa sarcástica.
-¿Eso es todo? ¿esperas que me crea esa historia?
-Sí, porque es la verdad-Fern sostuvo su mirada con calma aunque una ligera sonrisa apareció en sus labios-Finn, no hay nada raro aquí-
El adolescente desvió la mirada, su enfado comenzó a disiparse pero la incomodidad todavía seguía presente.
-Solo me pareció extraño. Ya sabes...
-¿Extraño? ¿O acaso estás celoso?-preguntó Fern en tono travieso, arqueando una ceja.
-¡No estoy celoso!-soltó Finn rápidamente, aunque su tono lo traicionaba.
Fern dejó escapar una carcajada, dando un paso hacia él.
-Mira, si te tranquiliza, puedo decirte exactamente lo que estábamos hablando. ¿Quieres que lo haga?
Finn negó con la cabeza, soltando un suspiro mientras pasaba una mano por su cabello. Luego, como recordando por qué estaba allí, sacó el ramo de flores y el examen de su mochila.
-Esto es para ti-dijo, entregándole las flores con una expresión avergonzada-y también quería mostrarte mi nota en el examen-
Fern miró las flores con sorpresa, sus ojos suavizándose al darse cuenta del gesto.
-¿Flores? ¿Por ayudar a un desastre en química? Gracias, Finn... realmente no era necesario-dijo mientras las tomaba con cuidado. Su sonrisa se ensanchó al ver el examen-una B, ¿eh? Te lo dije, Finn. No era imposible-
Finn se encogió de hombros, sintiendo cómo su enojo se desvanecía.
-Supongo que tenías razón. Pero sí fue difícil.
Fern se echó a reír dejándolo pasar al apartamento. Finn notó que sobre el escritorio había bolsas con snacks, pero antes de decir algo, Fern habló primero.
-No pienses en tocar los snacks. Los estoy guardando para una fiesta a la que voy este fin de semana-dijo con un tono casual mientras recogía las bolsas.
Finn levantó una ceja, algo desconfiado, pero decidió no insistir.
-Está bien. No iba a comer nada de todos modos-murmuró sentándose en la cama.
Fern sonrió, llevándose las bolsas a la cocina.
-Bueno, siéntete como en casa, pero si sigues interrogándome, te pondré a hacer ejercicios de química de nuevo.
Finn rió entre dientes aunque todavía no estaba del todo convencido de lo que había visto antes. Se quedó un rato sentado en la cama, observando cómo Fern se movía con tranquilidad por su apartamento, la curiosidad lo invadió por un instante queriendo atreverse a preguntar más sobre la chica que vio antes, pero decidió no arruinar el buen ánimo que habían logrado recuperar.
-Entonces ¿qué vas a hacer con esa fiesta?-preguntó Finn queriendo sonar casual.
Fern se volteó desde su lugar.
-Ah, eh… nada especial. Es más como una reunión pequeña, solo quiero pasar el rato y relajarme un poco después de todo el drama reciente-respondió encogiéndose de hombros.
Finn asintió, sintiendo que había algo más detrás de esa oración pero decidió no insistir. En vez de eso, cambió de tema.
-Sobre las flores… ¿no crees que es muy extraño que le de flores a un amigo?-preguntó el chico rubio. Fern sonrió y caminó hacia el rincón donde estaba posicionada su cama con un gesto despreocupado.
-No, no lo creo raro. Es un buen gesto. Además, es la primera vez que me regalan flores-admitió con sinceridad mirando el pequeño ramo sobre la mesa-tal vez debería encontrar un florero o llenar un vaso con agua para que duren más tiempo-
-Bueno… me alegra que te gustaran-dijo Finn quien no pudo evitar llevar una mano a su nuca sonrojándose un poco. Se hizo un breve silencio entre ellos. El adolescente bajó la mirada de nueva cuenta al suelo antes de murmurar-pero… tampoco sé si "amigos" sea la palabra correcta para lo que sea que haya entre nosotros, ¿no? no después de lo que pasó hace unos días…-
Fern, quien se había sentado junto a él en la cama y estaba por tomar su guitarra, se quedó quieto por un instante. Su verde mirada se encontró con la de Finn y ambos se sonrojaron casi al mismo tiempo al recordar aquella noche. Carraspeó, intentando romper la tensión.
-Bueno… supongo que tienes razón. Pero eso no cambia que aprecie lo que haces por mí-dijo desviando la mirada otra vez hacia las flores.
Finn asintió con una pequeña sonrisa. La tensión se disipó poco a poco, y la conversación derivó en temas más ligeros, como la escuela y las próximas actividades que harían. Finalmente, Finn decidió que era hora de volver a casa no sin antes lanzar una última mirada al ramo de flores. Fern lo acompañó hasta la entrada y lo despidió con una sonrisa tranquila.
El día de la pijamada sorpresa había llegado, Fern pasó la mañana ajustando los últimos detalles, había enviado mensajes al grupo privado de la banda, repasando mentalmente la lista de cosas que necesitarían. Mientras tanto, Minerva (quién había aprovechado su día libre) estaba en casa preparando algo de comida cuando recibió una llamada de su hijo.
-Hola, mamá-habló Finn del otro lado de la línea-voy a quedarme un poco más en la escuela, van a dar una charla sobre el baile de fin de año y tenemos que quedarnos después de clases-agregó con cierto apuro.
-Oh, de acuerdo. Pero no te quedes mucho tiempo. ¡Ah! y no te olvides que me prometiste ayudarme a preparar la cena esta noche-le recordó ella antes de colgar. Dejó el teléfono sobre la encimera de la cocina y se dispuso a continuar con sus tareas, cuando, cerca del mediodía, alguien llamó a la puerta, al asomarse se encontró con un grupo de jóvenes que llevaban bolsas de compras, almohadas, mantas y mochilas.
-Uh… buenas tardes ¿es aquí dónde vive, Finn?-preguntó una joven de largo cabello oscuro con actitud confiada, Minerva se percató del estuche morado con detalles rojos que llevaba colgando en el hombro.
-Sí, pero no se encuentra en casa en este momento ¿qué necesitan?-preguntó la mujer con un poco de intriga. Minerva observó a los jóvenes detenidamente, tratando de descifrar el motivo de su llegada tan repentina. Marceline, quien parecía ser la líder de aquel grupo, intercambió miradas con los demás antes de responder.
-Oh, está bien-respondió con una sonrisa casual-de hecho, venimos por una pijamada sorpresa. Finn nos invitó, tal vez se le olvidó mencionarlo-
La mujer de corto cabello rubio elevó una ceja desconcertada, la idea de que su hijo organizara algo así sin informarle parecía poco típico en él. Además, el grupo estaba claramente preparado, como si hubieran planeado esto con anticipación.
-Una… ¿pijamada sorpresa?-repitió lentamente-no tenía idea de esto ¿estás segura de que Finn los invitó?-
-¡Sí, sí!-intervino rápidamente Fern tratando de alivianar la tensión-lo planeamos hace unos días, hemos estado preocupados por él después de lo que pasó en el festival... pensamos que esto podría animarlo un poco-
Minerva se cruzó de brazos, sin bajar la guardia. Recordar el incidente hacía que un nudo de preocupación volviera a formarse en su pecho pero la mirada sincera de Fern, junto con los asentimientos de los demás, lograron calmarla.
-¿Finn sabe algo de esto?-preguntó la mujer.
-No, es una sorpresa-respondió Marceline con una sonrisa confiada-pensamos que sería lindo hacer algo especial para él-
Minerva permaneció en silencio un momento, analizando la situación. Aunque no le agradaba mucho la idea de recibir visitas sin previo aviso entendía el gesto detrás de todo esto.
-Bueno, si es así... supongo que pueden pasar-dijo finalmente abriendo la puerta-pero quiero que todo esté en orden cuando se vayan ¿entendido?-el grupo asintió con entusiasmo y comenzó a entrar cargando bolsas, mochilas, mantas, almohadas, etc. Minerva los observó acomodarse en la sala mientras dejaba escapar un suspiro-Finn aún no regresa de la escuela, me dijo que habría una charla sobre el baile de fin de año. No sé cuánto tiempo más tardará en volver-
-Perfecto-dijo Marceline mientras desplegaba una manta en el suelo-eso nos da suficiente tiempo para preparar todo-Fern comenzó a sacar de su caja pequeños objetos decorativos mientras Georgy y los demás integrantes de la banda buscaban un espacio para colocar su equipo de música. Marceline, por su parte, sacó una lista y comenzó a repartir las tareas entre todos-muy bien, chicos. Este lugar tiene que quedar increíble antes de que Finn llegue-añadió con una sonrisa cómplice-vamos a asegurarnos de que sea una noche que nunca olvide-
Minerva aún intrigada pero conmovida por la dedicación del grupo, regresó a la cocina para continuar con sus tareas. Aunque no dejaba de preocuparse por lo ocurrido en el festival, el esfuerzo de aquellos chicos por animar a Finn era algo que realmente apreciaba.
La entrada a la sala de lectura estaba decorada con carteles coloridos y anuncios del baile de fin de año. Finn, Phoebe y demás estudiantes de su clase estaban sentados en las sillas que fueron colocadas en filas en el centro de la sala escuchando con atención mientras uno de los coordinadores explicaba los detalles del evento.
-El baile de fin de año será el próximo mes en el gimnasio de la escuela-anunció señalando una presentación de diapositivas que había diseñado exclusivamente para la charla-la temática será "Noche estrellada", el comité estudiantil se encargará de la decoración, les pedimos que confirmen su asistencia con anticipación-
Phoebe, sentada junto a Finn, tomó notas lo más rápido que pudo en una libreta. Finn, por otro lado, garabateaba cosas en el papel poco interesado en los detalles, pues aún no estaba seguro de si asistiría al baile, además de que no sabía con quién iría y su madre tampoco le había dicho si quería que le rentara un traje para la ocasión.
-¿Por qué no anotaste lo que dijo el coordinador? ¿no piensas ir?-susurró Phoebe arqueando una ceja al ver que su amigo no hacía nada más que trazar garabatos en su hoja.
-No estoy seguro si voy a ir-le respondió Finn-supongo que iré dependiendo de a quién logre invitar-
-Oh, si es por eso, no te preocupes-lo tranquilizó la chica de cabello rojo cobrizo-yo tampoco tengo cita para el baile, planeaba invitar a Dee pero no va a estar en la ciudad el próximo mes, me dijo que debe ir a visitar a una prima suya o algo así. Si no logras encontrar una cita o pedirle a alguien que vaya contigo al baile, podemos ir juntos como en los viejos tiempos ¿recuerdas?-Finn no pudo evitar avergonzarse un poco al recordar el primer baile escolar al que fue con Phoebe, mucho antes de que su relación se fuera cuesta abajo, en ese entonces, ella lo había invitado a ir como amigos-estabas tan confundido y nervioso, sobre todo porque no sabías cómo reaccionarían los demás al vernos ir juntos-
Finn apartó la mirada de sus garabatos y antes de que pudiera responderle, la memoria de aquella velada lo invadió de golpe.
*Flashback [baile escolar, año 2010]*
El gimnasio de la escuela estaba decorado con globos, papeles y luces de colores. Mientras la música Pop del momento resonaba en los altavoces instalados en cada esquina del lugar, Finn con apenas trece años, estaba de pie junto a la entrada en un traje azul incómodo que parecía haber sido heredado por generaciones, jugueteaba nerviosamente con la corbata celeste que su madre le había insistido llevar. Miraba de un lado a otro buscando a su amiga.
-¡Finn!-la voz de la chica lo sacó de sus pensamientos, apareciendo frente a él. Lucía un vestido en distintos tonos de rojo y naranja en un estilo casi hindú, sencillo pero hermoso, con una gema en el centro que hacía juego con los colores del vestido. Su sonrisa radiaba más brillo que las luces del gimnasio-me alegra tanto que estés aquí-
-Sí, eh… gracias por invitarme-respondió Finn sintiendo que las palabras se le atoraban en la garganta. Phoebe soltó una risa y tomó su mano.
-Vamos, no te quedes aquí parado como un árbol-lo llevó hasta la pista de baile donde muchos estudiantes ya se movían torpemente al ritmo de la música, Finn intentó seguirles el paso aunque sus movimientos eran más rígidos que graciosos-tranquilo-dijo entre risas-es solo un baile escolar, nadie va a reírse de ti por hacer el ridículo. Solo sigue el ritmo-aunque torpe, el chico comenzó a moverse con más confianza gracias a la energía contagiosa de su amiga, al llegar el momento del baile lento, Phoebe tomó la iniciativa de colocar sus manos en los hombros de Finn mientras él (rojo como una manzana) apoyaba las suyas en la cintura de la chica-¿ves? no fue tan difícil-susurró ella, divertida-eres buen amigo, Finn. Me alegra que hayas venido-
*Fin flashback*
-Bueno…-dijo Finn, quien se rascó la nuca al recordar su torpeza juvenil y trató de cambiar el tema-supongo que fue divertido-
Phoebe sonrió notando la expresión avergonzada en el rostro de su amigo.
-A veces echo de menos esos días-murmuró bajando la mirada a su libreta.
El ambiente entre ellos se suavizó, y un momento de silencio agradable los invadió antes de que Phoebe sacara su teléfono para revisarlo. Vio que tenía un mensaje de Marceline:
"¿Dónde estás? ¿Te falta mucho para salir? Estamos un poco retrasados con la pijamada sorpresa. Por favor, entretén a Finn unos minutos más ¡necesitamos tiempo! "
La chica de cabello rojo cobrizo frunció el ceño tratando de pensar rápido en una solución.
-¿Qué sucede?-preguntó Finn al ver el cambio en su expresión.
-Ah, nada malo, solo unos problemas con la banda-respondió Phoebe guardando apresuradamente su teléfono-oye ¿quieres dar una vuelta antes de volver a casa?-
Finn miró la hora en su reloj de pulsera y negó con la cabeza.
-Me encantaría pero no puedo. Le prometí a mi mamá que ayudaría con la cena esta noche, debería irme ahora.
Phoebe intentó no parecer desesperada, pero se apresuró a colocarse frente a él, bloqueándole el paso.
-¿Por qué no te quedas un poco más? seguro que a Minerva no le molestará que llegues unos minutos tarde.
-¿Por qué estás actuando tan extraño, Phoebs?-preguntó Finn con desconcierto.
La chica abrió la boca para responder, pero no logró encontrar una excusa convincente. Al final, suspiró rendida.
-Está bien, está bien. No es nada, solo pensé que podíamos charlar un poco más.
Finn la miró de forma sospechosa, pero decidió no insistir.
Afuera el sol del atardecer teñía las calles de un cálido tono anaranjado mientras Finn recorría el camino que hacía todos los días para volver a su casa, solo que ahora iba acompañado de Phoebe. A pesar de que el adolescente parecía distraído pensando en la cena que iba a preparar con su madre, Phoebe se mostraba inquieta, revisando su teléfono de vez en cuando esperando algún mensaje de Marceline que confirmara que todo estaba listo y que podían venir directo a la casa.
-¿Seguro que estás bien?-preguntó Finn notando que Phoebe estaba más callada de lo usual-has estado mirando tu teléfono como si esperaras a que éste explote-
-¿Eh?... Sí, sí, estoy bien-respondió Phoebe rápidamente, forzando una sonrisa-solo estoy esperando un mensaje de mi papá-
-Bueno, eso tiene sentido-respondió finalmente-aunque mi mamá no me escribe cada cinco minutos. Solo espera que le avise si se me hace tarde-
Phoebe dejó escapar una risa nerviosa, manteniendo el teléfono en la mano como si fuera un salvavidas. Conforme se acercaban a la casa de Finn, comenzó a sentir cómo los nervios le apretaban el estómago.
Cuando llegaron a la puerta de la casa, Phoebe frenó abruptamente, como si estuviera buscando una excusa para retrasarlo.
-Oye, espera un segundo-dijo deteniéndolo antes de que pudiera abrir la puerta-¿por qué no damos una vuelta más? tal vez hasta podamos pasar por una heladería y comprar un helado para la cena-
-¿Qué rayos te pasa hoy?-preguntó Finn confundido-has estado actuando raro desde que salimos de la escuela-
Phoebe parpadeó buscando algo que decir.
-¿Raro? ¿yo?-rió nerviosamente, jugueteando con el borde de su sweater rojo cereza-solo intento hacer que el día sea un poco más… divertido, eso es todo. Además ¿a quién no le gusta el helado?-
Finn la observó por un momento, aún desconcertado.
-No sé…-respondió lentamente-mi mamá me está esperando para preparar la cena. Si llego tarde, probablemente no me lo perdone-
La chica de cabello rojo cobrizo abrió la boca para insistir pero justo en ese momento, la puerta de la casa se abrió de golpe haciendo que ambos se quedaran inmóviles. Minerva apareció en el umbral con una sonrisa cálida y un paño de cocina colgando sobre su hombro.
-Oh, chicos ¡qué bueno que llegaron!-exclamó la mujer primero mirando a su hijo y luego a Phoebe-justo a tiempo-
-¿A tiempo para qué?-preguntó Finn mirando a su madre con el ceño fruncido.
Antes de que pudiera obtener una respuesta, una voz conocida resonó desde dentro de la casa.
-¡Vamos, Finn! ¡no te quedes ahí parado!-gritó Marceline desde el interior seguido por risas y el familiar sonido de una guitarra eléctrica siendo tocada suavemente.
Finn cruzó el umbral, intrigado. Al entrar, se quedó boquiabierto: la sala de estar estaba llena de luces colgantes, había velas falsas de esas que funcionan con baterías, almohadas, mantas y una mesa con bocadillos y bebidas (incluyendo algunas cervezas que Fern y Georgy metieron en la nevera de contrabando). Marceline, Fern y los demás miembros de la banda estaban allí, todos sonriendo ampliamente mientras sostenían un cartel que decía: "¡Sorpresa, Finn!"
El chico rubio se giró hacia Phoebe, ahora claramente más relajada y sonriendo de verdad.
-¿Tu sabías algo de todo esto?
Phoebe simplemente se limitó a asentir.
-Tal vez-respondió ella encogiéndose de hombros-¿qué puedo decir? No podía dejar que arruinaras tu propia sorpresa-
Marceline se acercó para darle un golpe amistoso en el brazo.
-Vamos, Finn ¡esta es una noche para relajarte y divertirte! te lo mereces después de todo lo que ha pasado.
La joven de cabellos oscuros se giró sobre sus pasos y regresó a la sala de estar, Finn se quedó pie en la entrada principal de su casa por unos segundos, hasta que Phoebe lo hizo reaccionar dándole un leve empujón como señal de que siguiera a Marceline. Ambos se adentraron en la sala y en una esquina pudieron ver un equipo de karaoke prestado. Fern ajustaba los micrófonos mientras Marceline revisaba la lista de canciones, todo bajo la curiosa mirada de Finn.
-¿Karaoke? ¿en serio?-preguntó Finn entre risas mientras apoyaba su mochila verde junto al sofá.
-No cualquier karaoke-respondió Marceline sosteniendo el micrófono como si fuera a dar un concierto en ese preciso momento-¡es nuestro show exclusivo! Ahora toma asiento y prepárate para ser deslumbrado-mientras todos se reunían para dar inicio al karaoke, Marceline conectó su teléfono a la máquina que habían traído-¡es hora de encender esto con algo épico!-exclamó con una sonrisa traviesa, buscando en su playlist una canción que diera inicio al espectáculo.
Fern, acomodándose en el sofá, arqueó una ceja.
-Oh ¡por favor! no pongas algo deprimente, la última vez que pusiste algo tuyo casi nos haces llorar a todos.
-Confía en mí-respondió Marceline mientras seleccionaba la canción. La pantalla mostró el título: "Te Atreviste y Me Morí"
-¡No puedo creerlo!-exclamó Phoebe entre risas-¿en serio vas a comenzar con esa canción? ¿precisamente esa canción?-
-¿Qué hay de malo con esta canción? Es perfecta-replicó Marceline tomando el micrófono-ahora cállense y disfruten-
Apenas comenzó a sonar la melodía, Marceline cantó las primeras líneas con un dramatismo exagerado, moviéndose como si estuviera en el escenario de un gran concierto.
Siempre despertó mi curiosidad de saber porque
Puede ser un día hermoso y en un cambio brusco echarse a perder.
Nunca me he detenido a analizarlo, nunca le presté atención.
A veces me quedo solo en la pregunta y no le busco solución...
Finn, algo reacio al principio, no pudo evitar reírse mientras Fern tamborileaba con las manos sobre la mesa de café al ritmo de la música. Phoebe por su parte estaba al borde de las lágrimas de tanto reírse, y Marceline se las ingenió para pasarle el micrófono a Fern justo en el coro, queriendo obligarlo a cantar. Fern primero se negó a querer cantar junto a la joven pues no quería pasar vergüenza, pero Marceline insistió tanto que al final terminó accediendo, pronto todos comenzaron a unirse (excepto Finn), llenando el ambiente de voces entrecortadas por la risa, bromas y mucha energía.
La caravana que me trajo hasta ti,
Se espantara cuando te fijes en mí,
Y cuando el viento revoleaba tu pelo,
Te atreviste y me morí...
-Cuando te propongo que avancemos dos casilleros más, es un paralelo el amor y el juego y yo siempre quiero ganar-cantó una de las chicas que formaba parte del coro, quien comenzó a bailar alrededor del sofá con movimientos exagerados y cómicos que provocaron algunas risas generalizadas-pero no aprovecho que tenga servida la oportunidad, a veces me desoriento entre la gente y pierdo la velocidad-
-Y estoy cansado/a de escuchar tantas mentiras que en tu vida cumplirás-cantaron Fern y Marceline al unísono.
La caravana que me trajo hasta ti,
Se espantara cuando te fijes en mí,
Y cuando el viento revoleaba tu pelo,
Te atreviste y me morí
No había pensado que podía llegar
A enamorarme en cuanto empieces a hablar
Con todo lo que practiqué este momento
Y ahora estoy quedando mal…
Al terminar la canción, todos aplaudieron y rieron con Finn agarrándose el estómago.
-Eso fue... increíblemente ridículo-comentó el adolescente mientras calmaba sus risas.
-Ridículo, pero necesario-respondió Marceline inclinándose en una falsa reverencia-ahora que estamos todos relajados, ¿quién sigue?-
Fern desde un rincón de la sala observaba a todos con una mezcla de diversión y asombro, además de que tenía intriga por saber quién sería el próximo valiente en atreverse a cantar una canción en la máquina de karaoke. Al final, Phoebe se acercó al sofá dónde estaba sentado Finn y le entregó su micrófono.
-Tu turno-le dijo la chica sin apartar el brazo que sostenía el micrófono-vamos, sorpréndenos-
Finn no reaccionó, sino que se limitó a mirar a su alrededor mientras pensaba qué canción elegir. Finalmente, con una sonrisa algo nerviosa, tomó el micrófono y habló:
-Está bien, lo haré. Pero si voy a cantar, todos tienen que prometer que no se reirán.
La actividad siguió con más canciones, cada una más animada que la anterior, hasta que alguien sugirió cambiar el ritmo.
-¿Porqué mejor no hacemos otra cosa?-propuso Wendy lanzando una mirada cómplice a todos-¿qué tal un clásico juego de "Verdad o reto"?-
Los demás accedieron a la propuesta sin pensarlo demasiado, y pronto el juego "Verdad o Reto" comenzó con un aire ligero y risas que denotaban nerviosismo e incomodidad entre el grupo de amigos. Al principio, cada turno traía preguntas con revelaciones inesperadas y retos que iban desde lo más común hasta rozar lo absurdo, lo que generaba carcajadas entre los jóvenes. Después de varios turnos en el juego, entre confesiones triviales y retos sin sentido, cómo era de esperarse, Marceline había tomado la batuta como moderadora no oficial del juego, disfrutando al máximo cada oportunidad de poner a alguno de sus amigos y compañeros de banda en situaciones vergonzosas.
El turno de Phoebe llegó, quien eligió "Verdad".
-¿Alguna vez te has sentido atraída por alguien de la banda?-preguntó la joven de largo cabello oscuro lanzándole una sonrisa pícara.
La chica se sonrojó al instante, provocando que todos se rieran y se burlaran de ella, pero intentó mantener la compostura.
-Tal vez… pero eso no significa que vaya a decir su nombre.
-¡Oye, eso es trampa!-protestó Booboo entre risas aunque prefirió pasar por alto la respuesta para no arruinar la dinámica del juego.
Luego fue turno de Fern quién optó por "Reto", esta vez fue Finn quien tomó la iniciativa, aun riéndose de la situación anterior.
-Te reto a cantar una estrofa de la canción más vergonzosa que conozcas.
El chico rubio con las puntas teñidas de verde arqueó una ceja como diciendo "¿en serio?" pero aceptó sin cuestionar y con una sonrisa torcida. Después de meditarlo unos segundos, comenzó a entonar una parte de la canción "Move Your Feet" pero con un ritmo más exagerado, lo que desató risas entre el grupo.
-¡Eso no tiene precio!-exclamó Marceline aplaudiendo mientras veía a su compañero de banda regresar a su lugar en el círculo aun con una leve sonrisa en el rostro.
El juego continuó con retos que incluían selfies ridículas, bailes improvisados y verdades que sacaban a la luz pequeñas confidencias. Poco a poco, el ambiente se tornó más relajado, pero también más íntimo, como si cada turno derribara una capa más de las reservas de cada uno.
Finalmente, el turno llegó a Finn. Marceline lo miró con una sonrisa traviesa
-Muy bien, Finn. ¿Verdad o reto?
Finn se tomó un momento para pensar un poco antes de responder disfrutando de la tensión que había en los ojos de sus amigos.
-Reto-dijo con una confianza que no sentía del todo.
Marceline entrecerró los ojos, claramente planeando algo que pudiera sacarlo de su zona de confort.
-Muy bien. Tienes que besar a la persona que consideres más atractiva de este grupo.
El silencio que siguió fue inmediato, cortado sólo por algunos "whooos" y las risas ahogadas de Phoebe. Fern lo observó con curiosidad, aunque había una ligera tensión en sus hombros.
Pude sentir el calor subir por mi rostro mientras miraba a quienes consideraba mis amigos. Primero dirigí mi vista a Marceline, quien me devolvió la mirada con una mezcla de diversión y desafío, se notaba a leguas que disfrutaba poner a todos en ridículo salvo por ella misma. Luego a Phoebe, ella me sonrió con nerviosismo, quizá esperando a que la eligiera para jugarle una broma a todos y dejar de lado la presión social. Al final mis ojos se posaron en Fern.
Hubo algo en la forma en que Fern lo miraba, tranquilo pero expectante, haciendo que Finn tomara una decisión. Se puso de pie y avanzó hacia el otro lado del círculo, sin decir palabra alguna, se inclinó hacia Fern y le dio un rápido beso en los labios. El momento fue breve pero cargado de significado, cuando Finn se separó, volvió a su lugar sin mantener el contacto visual con nadie mientras el resto del grupo procesaba lo que acababan de ver.
-Vaya, es no lo vi venir-comentó Marceline dando una tos falsa.
Phoebe, por otro lado, se quedó inmóvil por unos segundos antes de ponerse de pie bruscamente.
-Con permiso, tengo que ir al baño-habló con una sonrisa forzada y abandonó la sala.
El grupo se quedó en silencio incómodo por la súbita partida de Phoebe. Marceline fue la primera en hablar.
-Bueno, eso definitivamente fue más entretenido que cantar "Move Your Feet"-comentó con un tono ligero, aunque había un destello de preocupación en su mirada mientras observaba hacia la dirección por donde había salido Phoebe.
Finn se encogió un poco en su lugar sabiendo que había algo que debía resolver. Miró de reojo a Fern, quien mantenía una expresión imperturbable aunque había un leve sonrojo en sus mejillas.
-Creo que iré a ver si Phoebe está bien-dijo Finn poniéndose de pie.
-Buena idea-respondió Georgy, dándole una pequeña palmada en la espalda mientras pasaba junto a éste-pero no te tomes demasiado tiempo. Todavía falta mucho para que termine la velada-
Finn asintió y salió en busca de su amiga, dejando atrás a Marceline, Fern y el resto de la banda. La atmósfera en la sala quedó en un extraño equilibrio entre el alivio de las risas y la tensión de lo que acababa de ocurrir.
Tras un par de minutos buscando, Finn subió las escaleras hacia el baño, dentro encontró a Phoebe apoyada contra el lavamanos mirando su propio reflejo con los ojos algo enrojecidos.
-Phoebe... ¿estás bien?-preguntó Finn acercándose con cautela. Ella no respondió al principio, pero luego dejó escapar un suspiro y lo miró de reojo.
-No, Finn, no estoy bien. Estoy molesta, herida y también me siento traicionada-dijo finalmente, sintiendo que su voz se quebraba un poco-¿por qué no me dijiste que tenías en una relación con Fern?-
Finn frunció el ceño, sorprendido por la pregunta de su amiga.
-No estamos en una relación-respondió manteniendo la voz calmada-ni siquiera sé exactamente lo que está pasando entre nosotros-
Phoebe soltó una risa amarga y negó con la cabeza.
-Pues desde aquí parece bastante claro, Finn. Me siento como una tonta por no haberme dado cuenta antes.
-Phoebs, escucha...-Finn se acercó, poniéndole una mano en el hombro-no quiero que te sientas así. Todo esto es nuevo para mí también. Aún no tengo claro lo que siento o lo que va a pasar entre Fern y yo, pero espero poder resolverlo esta misma noche. Si no lo hago ahora, ya habrá otra ocasión para definirlo-
La chica con su cabello rojo cobrizo ligeramente húmedo por el agua que usó para lavarse la cara, lo miró con los ojos llenos de emociones encontradas: enojo, tristeza pero también algo de comprensión.
-Solo quiero que seas honesto conmigo, Finn. Siempre hemos sido amigos y no quiero perder eso-dijo con un tono de voz más suave esta vez. Finn asintió con una pequeña sonrisa.
-No quiero perderte como amiga, Phoebe. Te prometo que no voy a dejar que eso pase.
Phoebe suspiró y le devolvió la sonrisa, aunque todavía un poco apagada.
-Bien. Pero vuelve allá y resuelve esto, Finn. Hablo en serio.
Finn asintió agradecido, y salió del baño mientras la chica se tomaba un momento para recomponerse. La noche aún era joven y Finn sabía que lo que pasaría después sería crucial, no solo para él y Fern, sino para su amistad con Phoebe también.
Al regresar a la sala vio que el resto del grupo ya había escogido una película y se acomodaban entre las mantas y almohadas que cubrían el suelo. Marceline estaba reclinada de espaldas con una bolsa de palomitas mientras Wendy se apoyaba contra el sofá con una manta cubriendo sus hombros y una botella de cerveza descansaba en su regazo.
Fern, por su parte, estaba sentado en el suelo cerca de Wendy, aparentemente tranquilo, pero Finn notó que sus ojos verdes se desviaban de vez en cuando hacia la entrada a la sala, como esperando algo. Phoebe salió unos segundos después, su expresión era más relajada. Miró alrededor de la sala antes de dirigirse al grupo con una sonrisa ligera.
-¿Ya empezaron sin mí?-bromeó la chica tomando asiento junto a Finn y Fern en el suelo.
Finn le dedicó una mirada cálida.
-Estábamos esperando a que llegaras.
La chica tomó una almohada y la abrazó mientras Marceline, con su típico humor desenfadado hizo un gesto hacia la pantalla.
-¡Ya era hora! Finn nos contó que te habías encerrado en el baño para practicar cómo llorar para una telenovela-Phoebe ofendida le lanzó la almohada que tenía en las manos, aunque no pudo evitar soltar una pequeña risa.
-Oh, cállate. Estoy lista, ya me siento mejor, así que nomás pónganle play.
La película comenzó y pronto la sala se llenó de risas y murmullos ocasionales mientras todos se sumergían en la trama. Finn se acomodó entre Fern y Phoebe, había algo reconfortante en ese momento: el calor de las mantas, el sonido de sus amigos riendo y la sensación de que, al menos, por un rato, las cosas estaban bien.
