Los personajes pertenecen a la gran Rumiko Takahashi, la historia sí es mía (no al plagio).
Vuelvo al ruedo después de mil años (perdí la cuenta, el ordenador y otro chorro de cosas más; la vida, vaya), aunque nunca he dejado de imaginar de una forma u otra.
Sin más pretensiones, espero que disfrutéis esta cortísima historia, aunque sea un poco, y si puede haber algo de feedback mejor.
AÚN ME LA DEBES
– Eh... Akane, ¿no crees que deberías cortarte un poco? − la joven de cortos cabellos hizo caso omiso a las palabras de su amiga, en cambio dio un buen trago a la lata que tenía en la mano arrugando la nariz de forma cómica. No se acostumbraba del todo al fuerte sabor de esa bebida.
– Es un idiota, un cretino − dio otro trago sintiendo cómo el calor que le bajaba por la garganta le ayudaba a calmar un poco el fuego que notaba en las entrañas.
El estúpido que tenía por prometido lo había vuelto a hacer, incapaz de controlarse cuando entraba en ese estado felino llamado Neko-ken. Dios sabía cómo había acabado siendo nuevamente un gato mentalmente hablando pero, como siempre, había acabado acudiendo a ella de forma mecánica. Al principio no había tenido especial problema, ya estaba acostumbrada, pero de un tiempo a esta parte su actitud había cambiado. Ese gato del demonio se había vuelto más osado en sus caricias, a veces no podía quitárselo de encima si no era con un buen mandoble. El problema esta vez es que se había excedido de una manera que no habría sido capaz de hacer estando consciente. Y el verdadero problema es que esta vez a ella le había gustado, demasiado, la forma en la que se había restregado contra su cuerpo desde atrás, cómo la había lamido y mordido.
El recuerdo de su lengua en una parte especialmente sensible de su oreja y como había mordisqueado su nuca todavía mandaba impulsos eléctricos por su espina dorsal. No fue hasta que se vio apretando los muslos notando una humedad incómoda en su entrepierna que supo que algo no iba bien. Ranma había hecho un sonido gutural acercando curioso la cara al torso, comenzando a olisquear desde su cuello hasta la zona baja de su cuerpo. Ella, sentada, se había sonrojado furiosamente al saber qué era lo que estaba oliendo pero se preocupó de verdad cuando le vio agazaparse lentamente y enfocar los ojos oscurecidos y hambrientos en los suyos, dispuesto a saltarle encima. Debía confesar que en el fondo verlo así por ella la había excitado, ya no era tan niña, y no es que no quisiera hacer cositas de adultos, es que quería hacerlas con él, no con su gato interior. Así que lo había tenido que alejar de un buen mazazo de nuevo. Cuando reapareció estaba mojado y convertido en chica, recriminándole por su brusquedad. Por supuesto sin acordarse de absolutamente nada. Así que ella se había visto en la obligación de quitarse parte de la frustración "acariciándole" la cara con especial fuerza y esmero.
Pasado un rato donde sus amigas la observaban sin saber bien qué hacer Akane decidió que ya no estaba tan molesta, de hecho todo le empezó a parecer realmente divertido. Yuka y Sayuri se miraron sabiendo que debían llamar a casa de la muchacha, no sabían cómo había acabado en ese estado de ebriedad tan rápido. Para su suerte, y la de Akane, fue el mismo Ranma quien contestó al teléfono. No tardó nada en llegar al parque donde prácticamente habían obligado a la muchacha a permanecer cuando esta había insistido en ir a bailar, como si no le costara dar dos pasos seguidos ya.
– ¿Qué demonios ha pasado? − Ranma no daba crédito a lo que veían sus ojos. Su siempre responsable prometida estaba sentada en un banco meciéndose inestable con los ojos entrecerrados. Cuando sus amigas se lo habían dicho le había costado creerlo, pero ahí estaba, con una buena melopea. Las miró esperando una explicación.
– El dependiente se equivocó y en lugar de darnos el zumo de uva nos dio esto − Sayuri le enseñó la lata casi vacía donde podía verse el porcentaje de alcohol en la parte inferior.
– ¿Y por qué no fuisteis a cambiarlas por las bebidas correctas? − la otra chica enrojeció.
– Lo habríamos hecho pero antes de darnos cuenta del error Akane ya se había soplado una lata de trago − él levantó una ceja, podrían haber cambiado el resto igualmente. Yuka se mordió el labio con culpa interpretando ese gesto − Luego, no se, nos pareció que podía ser divertido chisparnos un poco. No es como si el porcentaje de alcohol fuese muy alto pero Akane debe tener una tolerancia al alcohol muy baja. Aunque cierto es que ha bebido más que nosotras, parecía bastante molesta con… bueno, contigo.
Ranma suspiró, claro que estaba molesta con él, para variar. Aún le dolían partes del rostro, aunque esta vez puede que tuviera un buen motivo. Ella no se lo había dicho pero las últimas veces había despertado de ese nefasto estado felino sintiendo el cuerpo raro de una manera en la que no se quería parar a pensar. El maldito Neko-ken le iba a buscar la ruina con Akane. Se agachó enfrente viéndola cabecear con los ojos cerrados, las mejillas rosadas y un tierno puchero que le hizo sonreír. Hasta ebria estaba bonita. Ese pensamiento le hizo sonrojarse.
– Oi, Akane, es hora de irse − se enderezó de golpe, sobresaltada.
– ¿Qué? ¿Por qué?
– Ya es tarde − ella miró a su alrededor con movimientos torpes antes de fruncir el ceño.
– Pero si aún es muy pronto, ni siquiera se ha puesto el sol del todo, mira − señaló en dirección al ocaso, luego soltó una risita moviendo el dedo cómo si dirigiera una orquesta. A él le resbaló una gota de sudor por la frente.
– Aún tenemos que llegar. Además, seguro que a Yuka y Sayuri también las esperan en sus casas, ¿verdad? − miró a las chicas significativamente y estas asintieron ipso facto.
– Cierto, debemos irnos ya.
– Jo, que aguafiestas… − cerró los ojos dando la sensación de que se había dormido hasta que empezó a reírse como una niña pequeña. Esta vez les resbaló una gota de sudor a los tres.
.·.
El camino fue cuando menos curioso. Al principio pensó en llevarla en brazos para llegar al Dojo lo antes posible, pero luego decidió que el paseo le vendría bien para despejarse. No contó conque a ese paso iban a tardar demasiado en llegar, Akane no paraba de entretenerse con cualquier cosa, sin contar con el hecho de que caminaba en zigzag. En más de una ocasión tuvo que colocar los brazos listo para agarrarla por si caía pero milagrosamente no lo hizo. Era más torpe sobria que ebria, eso le hizo reír.
Al llegar a la residencia Tendo, por fin, Ranma se dio cuenta de que había algunas luces encendidas, si bien ya había pasado la hora de la cena no era tan tarde como para que todos los integrantes de la familia estuvieran durmiendo. Chasqueó la lengua cuando le pidió que dejara de hacer ruido y ella respondió con más risas infantiles.
– Mierda, no había pensado en esto… − aunque estaba muy graciosa así dudaba que a su familia le hiciese gracia alguna verla en ese estado. Obviando que ni siquiera tenía aún la edad legal para beber alcohol.
– Tú nunca piensas, Ran-ma − pronunció las sílabas de su nombre con diversión. Él la miró molesto, por un momento pensó que quizá una regañina por imprudente le iría bien pero desechó el pensamiento en el mismo segundo. A pesar del comentario su obligación era cuidar de ella, y quizá se sintiera un poco responsable, había bebido así por estar molesta con él. Suspiró, de perdidos al río. En un rápido movimiento, la alzó pasando un brazo bajo sus rodillas y el otro por la espalda − ¡Ey! ¡¿Qué crees que estás haciendo?!
– ¿Tu ventana está abierta? − preguntó haciendo caso omiso a su queja. Ella asintió cambiando lentamente su expresión a una más relajada, agarrándose al cuello masculino. Él sintió el pulso acelerarse ante la repentina cercanía de su rostro − V-vale, a-agárrate bien, subiremos de un salto.
No sabía por qué le había dicho que se agarrara bien, no lo necesitaba porque él no la dejaría caer. Jamás. Pero no iba a dejar pasar la oportunidad de aprovechar esa extraña sumisión en la que estaba. Se acercó justo bajo la ventana de la habitación de Akane y al mirar vio que, efectivamente, estaba abierta unos cuantos centímetros. De un salto llegó a la misma y se agarró al marco sin soltar a su prometida del todo, esta dejó escapar una risita.
– ¡Qué divertido! ¡Otra vez! − él rodó los ojos conteniendo una sonrisa, las alturas no eran algo que a Akane le gustase especialmente, quizá sobria no le parecería tan divertido. Comprobarlo sí que podría serlo.
Entró con cuidado, aún sin soltarla, apoyándose en el escritorio hasta que estuvo en el centro de la habitación. Ella dejó escapar otra risita, más contenida esta vez, antes de agarrarse a su camisa y mirarle con diversión. Él le devolvió el gesto negando lentamente, pensaba recordarle todo lo que había dicho y hecho durante bastante tiempo. Cuando le pareció que llevaba demasiados segundos mirándola en silencio hizo amago de ayudarla a sentarse sobre la cama tras ella.
No supo cómo las piernas de ella se enredaron tontamente pero no pudo hacer nada para evitar caer ya que la estaba sujetando. Se irguió levemente, avergonzado, para ver como lo miraba con sus enormes ojos avellana abiertos de par en par, algo enrojecidos por el alcohol.
– A-Akane, l-lo siento, no era mi intención, me has tirado tú, no pienses que yo quiero… − no pudo seguir hablando. Akane había agarrado su cara con sus femeninas manos para obligarlo a bajar el rostro, posando sus labios en los de él, que se quedó rígido por la sorpresa.
Cuando fue realmente consciente de lo que estaba pasando su corazón empezó a latir tan rápido que podía notar el pulso en los oídos. El calor se expandió por todo su cuerpo concentrándose en su rostro. Akane lo estaba besando, a él. ¡Akane lo estaba besando! ¡Joder! Y no sólo eso, la forma en que sus cuerpos se habían acoplado al caer sobre la cama le permitió notar las curvas que su prometida escondía bajo la ropa, casi no había espacio entre ellos. Akane suspiró contra sus labios y él tuvo ganas de gemir, quizá lo hubiera hecho de no haber estado tan petrificado. Ella se separó para mirarle a los ojos y la incertidumbre de saber si le partiría la cara o no duró medio segundo, porque le dedicó la sonrisa más dulce que le había visto hasta la fecha.
– Ranma − su nombre nunca le había parecido tan bonito como en ese momento, pronunciado por ella de esa manera. Akane volvió a cerrar los ojos y juntó nuevamente sus labios, repartiendo pequeños besos húmedos − Mi prometido − otro beso − Me gusta mucho mi prometido − otro beso más. Como siguiera así iba a sufrir un ACV.
Cuando notó los brazos de ella cerrarse en torno a su cuello para darle otro beso, más atrevido esta vez, sintió que tenía que hacer algo. O se quitaba o le respondía al beso pero tenía que hacer algo, por dios. Pero la dicotomía de ceder al deseo de besarla de vuelta o portarse de forma honrosa y apartarse porque no estaba en sus cinco sentidos lo tenían como un maldito maniquí. ¡Y él no era un maniquí, era un hombre!
– Mmm Ranma… − pronunciando su nombre como un ronroneo le acarició el labio inferior con la punta de la lengua y su cerebro terminó por entrar en combustión. A la mierda, ya ajustaría cuentas consigo mismo y con el mazo de Akane después.
Cerró los ojos con fuerza y abrió levemente la boca para responder cuando sintió como los brazos de su prometida caían laxos a ambos lados de su cabeza. Abrió los ojos nuevamente encontrándose con el rostro sonrosado de su prometida, que tenía una expresión plena en el mismo. Respiraba por los labios entre abiertos y él pudo oler el leve rastro dulzón del alcohol. Akane se había dormido. La miró unos segundos asimilando lo que acaba de pasar y lo que había tenido intención de hacer él. Iba a besarla, quería besarla. Empezó a hiperventilar y a boquear como un pez, la vergüenza hizo estragos en sus pobres nervios. Se levantó como un huracán notando la piel de las mejillas tirante y caliente, seguro que las tenía incandescentes. La vio girar para colocarse de lado y enterrar la cara en la almohada mientras gemía suavemente su nombre.
– Ranma… − fue más de lo que pudo soportar. Con movimientos torpes muy poco propios de un artista marcial de su nivel abrió la puerta de la habitación y se marchó a trompicones, desapareciendo por el pasillo.
Dentro de la habitación una sonrisa sibilina se extendió por los labios de la joven que estaba tumbada sobre su cama. "Dónde las dan las toman Ranma, y ni creas que ya estamos a mano, aún me la debes". Con una risita y las mejillas enrojecidas se dejó llevar por el sueño.
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¿Estoy un poco obsessed con el tema del Neko-ken? Diría que sí, y con más cosas. A ver si me animo y subo algo más largo. ¡Un saludo!
