Forbidden Love, rejection…is the greatest aphrodisiac.
3.
Cuando desperté, otro miedo había nacido en mi conciencia. Ese miedo era el hecho de que Kakashi era una persona con un cargo alto dentro del hospital y, además, ¿qué pasaría si me entrometía con él y todo acababa mal?…No concebía pasar otra vez por un duelo amoroso, con Kakashi no, con él, moriría. Sentí una enorme punzada en mi pecho con tan solo imaginar esto. Se arruinaría mi trabajo, el ambiente laboral, comenzarían los chismes y las personas que me respetaban, ¿me verían igual?
Fue ahí cuando me dije a mí misma que con ese dulce beso que me había dado a las dos de la madrugada, en frente de mi casa, con eso bastaba para guardar un recuerdo que valiese la pena. Me había decidido a cortar con ese jueguito de salir a comer con él, porque sabía que tarde o temprano iba a terminar muy involucrada y eso me aterraba. Yo siempre fui una mujer que amaba demasiado, y a veces, amar demasiado solo te causa dolor emocional, dolor que siempre consideré más insoportable que cualquier herida física. Porque siempre fui de esas chicas que se entregaba en cuerpo y alma, y aunque fuese dañino para mí misma, siempre consideré que ese era mi estilo de amar. Lo admito, lloré mucho esa mañana cuando tomé esa decisión en mi cabeza, pero era importante hablar con él y ser clara.
Aquel día, era martes, finales de febrero; lo recuerdo muy bien. Intenté evadir su presencia lo máximo posible. No fui a la cafetería; intenté distraer mi mente con otras cosas mientras trabajaba, pero era completamente inútil. En todo lo que pensaba era en ese hombre y me asustaba. También admito que tuve fantasías indecorosas con él. Me lo comencé a imaginar desnudo; fantaseaba con sentir su cuerpo, sus fuertes manos tomándome. Lo imaginaba haciéndome el amor.
Recordé a la enamorada Hinata de dos años atrás, que una tarde en el parque me confesó que estar con Genma en el ámbito sexual había sido lo mejor que le había pasado. Y aunque en aquella época yo aún salía con Sasuke, me pareció una exageración que dijera eso. Pero ahora, con Kakashi en mi mente, no podía dejar de pensar en cómo sería estar con él, en cómo sería escuchar su voz gimiendo mi nombre y dominándome por completo.
—Sakura, ¿estás bien? —me cuestionó Shizune, una de las enfermeras jefe, mientras conectaba unos cables de oxígeno. Espabile y la mire inquieta.
—S-sí, por supuesto, ¿por qué lo preguntas? —Ella enarcó una ceja.
—Porque te he notado distraída, roja, como ida. ¿Segura que está todo bien? —Shizune era mayor que yo, así que... Creo que por eso se daba cuenta de mi estado con tanta agudeza.
—Estoy bien, es solo que… —Comencé a pensar en alguna excusa válida. —Debo ir al baño. —Murmuré, cabizbaja y con la voz apagada. Caminé hacia la salida de la habitación y me dirigí al baño de damas.
Dentro, me comencé a echar agua del grifo en la cara. No podía permitir que mis pensamientos y conjeturas se siguieran visibilizando en mi rostro, en mis acciones. Yo era una persona demasiado expresiva, sobre todo cuando estaba enojada. Pero el sentimiento que albergaba dentro de mí ahora era sinceramente inexplicable. Era como una mezcla de miedo con excitación, ansiedad, tristeza. Solamente quería acostarme en mi cama y soñar despierta, hablar conmigo misma. ¿Estás segura de lo que quieres hacer? El solo hecho de cruzarme a Kakashi otra vez me hacía querer caerme de bruces al piso, desmayarme y que, al despertar, mi exsensei siguiese siendo un simple crush.
Cuando salí del baño, ahí estaba, maldita sea. Hablaba con Anko, una de las médicas de planta, especialista en nefrología, que también había sido sensei en la facultad. Sentí un horrible revoltijo en mi vientre. Me hice la digna y seguí derecho a la habitación donde Shizune canalizaba a los pacientes, pero Kakashi me detuvo con su parsimoniosa y magnética voz.
—Sakura, ¿tienes un momento? —No me di la vuelta, pero sí detuve mi paso. ¿Tienes un momento? ¿En serio? Otra vez, comencé a temer lo peor. Sentí que tocaba mi hombro; ahora sí me di la vuelta. Anko ya no estaba; la vi hacerse pequeña por el largo pasillo.
—Dime, Kakashi-sensei. —Lo miré con cierto recelo.
—Quería preguntarte si quieres que hablemos por la noche. Tengo tiempo libre desde las siete. —Me alivié enseguida, aunque recordé la decisión que había tomado en la mañana. Tragué saliva y miré a mi alrededor, asegurándome de que nadie nos viera con sospecha.
—Eh… —Comencé a tardarme en contestar. No quería verme como una desesperada por él, cuando ya me lo había imaginado desnudo y sometiéndome a darle placer. Me rasqué la nuca.
—Yo me demoro un poco más de las siete, ¿qué tal si nos encontramos en el sótano a eso de las diez? —propuse. Kakashi se demoró en contestar.
—Claro. —Respondió escuetamente. Arrugué la cara sin querer.
—¡Kakashi! —Alguien lo llamaba, era Anko, que se acercaba a nosotros con una enorme sonrisa en su rostro. El peligris se dio la vuelta para escucharla. Trágame, tierra. —Olvidé decirte que más tarde tengo una cena con Asuma y Kurenai, ¿quieres venir? Hace tiempo que no los vemos. —Le invito poniendo sus manos en forma de súplica y con ojos de gato. Kakashi me miró a los ojos; pude leer vergüenza y pena en ellos.
—Oh…Asuma y Kurenai. Bueno, yo ya me vi con ellos hace como un mes, Anko. ¿Lo movemos para el domingo? Hoy tengo una cita con Sakura. —Le comento tan tranquilamente, rodeándome con un brazo. Mi rostro se quemaba. Anko abrió la boca en forma de una perfecta "O".
—¿Sa-Sakura? —La mujer me comenzó a mirar de arriba abajo, impactada. Ni ella ni yo supimos qué decir. Kakashi rió.
—Anko, ¿por qué esa cara? —inquirió con un tono de voz travieso. Esperen un momento, ¿por qué el cambio en su tono de voz?
La doctora Mitarashi se llevó una mano detrás de la cabeza y sonrió, evidentemente nerviosa.
—¡Que la pasen bien! —exclamó. —Yo hablo con Kurenai, tal vez es mejor moverlo para otro día… —Acto seguido, bajó su brazo y se fue corriendo a zancadas.
Vaya mierda incómoda, pensé.
¿Qué conclusión podía tomar de lo que acababa de pasar? Kakashi hizo evidente el comienzo de nuestro romance con una compañera de trabajo, lo cual me pareció incómodo, pero a la vez… ¿No le importaba lo que pensaran? Se sintió lindo que no le diera ninguna pena andar conmigo, pero, aun así, no me fiaba por completo.
Cuando Anko se fue, él hizo ese gesto que tanto me descolocaba, guiñarme el ojo para tenerme a su merced.
—Te espero a las diez. —Y desapareció por el pasillo.
Resoplé. Maldita sea, Kakashi, ¿por qué, por qué, por qué?
El día pasaba tan lento que comencé a hacer suposiciones, a idear las palabras correctas para comunicarle lo que sentía a este hombre que ya me tenía pensando como una loca en él. ¿Y si mejor me retractaba y continuaba con ese peligroso juego? Sonaba tentador. No, no, no. Mi carrera, mi futuro y mi reputación eran más importantes. Luego pensé en que él era prácticamente alguien con peso dentro de ese hospital; me defendería si decían algo, ¿no? Pero, ¿y si todo se terminaba y él se vengaba de mí…? No lo creía capaz, pero quién sabe. Suena tontísimo, pero durante esas horas, comencé a volverme más paranoica de lo normal. Cuando atendía a los pacientes y llegaba algún médico de guardia, si este me miraba sospechosamente o me trataba con frialdad, enseguida lo atribuía a que se habían enterado de mis acercamientos con el jefe de planta.
Con mi última ronda, cerca de las nueve de la noche, fui hacia la sala donde guardaba mis cosas; quería arreglarme un poco. En el baño, me miré al espejo y pensé: Ok, Sakura, eres guapa, incluso con esa cara sudorosa y esas ojeras. Tienes buen trasero, cintura. Los pechos…no hay mucho que decir, pero mal no estás. —Sonreí victoriosa.—Además, estás a punto de terminar tu especialización y eres de las alumnas más brillantes de tu generación. —Me di ánimos. Pero cuando imaginé la silueta de Kakashi a mi lado y lo que él representaba, todo lo que había dicho de mí se fue al carajo. Me entristecí.
Kakashi era un hombre que llevaba años en esto, era inteligente, práctico, demasiado atractivo. La cantidad de mujeres con las que se había involucrado no la conocía, pero podía jurar que era elevada. Vamos, tenía treinta y ocho, no veinticinco. Sacudí la cabeza varias veces y, segura de mi decisión, comencé a enjugar el sudor de mi cara con un pequeño pañuelo. Hidraté mis labios con gloss y me apliqué algo de rímel. El pelo me lo dejé suelto. Recordé las dos ocasiones en las que salí con él o que me lo topé en la cafetería y pensé:¿Debí haberme visto mejor?Espanté esa pregunta y, con seguridad, salí del baño. Era hora de terminar con eso de una vez.
Como aún era temprano, decidí matar el tiempo visitando a Hinata, que andaba de guardia en el segundo piso.
—Hinata-chan… —¿Te puedo pedir un consejo? —comencé a preguntarle, aprovechando el momento. Hinata, que llevaba el pelo agarrado en una cebolla y que evidentemente se veía agotada, asintió y me sonrió con dulzura.
—Seré directa, y es que me gusta un hombre cercano a los cuarenta. —El rostro de mi amiga se ensombreció inmediatamente. —Él demuestra que le gusto, pero recuerdo todo lo que pasaste con ese patán de Genma y me echo para atrás, ¿me entiendes? —expliqué con desesperación. La pelinegra se tocó el puente de la nariz, pensando, quizá formulando la mejor respuesta para no herirme.
—Sakura-chan. Yo…yo sé que lo que pasó con Genma fue lo peor que me ha ocurrido en la vida, ¿sabes? —Le dije que sí con la cabeza, escuchándola con atención, recordando todas las veces que la vi llorar y que la consolé.
—Sin embargo…Lo que te puedo decir es que te andes con cuidado. Sal con él, sí, pero no creas que es tuyo. Disfrútalo, pero no pienses que has encontrado al amor de tu vida. —Esto último lo dijo con un par de lágrimas asomándose por sus hermosos ojos claros. Me maldije a mí misma.
—Hinata… —Me acerqué y la abracé. Se notaba que era todavía una herida abierta y eso lo comprendía.
—Sakura, sabes que eres mi amiga, y lo que menos quiero es que tú sufras lo mismo que yo. Es un dolor que no le deseo a ninguna mujer. —Sollozo en mi hombro. Diablos, la había cagado.
—Ese hombre me tiene hechizada, Hinata, y tengo tanto miedo. —Susurré, cerrando mis ojos.
—Lo sé, entiendo ese sentimiento. —Nos separamos del abrazo. —Pero es mejor que lo pienses y te andes con cuidado. Conócelo bien, por favor. —Me imploró. ¿Realmente conocía yo a Kakashi? Solo como maestro, pero como hombre, faltaba un largo trecho.
Cambié de tema, no quise echarle más sal a la latente herida de Hinata. Pese a que el tiempo ya había pasado y ella ya salía con Naruto, mi mejor amigo, el daño que le hizo aquel tipo fue tan grande que ella tuvo que acudir a terapia psicológica. No quería que me ocurriera lo mismo. No.
Cuando me despedí de Hinata, ya eran las diez. Bajé al sótano con mi maleta al hombro; estaba tan inquieta, tan ansiosa. Me dolía el corazón, y no sé si ese dolor realmente exista, pero pensé en que cuando regresara a casa iba a sentirme vacía y miserable. Di un profundo suspiro. Al llegar al sótano, sentí mariposas en el estómago; ahí estaba él, portaba un gabán oscuro y no tenía la mascarilla. Estaba leyendo otro libro de Jiraiya.
—Hola. —Le saludé con una sonrisa triste. El entorno los ojos, quizá tratando de adivinar mis sentimientos. Sin responderme, abrió la puerta del auto y permitió que entrara yo primero. Dudé, pero lo hice. Él entró después.
—¿Quieres comer en un restaurante temático o te apetece más bien un ramen calientito? —me preguntó, sonriendo con los ojos. Me pareció tierno.
—Me apetece el ramen calientito. —Reí con nostalgia, puesto que recordé a Naruto. Él comenzó a conducir y encendió la radio. Sonaba "Appears" de Ayu. ¡Cómo adoraba esa canción! Aun así, era triste. Era una canción que hablaba de dos amantes…
Mientras escuchaba la letra de la canción, no me di cuenta de que Kakashi me hablaba.
—¿Ah? —Él soltó una carcajada.
—Sakura, ¿todo bien? Desde que hablamos al mediodía estás tan…diferente. ¿Está todo bien? —reitero con su pregunta. Sacudí la cabeza afirmativamente para convencerlo de que sí. Sé que no me creyó.
—Lo que pasó hoy con Anko fue tan gracioso. —Menciono, sin separar la mirada de la carretera.
—Sí, fue… raro.
—No te preocupes porque sepan que salimos. Si tú supieras cuántos más lo hacen y piensan que los demás no nos damos cuenta. —Ante tremenda afirmación, le miré asombrada.
—¿Cómo? ¿Quiénes salen? —cuestioné con curiosidad. Kakashi largó otra carcajada.
—Sakura chismosa. —Hice una mueca por el adjetivo que me había puesto. —Aunque, me sorprende que no sepas. Sakura, salir con personas del trabajo es lo más común que vas a ver. Es decir, nos vemos casi todos los días; nuestros trabajos son de tiempo completo. ¿No crees que es lógico? —Le dije que sí por salir del paso. Aunque más bien quería decirle que tal vez eso no era muy profesional.
Hubo un silencio; la canción de Ayu seguía escuchándose en la radio. Me embelesé cantando el coro.
—Anko y Konohamaru salen. —Soltó de repente. Casi me ahogo con la saliva.
—¡¿Qué?! —grité, sorprendida. Ahora entendía por qué ese tonito de voz que le hacía a Anko antes de que se fuera.
Kakashi reía y reía, y a mí me gustaba cada vez más. De hecho, no era común verlo reír tanto.
Cuando llegamos al restaurante, él aparcó el auto y me pidió que lo esperara adentro, ya que hacía algo de frío. Obedecí y le esperé, lo miré desde la ventana y comencé a dudar de mi decisión. Al entrar, subimos a la segunda planta y nos sentamos en una mesa apartada con una vista bonita. Pedí un ramen con miso, el pidió el tradicional shoyu ramen.
Comimos ávidamente; fue un día agotador, además de que estuvo cansado a nivel mental para mí. Cuando terminamos, me preguntó si quería beber sake.
—Vale. —Afirme con las manos juntas. Ya iba a llegar el momento. Mientras nos traían el alcohol, me comentó lo siguiente:
—El próximo fin de semana voy a ir a esquiar a Niseko y quiero invitarte. —Lo miré pasmada. —Todo va por mi cuenta, no te preocupes. Pienso quedarme esos dos días allá y recorrer la villa. Si tú debes irte antes, no pasa nada. —No supe qué decir. Yo nunca había ido a esquiar y ese plan sonaba asombroso. Me mordí el labio. Tomé aire, uno muy profundo, para armarme de valor y decirle lo que desde hacía quince horas quería decirle. Recordé las palabras y las lágrimas de Hinata, me motivé.
—Tengo que decirte algo que me va a doler mucho.
—Dilo. —Dijo a secas. Quizá contrariado porque interrumpí su invitación.
—Kakashi-sensei, tengo miedo… —Enarcó una ceja, mantuvo el silencio y siguió escuchándome. —Creo que hoy, martes 29 de febrero, será la última vez que salgamos como lo estamos haciendo últimamente. —Declare.
—¿Qué?
—Sabes, amaría ir contigo a esquiar, siempre ha sido un sueño para mí. Pero he pensado tanto en lo que estamos haciendo y no quiero dañar mi carrera, tu carrera… He pensado en todo eso y tengo miedo de salir herida, lo siento mucho. —Finalice con todo el dolor de mi alma. Kakashi miró hacia la ventana, pensativo. Luego dirigió la mirada hacia sus pies; tenía miedo de lo que fuera a decirme. De que me gritara o me reprochara algo, pero no fue así.
—No te preocupes, eso lo entiendo perfectamente. —Me asombré. —Tú y yo estamos separados por una brecha grande de años; es obvio que nos encontremos en distintos lugares de nuestra vida.
—Exacto…
Silencio. Silencio incómodo y sepulcral. Un mesero nos trajo la botella de sake en una bandeja con un par de vasos pequeños de cerámica. Kakashi ni se inmutó. Mire mis manos, lo había jodido todo, pero era lo mejor.
—Aun así, he sido tan feliz pese a lo poco que hemos compartido. —Murmuré afligida. El fijo sus profundos y afilados ojos negros en los verdes míos. Crack, se partía mi corazón.
—Yo también he sido muy feliz. No pasa nada, Sakura. —dijo con una leve sonrisa. —Tus miedos son válidos. De hecho, es inteligente que hayas tomado todo eso en cuenta. —Finalizo.
Se puso de pie y vi que sacó un cigarrillo de sus bolsillos. Creo que era hora de decirle que me llevara a casa.
—¿Me podrías llevar a mi casa? —le pregunté con los ojos empañados.
—Claro. —Me incorporé y salimos de ahí, yo detrás de él. Ya había pagado la cuenta.
Estando ya en el auto, arranco. No prendió la radio; comí ansias todo el camino.
Absoluto y total silencio. Frialdad.
Yo temblaba, pero de ansiedad. Él lo notó.
—¿Tienes frío?
—Sí… —Mentí.
Condujo hasta una parte donde podíamos apearnos. Se quitó su gabán negro y me cubrió los hombros. Volvió a subirse y continuó conduciendo; en unos quince minutos más o menos ya estábamos en el distrito de Nakano.
Me ayudó a bajar. Quise despedirme correctamente, sin dar pie a los sentimientos que ya se estaban desbordando de mis poros.
—Gracias por todo, sensei. —Bese su mejilla, aunque anhelaba besar sus labios. No me quitaba la mirada desde que bajamos. Acaricié su barbilla.
—Sakura, búscame si cambias de opinión. No me importan los años; sabes que quiero estar contigo. —Lo dijo con una increíble firmeza. Se me volvieron a empañar los ojos.
No quise decir nada. Me di la vuelta y entré a mi casa con el corazón hecho trizas sin siquiera haber sido completamente agarrado por él.
Nota de autor: Hola! Este fue el tercer capítulo. Como podrán intuir, obviamente va a tener una cuarta parte y quién sabe cuantas más jaja. En el segundo capítulo agregue una nota de autor adicional aclarando unas cuestiones que edite y agradeciendo a la persona que comento, de verdad estoy muy feliz por tu comentario.
Canciones mencionadas:
Appears - Ayumi Hamasaki(1999)
Forbidden Love - Madonna(1994) Es el título de este capítulo y la frase de Rejection... is the greatest aphrodisiac es una de las frases que se mencionan en esa canción. Sí, Madonna tiene dos canciones de dos álbumes diferentes que se llaman igual. El capítulo anterior hace referencia a la canción perteneciente al disco Confessions on a Dance Floor, y al que hago referencia aquí es al del albumBedtime Stories. ¡Escúchenlo porfa!
Términos o lugares no conocidos:
Crush: Amor imposible, flechazo juvenil.
Niseko: Zona turística perteneciente a una de las islas japonesas más grandes: Hokkaido. Se caracteriza porque a la gente le gusta ir a esquiar allá.
Nakano: Barrio de Tokio en el que vive Sakura.
¡Mil gracias por leer!
