Hordak V:
Los gritos ininteligibles de aquellas dos féminas que recogieron y solo les trajeron problemas se cuela entre las gruesas paredes de metal. Caine y Aelthric se lamentaron por la situación por lo que parecieron horas, Dathir tenía una expresión de enojo y frustración, y Hordak solo podía ser expectante a lo que pasaría después. Envió el mensaje a Zhaller y estaba seguro que lo recibió, sin embargo, si lo siguieron y encontraron su base en Yermus pues todo había acabado.
Hordak sentía un especial malestar al pensar que todo había sido en vano. Otra causa pérdida a la que había dedicado mucho tiempo y recursos, y pensar que su última oportunidad para hacer algo bien no llegaría a la conclusión deseada lo hacía sentir sin propósito otra vez. Sentía algo de pena por Dathir, quien era el más entregado a todo esto y ver que todo su trabajo terminó mal.
—¿Tienes un plan? —. Inquiere Hordak. Dathir niega lentamente con la cabeza.
—¿Creen que Baruch nos saque de aquí? —. Pregunta Aelthric.
—Si algo me quedó claro de esa mujer es que todo que la pueda atrasar lo dejará de lado —. Afirma Hordak.
—¿Y adónde nos están llevando? —. Cuestiona Caine.
Las puertas de metal se abren, Freygax aparece delante de ellos llevando un bastón de madera blanco con un ave tallada en su punta, junto a Freygax está todo un séquito de los Capas Doradas.
—Muévanse. — Ordena la mujer.
Ninguno cuestionó, avanzaron arrastrando los pies, las otras dos fueron sacadas de su celda también. La adolescente caminaba con la cabeza baja y la mujer alta y pálida parecía tener una mirada llena de decisión. Una compuerta se abrió convirtiéndose en una rampa por donde bajaron y ante ellos se desplegaba un titánico esplendor.
(Suena "Ground Zeroes - Ludvig Forsell")
—¿Dónde estamos? —. Pregunta Hordak fascinado.
—En el Corredor Galerio —. Aclara Dathir.
Un plataforma plana de varios kilómetros de largo y al menos unos 10 kilómetros de ancho se extendía en el vacío del espacio como un faro de luz blanca impoluta donde los edificios relucían como perlas pálidas con vitrales que parecían reflejar un mar azul. Entre las zonas urbanas de la metrópolis blanquecina resaltan unas pequeñas zonas verdes con árboles y estanques mientras las naves de diferente envergadura y propósito recorrer la atmósfera de aquel logró de la ingeniería y la arquitectura que por debajo se extiende un domo convexo donde los sistemas que hacían posible la vida en aquella maravilla se encontraban. En los bordes y a través de la ciudad hay algunas líneas de tren que viajan a gran velocidad.
En el extremo del Corredor donde encontraban se erguía una torre que parecía estar hecha enteramente de cristal que reflejaban toda la urbe en su superficie y atrás de la misma un gran disco igualmente blanco con un orbe de luz azul celeste al centro que emite un leve zumbido y un contorno con una luz igualmente celeste que parecía ser lo que hacía que los tres paneles que giran alrededor de toda la estructura.
—Caminen, — ordena Freygax, — Ellos quieren verlos.
Los prisioneros sin más remedio avanzan por el puerto donde había aterrizado la nave hacia una serie de pasillos con cristales hacia el interior de una estructura que los llevan a los pies de la torre de cristal. Subiendo por un elevador hasta llegar a un salon con finas esculturas de mármol representando a seres alados, armados y enmascarados. Caminando por una almena donde se podía dilucidar que la torre estaba realmente en una meseta a una gran altura. Subiendo por unas escaleras hasta un gran patio de roca blanca.
El séquito los guío hacia el interior de la torre donde fueron recibidos por un salón casi vacío, ver tanto blanco le hacía sentir que estaba caminando sobre la nada, una estructura tubular al tope de una serie de escaleras brilló por unos breves momentos y una puerta se abre de donde salieron dos figuras altas vestidos elegantemente también de blanco pero en un tono más apagado.
Un hombre alto, delgado, de hombros anchos y un rostro afilado con ojos altivos y una leve sonrisa en su rostro y a su lado un rostro que creyó que nunca más iba a volver a ver. Alguien que según le había dicho Dathir, que compartía su misma expresión de incredulidad, le dijo que ya no existía.
—No sabes cuanto he esperado este momento, hermanito —, habló con voz suave, — Créeme que he tenido que mover muchas influencias para evitar que te mataran, incluso ahora sé que la Mariscal Freygax debe estar ardiendo en rabia porque yo ordené que te trajeron conmigo de inmediato.
Hordeano Primero se acercó a Hordak y le acarició la mejilla con gentileza, no esa gentileza forzada que precedía a un castigo, sino una genuina y el tono de su voz se escuchaba tan convincente como siempre.
—¡No! —, reniega Dathir, — ¡Tú moriste! ¡Tu nave explotó! ¡Yo la vi!
—Ah, si. Recuerdo ese día. Realmente es increíble como se pueden presentar las segunda oportunidades. Aunque el mérito es del Mariscal Airos —. La gratitud en la mirada de Hordeano hacia el hombre que le acompañaba era tan real, tan palpable, que para Hordak esto debía ser un sueño.
—Agradezco siempre tu amabilidad, amigo, sin embargo hay asuntos que debemos atender —. Dice elegantemente el nombrado mariscal.
—Claro. Hermano, por favor, acompáñame, Hay mucho que debo contarte —. Los Capas Doradas arrastraron a Hordak siguiendo a Hordeano Primero de vuelta a la estructura tubular que se cerró a su espalda en silencio.
Hordak ni siquiera volteó hacia atrás mientras era llevado, aún cuando escuchaba los alaridos de Dathir renegando de la existencia de Hordeano Primero que permaneció en silencio mientras ese ascensor seguía su trayecto.
¿Cómo era posible? Dathir le dijo que su nave estalló, que estaba rodeado, no había forma de haber sobrevivido a aquello y aún así ahí estaba frente a él como un fantasma con voz aterciopelada como siempre, tan amable dispuesto a dar lo que pidan por su tan autoproclamada infinita generosidad, pero había algo, o más bien, faltaba algo.
Tanto que se dispuso a dejar el pasado atrás, de evitar recordar los tiempos en los que quiso reclamar Etheria para demostrar su valía y que en algún deseó que él nunca llegara. No quiso regresar al espacio real, ser amo y señor de una pequeña parte de la realidad inundó sus pensamientos por un tiempo hasta que por inercia o necesidad quiso volver con Hordeano y ahora que lo tenía a unos centímetros no sabía que hacer.
¿En serio su destino estaba atado al de Hordeano? ¿Solo eso había para él?
Finalmente llegaron a un cuarto igualmente vacío excepto por una simple mesa y un par de sillas al centro con una vista a la urbe en el exterior. Los Capas Doradas sentaron a Hordak y Hordeano les ordenó dejarlos a solas.
La sonrisa en el rostro de Hordeano le inquietaba por que se sentía tan… real.
—Entiendo que debes estar confundido. No creas que no te recuerdo y quisiera empezar disculpándome por mi comportamiento anterior. No entendía realmente el valor del apoyo hasta hace muy poco, si considera que cuarenta años es poco, claro — dice Hordeano, — En esas horas finales, rodeado de enemigos y que lo último de mi anterior vida sea el fuego de una explosión en mi cara se me presentó una segunda oportunidad. Una oportunidad para conseguir aquello que tanto buscamos.
—¿Buscamos? —. Inquiere Hordak.
—Si —. Responde Hordeano con emoción.
—¿Y eso era? —. Hordeano hace una leve expresión de sorpresa.
—La paz. Una paz duradera bajo una luz brillante.
—¿Eso queríamos?
—Entiendo que los años pueden afectar a tu memoria pero…
—Recuerdo todo perfectamente —, aclara Hordak, — Recuerde el día que me apartaste de tu lado. Recuerdo la rabia que sentí. Recuerdo los días y las noches en las que me consideraba una falla, una imperfección en tu sistema bien elaborado, pero aprendí algo en estos años. Algo muy valioso.
—¿Y eso sería?
—La imperfección es hermosa —. Rememora Hordak aquellas palabras.
—Entiendo. Todos podemos cambiar nuestra forma de ver las cosas, tanto tú como yo somos un ejemplo de ello, — Hordeano se pone de pie, — Cuando empezó a circular la noticia de que un hordeano estaba vivo supe que tenía que traerte aquí a mi lado, porque yo…
—¿Cómo ha pasado esto?
—Disculpa
—¿Cómo terminaste aquí? ¿Quién te puso aquí? —. Hordeano sonríe complacido.
—Si recuerdas todo, recordarás que de todas las galaxias y planetas que conquistamos, todas las especies eran iguales. Todas se creían el centro del universo, y nosotros cometíamos el mismo error sin saberlo, pero ahora sé la verdad. Que hay algo más, algo superior a todos nosotros y que va a restablecer el orden derrotando a Leraos —, Hordak se sorprende ante esas palabras, Hordeano lo nota, — Sé que ese nombre te suena. Ese grupito de rebeldes al que te uniste piensa que La Coalición Inquisitoria se ha quedado de brazos cruzados permitiendo que Leraos se expanda indiscriminadamente pero no es así. Estamos esperando a que el plan se cumpla.
—¿Y qué parte tienes tú en ello?
—Alguien tenía que velar por la paz en este pequeño rincón del infinito, aunque claro, nadie aceptaría que aquel que los conquistó los rigiera ahora de manera pacífica. Así que solo saben que el Alto Señor de la Torre vela por la seguridad de la galaxia. Cuando lo que tenga que suceder, suceda, quiero que estés aquí, hermano. Nuestra raza no tiene por qué extinguirse, todos tendremos un lugar en el universo —. Las palabras de Hordeano suenan con tanta ilusión, tanta fidelidad, tanta devoción. Hordak reconocía esas misma palabras pues él mismo las había dicho hace tantos años.
Solo podía sentir asco.
—¿En qué te has convertido? —, Hordeano pareció no entender la pregunta, — ¿Sabes lo que escucho cada vez que hablas?
—ilumíname.
— A mí mismo —, dice Hordak, — A mí y a todos los demás clones que repetían lo que querías escuchar porque no aceptabas la validación de nadie más que no fueras tú. Te sientas aquí, escondiéndote, fingiendo que nada sucedió, que el pasado no existe y que puede ignorarlo así sin más. Yo he hecho cosas terribles, pero tú, estás lejos de que siquiera te den el beneficio de la duda.
—Hablas como un disidente.
—¡Excelente! — exclama Hordak—, Significa que aprendí a hablar con voz propia. Eras esclavo de una absurda misión que tú mismo te impusiste y ahora sigues las órdenes de una organización rara y hasta donde sé corrupta, un engranaje en la máquina que alguien más controla, hablando de llevar luz cuando ni siquiera eres la sombra de lo que alguna vez fuiste.
—¡Suficiente! No toleraré estas injurias contra mí.
—Y yo no soportaría estar de nuevo a tu servicio. Me uní a esos rebeldes porque fue mi decisión, reniego de ti porque es mí decisión, y no seré esclavo de mi pasado, aceptaré mi castigo por mis acciones no sin asegurarme que no ganes. — Hordak se pone de pie tumbando la silla.
Afuera, no muy lejos de la torre, el eco de una explosión y una nube de humo y polvo se alza hacia el impoluto cielo del Corredor Galerio. Hordeano Primero se levanta viendo hacia la ventana, Hordak usa su pie para aventar la silla hacia el que una vez fue su superior golpeándolo y haciéndolo caer.
Valiéndose de la fuerza que le daba el traje, arroja aquella mesa hacia la ventana, rompiéndola y saltando hacia el vacío. Ese soplo de aire en el rostro fue como un terrible alivio, respiro de algo que las palabras no alcanzaban a describir, se sentía tan ligero que creyó que pudo volar en ese momento. No había miedo en él mientras se precipitaba hacia el vacío. Accionando los ganchos en los brazos de su traje, se aferra al marco de la ventana de la que saltó y se balancea contra una ventana que también se rompe.
Al ingresar, los ganchos ceden y golpea alguien que cae estrepitosamente al suelo. Se levanta rápidamente y ve al otro sujeto que acompañaba a Hordeano derribado y a la chica de cabello rojo y amarillo al otro lado de una mesa igual que el cuarto en el que estaba. Ella lo mira sorprendida pero luego corre hacia el sujeto derribado y saca algo del bolsillo del saco blanco. Las puertas se abren y ven a varios Capas Doradas y Maestros aparecer.
La chica se pone lo que parece ser un anillo, los hechiceros atacan con sus magias y ella invoca un gran escudo de aura roja que bloquea el ataque pero este resulta tan fuerte que los empuja a ambos hacia atrás y ambos empiezan a caer.
Sunset IX:
Mientras Dathir renegaba al ver como Hordak era arrastrado detrás de aquel ser que era aterradoramente afable y demasiado parecido a Hordak, quien parecía conocerlo pues vio su expresión cuando bajó del ascensor
El hombre que le acompañaba vistiendo un traje de gala blanco con una camisa negra y un dige azul colgando de su cuello que posa la mirada sobre Sunset que se pone tensa.
—Bien, yo también tengo que atender mis propios asuntos —, dice Airos, — Traiganla.
Un par de Capas Doradas toma a Sunset de ambos brazos y también empiezan a arrastrarla siguiendo a aquel hombre.
—¿Qué hacen? ¡Suéltenme! —. Sunset intenta zafarse pero no tiene caso, son más fuertes que ellas. — ¡Lilith! —. Exclama Sunset instintivamente.
—¿A dónde la llevan? ¡No, suéltenme! —. Lilith junto con los otros tres prisioneros son llevados fuera de la torre, — ¡Te buscaré!
La puerta del ascensor se cierra y este empieza a subir en un incómodo silencio, al menos para Sunset, pues aquel sujeto de porte galante se mira tan relajado, incluso una pequeña sonrisa se esboza en su cara. No tardaron mucho en llegar a una habitación con una mesa y un par de sillas donde Sunset es obligada a sentarse mientras Airos se sienta delante de ella y con ademán ordena a los Capas Doradas retirarse. El Mariscal habló apenas salieron los guardias.
—No quiero que te lleves una mala impresión, somos buenas personas, aunque no lo creas. Tal vez no sepas mucho sobre nosotros pero sí que estás familiarizada con nuestros trabajo —. Dice Airos.
—¿Lo estoy?
—Dígamos que estuviste en una de nuestras prisiones, — la expresión de sorpresa no se hizo esperar, — No te preocupes, no te llevaremos de vuelta. Debo serte sincero, Sunset, estoy muy impresionado. Ser tomada por Leraos para ser un soldado más en sus filas, descubrir la verdad, traicionarlos ¡y sobrevivir!... Es realmente algo destacable.
—No lo hice sola.
—Por supuesto que no, pero te las has arreglado para seguir adelante, y, a título personal, admiro mucho tu tenacidad, tu valor y tu capacidad para tomar decisiones en situaciones límite, — Sunset frunce un poco el ceño. Un sonido la alerta, aquellas esposas caen pesadamente al suelo liberando sus manos, — Sé que no sabes quienes somos, para hacerlo breve, podemos a través de las diferentes dimensiones para restablecer el orden. Los seres de esta galaxia creen que la Coalición Inquisitoria y las autoridades del Corredor Galerio somos dos entes separados pero en realidad somos uno. Y fuera de lo que los rebeldes puedan pensar, si tenemos interés en lo que está haciendo Leraos, y te aseguro desde ya, que van a recibir su merecido.
—¿Si pueden hacer algo por qué no lo han hecho?
—Todo a su tiempo. Los mejores planes se ejecutan con calma para que salgan a la perfección. Si algo aprendí de Hordeano Primero es que todos tienen un lugar en La Luz, — inmediatamente Sunset empieza a tener un mal presentimiento, — Yo sé como te sientes, Sunset, — Airos saca su anillo del bolsillo de su saco.
—¿Cómo conseguiste eso?
—Tengo mis métodos. Ya te lo he dicho, sé como te sientes. Yo mismo me siento desprotegido sin mi propio amuleto de la suerte, — automáticamente Sunset dirige la mirada a aquel dige, — Créeme cuando te digo que somos lo que más necesitas ahora.
—¿Qué sería?
—Aliados, amigos… soldados. Soldados para ayudar a tu amiga Catra y a la pequeña bruja —. Dice Airos.
—¿Qué sabes de eso? ¿Cómo está Catra? ¿Y Amity?
—Calma, calma. Amity está bien y a salvo, Catra por otro lado…
—Por favor, si de verdad puedes ayudar, hazlo, yo…
—Tú harías lo que fuera ¿no es así? —, Sunset se queda sin algo que decir, todo esto le resultaba tan familiar, — Tu sufres, Sunset, lo veo en tus ojos. Sufres por dentro, por algo que te carcome que va más allá de la preocupación por tus amigas. Es miedo. Miedo a algo que hay dentro de ti, algo que te acecha como una sombra oscura y que te hace sentir tanto… odio.
—No es cierto —. Niega Sunset.
—Si, si lo es. Un odio tan profundo que sientes que te destruye y sale a la superficie como ira y frustración, pero eso no tiene que ser tu condena, Sunset, puede ser tu mayor fortaleza. Y puedes usarla para ayudarnos.
—¿Cómo? Nada tan destructivo puede ser útil para nadie —, Los recuerdos de la noche en la que arrasó medio bosque que le costó la vida a su compañero de ese entonces o la noche en la intentaron regresar a Lilith y Amity a su mundo.
—Con la guía correcta, podemos encaminar ese odio hacia algo con un propósito, algo más grande que cualquiera de los que habitan en esta estación, — Ahora sé porque esto lo conocía, — Esa oscuridad puede ayudar a traer a otros hacia la luz.
Y ahí está eso de la luz otra vez.
—Yo sé que con tu ayuda podemos hacer cosas grandes, Sunset.
"Al igual que Amity tienes el potencial para ser poderosa porque el talento ya lo tienes, solo tienes que darte el tiempo para aprender". Recordó las palabras de Lilith.
—Si he aprendido —. Susurra la chica.
—¿Perdón?
—Sí, he aprendido algunas cosas.
—Creo que no entiendo —. Ríe Airos.
—Mucho de lo que me has dicho ya lo había oído antes, si me conoces como dices, tal vez te suene el nombre de la Comandante Tempest Shadow, y si es así, entonces entenderás que todo ese discurso de entenderme y querer darme un propósito ya lo he escuchado antes. Y no voy a ser un arma para acabar con los enemigos de alguien más —, proclama Sunset, — Y ya que no vas ayudarme, entonces yo voy a regresar con Catra y buscaré a Amity, y regresaré a casa.
—¿Qué casa, Sunset Shimmer? —, inquiere Airos, — ¿Equestria? Te echarían a un calabozo si se enteraran que has vuelto. ¿Ese mundo humano? Llevaste magia a un lugar que no debería tenerlo, te cazaremos sin descanso. Además, ¿qué podrías hacer sin esto? —, Airos señala el anillo que lo vuelve a guardar en el bolsillo del saco, — Pensando que lograras llegar a ellas, claro. Te ofrezco mi ayuda, te recomiendo que no la rechaces.
Una explosión abajo en la ciudad hace que Airos se levante de su asiento para ver por la ventana. Sunset también se levanta para ver y aparte del humo de la explosión empieza a ver otros fuegos apareciendo en varios puntos de la urbe espacial.
—¡¿Qué han hecho?! —. Exige Airos.
—¿Yo? Yo no he hecho nada, — dice Sunset retrocediendo, — No puedo hablar por los demás —. Sunset empieza a caminar hacia la salida pero el fuerte agarre de la magia sobre su cuerpo la detiene.
—Aún estás a tiempo de reconsiderar las cosas, Sunset Shimmer —, Airos la obliga a tomar asiento con su magia mientras el se acerca a la mesa, — Ahora, vas a decirme que…
Sus palabras son interrumpidas por un objeto entrando por una ventana derribándolo. Lo que entró por la ventana resultó ser Hordak que está tan sorprendido de verla como ella de verlo a él, sin embargo, Airos, estaba en el suelo así que era el momento de recuperar su propiedad. Corre y hurga en el bolsillo del sujeto para sacar su anillo, en buen momento, pues las puertas se abren y varios Capas Doradas y Maestros entran, tal vez reconociendo que ella es una amenaza mágica, lanzan sus hechizos contra ellos dos.
Sunset conjura un hechizo de protección en forma de escudo para cubrirlos a ambos pero la magia de aquellos maestros es más fuerte y el choque de las mismas hace estallar el escudo empujando a Sunset y Hordak por la ventana hacia una caída libre.
Lilith VIII:
—¡Te buscaré! —, asegura Lilith mientras era arrastrada por los Capas Doradas que los obligan a recorrer de nuevo ese mismo camino que recorrieron anteriormente, haciendo que se frustre porque llevarlos hasta allá no había tenido sentido.
Habiendo bajado de la meseta de donde se encontraba la torre bajan unos pisos más en donde abordaron un vagón de tren que arranca a gran velocidad casi sin hacer ruido, solo un leve zumbido y una ligera vibración. El silencioso y corto viaje termina cuando llegan a una estación cercana a un edificio. Son llevados dentro, escoltados en todo momento por Freygax, ingresan a un ala de oficinas donde otros sujetos de diferentes razas con uniformes están ataviados con sus quehaceres, parecían que se dedicaban a la seguridad del lugar aunque no usen los mismos uniformes que los Capas Doradas, pues son mucho menos ostentosos.
Yendo por un par de pasillo atravesando unas puertas de cristal llegan a un cuarto con una celda y un escritorio con una pantalla holográfica donde dos de esos guardias están sentados haciendo nada aparentemente.
—Nos ocuparemos de ustedes luego. Traten de no hacer alguna tontería —. Dice Freygax, que durante todo el trayecto desde la torre llevaba el bastón Lilith meneándolo como si fuera cualquier cosa, haciendo que la dueña se ponga muy nerviosa. La puerta de energía se apaga metiendo ahí a los prisioneros. — Y cuiden esto —. Freygax les arroja a los guardias el bastón que lo atrapan torpemente.
—¡Con cuidado! —, reclama Lilith ya harta, — ¿Podrías dejármelo, al menos?
—¿Crees que soy idiota? —. Se burla Freygax. La puerta de energía se activa de nuevo y la cazadora con su séquito de Capas Doradas se retiran dejando solo a aquellos dos peleles en la sala a cargo.
—¿Si alguien tiene un plan será mejor que lo diga ahora? —. Dice Lilith tan pronto Freygax se fue.
—Se acabaron los planes —, responde Dathir derrotado, — Ya deben haber encontrado la base en Yermus, nos pudriremos en celdas el resto de nuestra vida. Se acabó.
Lilith voltea a ver a Aelthric y Caine.
—¿Y bien? —. Ambos jóvenes niegan con la cabeza. — Supongo que no queda de otra.
—Disculpe, señora, ¿podría preguntar a qué se refiere? —. Pregunta Aelthric.
—Pues pensé que al haber estado haciendo trabajos encubiertos durante tanto tiempo sabrían qué hacer en estas situaciones, pero como veo que no, tendré que hacerlo con tácticas prestadas —. Indica Lilith
—¿Prestadas? —. Dice Caine confundido.
—Lo haré al modo Edalyn —. Sentencia Lilith.
Lilith observa a Munin en la punta de su bastón, el cuervo albino se levanta de su lugar y empieza a revolotear por la sala, molestando a los dos guardias que tratan inútilmente de atraparlo. El ave juega un poco con ellos picándoles en diferentes partes del cuerpo con su pico. Munin se posa sobre la mesa, con los dos guardias rodeándolo desde ambos lados de la mesa, saltan para agarrarlo pero el cuervo monta vuelo, los dos guardias chocan de frente uno con el otro y Munin vuelve a su lugar en el bastón. Una vez fusionándose con la madera sus ojos brillan con un fulgor celeste y este, por su cuenta flota y a gran velocidad vuela hacia su dueña.
El choque del taliamigo contra la puerta de energía causa un cortocircuito provocando que los sistemas que dan la energía para sostener la puerta fallen al instante. Lilith levanta las manos y con la misma velocidad a la que iba, el bastón choca contra las esposas haciéndolas romperse en mil pedazos. Lilith recobra su bastón y lo usa para liberar a los otros tres.
— ¡Tomen sus armas! —. Ordena Lilith. Caine y Aelthric obedecen sin rechistar, rematando y noqueando a los guardias haciéndose con sus armas de servicio, pequeñas, pero mejor que nada. — Tus planes salieron mal pero si el resto de tus aliados han sido capturados también alguien tendrá que sacarlos —. Dice dirigiéndose a Dathir que se levanta no muy convencido. — ¡Vamos! —. Lilith camina hacia la salida seguida por los otros tres rebeldes.
—Oye —. Susurra Aelthric a Caine.
—¿Qué?
—Nunca he usado una de estas —. Se sincera el mozo.
—Solo apunta y jala del gatillo —. Indica vagamente Caine.
Lilith no tenía intención de ser sigilosa, iba a abrirse paso a base del uso de magia y fuerza bruta con la única intención de encontrar a Sunset Shimmer, doblando por uno de los pasillo a través de los cristale de la puerta se topa frente a frente con esa detestable mujer con sus cabellos rojos.
Baruch parece estar tan sorprendida como ella, y más sorpresa para Lilith es que Baruch estaba acompañada por un hombre ya mayor y una chica.
—¡Hola, Caine! —. Saluda la chica.
—¡Haia!
—¡Hou! —. Exclama Dathir.
—Llegó la caballería, muchacho —. Afirma el hombre mayor.
—Debo admitir que estoy sorprendida —, señala Baruch, — No esperaba que…
—¡Cállate! —, la interrumpe Lilith, — No me importa que vayas a hacer o que planees. Voy a buscar a Sunset Shimmer y nada va a detenerme —. Lilith aparta a Baruch para seguir su camino.
—¡Lilith, espera! —. La bruja hace oídos sordos y al fondo del pasillo por el que vino Baruch aparece esa cazadora: Freygax.
—¡No puede ser! —, maldice, — ¡No pasaron ni cinco minutos!
(Suena "YouSeeBIGGIRL/T:T - Hiroyuki Sawano")
La mujer se dispone a sacar sus armas, Lilith alza su bastón y empieza a girarlo creando un círculo de hechizos y suelta la magia contenida hacia la cazadora. Un estruendo sacude todo el edificio mientras una nube de humo cubre a los rebeldes mientras todas las alarmas empiezan a sonar y un incendio ardía en la dirección donde Lilith soltó su ataque.
Baruch hace su propio hechizo envolviendo a todos, de repente ya no están en ese edificio de seguridad sino en una plaza de la urbe. Las cosas parecían estar agitadas, se escuchan sirenas y gente corriendo por todas partes. Lilith fija la mirada en su objetivo: la torre.
—¿Qué está pasando? —. Pregunta Dathir.
—¡Hey! —. Llama una voz. Todos ven como un grupo numeroso de guardias de la ciudad corren hacia ellos. Aelthric levanta el arma y dispara.
—¡Oye! ¡¿Qué te pasa?! ¡Somos aliados! —. Reclama uno de ellos después de esquivar el disparo, que con la paupérrima puntería de Aelthric no fue difícil.
—¿Qué? —. Dathir sigue confuso.
—Recibimos tu mensaje —, aclara Hou, — Y supimos que era la hora. Nuestros aliados dejaron de responder porque se movieron hacia el Corredor por orden mía.
—Llegamos antes que ustedes —. Añade Haia.
—¿Y los clones? —. Pregunta Dathir.
—Los trenes —. Responde Baruch. — Tu amigo Nulick se está divirtiendo en la estación central.
—Haia, llama a Zhaller, dile que nos recoja —. Ordena Hou.
Baruch voltea a Lilith.
—Haz lo que tengas que hacer, nosotros haremos el resto —. Lilith asiente y monta vuelo en su bastón.
Con toda la velocidad que Munin pueda tener, Lilith mira al desorden que se esparce por el Corredor Galerio. Varios tiroteos, disturbios y soldados con estatura y rostros iguales salen de los trenes mientras los guardias y varios contingente de Capas Doradas se unen a los enfrentamientos. En los momentos más inesperados los guardias de la ciudad se volvían contra sus compañeros revelando que eran rebeldes en realidad.
Aunque pareciera que solo eran disturbios realmente todos se movían hacia la misma dirección que ella. Lilith ve la gran nube de humo que había provocado con ese ataque hacia Freygax, y fue en ese momento que pensó que atacó así sin más sin pensar si la cazadora lo iba a poder esquivar o no. Se sintió avergonzada y culpable.
Pensamiento que se ve interrumpido al ver que la pulcritud de la torre se arruinaba al ver uno de los cristales reventar, intuyó que era Sunset, más cuando vio un segundo cristal romperse. Estaba tan cerca hasta que vio una explosión arrojando a dos personas por la ventana, rápido reconoció el cabello de Sunset y la figura de Hordak.
Cambiando su vuelo para poder atrapar a los dos antes de tocar el suelo. Lilith sintió que le exigía más a Munin de lo que podía dar pero el taliamigo con gusto lo hizo. En una estela negra la adolescente y el hordeano son atrapados y se aferran como pueden al bastón mientras Lilith intenta mantener el control y estrellarse contra la torre pero el peso del alien no ayuda.
Cuando logra estabilizarse, voltea y ve la mirada sorprendida de Sunset que luego se vuelve en una de emoción para luego gritar su nombre con alivio. Ese alivio es interrumpido cuando el hordeano les advierte de algo. Un ser alado viene cayendo en picado contra ellos. Lilith intenta evitar la embestida de aquello pero es inútil.
El proxy se aferra del bastón y gira junto con sus pasajeros vertiginosamente hacia el suelo. La máscara macabra de ave solo la hace enojar porque le recuerda a la suya propia como parte de su uniforme del Aquelarre. La bruja conjura una bola de fuego y la fuerza de la explosión hace que el proxy suelte el bastón al igual que quienes lo montan. A pesar de no estar muy lejos del suelo el golpe que se dan es brutal.
El primer movimiento de Lilith es extender su mano para llamar a su bastón que fielmente va hacia ella y lo usa para apoyarse y levantarse. Sunset por su parte forma puños con sus manos y a pesar del dolor que pudiera sentir se levanta con dificultad pero con decisión, típico de ella. Hordak por su lado parecía no haber sufrido mayo daño gracias a su traje pero aún así se frota la cabeza en la zona donde se dio el golpe.
Habían caído en la parte trasera de la torre. Unas puertas dobles se abren y de ahí salen Capas Doradas y Maestros para rodearlos. Aquellos sujetos que antes se presentaron amables ahora venían hechos una furia.
—¡Tú y yo pudimos haber hecho cosas grandes, Sunset Shimmer! ¡Ahora no te daré el beneplácito de una celda! ¡Matenlos! —. De aquella estructura circular con un orbe de luz al centro dibuja una línea recta hacia la parte baja de la estructura donde la figura de una puerta se abre y el Mariscal ese se dispone a cruzar.
—¿A dónde vas? —. Llama el ser que se parecía a Hordak.
—La hora se acerca. Debo estar listo.
—¡Oye! —. Exclama Sunset Shimmer, — ¡¿Quieres ver cuanto odio llevo adentro?! —. Lilith no entendió esas palabras.
Sunset se envuelve en una aura de magia roja y se impulsa para atacar al Mariscal pero no llegó ni a rozarle pero Lilith, por primera vez en su vida, experimentó lo que es que se le rompa el corazón y un nudo se forme en la garganta ahogando cualquier grito que pudiera salir mientras se lleva una mano a la boca. Cae sobre una de sus rodillas mientras las lágrimas corren por sus mejillas. Sentía que el mundo se le venía encima.
Hordak por su lado se asombra, y ese asombro se convierte en enojo y voltea a ver hacia su homólogo más viejo.
Lilith no sabe qué hacer, ni si debía hacer algo o si podía hacer algo. Se sentía inútil e impotente, y en ese pozo de amarga desesperación al fin un grito breve pero desgarrador sale de su interior clamando el nombre de la joven pelifuego.
Para Sunset el mundo parecía detenerse. Sus pies no tocaban el suelo, veía el reflejo del mariscal al fondo, cerca de ese portal, mientras una máscara tétrica de ave se interponía. Lentamente baja su mirada y ve la hoja de una espada atravesando su abdomen mientras gotas gruesas de sangre caen al suelo.
El proxy saca la espada del cuerpo de la chica que se queda de pie un momento y parece que va a caer al piso, sin embargo en cuestión de segundos, tal vez menos, desde el anillo en su mano derecha un aura de negrura cubre el cuerpo de la chica y de repente un faro de luz oscura se dispara hacia el cielo.
Un torrente de magia cruda y terrible se arremolina frente a todos los presentes, aquel torbellino se alcanza a ver en todo el Corredor Galerio. Esa magia ya la había visto antes, aquella noche en que empezó a temer al poder de Sunset Shimmer.
Aquel torrente de repente se rompe, una mano le da un golpe justo en la cara al proxy derribándolo y rompiendo su máscara en dos, y antes de que Lilith pudiera articular un pensamiento ve una sombra enorme abalanzarse sobre el mariscal.
Una sombra que rugió y juntos atravesaron aquel portal luminoso.
