Catra XII:
(Suena "A Scrap of Ribbon - 1917 OST")
Catra despertó de golpe. Un dolor terrible recorría todo su cuerpo mientras una habitación en extrañas buenas condiciones no le otorgaba más que silencio y una tenue luz de una linterna. Tendida sobre una cama intenta levantarse pero el dolor que la aqueja es más grande que nunca.
Logra acercarse un poco a la orilla donde un balde de agua le deja ver su rostro. Sus ojos heterocromáticos tenían muchos vasos sangrientos rotos dejando ver líneas rojas en sus escleróticas. Su rostro se veía cansado y demacrado, con grandes ojeras y sus labios estaban secos mientras un profundo corte relucía en su mejilla derecha hasta su mentón. Sus manos temblorosas estaban vendadas y sus brazos lucían grandes raspones, cortes y quemaduras.
Fue muy fácil para ella imaginar como estaba el resto de su cuerpo que le pedía a gritos parar.
Había perdido la cuenta de los días que llevaban de lucha. No recordaba ni como había quedado inconsciente y probablemente ese era el único momento de paz que ha tenido en semanas y para su desgracia fue aprovechado.
Las lágrimas más amargas que había derramado nunca corrieron por sus mejillas mientras maldecía una y otra vez a aquello que la había condenado a esto. Había sido una persona horrible e hizo cosas terribles pero consideraba que esto ya era más que suficiente, no quería más eso, no quería seguir ahí. No era solo un soldado.
Entre sus maldiciones una súplica se colaba entre su mente en la que pedía y anhelaba el regreso de Sunset Shimmer. No hacía que volviera con un ejército, solo necesitaba que estuviera ahí, aunque sea en el final.
Su angustia fue interrumpida por Vernis que entró a la habitación.
— Catra. Que bueno que despertaste —, Catra no le respondió, sabía que cada vez que Vernis aparecía era porque debían continuar, intentando levantarse nuevamente de la cama, — No. No te levantes, necesitas descansar.
— Están allá fuera, Vernis, hay que acabarlos —. Replicó la felina.
— ¿Qué es lo último que recuerdas? —. Inquiere Vernis.
— Nada realmente, solo tal vez… ¿Estábamos en un edificio? —. Vernis asiente.
— Un kaliri derribó la estructura y quedaste atrapada en los escombros.
— Oh… bueno… gracias por salvarme.
— Yo no estaba ahí. Fueron tus compañeros arbisanos, — Vernis nota que Catra de nuevo está llorando, — Dime, — Catra entiende a que se refiere.
— No entiendo nada ya —, admite la felina, — No entiendo por qué me quedé. No entiendo porque estoy peleando por los arbisanos cuando unos meses atrás me habían matado también. No sé por qué siempre tengo que quedar en medio de algo que no es mi problema y no entiendo por qué sigo intentando ganar cuando sé que hemos perdido.
— Por la misma razón que ellos siguen adelante, — dice Vernis refiriéndose a los arbisano, — Una learosi que desertó para pelear junto a ellos. ¿Qué más necesitan que eso?
— ¡No soy leraosi! Ni arbisana, ni nada de lo que ellos creen o que Lilith creyó que podía ser. ¡Solo soy yo! Y no sé qué significa eso —, la frustración en la voz de Catra cala profundo en Vernis, — No pertenezco ni en mi propio mundo.
Por primera vez desde que lo conoce, Catra nota que el quoran no tiene una de sus típicas frases motivacionales. Él solo la veía y la comprendía, no sabía si en su totalidad.
— Yo también soy un extraño aquí. Mi propia raza debe odiarme porque están cegados por mentiras. Ya no sé qué más hacer, se me acaban las ideas y… estamos siendo aplastados —. La sinceridad en las palabras de Vernis asusta a Catra.
— ¿Pasó algo mientras estaba inconsciente?
— Perdimos la parte de la ciudad que está al otro lado del río. Han derribado ya los puentes pero dejamos a muchos rezagados —. Catra se frota las sienes. Tantos esfuerzos, tantos sacrificios para nada. — No sé qué vamos a hacer pero en este momento quiero que seas lo único que necesito… mi amiga. Y te mantengas tan leal como siempre.
En un acto inesperado, Vernis da un sincero abrazo a Catra y un confort tan ajeno para ella la llena de una calidez tan indescriptible que por un momento las cosas no parecían tan mal. Fue cuando recordó todas las veces que Scorpia intentó acercarse a ella buscando una conexión, su amistad, su tacto y ella rechazó. Ahora entendía porqué. Scorpia al igual que ella creció en la Zona del Terror pero ella se mantuvo fiel a sí misma y eso mismo causó el rechazo de los demás.
Nunca lo entendió hasta ese momento. No podía arreglar el pasado, lo había entendido hace mucho, pero echar la vista atrás para entenderlo y tratar sacar lo bueno.
Una vez que ambos se separaron, una más tranquila Catra ve a un arbisano que indicaba que Lord Rethor demandaba la presencia de ambos cuantos antes. Catra había sido llevada al otro lado del río. Salió de un cuarto en el primer nivel de una estancia de habitaciones y al salir ve a cientos de los sobrevivientes de la beligerante batalla al otro lado del río.
Todos se voltearon ante aparición y se levantaban a medida que avanzaba con un cojeo en su pierna derecha. Era difícil saber cuales eran los pensamientos o sentimientos sobre ella por parte de los arbisanos. La fisonomía de sus rostros los hacía difíciles de leer, sin embargo en su andar un viento tibio soplo y por primera vez, un pequeño rayo de sol se proyectó sobre ese lado de la ciudad que siempre se mantenía bajo nubes grises.
Y ya fuera su propia perspectiva, las palabras de Vernis o la magia inherente a tales seres pudo sentir que la miraban con fascinación y asombro. No sabría realmente como describirlo pero no había reproche ni enojo hacia ella. La misma acción se repite en todo el camino hacia Rethor que les esperaba junto a Aul justo donde los restos de uno de los puentes derribados yacía.
Catra paseó su vista de aquí a allá en todo el trayecto y la sensación nunca cambió. No sintió la menor vergüenza ni ganas de voltear la mirada. Vernis necesitaba que fuera su amiga pero al fin entendía que para los arbisanos era algo más. No un soldado, no un efectivo más, sino… una inspiración.
Si Catra podía atribuirse algo a título personal es que cuando tocaba pelear, peleaba con todas sus fuerzas hasta las últimas consecuencias. Tal vez era eso, ver a una peleador incansable lo que los hacía despertar ese interés en ella y si era algo más no lo sabía, solo pudo atinar a formar una conclusión en forma de pregunta.
¿Así te sentías, Adora?
Era abrumador el creer que el destino de algo depende de ti pero las causas correctas no son un camino fácil pero al parecer, ahí, tan lejos de casa comprendió a quién una vez fue su enemiga y la razón por la que hacía lo que hacía.
Rethor los recibió con expresión neutra mientras que Aul demostró cierto alivio al ver a Catra andando.
— Destruímos los puentes. Hemos ganado… ¿cuánto? ¿Un par de horas o días tal vez? —. Dice Rethor con cierta amargura ante tan aplastante derrota.
— Difícil de decir —. Responde Vernis.
— ¿Alguna idea de lo que harán ahora?
— No realmente. Sin embargo, dudo que consideren esto una victoria.
— Eso es evidente. Solo los hará atacar con más fuerza, con todo lo que tienen. Sacarán sus mejores armas y serán despiadados.
Catra escuchaba únicamente creyendo que no podía aportar nada. Veía el agua ser arrastrada por la corriente mientras al otro lado veía los restos de la ciudad mientras ese único rayo de sol hacía que se proyectaran tenues sombras, ecos de desolación y derrota.
Aquel viento volvió a soplar, su cabello danzó ante el toque gentil. Me ha crecido un poco comenta Catra que volvía a tener su cabello hasta los hombros después de que le fuera cortado por los learosis hace tiempo. El mismo viento arrastra las nubes por el cielo haciendo que la felina alce la vista. Rápidamente cae en cuenta que lo que dicen es cierto y cree saber que harán a continuación.
— Usarán la máquina —. Comenta Catra en voz alta.
— ¿Qué dijiste? —. Pregunta Rethor.
— La máquina, aquella que usaron sobre la tich, ¿recuerdas? —. Le dice Catra a Vernis.
— Es una posibilidad. Si no la han usado hasta ahora es porque estaban esperando la oportunidad. Sin mencionar las reparaciones que debieron hacerle. — Señala Vernis.
— Perdón, ¿pero de qué máquina están hablando? —. Cuestiona Rethor.
— Una nave voladora enorme, con armas muy potentes atacaron la tich donde nos alojabamos. La atacaron con su magia, fue como un torrente de fuego multicolor, — Explica Catra, Rethor y Aul se miran entre sí, — ¿Saben cómo hacer eso?
— Es una magia muy poderosa, sí, pero se necesitan muchos maestros y buena coordinación —. Aclara Aul.
— ¿Y cómo pudieron hacerlo en ese momento? Teníamos todo en contra —. Pregunta Catra.
— Porque muchos Maestros se conocían y compartieron vidas. Una buena sincronización —. Dice Rethor.
— Bueno, ahora no sabemos si siguen vivos —. Dice Catra.
— Pues buscaremos a quienes lo hagan. Ven, hijo, necesitaré de tu ayuda. En cuánto ustedes, van a tener que encargarse de las fuerzas de tierra. Si esa nave vuela entonces vamos a tener que enviar a los que no saben pelear bajo tierra. — Ordenaba Rethor.
— No creo que sea buena idea. — Dice Catra.
— ¿Por qué?
— Lo hemos visto. Las tuberías colapsarán y haremos más daño que bien. Hay que sacarlos de la ciudad.
— Que abandonen nuevamente sus hogares solo iniciaremos de nuevo al caos. No es una solución.
— Con todo respeto, señor, creo que su gente ya ha visto el daño que puede causar Leraos. Sabrán que lo mejor será irse.
— Concuerdo con Catra, — interviene Aul, — Hay que hacerlo rápido, padre, no sabemos si siquiera tenemos tiempo.
Aunque renuente, Rethor acepta ya estaba atado de manos y arrinconado. Catra y Vernis tenían una labor muy grande ahora y debían empezar a trabajar con un ojo puesto siempre en el cielo.
